Cita.


Law despertó, observó el móvil, vio los mensajes de "Buenos días" y sonrió como adolescente. Respondió deseando una excelente mañana y anduvo rumbo a la ducha, con tranquilidad y una agradable sensación de calidez en el pecho.

Parecía que el tiempo volaba, parecía que los días en los que ellos no habían sido parte de su vida estaban demasiado distantes, como si todo lo anterior a ellos fuera solo un mal sueño. Miró el calendario en cuanto salió de la ducha y sonrió. «Un año.» Definitivamente sentía que el tiempo pasaba volando cuando estaba con ellos.

Estaba consciente que aquella era una fecha no oficial, porque, aunque fuera la fecha en la que estuvieron juntos por primera vez, no correspondía a la fecha de hacía cuatro meses cuando habían formalizado su relación. Pero es que, aunque lo pensará seriamente, aunque no fuera oficial, él sentía que todo había comenzado aquella noche en que le dio la mano a Zoro, lo guió por los pasillos de la mansión Donquixote, hacía su recamara, y Mihawk los había seguido, a paso lento pero firme, para estar con ellos.

Ahora vivía en un departamento en el centro de la ciudad, a cinco calles del hospital donde trabajaba. Se ahorraba el tráfico, el combustible y se mantenía en movimiento. Independizarse había sido más fácil de lo que había supuesto. Doffy era demasiado despreocupado como para que le importara el ir y venir de sus amantes en turno. No solía desarrollar ningún tipo de apego y no le importaba nada más allá de él mismo y su propio placer, así que, para cuando Law le anunció que sus encuentros furtivos llegarían a su fin porque tenia una relación, el rubio estaba demasiado ocupado con su querida en turno. La atractiva y desinhibida hija mayor de un magnate de la industria de los juguetes.

Por otro lado, Corazón sí que lo había interrogado con respecto a su relación, incluso había organizado una cena para hablar con Mihawk y Zoro acerca de las intenciones que tenían respecto a él. Había aceptado aquella cena con recelo, no sabiendo las verdaderas intenciones de su protector. Recordarlo era sumamente vergonzoso.

Tres meses atrás, en la mansión de los hermanos Donquixote…

Rocinante estaba sentado a la cabecera de la enorme mesa diseñada para más de doce personas. Law estaba sentado a su diestra, y a su siniestra estaba Zoro, con Mihawk justo al lado—. Entonces, ¿qué clase de relación están intentando tener con Law?

Acababan de servirles la sopa, así que los más jóvenes, inevitablemente comenzaron a ahogarse—. ¿¡De qué carajos estás hablando!? —bramó Law, intentando recuperar la compostura.

—Eres mi protegido —le recordó con firmeza—, y de ninguna manera voy a permitir que alguien se aproveche de ti y te rompa el corazón.

Law anheló que se lo tragara la tierra ahí mismo. Sus mejillas se pusieron de un fuerte color carmesí, y por primera vez desde que era un adulto le habría gustado llevar puesto su sombrero moteado, tan característico en sus años de instituto, para jalarlo por los costados y cubrirse el rostro hasta desaparecer.

—Nosotros jamás haríamos tal cosa —se apresuró a decir Zoro, cuyas mejillas también parecían un par de cerezas bien maduras. Miró de Rocinante a Law, y viceversa, con determinación, tratando de darle confianza al ojeroso doctor, fue tierno, pero no dio resultado.

—Tengo entendido que ustedes ya eran una pareja antes de conocer a Law —puntualizo el rubio.

—Es cierto, pero...

—Y que cuando lo conocieron fue porque tú, particularmente, querías experimentar el estilo de vida que llevó Mihawk por tantos años —puso sus ojos en el mayor de los tres miembros de aquella inusual relación por un breve segundo—. ¿Me equivoco?

El aludido lo miró de reojo mientras daba un sorbo a su copa de vino. Era el único que parecía calmado de los tres en aquel momento. Fue como un ancla de tranquilidad a la cual aferrarse mientras sentía que se hundía en un mar de vergüenza.

—No, pero...

—Entonces me vas a negar que meter a Law en tu cama solamente fue una artimaña para avivar su relación —sentenció levantando el mentón, intimidante.

—¡Por supuesto que voy a negar eso! —clamó indignado, levantándose de golpe, no dispuesto a dejarse amedrentar tan fácilmente.

El rubio también se puso de pie, manteniendo el control de aquella conversación—. Law estaba en un momento muy vulnerable entonces.

