Para los presentes todo lo que había sucedido parecía como sacado del más loco sueño. Abrían y cerraban los ojos intentando procesar los últimos acontecimientos. Era de lo más bizarro que hayan podido presenciar.

—Yuuki—le llamó el director. Su hija no reaccionaba, era como si estuviera en shock.

— ¿Qué está sucediendo?—dijo uno de los vampiros. Todos intentaban procesar los hechos.

—Nuestros supuesto líder no es quien nos hizo creer—Ichijo suspiró. Por fin su querido amigo había decido perseguir su felicidad.

— ¿Qué quieres decir con eso?—Ruka comentó. Estaba confundida y dolida, su eterno amor tenía una familia.

—Kaname Kuran dejó de existir en el mismo instante que Shuon Kuran tomó su cuerpo—esto llamó la atención de los presentes—Shuon es uno de los primeros vampiros y quien es la cabeza del clan Kuran. Él mismo se selló hace milenios, cansado de las guerras y ambiciones tanto de vampiros como humanos. Hace unas décadas atrás, Rido Kuran lo despertó pero necesitaba un contenedor para su esencia, su alma y escogió a propio sobrino para eso. El objetivo de Rido era utilizar ese poder para su bien pero, nunca se imaginó la magnitud del poder que Shuon tenía. Ni siquiera el mismo Rido pudo prever quién era quien se encontraba en ese ataúd. Nuestros antepasados son mitos y leyendas, nunca nadie ha visto uno con vida. Hay escasa información de ellos—suspiró. Kaname le había confiado tan preciosa e importante información, alegando que Ichijo le recordaba a un viejo amigo muy querido para él.

— ¿Quién es ella?—preguntó Hanabusa. Era uno de los más impactados en todo esto. Su líder era alguien inalcanzable.

—Kagome Higurashi, la miko de la Shikon no Tama—respondió Zero. El cuerpo de Zero se estremeció ante los recuerdos de las historias que les contaban sus padres. Al principio no la había reconocido pero cuando intercambiaron miradas, aquellos ojos azules con pequeñas motas de rosado, su cerebro conectó ideas y recuerdos.

—La perla de Shikon es un mito, una mera leyenda—dijo Takuma. Claro ellos conocían esa historia, pero eran leyendas; historias que les cuentan a los niños.

—No lo es. Mi familia descendiente del monje Miroku—sentía que había traicionado a su propia sangre. Sus padres, sus abuelos, sus antepasados habían un hecho un juramento de sangre de proteger a Kagome, si en algún momento ella los necesitara. Todos conocían la historia de la miko viajera del tiempo.

—Zero…—llamó el director. Él como cazador conocía la historia de la Shikon y más que nadie conocía el mundo oculto de los yokais.

—Aquel ser que estaba con Kagome, era Sesshomaru Taisho—se hizo un silencio sepulcral en todo el lugar. Conocían ese nombre. A través de las antiguas leyendas, ese nombre siempre era mencionado cuando se hablaban de masacres derramamientos de sangres. La máquina perfecta de asesinar. Ese nombre se había convertido en la pesadilla de niños, leyenda o no, ocasionaba terror el tan solo imaginarte toparte con aquel ser y su crueldad innata.

— ¿Quiénes son ellos? ¿A dónde se llevaron a mi Kaname?—Yuuki no entendía de lo que hablaban, ella sólo quería que le devolverían a su hermano.

—Yuuki, debes de desistir en tu obsesión—le dijo Zero.

—No, Kaname es mío. Él es mi futuro esposo—el adolescente negó con su cabeza. Si ella seguía en ese camino, no iba a terminar bien.

—Yuuki—le llamó el director y ella odiaba que utilizaran ese tono con ella.

—No, él es mío—todos negaron con su cabeza. Zero y el director se preocuparon por ella. En su voz se oía claramente su inestabilidad mental.

—Yuuki si sigues por ese camino, no te aseguro que sigas con vida—todos se estremecieron ante el tono de voz utilizado por Zero—Sesshomaru Taisho no es conocido por ser indulgente—los presentes asintieron.

—No le temo—la chica era obstinada.

—Deberías—dijo una voz. Todos se estremecieron. No lo habían sentido llegar.

—Como dijo el cazador, Sesshomaru no es conocido por ser indulgente y tú pequeña has intentando asesinar no sólo a su compañera de vida, sino a sus herederos. Eso en nuestra sociedad, es un pase para enviar a alguien directito al infierno y sin pasaje de retorno—el presente era alguien alto, con cabello rojizo y postura elegante pero su aura contaba una historia completamente diferente.

— ¿Quién eres?—preguntó Hanabusa.

—Shippo Taisho—respondió Kain y los presentes intercambiaron miradas entre el recién llegado y el vampiro.

— ¿Lo conoces?—preguntó Ruka y él asintió.

—Sí, es quien inició mi línea de sangre—el aludido sonrió.

—Veo que me has reconocido a pesar de mi disfraz—sonrió y dejó que poco a poco su ilusión cayera y ante los ojos de todos se presentó un ser que claramente no era humano. Orejas puntiagudas, las diversas colas que se agitaban a su alrededor y la mirada afilada que irradiaba ira y poder más las grandes garras que sobresalían de sus manos.

—Hola querido descendiente—su sonrisa llena de colmillos hizo a todos estremecerse.

— ¿Qué haces aquí?—Kain estaba a la defensiva.

—Deberías más mostrar más respeto por tu antepasado—rio levemente y luego se puso serio. Sus ojos se clavaron en Zero y el chico no pudo evitar estremecerse.

— ¿Zero Kiryuu?—el chico asintió y Shippo volvió a sonreír—Bien, debemos marcharnos—el cazador no se movió.

— ¿De qué hablas?—el zorro suspiró.

—Lo siento, debí explicarme mejor. Mi querida madre—todos lo miraron con confusión—Kagome Taisho—todos jadearon—Bueno, como les estaba diciendo; ella me solicitó que fuera por el chico que es descendiente de la línea de sangre de Miroku y Sango—Zero se removió algo incómodo.

— ¿Por qué?—el chico desconfiaba.

—Debes conocer la historia de Kagome y tus antepasados, la cercanía e importancia que ellos mantenían con mi querida madre. Ella les prometió que protegería a su línea de sangre y…—el chico lo interrumpió.

—Ha hecho un estupendo trabajo. Nunca le he importado—el chico bufó y el zorro emitió un pequeño rugido mientras sus ojos empezaban a tornarse rojizos.

—No hables así de ella, Kagome siempre ha procurado por tu familia—Zero volvió a bufar.

—Mira lo bien que ha resultado—el aura alrededor de Zero fluctuó.

—Lo que te sucedió fue algo que a la fecha Kagome sigue sufriendo. Ella no estuvo bien durante ese ataque, fue cuando se embarazó de los trillizos—el cuerpo de Shippo se estremeció al recordar aquella etapa. Kagome la pasó muy mal. El embarazado fue muy doloroso y peligroso para ella.

— ¿A qué te refieres?—preguntó con curiosidad el cazador.

—El embarazo fue riesgoso para ella. Los poderes miko de mi madre luchaban contra ella misma por la esencia de los bebés-vampiros. Además los bebés necesitaban alimentarse de la energía de ambos padres y como sabrás, Shuon Kuran estuvo fuera de su vida durante todo este tiempo. Tuvo suerte que Sesshomaru la haya encontrado y así poder alimentarlos con su energía demoniaca. Fue algo muy doloroso para todos. Sus energías demoraron en conectarse unas con otras sin rechazarse—todos guardaron silencio.

—Entiendo lo de nuestra infancia pero, ¿qué ha pasado estos últimos años?—Shippo miró al director.

—Ella sabía que estabas en buenas manos—el director se removió algo incómodo ante la mirada del demonio-zorro.

— ¿Por qué me busca ahora?—aceptaba lo primero pero por qué ahora.

—Sabe que estás luchando constantemente con las dos energías que están en tu cuerpo—Zero se sorprendió—Nada escapa a sus ojos. No eres el primero que tiene dos energías de naturalezas opuestas luchando en un mismo cuerpo—al zorro le vino el vago recuerdo de Inuyasha.

— ¿Puede ayudarme?—Shippo asintió.

—Como dije no eres el primero que conoce cuyo cuerpo mantiene dos naturalezas complemente opuestas. Ella te ayudará a controlar y encontrar el equilibrio que necesitas para que ambas existencias coexistan en paz dentro de tu cuerpo—Zero estaba algo sorprendido. ¿Podía vivir en paz con ambas esencias dentro de él?

—Es algo imposible de creer que dos naturalezas completamente distintas vivan en paz dentro de un mismo ser —Shippo sonrió.

—Mi madre nació siendo humana con la Shikon dentro de su cuerpo, a lo largo de los años se convirtió en la Miko más poderosa que jamás haya existido. Luego se volvió la hembra de Sesshomaru y sus poderes se adaptaron al youki de Sesshomaru, moldeando un único ser. Tanto santidad como energía demoniaca habitan dentro del cuerpo de mi madre. Coexisten y se ayudan mutuamente. No es imposible, es cuestión de adaptación y entrenamiento—el cazador estaba algo sorprendido. Pensaba que era imposible.

