Capítulo 1: "La distancia entre tú y yo"

Fate madrugó mucho a pesar de que siempre ha adorado dormir. Se vistió con ropa deportiva y se dirigió a la playa que tanto amaba y que tantos recuerdos le producía. Corrió hasta que sus fuerzas se fueron y se sentó en la arena comenzando a recordar…

"Nos conocemos desde que tenemos 9 años. Nos conocimos por casualidad. Yo me había caído de un árbol cuando trataba de salvar a mi gatito Bardiche. Mientras bajaba, me resbalé y caí de espaldas protegiendo a mi gatito. Mi rodilla estaba sangrando, me dolían el hombro y espalda y tenía arañazos por todo el cuerpo. Yo no lloraba, pero tú te acercaste a mí corriendo, como si fueras un ángel que se escapó del cielo, con tu pelo cobrizo recogido en dos pequeñas coletas y esos ojos lavanda que me cautivaron… Me dijiste que fui muy valiente y me preguntaste si me encontraba bien y que por qué tenía una mirada tan triste. 'Quiero ser tu amiga para que no tengas más esa mirada' 'Siempre estaré contigo y nunca más estarás sola ni sentirás dolor' me dijiste. Ingenua de mí al creerte. Con el tiempo, nos hicimos amigas, las mejores para ser exactos. Todos en la escuela tenían envidia de la conexión que teníamos la una con la otra. Cada minuto que estábamos juntas era inmensamente feliz, me olvidaba de cualquier problema que pudiera tener. En esos momentos sólo existías tú con tus hermosos ojos y tu cálida sonrisa. Sin darme cuenta, me había enamorado de ti, de mi mejor amiga. Guardé estos sentimientos para que no te afectaran y los disimulé cada vez que estaba contigo. No quería que pensaras que había traicionado tu confianza. No podría resistir ese dolor. Cuando nos mudamos al piso de alquiler y comenzamos a compartir cama, levanté un muro alrededor de mí para que no notaras mis sentimientos. Ahora estás con Yuuno y me duele, aunque me duele más que no hayas sido tú quién me lo haya contado. He llorado mucho, yo no quiero aceptar el hecho de que hayas elegido a otra persona que no sea yo. No quiero escuchar nada acerca de la persona que has elegido y que te hace feliz, no podría soportar ese dolor. Por eso, he decidido que me alejaré de ti. Es lo mejor para ambas. Recogeré mis cosas y me iré a otro apartamento. Yo no sufriré escuchándote hablar sobre él y tú podrás ser feliz junto a él, para siempre... Ya no me necesitas, aunque nunca me necesitaste, era yo quien te necesitaba a ti… Ahora lo tienes y tendrás a él... Todo mi dolor se irá, lo sé, pero tengo que irme…" –decidió la rubia.

Fate soltó unas últimas lágrimas antes de regresar a casa donde ya no se encontraba Nanoha, se duchó, se alistó y se marchó a la universidad. Se dirigió a su clase, donde estaban sus amigas esperando.

- ¿Fate-chan? ¿Estás bien? A pesar de irte muy temprano has llegado tarde. Tienes mala cara, Fate-chan. –la cobriza fue a ponerle una mano en la mejilla, pero Fate se apartó.

- Sí. Lo siento Nanoha. Tenía algo que hacer antes de venir. –sonrió tristemente y se sentó en su asiento.

- ¿Por qué vuelves a tener esa mirada que tenías cuando nos conocimos, Fate-chan? ¿Qué me estás ocultando? –se preguntaba una cobriza nerviosa ante la actitud de su amiga.

Pasaron las primeras clases y sonó la campana indicando que era tiempo para el almuerzo. Estaban en la cafetería reunidas Suzuka, Arisa y Nanoha tomando el almuerzo y pasando un buen rato, riendo y charlando sobre trivialidades. Fate-chan ha estado muy rara esta mañana y casi no ha pasado tiempo con ellas, sólo con Hayate.

- Oh venga, vamos Fate-chan, me lo prometiste.

- Está bien, Hayate. Te prometo que cuando llegue el momento estaré ahí.

- ¡Gracias! –se tiró a los brazos de su rubia amiga– ¡No sabes cuánto te quiero! Sabía que no podías resistirte a este sensual bombón. –sonrió pícaramente.

