Epílogo
5 años después…
—¡Hope! ¡Hora de comer! —gritó Caroline desde su ventana. Segundos después la niña llegó corriendo, venía del jardín trasero. De seguro estuvo jugando en el columpio.
—¡Ya voy! —anunció la pequeña. Caroline terminó de cortar una porción extra de lasagna para Hope, era su plato favorito—. Ummm… eso huele muy rico —dijo la niña con una sonrisa.
—Cariño, ¿puedes llevar la ensalada a la mesa? En un minuto llevo los platos.
—Claro que si —Caroline se giró a verla. En el último año Hope había crecido mucho, estaba muy alta. Tenía un cabello rojizo hermoso, una sonrisa encantadora, una viveza única. Muchas veces le recordaba a su padre, sobre todo cuando se ponía a dibujar y pintar por horas. O cuando la mirada para pedirle algo, de esa forma que la hacía ceder y derretirse ante ella de la ternura. Antes de coger el bowl con la ensalada, Hope fue corriendo hacia ella y la abrazó de la cintura. Caroline sonrió y acarició sus cabellos.
—¿Qué pasó, amor?
—Nada Care, es que te quiero mucho.— Cada vez que le decía eso sentía deseos de llorar. Sabía que Hope la amaba, que la quería como si fuera su madre, y ella también la amaba como a una hija. Así que momentos como ese siempre la hacían temblar de emoción.
—Yo también te adoro, Hope.
—Caroline, creo que va a pasar algo —le dijo de pronto. Ajá, a eso iba el repentino abrazo.
—¿Algo como qué?
—No lo sé, pero creo que es algo bueno.
—Eso me alegra. Ahora a la mesa, se hace tarde.
—Si, ya voy —Hope cogió el bowl y fue rápido a ayudarla a servir. Era apenas la hora del almuerzo, pero no quería que se le enfriara la lasagna.
Habían pasado cinco años desde que huyeron de New Orleans con los cuerpos de los Mikaelson y Rebekah. Aún sentía deseos de llorar cuando recordaba todo lo que sintió ese día, podía afirmar con seguridad que fue el día más triste de su vida. Abandonar New Orleans en medio de tanto alboroto la tuvo muy nerviosa por días, pero cuando al fin estuvieron a salvo, ella y su "cuñada" se encargaron de encontrar un lugar seguro para esconder los cuerpos inconscientes de los Mikaelson. Con una bebé y mucho dolor después de la separación, a ambas les costó tranquilizarse y empezar de nuevo con sus vidas.
Tenían una misión, y esa era encontrar la cura para Elijah, Kol y Freya. Y cuando estén curados, al fin podrían ir a liberar a Klaus de su encierro. Pero tenían a Hope y poca ayuda, por lo que después de mucho discutirlo decidieron ir a Mystic Falls. Allá, Caroline tenía un hogar y amigos, estaba segura que nadie se atrevería a hacerle daño a esa preciosura que era Hope y la querrían como si fuera su sobrina. No se equivocó. A pesar de la desconfianza inicial, Bonnie y Matt la acabaron adorando, hasta Tyler.
Esos años los dedicaron a buscar la cura para los Mikaelson, pero sí que era difícil. Sabía, pues Caroline pedía novedades de New Orleans, que allá Marcel era el rey otra vez. A veces le daban ganas de ir a hacerle frente, plantarle cara por lo que hizo, por haber separado a un padre de su hija. Por haberle quita a su amor. Aunque esos años fueron difíciles porque tuvo que lidiar con la búsqueda de la cura y la crianza de Hope, lo más difícil de todo sin duda fue estar separada de Klaus.
A Hope siempre le hablaba de él, le contaba cómo fue, le mostraba sus fotos. Le contaba la historia de un rey en New Orleans que se sacrificó por su familia. Le contaba cómo se enamoró de él, le decía que lo iba a esperar siempre. A él lo había elegido y lo iba a esperar sin importar cuánto tiempo tome. También le hablaba a Hope de mamá, de Hayley. Quería que tuviera presente que ella era su madrastra, que tuvo una madre que la amó con todo el corazón una vez. Hope sabía que había una familia que la amaba y que algún día despertaría para estar con ella.
No diría que vivir en Mystic Falls era fácil, después de todo a ese maldito pueblo le pasaba de todo. Tenían una vida estable, nada que amenace sus vidas. Y dentro de todo, hasta Damon había vuelto. Casi un año después de que todos huyeran de New Orleans, él regresó a Mystic Falls, al parecer al fin logró deshacerse de la cazadora que lo perseguía. ¿Volvieron a estar juntos? No. Hasta pensó en intentarlo, después de todo se enamoró de él alguna vez. Pero no podía, ahora Damon era solo un amigo al que apreciaba mucho. Y por increíble que parezca, él y Hope se llevaban de maravilla. Cuando Klaus se entere iba a poner el grito al cielo, pero quizá hasta sería divertido verlo patalear por algo tan simple. Ella ya se encargaría de calmarlo luego.