—Ahora que el rey de los vampiros va a reclamarla como su amante eterno, ¿qué crees que sucederá?—él lo miró sin comprender—Ella debe ser mordida y compartir sangre con su mate, por ende la energía Shuon Kuran entrará en su cuerpo, en el cual reside energía santa y demoniaca, ¿crees que sería imposible que una tercera energía coexista con las otras dos?—Zero lo pensó unos segundos, era demasiado para un solo cuerpo.

—Podría morir—el zorro se alzó de hombros mientras sonreía.

—Puede que sí como puede que no—Zero se sorprendió ante sus palabras. Estaba demasiado tranquilo ante la posible muerte de su madre.

—Veo que te sorprendes por mis palabras—el cazador no dijo nada—Me imagino que conoces acerca de la historia de la miko de la Shikon no Tama—Zero asintió—No todo lo que sucedió durante esa época está registrado, muchas cosas se han omitido—el zorro se perdió unos segundos en sus propios pensamientos.

—Aquellos tiempos fueron sangrientos. Cada día se perdían miles de almas en guerras absurdas o por simple diversión de entes inescrupulosos que no temían al alzar una espada contra un anciano o peor aún un niño. Sólo les importaba conquistar, matar y satisfacer sus necesidades sangrientas. Ya sea demonio, humano o hanyo, éramos nada para aquellos seres que sólo deseaban matar. Las diferentes especies no podían coexistir en paz, la una con la otra por el temor que habitaba entre ellas. Era imposible que los demonios consideraran a los humanos como especie, para ellos eran comida, esclavos, carne para satisfacer su hambre voraz. Para los humanos, los demonios eran desalmados, monstruos sin corazón y sin alma. Los hanyos eran rechazados por ambas especies. Los primeros porque los consideran impuros y una vergüenza para su raza, para los segundos era vistos como parias por ser diferentes y llevar sangre de quienes los torturaban, mataban, violaban y cazaban y en medio de todas estas especies aparecen los monjes y mikos. Ambos con la misión de sanar, curar y cazar a los demonios. Eran los salvadores de los humanos. Considerados seres santos. Era imposible tan siquiera imaginar que alguno de estos seres pudiera aceptar y peor aún tan siquiera imaginar que convivieran con demonios. Era un sacrilegio pensar aquello—el zorro hizo una pausa mientras por su mente pasaban de manera rápida todos los momentos vividos en aquella oscura época. El temor y las pesadillas que vivió siendo un pequeño cachorro.

—Mi madre fue arrojada a un tiempo que no era el suyo, ningún tipo de entrenamiento le fue dado o tan siquiera tenía la noción de que era lo iba a enfrentar. Literalmente la lanzaron a los leones sin contemplación alguna—aún ahora le parecía increíble que Kagome haya sobrevivido tan sólo la primera semana en su tiempo—Ella aprendió del error y falla de la peor manera. Nunca se quejó ni recriminó a los Kamis por haberla abandonado en nuestros tiempos. Ella tuvo la oportunidad de renunciar a todo e irse a su propio tiempo, en la seguridad de su hogar y el calor de su familia, sin embargo no lo hizo. Permaneció y luchó contra todo pronóstico de fracaso y lo convirtió en éxito. Ella fue la precursora de que diferentes especies pueden coexistir en paz y pueden ayudarse mutuamente. Inclusive capturó el corazón del Daiyokai más frío y sanguinario que ha existido en la historia de nuestros tiempos—sonrió, era gracioso de ver como Sesshomaru hacía todo por la felicidad de su compañera—Kagome Higurashi no veía especies enemigas, ella veía amigos, aliados y familia—suspiró—Nada le fue dado en bandeja de plata. Cada fracaso, pérdida, sangre y lágrimas las convertían en experiencias y le permitió convertirse en la mujer que es ahora—Kagome a través de la historia se convirtió en alguien admirable y respetado.

—Ella sobrevivió a experiencias que ningún humano podría haber sobrevivido. Torturas mentales, físicas y psicológicas. Muertes y derramamiento de sangre fueron los escenarios que ella tuvo que experimentar. Todo eso sin alguna preparación o anticipación para sobrellevar y aceptar lo que era vivir en aquella época. Y a pesar de eso jamás perdió su esencia, su naturaleza amable y compasiva. A pesar de todo lo que tuvo que vivir, sigue siendo la misma mujer que llegó a mi tiempo. Enfrentó a la misma muerte y regresó más fuerte que nunca. Su alma brilló e iluminó nuestros oscuros tiempos. Fue la salvación para todos—los ojos de Shippo adquirieron un brillo especial— ¿Crees que con todo eso mi madre no podrá sobrellevar la energía vampírica de Shuon Kuran?—le cuestionó al cazador.

Zero consideró cada palabra dicha por el hombre-zorro delante de él. Aún para él, siendo cazador y haber sido entrenado para ser uno, le era difícil cazar y asesinar a ex humanos; que siendo justos no solicitaron ni aceptaron convertirse en vampiros nivel E. Seres que no contemplaban vidas ni les importaba acabar con cientos de vidas sin miramientos. A final del día seguían siendo humanos. Ahora no podía imaginarse a un humano siendo arrojado a una era donde el matar era lo común y era la única manera de sobrevivir. La zozobra y nula esperanza de vivir un día más. El tan siquiera poder imaginar un futuro, ¿cómo alguien podía vivir de aquella manera?

La admiraba, no había duda. No podía tan siquiera imaginarse a él mismo viviendo en aquella época. Claro él conocía las diferentes leyendas y mitos que se describían en libros y pergaminos antiguos pero nunca se imaginó que todo fuera real.

— ¿Cuál es tu decisión?—la voz del zorro lo sacó de sus propios pensamientos.

—Iré—Shippo sonrió y volvió a colocar su ilusión sobre sí mismo.

—Buena decisión—su madre iba a estar feliz.

—No—se escuchó en todo el lugar. Shippo tuvo que reprimir un pequeño gruñido que amenazaba con escapar de su pecho. Aquella patética vampira se atrevía a ir en contra de las peticiones de su madre. No podía esperar el momento en que pudiera acabar con su existencia.

—Yuuki…—el director estaba algo mosqueado por toda la situación pero sabía que sería lo mejor para su querido hijo. Quien mejor para ayudarlo con su situación que la propia miko de la Shikon no Tama. Él como cazador conocía perfectamente toda la historia e inclusive ciertos relatos que no se hallaban en los libros.

—No puedo permitir que Zero se vaya con ellos…—negaba con su cabeza—Perdí a mi amado hermano, no puedo dejar que también se lo lleven a Zero…no…—la mente de la vampira era un caos. No tenía ni un pensamiento racional ni coherente.

—Yuuki…—habló de nuevo el director quien intentó acercarse pero ella lo esquivó.

—No—volvió a negar con su cabeza mientras se acercaba a Zero e intentaba ponerse enfrente de su querido Zero. Aún se sentía algo mareada y débil.

—No voy a permitir que se lo lleven—con Artemis en mano se posicionó en frente y adoptó una pose de combate, lista para proteger lo que ella considera suyo.

—Patética excusa de vampiro. No mereces el título de reina—se burló—Bueno ex reina…—el aura alrededor de Yuuki se elevó y se volvió inestable. Shippo sonrió.

Ella se lanzó a atacar pero Shippo era por mucho más veloz y fuerte que ella. Décadas de combates y experiencias ganadas en el campo de batalla. Entrenamientos sangrientos con Sesshomaru, le habían otorgado el título de Shīfu ante las nuevas generaciones.

Los espectadores quisieron intervenir pero se vieron rodeados por un círculo de fuego y si intentaban saltar el fuego crecía creando una especie de campo alrededor de ellos. El poder de Kain era una leve llama comparado con lo que les rodeaba.

Yuuki lanzaba golpes al azar sin precisión o lógica alguna. No había coordinación ni precisión. Mientras que Shippo simplemente esquivaba sin atacar. Claramente se podía apreciar que estaba jugando con ella.

—Esto se está volviendo aburrido—sonrió.

En un intento desesperado por querer golpear al zorro, Yuuki intentó atacarlo por detrás, como había hecho con Kagome pero Shippo ya había visto venir ese golpe cobarde, no esperaba algo mejor por parte de ella. La tomó por el brazo que sostenía a Artemis y la lanzó hacia un costado, su cuerpo chocó contra una pared. Una de las pocas que aún se mantenía en pie luego de todo lo sucedido en la academia.

—Yuuki—se alzaron varias voces pero nadie podía moverse.

—Tus ataques son patéticos y sin ninguna precisión—suspiró. Estaba perdiendo su tiempo y quería ver a su madre.

—Esto es un desperdicio de mi tiempo y no quiero hacer esperar más a mi madre—le dio la espalda a la vampira quien al ver que le daban la espalda, decidió hacer un movimiento cobarde.

— ¡Muere!—gritó.

Shippo no pudo moverse de manera rápida pero no necesitó hacerlo. Una luz brillante los rodeó a todos y un grito estremecedor se escuchó en la silenciosa noche.

—Me preguntaba porque tardabas tanto—la mano de Kagome rodeaba el cuello de Yuuki quien no podía moverse porque se veía imposibilitaba porque un aura rosada la rodeaba. Quemaba.

