¡Hola! Muchas gracias por sus hermosos comentarios n.n he aquí el siguiente capítulo.
Por cierto, Suiren15 hizo un fanart de Doran y estará dibujando a otros personajes del fic, pueden verlos aquí :) (con .com y sin espacios)
fantasyheart .tumblr
LOS ANDRANIS
Capítulo 5: Reunión.
Ya era medianoche cuando Arioch llegó a los linderos del bosque que rodeaba el castillo. Todavía recordaba muy vívidamente su encuentro con aquel extraño sujeto de cabello anaranjado. A pesar de ser sólo un chico, era obvio que la experiencia y habilidad las tenía a flor de piel. Arioch sabía que había peleado en muchas batallas, no era un muchacho ordinario, y precisamente eso fue lo que le llamó más la atención.
Por otro lado, sería divertido usar a su favor la relación que tenía con Rukia Kuchiki, aunque primero tenía que hacer más averiguaciones. Si su sola presencia ya era impresionante, ¿qué tan peligroso se volvería el joven pelirrojo cuando se enterara de los planes que ellos tenían para la joven y hermosa shinigami? Una pelea sangrienta y encarnecida era segura, pero primero tenían que involucrarlo de algún modo.
Arioch cruzó el bosque tranquilamente y finalmente llegó a las puertas del castillo. Cruzó el umbral y subió las escaleras hasta el salón principal sumido en sus cavilaciones. El resto de los Onis ya estaban ahí reunidos, y al no ver a la shinigami, supuso que la habían llevado a su habitación como habían acordado en un principio. Lo único que restaba de ella y que los tenía a todos fascinados, era la zanpakutou completamente blanca que reposaba sobre la mesa.
Arioch se sentó a la cabeza como lo indicaba su rango y observó a los participantes de la reunión, de uno por uno.
Allí estaba Doran a su derecha, con esa mirada asesina que reservaba sólo para Arioch, componiendo una sonrisa de lado, la única que podía hacer debido a la cicatriz. A su lado estaba Raamad, probablemente el miembro más allegado a Doran, y también el más problemático de todos. Estaba recargado sobre la mesa, con expresión de pocos amigos; sus ojos grises chispeaban, lo que le daba el renombre de sus habilidades, tan a juego con el plata de su cabello, más largo en medio y al frente y difuminado en los lados. Tenía una argolla en la nariz, dos en cada oreja y uno en la lengua, lal cual pasaba distraídamente por los labios de manera lasciva y maliciosa.
Del otro lado de Arioch, a su izquierda, estaba sentado Narem, un sujeto despreocupado que siempre estaba bromeando sobre todo. No tomaba a nadie en serio, ni siquiera a Arioch, pero le guardaba cierto respeto porque sentía que sería una molestia ser su enemigo. Tenía cabello azul cielo, largo casi hasta los hombros, que siempre llevaba peinado hacia atrás o con un mechón detrás de la oreja derecha. Sus ojos eran azules también, pero de un tono más oscuro que los de Arioch. Tenía una cicatriz en el cuello de lado a lado, resultado de un ataque de Raamad, el único con el que no se llevaba bien y a quien odiaba a muerte.
El último Oni, sentado al lado de Narem, era Serel. Era muy callado y siempre acataba las órdenes que le daban. Creía que no valía la pena discutir entre ellos, pero eso no le había impedido involucrarse en una pelea cuando tenía que hacerlo. Era un demonio elemental al igual que Raamad, otro de los pocos que quedaban en el mundo. Tenía cabello negro y corto con un mechón que le cubría el ojo izquierdo, el cual estaba permanentemente cerrado por una cicatriz que bajaba desde su frente, pasando por el párpado y hasta la mejilla.
Todos iban vestidos de traje como si se tratara de una reunión de ejecutivos o un bufete de abogados, y lo único que unía al variado grupo era el propósito y la lealtad que le tenían a su Maestro.
Arioch tomó la zanpakutou entre sus manos y la examinó. El resto del grupo lo observó en silencio.
-Caballeros, tenemos frente a nosotros la espada de Rukia Kuchiki. Una poderosa zanpakutou tipo hielo.
-Ahora sólo hay que esperar a que sea luna llena –dijo Narem-. ¿Deberíamos divertirnos con nuestra invitada mientras tanto?
-Nadie se acercará a la prisionera –sentenció Arioch.
-¿Por qué te importa, Arioch? La chica estará bien para cuando la necesitemos –alegó Doran, no dejando pasar la oportunidad de discutir con el líder.
-No tenemos nada más que hacer –añadió Raamad con una sonrisa, secundando el comentario de Doran, como siempre.
-Creo que sería entretenido –intervino Serel, como queriendo mantenerse al margen pero sin poder ocultar su curiosidad hacia la shinigami.
Arioch los vio con detenimiento y se tomó un momento para responder. Todos querían jugar con la prisionera, estaba en su naturaleza, pero no sabía qué tan buena idea era. La mayoría de las veces no sabían controlarse, eran tercos e impulsivos y demasiadas cosas podían salir mal, pero no estaba en posición de enfrentarse a cuatro demonios él solo, no cuando estaba tan cerca de lograr su cometido.
-De acuerdo, pero que no salga del castillo. Sería una molestia tener que perseguirla.
-Es sólo una maldita shinigami, y está desarmada –dijo Raamad frunciendo el ceño, harto de las advertencias de Arioch.
-Si sale del castillo podrá usar las artes demoníacas y el resto de sus habilidades, los sellos que dispuse…
-¿Artes demoníacas? –Lo interrumpió Narem-. No me hagas reír. Esos estúpidos shinigamis se apropian de conceptos que no tienen nada que ver con ellos.
Arioch le lanzó una mirada de advertencia. Tenía razón en cuanto a lo de estar desarmada, pero Rukia Kuchiki era fuerte. Sólo él había podido apreciar su bankai de cerca, era el único que sabía de lo que era capaz, y aunque les había dicho su posición en la Sociedad de Almas como prospecto a ser capitana de su división para que se hicieran una idea, ellos no tenían ni idea de lo poderosa que era en realidad.
Sin decir nada más, dando por sentado que todos acatarían sus órdenes, salió de la habitación.
Cuando la puerta se cerró, Raamad dio un golpe en la mesa y soltó una sarta de maldiciones. Doran le puso una mano en el hombro para tranquilizarlo.
-Estoy harto de ese bastardo –exclamó Raamad.
-Deja de lloriquear, rayito, Arioch nos dio permiso de jugar con la prisionera –dijo Narem.
Un aura asesina rodeó a Raamad, pero no atacó. Lo único que hizo fue recargarse en el respaldo de su asiento y subir los dos pies a la mesa para luego componer una sonrisa de perfectos dientes blancos. Así de cambiante era ese demonio.
-Me preguntó qué podemos hacer con la shinigami.
-Quién sabe –dijo Doran-. Lo correcto sería esperar primero a que despierte, ¿no creen?
-Creo que no tengo que recordarles la única condición implícita, ¿verdad? –preguntó Serel.
Los otros tres demonios se miraron sin comprender. Serel suspiró con aburrimiento.
-Sin tocarla, ella está reservada para el Maestro. Y esto va en especial para ti, Raamad.
-No me jodas, Serel, te lo acabas de inventar –exclamó Raamad con una mueca de disgusto.
-Serel tiene razón –dijo Narem pensativo.
-¿Qué me dices de un poco de tortura? –preguntó Doran.
-Siempre y cuando no sea letal...
-Estoy pensando en juegos psicológicos.
Serel se encogió de hombros.
-Supongo que está bien.
Continuará...
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