¡Hola! Mil gracias a Cass, Hana.1997, Eclair Rozen y Suiren15 por sus hermosos comentarios :3 me alegra mucho que les esté gustando la historia.
LOS ANDRANIS
Capítulo 4: Revelaciones.
A pesar de la lluvia, era una noche tranquila en Karakura. Con las labores de Ichigo, Uryuu y Sado controlando a los Hollows, habían pasado semanas desde que un ataque los había puesto en apuros. No es como que salieran los tres como equipo maravilla para defender la ciudad al estilo de los superhéroes, sino que se turnaban las noches para patrullar, pues aunque su álter ego les exigía que se encargaran de esos problemas, ahora también eran estudiantes universitarios.
Ichigo todavía le ayudaba a Ikumi en su empresa independiente en las tardes, y en la noche, tres veces a la semana, salía a patrullar para asegurarse de que todo estuviera en orden.
Aquella noche, mientras daba algunas vueltas por el parque, tuvo una extraña sensación que nada tenía que ver con algún Hollow. Cerró los ojos para poder ver los listones de reiatsu como Ishida le había enseñado y se encontró con el de Rukia.
Era extraño, nadie le había informado de alguna visita al mundo humano. Sin embargo, había algo todavía más raro. Su reiatsu estaba muy calmado, como si estuviera dormida. Ichigo utilizó el shunpo para llegar a toda prisa al lugar en el que se encontraba Rukia, pero cuando llegó, a unos metros de distancia, lo único que alcanzó a ver fue una estela de humo negro que se elevaba con rapidez hacia el cielo. Pasado un momento dejó de sentir el reiatsu de Rukia.
Ichigo descendió al nivel del suelo para llegar al fondo del asunto, pero se frenó en seco al ver a un hombre vestido de traje que se asomaba por el callejón como si nada. Su apariencia era sospechosa, pues no podía tratarse de un hombre de oficina, ni siquiera llevaba un maletín o algún otro artículo. Y lo peor de todo era que su ropa estaba impregnada del reiatsu de Rukia.
La sangre de Ichigo hirvió de coraje y sin pensarlo dos veces desenvainó su zanpakutou y la apuntó directamente a su pecho. No quería detenerse a hacerle preguntas, prefería derrotarlo antes del interrogatorio.
-¡Getsuga Tensho!
La densa ola de reiatsu cortó el viento y le dio de lleno en el pecho, lanzándolo unos cuantos metros hasta el callejón en dirección al contenedor de basura. Cuando el ataque se dispersó Ichigo se paralizó al no ver ningún cuerpo, y su desconcierto sólo creció al verlo aparecer de la nada, como si acabara de materializarse. Ichigo pensó que estaba alucinando, no era posible que lo hubiera esquivado, estaba seguro de que su ataque había impactado, y aun así…
El hombre volteó a su alrededor con cautela, pero Ichigo fue más rápido y utilizando el shunpo se paró justo al lado de él al tiempo que le lanzaba otro ataque.
Esta vez el sujeto golpeó de lleno la pared y tardó unos segundos en incorporarse, mismos que Ichigo aprovechó para acorralarlo contra la pared, su zanpakutou directamente en su cuello sin darle libertad de movimiento. El tiempo pareció detenerse cuando sus ojos se encontraron, fuego contra hielo en una sola mirada.
-¡¿Qué hiciste con Rukia?! –gritó Ichigo.
El hombre permaneció impasible, mirándolo sin decir una sola palabra, evaluándolo, midiendo sus movimientos. Parecía tremendamente consciente de su fuerza, por lo cual fue inteligente no hacer un movimiento en falso. Ichigo se congeló cuando vio que una sonrisa se formaba en su rostro, como burlándose de él o disfrutando la situación, y de las dos opciones no sabía cuál le molestaba más. Antes de que pudiera decir algo o hacerlo hablar por la fuerza, su cuerpo se volvió de humo negro frente a sus ojos y se desvaneció en el cielo, dejando atrás únicamente un polvo amarillento de asqueroso aroma similar al de la pólvora.
