¡Hola! Nuevamente gracias a Suiren 15 y a los demás que están siguiendo la historia n.n espero que les guste.
LOS ANDRANIS
Capítulo 8: Desaparecido.
Ichigo veía el reloj con desesperación. Sólo dos minutos más hasta que dieran las 3 y pudiera regresar a casa.
-Kurosaki-kun, ¿estás bien? –le preguntó Orihime al verlo tan nervioso.
Ichigo la volteó a ver y compuso una sonrisa. Sabía que tarde o temprano tenía que contarle a Orihime, Ishida y Sado lo que había pasado con Rukia y el Oni, pero ya sería en otro momento.
-Sí, Inoue, es sólo que tengo un poco de prisa por llegar a casa.
Cuando finalmente sonó el timbre, Ichigo recogió sus cosas y salió corriendo del salón, dejando al profesor y al resto de sus compañeros algo desconcertados. Regresó corriendo a casa y se detuvo ante la puerta sólo para tomar aliento y serenarse un poco. A esas alturas ya no se torturaba pensando en el secuestro de Rukia. Dos años antes habría reaccionado de manera explosiva, pero ahora, teniendo casi veinte años, había aprendido que no era la solución y que debía pensar en frío si quería resultados. Enojarse y amenazar con destruir todo a su paso no le devolvería a Rukia, pero crear una buena estrategia y colaborar con la Sociedad de Almas, era una buena alternativa.
-¿Papá?
Isshin salió de la cocina con un mandil y una cuchara.
-La comida ya casi está lista –informó.
-Quiero ir a la tienda de Urahara-san.
Isshin suspiró y le puso una mano en el hombro.
-Ichigo, Urahara está...
-Ya sé que nadie lo ha visto –respondió Ichigo zafándose de su agarre-, pero hay una posibilidad de que haya regresado. Tenemos que ir a buscarlo para preguntarle si sabe algo sobre los Onis.
Isshin sabía que era inútil. Si Urahara hubiera vuelto, lo sabrían. No obstante la expresión en el rostro de Ichigo le hizo saber que estaba consciente de que se trataba de una posibilidad muy remota, pero que era mejor tener la certeza y ver con sus propios ojos la triste verdad que dejar escapar esa oportunidad por muy pequeña que fuera. Además, Isshin sabía lo mucho que Rukia significaba para su hijo. Ichigo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantener la calma. Era más sencillo pedirle que se sacara un ojo con la cuchara que tenía en la mano que pedirle que desechara la idea de ir a buscar a Urahara y por consiguiente a Rukia.
-De acuerdo, vamos.
Ichigo arrojó su mochila a las escaleras mientras Isshin dejaba a Yuzu a cargo de la cocina.
-Volveremos para comer, así que no se lo terminen todo –dijo Isshin.
Yuzu ni siquiera alcanzó a responder, sólo los vio salir dando un portazo.
-¿Crees que sepa algo? –preguntó Ichigo recargado en el vidrio del automóvil y viendo fijamente hacia la calle con expresión ausente.
-Si alguien sabe algo de cualquier cosa es Kisuke Urahara.
-¿Por qué no contesta mis llamadas?
-No es personal, no contesta las llamadas de nadie –corrigió Isshin.
Ichigo asintió en silencio. Sentía que estaba caminando en una habitación a oscuras en lo referente al sombrerero. Era muy probable que su padre, y todo el mundo, tuvieran razón, pero no quería arrepentirse más delante por no haber agotado todas sus opciones.
Estaba poniendo todas sus esperanzas en Urahara y en sus conocimientos. Aun la más mínima pista sería de utilidad. En su mente, Urahara ya estaba dándole información sobre los puntos débiles de los Onis y una lista de los lugares donde podía encontrarlos, y por ende también a Rukia. El shinigami del sombrero de rayas era un elemento valiosísimo para todos, y sus numerosas investigaciones e inventos los sacaban de aprietos siempre que era necesario. Ichigo decidió que no perdería el tiempo esperando órdenes de la Sociedad de Almas, sino que se lanzaría sin pensarlo dos veces al rescate de Rukia.
Entonces le diría que era una tonta por haberse dejado capturar, y que una persona tan descuidada y enana como ella jamás llegaría a ser capitana, y también... También la abrazaría y le diría cuánto la había extrañado y lo eternos que le parecían los días lejos ella, y que se había llevado un susto de muerte al pensar que los Onis...
-Ya llegamos, Ichigo –Isshin lo sacudió del hombro y lo sacó de sus cavilaciones.
Ichigo bajó del auto y ambos se encaminaron a la entrada de la tienda, la cual estaba cerrada. Quería preguntarle a su padre si creía que Urahara estaba adentro, pero en el fondo ya sabía la respuesta así que llamó a la puerta sin esperar.
Pasó un minuto sin que nadie atendiera.
-¿Qué hay de Tessai, Jinta y Ururu? –preguntó Ichigo.
