Capítulo 2: "Reencuentro"
Después de haberse saltado una larga y aburrida conferencia a la que tenía que asistir en el día de ayer, cierta cobriza se dirigió a la cafetería del hospital, para desayunar, con sus audífonos puestos para evitar hablar con cualquiera que se le acercara. Claro, que puede evitar hablar con cualquiera excepto con su jefa.
- Buenos días, Nanoha-chan. ¿Cómo va tu día de trabajo? ¿Tienes muchos pacientes que atender hoy? –decía una sonriente Hayate a una cobriza nostálgica.
- Buenos días, Hayate-chan. No, hoy solo tengo unos cinco.
- Bien. Entonces, podrás asistir a la reunión, ¿verdad? Estoy segura de que te sorprenderás. Es muy importante para mí que asistas.
- Sí, claro, estaré allí. Ahora, si me disculpas, debo irme, tengo que empezar con las consultas.
- Claro. Que tengas una buena mañana, Nanoha-chan. Y, por cierto, no creas que no sé que no fuiste a la conferencia… –Nanoha sintió terror y optó por salir corriendo antes de que Hayate la regañara.
Nanoha se marchó hacia su consulta para atender a sus pacientes. Desde que terminó su carrera en medicina y se especializó en pediatría, trabajaba para Hayate en el hospital que heredó de su familia. ¿Qué lugar mejor para trabajar que en el hospital del que es dueña una de tus mejores amigas?
Las horas pasaron lentamente hasta que Nanoha por fin terminó con la visita a sus pacientes y caminó a la cafetería a tomar un café mientras esperaba que fuera la hora de la reunión que había programado Hayate. Le pareció ver a una rubia que le resultó familiar, "es imposible, no puede ser ella" –pensó. Mientras tomaba su café, un rubio de ojos esmeralda muy alegre se acercó a ella y se sentó.
- Hola, Nanoha. ¿Qué haces?
- ¡Yuuno-kun, hola! Estoy haciendo tiempo mientras empieza la reunión. ¿Sabes algo sobre el nuevo?
- Nueva.
- ¿Cómo? –preguntó Nanoha confundida.
- Es una mujer. Dicen que es la Dra. Harlaown, la mejor neurocirujana a pesar de que es muy joven. Ha sido trasladada desde Estados Unidos. Ha dado muchas conferencias muy interesantes y ha recibido varios premios. Ha elegido ella misma a 4 residentes a los que les enseñará todo lo que sabe. Va a trabajar pasando consultas, aunque por lo que he escuchado trabajará la mayor parte del tiempo en Urgencias porque tiene intención de coger el cargo. Así que solo coincidiremos con ella cuando nos toque guardia. Es una lástima… –Nanoha quedó impresionada ante tal revelación.
- Vaya Yuuno-kun. Estás bien informado. Cualquiera diría que estás interesado en conocer a esa doctora. –rió mientras el pobre chico se ruborizaba.
Estuvieron hablando relajadamente hasta que llegó la hora de la reunión y se marcharon rumbo a la sala donde Hayate solía hacerlas. Por el camino, una niña rubia de unos 4 años se tropezó con Nanoha y cayó al suelo. La pequeña empezó a llorar y la pediatra la puso en pie, sacudió su ropita y entregó su conejito de peluche.
- Perdona pequeña, no te vi venir. ¿Estás bien? Me llamo Nanoha, ¿cómo te llamas tú? –la doctora quedó petrificada al ver a la niña, pensando que se parecía a alguien muy preciada para ella.
- Vivio. –abrió sus ojos dejando de llorar, dejando a una cobriza más impactada por el color de ojos de la pequeña, teniendo un ojo color borgoña, que la hizo pensar más en esa persona, y otro verde.
- Vivio, tienes un nombre muy bonito. ¿Dónde está tu mamá?
- Iba con ella, me está esperando.
- Te acompañaré. Así me quedo más tranquila. –Nanoha le sonrió dulcemente y ofreció su mano a la pequeña.
Las dos iban tomadas de la mano buscando a la madre de la pequeña. Nanoha no podía explicarlo, pero se sentía bien sosteniendo a esa pequeña de su mano. La hizo recordar cuando cierta rubia la tomaba de la mano para ir a la escuela. Era una sensación de calidez.
- Vivio, ¿cómo es tu mamá? –preguntó Yuuno.
- Es muy guapa. Todo el mundo dice que nos parecemos mucho. Vivio la quiere mucho.
- ¿Cómo se llama tu mamá, pequeña? –preguntó Nanoha.
