DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling. La historia pertenece a MissNeftis y de su servidora. Esperamos que les guste…

CHAPTER 4

Adrien se encontraba sudado, su camiseta estaba empapada y pegada a su torso, su frente chorreaba tanto que empezaba a considerar conseguirse de aquellas toallas de las que una vez le habían hablado en una de las tantas veces que lo habían visto entrenar hace unos años atrás; sacudiendo la cabeza alejó esas cosas que en realidad eran poco importantes en aquel momento, él estaba allí por el resultado que le traería el entrenamiento, por el placer que descubriría al vencer y lograr saber el secreto de aquella chiquilla mimada, no por una toallas que ni siquiera venían al caso.

Aquella había empezado a ser una rutina a partir de hacía unas cuantas semanas atrás. Más preciso, desde el momento en que descubrió a la pelinegra entrenando. Su método le produjo curiosidad y de hecho había robado su idea para sus propios entrenamientos, entrenaba en un lugar muy diferente a los jardines, muy temprano en la mañana o ya muy entrada la noche, los muñecos hechizados sólo hacían que fuera cada vez más fácil entrenar con los otros cuando llegaba el momento.

Adrien no perdía oportunidad para preguntar acerca de la chica, todos hablaban poco y nada, ya sea por la desconfianza que le producían sus preguntas o por el simple hecho de que sabían lo mismo o menos de lo que él había averiguado. Sus propias observaciones no ayudaban mucho, ella era una maldita máquina siempre haciendo lo mismo, no proporcionando nada nuevo a su rutina. Cada que la veía estaba siendo la sombra del jefe o simplemente caminaba sin un rumbo fijo, no hablaba con casi nadie y con los que lo hacía se rehusaban a hablar con él sobre ella, infundía cierto temor o respeto, pero nadie parecía querer ir contra ella ya sea por que era la mascota del jefe o por que sabían cual era su otro papel aparte del principal.

Ella era la encargada de hacer hablar a los traidores, de castigarlos o incluso de hacerlos desaparecer si la ocasión era necesaria, no era solo una cara bonita era el mejor juguete que tenía Demian; nadie podía darle datos de su pasado porque aparentemente ella solo apareció un día y Demian simplemente no la apartó de su lado, era todo un misterio y el tenia que descubrir cuál era el secreto.

Los entrenamientos cuerpo a cuerpo no lo eran todo. Ellos estaban medio obsesionados con la idea de la magia sin varita, practicaban horas y horas y por eso ni siquiera se molestaba en esforzarse en aquel entrenamiento. Su cuerpo estaba tenso incluso antes de llegar a donde estaban practicando, tenía un extraño presentimiento y sólo cuando hubo pasado alrededor de una hora entendió a qué se debía su comportamiento. Nik entró a la habitación luciendo su habitual ropaje negro, con el pelo prolijamente recogido y sus tacones haciendo eco con cada paso que daba, casi como si fuera sincronizado, todos los que estaban allí se detuvieron al verla avanzar, ella recorrió a todos con la mirada; se detuvo un segundo más en Adrien pero no se demoró más que eso, al parecer decidiendo que no valía la pena y siguió su camino hacia el hombre grande y alto que estaba de brazos cruzados mirándola.

―Intento dar una clase aquí, no puedes simplemente venir y hacer que todos paren de hacer lo que hacen solo por que se te ocurre hacerte la diosa que camina entre los mortales. ―

Aquellas palabras sonaron a reproche pero sólo logró que la pelinegra diera una sonrisa de lado mirando al sujeto para luego posicionarse a su lado mirando hacia el entrenamiento.

― ¿Acaso yo dije que se detuvieran? ―

Fue en ese momento en que sí se sintió la furia en su voz y fue todo lo que se necesitó para que todos volviesen a lo que estaban haciendo y que lo pensarán dos veces en voltearse a verlos y distraerse.

Nik se quedó de brazos cruzados mirando fijamente hacia adelante escuchando lo que la montaña que estaba a su lado le susurraba. Ella era malditamente buena por que en todo el intercambio de palabras no dio ningún indicio de lo que pensaba y las contestaciones parecían monótonas y a la vez familiarizadas como si estuviera hablando con un amigo de ser eso posible.