Zoro parpadeó y miró al aludido con preocupación, todo su envalentonamiento fue reducido a una expresión de desazón absoluta. Law no fue capaz de mantenerle la mirada, a esas alturas sentía que se hundía cada vez más en un pozo—. Cora, basta... —en esta ocasión sí que cubrió su cara, nunca había comentado nada de eso a Zoro o Mihawk, le avergonzaba pensar en ello, y ahora sentía que tendría que darles una explicación. La sola idea le estaba revolviendo el estómago.

El rubio lo miró con paternalismo—. Solo estoy tratando de cuidarte —se sentó—. No creo que sea tan difícil explicar qué clase de relación buscan tener contigo.

—Cuando se trata de relaciones —respondió Mihawk atrayendo la atención del padre putativo de Law, colocó sus cubiertos en la mesa y apoyó el mentón sobre sus dedos enlazados —, ya deberías saber que solo hay un tipo.

Zoro se sentó una vez más de manera lenta.

El rubio se echó para atrás en su asiento, levantando ligeramente el mentón y manteniéndole la mirada al hombre de los ojos áureos. Lentamente sacó un cigarrillo y lo colocó en sus labios con su derecha, mientras con la izquierda activaba el encendedor y lo acercaba al pitillo. Soltó el humo y cerró el encendedor—. ¿Y qué tipo es ese?

—El único que importa —respondió, irguiéndose—. Cualquier otra cosa no es una relación, sólo son tonteos.

Law miró de uno a otro. Aún estaba ruborizado, no obstante, en aquel momento su rubor no era provocado por la vergüenza sino más bien por una agradable sensación en su pecho. Miró a Zoro, quien le dedico una sonrisa que terminó de tranquilizarlo. Le devolvió el gesto.

Cora le sonrió a Mihawk y asintió complacido—. Sé que no lo dirías si no lo pensaras realmente, por eso opte por ser directo —explicó, fue cuando él comprendió que Cora realmente estaba preocupado porque Mihawk Dracule fuera parte de aquella relación.

El menor de los hermanos Donquixote era discreto, aunque no lo pareciera. Se guardaba sus preocupaciones para sí mismo y no solía expresar sus opiniones acerca del resto de las personas. Doffy, por otro lado, era como un pregonero. No perdía tiempo en hablar mal de nadie, mucho menos en decir lo que pensaba acerca de los demás. Ya en una ocasión le había insinuado que el hombre de mirada aurea solo usaba a la gente al no poder estar con quien realmente amaba. Vio a su figura paterna, quien también le devolvió la mirada y sonrió—. Law es como un hijo para mí, así que debo asegurarme de que no se estén aprovechando de él.

—Jamás haría algo así, Rocinante —respondió el mayor. A simple vista parecía serio, estoico, pero él pudo notar la alarma en sus ojos dorados, como si no pudiera creer que le estuvieran diciendo aquello. Luego miró al ojeroso pelinegro de reojo—. Jamás podría lastimarlo.

—Lo imaginé —sonrió complacido—. ¿Qué me dices tú, jovencito? —preguntó esta vez a Zoro. Law supuso que era para mermar su claro rechazó hacia el otro hombre.

—Nunca haría nada que hiriera a Law —aseveró el peliverde, serio, casi enfadado—, y Mihawk tampoco. Lo amamos.

Esta vez, el que casi se ahogaba con el vino fue Mihawk. Rocinante miró de reojo como su contemporáneo se ruborizaba, luchaba un poco por respirar y apartaba la vista. Sonrió, satisfecho con aquella declaración, pero más aun con la reacción del ojidorado. Le conocía lo suficiente para entender que, aunque no entendiera del todo aquella relación, no le mentían—. Se los encargó.

Zoro y Law suspiraron de alivió, y por un segundo, el doctor pensó que ya nada podría avergonzarlo más.

Mihawk por su parte paseó la mirada nerviosa por la habitación, no sabiendo exactamente donde posarla vista. Se le veía sumamente ofuscado, como si acabará de entender la situación exacta en la que se encontraba en aquel momento—. No voy a llamarte suegro —anunció.

Law pudo sentir como su corazón se detenía y sus mejillas ardían tanto que casi podría jurar que le salía vapor por las orejas. Miró a Zoro mirar de uno a otro a los dos mayores con una expresión que hacia parecer que él se planteaba si debía llamar así a Rocinante, o no. Rogó que no lo hiciera, porque si llegaban hasta ese punto sus nervios iban a terminar de colapsar.

El menor de los hermanos Donquixote parpadeó, se sonrojó un poco ante aquella idea, seguramente no se la había planteado. Se levantó de golpe, dando una aplauso sonoro y llamativo—. Es hora de servir la cena —evidentemente deseaba cambiar la conversación.

