Ochenta y tres.

Ochenta y cuatro.

Ochenta y cinco.

Ochenta...y seis.

Ochenta y...siete.

Ochenta y...ocho.

Y...nueve...

¡Noventa!

Ya podía pasar de estocadas a flexiones.

Para tener un poco de contexto, eran las cinco de la mañana y Draco, como cada mañana de los Lunes, Miércoles, Viernes y Domingos, se encontraba en su rutina diaria de ejercicios.

Conjuró un hechizo fácil para tomar el tiempo.

70:43:07

Dos días, veintidós horas y cuarenta y tres minutos en ayuno. Una hora y diecisiete minutos para completar tres días sin comer.

Sólo...

Un...

Poco...

Más.

Treinta flexiones y un mareo terrible. Decidió terminar su rutina ahí, no quería desmayarse y que lo lleven a Poppy y que lo obligue a comer algo. No se iba a arriesgar a romper su ayuno.

No ahora.

Tan poco y tanto por seguir.

No podía ayunar mucho en Hogwarts, sus compañeros de casa le obligaban a comer la mayor parte del tiempo y Draco no quería terminar poniendo un encantamiento silenciador a su cama para dormirse llorando porque comió puré con un salteado de zanahorias, zucchinis y calabaza.

Ugh, necesitaba una ducha, desde que había empezado este viajecito con su comida el pelo de sus brazos y otros lados se había duplicado (contrario al de su cabeza) haciéndole chivar de más; no quería darse una ducha, ¿qué pasaba si el sodio del agua lo hacía engordar? No quería arriesgarse y conjuro un hechizo de limpieza sobre sí mismo. En ese momento decidió que haría una caminata hasta la Torre de Astronomía (necesitaba subir todos los escalones, quizás frenaría en la mitad para recuperar el aire perdido).

Paseaba casualmente hasta que vió el cuadro que lo llevaba a las cocinas.

Debería tomarse un té, ¿no? Sí, el té ayuda con el metabolismo. Definitivamente. Le hizo cosquillas a la pera del cuadro y entró.

Casi se cae de culo cuando entró. Toda esa comida, todos esos olores que le hacían agua la boca. El desayuno que se servía en el Gran Comedor estaba allí, a su disposición.

71:53:05

Sólo siete minutos más.

Draco se mordió el labio, golpeándose la piel del brazo con una gomita que Pansy le prestó en un momento para algo ya olvidado. No que se la vuelva a pedir, hace siglos sentía que había sido su última conversación con Pansy. Los elfos comenzaban a verlo raro. Draco aclaró su garganta.

-Podría tener un té...por favor-

-Tome asiento señor, Winky ya se lo trae- Dijo una elfina de vestido azul.

Budín de banana con nueces: 900 calorías.

Diez galletitas con chips de chocolate: 1390 calorías.

Jugo de naranja: 32 calorías por porción.

Y la lista que Draco veía seguía y seguía y waffles. Draco mordió más firmemente su labio, su panza rugió.

Siete minutos más, Draco, siete minutos más.

Waffles con crema, hmmm, crema tocando su boca y deshaciéndose en sus labios y el golpe de azúcar y la masa crocante por fuera y tan suave por dentro, hmmmmm.

-Acá tiene su té señor-

Draco inmediatamente separó sus ojos de los waffles.

-Gracias- Dijo con una voz tan ligera que podría ser un suspiro. Su panza volvió a zonar y la elfina se sonrió.

-Puede comer lo que quiera, Señor, después de todo, es el mismo desayuno que se servirá arriva.

Gordo, lo estaba llamando gordo, lo veía en la sonrisa de la elfina, quien ahora le trajo los waffles hacia él. Vaca inmunda, gordo nefasto, no te lo merecés, te merecés una panza rugiendo y mucho más pedazo de obeso.

-Un pedazo no hace mal, Señor-

-Me tengo que ir.