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Para ser honesta en los meses que siguieron a la perdida de Henry yo me convertí en un desastre. Detestaba las miradas de compasión que me daban en la ciudad, los susurros a mi espalda, estaba harta; y si la gente quería hablar bien podría darles lo que querían. Esa misma noche me puse un vestido negro que dejaba poco a la imaginación y antes de salir tome whisky en busca de valor líquido. Fui a la Madriguera del Conejo, me encontré con Whale, el doctor de la ciudad, quien se convirtió rápidamente en mi compañero de copas y pudo haberse metido en mi cama de no ser porque terminábamos tan borrachos que era imposible hacer cualquier otra cosa.

Durante meses en la noche bebía hasta perder el conocimiento y por las mañanas vaciaba el resto de la botella en el café caliente. Para la comida y el almuerzo una copa de vino se convirtió rápidamente en la botella entera, en ocasiones más. En todo ese tiempo lo único que recibía eran las amables ofertas de llamar un taxi para llevarme a casa. Aprendí rápidamente el número de tragos que debía consumir para soportar una junta del trabajo. El alcohol era lo único que embotaba el dolor que sentía por haber perdido a mi hijo. El problema con el alcohol pudo haber acabado conmigo de no ser por Graham.

-Regina- me digo Whale pasando su brazo sobre mis hombros su aliento caliente me hacía cosquillas en la oreja- Traje algo para divertirnos

-¿Qué es?- le pregunte con el mayor interés

-No te lo puedo enseñar aquí… tendríamos problemas- se río estúpidamente- es un secreto

-Aun no me quiero ir- me tome de un trago del líquido frente a mí- Quiero olvidar Whale, solo quiero eso

-Yo sé- tomo mi mano y me arrastró con él fuera del bar- Esto te va ayudar te lo prometo- saco un frasco transparente y una jeringa

-Eso no es lo mío- me asuste por lo que podía pasar

-Vamos te prometo que te va ayudar- preparo la jeringa y coloco una liga en mi brazo- Va a estar bien

Termine dejando que me inyectara sin mucha resistencia, luego con la misma aguja pincho su brazo. Guardo todo y regresamos a la barra. Tras varias rondas dejé de pensar en lo que pasó en el callejón, hasta que un sentimiento tan absoluto de tristeza me embargo. Comencé a llorar y no podía parar, casi me ahogo con las bebidas que me obligue a tragar. Las cosas no estaban bien, no me sentía bien. Whale intentó consolarme pero su toque me incomodaba, estaba perdiendo el control y pronto todos se dieron cuenta. El cantinero me obligo a dejar la barra, vomite en el callejón sin que las lágrimas se detuvieran. No recuerdo haber llamado a Graham, tampoco caminar a la orilla del bosque, pero fue justo ahí donde me encontró.

-Regina, Regina- me dijo con tan preocupación que rompió mi corazón- Mírame ¿qué te pasó?

-Whale me dio algo, no me siento bien. Graham todo está mal- me reía incontrolablemente pero se mezclaba con mis lágrimas

-Déjame ver- sacó una lámpara y apunto a mis ojos, luego a los brazos, donde había inyectado Whale había un poco de sangre- Regina ¿qué hiciste?

-Sólo quería que se detuviera. Duele mucho, lo extraño mucho. Es mi hijo, pero ya no soy su madre, no lo entiendo. Graham no lo entiendo.

-Voy a cuidar de ti Regina hasta que todo esté mejor- me abrazó fuerte es lo último que recuerdo con claridad

A la mañana siguiente me desperté con el sonido de vidrio contra vidrio. Por la luz que entraba por la ventana era muy tarde, aun llevaba el mismo vestido de la noche anterior, solo estaba descalza. Seguí el ruido para encontrarme con Graham en la planta baja, metía botellas y vasos en una gran bolsa negra.

-¿Qué haces?- le pregunte furiosa

-Esto llegó muy lejos Regina- no se detuvo, no me miraba- Te voy ayudar

-No necesito la ayuda de nadie

-Estas a punto de perder tu empleo, todo el mundo habla de lo ebria que estas todos los días. Eres un desastre

-¿Y qué si lo soy? No es tu problema

-Esto llegó muy lejos- soltó la bolsa, sobresaltándome con el ruido y luego con su rudeza cuando levanto mi brazo a la altura de mis ojos- Estaba dándote tiempo para que te recuperaras, pero estas perdida- me soltó bruscamente y luego me envolvió en sus brazos- Estoy preocupado Regina, deja que te ayude

Había tanta sinceridad en sus palabras que no pude responder cuando me libero, en silencio reanudamos la limpieza. Tiramos tantas botellas que al final me sentía avergonzada.

Todo fue mucho peor antes de mejorar, no solo debía tratar con la perdida de Henry, sino que también con el alcoholismo. Tenía que salir del pueblo una vez a la semana para asistir a un grupo de AA. Dos veces a la semana veía a Archie, pero cada día debía lidiar con la perdida y la tentación. Después de dos recaídas estaba a punto de rendirme, pero Graham no lo hizo. Él mismo opto por ir a terapia. Poco tiempo después dejó de ser mi salvador y se alejó un poco para que pudiera recuperarme. Un poco de amor duro por su parte pero funciono. Finalmente salía del lugar oscuro donde me encontraba.