El hecho de que las cosas estuvieran más amenas, entre los cuatro, no hizo menos vergonzoso para Law cuando los pantalones de Cora comenzaron a incendiarse porque olvidó que llevaba un cigarro y lo dejó caer de su boca cuando habló.

Recordar aquellas cosas lo hacía volver a experimentar aquellas emociones otra vez.

Terminó de ducharse, pero tal y como le pasaba cada vez que recordaba aquel día, una mezcla de vergüenza y dicha llenaba por completo cada centímetro de su cuerpo. El móvil volvió a sonar. Secó su cabello mientras revisaba el mensaje.

"—¿Estás libre hoy por la noche?"

Meditó por un momento sus deberes en el hospital y respondió.

"—En teoría lo estoy, a menos que suceda una emergencia."

Continuó preparándose para salir mientras llegaba la respuesta del otro lado de la línea. Miró de reojo el móvil un par de veces antes que finalmente le llegará un mensaje que lo invitaba a cenar aquella noche. También recibió una ubicación.

"—Con el nombre del lugar es suficiente, no es como que me vaya a perder." Le respondió a modo de pique.

El "Jodete" junto al emoji del dedo medio levantado le hicieron sonreír como crio. Envió el mismo emoji de regreso, pero el escribió: "Nos vemos." Luego tomó camino rumbo a su trabajo.

Mientras tanto, en casa de Mihawk.

Zoro murmuró una maldición mientras arrojaba el móvil contra el sofá. Cayó hasta la alfombra y luego fue a recogerlo de mala gana esperando que no se hubiese dañado. Ese doctor sabía perfectamente como sacarlo de sus casillas. Era cierto que a veces se perdía, pero siempre llegaba a los lugares, así que no era algo que tuviera porque estarle restregándo en la cara cada vez que tenia la oportunidad.

—¿Está todo bien? —le sacó de su ensimismamiento la calmada voz de Mihawk.

Bufó como toro—. No sé como hace para saber justo que decir para sacarme de mis casillas.

Mihawk rio por lo bajo—. No es tan difícil —Zoro achicó los ojos, claramente molesto. Se veía encantador, y hacerlo enojar era un gusto culposo que compartía con el doctor. Terminó de beber su zumo. A veces no podía creer la suerte que tenía—. Entonces, ¿tú y Law saldrán otra vez hoy? —dijo para cambiar el tema y que dejara su mal humor de lado.

Tener una relación poliamorosa era complicado a veces, a pesar de que fuera algo relativamente público, pues todas las personas que les importaban ya estaban enteradas de aquello. No era complicado por la familia y los amigos, la verdad era complicado por las apariencias que había que guardar en la sociedad. Había ocasiones en las que sería agradable hacer cosas juntos, como ir al cine y que uno no tuviera que repetir película o poder ir a esos lugares que les apetecía sin que el camarero lo viera como un pervertido que llevaba a un chico diferente cada semana. En ocasiones, debía admitir que, todo era demasiado agotador y complicado, pero no podían estar todo el tiempo encerrados en una casa sin hacer más. Las relaciones no debían fundamentarse en el sexo, aunque fuera eso lo que los hubiera unido en primer lugar.

—Hablando de eso —Zoro rascó su cabeza y acercó un taburete, para sentarse del otro lado de la barra, frente a él—. ¿No crees que salir por separado es agotador? La semana pasada vi tres veces la misma película y Luffy se puso muy pesado cuando me dormí en el cine.

Mihawk se mordió el interior de la mejilla, casi había olvidado que Zoro tenía que alternar sus salidas también con sus amigos. No era que él o Law no tuvieran amigos, pero parecía que, a diferencia del torbellino que eran las amistades del peliverde, las suyas y las de Law eran más calmada, más sobrias—. Bueno, yo podría esperar a que las películas estuvieran en la plataforma para verlas aquí en la casa, si quieres —no pudo evitar preguntarse si Law también tendría aquel problema.

El mes anterior...

Se había estrenado en cines una película muy esperada sobre superhéroes que abarcaba teorías de física cuántica realmente interesante y, porque no decirlo, que le gustaba bastante desde que leía los comics cuando iba a la universidad. Era uno de esos gustos culposos que tenía, y que seguramente no disfrutaría sin sentirse avergonzado si no tuviera aquella relación con el muchacho de cabellos de olivo. Miró la película con Zoro un día después del estrenó, y la siguiente semana se encontraba en el mismo cine con Law mirando la cartelera. Sinceramente no le molestaría mirar aquella cinta mil veces en el cine, pero aun era demasiado cohibido para ir solo, por otro lado, con la seriedad del doctor sus inseguridades volvían a salir a flote, y temió sugerir entrar en esa sala y ser tachado de infantil.

