DISCLAIMER: Yuri On Ice no me pertenece.

ADVERTENCIA: OCC(?), Errores ortográficos y un pequeño Flashback.

Dedicado a todos aquellos que leyeron conmigo, porque hoy compañeros, nuestra vida es eterna.

Final.


Viktor alzó la mirada al techo, acariciando su piano, y he ahí la penumbra, que lo alimenta, lo camufla, lo lleva a su hogar.

—Por fin, amor mío, el clímax se acerca.

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Aeternam

¡Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,

No en el carro de Baco y con sus leopardos,

Sino en las invisibles alas.

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Te escucho — dijo el demonio posando su mano sobre la frágil cabeza —. Soy todo oído, señor Katsuki.

Se cubrió la boca, conteniendo las lágrimas, y alzó la desamparada mirada hacia los ojos azules que le contemplaban atentamente, que acariciaban sus cabellos negros prontamente canos por la vejez.

No fue capaz de pronunciar alguna palabra coherente, la cobardía se metía debajo de su piel como agujas, mientras que la gran garra de la bestia apretando su cabeza suavemente, se hacía más pesada.

No tengo mucho tiempo, y temo decirte que no quiere irme sin haber ganado algo.

Sucumbió al miedo, y apartó la cabeza vomitando sus entrañas con los ojos salinos, pero el demonio seguía esperando paciente, a su llamado

Lo espero sentado en su sillón de cuero rojo, y jalo los hilos que colgaban de el con actitud desdeñosa enterrando las afiladas uñas en cada ataque de intolerancia, hasta que el humano elevó su cabeza y con su aliento nauseabundo, exclamara:

N-N-Necesito su ayuda…

Siguió jugando con los hilos torciendo un poco la boca, y se acarició su cabello delicadamente, mirándose las puntas aburrido.

¡P-P-Por favor!

Como el ganado a punto de ser ejecutado, el cerdo se postró a sus pies mostrando docilidad, y lloro sangre mirando sus helados pies descalzos que apenas y tocaban el suelo.

El demonio ladeo la cabeza, suspirando desde el fondo de su pecho, y alzó el pie pisando su cabeza hasta que la frente tocara el filo del piso.

¿Ser el mejor del mundo eh?

Se lamió los labios con un destellante brillo malicioso en sus ojos, y contempló el piano en medio de la sala oliendo la frustración del hombre al que pisoteaba risueñamente

Eso es muy codicioso…pero no imposible

Elevo el pie, contemplando el sol que se trenzaba por los vidrios del techo , y luego miró su sombra por un instante, el hombre asustando por la aberración que cometía, el demonio fascinado por su forma humana , su belleza andrógina.

Haremos un trato.

Katsuki aventó los nervios a un lado, y mirándolo con un brillo de esperanza, comenzó a temblar con los labios ensangrentados mientras que se lamio los dientes manchados de sangre

Tu familia; tu hija, su esposo, sus hijos...sus vidas —Abrió la palma — A cambio de tu prestigio, fama, poder… riqueza — Abrió la otra —. Tendrás todo…pero a la vez nada, ¿Qué eliges?

Sintió que perdía su tiempo cuando pregunto aquello, pues el hombre no lo pensó dos veces, y emborrachado por sus propias ilusiones, tomó la mano que le correspondía y agacho la cabeza sonriendo.

¿Sabías que tu hija… está embarazada? — Katsuki levantó la mirada con la quijada trémula — Es una pena.

Juntó las manos, apretando la del azabache contra la suya, y enterró las uñas en sus carnes sin piedad haciendo correr la sangre, luego tomó una de las hojas que estaban esparcidas en el suelo, y la mancho de poniente a naciente haciendo aparecer las letras que sellarían el trato.

Contractus daemonibus

Si lo firmas…lo tendrás todo — Al ver la vacilación en sus ojos, prosiguió — Pero si no…

El silencio fue su mejor frase, pues solo contemplo el piano. Katsuki, sin un pelo en la lengua, se tragó el nudo y deslizó con su dedo, la sangre que olía a hierro y se esparcía, hasta el final con su nombre.

Cuida el contrato, llévatelo a la tumba.

El hombre lo agarró apretándose la herida, y el demonio suspiro balanceando su cabello.

Esto será muy interesante.

Levantó la cabeza, mirando el techo de su nuevo hogar, y se llevó por inercia un dedo a la boca, probando la sangre

¡Ugh! ¡Qué asco!

