Dragon Ball obviamente no me pertenece.

My only girl

Videl estaba de visita en casa de Gohan como ya era costumbre. Cenaban a gusto todos juntos en familia. Porque Videl ya era parte de ellos. Aunque su relación con Gohan no fuera nada clara aún.

—Videl, me alegra tanto tenerte aquí—le dijo Chichi quién ahora ya no la odiaba por intentar quitarle a su hijo.

—Gracias—le dijo ella.

—Estoy esperando con ansias tu boda con Gohan.

El susodicho escupió todo el jugo que estaba tomando en la cara de su hermanito.

— ¡¿Qué?!—gritó asustado.

—Es muy pronto para eso—admitió Videl avergonzada.

— ¿Por qué?—preguntó Goku con un gran trozo de carne en la boca.

—Goku y yo nos casamos jóvenes—recordó felizmente Chichi.

—Además a Gohan le gustas, ¿no? Por algo cuando le ofrecí al supremo Kaio-sama que aceptarías una cita con él, se enojó muchísimo conmigo—Goku hablaba y hablaba a la vez que tragaba y tragaba.

— ¡Papá!

—Es cierto—agregó Chichi—cuando fuimos comidos por Majin Boo, Videl fue la única que aseguraba que Gohan estaba vivo.

—Entonces, a Videl también le gusta mi hermano—agregó el joven Son después de limpiarse el jugo de la cara.

—Déjenos—gritó Gohan y tomó a Videl de la mano, echándose a volar con ella.

Se alejaron solo un poco de la casa para poder hablar.

—No les hagas caso, Videl—Gohan no sabía cómo arreglar todo ese asunto.

— ¿Por qué?—el tono de voz de Videl angustió a Gohan, no era su voz habitual, había un dejo de tristeza y enojo— ¿acaso mienten? Yo no te gusto, lo sé.

Unas lágrimas traicioneras intentaron desbordarse de los ojos de la chica, pero logró contenerlas. No quería demostrar sus inestables sentimientos.

— ¡No quise decir eso, Videl!

— ¡¿Y entonces, qué?!

Gohan se quedó callado, mirándola seriamente, pensando en cómo debía decirle algo tan importante. Pero al final de cuentas, se percató de que no podría hacerlo.

— ¡No me hagas decirlo!

— ¡Dilo!—se quejó la joven— ¡dímelo Gohan!

— ¡Me gustas!—gritó totalmente rojo de la vergüenza— ¿contenta? ¡Ya lo dije!

La chica sonrió totalmente llena de felicidad.

—Tú también me gustas, Gohan.

Se acercó a él, poniéndose de puntitas y lo besó.

Las mujeres que permanecen siempre al lado de los saiyajines son las mejores. Y Videl era una de ellas.