—Vi esa con Zoro —dijo Law en cuanto apareció en la pantalla.

—Si, yo también...

Hubo un silencio extraño mientras seguían observando la cartelera. Law masajeó su cuello—. Esa se ve interesante —señaló en cuanto apareció un drama.

Él se tragó un suspiró y sonrió, asintiendo—. Hay que comprar los boletos.

Al final habían entrado a ver una película bastante aburrida. No era su estilo, pero como el doctor fue el primero en dar una opción, acabo aceptando. Habría preferido ir a comer pizza o hamburguesas y hablar con él sobre lo que opinaba de la película que habían visto ambos con Zoro, pero quizá a Law no le gustaban ese tipo de cintas, quizá los dramas eran más su estilo. Además, ya que lo pensaba un poco, el ojigris realmente odiaba comer pan. Se tragó un suspiro.

En cuanto salieron y le preguntó que le había parecido, no se atrevió a decirle que casi se queda dormido a la mitad, así que fue lo más objetivo que pudo y el joven y él compartieron impresiones.

Zoro solía decirle que tenían más en común ellos dos que lo que tenían en común con él, pero siempre que salían al cine, dudaba que aquello fuera del todo cierto. Al final se había divertido, porque inevitablemente había acabado criticando los peores puntos de la película, y compartía algunas opiniones con el menor, pero no se atrevió a decirle que hubiera preferido entrar a ver la cinta basada en hechos reales sobre el asesino en serie del sur, antes que ver aquella abominación.

A veces pensar en sus salidas al cine lo dejaba un poco sombrío.

Zoro se pensó un momento aquella sugerencia, pero acabo negando con la cabeza—. No podría pedirte eso cuando sé que de verdad hay cosas que quieres ver en el cine. Ya me resulta bastante desagradable saber que no puedes ir a ver los estrenos como sé que te gustaría.

Era cierto, habían optado por no asistir a ningún estreno. El mismo había dicho que eso podría parecer más especial de lo que era, y ver las películas ese día no era tan necesario—. Bueno, quizás al cine podríamos ir los tres.

Los ojos de Zoro se iluminaron como los de un niño—. Eso sería mejor, así no tendríamos que ver tantas veces la misma película.

Mihawk asintió—. Hay que hablarlo con Law, después de todo las salidas en plan de "amigos" tampoco son tan desagradables —meditó. Aunque aun le costara imaginarse viendo una de esas películas de superhéroes con Law sin verse ridículo, sin duda tener a Zoro en medio amenizaría su vergüenza.

Zoro bufó, distrayendo al hombre de la mirada aurea de sus divagaciones—. ¿Mihawk, podrías venir esta noche a cenar con Law y conmigo?

El desconcierto que mostró fue más que evidente—. ¿Perdón?

—¿Ten una cita con nosotros?

—¿En un restaurante?

Puso los ojos en blanco por un momento—. No, en una casa abandonada —ironizó, irritado—. Claro que en un restaurante —obvió.

—Law sabe que estas incluyéndome.

—No creo que le moleste.

—Pero...

—¿Quieres o no?

Mihawk parpadeó—. Eh... Si, claro.

—Excelente —bebió el resto del zumo directamente del empaque, y limpió los residuos con el dorso de su brazo—. Ya oíste el nombre del restaurante —le recordó mientras tomaba sus llaves—. Nos vemos a las siete.

—¿No nos iremos juntos?

—No —se detuvo en el umbral de la puerta—. Veré a los muchachos por la tarde y me iré para allá de la casa de Ace.

Estuvo a dos segundos de preguntarle si estaba seguro de que no se perdería—. Esta bien, hasta la noche entonces.

Zoro le sonrió una ultima vez antes de salir.

Apretó el puente de su nariz, intentando liberar un poco de estrés. Tendría una cita con sus dos novios veinteañeros... miró su vaso de zumo, y de verdad agradeció haber decidido no beber café aquella mañana o se lo estaría comiendo la ansiedad.

Un par de horas más tarde, en casa del hermano de Luffy.

—¿Ese es tu plan? —preguntó Ace luego que les contara de su cita de esa noche.