Katsuki quedó perplejo ante sus facciones de repelús y tragó saliva, el demonio de ojos azules, también era muy interesante.

Oh, se me olvidaba

Estiró su mano, sin titubeos, y sonrió siniestramente mostrando el filo de todos sus dientes.

Te ayudará a alcanzar la cima, pero yo también disfrutaré un poco de esto.

Además de todo, siempre, siempre buscaba diversión.

¿No cierto…Viktor?


Había pasado un tiempo, desde que sentía algo humano en él, por no decir millones de años, en donde no recordaba lo que era el cosquilleo de la piel al ser tocado por una persona, o el latido frenético del corazón al ser observado por alguien, no había vestigios de eso en sus recuerdos, nada, nada que pudiera confirmarlo sus sentimientos.

Pero eso no importaba, pues aún seguía ahí, aun cuando conservaba esa forma, burlándose de los incrédulos que no adivinaban su sexo, empezando a jugar al aprendiz, vigilando a su presa por un largo tiempo, regodeándose de toda la admiración y veneración que tenían todos hacia su música, encontrándolo más como una pequeña distracción solamente para no aburrirse, pero cansándose de que el contrato llevase tanto tiempo también.

Y por eso, cuando su rutina comenzó a ser la misma, y aquella pelirroja dio indicios de querer indagar un poco en su vida, descubrió que se estaba exasperando él mismo en su miseria y en lo que había escogido.

Estaba harto, harto de la monótona vida de los humanos, no había nada fascinante, nada que le resultara exultante, eran hombres vacíos, sin una pizca de humanidad, disfrazados de demonios bajo cuellos blancos y sombreros de copa, inocuos, pero irritantes, y Viktor, con un hombre de apellido Katsuki que le huía en su propia casa, y una entrometida muchacha de ojos azules, ya no deseaba seguir el juego.

Podía acabar con la vida de ese hombre con un jalón de la cuerda y volver a su morada oscura, eterna, con un canino de nombre Makkachin que era simplemente el reflejo de su soledad, pero, irónicamente, aquel que no creía en ángeles, se encontró con uno, pequeño, de piel nívea, e inocente.

Te presento a mi nieto, Yuuri Katsuki, Yuuri, este es Viktor Nikiforov, Mi aprendiz

Era muy frágil, muy delgado, muy vulnerable…tan indefenso y bueno, con una aurora en la cabeza, unas alas blancas en la espalda, ojos alazanes y anteojos azules…una ternura.

Estiró los labios extendiéndose una mano hacia la suya, pero la piel le cosquilleo al contacto y el corazón le latió en la primera mirada; era él.

La rutina empezó a desvanecerse, el aburrimiento a disiparse, había encontrado algo nuevo en lo que distraerse…

El gusto es mío, Yuuri. Puedes llamarme Vitya si lo deseas.

Yuuri, Yuuri Katsuki, un niño arropado por inmaculadas sábanas, sin una mancha en su piel, con un destino dictado desde antes de nacer…aquella hermosa creación, tocaba su mano, la mano del monstruo con garras afiladas, incrédulo de la oscuridad que lo rodeaba…y era simplemente fascinante, para sus lujuriosos ojos.

E-E-El gusto t-también e-es mío…

Jadeo, ensanchando su sonrisa, y oculto su sonrojo hábilmente excitado, lindo, lindo Yuuri.


La relación de un mes, empezó a pesarme por completo, los ojitos cobrizos que me despertaban en la mañana, empezaron a calarme en los huesos, Yuuri, empezó a meterse en mi corazón lentamente.

No era lo que aparentaba, porque incluso en uno de nuestros encuentros, había visto el prodigio que era, lo talentoso que llegaría a ser en el futuro, me fascinaba la idea de verlo triunfar, de verlo feliz tocando el piano, disfrutando del don que se le había otorgado…pero luego recordaba su destino, y bajaba la cabeza decepcionado dándome golpes de pecho por el cruel final.

Pero no acaba ahí, porque comencé a estimarlo, empecé a buscarlo, acostumbrado a su presencia, las cosas comenzaron a tonarse de manera diferente, el niño que solamente quería mirar, ahora me incitaba a tocar, a probar, una relación más allá de maestro, amigos, hermanos…

Un amante.