—Madre—dijo Shippo.

—Hola hijo—sonrió y luego miró a Zero quien se estremeció ante su presencia.

—No tienes que temer—le dedicó una cálida sonrisa pero esta se borró al momento que escuchó el gemido lastimero de su víctima.

—Casi me había olvidado de ti, mi querida Yuuki Kuran—la vampira intentaba moverse pero no podía. Su energía empezaba a quemarla más y más.

—Pensé que habías aprendido la lección y empezabas a apreciar tu vida pero veo que no—el aura de Kagome creció, casi asfixiando a los presentes.

—Debes aprender una muy importante lección. Las consecuencias de atacar a un miembro de mi familia y que todos tengan en mente cuáles serán los castigos en un futuro por afrentas contra la misma—sus ojos adquirieron un tono rojizo al igual que su aura.

Poco a poco se podía sentir como la energía empezaba a acrecentar alrededor de todos, tanto que se podía escuchar crujir su poder, era electrizante y producía escalofríos a todos los presentes. Sentía que algo frío se escurría por su cuerpo y llegaba hasta lo más profundo de sus almas.

— ¿Qué le vas hacer a mi hija?—preguntó el director preocupado por el futuro de su hija.

—Sólo regresarle el favor—sonrió Kagome mientras Yuuki se retorcía.

Poco a poco el poder aumentaba, aplastando a todos al punto de la asfixia. Sólo dos personas estaban fuera de lo que estaba sucediendo. Shippo y Zero. Ella no podía lastimar a ninguno de los dos. El primero era su querido hijo y el segundo el descendiente de sus amados amigos-hermanos.

El grito de Yuuki fue lo único que se escuchó en el silencio de la noche y poco a poco el poder de Kagome fue regresando a su cuerpo y todos pudieron respirar con normalidad. El director corrió a socorrer a su hija mientras Kagome se alejaba de una llorosa Yuuki.

— ¿Qué me hiciste?—la miko llegó hacia su hijo y le acarició su rostro. Este empezó a ronronear mientras desnudaba su cuello en señal de respeto por el alfa de la manada.

Yuuki se puso de pie mientras el dolor que sentía en su vientre empezaba a disminuir. Intentaba llamar sus poderes vampíricos pero estos no llegaban a ella. Poco a poco se iba percatando de lo que le había hecho aquella mujer.

— ¡Me volviste humana!—gritó y la miko sonrió mientras se alejaba de su hijo y se acercaba a Zero quien intentó alejarse pero al verla a los ojos no pudo.

—No, sólo es un bloqueo temporal. Para que dejes de causar molestias por un tiempo, además…—detuvo sus palabras mientras llegaba a Zero y alzaba su mano mientras llevaba su mano hacia la mejilla del chico.

—Espera…—dijo pero demasiado tarde. Cuando la mano de la miko hizo contacto con la mejilla del cazador, un aura cálida empezó a rodearlo a Zero y él sintió una familiaridad que no había sentido hace muchos años.

— ¿Qué me estás haciendo?—preguntó algo alarmado.

—Te está reconociendo como parte de la manada—le dijo Shippo mientras sonreía.

— ¿Qué significa eso?—ella le sonrió.

—Serás parte de mi familia. Estaremos contigo para todo lo que necesites. Te brindaremos amor y un hogar. La protección que sólo una familia puede ofrecer—una extraña calidez le recorrió de pies a cabeza al escuchar esas palabras.

¿Familia? Qué extraño sonaba eso. Era un término tan lejano y ajeno para él. Claro que el director Kain lo había acogido en su hogar pero una parte de él nunca se sintió cómodo con la familiaridad que conlleva ser parte de una familia. Sentía que algo faltaba y en ese preciso instante lo estaba adquiriendo. Aceptación.

— ¿Tú me aceptas como soy? ¿No me temes?—ella le sonrió.

—Todos somos únicos y especiales y tú lo eres aún más. Sobresales del entre el montón—la sonrisa sincera que le estaba brindando la miko removió algo dentro de su corazón.

— ¿No sólo es porque soy descendiente de Miroku y Sango?—ella negó con su cabeza.

—En parte pero deseo bridarte la calidez de un hogar donde el ser diferente no te haga sentir como tal. El que puedas aceptarte por lo que eres y no sentirte ajeno a tu entorno. Quiero que te aceptes tu nueva naturaleza y no te temas a ti mismo—algo dentro de Zero se removió.

El poder de Kagome poco a poco se fue retrayendo dentro de su cuerpo mientras que el aura de Zero fluctuaba y cambiaba. El chico sentía como algo dentro de él cambiaba y al mismo tiempo su cuerpo se sentía ligero.

—Madre, debemos irnos. No creo que a mi querido padre le agrade la idea de que estés pasando mucho tiempo en este sitio—ella suspiró mientras asentía.

—Miko-sama—llamó el director y ella lo miró— ¿Hasta cuándo será este bloqueo?—dicha chica seguía en estado de shock mientras intentaba entender lo que acaba de ocurrir.

—Por un tiempo—respondió Shippo, quien olisqueó el aire y entendió a lo que se refería su madre con "regresarle el favor".

—Director Kain será mejor que se despida de Zero, no creo que lo vuelva a ver—el chico miró a quien hasta ahora consideraba una figura paternal, nunca lo había dicho en voz alta y jamás lo iba a decir.

—Zero, ¿te irás con ellos?—dicho cazador suspiró.

—Sí, lo siento por eso—jamás se había disculpado por algo pero sabía que le estaba rompiendo el corazón al director—Necesito controlar lo que llevo años intentando esconder e ignorar. Has hecho todo lo que ha estado a tu mano para ayudarme pero, una parte de ti jamás ha aceptado mi otra naturaleza; después de todo me estoy convirtiendo en lo que tú has cazado toda tu vida—el director quiso decir algo pero no encontró las palabras adecuadas para refutar aquello—No te culpo ni te guardo rencor por ello, agradezco todos los años que has estado cuidándome…—se calló, era algo fuera de sí mismo hablar tanto y ser tan elocuente con sus sentimientos.

—No hay nada de malo en decir cuánto te importa alguien—dijo alguien a sus espaldas. A más de uno le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. La presencia de aquel ser era abrumadora.

—Sessho…—dijo la miko y el ente le dedicó una media sonrisa. Estaba en problemas.

—Tardabas—ella le sonrió.

—Lo siento, estaba encargándome de un pequeño problema—el Daiyokai emitió un leve gruñido mientras sus ojos intercalaban entre rojo a dorado. La bestia del ente clamaba por la sangre de la vampira. Aún no estaba tranquila por lo que había sucedido con su hembra y aquel despreciable ser.

—Hmp—ella emitió una pequeña risita. Su macho no estaba para nada feliz.

—Será mejor que te despidas como se debe con tu padre, Zero—el chico suspiró. Ella lo había dicho en voz alta.

Zero se acercó hacia el director pero fue él quien acortó la distancia entre ellos y le dio un gran abrazo paternal, intentando transmitirle todo el amor que un padre puede sentir por un hijo. Tantas emociones que bullían dentro de ellos que clamaban por decirlas en voz alta.

—Espero que esta no sea la última vez que nos veamos, querido hijo—en otra ocasión Zero había corregido al director diciéndole que él no era su hijo pero en este único momento, se lo permitiría.

El cazador sólo asintió mientras se alejaba unos pasos de su padre y su mirada se perdía unos instantes en el cuerpo de la que hace mucho tiempo atrás consideró su hermana y un posible primer amor pero todo eso había quedado atrás. Espera en algún momento poder mirarla sin sentir dolor.

—Adiós…padre…—susurró lo último pero el director lo alcanzó a escuchar y sonrió.

Sesshomaru se acercó a su amada miko mientras la envolvía con su estola por la cintura, ella se aferró a su cuerpo mientras una nube de youki se formaba a su alrededor. Kagome le hizo señas a Shippo y Zero para que se acercaran a ellos. El zorro colocó su mano en el brazo de su madre y Zero no sabía qué hacer.

—Coloca tu mano en el hombro de Shippo—el chico asintió.

—Mis pertenencias…—ella le sonrió.

—Alguien ya está recogiendo tus cosas—Zero la miró sorprendido.

— ¿Cómo sabía que iba aceptar?—Shippo rió.

—Mi madre jamás acepta un no por respuesta, pregúntale a Sesshomaru sobre eso—el Daiyokai emitió un leve gruñido.

—Ya, ya Sessho…—Shippo quiso molestarle pero Kagome le lanzó una mirada y él volvió a reírse.

Poco a poco se fue ellos fueron elevando gracias a la nube de youki del Daiyokai y se fueron perdiendo en la oscuridad de la noche sin mirar atrás, tal como lo había hecho Kaname.

—Hijo mío, espero volverte a ver…—por los ojos del cazador se asomaron algunas lágrimas y él las dejó fluir. Era difícil dejar ir a un hijo.

—Director…—llamó Yuuki. Kaien inhaló profundamente mientras se giraba y acudía hacia su hija.

—Vamos. Debemos curarte esas heridas—sabía que esto iba a ser un largo caminando de recuperación. No sólo física sino mentalmente.