- Vale, vale. Ahora suéltame, sensual bombón. –dijo mientras reía al comentario que hizo su castaña amiga– Espero que para entonces seas seria, Hayate. –suspiró Fate y Hayate comenzó a reír.

Nanoha se sintió feliz al ver entrar a Fate, pero Hayate y Fate compraron el almuerzo, pasaron junto a sus amigas sin si quiera mirarlas y se sentaron en una mesa diferente a ellas. Nanoha sintió un pellizco en el pecho.

"¿Por qué no me miras? ¿Por qué comes con Hayate sólo? ¿Qué es lo que te pasa?" –se preguntó la cobriza. Inconscientemente se puso de pie para dirigirse hacia donde estaban Hayate y Fate para saludarlas, pero llegó Yuuno y sin verlo venir, le dio un beso en la mejilla haciendo que se ruborizara y se la llevó de la mano.

Pasaron las semanas y todo siguió igual, o peor. Fate madrugaba cada mañana a una hora diferente para que Nanoha no supiera su rutina, evitaba pasar tiempo con ella. Fate se iba cada mañana a correr a la playa para desahogarse derramando todas las lágrimas soltando el dolor que cargaba. No iban a clases juntas. Fate iba a la universidad después que Nanoha, y por lo general siempre llegaba tarde, aunque a veces directamente no iba. Tampoco compartían el mismo espacio en la casa ni mucho menos la cama. Fate siempre ponía alguna excusa para llegar tarde. Pero lo peor era que no hablaban. Nanoha sintió que todo fue un error, que no tendría que haber aceptado los sentimientos de Yuuno porque ahora sentía a Fate más lejos de ella. Está pasando todo lo contrario a lo que ella deseaba… Ella no quería separarse de Fate, quería seguir teniendo la relación que siempre tuvieron, aunque en realidad quisiera ser algo más que su amiga.

Un mes después de enterarse de la relación que tenían Yuuno y Nanoha, Fate había encontrado un piso cerca de la universidad donde estudiaba. Era fin de semana y sabía que Nanoha saldría con Yuuno, por lo que aprovechó ese momento para hacer las maletas y recoger todas sus pertenencias y mudarse antes de que ésta regresara. Una vez todo recogido y dispuesta a marcharse, dejó un sobre en la encimera de la cocina con dinero para el alquiler de los próximos dos meses, por si no encontraba un compañero pronto, las llaves del piso que compartió con Nanoha y una nota. El piso donde creyó tener un hogar. Echó un último vistazo, dejó caer una lágrima al recordar lo que tuvo y que no volvería a ser y cerró la puerta.

Nanoha fue a cenar y bailar por ahí con Yuuno. Necesitaba despejarse y olvidar todo el tema de Fate. Eso era lo que quería, ¿verdad? Quería evitar tener sentimientos más allá de la amistad. A medianoche volvió a casa, y como llevaba sucediendo en el último mes, la casa se encontraba en silencio y oscura. Se dirigió al baño para darse una ducha relajante y se acostó ya que estaba muy cansada.

A la mañana siguiente se levantó y se dirigió a la cocina para tomar algo para desayunar. Se dirigió al frigorífico, pero cuando se dispuso a abrir la puerta de éste, se volteó para ver lo que había en la encimera. Lentamente y temblando, se dirigió a la encimera y cogió el sobre y las llaves. "No puede ser" –susurró. Tomó la nota entre sus manos, y con lágrimas en sus ojos, comenzó a leer…

"Nanoha,

Como seguro te estás imaginando, la nota es para decirte adiós. Es hora de que me vaya a otro apartamento ahora que estás con Yuuno. Ahora podéis compartir piso para poder pasar más tiempo juntos y no habrá nadie que os moleste. No te preocupes por mí. Encontré otro piso. Sé muy feliz. Lo mereces.

Fate Testarossa"

Nanoha rompió a llorar y a gritar "¡Idiota! ¿Por qué tenías que irte? ¿Por qué me dejas sola? ¡Te necesito!" y clavó sus rodillas en el suelo y siguió llorando hasta que su pecho dejó de doler. La llamó a su móvil, pero Fate no contestó. Insistió más veces a lo largo del día, pero Fate no contestó ninguna llamada, incluso apagó éste. Fate no quería volver a saber nada de Nanoha. Había tomado una decisión y la cumpliría, aunque ella nunca fuera feliz. Lo principal era que Nanoha fuera feliz. Eso era lo que realmente quería, aunque no fuera junto a ella.