No le molestaba salir con los dos, le preocupaba sentir que se estaban distanciando. Los conocía muy bien, sabía que se querían tanto como los quería él, pero de algún modo sentía que luego de que se confesaran y de aquella presentación con el padre de Law, tanto este como Mihawk habían comenzado a alejarse. Quizá eran imaginaciones suyas, pero su relación con el mayor de los tres estaba tan basada en la comunicación que bastante le costaba pensar que no estuviera siendo directo.

Sanji exhaló el humo de su cigarrillo mientras negaba con la cabeza—. No sé mucho de relaciones poliamorosas, pero, eso no es presionarlos cabeza de musgo.

—Invite a mis novios a cenar —respondió pausadamente. Estaba molesto—. ¿Cómo es eso presionarlos? —Apretó la mandíbula conteniéndose. Aquellos prejuicios eran justo una parte de porque Mihawk se rehusaba tanto a ser más demostrativo con sus emociones.

—Se me olvidaba que tener más de uno es super normal —dijo el rubio con sarcasmo, alzándose de hombros.

Una vena se saltó en la frente de Zoro. Había comenzado a odiar esa palabra, porque no se usaba únicamente para hacer una observación, era una palabra que la gente usaba para señalar, para discriminar y para hacer menos a otros. Sabía que no era culpa de la palabra en sí, sino de la gente, pero aun así cada vez que la escuchaba se le terminaban crispando los nervios.

—Salir los tres juntos no va a ser sencillo —le dijo Ace, antes de que se cabreara con Sanji. Él sabía leerlo con solo mirarlo.

Luffy llegó con una bolsa de papas y se sentó junto a Zoro—. Si los tres son novios lo normal es que los tres salgan juntos.

El grupo miró al pecoso, quien suspiró. A nadie le gustaba mucho lidiar con la lógica de Luffy, pero para el peliverde aquello había sido un alivio.

—No sé preocupen tanto por esas cosas —les cortó Brook mientras afinaba su violín—. Cada relación fluye a su propio ritmo, y solo los miembros saben cuál es la siguiente nota que necesitan tocar.

Hubo un breve silencio, pero en parte todos entendía que aquello solo dependía de esos tres. Tal y como había sido cuando Zoro les dijo que salía con Mihawk, o cuando les explicó que Law ya era parte de aquella ecuación, las cosas simplemente fluían. Y ellos parecían acoplarse como quien no tiene problemas para navegar en el peor de los mares.

—¿Y trajiste ropa para cambiarte? —Nami apareció de repente, detrás suyo. Fue entonces cuando se percató que toda la conversación con Mihawk de aquella mañana le hizo olvidar su maleta deportiva junto a la entrada. Ahí había dejado el cambio de ropa que iba a ponerse. Palideció—. Eso pensé —sonrió la triunfante chica.

Luffy miró de uno a otro, confundido—. ¿Por qué tiene que cambiarse?

—Porque si no va de etiqueta a ese restaurante, su cita de tres se convertirá en un dúo en el que él no estará incluido —Ace entreabrió los labios, a punto de ofrecerle que ponerse, pero una mirada fulminante de la hermosa chica lo petrificó—. Por suerte Sanji siempre usa traje.

Esa misma noche.

Llegó un poco tarde, había tenido una emergencia aquel día y se había prolongado más de la cuenta su cirugía. Le envió un mensaje de texto a Zoro avisándole, quien le respondió con un: "—No te preocupes—", que lo relajó. Pensó que seguramente tampoco había llegado aún y se sentía aliviado de no haber hecho esperar a nadie.

Se acercó al recepcionista y dio el nombre de Zoro para la reservación. No se podía imaginar a quien conocería el peliverde en aquel lugar para respetarle una reservación una hora y media después de la hora de la cita. Sabía que no era parte de la cadena de restaurantes del padrastro de Sanji.

Contempló un poco el lugar mientras caminaba tras el maître. Era un sitio demasiado elegante, poco habitual en sus citas con Zoro. Sonrió al pensar en el tiempo que llevaría planeando aquello, divagando un poco en si él también consideraría aquel día su aniversario. Sin embargo, su sonrisa se borró cuando, al llegar a su mesa observó a un hombre de cabello negro meneando un vaso de wiski de manera distraída—. ¡Mihawk! —exclamó alterado. Llegaron por detrás de él, de manera que el hombre no lo había visto aproximarse.

El aludido tuvo un pequeño sobresalto y se puso de pie—. Hola, Law —el hombre que guio al ojigris se alejó en cuanto se saludaron. Law tragó saliva, nervioso, y le sonrió mientras se sentaba—. ¿Fue un día difícil en el hospital?

Negó con la cabeza—. Difícil no, solo largo.

