Capítulo 7: "Destino"
A la mañana siguiente, cuando Nanoha despertó, Fate no se encontraba a su lado y eso hizo que el pánico la invadiera pensando que se había ido de nuevo o que fue un sueño. Se vistió rápidamente y salió corriendo de la habitación mientras la llamaba. Su miedo fue a más al ver que no contestaba y al no verla, cosa que hizo que sus ojos se humedecieran, pero todo ese miedo y lágrimas se fueron al verla apoyada en la baranda que daba al jardín. Nanoha suspiró relajándose, se acercó lentamente y la abrazó por detrás.
- Buenos días, Nanoha. –decía la rubia con la voz más dulce que podía salir de ella.
- Buenos días, corazón. –a Fate le hizo muy feliz ese apelativo cariñoso– ¿Puedo saber el motivo por el que mi sexy rubia no estaba en la cama junto a mí cuando he despertado? –dijo haciendo un puchero que pareció de lo más tierno a Fate.
- ¿Sexy rubia? ¿Eso es lo que piensas de mí? –se volteó quedando frente a ella y soltando una sonrisa pícara– ¿Piensas que soy sexy?
- Etto… –se puso tan roja que los tomates le tendrían envidia– Sí, lo pienso. –dijo mirando hacia abajo– Pienso que eres muy sexy, Fate. –susurró en su oído con voz ronca.
- Nanoha… –la besó dulcemente– Yo también creo que tú eres muy sexy. De hecho, el día de la gala benéfica me dejaste sin aliento con ese vestido que llevabas. –Nanoha se ruborizó– Dime, Nanoha, ¿te apetecería salir a hacer un poco de turismo? Nueva York en época navideña es preciosa. Seguro que te encanta.
- Me encantaría dar un paseo contigo, Fate-chan. –dijo alegremente.
Fate tomó a Nanoha de la mano y se marcharon tras desayunar. El día fue muy ameno, visitaron un gran centro comercial donde buscaron regalos para sus familiares. Tras eso, fueron a una pista de patinaje donde ambas cayeron al suelo varias veces… Después, fueron a un parque de diversiones. A Nanoha le encantaban los parques de diversiones. Se montaron en todas las atracciones que la cobriza quiso, desde la montaña rusa hasta la noria.
- Fate-chan –Nanoha apoyó su cabeza en el hombro de Fate– Gracias por el día de hoy. Me lo estoy pasando muy bien. Siempre quise montarme en una noria contigo y estar así. –la miró y le sonrió– A decir verdad, esta ciudad es muy bonita. Vista desde aquí comprendo que no quieras volver, pero –tomó la mano de la rubia y entrelazó sus dedos– ahora tienes que pensar que has empezado una nueva vida en Japón.
- Nanoha –Fate cerró los ojos– Sé que aún falta una semana para navidad, pero –suspiró– quiero darte algo –sacó una cajita azul de su bolsillo y se la dio a Nanoha– Feliz Navidad, Nanoha.
- ¿Eh? –tomó la cajita entre sus manos y la abrió. Era un colgante con una esfera rojiza– Gracias, Fate-chan. Es precioso. –se lo entregó y dio media vuelta retirándose el pelo para que se lo colocara– Gracias, de verdad. Yo no te he comprado nada, pero me gustaría darte un regalo especial…
Sin esperar respuesta, Nanoha tomó el rostro de Fate y la besó en los labios. Fue un beso lento, dulce y suave.
Al bajar de la noria, fueron a cenar a un restaurante al que Fate solía ir y en el que siempre la habían tratado muy bien. Fue una velada tranquila y maravillosa. Al salir, Nanoha tomó la mano de Fate y entrelazó sus dedos. Fate la miró y ésta le sonrió. Todo el camino de vuelta se hizo en silencio, pero no uno incómodo, fue un silencio cómodo. Al llegar a la casa, Nanoha se sentó en el sofá, estaba exhausta. Había disfrutado de este día como lo haría una niña pequeña. Fate se quedó de pie junto a ella.
- Nanoha... Yo… tengo que hablar contigo –dijo bajando la mirada.
- ¿Qué pasa, Fate-chan? –dijo mirándola con preocupación.
- Verás… –se sentó frente a la cobriza– Yo… tú… ya sabes que siempre te he amado y siempre te amaré. Tiempo atrás me hubiera hecho muy feliz saber tus sentimientos, pero ahora… –Nanoha la miró con temor– tengo una hija. No puedo hacer como que no existe. Me gustaría estar siempre a tu lado y que fueras mi novia, pero no puedo obligarte…
- Fate-chan… –la interrumpió.