Todos los vampiros presentes aún intentaban procesar todo lo que había ocurrido en las últimas horas. Era demasiado confuso y hasta irreal tan siquiera pensarlo. El mundo de todos acaba de dar un giro completo y no sabían dónde iban a parar.

El tiempo pasó sin tener respuesta alguna de vida de los personajes que abandonaron la academia. Los ancianos de la comunidad de los vampiros intentaron incansablemente de localizar al que creían era el líder de los vampiros. Fue una enorme sorpresa enterarse el verdadero origen de Kaname, quien ahora sabían que era Shuon Kuran, más que nunca deben localizarlo. No podían permitirse perderlo, después de todo ansiaban el poder que representaba el vampiro.

La búsqueda se detuvo cuando un día recibieron la visita de un ser, que algunos describían como un Kami. Su presencia era intoxicaste y su poder avasallante. Muchos intentaron valiente o estúpidamente atacarlo pero con un solo movimiento de sus dedos, las cabezas empezaron a rodar. Ante la muerte inminente, decidieron dejar sus vidas en manos de aquel ser.

"Sesshomaru" así era como él se refería a sí mismo. A los más ancianos, ese nombre venía asociado a antiguas leyendas y supieron que ese ser parado en frente de ellos, en definitiva iba a matarlos. Después de todo, "la máquina perfecta de asesinar" no dejaba en pie una sola alma, una vez que empezaba su ataque.

—Dejarán su búsqueda por el vampiro llamado Shuon Kuran—su solicitud o más bien orden, dejó a más de uno sorprendido. ¿Qué tipo de relación mantenía su líder con aquel ente?

— ¿Por qué?—preguntó un vampiro y se arrepintió al instante en que atrajo la mirada del Kami sobre su persona. Sintió claramente como su alma era arrancada de su cuerpo. Imágenes de su inminente muerte pasaron a través de sus ojos.

—La muerte es lo encontrarán al final de su búsqueda—nadie dudó de aquello.

El ente desapareció de la misma manera en la que llegó y aun cuando sentían que no estaba cerca, pasaron varios minutos hasta que pudieron sentir como la sangre volvía a correr por sus venas y sus almas regresaban a sus cuerpos.

Pasaron varios días hasta que tuvieron una prueba de que la visita de ese ente, no había sido algo más que una simple pesadilla o aparición, a pesar de que las muertes de varios de su clase debería ser prueba suficiente de que el Kami estuvo presente, la mente de algunos quería bloquear el suceso y seguir con sus vidas pero la carta les recordó que si no seguían la exigencia del ente, sus vidas acabarían y no sería una muerte rápida, no. Sesshomaru Taisho era conocido a través de los tiempos, como el Daiyokai más sanguinario y cruel cuando tenía que impartir muerte a quienes se lo merecían. Era justo con quienes tenían que proteger y maligno a quienes lastimaban a los inocentes.

"Sus vidas les pertenecen a este Sesshomaru, quien no dudará en arrancar sus almas de sus cuerpos si continúan con la búsqueda del vampiro Shuon Kuran"

Sesshomaru Taisho

Era todo lo que decía la carta. Venía con el sello de la casa del Oeste, aquel que representaba aquel ente y que recordaban perfectamente por las antiguas leyendas que sólo se utilizaba para decretos emitidos por el rey de los yokais. Los vampiros entendieron que si querían preservar sus almas, debían acatar lo que el Daiyokai había ordenado.

Algunos buscaron formas de eliminar al ente pero lo que muchos habían olvidado de las leyendas de aquel ser, es que su hembra era tan o más poderosa como lo era él. La Shikon No Miko, era la luz de la oscuridad que él representaba. Algo que las leyendas no mencionaban en sus escritos es que ella tan feroz al momento de defender y proteger a los suyos como lo era el Daiyokai. Todos aprendieron de la peor manera aquella lección.

—Mujer, deja de meterte en las peleas de éste—Kagome sonrió. Aún en el presente, él seguía comportándose de aquella manera tan antigua y hasta algo retrógrada.

—Eres mi macho—respondió simplemente y él emitió un gruñido en respuesta, ella como siempre le sonrió descaradamente.

—Deberían abandonar este lugar si quieren preservar sus almas—Shippo les aconsejaba. No quería ver más derramamiento de sangre. Después de todo, era difícil limpiar.

—No—gritó una voz femenina y más de uno emitió pequeños gruñidos ante la presencia de aquella vampira.

Los ojos de Sesshomaru empezaron a tornarse rojos, sus garras crecieron y el aura que empezaba a emitir era salvaje y aplastante. Kagome intentó calmarlo pero ante la situación actual, no podía pedirle mucho a su macho. Sabía que hoy sería el fin de aquella vampira.

—No deberían estar aquí—Zero apreció y se colocó a lado de Shippo. Ella le sonrió.

—Zero…—susurró Yuuki. Su mente era un caos. No podía unir ideas. El único pensamiento racional que tenía era asesinar a la mujer que tenía en frente y recuperar a sus seres amados.

—Debiste seguir con tu vida y olvidarnos—Zero giró uno poco su rostro mientras su mirada se conectó unos breves segundos con Kaname.

—Kaname-kun—susurró ella con voz esperanzadora. Sus ojos brillaron de emoción y su corazón empezó a latir rápidamente. Su hermano estaba de vuelta. Todo su mundo volvía a tener sentido.

—Kaname…—llamó la miko.

—Kagome…—respondió el vampiro ante su llamado. Se perdieron en la mirada del otro y el aura de ambos se alzó mientras se reconocían. Se mezclaron, formando un color único. El vampiro se colocó a un lado de Kagome y ella quedó en medio de ambos machos.

La sonrisa de Yuuki se borró de su rostro y su mente volvió a sumirse en el caos y locura que había sido los últimos meses. Diferentes voces le susurraban en su mente, pero había algo que repetían una y otra vez. Asesinar. Asesinar. Asesinar a Kagome.

— ¿Por qué?...—preguntó la vampira. Su corazón dolía— ¿Por qué ella y yo no?—no lo entendía. Él siempre la había tratado de manera especial.

—El honor es algo que tengo arraigado en mí. Suplanté a Kaname Kuran, quien era tú hermano y tú eras su responsabilidad—su voz y su mirada no era la misma que le dedicaba tiempo atrás, ahora era otra a quien dedicaba sus afectos.

— ¿Sólo fui una obligación? ¿Una responsabilidad?—algo dentro de ella empezaba a romperse.

—La soledad puede llegar hacer cosas inimaginables—dijo Shippo mientras intercalaba su mirada entre su querida madre y Sesshomaru.

—La sangre real debe ser preservada—dijo de repente Sesshomaru.

— ¿Preservada?—sonrió Yuuki— ¿Estabas a mi lado para preservar tú linaje? ¿Tú línea de sangre?—empezó a reírse de manera histérica.

—Es mi obligación como líder de mi especie—Kagome no pudo evitar estremecerse ante la clara evidencia de locura de la vampira. Elevó un campo de energía alrededor de su hogar para evitar que nadie entrara o saliera a su casa.

—Obligación—repitió la vampira— ¡Sólo fui una simple obligación para ti!—gritó y su poder se elevó hiriendo algunos de los vampiros que allí se encontraban con ella.

—Yuuki-sama, debe calmarse…—pidió Rima. Estaba preocupada que lastimara aún más a sus amigos.

Desde que Kaname había abandonado la academia, Yuuki quedó como líder de los vampiros pero ella no era ni la mitad de piadosa y benevolente como lo era Kaname. Ella empezó a comportarse de manera cruel y no le importaba el bienestar de nadie que no fuera ella misma. En varias ocasiones había lastimado, sin razón alguna, a los vampiros que fungían de súbditos.

— ¡Cállate!—gritó mientras su aura lastimaba a la vampiresa.

— ¡Rima!—otra voz se alzó en el lugar. Shiki corrió hacia su querida Rima.

—Kaname, Yuuki se está comportando de manera errante. Su aura se está tornando oscura y salvaje—le dijo Kagome al vampiro a su lado.

—Ha perdido la razón—dijo Sesshomaru y su bestia aulló dentro de su jaula. No tenían excusa alguna para no acabar con su vida. Ella era un peligro para todos.

La risa de la vampira resonó en todo el lugar y a muchos les corrió un escalofrío por todo el cuerpo. Su actual líder había perdido la cabeza. Era definitivo.

—Kagome—le llamó Sesshomaru y ella lo miró, no le agradó aquella mirada. Sabía lo que significaba y le molestaba.

—No—le dijo y él gruñó.

—No es una solicitud—ella bufó y se cruzó de brazos.

—Nunca he seguido tus órdenes—él alzó una ceja y le recorrió la mirada por todo el cuerpo. La miko se sonrojó mientras se estremecía. ¡Qué descarado era su macho!

—Kagome—otra voz fue quien la llamó y por el tono usado, sabía que le iba a pedir lo mismo que Sesshomaru. Odiaba que los dos se pusieran de acuerdo, bueno no todo el tiempo le molestaba.

— ¿Tú también?—su mirada pasó de Sesshomaru a Kaname. El vampiro simplemente la miró para luego posar sus ojos en su vientre. Ella suspiró.