La mayoría de los días, Fate se saltaba clases e iba a la enfermería constantemente. Además, en el club de atletismo estaban asombrados por la velocidad que tenía. Parecía que se le fuera la vida en los entrenamientos. Cada día rompía el récord del día anterior. Todos se preguntaban qué era lo que le estaba pasando para que actuara así.

Ya han pasado dos meses desde que Yuuno se confesó a Nanoha y todo seguía igual entre ellos. A pesar de que Fate dejara el piso para que pudiera compartirlo con Yuuno, ella no quería. Ella sólo quería compartir ese piso con su rubia amiga que la ha estado evitando durante dos meses…

Hoy es el último día de clases antes de las vacaciones de invierno y han quedado todos después de clases para hacer planes para las fiestas. Cuando terminaron las clases, todos se dirigieron a la entrada principal de la universidad donde habían quedado. Estaban reunidos Suzuka, Arisa, Yuuno, Hayate y Nanoha, todos, menos Fate.

El teléfono de Hayate comenzó a sonar y se retiró para contestar mientras el resto del grupo empezaba a compartir ideas para estas fiestas, aunque Nanoha estaba pendiente por si era Fate quien la estaba llamando.

- Fate-chan, ¿dónde diablos estás? ¿Por qué estás haciendo esperar a esta sensual castaña? –sí que era su amiga rubia– ¿Qué? ¿Cuándo? –la joven cobriza se preguntó que habría pasado– Está bien, voy enseguida. Hasta luego. –finalizó la llamada y se dirigió al grupo.

- ¿Pasó algo Hayate-chan? –preguntó Suzuka.

- ¿Eh? Oh no, nada. Era Fate-chan. Me ha dicho que la disculpemos, pero que le surgió algo muy importante. Por eso se fue antes... –dijo esto último en un susurro.

- Está bien, pues entonces hablemos por el grupo para aportar, comentar nuestras propuestas y nuevas ideas. Así Fate-chan podrá opinar al respecto. –dijo Suzuka.

- Me parece bien. –dijeron Arisa y Nanoha.

- Tengo que irme. Nos vemos. –dijo Hayate y se fue corriendo dejando caer unas lágrimas que no pasaron desapercibidas por Nanoha.

- Nanoha, entonces, ¿qué te parece si te invito a cenar y damos un paseo esta noche? Nos lo pasaremos bien. –dijo Yuuno tomando la mano de la cobriza.

- Mejor otro día, Yuuno-kun, no me encuentro muy bien. –dijo soltando la mano del rubio y se marchó.

Nanoha no podía dejar de pensar en que algo había pasado, algo relacionado con Fate. ¿Por qué Hayate salió corriendo tan de repente con lágrimas en los ojos? ¿A caso le pasó algo malo a Fate? No podía quedarse de brazos cruzados. A pesar de que la rubia la evitara, ella no podía dejar de pensar en su amiga y en todo lo que habían vivido juntas desde que se conocieron en aquel parque. "Siempre estaré contigo" –recordó la cobriza. "¿Cómo se me pudo olvidar mi promesa?" –se preguntó a sí misma. Tenía que encontrar a Fate y contárselo todo, y para eso tenía que llamar a Hayate, pero ésta no atendió su llamada, así que se dirigió a su casa, pero al llegar nadie abrió la puerta, por lo que decidió irse a casa y esperar hasta el día siguiente.

Mientras, en el piso de alquiler de Fate…

- No, no puedes irte. –decía una abatida Hayate.

- Lo siento Hayate. Debo irme, es lo mejor. Ya no puedo mirar a Nanoha a los ojos y me duele estar cerca de ella y a la vez tan lejos. Ese puesto estable para mi madre en Estados Unidos es lo mejor que podía pasarme. Allí podré calmar estos sentimientos.

- Pero, yo voy a echarte mucho de menos, hemos sido amigas desde la infancia. Eres mi mejor amiga, eres como mi hermana, Fate-chan. –decía la castaña llorando a mares.

