Primero que nada disculpen la tardanza, mi lap se descompuso y apenas hoy la recogí. Muchas gracias a los que comentaron el capítulo y a los que siguen la historia :) espero que este capítulo también les guste.
LOS ANDRANIS
Capítulo 6: Decisiones.
La Sociedad de Almas estaba en alerta máxima.
Luego de la reunión con Ichigo e Isshin, Byakuya y Mayuri habían vuelto al cuartel general. Renji le había entregado la carta al Capitán Comandante Shunsui, pero no fue hasta la llegada de los dos capitanes que pudieron reunir al resto y decidir qué hacer al respecto.
Ahí estaban Soi Fong, Rose, Isane, Lisa, Shinji, Byakuya, Iba, Kensei, Toshiro, Kenpachi y Mayuri. Los tenientes estaban en una habitación contigua, a la espera de nuevas órdenes, y a esas alturas ya todos comentaban la desaparición, por no decir el secuestro, de Rukia Kuchiki.
-El capitán Kurotsuchi y yo creemos que se trata de Onis –explicó Byakuya.
Hubo un murmullo general seguido de las palabras del capitán del Sexto Escuadrón. Definitivamente los Onis eran catalogados como seres mitológicos, así que era difícil creer que se hubieran infiltrado en la Sociedad de Almas y se hubieran llevado a la heredera del clan Kuchiki.
-¿Qué pruebas tenemos? –preguntó Kyoraku con la seriedad que requería la situación.
-Encontramos rastros de azufre en la Colina del Sokyoku. Y Kurosaki Ichigo también encontró azufre en el callejón donde apareció el Oni.
-¿Llegaron al mundo humano? –había una preocupación latente en la voz de Kyoraku, pues si bien tenía la responsabilidad del Seireitei y estaba alarmado porque se habían infiltrado sin que nadie lo notara, no podía ignorar que el mundo humano dependía también de los shinigamis.
-Sí, Kurosaki vio a uno de ellos y lo interrogó, pero según sus palabras el demonio se escapó, se volvió humo.
-¿Qué sabemos en concreto de estos Onis? –intervino Soi Fong.
-¿Son fuertes? –preguntó interesado Kenpachi, pensando en tener una pelea con alguno de ellos.
-Hay demonios de varias categorías. Con y sin alas, con uno dos pares de cuernos, elementales, materiales…es una larga lista –explicó Mayuri, quien se sentía como pez en el agua hablando de su reciente investigación-. Hay esclavos, líderes de clanes y de legiones, demonios que hacen tratos…
-Suponiendo que en verdad existan estas criaturas –dijo el niño genio-, hasta entonces no se habían metido con los shinigamis. ¿Debemos tomar el secuestro de Rukia Kuchiki como una declaración de guerra? Creo que si nos preparamos no nos tomarán desprevenidos como los Quincys.
-El problema con los Quincys fue que los subestimamos, creímos que estaban muertos –exclamó Iba.
-También estamos poniendo en duda la existencia de los Onis –debatió Lisa Yadomaru.
-Capitanes, por favor –interrumpió Mayuri, hastiado-. Hay que concentrarnos en las pruebas que tenemos y, aunque me cueste aceptarlo, en la palabra de Kurosaki Ichigo.
Todos asintieron en conformidad. Kyoraku estaba pensativo, pues aunque la desaparición de Rukia era importante, no podía concentrar todas sus fuerzas en buscarla y dejar desprotegida la Sociedad de Almas. Apenas se estaban recuperando del último golpe.
-Quiero un informe con toda la información sobre los Onis. Hábitos, habilidades, posibles lugares donde habitan y si sabemos de alguien que los conozca de primera mano. Capitán Kurotsuchi, ¿hay alguna forma de rastrear a estas criaturas?
-Ya estoy trabajando en ello –respondió Mayuri con una sonrisa.
-De acuerdo. Capitana Soi Fong, reúna un grupo de élite para que barran la zona donde Rukia fue vista por última vez.
-¿Eso sería la Colina del Sokyoku o el callejón del mundo humano?
-Ambos –respondió Kyoraku.
El resto de los capitanes se retiraron y reanudaron sus labores, pero todos estaban pensando lo mismo. Los Onis eran demonios, por ende su confianza era debatible. Un secuestro era negociable, por lo que tal vez estuviera relacionado con la fortuna de los Kuchiki, pero no podían pasar por alto que Rukia era una shinigami, y una de las más fuertes y habilidosas. Si algo sabían por seguro es que habría guerra, y por ende, también habría muertes.
Kyoraku pensó en Ukitake y sonrió con amargura. Seguramente él tendría alguna opinión inteligente y pacífica que los llevara por el mejor camino, pero ya no estaba con ellos y tendrían que arreglárselas como pudieran.