—Estarán bien, yo voy a estar bien—ambos la miraron y sus ojos se tornaron rojos.

—No me repetiré, koi—ella volvió a bufar.

—Sabes que jamás dejo una lucha—el aura de Sesshomaru creció y arremetió contra la de Kagome, intentando someterla pero sin lastimarla.

—No—los ojos de ella empezaron a tornarse rosáceos, demostrando su posición como la Shikon no Miko.

— ¡Basta!—gritó Yuuki y su poder volvió a lastimar a algunos vampiros e intentó hacer lo mismo con Kagome pero no llegó a lastimarla porque un campo de energía la rodeó de manera automática.

Eso fue todo lo que Sesshomaru pudo aguantar. Su bestia hizo acto de presencia, emitiendo un aullido que a muchos les congeló en su sitio. Iban a presenciar la razón por la cual el Daiyokai portaba su nombre.

Los golpes iban y venían. Sesshomaru se estaba divirtiendo hiriendo por aquí y por allá a Yuuki, quien a duras penas podía esquivar sus golpes. Tenía algunos rasguños por todo su cuerpo pero el yokai estaba inmaculado, sin un cabello fuera de su lugar.

Los vampiros intentaba ayudar a su líder pero Shippo y Kaname no dejaba que intervinieran en la pelea. Kagome era protegida por Zero, ella estaba molesta porque no requería protección pero no era lo que pensaban todos sus seres queridos.

Poco a poco los vampiros iban cayendo, empezaban a quedar los alumnos de la clase nocturna. A la lucha se les unió Kain y Yagari, quienes intentaban ayudar a Yuuki pero Sesshomaru los desestimaban con su látigo venenoso. Ambos vieron con horror como todo lo que entraba en contacto con ese ataque, empezaba a derretirse.

La lucha empezaba a extenderse demasiado, para molestia de Sesshomaru pues sentía la inquietud de su hembra y sus hijos no nacidos. A pesar de que Kagome ahora llevaba en su vientre niños vampiros, también portaban su energía por lo que esos pequeños eran hijos de ambos machos.

—Padre…—llamó Yuuki. Dicho hombre había encontrado una brecha entre la batalla de su hija y el Daiyokai para poder acercarse a Kagome. La mente del director estaba siendo manipulada por la vampira. Tanto él como Yagari eran sus títeres.

—Director…—dijo Zero con voz sorprendida cuando a duras penas pudo esquivar el ataque sorpresivo de quien consideraba su figura paterna.

Zero nunca había presenciado los movimientos que según las leyendas que se crearon alrededor de su padre, eran letales. Ahora entendía la razón por la cual se volvieron legendarias y la por lo que le nombraron "el vampiro sin colmillos". Sus movimientos eran rápidos y certeros, casi pero casi se les podía comparar con los de Kaname, jamás se atrevería a compararlos con los Sesshomaru. No, el Daiyokai jamás fallaba.

En medio de esa pequeña batalla en la que estaba protegiendo no sólo su vida, sino la de la miko detrás de él, no pudo evitar que sus pensamientos evocaran los últimos acontecimientos en su vida. Era increíble imaginar como en un par de meses, todo su mundo cambió.

Todo lo que él creía y el odio hacia los vampiros, había cambiado. Entendió que no se puede culpar a una raza entera por el error de un par de ellos. No todo el que nace de un linaje de asesinos, tiene que terminar como uno. Los vampiros y yokais son monstros sedientos por sangre y muerte, a quienes no les importaba las vidas de seres inferiores, como lo eran los humanos, al menos eso era lo que los libros de cazadores le relataban.

Al entrar a la vida de la familia Taisho, se percató de que ellos eran seres fieles y de un honor que jamás había visto ni siquiera en los de su misma especie. Eran protectores de quienes amaban y fieros a la hora de protegerlos. Las manos no les temblaba a la hora de impartir justicia a quienes lo merecían y eran benevolentes con quienes lo necesitaban.

Entendió que todo el rencor que había guardado por tanto tiempo no lo iba a llevar a ningún lado solo a una vida solitaria y miserable y en los peores de los escenarios, a una inminente muerte. Su vida era de él y de nadie más. Era suya para vivirla y dirigirla hacia mejores lugares, que no sea la oscuridad que la venganza lo estaba llevando.

Jamás se imaginó que al dejar de lado todos sus sentimientos negativos, podía tener una paz mental que desde hace muchos años no tenía. Las pesadillas ya no lo acompañaban en sus sueños. No podía negar que aún guardaba un poco de rencor pero era algo que poco a poco iba desapareciendo. El odio que albergaba por tantos años, no puede desaparecer así de simple. Es algo que toma algo de tiempo poder eliminarlo de tu sistema, pero estaba encaminado a hacerlo.

Había sido una tarea difícil entender que un individuo no puede representar toda una especie y que el error de ese individuo, no puede significar la condenación de toda una raza. Era algo que él había hecho por años. Su odio hacia la raza vampírica era absurdo y sin sentido. Había condenado a toda una especie por el error de un solo individuo.

Kagome había sido quien lo había encaminado hacia el camino de la paz y perdón. Ella representaba la luz en medio de tanta oscuridad, esas palabras las había escuchado decir a varias personas que rondaban el territorio de Sesshomaru, inclusive el mismo Daiyokai las había pronunciado en alguna ocasión.

No podía negar que estaba maravillado por las historias que rodeaban la vida de la Shikon no Miko. Su admiración y respeto hacia ella, crecía día con día. Él mismo no se podía imaginar pasando por todo el infierno que aquella joven tuvo que atravesar en aquella época tan cruel y sangrienta.

Al estar a diario en contacto con ella, comprendía el amor inmensurable que tenían sus familiares para con ella. Era imposible no amarla. A pesar de que del mismo modo que la amaban y respetaban, no podía negar que a veces le temían, el carácter que ella se manejaba no era para menos. Cuando se enojaba, era mejor que recomendaras tu alma a Kami. Inclusive el mismo Sesshomaru intentaba no hacer enojarla, a pesar de que jamás diría ese pensamiento en voz alta, lo sabía. Era imposible no temerle a la pequeña miko.

Kagome se había convertido en una imagen de respeto y amor para él. A veces se sentía algo incómodo por las muestras de afecto que ella mostraba para con él, no podía negar que cuando ella lo abrazaba o le sonreía, una extraña calidez le recorría. Ella representaba una imagen de hermana mayor para él y muy en el fondo de una madre, como muchos la consideraban. Aquella poderosa y amable mujer, le había abierto las puertas de su hogar así como de su corazón.

— ¡Zero!—escuchó que lo llamaban. Inspeccionó su cuerpo, esperando alguna herida al ver la espada del director a centímetros de su cuerpo pero al ver que todo estaba bien, su mirada se posó en Kain.

— ¿Pero qué…?—dijo algo asombrado y un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. Una muy furiosa Kagome se encontraba a dos pasos de Zero y el director.

— ¡Suficiente!—gritó y todo el caos que se había sumido ese lugar, calló en un abrupto silencio. Algo no muy bueno.

—Ustedes estúpidos y burocráticos vampiros me tienen cansada y hastiada—sus ojos se clavaron en Kain y este empezó a emitir pequeños gemidos de dolor.

—Koi…—llamó Sesshomaru y la miko lo miró molesta.

—No—le dijo mientras lo desestimaba con una mano y éste le gruñía en señal de molestia.

—Esto no va a llegar a ninguna parte hasta que ellos entiendan que ya no están en el poder y las consecuencias de meterse con MI FAMILIA—gritó lo último y el poder de la Shikon no Miko se alzó por encima de todos.

Los vampiros que habían ido a atacarlos, sintieron terror. Sentían como sus almas querían ser arrancadas de sus cuerpos. Si antes cuando Sesshomaru se apareció en medio de la sala y les infundió temor, lo que sentía ahora no era nada comparado con lo que estaba provocando la miko. Sabían del tremendo poder que la joven guardaba dentro de su ser, pero nunca se imaginaron que tanto y peor aún presenciar su ira.

—Shuon Kuran no es más parte de la sociedad vampírica, él es parte ahora de los Taisho. No es más su líder ni jamás lo volverá a ser. Zero no trabaja más para la sociedad de los cazadores ni volverá a ella—mientras hablaba se acercaba a pasos lentos hacia Yuuki.

—El vampiro que tú conoces como Kaname Kuran, no existe ni existió, es sólo una mera memoria en tu cabeza. Jamás fue tu pareja destinada ni lo será en un futuro—se sitió en frente de Sesshomaru y la chica, el Daiyokai volvió a gruñir—Él es mi macho, mi compañero, algo que jamás será para ti—la miko dejó al descubierto su cuello mostrando así la marca del vampiro.

—Has causado demasiado daño con tu locura mental y tu obsesión hacia alguien que jamás te consideró como una compañera de vida. Fuiste una mera responsabilidad—la vampira gimió, claro que dolían que le recordaran eso.

—Muchas vidas han salido lastimadas y cegadas por tu locura—el poder de la miko se empezaba tornar más y más opresivo, asfixiando a más de uno— ¿Crees que no me enteraría del creciente número de vampiros nivel E había sido ocasionado por ti?—ella había sido testigo de la crueldad de esos monstruos, porque sí ellos lo eran. Con horror presenció cómo se alimentaban de niños.