Me torture horas, a solas, en un cuarto ante la luna purpurea , que los sentimientos que incipientemente aparecían en mi pecho estaban mal, porque además de haber algo de amor…algo de cariño y compresión…había egoísmo, sí, lo quería todo, codiciosamente, todo.

Tenía caprichos, me divertía con las vidas humanas que siempre acababan en mis manos, pero nunca me había prendado de alguien, de un niño, de carne y hueso, que llora a moco tendido cuando tiene miedo o se moja en la cama por las pesadillas, no había y no existía ningún antecedente…entonces ¿Por qué?

La condena estaba dada… y sin saber cómo deshacerla, eso noche, me escabullí hasta el comedor cerca de la chimenea y angustiado me pregunte ¿Que haría? Yuuri moriría con sus padres según el contrato, y a pesar de que era yo el que les otorgaba las muerte, no había recesión en el contrato.

Pensé que estaría solo, que podría aprovechar esta situación para comprender que nada se podía hacer, sin embargo, el niño me buscaba inoportunamente cuando menos lo deseaba, y por dentro, me hacía sentir cosas que me llevaban al borde de la locura; escucharlo vivir, para mí, era la peor tortura, verlo sonreír, para mí, significaba un revoltijo en mi estómago que siempre llegaba hasta la boca como mariposas ardientes …verlo a mi lado, conmigo, amándome infantilmente, para mí, era como la perdición misma.

Me había condenado, encerrado en su pureza mórbida…pero yo ya me había acostumbrando, y estaba deseando, efusivamente, que todo aquello recayera en mí, solo en mí, que lo único para él, viera fuera yo.

Sería su ídolo, por siempre.

Suspiré, sabiendo que tampoco me conformaba con ser solo eso, y sonreí al verlo observando, entonces, antes de que se fuera, lo atraje arropándolo entre mis brazos en ese paisaje nocturno y caí, otra vez.

En las noches me gusta pensar, así que no duermo casi.

Lo cuide de los truenos, cantándole una nana, y él debió de pensar que parecía un caballero protegiéndolo de los monstruos, me fue irónico, y agradecí enormemente que ya estuviera dormido cuando las sombras acusadoras empezaban a aparecer.

Las garras y los cuernos, incluso ante la luz, no eran ocultados.

Acaricie su rostro lozano, la uña raspando con suavidad su piel, y acune su rostro delicadamente tratándolo como lo que era, frágil, pequeño, vulnerable.

Y mío, mío…

Los truenos seguían resonando aun cuando yo ya no los había desoído, porque lo único que escuchaba, en toda la estancia, eran sus latidos calmados entre mis brazos.


En la despedida, cuando yo ya me había decidido, cuando ya había aceptado mis sentimientos y era hora de que él partiera, renuncie a todo…si al final lo tendría a él para mí, entonces no me importaba nada.

Me preparé, arrodillándome para limpiarle las lágrimas, deseándole un feliz viaje, dibujando sus labios solo un poco, para darle el ultimo toque, el beso, furtivo, muy fugaz, pero lo suficiente para sentenciarlo.

Sonreí, sintiendo como el pacto que había sellado con el beso se hacía presente en mi cuerpo, lo dije…renunciaría a todo.

Valía la pena, pues mi ángel, mi ángel sería eterno.

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Bajo su mirada negra, aún más vacía que antes, y miro el cráneo cubriéndose la boca, el contrato, su vida, su familia, su abuelo; un engaño. Se tocó el pecho asfixiado, las lágrimas ahogándolo, mientras que caían en picada sobre el papel.

¡Mi abuelo es el mejor! Es todo un prodigio

Gimió, en voz baja y acorrucándose en la madera fría del ataúd, le palpitaban los ojos de tanto sollozar pero no podía evitar sentir, aun en su destruido pecho, la tristeza que inundaba todo lo había traído saber aquello…tal vez no estaba muerto, pero si por dentro.

Desde un principio…desde un principio todo estaba mal.

— ¡Maldición…!

Siempre pensó que la muerte de sus padres había sido algo que no se podía evitar, incluso la de su hermana ahora, la había aceptado rápidamente porque no era algo que pudiese arreglar…sin embargo, saber que todo había sido, solamente por una deseo egoísta y ambicioso, le hacía hervir la sangre en cólera, furia que se supone ya no existía

Pero…pero ya no había nada que hacer…la furia se transformó rápidamente en tristeza, y su corazón comenzó a latir a un nivel desenfrenado suplicando por un descanso, ya no deseaba más dolor, haber sido condenado desde un principio era agotador, porque eso significaba que nunca, ni siquiera, tuvo esperanza.

