31 calorías. Su sopa light tenía 31 calorías. Si tomaba la mitad eran 15,5 calorías. Si le sumaba las dos rebanadas de pan que Goyle le había casi obligado a comer eran un total de 95,5 calorías. Por debajo de sus 300 permitidas y el día estaba acabando. Perfecto.
Draco salió de la Sala de los Menesteres; otro día perdido. Ugh, tenía ganas de vomitar, va, de hacerse vomitar, era un fracasado. Una única tarea en cinco meses y no podía cumplirla. Si no fuera porque estaba por debajo de las cien calorías Draco hubiera ido al baño de niñas del segundo piso a vomitar.
Y su mamá no le paraba de enviar esos chocolates con sus cartas, fingiendo que todo era como los años anteriores, no teniendo la varita al cuello todos los días esperando al fracaso final de Draco. Ya no podía ni soportar el olor. La mayor parte de las veces Draco los tiraba o los hacía desaparecer; Crabe y Goyle ya no se los aceptaban, querían que Draco los comiera, no entendían que cada vez que veía comida el estómago se le retorcía en un nudo que sabía que si algo tocaba sus labios iba a vomitar o còmo había veces que con chupar hielo con sal lo hacía sentir más vivo que volar en escoba.
Eso era otra cosa. Ya no tenía energía para volar. Entre clase y clase Draco dormía; si no en su cuarto en los pasillos, en un banco de un aula abandonada o en la misma Torre de Astronomía donde se encontraba ahora (total no se usa hasta más tarde). Draco prefería contar estrellas que dormir, sentarse sobre el barandal e inclinarse al vacío lo hacía sentir una adrenalina y un despertar de los sentidos que sólo le venían con las amenazas de Voldemort en las cartas que a veces mandaba (cosa no muy positiva que digamos).
A veces...a veces cuando estaba solo en la Torre, como ahora, se ponía a pensar en cosas que generalmente evitaba con una claridad mental casi ilógica.
Draco sabía que era perfeccionista. En sus notas, como siempre iba segundo trás Granger en todas las materias posibles; en el Quidditch, como iba veloz trás la snitch para lograr ganar el juego; y, finalmente, con su cuerpo. Draco veía cada error en sí mismo, se pelliscaba cada gramo de grasa y piel posibles para demostrarse que sí, hay más trabajo por hacer, tenía un diario donde escribía cada caloría, fotos de cuerpos esbeltos en cueros dentro de su placard, una foto suya con anotaciones en cada esquina. Drac notaba como iba trás la ilusión de ser un esqueleto, había días que notaba que era puro hueso, que decía "hoy voy a ser saludable" para terminar cara a cara con el inodoro; Draco sabía que moría un poco más cada día.
¿El problema?
Ya no le importaba.