En esos momentos apareció la directora del hospital que se disponía a ir a la sala de reuniones y que dejó salir una sonrisa de oreja a oreja al ver a la pequeña.
- ¡Tía Hayate! –gritó la pequeña, deshaciendo el agarre que tenía con Nanoha dejando a ésta descolocada y salió corriendo para Hayate.
- ¡Vivio-chan! –gritó emocionada Hayate y la alzó haciéndola reír y después la abrazó– ¿Cómo estás pequeña? ¿Me has echado de menos? –dio un beso esquimal a la pequeña y empezó a reír.
- Vivio echó mucho de menos a tía Hayate. ¿Ahora podrá jugar tía Hayate con Vivio?
- ¡Por supuesto que sí! Ahora jugaremos todos los días. Ahora vayamos con mamá, nos está esperando. –dijo con felicidad a la pequeña y guiñándole el ojo. La dejó en el suelo tomándola de la mano y miró a Yuuno y Nanoha– ¿Vamos?
- Sí. –contestaron ambos al unísono.
- ¿Hayate-chan? No sabía que tenías una hermana, y mucho menos una sobrina.
- Gracias por escoltarla, Nanoha-chan. Su madre nos está esperando en la sala de reuniones. No tengo hermanas de sangre, pero sí de alma. –y se calló hasta llegar a la sala– Bien, ya hemos llegado. –se paró frente a la puerta, suspiró y dirigió su mirada a Nanoha quien la miraba extrañada– Lo siento, Nanoha-chan.
- ¿Por qué lo sientes, Haya…? –Hayate abrió la puerta dejando ver a una figura que a Nanoha le resultaba conocida, muy conocida… una figura de una mujer rubia que estaba mirando por la ventana.
- ¡Fate-mama! –gritó la pequeña y salió corriendo para su madre haciendo a la cobriza salir de su trance.
- Vivio, ¿te has portado bien? –dijo con voz suave y volviéndose para cargar en brazos a su hija.
- ¿Fa…Fate-chan? –susurró la cobriza abriendo los ojos como platos.
- Doctores Takamachi y Scrya, vosotros ya la conocéis. A los demás, os presento, aunque los que fuisteis a la conferencia ayer ya la conocéis también. –dijo mirando a Nanoha quien no fue a esa conferencia– Ella es la doctora Fate Testarossa Harlaown. Ella es la nueva neurocirujana que trabajará en nuestro hospital. A partir de ahora se hará cargo de la dirección de Urgencias. Además, cuando yo no me encuentre, ella se hará cargo de tomar las decisiones oportunas en mi nombre ya que confío en ella plenamente. –la miró y sonrió tiernamente– Espero que todos se lleven bien y aprendan todo lo posible de ella ya que es la mejor neurocirujana que existe en estos momentos. Bienvenida a casa, Fate –le sonrió feliz.
- Gracias, Hayate. –le devolvió la sonrisa– Hola a todos. Encantada de conoceros. Veo varias caras que vi ayer en mi conferencia. Gracias por asistir. –miró sonriendo hacia la puerta, donde se encontraban un rubio y una cobriza petrificados– Doctores Takamachi y Scrya, me alegro de volverlos a ver. –volvió la vista al resto de compañeros– No le hagáis caso a la directora Yagami, tiende a exagerar, pero intentaré enseñar lo máximo posible a mis residentes y a todo aquel que me pregunte. Espero que podamos llevarnos bien por el bienestar de todos. Gracias por venir y darme este recibimiento. No les robaré más su tiempo, ya les robé bastante ayer. –rió junto al personal que se encontraba en la sala– Nos veremos mañana. Tengan un buen día. –se acercó a Hayate– Te llamo después, Hayate. –se dirigió a la puerta donde seguía Nanoha descolocada– Nanoha, Yuuno. Un placer verlos de nuevo y ser vuestra compañera. Que tengáis una buena tarde. Hasta mañana. –se despidió mirando a Nanoha con dulzura y con una sonrisa de las que derretía a ésta.
Después de esa breve presentación, y con Vivio en brazos, Fate se marchó dejando atrás a una cobriza y a un rubio confusos. Nanoha no podía creerlo. Ella… había vuelto…
Flashback
Hace 6 años…
- ¡Fate-chan!
- Na…Nano...ha. ¿Qué haces aquí? –dijo una rubia completamente sorprendida.
- ¿¡Por qué no me dijiste que te marchabas!? ¿¡Pensabas irte sin decirme nada!? ¿Por eso te alejaste de mí? ¿Fue por eso? Pensé que éramos las mejores amigas, que no teníamos secretos, que siempre estaríamos juntas. –empezó a sollozar– Que siempre… me protegerías –dijo en un susurro.