Su vida había sido un juego…Yuuri Katsuki había sido una farsa, toda la vida.

Makkachin se acercó curioso, chillando de dolor, y le levantó el mentón con su hocico lamiéndole las lágrimas saladas que salían sin parar

Algún día seré tan grande y famoso como el abuelo…

Sollozo un rato, cubriéndose los ojos irritados y sorbiéndose la nariz a cada tanto, luego se aliso su cabello desordenado y no dejo de hipar hasta que oyó a las afuera un ruido extraño, su mente seguía varada en la escritura del contrato, pero no podía quedarse ahí, al lado del muerto que comenzaba a repudiar, todo el día.

Recogió sus gafas que habían caído al suelo y cubrió el ataúd con su tapa apretándose los parpados con fuerza, luego Makkachin ladro en lo que parecía un aullido de felicidad, pero solamente pudo callarlo cuando lo volteo a ver

No estaba bien, no es como si el dolor desapareciera tan rápido.

Miro una última vez el cuarto, viéndose en un pedazo de espejo roto en el suelo y sonrió, no, la sonrisa no era la misma, eso era una mueca de desesperanza.

Término por agarrar el asidero, mirando un punto ciego del suelo, y no fue hasta que abrió la puerta que contempló el arma apuntando su cabeza.

— ¡Quieto ahí señor Katsuki!


El silencio era palpable, pero también relajante y tranquilo, la estancia estaba fría, pero un cuerpo entre sábanas yacía caliente. Yuri estaba acurrucado cómodamente, dormitando ya en el quinto sueño, con la saliva escurriendo de su barbilla, el cabello rubio perdido entre la blanca almohada, demasiado inconsciente del panorama que hacia afuera.

Sin embargo, la satisfacción le duró poco, una ráfaga de viento oscura le prendió la luz rápidamente, y en un momento, el movimiento vertiginoso lo despertó alertado.

— ¡Pero qué demonios…!

El blondo levantó la cabeza enmarañada encontrando a Otabek, el pelinegro veía a la puerta nerviosamente, así que solo bostezo frotándose un ojo consternado.

— ¿Qué pas-

—Shhh…

Enarco la ceja mirando la mano que tapaba su boca y alzo la vista encontrando al azabache aún más angustiado de lo que estaba en un principio, sus nervios y el creciente miedo comenzó a contagiársele, y la intemperancia entre los dos se volvió demasiado tangible como para ignorarla

—Encontré los cuerpos, Yuri.

El ojiverde se quedó helado, comprendiendo lo grave de la situación, y asintió despacio dándole paso a que Altin lo soltara lentamente.

—Entre a su cuarto y…— Mascullo el pelinegro inquietamente— Ahí estaban, enterrados bajo el balcón, dos cuerpos inertes.

Comenzó a hiperventilar, pero se calmó al instante, estaban entrenados para esto, no debía de temer, no debía dejar que el miedo o el terror lo controlase.

—No me costó mucho…baje apenas lo vi y con una pala desenterré y quite toda la tierra…

Plisetsky vio intrigado como Otabek se cubría los labios cerrando los ojos pesadamente, su cara pintada de asco, casi como si el olor nauseabundo le estuviera lamiendo la nariz, le hizo apartar la mirada rápidamente

— Efectivamente, Yuko y Takeshi Nishigori, uno al lado del otro...

Se levantó de la cama buscando sus ropas, pero detuvo todo movimiento al ver las facciones endurecidas de su acompañante, su semblante se tornó fulminante, mientras que apretaba con fuerza sus puños

—Ese maldito piensa que esto una jodida broma…los dos juntos, uno al lado del otro…con las manos unidas…¡¿Es esto todo a propósito?! ¡Maldito estúpido!

Quería pensar que era otra espuria, pero al ver como pateaba una silla con fuerza, colérico y aterrorizado a la misma vez, lo confirmo. Trago saliva pesadamente recordando el rostro del sospechoso, o mejor dicho culpable, y un escalofrío le recorrió toda la espalda

¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Ese hombre había perdido su humanidad hace mucho tiempo.