—Debes estar cansado.

—Un poco —admitió—, pero no me molesta estar aquí.

Mihawk le sonrió amable y el trató de devolverle la sonrisa, pero estaba demasiado aturullado como para reaccionar—. ¿Zoro...?

—No ha llegado.

«Ese imbécil de mierda» Pensó «Si me hubiese dicho que Mihawk también vendría, también le habría avisado de mi demora.» Una de las cosas que más odiaba en el mundo era que lo hicieran esperar, por eso él mismo siempre procuraba llegar a tiempo a los lugares, por eso siempre se estresaba más de la cuenta cada vez que surgía algún inconveniente, por eso el que Zoro fuera un desorientado perdedizo de lo peor hacía que se relajara de más cuando iba con él—. ¿A qué hora llegaste? —preguntó con un suspiro pesaroso.

El mayor le sonrió afable, sinceramente tranquilizante—. No te preocupes por eso, sé que tu trabajo es agobiante.

—De haber sabido que estarías aquí, yo...

—¿Zoro no te lo ha dicho? —se notaba la alarma en su voz, el desconcierto. Un silencio incomodo acompañó aquella pregunta. Fue verdaderamente frustrante, y maldecir al tercero en aquella cita fue algo inevitable para los dos, aunque lo hicieran únicamente en sus mentes—. Perdona, supongo que fue todo muy repentino —aquello era una disculpa en nombre del tercero en discordia. Conocía de más tiempo a Zoro y sabía que nada de lo que hacía era con malas intenciones, simplemente él era de aquel modo.

—¿Repentino? —sintió una presión dolorosa en su pecho, eso lo molestó.

—Me ha invitado esta mañana después de colgar el teléfono contigo.

El ojeroso doctor se sentía como un imbécil por haber supuesto que aquello podría ser una cena de aniversario o algo por el estilo, aun se sentía más imbécil porque la presencia del ojidorado le había ilusionado un poco más. Y lo peor no eran sus tontas ensoñaciones rotas, lo peor era que el otro había estado esperando ahí por más de una hora y media sin venir a cuento. Aunque llegar tarde y tenerlo esperando no fuera directamente su responsabilidad, no podía evitar sentirse también como un cretino.

—Pensé que el que vivieran juntos tendría sus ventajas —dijo en voz alta mientras meneaba su vaso. Era un pensamiento personal y no había querido soltarlo en alto, así que cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde.

Mihawk abrió muy grandes sus ojos, parpadeó—. Lo dices porque es evidente que no tengo idea de lo que ha estado planeando —aquello no era una pregunta.

Law tomó su mano a modo de consuelo—. No he querido decir nada, solo se me salió.

El mayor le sonrió y entrelazaron sus dedos, el tacto era agradable—. Lo cierto es que, es raro que me entere de lo que planea si no quiere decírmelo —se alzó de hombros, restándole importancia. El otro le miraba con atención—. Ciertamente noto que se trae algo entre manos, pero difícilmente me inmiscuyo si no soy parte de la planeación.

Un mesero se acercó a ofrecerles la carta, sus manos se soltaron mientras el de los ojos dorados le indicó amablemente que aun esperaban a alguien, solo le pidió que le sirviera una copa a su acompañante. Law sonrió y le aceptó un poco de coñac antes de volver a tomar su mano y acercarla a su boca—. Es un cabeza dura —se refirió al otro, mientras daba un pequeño beso a aquella pálida extremidad.

Mihawk sonrió, y negó con la cabeza—. Cada uno tiene su vida, aunque estemos juntos —le explicó—. No necesitamos saber lo que el otro hace 24/7.

Ahí era donde Law a veces chocaba un poco con ellos, por años había creído que si alguien no quería saber lo que estabas haciendo todo el tiempo era porque no le interesabas. Sentirse amado y libre a la vez a veces hacía que se encendieran sus alarmas mentales, como si la paz no fuera lo normal. Se rio para sus adentros—. Quizás no, pero a veces hace falta una llamada.