—La muerte es un simple castigo por toda la crueldad que has esparcido y contaminado vidas inocentes—Yuuki sentía como algo dentro de ella empezaba a quemar.

—Al parecer el primer castigo que te impartí no fue suficiente—la vampiro gruñó. Claro que sabía a lo que se refería. Un chequeo rutinario le había dado la respuesta de las palabras de la miko. No podía concebir, era infértil.

El poder de la miko volvió a crecer y su aura fue visible para todos los presentes. Era una mezcla entre rosáceo, plateado y rojo, mostrando así la presencia de las esencias tanto del vampiro como el yokai en su ser.

Era tanta la energía que se podía escuchar pequeños crujidos y el aire se sentía electrizante. En el viento se podían escuchar diferentes voces, pero no era comprensible lo que decían. Era una lengua muy antigua, tanto que el propio Kaname la desconocía.

La bestia de Sesshomaru rugía dentro de la jaula del Daiyokai. Sabía lo que su pequeña hembra estaba haciendo, muy pocas veces había presenciado a una miko hacer aquel ritual. Por lo general tenían éxito pero a costa de la vida de la miko.

—Libéranos—gruñó Sesshomaru. La miko miró a su macho y luego a Shuon. Ella les sonrió a ambos y estos fueron liberados. Sesshomaru se colocó en la espalda de la miko y mordió el lado izquierdo del cuello de la miko, quien emitió un ligero gemido. El vampiro se colocó en frente de la miko y mordió el lado derecho de su cuello, y ella volvió a gemir. El olor de la sangre de Kagome empezó a rodear el sitio y muchos empezaron a tener sed.

El ambiente se volvió aún más pesado y muchos empezaron a temblar de miedo. Podían sentir claramente una furia ciega y asesina rodearlos, como una amenaza silenciosa hacia sus vidas. Un ligero escalofrío les empezó a recorrer la espalda y sintieron claramente como si algo les ahorcara.

— ¿Qué está sucediendo?—preguntó Ruka. Odiaba sentirse débil, como se sentía en estos momentos. Nadie podía moverse y sabía que eso lo estaba provocando aquella mujer.

Nadie respondió a su pregunta, porque ninguno de los presentes tenía idea alguna de lo que estaba ocurriendo, pero de algo estaban seguros, esa noche nadie iba a sobrevivir sólo esperaban tener una muerte rápida pero sabían de antemano que eso no iba a ser así, no cuando se habían metido con aquel Daiyokai.

El grito desgarrador de Yuuki rompió el silencio de la noche. Todos veían con horror como el cuerpo de ella se doblaba por la mitad para luego caer al suelo, empezar a retorcerse y un líquido negruzco empezaba a brotar de su boca, ojos, oídos y nariz. ¡Se estaba desangrando!

— ¡Basta!—gritó el director. Se sentía impotente al no poder ayudar a su hija. A pesar de que aún estaba confundido y se preguntaba qué hacía ahí, su vena de padre no podía evitar salir a relucir cuando sus hijos se encontraban en peligro.

Los gritos de la vampira continuaron por unos minutos más, cuando dejaron de escucharse pensaron que se había desgarrado las cuerdas vocales pero el cuerpo de ella empezó a convulsionarse. No sabían cuánto tiempo estuvo haciendo eso, a todos les pareció horas pero vieron como poco a poco empezaba a calmarse y como aquel líquido negruzco empezaba a desvanecerse como humo.

Ambos machos se alejaron de la miko, no sin antes lamer la zona mordida y lamer el líquido que se escapaba, no podía desperdiciar ni una sola gota. El poder que los rodeaba poco a poco se iba desapareciendo pero no el escalofrío que les recorría la columna ni aquello que sentían que los ahorcaba, al contrario sentía que se afianzaba a ellos.

Cuando el cuerpo de la vampira dio un último espasmo, toda la energía que se había sido expulsado del cuerpo de la miko desapareció y ella se desvaneció pero jamás tocó el piso porque sus machos estuvieron ahí para sostenerla. Ambos emitieron pequeños gruñidos entre preocupados y molestos por la imprudencia de su hembra, luego en la privacidad de su habitación la iban a someter por lo que había realizado.

— ¡Kagome!—llamó Zero preocupado al verla desvanecerse en los brazos de ambos hombres. Cuando sintió que la obstrucción que había lanzado Kagome a todos, se había levantado no dudó en correr hacia ella y comprobar que estaba bien.

—Estoy bien—dijo ella con voz algo débil. Los ojos de ambos machos aún no recuperaban su tono natural y dudaba que desaparecieran dentro de los minutos siguientes.

—Mujer imprudente—le dijo Sesshomaru y ella le sonrió.

—Yo también los amo—les dijo a ambos mientras alzaba un poco su rostro para darles un delicado beso en los labios primero a uno y luego al otro.

— ¡Yuuki!—gritó el director y corrió hacia su querida hija.

— ¿Qué le hiciste?—le interrogó un muy molesto Yagari. Tanto Shuon como Sesshomaru gruñeron ante la manera poco respetuosa que ese hombre tenía al dirigirse a su hembra.

—Sólo volvió a ser lo que fingió por tantos años—respondió Shippo por ella. Él estaba algo impaciente, sentía las energías de sus hermanos y hembra del otro lado del campo de energía y quería correr hacia ellos.

El director se arrodilló sobre el suelo, tomó el cuerpo de su hija y la atrajo hacia su pecho. Escucho el leve respirar de ella y no pudo evitar dejar escapar un ligero suspiro de alivio al saberla viva. Las palabras del recién aparecido hicieron eco en su mente pero fue Yagari quien exteriorizó la idea que empezaba a formarse en su cabeza.

—Humana—fueron esas simples palabras los que generaron varios jadeos en los presentes. ¿Aquella miko tenía el poder suficiente como para despojar los poderes de una vampiresa de raza pura? ¿Tan poderosa era?

—Es imposible—dijo el cazador.

—No para la Shikon no Miko—dijo Shuon con simpleza. Él sabía más que nadie el alcance los poderes de su querida miko.

Todos emitieron un jadeo por el asombro y miedo. En definitiva esa noche no iban a salir con vida, sino eran asesinados por el Daiyokai o su ex líder, iban a ser despojados de sus poderes como vampiros y eso significaría la muerte para ellos. Era una deshonra ser humanos.

— ¿Por qué hiciste algo así?—preguntó el director.

—Todos los pecados cometidos por esa mujer merecían la muerte—el director se estremeció—Pero ese sería un premio no un castigo, aunque el pertenecer a la raza humana es una recompensa—suspiró—Es la única manera que conseguí que no lastime a otros—miró a los vampiros que pertenecían a la clase nocturna—Ni así misma, por lo menos espero que deje de buscar algo que ya no le pertenece y que jamás le perteneció—miró de soslayo a Shuon y éste acarició su rostro.

— ¿Qué sucederá ahora?—preguntó Akatsuki. Shippo miró a su descendiente y sonrió.

—Se formará una alianza—dijo Shuon llamando la atención de los presentes.

— ¿A qué te refieres?—habló Takuma. Era el único que tenía la suficiente confianza con él como para tratarlo sin tantos formalismos.

—Se realizará una alianza entre vampiros y yokais—respondió Kagome mientras se estabilizaba sobre sus propios pies.

—No tenemos líder—dijo Shiki mientras miraba a Shuon, quien no hace mucho consideraba su primo.

—Lo tienen—dijo Kagome mientras miraba hacia Zero y este se removía inquieto.

— ¡Él no es un vampiro!—gritó uno de los vampiros.

—Ohhh—sonrió Kagome mientras daba unos pasos pero sus piernas no pudieron sostenerla y sus machos estuvieron ahí para que ella se apoye en ellos—Gracias—les sonrió y ellos emitieron un ligero gruñido.

— ¿Están seguros?—todos la miraron con confusión—Zero, querido…—él la miró algo inseguro y ella le sonrió con cariño.

—Puedes hacerlo—el tono de voz usado por ella, donde le mostraba confianza y hasta se atrevía a decir orgullo, lo infundió de valor para dejar fluir su poder.

Cerró sus ojos y poco a poco empezó a retirar sus propios sellos donde permanecía ocultos sus nuevos y adquiridos poderes. El aire a su alrededor empezó a tornarse espeso y pesado. Se escuchó un jadeo colectivo.

—Ese poder…—susurró uno entre asombrado y temeroso.

A nadie le quedaba duda que el poder que emitía Zero era el de un sangre pura pero la cuestión era, ¿cómo lo había conseguido? Las miradas de todos se intercalaban entre Zero y Kagome, no sabían cómo pero sabían por quién los había conseguido.

—Cariño…—le dijo Kagome—Suficiente—el chico asintió y volvió a retraer su poder y volvió a colocar los sellos en su lugar.

— ¿Aún tienen dudas?—cuestionó ella algo con voz burlesco.

Nadie emitió comentario alguno. No estaban de acuerdo pero por el momento no podían emitir protestas, sabían las consecuencias de estar en contra de los Taisho.

—Hmmm…—se escuchó un murmuro.