—Cálmate, regularmente soy yo el que se sale de control, no tú

Se sintió raro ser él el que lo regañara, pero sabía que el azabache no se sentiría agraviado por su actitud

—Él sigue aquí, y lo más probable es todavía no se haya dado cuenta de que sabemos todo… Entonces…¿Cuál es el plan?

Suspiro aplastando sus sentimientos, y llevó las manos lentamente hasta su cinturón tocando el arma que con tanto recelo había estado escondiendo desde su llegada hasta ahí, luego la asió entre sus manos por un momento, y Yuri, que todavía no podía apaciguar los nervios de su pecho, se asomó por la ventana pegando los dedos en el frío vidrio.

—Está nevando.


El alba empezó a desaparecer más temprano de lo común, aprovechando la estación fría y recordándole, irremediablemente, su llegada hasta ahí.

Trago saliva, alzando los brazos mientras que contemplaba los ojos encolerizados que iban en su dirección, sin embargo, no pudo hacerse cargo de esos sentimientos; una parte de la culpa no era suya, pero la otra, que sí le pertenecía, y estaba grabada en sus manos de hierro, podía aceptarla.

— ¡No se mueva!

Se quedó petrificado, con la mirada fija en el cañón que le apuntaban en todo el centro de sus cejas, y de soslayo, jadeando mínimamente, busco a Makkachin.

— ¡Le dije que no se mueva!

Tembló de pies a cabeza sintiendo el corazón errático y bajo la mirada mordiéndose la lengua.

Makkachin había desaparecido.

No tenía más lágrimas que derramar, y prefirió ocultar su rostro antes de que vieran su inminente derrota, aunque aun así, tuviera que mantener sus brazos arriba como si dijera "Soy inocente…"

—Yuri, las esposas.

Cerro fuertemente los parpados, esperando que apresaran sus muñecas, pero un pequeño y mínimo presentimiento, antes del final, le hice alzar la cabeza

No es mi culpa…

Es tuya.

Viktor sonrió, mirándolo jocosamente detrás de los policías, mientras que fanfarroneaba sobre su pedestal de inocentes.

— ¡TÚ…!

La locura lo abrazo, estremeció cada fibra de su ser, como alimentado por la ginebra, la furia se apoderó de su cabeza.

— ¡TÚ ERES EL MALDITO CULPABLE!

Los oficiales temblaron ante aquel clamor ronco, pero el brazo trémulo que tenía el arma se alzó más pegándose a la cien del azabache

— ¡SI TU NO HUBIERAS LLEGADO A MI MALDITA VIDA, NADA DE ESTO HUBIERA PASADO…! ¡TÚ…BASTARDO!

Yuri se atrevió a mirar detrás suyo, consternado de tal emanación de la peste que sentía Yuuri , sin embargo, cuando sus ojos pudieron enfocarse ante el insoportable miedo, no vio nada.

— ¡Maldito…maldito!

Agobiado por tal tormentoso sentimiento, Otabek se cansó de vacilar y entre ceja y ceja, apuntó.

—E-E-Espere yo-

Miro hacia arriba, encerrando los demonios dentro de sí, y se estremeció cuando sintió como las lágrimas gordas corrían por sus mejillas desabridas.

—Po-P-Por favor…

Cerró los párpados, como si cada gota fuera el desamparo que sentía hora, y escucho el gatillo desplomándose en suelo cuando todo terminó.

— ¿Y-Yuri?

Abrió los ojos confundido, tocándose la frente que todavía no tenía un agujero, y buscar sus anteojos boquiabiertos.

— ¡¿Q-Q-Que haces? ¡Oye, idiota!

Miro de reojo la bala que había caído al suelo, y elevó la cabeza contemplando la escena. Plisetsky lo empujo antes de que disparara, agarro el arma con fuerza aun cuando la tenía en sus manos, y se la apuntó en la frente, sin titubear.

— ¡Esto no es un juego! ¡Oye, estu-

Palideció, tan lívido como un cadáver, y los ojos azules resplandecieron en el cuerpo del rubio mientras que la sonrisa fría se abría paso entre sus labios.

— ¡NO! ¡Por favor!

Forcejeo, con la fuerza necesaria para derribar a 5 hombres, pero el rubio no se inmuto, y tocando el gatillo, ensanchó su sonrisa al ver las lágrimas cristalinas en los ojos grises del oficial.

— Por favor…no él.