Adrien por su parte solo la miraba y ponía su mayor esfuerzo por impresionarla, en esos momentos no entendía la razón, solo necesitaba un segundo para que sus ojos se cruzaran y así podría intentar adivinar sus pensamientos. Ella vaciló y apenas giró la cabeza, desde cualquier otro punto parecía que ella no se había movido pero no para él, algo había dicho el entrenador a su lado que la molestó porque inmediatamente sus ojos se encontraron con algo más que indiferencia, era molestia y una pizca de reto también; Adrien simplemente le sonrió de lado y le guiñó un ojo, él sabía que ella lo odiaba y ciertamente esperaba de algún modo hacer que ese odio creciera.

Nik casi había puesto los ojos en blanco ante el guiño del castaño, en cambio lo único que hizo fue lanzar un bufido y volver su vista hacia los demás; a su lado el entrenador lanzó una pequeña risilla, lo suficientemente alta para que sólo ella escuchara.

―No te atrevas a decir nada, es un idiota.― la atención de la pelinegra volvió solo una fracción de segundo hacia donde estaba la razón de su molestia.

―Ese idiota, como tú lo llamas, te está calando.―

―No digas estupideces, no es más que otro idiota que cree puede ser algo más.―

―Bueno el idiota ese logró acertarte un buen golpe en su primera pelea juntos. De hecho me recuerda a ti cuando llegaste.―

Esas palabras solo hicieron que ella largara un bufido y pronunciara las siguientes palabras con enojo notable, apretando los dientes.

―No te atrevas a compararnos, no nos parecemos en nada.―

―De hecho lo hacen, el chico intenta destacar y se mata entrenando tanto como tú lo hacías; si sólo fuera posible diría que hasta tienen los mismos movimientos. Sí, definitivamente me recuerda a ti.―

La contestación a eso fue el silencio mismo, ella no le daría el lujo de hacerlo pensar que podrían llegar a ser iguales, tal vez hace muchos años quizás, pero no ahora. Sus últimas palabras ahora salieron calmadas sin ninguna emoción.

―Quiero a tres, que no llamen mucho la atención y que realmente valgan la pena. Realmente me estoy cansando de quebrar dedos por que al parecer no eres un buen maestro.―

Nik sin mirarlo supuso la mirada de odio que iba dirigida a ella en su nuca.

―Tienes dos horas y los quiero en las mejores condiciones ya lo sabes, hoy no seré niñera de nadie. Si ellos no están listos, esto recaerá sobre ti ¿está claro?―

Nik por fin se digno a mirar hacia arriba y atrás notando como el entrenador meditaba sus palabras a la vez que asentía, dicho todo empezó su camino de nuevo hacia la puerta mirando a Adrien y el como él hacia que aquel entrenamiento pareciera un juego de niños.

Adrien dio en el blanco una vez más cuando de pronto sintió una presencia detrás suya, bajando los brazos se giró, hacia los 20 cm más alto que él, con una expresión curiosa en su rostro.

El sujeto se quedó mirándolo hasta que lo señalo.

―Tú, tú y tú. Dos horas ni más ni menos, llegan a fallarme y serán lo último que harán ¿oyeron?―

Adrien miro a los demás que fueron señalados, los tres se estaban mirando y luego de un asentamiento de cabeza salieron de aquel lugar preparados para ir a enlistarse.

―Por Merlín, hablo en serio llegan a fallar y la muñequita que vino recién hará que Voldemort parezca una niña con un peluche. No fallen.―

Los tres se detuvieron a escuchar sus últimas palabras y contestaron al unísono.

―Si señor.―

¡Gracias por leer!

Si llegaste hasta acá es por que le das una oportunidad a nuestra historia. Esperamos que les esté gustando, nos gustaría que nos lo dejaras saber.

Aceptamos todas las opiniones, nos ayudarán a mejorar mucho.

Sabemos que aún no aparecen personajes conocidos y quizá eso no te guste mucho, pero te pedimos que por favor sigas leyendo, queremos sorprenderte. No falta mucho para que todo tenga sentido para ti.

Los queremos,

Besos