Mierda, pensó Ichigo.
Lo había perdido de vista y aunque recorrió algunas calles alrededor no pudo encontrarlo. No había un reiatsu qué seguir, ninguna pista en concreto. ¿Qué debía hacer? Cada vez entendía menos lo que estaba sucediendo. Empezó a considerar que tal vez lo había imaginado. Había pasado mucho tiempo sin ver a Rukia, tal vez su mente le estaba jugando una mala pasada porque la extrañaba demasiado.
No, fue demasiado real.
¿Y entonces? La mejor opción era contactar a la Sociedad de Almas para averiguar qué demonios había pasado y por qué no le habían informado nada. Regresó a casa lo más rápido que pudo y entró por la ventana de su habitación. Antes de volver a ocupar su cuerpo tomó el celular que estaba sobre la mesita de noche y marcó el número de la única persona que seguramente sabría darle una explicación.
-El número que usted marcó ha sido desactivado –respondió la operadora.
Ichigo maldijo en voz baja y colgó. Nuevamente no había podido contactar con Urahara Kisuke, y no entendía por qué creía que aquella vez sería diferente. Tal vez porque sus motivos eran otros más que simple curiosidad por saber en dónde demonios de había metido, pues nadie en el mundo humano ni en la Sociedad de Almas sabía su paradero ni el de Yoruichi desde la Guerra Sangrienta de los Mil Años. Era como si se hubieran evaporado de la faz de la Tierra.
Se le ocurrió entonces que tal vez su padre sabía algo al respecto. Además de Urahara, Isshin Kurosaki era la otra persona con quien podía hablar de asuntos relacionados con la Sociedad de Almas.
Abrió la puerta de su habitación para ir a buscar a su padre, pero ni bien había puesto un pie en el pasillo cuando dos cuerpos lo derribaron y sostuvieron sus zanpakutou firmemente contra su cuello. Ichigo abrió los ojos sorprendido al reconocerlos.
-¡Byakuya! ¡Kurotsuchi-san!
Ambos capitanes lo soltaron cuando vieron que se trataba de Ichigo.
-Capitán Kuchiki –corrigió Byakuya volviendo a guardar su zanpakutou, y molesto una vez más por la familiaridad con la que le hablaba Ichigo.
-Capitán Kurotsuchi –exclamó Mayuri a su vez, deseando disecar de una vez por todas a ese adolescente malnacido que no se dirigía a él con el respeto que debería.
Los dos capitanes odiaban que Ichigo los saludara sin los honoríficos. Al menos con Kurotsuchi había usado el "san" pero a Byakuya le hablaba como si fueran amigos de toda la vida. Una tercera figura apareció detrás de ambos capitanes y se abrió paso por en medio para lanzarse a patear la cara de Ichigo.
-¡Llegas tarde, vago!
-¡Estaba patrullando! –gritó Ichigo esquivando el golpe por poco.
-¡La cena es a las ocho! ¡Es más de medianoche!
Ichigo frunció el ceño y decidió ignorarlo. Sus prioridades estaban con Rukia y con aquel sujeto del callejón, y aprovechando la inesperada visita de los capitanes se decidió a llegar al fondo del asunto.
-Kurosaki, tengo que hablar contigo –dijo Byakuya antes de que Ichigo abriera la boca.
-Espera, tengo que…
-Rukia desapareció.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ichigo al tiempo que se paralizaba en su lugar, sintiendo cómo su mundo se iba derrumbando lentamente mientras su mente procesaba la información recibida. Todo su ser le gritaba que hiciera algo, que se lanzara ciegamente al rescate de Rukia, pero había muchos inconvenientes, y uno de ellos era que no tenía ni idea de por dónde comenzar a buscar.
Haciendo acopio de todas sus fuerzas, cerró los ojos para tomar una profunda inhalación, luchando contra su instinto de protección que prácticamente le ordenaba que tirara todo por la borda y no perdiera más el tiempo.