—Yuuki…—dijo el director mientras veía como la chica empezaba a despertar.

— ¿Qué...? ¿Qué sucedió…?—preguntó algo aturdida mientras abría sus ojos e intentaba moverse pero le dolía hasta respirar.

— ¿Puedes ponerte de pie?—preguntó el director mientras le ayudaba a levantarse.

—Eso creo—dijo ella. Con algo de esfuerzo logró levantarse. Miró a su alrededor y sus ojos se encontraron con los de Kagome. Su mente estaba algo confusa y sus pensamientos eran un caos. Intentaba ordenarlos pero no podía.

Pasaron varios minutos entre los que la ahora humana, re organizaba sus pensamientos. Todos esperaban algo impaciente mientras se percataba de su nueva situación.

—Yuuki…—le dijo el director preocupado por su silencio. Ella negó con su cabeza mientras cerraba sus ojos y respiraba profundamente.

Diferentes imágenes inundaron su cabeza y emitió un ligero jadeo por el dolor que esto le ocasionó. Su despertar como vampira, el ataque de Rido, la aparición de una niña en medio del caos de lo que ocasionó su tío y…y…la aparición de esa mujer.

—TU…—gritó mientras intentaba llamar sus poderes pero estos no veían.

—Yuuki…—el director intentó detenerla pero ella negó con su cabeza. Ella podía defenderse.

—Tú…tú…te llevaste a mi Kaname-sama y mi Zero-kun…—ella intentó acercarse pero los ojos rojizos de ambos hombres la detuvieron. Sintió un escalofrío recorrerla de pies a cabeza.

—Kaname-nii…—el vampiro negó con su cabeza.

—No soy más Kaname, nunca lo fui. Mi nombre siempre ha sido Shuon Kuran. Creador de la línea de los Kuran—Yuuki se detuvo y más recuerdos acudieron a su mente.

Sangre. Violencia. Lágrimas. Todo lo que ella había hecho luego de que Kaname se había marchado de la academia y todo el plan que había armado con los vampiros del concejo. Miró a su alrededor y vio que todos estaban paralizados y sus ojos mostraban temor.

¿Qué había ocurrido? Intentó una vez más llamar sus poderes pero nada ocurría. Buscó dentro de sí misma su esencia vampírica pero no la encontró. No pudo evitar sentir pánico.

— ¿Qué…? ¿Por qué no puedo sentir mi esencia vampírica?—intentó e intentó pero nada.

—Eres humana, Yuuki—le dijo el director y ella negó con su cabeza. Eso era imposible.

—Era la única manera que no sigas lastimando a más personas inocentes—le dijo Kagome y Yuuki supo que ella había tenido algo que ver en todo esto.

— ¿Qué me hiciste?—dijo presa del pánico.

—Volverte humana. No es algo que te merezcas. Ser parte de la raza humana es un regalo, no un castigo —Yuuki la miró.

— ¿Por qué no me asesinaste?—sabía que ella podía hacerlo y no lo hizo.

—A pesar de todo, sé que tanto como Shuon y Zero aún te guardan algo de cariño y que les dolería si llegases a morir. Además tienes un padre que se preocupa por ti—Sesshomaru gruñó por lo bajo. Su bestia aún clamaba la sangre de la ahora humana.

— ¡Debiste asesinarme! ¡No quiero ser humana!—se escuchó un sonoro golpe, el cual resonó por todo el lugar. Kagome no pudo evitar sorprenderse. El director había cacheteado a Yuuki.

— ¡Basta, Yuuki!—le dijo—Has causado mucho daño, no sólo a humanos sino también a vampiros—respiraba agitadamente. Su mente por fin se aclaró por completo y todas las memorias de lo que su hija había hecho vinieron a su cabeza—Te mereces un castigo y lo que hizo Kagome-sama fue otorgarte el perdón, mostrando indulgencia a pesar de todos tus pecados cometidos contra la raza humana y vampírica—Yuuki miró sorprendida y algo dolida a su padre.

—Director…—él negó con su cabeza. Estaba más que avergonzado por su hija.

—No hables más—inhaló profundamente y miró a Kagome—Las palabras ni el arrepentimiento no son suficientes por todo el daño que Yuuki ha ocasionado no sólo a humanos y vampiros, sino también a su familia—se inclinó ligeramente mostrando el respeto que Kagome merecía según su status—Estoy agradecido por el perdón otorgado por la vida de Yuuki e intentaré que ella viva una vida bajo las leyes que rigen la ley de ambos mundos.

—Por favor, Kaien levántese—él se irguió—Usted es un hombre honorable y sé que podrá ayudar a Yuuki a formarse como una buena persona de ahora en adelante—Yuuki quiso decir algo pero el director negó con su cabeza.

—Has dicho y hecho lo suficiente, es hora de retirarnos—Yuuki quiso insistir pero al ver los ojos decepcionados de su padre, algo dentro de ella se rompió. No dijo más.

—Espero poder contar con usted en un futuro, Kaien Cross—él asintió mientras hacía una reverencia tanto a Kagome como a los dos hombres que la rodeaban y luego se marchó con Yuuki y Yagari pisándole los talones.

— ¿Qué haremos nosotros?—preguntó Rima y Kagome les sonrió.

—Vivir—dijo con voz alegre—Convivir con los humanos y mostrarles que no son los monstruos de pesadilla que piensan. Mostrarles que los respetan y que son sus iguales—ellos la miraron con sorpresa en sus rostros.

—Nuestro líder…—Hanabusa miró con algo de desconfianza a Zero.

—Sí, será Zero—Kagome les sonrió mientras se acercaba a ellos, sus machos la siguieron de cerca.

—Entiendo que estén confundidos y muestren desconfianza luego de todo lo que han vivido estos últimos meses—detuvo sus pasos en frente de ellos—Han vivido un infierno pero les puedo asegurar que las cosas van a cambiar—ella tomó la mano de sus amados machos—Ellos son seres honorables y con una moral impecable y son quienes han inculcado todo este tiempo a Zero bajo esa misma moral y principios en los que ellos mismos fueron criados—Kagome miró al ex cazador y este se acercó a ella.

—Zero será un líder justo que escuchará su pueblo. Sé que no nació como vampiro y que desconoce muchas de sus leyes pero…—les sonrió—Ustedes serán su apoyo para que él pueda guiarlos y orientarlos hacia el correcto camino y vivir de manera honorífica—no podían evitar sentirse algo desconfiados.

—Dense y denle tiempo al tiempo para que todo empiece a caer en su lugar—ella sabía que iba a funcionar pero el tiempo le daría la razón.

— ¿Qué sucede si no funciona?—preguntó uno de los vampiros.

—Lo hará pero si no funciona, buscaremos otra solución—el concejo era el más desconfiado. Iban a tener al enemigo entre sus filas.

—Kagome…—llamó Sesshomaru al sentir como las energías de sus cachorros se removían inquietos por todo lo sucedido.

—Lo sé—ella acarició su vientre y envió una onda de energía a sus hijos no nacidos para calmarlos, a nadie les pasó desapercibido aquel movimiento.

—Es hora de marcharnos, no tenemos nada más que hacer en este lugar—dijo Shuon. Sus ex súbditos quisieron decir algo y él lo notó.

—No soy más su líder pero eso no significa que mi preocupación por ustedes ha desaparecido. Confío en Zero para que sea su nuevo apoyo y su pilar para se conviertan en vampiros leales y honorables para la sociedad vampírica—miró a todos y aunque no lo dijera en voz alta, estaba orgullos de todos ellos.

Los estudiantes de la clase nocturna no dijeron nada más y empezaron a retirarse de poco a poco, el último en irse fue Takuma quien lanzó una última mirada a Shuon y este asintió con la cabeza. Fue una conversación silenciosa entre ellos. El vampiro se marchó con una sonrisa en los labios.

— ¿Qué te preguntó?—consultó la miko. Ella tenía esas mismas conversaciones con Sesshomaru.

—Preguntó si era feliz—miró a su miko.

— ¿Lo eres?—cuestionó ella. El vampiro le sonrió con cariño.

—Como jamás pensé que lo haría—se acercó a ella para besarla. A través de su beso le transmitió todos los sentimientos que ella provocaba en él.

—Vamos—le dijo Sesshomaru y ella sonrió.

—No estés celoso, si sabes que a ti también te amo—el Daiyokai emitió un pequeño gruñido y ella no pudo evitar reír.

La pequeña familia se retiró del lugar hacia su hogar. Sabían que sus cachorros estaban algo inquietos luego de sentir las energías de sus padres.

—Zero…—llamó Kagome cuando vio que el chico no se movía de su sitio.

— ¿Estás segura?—ella le sonrió con cariño.

—Eres alguien con un gran corazón y muy noble. Serías un magnifico líder—él suspiró—Además siempre nos tendrás a nosotros. Nunca más estarás solo—y ahí estaba otra vez aquella calidez que ella evocaba en su ser. Era extraño pero le gustaba.

—Bien—ella sonrió. Zero era tan parecido a Sesshomaru, por eso le fue imposible no encariñarse con el chico. Lo quería como uno más de sus hijos.