Los luceros índigos vieron el sufrimiento, parecieron aplacarse ante el martirio, pero antes de que el atisbo de esperanza apareciera, el rubio cerró los ojos.

— ¡E-E-Espera!

Escucho un bramido, y se cubrió los oídos cuando el gatillo fue presionado. La cabeza le daba vueltas, el vértigo lo llevaba a encogerse en el suelo, la migraña le hacía estragos en todo su ser.

Vio un cuerpo tirado en el piso, aun cuando todo era borroso, y la sangre esparcida en él, solo hicieron que sus manos de hierro cosquillearan también.

—No…no puede ser…

Se sobo las cienes levantándose con un brazo y se apoyó en una pared agotado, el cuerpo abatido de un ente pelinegro y el cadáver de un rubio tirado en el suelo, solo le confirmaron lo inevitable.

Estaba bien, estaba bien con la infelicidad de las demás personas.

Cuando Otabek volteo a verlo, más vacío que los floreros que decoraban la casa, sintió un pequeño cosquilleo en el pecho, sí, así se sentía, ser destruido por completo.

—Imbécil…eres un Imbécil…

Inclino la barbilla al escuchar el click, y sus ojos se abrieron presurosos cuando el gatillo fue disparado.

—Todo es tu culpa…

Sentía que le habían robado las palabras de la boca, pero solo alcanzo a vociferar de agonía mientras que se tomaba el brazo, el ardor intenso que empezó a recorrer su cuerpo se incrementó en todas su extremidades quemándole totalmente.

—Muere…muere hijo de puta…

Reparó en la sangre caliente que salía de su cuerpo, y observó como manchaba todo a su paso, mientras que dos ojos, juzgandolo, culpandolo, lo miraban desde arriba con un profundo odio.

Si de algo temió todo este tiempo, es que alguien lo viera así, lo repudiara así…si de algo temió todo el tiempo…fue ser recordado como un asesino.

Ya los sollozos no ablandarían el corazón del oficial, sus lamentos y gritos agudos no se escucharían por ningún lugar, era hora de darle silencio.

El inminente final se acercó, mientras que se ahogaba entre sus mocos y lágrimas, exclamando un grito de auxilio, aun cuando el disparo ensordeció sus lamentos.

Sus oídos comenzaron a zumbar, explotando su tímpano sin misericordia, y no escucho nada por segundos, en donde agradeció eternamente por lo menos, ver lo que sucedió luego.

El cuerpo del oficial se desplomó… por su propia mano.

Frunció el ceño sin fuerzas para mantener los párpados abiertos, y encontró como último recuerdo en aquel hombre, sus ojos azules que pronto se volvieron grises.


Un escalofrío lo trajo de vuelta, como en un sube y baja en donde cada vez se ausentaba más…Había estado inconsciente, pero no sabía desde cuándo.

Abrió la boca para decir algo, pero brotó primero un gruñido antes que una palabra, tenía la garganta seca, raspando como lija, y solo pudo acariciarse la piel sintiéndola fría.

—No…

Elevo sus ojos, pesados, ofuscados, y tuvo que abrirlos un poco por la sorpresa, aun sin creérselo.

Estaba enfrente del portón de su mansión, la puerta abierta de par en par, la escarcha blanca pintando la entrada, como plumas de ave blanca, copos nítidos y tiernos, amontonados en la salida que rozaba su nariz, que rozaba su pelo azabache, que rozaba la libertad…

Jadeo, sintiendo que los mínimos rayos de sol lo empezaban a iluminar, y boqueo trémulamente con los párpados hinchados, palpitantes y agobiados de tanto dolor.

—Por fin…

Se enderezo, o hizo el intento, tocándose el brazo, sintiendo el charco de sangre como lo unico caliente que mojaba sus ropas, lo pintaba de hierro, y utilizó su brazo bueno, desesperado de mantener la luz esparcida en sus pupilas, hasta comenzar a arrastrarse hacia afuera, con la esperanza de que el mar níveo lo tocara como finas agujas, metidas en toda su piel.

….Su único deseo, aun cuando sonara egoísta, era no morir ahí. Lo sabía, y no había que llorar por sus desgracias ya, moriría, si no de hipotermia, tal vez por el desangrado, pero al fin y al cabo, se despediría de todo, de todos, de lo que alguna vez fue, de lo que no, y de sus malos y buenos recuerdos.