Mihawk sintió un reproche en aquella declaración, pero antes de que pudiera ahondar en el asunto, igual que una estampida apareció Zoro, frenando de golpe delante suyo—. Lamento la demora —casi gritó. Ambos se irguieron para verlo. Hiperventilaba a causa de la carrera. Traía puesto un traje muy elegante, pero la camisa desabotonada y la corbata floja le daba ese toque tosco tan característico de él—. El conductor del taxi no sabía dónde estaba el lugar —les explicó mientas se sentaba. Lo cierto era que mientras iba camino al restaurante en el taxi, este dio vuelta en una calle y no pudo evitar echarle la bronca por haberse equivocado. El taxista era un cabezota, así que discutieron unos veinte minutos y terminó diciéndole a Zoro que si estaba tan seguro de cual era el camino le dijera por donde ir. Al final había acabado dando vueltas por un montón de sitios extraños y pensó que el hombre le traía bronca por haberlo confrontado y que estaba distrayéndolo para dar vueltas adicionales y que no acabara de llegar a su destino. Terminó bajándose en quien sabe donde y echando a correr para llegar lo menos tarde posible. Así que, ahí estaba casi dos horas después a pesar de haber salido de casa de Ace una hora antes.

Law estaba molestó y cruzó los brazos con desaprobación, pero la risilla que el otro emitió, además de desconcertarlo, lo relajó un poco—. ¿Cuánto llevas corriendo? —inquirió. Tenía una sonrisa amable, incluso cariñosa, pero era evidente que se estaba burlando.

Zoro se ruborizó—. Como dos horas —rascó su mejilla, seguramente avergonzado.

El ojigris abrió muy grandes sus ojos, ya se había percatado que a veces tenía dificultades para distinguir la izquierda de la derecha, pero pensó que era disléxico, un poco irresponsable y algo cabezota—. ¿De dónde vienes?

—De casa de Ace, pero ya te dije que el taxista fue un gilipollas.

Al final, enfadarse con él no había sido una opción.

El resto de la velada lo pasaron en calma, charlando.

Law era el más sugerente de los tres, pero el más desinhibido era sin duda el más joven. Se sonreía con uno y con otro, les tomaba las manos, les tocaba, se acercaba de más a ellos y les besaba sin problema. Al principio aquello les había cohibido un poco, en especial al mayor, en especial al sentir las miradas y el cuchicheo de las mesas a su alrededor, pero poco a poco se fueron relajando, se fueron dejando llevar, y más temprano que tarde comenzaron a bromear y tontear.

—Este filete está delicioso —dijo el peliverde, luego de engullir el primer bocado, del plato fuerte de su velada. Mihawk usó sus cubiertos para tomar un pedazo de Roast beff del joven—. ¡Hey! —gruñó, más divertido que molesto—. Si no te gusta el platillo que pediste, haber pedido otra cosa.

El mayor le sonrió—. ¿Quieres probar mi Magret?

Zoro enarcó una ceja—. ¿Es un tipo de propuesta indecente?

Law se rió a carcajadas—. Así se llama el platillo —le explicó sin poder dejar de reirse. La sola idea de imaginarse a Mihawk haciendo ese tipo de proposiciones en un restaurante como aquel era tan ridícula que no podía parar, en especial si ponía su atención en él susodicho cuyo rostro estaba completamente rojo, mientras bebía un poco de whisky como si eso le fuese a quitar el rubor.

—¿Porque no le dice pato y ya?

— ¡Me escuchaste pedirlo! —dijo un frustrado y aturdido ojidorado.

Zoro ladeó la cabeza, Había estado muy concentrado escogiendo su propia comida como para prestarle atención a lo que pedían los demás, o más bien, seleccionando la bebida con la que iba a acompañarla. Miró a Law—¿Qué pediste tú?

—Salmón.

—Vez, no tienes que decir esos nombres raros para referirte a tu comida.

— ¡Yo no hice tal cosa!

Inevitablemente se rieron por un largo rato de aquel malentendido, y Law y Zoro hacían propuestas cachondas usando los nombres de sus platillos o sus bebidas.

"—¿Quieres mi sake en tu boca?"

"—¿Por qué no le quitas la piel a mi salmón?"

"—Quisiera tener todo tu magret entre mis labios."

Al final, se relajaron un poco, porque era evidente que el ojidorado no sabía dónde meter la cabeza. Aquel pensamiento hizo que Law se sonriera más, pues un montón de frases con doble sentido llenaron su mente.

—Les he traído algo—anunció Zoro, Sacando un par de paquetes de los bolsillos internos de la chaqueta. Entregó uno a cada uno, Y ante sus miradas interrogantes añadió—. Hace ya un año que estamos juntos.

Los dos hombres comenzaron a abrir el paquete con curiosidad—. No debiste molestarte —dijo el mayor de los dos antes de sacarlo. Era un pequeño llavero con el logotipo del superhéroe de la película que habían ido a ver el mes pasado.