- Lo siento, Hayate. Nunca dejaré de ser tu mejor amiga. Aunque estemos a miles de kilómetros siempre podrás contar conmigo y podrás venir a visitarme en las vacaciones. Jamás me olvidaré de ti, te lo prometo. –dijo la rubia abrazando a su amiga y llorando junto con ella.

- ¿No se lo dirás a Suzuka y Arisa? ¿Y qué pasa con Nanoha cuando se entere? Me odiarán.

- No te odiarán, Hayate. Si lo hago yo… me derrumbaré. Diles eso, que no fui capaz de despedirme porque no sería capaz pero que mandaré un mensaje al grupo cuando llegue a mi destino.

- Está bien. Lo haré por ti. Sólo te pido que recuerdes tu promesa. –decía entre sollozos Hayate.

- Tranquila, volveré cuando llegue ese momento. Sabes que la cumpliré… Solo… dame tiempo.

A la mañana siguiente, Nanoha fue temprano a la residencia Yagami para poder hablar con Hayate seriamente sobre lo que le pasaba a Fate y para que le contara el motivo de sus lágrimas el día anterior. Al encontrarse en la puerta, dudó en llamar, pero finalmente lo hizo. Al cabo de unos segundos, Hayate, con los ojos rojos e hinchados, abrió la puerta.

- ¿Nanoha-chan?

- Buenos días, Hayate-chan. Tenemos que hablar.

- Hayate dejó entrar a Nanoha a la casa y se dirigieron al salón.

- ¿Qué es lo que pasa, Nanoha-chan?

- Eso es lo que vengo a preguntarte, Hayate-chan. ¿Por qué te fuiste ayer llorando al salir de clase? ¿Por qué tienes los ojos hinchados de haber llorado mucho? Es por Fate-chan, ¿verdad?

- ¿Eh? –dijo Hayate sorprendida.

- Sé sincera conmigo, Hayate-chan, por favor. Desde hace dos meses se comporta raro. Se fue del piso que compartíamos para vivir sola, ya no sonríe y me evita. Vuelve a tener esa mirada perdida y triste que tenía cuando la conocí. Y ayer no apareció… Te llamó y tú te fuiste corriendo…

- Me sorprende que te des cuenta de ciertas cosas y no de otras… –sonrió con dolor– En fin, tarde o temprano te tienes que enterar. Cuanto antes, mejor.

- ¿Eh? ¿De qué iba a enterarme, Hayate-chan? ¿Qué es lo que pasa? –preguntó nerviosa Nanoha.

- Verás… –Hayate empezó a llorar– Fate…Fate-chan… se marcha… dentro de unas horas… a… Estados Unidos…

- ¿Queeeeee? –Nanoha se quedó totalmente paralizada.

"No, ella no puede irse", "Si se va, ¿qué haré?", "¿por qué, por qué no me lo había dicho?" –eran algunas preguntas que se le cruzaban a la cobriza por la cabeza.

- ¿A qué… a qué hora… sale su vuelo? –preguntó tartamudeando Nanoha.

- En dos horas… ya debe de estar en el aeropuerto.

El corazón de Nanoha se detuvo. Su mejor amiga, no, el amor de su vida se iba en dos horas y ella no le había dicho lo que sentía. Se iba y no podía hacer nada. Se iba y posiblemente no la volvería a ver. No, eso no era lo que ella quería. Nanoha empezó a llorar y salió corriendo de la casa de Hayate, y sin darse cuenta iba en un taxi dirección al aeropuerto. No podía permitir que su mejor amiga se fuera sin decirle nada. Lloró durante todo el trayecto. Al llegar, pagó el viaje y bajó rápidamente entrando en el aeropuerto.

"Pasajeros rumbo a Estados Unidos, diríjanse a puerta de embarque número 2" –se escuchó por megafonía, por lo que Nanoha corrió desesperadamente como nunca antes lo había hecho.

"Bien, es la hora". –dijo para sí misma Fate.

Se puso de pie y se dispuso a dirigirse a la puerta de embarque cuando unos jadeos y una voz conocida la hicieron frenar en seco.

- ¡Fate-chan!