- Las razones por las que me alejé no son de tu incumbencia. –dijo fríamente– Y no me vengas con sinceridad y no tener secretos. ¿Por qué no me dijiste que estabas saliendo con Yuuno? ¡Era tu mejor amiga! Me enteré por alguien que no eras tú. –dijo la rubia alzando la voz– Se suponía que confiabas en mí, pero me equivoqué… –dijo casi en un susurro.
- Yo… –la cobriza se sorprendió y bajó la mirada– Lo siento, Fate-chan, pero te… –la interrumpió Fate.
- Nanoha... –se dio media vuelta para dirigirse a la puerta de embarque– No tienes que explicarme nada.
- Fate-chan ¡espera! –gritó la cobriza derramando sus primeras lágrimas, pero Fate la ignoró y siguió adelante– ¡Fate-chan! ¡No puedes! No quiero que te vayas…
- Adiós, Nanoha. Espero que seas muy feliz con Yuuno. Lo mereces. Cuídate. Hasta siempre. –dijo sin mirar atrás y se fue, dejando a una cobriza clavando las rodillas en el suelo y llorando.
- Te amo, Fate-chan. –murmuró siendo ya demasiado tarde…
Fin Flashback
Hayate se dirigió a una congelada Nanoha que no se movía de su sitio.
- Nanoha-chan. Siento que las cosas hayan sido así. No sabía cómo decírtelo. Te mandé a la conferencia para que te fueras adaptando, pero te la saltaste. Sé muy bien que vuestra amistad se quebró hace tiempo y que lo has pasado muy mal, pero necesito que dejéis eso a un lado y que seáis capaces de llevaros bien por el bienestar del hospital. Ya se lo advertí también a Fate-chan y aceptó. Sé que no vais a coincidir mucho, pero cuando lo hagáis, espero que vuestro trato sea cordial. –dijo suavemente Hayate poniendo una mano sobre el hombro de Nanoha.
- Tranquila Hayate-chan. Por mi parte no habrá ningún problema. Y, no te preocupes, no me saltaré más conferencias. –dijo seriamente Nanoha y se marchó.
Al salir, Nanoha se dirigió a su coche para regresar a casa. Al montarse en el coche, vio a lo lejos a la rubia con su hija jugando en los columpios del parque que había frente al hospital. Ambas parecían felices. "Así que te has casado, Fate-chan. Y no sólo eso, también tienes una preciosa hija que se parece a ti. ¿Por qué te alejaste de mí? ¿Por qué no me dejaste seguir formando parte de tu vida? Íbamos a estar siempre juntas. Por mi cobardía a aceptar mis sentimientos te alejé y te dejé marchar… y ahora es demasiado tarde… perteneces a otra persona… te perdí" –pensaba una abatida Nanoha que lloraba hasta que alguien tocó en la ventanilla de su coche. Alzó la mirada y era ella, esa rubia que siempre estuvo en sus pensamientos. Bajó del automóvil.
- Hola Nanoha. Siento molestarte, pero cuando nos dirigíamos a casa, Vivio te vio y quiso decirte algo. –dijo con dulzura la rubia mientras miraba a su hija.
- ¿Puede Vivio ayudarte ahora? –dijo la pequeña alzando sus brazos para que Nanoha la cargara.
- ¿Ayudarme? –miró a Fate quien asintió levemente para que Nanoha cargara a Vivio.
- Sí. Vivio puede ver que estás triste y quiere agradecerte que me llevaras con tía Hayate y Fate-mama. –dijo con inocencia la pequeña mientras le acariciaba la cara a Nanoha– Fate-mama, podemos ayudarla, ¿verdad? –dijo mirando a su madre.
- No sé si podemos ayudar a Nanoha, Vivio, pero –suspiró– ¿qué te parece si la invitamos a un dulce? –le guiñó un ojo a su pequeña– ¿Qué dices, Nanoha?
- ¡Sí! Vivio quiere invitar a su nueva amiga a un dulce y verla sonreír. ¿Vendrás a comer un dulce con Vivio y Fate-mama? –dijo la pequeña con ojos brillantes y una gran sonrisa que Nanoha sabía que había heredado de su madre porque era imposible decir que no.
- Está bien, iré. Gracias, Vivio. –suspiró.