—Vamos hermano—le dijo Shippo mientras pasaba un brazo por su cuello y lo halaba hacia adelante. El ex-cazador se dejó arrastrar no sin antes darle un pequeño golpe en el brazo al zorro.

Kagome los vio interactuar y no pudo evitar sonreír con amor. Era increíble como su familia seguía creciendo. Su macho la molestaba que si pasaba adoptando a cada persona sin hogar, pronto su casa se vería repleta de niños y la empezarán a llamar Peter Pan. Ante aquella referencia no pudo evitar reír, su querido Sesshomaru aprendía a ser gracioso.

Su hogar era su pequeño espacio de felicidad y amor incondicional.

— ¿Eres feliz?—le cuestionó Kagome a Sesshomaru. Él la miró y ella se perdió en aquellas doradas orbes.

La atrajo hacía sí mientras que con una de sus garras acariciaba su cuello, donde portaba su marca y ella se estremeció ante esa sutil caricia. Su macho amaba verla retorcerse con tan simple caricia. Bueno estaba consciente que no era tan simple como parece, aquello era una clara invitación a su cama y él le fascinaba volverla loca de placer.

—Koi…—le dijo mientras le lamía y delineaba su oreja derecha—Eres mía, mi única reina y madre de mis cachorros…—ella se estremeció.

—No respondiste mi pregunta…—empezaba a sentir calor.

—Eres mi hembra, la única para mí…—sus labios descendieron hasta su cuello mientras repartía besos húmedos y leves mordidas.

—Sessho…—susurró.

—Lo soy…—le dijo y ella sonrió.

—Te amo…—le dijo y él no pudo evitar estremecerse. Aún esas dos palabras le afectaban más de lo que ella se puede imaginar.

—Lo sé…—ella rió.

—Dilo…—le pidió y él gruñó. Los labios de él volvieron a descender hasta el nacimiento de sus pechos y empezó pasar su nariz por aquella zona.

—Kagome…—su cuerpo se estremeció cuando dijo su nombre.

—Sessho…—la nariz de él volvió a descender hasta posarse en su vientre, tuvo que arrodillarse para llegar a esa zona y los ojos de Kagome se llenaron de infinita ternura.

—Una vez me cuestionaste por tener un harem—ella se sonrojó, recordaba aquella acalorada discusión—Te enojaste porque te parecía injusto que yo podía compartir el lecho con otras mujeres y tú no podías hacer lo mismo con otros machos, que no fuera yo—sus mejillas se tornaron aún más rojas porque, a pesar de que quería culpar al alcohol había exteriorizado sus pensamientos—Dijiste que era algo machista y sexista, aunque no entendía aquellas palabras entendí a donde querías llegar. Comprendí tus sentimientos…—ella lo miró a los ojos y su cuerpo se estremeció—Te dejé en claro que jamás permitiría que compartieras nuestro lecho con otro hombre, porque eras absolutamente mía y jamás compartía lo que me pertenecía…—su cuerpo se estremeció ante la intensa mirada de él—A pesar de eso…—sus ojos se desviaron y miraron al otro acompañante que se encontraba en la habitación.

—Kagome…—susurró el vampiro mientras se acercaba a ella y se colocaba en su espalda.

—Permití que otro hombre entrara en nuestras vidas, que compartiera nuestro lecho pero sobre todo…—su mano se coló por debajo del vestido y acarició sutilmente por encima de la ropa interior de ella, provocando un jadeo por parte de Kagome—Compartí tu cuerpo con otro macho…—una garra se coló dentro de la ropa interior y ella jadeó más fuerte— ¿Aún cuestionas si tengo sentimientos por ti, koi?—ella negó con su cabeza.

—Sessho…—él sonrió pero no dejó de tantear aquella zona y no quitaba su nariz del vientre de ella.

—Mi pequeña e indomable miko…—le susurró Kaname mientras pasaba su lengua por su cuello, donde ella portaba su marca.

— ¿Eres feliz?—le preguntó el vampiro y ella empezó a respirar agitadamente cuando Sesshomaru internó su dedo en su pequeña intimidad. Solo pudo asentir ante la pregunta realizada.

—Dilo…—le dijo Sesshomaru.

—Sí, sí…—a duras penas si podía coordinar sus ideas.

— ¿Nos amas?—preguntó Kaname.

—Sí…—ambos machos sonrieron.

—Dilo…—ella gruñó. Odiaba que jugaran así con ella.

—Los amo, me hacen feliz…son todo para mí…—ambos gruñeron felices por sus respuestas.

El dedo dentro de su intimidad empezó a moverse y ella empezó a gruñir y jadear. Poco a poco su cuerpo se iba inundando de un calor abrasador. Los machos intercambiaron miradas, se alejaron de ella y Kagome al sentir la pérdida de sus queridos machos, quiso gruñir pero se quedó callada al ver como ellos empezaron a despojarse de sus prendas.

—Quítenme esto…—gritaba porque sentía que le quemaba. Sentía una ola de calor que empezaba a quemarse. ¿Qué le estaba ocurriendo?

—Pequeña miko…—le dijo Shuon y ella intentaba arrancarse la ropa pero no podía. Ambos machos sonreían al ver a su hembra tan desesperada.

— ¿Qué me están haciendo…?—con algo de fuerza, se arrancó el vestido mientras jadeaba con algo de esfuerzo.

—Nada…—le dijo Sesshomaru como si nada, pero sabía que estaban mintiendo.

Reunió algo más de fuerza y se quitó su ropa interior, zapatos, accesorios y el moño que sostenía su largo cabello. Respiraba agitadamente. El fuego seguía extendiéndose por cada zona de su cuerpo, pero se centraba en su vientre y su intimidad empezaba a mostrar signos de su excitación. Vio a ambos machos inhalar profundamente y emitieron gruñidos. Ella se estremeció.

—Tócate…—demandó Sesshomaru y ella se estremeció.

Los miraba a ambos y se deleitaba con su cuerpo, cuando llegó a sus entrepiernas, tragó duro y cerró un poco sus piernas cuando otro espasmo la golpeó. No pudo evitarlo por más tiempo. Su cuerpo necesitaba una liberación. Sus manos empezaron un lente recorrido empezando por sus senos para jugar con sus pequeñas piedras, las tironeó un poco para luego descender por su vientre. Dio leves caricias y ambos machos gruñeron. Detuvo sus caricias, mientras una mano descendió a su entrepierna y otra se fue hacia uno de sus glúteos.

Fue suficiente para ambos machos y literalmente se lanzaron hacia su hembra. Caricias. Rasguños. Mordidas, fueron esparcidas por todo el cuerpo de la miko. Ella no se quejaba por la agresividad de sus machos, después de todo ya estaba acostumbrada.

Los sentía moverse por todo su cuerpo. Dejando sus marcas por donde pasaran. Sus besos fueron esparcidos por todos lados y llegaron hasta sus labios, obligándola abrir su boca para recibir su agresividad. Sus lenguas bailaban una con la otra, mientras uno asaltaba su boca, el otro asaltaba su parte más íntima. Sus jadeos y gemidos eran ahogados en la boca del otro.

Cuando internó su lengua en lo más hondo de su intimidad, se alejó de Shuon y emitió un grito. El vampiro no perdió el tiempo y empezó a esparcir besos por su cuello para luego entretenerse con sus senos, que no dudó en jugar con ellos.

El calor del momento llevó a ambos machos a dar pequeñas mordidas donde succionaban sangre. Los gritos de la miko aumentaron y cuando ambos internaron un dedo en cada orificio de su cuerpo, fue lo que la catapultó hacia un arrollador orgasmo, gritando el nombre del yokai y luego del vampiro.

Poco a poco fue recobrando la conciencia y regresando de la Nirvana. Sus ojos se llenaron de lágrimas, ante la felicidad que la embargaba. Se sentía extasiada y plena. Jamás se imaginó que iba a terminar con ambos hombres a su lado.

—Kagome…—dijo Kaname.

—Koi…—llamó Sesshomaru. Ambos machos preocupados por sus lágrimas. Pensaban que la habían lastimado.

—Estoy bien—les dijo cuándo los vio inspeccionando su cuerpo.

—Lloras—le dijo Sesshomaru y ella le sonrió.

—Son lágrimas de felicidad—les dijo. Ambos hombre se pusieron en frente de ella y la miko posó una mano en la mejilla de cada uno.

—Nunca me imaginé que pudiera tener la suerte de tener a mis dos grandes amores a mi lado y que me amarían de la manera que lo hacen—los ojos rojizos de ambos se tornaron aún más rojos.

—Eres nuestra koi—ella sonrió con amor.

—Nuestra miko—sintió.

Se acercó a ambos y les dio un casto beso a ambos pero ellos querían más de ella y se lo hicieron saber cuando la volvieron a llevar hacia ese lugar donde perdía la razón. Llevarla a la cúspide de placer y hacerla gritar su nombre, era lo que más les complacía. La amaban y harían todo lo que fueran para hacerla feliz. Tenían muchas cosas que enfrentar pero lo harían juntos, como lo habían hecho hasta ahora. Eran una familia unida y el amor y confianza era la base de ello. La Shikon no Miko era suya para amar y proteger, así como los futuros cachorros que tendrán y habrán muchos más "hola papá" en su futuro, de eso estaban seguros.