- No me interrumpas, por favor. –suplicó la rubia– No quiero una respuesta ahora. Quiero que lo pienses bien. Tómate tu tiempo. No es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Yo me convertí en madre porque así lo sentí y lo decidí, pero este no es tu caso. No puedo ponerte en la situación de que te encuentres siendo madre de un día para otro… Así que, piénsalo, ¿vale? Yo… esperaré… Y, decidas lo que decidas, quiero que sepas que me gustó mucho conocer tus sentimientos hacia mí y me hiciste muy feliz anoche, entregándome tu cálido corazón y tu cuerpo. Infinitamente gracias, Nanoha. –dio un beso en la frente de la cobriza y se marchó a tomar un baño.
Nanoha se quedó en silencio y pensando en el sofá. Lentamente, se levantó y se dirigió a la habitación donde preparó su ropa para darse un relajante baño. Miró hacia la puerta del baño donde Fate se estaba duchando y sin dudarlo, se dirigió a éste. Abrió lentamente y se acercó a la rubia.
- Fate-chan... –se sobresaltó la rubia.
- ¿Nanoha? No me des esos sustos.
- Nyahaha. Lo siento, Fate-chan. –se acercó a la rubia– Dime, Fate, –acarició la mejilla de ésta– ¿qué pasaría si te dijera que no quiero… –la rubia abrió los ojos como platos al imaginarse el rechazo y su mirada se volvió fría y vacía– separarme de ti y que quiero ser tu novia y madre de Vivio?
- ¿Qué? –dijo sin poderse creer lo que acababa de escuchar.
- Que te amo, Fate Testarossa Harlaown. Me da igual que seas madre, que seas densa u obstinada… yo lo quiero todo de ti. Quiero estar contigo y no me importa lo que ello traiga consigo. Soy pediatra, ¿recuerdas? Adoro a los niños. Ser la madre de Vivio sería maravilloso, y si es contigo, no puedo ser más feliz… Os quiero a las dos en mi vida. Así que sí, Fate. Quiero ser tu novia.
- Nanoha… –susurró sonriendo.
Dicho esto, Nanoha saltó a los brazos de Fate que respondió dando vueltas haciendo reír a la cobriza. Fate soltó a Nanoha y la besó tiernamente mientras el agua caía por sus cuerpos y sin dejar de pensar en el cambio de rumbo que había dado su vida en tan sólo un día. Estaba tan ida en sus pensamientos que no se dio cuenta de cuando Nanoha la abrazó por detrás de forma muy cariñosa, haciendo que se sobresaltara. Al verla, se sonrojó y desvió su mirada hacia otro lado, pero Nanoha tomó su rostro entre sus manos, la hizo que la mirara y la besó lenta y dulcemente. Un beso que se fue volviendo más pasional. Ninguna se quedó quieta y comenzaron a recorrer el cuerpo de la otra con sus manos. Nanoha hizo un recorrido desde la espalda hasta el trasero de la rubia el cual presionó atrayendo a Fate más a ella y así sentir el roce de sus sexos. Fate estaba fuera de control, estaba excitada y no podía controlar sus acciones. Sin dejar de besarla la pescó y la colocó en sus caderas presionándola contra la pared mientras Nanoha soltó un gemido ahogado. La cobriza pasó sus brazos por detrás de la nuca para profundizar más el beso. Fate siguió besándola como si se le fuera la vida en ello y sin pensarlo más, introdujo sus dedos en el interior de aquel sitio que se sentía tan cálido y húmedo. El movimiento de la rubia empezó lento para después ir más rápido haciendo a la cobriza gemir. Unos gemidos que eran opacados por la ducha. Los espasmos no tardaron en aparecer y la rubia no paró hasta que la cobriza se vino en sus brazos. Nanoha estaba tan maravillada, que bajó de las caderas de su amada y la arrinconó en la pared sujetando sus manos con una de ellas para inmovilizarla y empezó a recorrer el cuerpo de Fate con su boca, explorando cada rincón de su cuerpo y sin dejar nada atrás. Tras recorrer su cuerpo, introdujo sus dedos en aquel sitio que estaba completamente húmedo y empezó a hacerle el amor de forma lenta al principio para ir subiendo el ritmo poco a poco hasta que su rubia se vino y le flaquearon las fuerzas de las piernas. Tras aquella demostración de amor, se quedaron un rato abrazadas en la ducha dándose besos suaves y tiernos. Al terminar esa sesión de besos que tanto les gustaban, decidieron ir a la cama e intentar dormir ya que tenían que volver al día siguiente.