Puso a la pequeña en el suelo y comenzaron a andar en silencio. Vivio tomó la mano de su Fate-mama y de Nanoha y siguieron caminando. Tanto la cobriza como la rubia tuvieron una sensación de calidez, amor y paz que no habían sentido nunca. Llegaron a la cafetería que regentaba la familia de Nanoha y Fate se sentó mientras que Nanoha fue a saludar a su familia y Vivio miraba ansiosa todos los pasteles. La madre de Nanoha salió de la cocina para saludar a Fate.
- Fate-chan, cuanto tiempo sin verte y saber nada de ti. Me alegro tanto de que estés aquí. –dijo con una sonrisa y abrazó a Fate.
- Gracias, Momoko-san. –correspondió el abrazo– Yo también estoy feliz de estar aquí y volveros a ver. –miró a Nanoha con ternura.
- ¡Fate-mama, quiero este pastel! –gritó la pequeña mientras corría hacia su madre, dejando a una Momoko impactada y sacando a la cobriza de su trance.
- Vivio, no corras o… –Vivio cayó al suelo– te caerás. –la rubia se dirigió hacia su hija y la cargó en brazos– Vivio, tienes que tener más cuidado o te harás daño y harás que Fate-mama se preocupe.
- Lo siento, Fate-mama. –decía la pequeña mientras sollozaba y abrazaba a su madre.
- No llores, Vivio. Te compraré ese delicioso pastel. –y la pequeña dejó de sollozar y empezó a sonreír.
- Are Fate-chan, no sabía que habías sido madre y tuvieras una hija tan linda… Nanoha no me contó nada. Se parece mucho a ti. –dijo Momoko haciendo ruborizar a Fate– Hola Vivio-chan, soy Momoko, la mamá de Nanoha-chan. ¿Qué te parece si vamos en busca de tu pastel?
- Vivio se alegra de conocerte. ¿Fate-mama? ¿Puedo ir a por mi pastel? –decía la pequeña sin retirar esa sonrisa que alegraba a cualquiera.
- Claro. Ve con Momoko-san. –sonrió a su hija con ternura.
Dejó a su hija en el suelo y se fue alegremente con Momoko a buscar su pastel mientras Nanoha y Fate se sentaban junto a la ventana a esperar. Hubo un silencio incómodo durante unos instantes, hasta que Nanoha no pudo aguantar más y empezó a hablar.
- No esperaba verte de nuevo. Desde que te fuiste, nunca más supe de ti. –dijo la cobriza seria y dolida mirando a los ojos borgoña que siempre la invitaban a perderse en ellos con su brillo, pero esta vez estaban oscuros, reflejaban tristeza, esa tristeza que tenía cuando la conoció y cuando se marchó– ¿Por qué? ¿Por qué estás triste, Fate-chan? –se preguntaba la cobriza.
- Yo tampoco. Debí suponer que Hayate te contrataría. Le prometí que volvería para trabajar con ella en su hospital… Por eso estoy aquí, para cumplir mi promesa. Aunque es provisional. –dijo tranquilamente la rubia mientras miraba a su pequeña.
- ¿Entonces te irás de nuevo? ¿Te despedirás esta vez? –la rubia no contestó y la observó en silencio– Vivio se parece mucho a ti, Fate. No sólo físicamente, también en la personalidad. No sabía que te habías casado y tenido una hija.
- Tienes razón, aunque lo que más me gusta es su risa. Es especial. Pero te equivocas, Vivio no es…
- ¡Fate-mama! Mira que pastel de chocolate más rico me comeré. Aunque Vivio quiere compartirlo con Nanoha. –dijo la pequeña ilusionada.
- Pero no te vayas a manchar como hacía Nanoha cuando era pequeña. A ella siempre se le caía un trozo y se llenaba. –le guiñó un ojo a su hija y le sonrió a Nanoha.
- Nyahaha. –rieron Vivio y Nanoha al unísono e hizo que a Fate se le parara el corazón. Jamás había tenido este sentimiento inexplicable. Tenía delante de ella a las personas que más quería en este mundo riendo de la misma forma. Nanoha se quedó también sorprendida ante la risa de la pequeña y recordó lo que acababa de decir Fate "lo que más me gusta es su risa. Es especial…" y se ruborizó.
El resto de la tarde continuaron hablando amenamente con la pequeña mientras comían unos dulces. Al llegar la noche, Fate y Vivio se despidieron de Nanoha y su familia y se marcharon a casa. Por el camino, Vivio se estaba quedando dormida en los brazos de su madre, pero antes de dormirse completamente le dijo que se alegraba de haber hecho sonreír a Nanoha y que quería jugar con ella.