Por esas semanas todo había estado muy tranquilo. Hope estudiaba, pintaba, ella también estudiaba en una universidad a distancia. Bonnie se encargó de darle a Hope una pulsera que contenga sus poderes de bruja, ya que a corta edad demostró tener un poder abrumador que no podían controlar. Caroline pensó que iba a necesitar mucho a su tía Freya, ella la guiaría como bruja Mikaelson que era.
Almorzaron tranquilas esa tarde, y ahora Hope estaba exigiendo un postre. Caroline fingió que no tenía nada para darle, pero con esa sonrisa tan linda que tenía la pequeña le fue imposible resistirse mucho tiempo. Había helado en la nevera, así que fue directo a la cocina para servir un poco. Estaba ya por regresar al comedor, cuando el teléfono de la casa sonó y ella se apresuró en contestar.
—¿Si? —preguntó ella casual.
—Caroline.— La voz era de Rebekah. Hace más de un mes que no tenía noticias de ella y eso la paralizó un instante.
—¡Bekah! ¿Qué pasó? ¿Está todo bien?
—Están pasando muchas cosas, pero…
—¿Pero…? —preguntó atemorizada. ¿Esas eran malas noticias?
—Tenemos que ir a New Orleans. Davina ha despertado de su sueño, pude contactarla y me ha ayudado para rescatar a Kol. La tengo, tengo la cura.—Por poco se le resbala el teléfono de las manos, sintió que temblaba de emoción. Era la mejor noticia que pudo recibir.
New Orleans
Estaba tan acostumbrado al dolor que no sabía cuánto tiempo más iba a durar esa tortura. Klaus no lograba calcular el paso del tiempo, pero para él aquello era una maldita eternidad. El día en que se sacrificó por su familia no solo fue el día en que más sufrió al tener que dejar todo lo que amaba atrás, sino que experimentó de nuevo ese maldito dolor físico interminable de tener en el pecho la daga que alguna vez maldijo Papa Tunde.
Marcel era bueno vengándose, y eso lo aprendió de él. Ah si, sobre todo eso. Marcel sabía que acabar rápido con el dolor de alguien era ser muy piadoso, que mientras más se prolongara el sufrimiento era mucho mejor. Por eso lo humilló en público delante de todos sus enemigos y lo condenó a una eternidad con esa daga en el pecho.
Lo único que Klaus esperaba, cuando lograba pensar con claridad, era que no haya pasado mucho tiempo. Porque siempre pensaba en su familia, en su hija y en Caroline. Odiaba saber que ella sufría, que él le estaba causando dolor con el vacío de su ausencia. Y también alucinaba, muchas veces con ella. La veía en ese lugar, le hablaba, conversaban de muchas cosas. Ella era su escape cuando ya no podía más. Prefería divagar y discutir con ella en su imaginación que estar ahí tumbado muriendo de dolor.
Tenía la daga en el pecho, y además Marcel se encargó de poner un círculo mágico alrededor de él para que nunca pudiera escapar. Le daba sangre para que no se secara y pudiera tener siquiera algo de fuerza, así sufría más que estando inconsciente. Quería odiarlo, y lo peor es que no podía. Que ese muchacho que él creó un día se hizo tan fuerte que se convirtió en el monstruo que le hizo pagar por todos sus pecados. ¿Merecía aquello? Quizá, nunca fue el mejor de los vampiros. Pero las personas que amaba eran puras e inocentes, ellas no merecían sufrir.
A veces dormía. Sus sueños eran pesadillas dolorosas de las que le costaba escapar, pero a veces eran mejor que estar despierto. Klaus se preguntaba si quizá se había vuelto loco, porque era imposible que alguien, por más fuerte que sea, resista tanto.
Esa vez durmió mucho, o mejor dicho, estuvo inconsciente por mucho rato. Pero sintió algo que lo dejó desconcertado.
Salía de su pecho. La daga salía de su pecho al fin después de mucho tiempo. El círculo mágico había sito roto, alguien le quitó la daga del pecho. Sus sentidos se afinaron, le pareció escuchar voces familiares ahí. Elijah quizá. La voz de Freya pronunciando un hechizo. Intentó sonreír, pero sentía su cuerpo paralizado. Solo sabía que estaba de vuelta.
Cuando abrió los ojos el panorama era otro. Un rostro amado estaba frente suyo, sosteniendo su rostro y mirándolo con adoración. La bella mirada de Caroline se cruzó con la suya después de muchos años y sintió como si todo el dolor se apagara.
Caroline fue por él.
Caroline lo espero porque lo amaba.
Ella besó sus labios sin importarle que estuvieran secos y él la apretó contra su cuerpo con las pocas fuerzas que tenía.
Ahora entendía que todos esos años estuvo muerto, viviendo en su propio infierno. Y ahora ella lo traía a la vida. El amor es la mayor debilidad de un vampiro, eso solía decir. El amor era un error. Pues si era así, amar a Caroline era el error más hermoso de todos.