Por eso, su único pensamiento, ya sembrado en toda su cabeza, emprendió vuelo. Se veía miserable, arrastrándose por lo que alguna fue su camino apedreado, pero aun cuando su respiración se hacía pesada, y la visión borrosa, debía seguir hasta salir.

Cielo azul, pájaros blancos, árboles escarchados…no moriría en su jaula, en sus cadenas, no…

—L-L-La salida…

Su pecho empezaba a doler, la brisa gélida le calcinaba los pulmones, le quemaba la garganta, era abrasador, el dolor, la sensación, pero…pero la verja estaba cerca…

—L-L-La salida…

Estiró el brazo, viendo su vaporoso aliento, y de soslayo el manantial incontenible de sangre deslumbró entre la nieve maldita que desdichada escuchaba los pasos a su alrededor.

—Oh Yuuri…

El dedo toco el barrote de metal, pero una mano cálida sostuvo sus falanges alejándolo por completo.

—N-No…

La mano cálida se volvió un cuerpo acogedor, luego el sabor de libertad en un jarabe amargo; Yuuri había olvidado, que sus cadenas eran demasiados pesadas, como para escapar.


Titiló, mientras que Viktor lo sentía lánguido y frágil, con los ojos rojizos de tanto llorar, los labios insípidos y agrietados, el cabello azabache adornado de plumas blancas, y la ropa manchada de sangre.

—Yuuri, el aire glacial no funciona como cauterio.

Sus dientes castañeaban, mientras que el vaho mórbido empezaba a empapar su cuerpo, sentía que cada gota de sangre que caía era su alma, y que su cuerpo empezaba a entumecerse preparándose para la inmovilidad eterna.

— ¿P-P-P-Por qué…?

No tenía fuerzas para levantar los párpados siquiera, pero tomando la última voluntad de su cuerpo, alzo una mano tomándolo del cuello de su camisa, tangible, lo podía sentir…la vida latiendo en Viktor.

—Hay muchos "¿por qué?", Yuuri,

Murmuró, llevándolo a la entrada de la mansión, arrodillándose en frente de las escaleras , aun cuando su único deseo había sido no quedarse ahí, en la jaula.

¿Es que ni eso…se podía cumplir?

—Pero puedo resumirlo todo si deseas.

Sintió el metálico sabor de la sangre en la boca, y descubrió que el disparo que le habían dado, había sido en una arteria en su brazo.

— Dime ¿Cuántas personas murieron por ti?

No tuvo que responder, la mirada le bastó para decirle todo.

— ¿Recuerdas ese íntimo beso que compartimos de despedida?

Entrecerró los ojos, con la quijada temblando y la nieve empapándole las pestañas, sí, lo recordaba perfectamente.

— A cambio de que vivieras por más tiempo… de que volvieras a mi lado, yo hice otro contrato, selle el pacto con el beso y entonces dije:

"Cuando el inocente ángel tenga las manos escarlatas, el demonio volverá a su verdadera forma, seré tan palpable y cálido como en antaño, y dejara aquella fachada falsa…"

— Porque dime Yuuri… ¿Desde cuándo los fantasmas tienen garras? — No pudo responderle, la rabia podía consumirlo pero…no sentía nada. — Me la jugué toda, renuncie a todo…siempre supe que volverías, siempre supe que dentro de ti…no había más que sórdidos sentimientos.

Desvió la mirada con la lentitud de un muerto que todavía no quiere irse, ya no podía, era un ángel caído.

—No llores…

Le limpio la lágrima solitaria que rodaba por su mejilla y acunó sus mejillas frías besándole con fulgurosa pasión, le lleno los labios con saliva, saboreando el hierro, el hielo, el bocado de la muerte.

—Ahora que soy eterno... Tú también lo serás.

No pudo sentir su calidez por un largo rato, todo se hizo silencioso, mudo, pero su visión negra entreabrió la oreja que se pegaba a pecho, que escuchaba sus latidos, el sonido de que seguía vivo.

—Es una pena…tu corazón ya no me arrullara en las noches.

Elevo las pupilas, hacia el crepúsculo que le mostraba la puerta, y entre las nubes ponzoñas que surcaban el cielo índigo, los labios cálidos le robaron el último suspiro mientras que lo contemplaba.

—Te amo, Yuuri.

Deseo verlo un poco más, porque aquel cielo azul, nunca lo podría tocar.


Gracias por leer.

Próximo capítulo: Epílogo.

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