-Hace un momento, mientras patrullaba, me pareció sentir el reiatsu de Rukia. Me apresuré a llegar a donde estaba porque sentí que algo estaba mal, parecía muy calmada, como si estuviera dormida.
Byakuya agarró a Ichigo del uniforme y lo acercó a su rostro.
-¿En dónde está?
-No lo sé –se excusó Ichigo, angustiado-, cuando llegué ya no estaba. Vi a un sujeto vestido de traje, muy sospechoso, le lancé dos ataques y lo acorralé en un callejón, pero momentos después desapareció y sólo había…
-Un rastro de azufre –dijeron Byakuya y Mayuri al unísono.
Ichigo se sorprendió de que hubieran adivinado.
-¿Qué relación tiene aquello con Rukia?
-Vinieron al mundo humano. Qué interesante –dijo Mayuri pensativo.
-Oigan, ¿qué...?
-¿Puedes rastrearlo? –lo interrumpió Byakuya.
-Claro que puedo, pero no será sencillo. Tengo que volver a la Sociedad de Almas.
-¿Cuánto tiempo necesitas?
-¿Podrían decirme…?
-Tal vez un par de días.
-No tenemos un par de días. Rukia podría...
-¡Hey! ¿Quieren explicarme qué demonios está sucediendo? –exclamó Ichigo indignado de que lo hubieran ignorado de pronto tratándose de un asunto tan importante como lo era Rukia.
Isshin, Byakuya y Mayuri intercambiaron una mirada y luego asintieron.
-Creemos que Rukia pudo haber sido secuestrada por Onis.
Ichigo no alcanzaba a procesar bien las palabras de Byakuya. Rukia...secuestrada...por Onis.
-¿Onis como...aquellos demonios mitológicos? –preguntó.
-Onis como aquellas despreciables pero a la vez muy interesantes criaturas infernales, sí –dijo Mayuri.
Ichigo volteó a ver a su padre.
-Están bromeando, ¿verdad?
-Me temo que estamos hablando muy en serio, Kurosaki –dijo Byakuya.
-Tu uniforme está lleno de azufre, Ichigo –observó Isshin señalando el polvo amarillo en sus ropas-. El olor es inconfundible, el capitán Kurotsuchi y el capitán Kuchiki pensaron que se trataba de uno de ellos, por eso te derribaron hace un momento.
-Es una locura –respondió Ichigo, negándose a darle crédito a sus oídos-. ¿Cómo...?
Byakuya le relató a Ichigo el entrenamiento de Rukia y lo que encontró en la Colina del Sokyoku cuando fue a buscarla, el azufre y cómo había terminado en el laboratorio de Mayuri pidiéndole ayuda para encontrar a su hermana.
Ichigo asintió en silencio, por fuera parecía calmado, tenía que estar calmado, aunque su interior fuera un remolino de emociones. No podía creer todavía que Rukia había sido secuestrada. Era fuerte e independiente, sí, pero no sabían hasta dónde eran capaces de llegar los Onis, qué tan peligrosos eran o qué querían de la joven shinigami. Lo único que sabían de ellos era que no existían, al menos hasta ese momento, que eran parte del folclor y las leyendas japonesas que se remontaban hasta más allá del periodo Edo.
Sin embargo, habían creído lo mismo de los Quincys y ya todos sabían cómo habían resultado las cosas para la Sociedad de Almas. Lo mejor era no subestimarlos, tratarlos como enemigos y atacar con toda su fuerza e inteligencia para rescatar a Rukia, pues si habían podido infiltrarse en la Sociedad de Almas sin problemas, no eran muy distintos a los arqueros.
-¿Qué vamos a hacer? –preguntó Ichigo.
Continuará…
Lo siento, creo que todavía no logro captar muy bien la personalidad de Ichigo y tal vez su reacción no fue la más adecuada, probablemente hizo falta verlo más en su papel de "drama queen" jaja pero me justifico diciendo que Ichigo ya maduró y se toma las cosas con más calma UwU.