- Nanoha, ¿estás despierta?
- Sí. Dime, Fate-chan. –decía la cobriza mientras se giraba quedando mirando frente a frente.
- Te amo. –susurró.
- Y yo a ti, corazón. –respondió con una sonrisa.
Ambas se abrazaron y así durmieron plácidamente hasta que sonó el despertador indicando que era la hora de prepararse para volver a casa. Tenían que volver a Japón donde Vivio las esperaba. Recogieron todo y se dirigieron al aeropuerto para coger el avión. Todo el camino lo hicieron con las manos entrelazadas. En el avión, aparte de tener las manos entrelazadas, Nanoha apoyó varias veces la cabeza en el hombro de Fate sintiendo su calidez y protección.
Al llegar a Japón, Vivio las esperaba junto a Hayate para recibirlas con una cálida sonrisa. Cuando la pequeña las vio, salió corriendo hacia éstas que seguían con las manos entrelazadas.
- ¡Fate-mama!¡Nanoha-mama! –gritaba la pequeña con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Nanoha-mama? –preguntaba confundida la rubia mirando a su ahora novia.
- ¡Vivio! –gritaba alegre la cobriza ignorando la mirada confusa de Fate.
Flashback
- No llores Vivio, Fate-mama volverá muy pronto y estará contigo. ¿Qué te parece que yo sea tu mamá mientras que ella vuelve? Prometo ser una buena madre. –dijo cariñosamente.
- ¿Mamá? –la pequeña la miraba confundida.
- Eso es. Si quieres puedes llamarme así hasta que vuelva. –le decía dulcemente la cobriza mientras acariciaba su cabeza– Prometo que te cuidaré muy bien, Vivio.
- Nanoha-mama… –la pequeña abrazaba a Nanoha y lloraba.
- ¿Sí, Vivio? –la pequeña sonrió tiernamente y abrazó con más fuerza a su ahora Nanoha-mama.
Fin Flashback
La rubia abrazó fuertemente a su hija. La rubia hizo señas a la cobriza para que se las uniera y eso hizo y volvieron a casa juntas.
Nanoha y Fate compraron una casa con un bonito y enorme jardín. Esa casa sería su nido de amor a partir de ahora. Ese sería su hogar. Un hogar donde el amor no faltaría.
Pasó una semana y llegó Navidad. Invitaron a la familia de Nanoha y Fate para celebrarla en la nueva casa. Todo fue de maravilla. La cena no pudo ser más amena y divertida, y Fate adoraba los postres que hacía su ahora suegra. Al llegar medianoche, empezaron a abrir los regalos. Todos estaban entusiasmados con sus regalos. Nanoha se acercó a Fate y le dio el último regalo, uno pequeñito.
- Feliz Navidad, Fate-chan. –la rubia abrió el regalo y se sorprendió al ver lo que era.
- ¿Nanoha? –la miró confusa.
- Fate… Desde que te conocí, mi vida cambió. Todo a mi alrededor se volvió maravilloso. No importaba cuán doloroso fuera lo que pasara, yo estaba completamente feliz porque estabas a mi lado. Cuando te fuiste, mi corazón murió, pero ahora, que estás aquí, vuelve a latir alegre. Cada vez que me besas, me tomas de la mano, o simplemente con rozarme, mi corazón se acelera. Sé que pensarás que es muy pronto, pero a mí me parece una eternidad y no puedo esperar más. Fate, ¿quieres casarte conmigo y convertirte en mi esposa? –a Fate se le escaparon unas lágrimas.
- Sí quiero, Nanoha. Por supuesto que quiero ser tu esposa. –Nanoha le colocó el anillo y antes de que dijera algo más, Fate la besó apasionadamente y todos aplaudieron y felicitaron a la pareja.
A partir de hoy serían una familia. Una familia a la que no les faltaría amor y a la que Fate protegería con su vida si fuera necesario. Era hora de ser feliz junto a la persona que siempre amó. Su primer y único amor, porque sí, está aquí, junto a ella en estos momentos. Era su destino estar con ella. Estaban predestinadas a estar juntas incluso desde antes de nacer, porque un amor así… es el destino quien lo marca.
FIN
Gracias a todos los que habéis seguido esta historia. No sabéis lo feliz que me habéis hecho.