-Esto es una prueba –se dijo Kyoraku Shunsui-. Debo demostrar que tengo lo que se necesita para ser el Capitán Comandante del Gotei 13.
Mayuri regresó al laboratorio y se encerró en su oficina. Nemu, acostumbrada a estar pegada a su maestro como su sombra, llamó a la puerta repetidas veces, pero no obtuvo respuesta y Akon se la llevó a otro lado. Esa conducta del capitán demostraba que quería, o más bien necesitaba, un tiempo a solas.
La pantalla en la pared indicaba los avances de los últimos experimentos e investigaciones que había hecho. Uno de ellos mostraba las ondas cerebrales de Nemu en todo momento, otro mostraba los cambios en el reiatsu del Dangai, otro más las pruebas con las almas artificiales, otro las alteraciones en la barrera que protegía el Seireitei.
Se propuso poner especial énfasis en averiguar cómo se transportaban estos Onis y en los portales que utilizaban, pues no había forma en que se hubieran infiltrado en los cuarteles sin ser vistos. Era similar a cuando aquel Espada había accedido al Dangai por medio de Garganta para llevarse a Inoue Orihime, pero el Dangai podía considerarse una zona neutral. La Sociedad de Almas, no.
Bufó con molestia al darse cuenta de que se esforzaba por hacer que sus proyectos y experimentos funcionaran, por el bien de la ciencia antes que de los shinigamis, claro está, pero al final siempre fracasaba. Kuukaku Shiba había encontrado la manera de entrar al Seireitei con sus bolas de cañón, esa chica Inoue había detenido la bola del Dangai con su escudo, el malnacido de Szayelaporro Granz había vuelto en su contra su propio bankai, por no mencionar la dura pelea contra los Quincys que había resultado en la muerte de varios shinigamis y la destrucción del cuerpo de Nemu.
En un repentino ataque de ira, Mayuri tiró al suelo los papeles que tenía sobre la mesa, llevándose frascos, pipetas y archivos en el proceso. Estaba frustrado, y la causa de ello tenía nombre.
Kisuke Urahara.
El shinigami que había fundado el CID, el shinigami que había logrado el bankai en tres días, el que lo había sacado de prisión y le había ofrecido un empleo, el que había desarrollado el Hougyoku y encarcelado a Aizen. En fin, su maestro, el que lo superaba en todo sin siquiera esforzarse. Un genio por naturaleza.
Mayuri pensó con amargura que sería el colmo que también supiera algo sobre los Onis.
Entonces algo encajó en su mente.
Urahara en serio podía saber algo sobre los Onis, de hecho, debía haber algo en los documentos que dejó, esos de los que Mayuri no se había podido deshacer por un simple capricho, o tal vez era melancolía...
-Tonterías –exclamó con enfado dirigiéndose al almacén donde resguardaban los archivos de investigaciones.
La capitana Soi Fong había reunido dos grupos de élite para revisar el callejón del mundo humano y la Colina del Sokyoku. Las órdenes específicas eran buscar pistas de energía espiritual y otros rastros que pudieran indicarles qué camino habían tomado los Onis. La ventaja en el mundo humano era que Rukia Kuchiki había dejado un rastro de reiatsu, así que de ese modo sería más fácil tratar de encontrarla.
La puerta del Senkaimon se abrió y seis shinigamis se prepararon para partir y buscar rastros de Rukia. Uno de ellos tenía órdenes de informar a Ichigo Kurosaki lo que estaba pasando en la Sociedad de Almas, pues si los Onis no habían tenido problema alguno en infiltrarse en sus terrenos seguramente tampoco les costaría trabajo interferir una llamada telefónica con el adolescente. Ya que todavía no sabían si debían considerarlos enemigos, aunque todo indicaba que sí, era mejor tomar ese tipo de precauciones.
-¡Capitana! –gritó Akon corriendo a su encuentro con un pergamino enrollado en la mano.
Soi Fong frunció el ceño y esperó a que Akon se acercara. No le gustaba tener voluntarios para las misiones que no fueran de las Fuerzas Especiales, así como tampoco quería retrasarse, pues era muy exigente con los tiempos de las misiones.
-El capitán Kurotsuchi me pidió que le dijera que me deje acompañar a su grupo. No pienso interferir en la misión, yo tengo que ir a otro lado en el mundo humano.
-No somos un grupo de escolta, Akon –dijo Soi Fong cruzando los brazos.
-Lo sé, capitana, y le ruego que me disculpe, pero es un favor para el capitán Kurotsuchi.
Soi Fong sonrió. Si lo ponía de ese modo no podía negarse. La capitana del Segundo Escuadrón era inteligente y sabía que era una ventaja que alguien como Mayuri le debiera un favor.
-De acuerdo, puedes ir con el grupo.
-Gracias –exclamó Akon y se acercó al grupo que ya esperaba las órdenes de su capitana.
Continuará...