Isshin rompió el cristal con el codo y metió la mano para abrir la cerradura. Dentro de la tienda no había ni un alma. Los muebles y estantes estaban cubiertos con mantas blancas llenas de polvo y las cajas con mercancía estaban regadas por todo el lugar. No parecía que alguien hubiera estado ahí por un buen tiempo. Ichigo se asomó a la oficina y prácticamente registró todo el lugar sin encontrar a nadie. Incluso se fijó en el sótano de entrenamiento.
-No hay nadie aquí –exclamó frustrado.
Isshin suspiró y revisó la tienda por su cuenta mientras Ichigo permanecía de pie en medio de los estantes con la mirada perdida y las manos empuñadas.
-Ichigo, no sé...
-¿Quién anda ahí? –exclamó una voz desde la puerta.
Ichigo giró la cabeza y se encontró con una mujer delgada y pequeña. Sus ojos verdes eran lo único visible en su cara, pues llevaba una máscara que le cubría la boca y la nariz. Ichigo percibió su reiatsu y se dio cuenta de que era una shinigami. Reconoció la insignia del Segundo Escuadrón en su brazo, pertenecía a la división de Soi Fong, era uno de sus asesinos de élite. ¿Qué estaba haciendo en la tienda de Urahara?
-Soy Isshin Kurosaki y éste es mi hijo Ichigo, seguramente has oído hablar de nosotros –explicó Isshin con calma.
-Creo que es nueva en el escuadrón, pero sin duda yo sé quiénes son ustedes –exclamó una voz detrás de la shinigami enmascarada.
-Akon –saludó Isshin dándole una palmada en la espalda al científico cuando se acercó. Se veía tan demacrado como siempre, lo cual seguramente era una buena señal.
-Qué bueno que los encontramos aquí. El capitán Kurotsuchi me mandó a buscar a Kisuke Urahara, pero mi compañera tiene un reporte para Ichigo. Es sobre Rukia Kuchiki.
-¿La encontraron? –preguntó Ichigo esperanzado.
-No –respondió la shinigami-. El Capitán Comandante Shunsui Kyoraku movilizó a los capitanes para reunir información sobre los Onis y analizar las zonas donde la joven Kuchiki fue vista por última vez. Las órdenes específicas son que esperes indicaciones y no trates de buscarla por tu cuenta.
Ichigo resopló. ¿En serio era tan predecible?
-¿Está Urahara Kisuke en casa? –preguntó Akon mirando a su alrededor.
-No, no hay rastro de él. Vinimos a buscarlo con la esperanza de que nos dijera algo en concreto sobre los Onis. Esperaba que ustedes supieran algo de su paradero –dijo Ichigo.
-Si hay un shinigami que sepa algo sobre los Onis que no sea lo mismo del folclor japonés, ese es Urahara –explicó Akon-. El capitán Kurotsuchi encontró este pergamino entre sus archivos.
Akon le entregó el pergamino a Isshin y esperó con calma a que lo leyeran. Era básicamente la entrada de un diario que llevaba en sus días como capitán del Doceavo Escuadrón. En él hablaba sobre un encuentro fortuito con un hombre llamado Andras hacía poco más de cien años. Según sus apuntes, los cuales eran bastante intermitentes, hablaba sobre el azufre, la fuerza extraordinaria que tenían y otras cuantas palabras aisladas que sólo tenían sentido para el que las había escrito. Entre ellas figuraban "legión", "hielo" y "Ostium". La primera y la tercera no le decían nada a Ichigo, pero la segunda le remitió a los poderes de la zanpakutou de Rukia. Si aquello no estaba relacionado con la desaparición de la shinigami entonces era un caso perdido.
-No lo entiendo, ¿qué significa esto? –preguntó Ichigo.
-No sabemos –respondió Akon-. Esperábamos que Urahara nos dijera algo al respecto, pero si no sabemos su paradero...
-¿Es posible que Urahara-san haya peleado con este Oni en el pasado? Este tal... ¿Andras?
Nombre raro para un demonio, pensó Ichigo.
-Nuevamente, no lo sabemos –repitió apenado Akon. Quería responder afirmativamente las preguntas que le hacían, pero estaba tan confundido como sus interlocutores.
-¿Qué hay de Yoruichi? –Preguntó Isshin-. ¿Saben algo en el clan Shihouin?
-La última vez que la vimos fue en la guerra, al igual que a Urahara. Suponemos que están juntos, pero el escáner no ha podido mostrar su paradero. Me temo que sin más pistas no podremos encontrarlos. Ni siquiera Kuukaku Shiba ha oído de ella.
-Papá, ¿qué vamos a hacer? –la desesperación era notable en la voz de Ichigo. Akon lo miró con cautela, pues estaba al tanto del carácter explosivo del joven shinigami.
-Reunir toda la ayuda que sea necesaria para encontrar a Urahara y a Yoruichi. Me temo que ellos son la clave para encontrar a Rukia y seguramente también para ganar esta guerra aún no declarada.
Ichigo asintió. Se le ocurrían algunas personas, antiguos aliados potenciales, que podían ser de utilidad y que seguramente estarían dispuestos a brindarles su ayuda.
Continuará...