—No ha sido molestia y la verdad tampoco fue difícil de escoger —Mihawk se ruborizó. Instintivamente levantó la vista hacia el doctor, para su sorpresa habían recibido el mismo regalo. Se miraron, ambos con vergüenza, luego posaron la tensión en el incitador, quién les sonreía—. Cuando fuimos al cine vimos la misma película y me pude dar cuenta que ustedes dos realmente eran unos fanáticos, por eso me extrañó tanto que no la vieran juntos.

Law dudo—. No creí que te gustara... es decir...

Mihawk volteó hacia otro lado, rascando su mejilla—. Me pasó lo mismo contigo —sonrió—. Todo hubiera sido más agradable si hubiese sido más sincero.

Se veía avergonzado, aunque era evidente que no había razón para estarlo—. Sabes, una de mis partes favoritas fue como manejaron los saltos temporales y la hiper velocidad de una manera muy científica.

—También me encantó eso, porque, aunque en la actualidad no se puedan probar las teorías de la física cuántica, me parece que están mejor planteadas que cualquier argumento que hubieran podido sacarse de la manga.

Todo se volvía siempre más sencillo cuando se sinceraban. Hablaron de la película durante el resto de la velada, en especial cuando ya solo estaban fumando y bebiendo en la terraza del local. Sin duda la habían pasado de maravilla entre risas, bromas y tonteos.

Cuando terminaron los mayores sugirieron dividir la cuenta, pero Zoro se rehusó—. El que invita paga—dijo con simpleza.

Salieron del restaurante bastante relajados, sin pensar en sus demonios, sus culpas o sus complicaciones. Felices de estar juntos, compartiendo aquellos momentos fuera de la alcoba.

Law miro su reloj.

—¿Ya tienes que irte? —inquirió el peliverde.

—No, mi turno comienza hasta las tres de la tarde.

Ambos miraron al mayor quién meditó por un momento y le sonrió—. Tampoco tengo prisa.

Law se mordió los labios, no quería arruinar la noche, pero—. ¿Quieren ir a mi departamento?

Más temprano que tarde se encontraban en el dormitorio de aquel departamento.

Se sentaron los tres juntos en la orilla de la cama, Law estaba en medio.

—Es un bonito lugar —comentó el mayor mirando a su alrededor.

—Gracias.

Hubo un silencio extraño—. Pensé que tendrías tu colección de figuras a la vista —dijo mirándolo por el rabillo del ojo, observando como sus mejillas adquirían un adorable color carmín—, después de todo es tu lugar seguro.

—Yo he ido a tu casa y no he visto las tuyas por ninguna parte —reviró. Finalmente se pusieron cara a cara y se sonrieron ampliamente—. ¿Acaso las escondes cuando voy a visitarlos?

—Eso es una confesión.

Zoro no podía dejar de sonreír mientras los observaba bromear, y picarse un poco la cresta el uno al otro, a modo de juego. Abrió las piernas, para hacer contacto con las del ojigris. Colocó su mano izquierda sobre la misma extremidad inferior, la cual tenía apoyada solo con la punta del pie.

Law fue consciente de aquel gesto y no pudo evitar dirigirle la mirada, aun sonriendo. Estaba tan cómodo con los dos. Se lamió los labios para él y observó cómo este levantaba las cejas de forma sugerente. Su pecho se hinchó de una agradable sensación de felicidad, y tuvo que enlazar el brazo con el suyo y darle la mano para no sentir que iba a explotar. El peliverde rio nervioso, entrelazando sus dedos con los de él.

Ahora era el mayor quien los veía, mientras pensaba que era imposible no amarlos a los dos, mientras pensaba que era imposible no verlos mirarse con esa devoción, con ese amor y con esa ternura, y no amarlos con la misma intensidad.

Comenzaron a acariciarse las piernas, un poco nerviosos, un poco desinhibidos, pero muy enamorados. Se miraron y se dieron un beso de tres, saboreando los labios de los otros dos, lamiéndolos, disfrutándolos. De un momento a otro el mayor se apoderó de los labios del cirujano, reclamándolo, disfrutándolo, recorriendo el interior de su boca con la lengua.

Zoro por otra parte beso la comisura de los labios de Law, su mejilla, su mentón, su oído... el cual mordió, lamió y llenó con su caliente respiración. Bajó por su cuello, por su hombro, respirando en él, incitándolo hasta que no pudo soportarlo más y tuvo que dejar los labios hambrientos del otro para darse la vuelta y encontrarse con la cadenciosa boca del moreno.

Aquella situación para Mihawk no presentó mayor problema, pues rápidamente, centrando sus caricias en el médico, atacó su cuello con los labios. De un momento a otro el menor de los tres comenzó a acariciarle el hombro y el pecho, recordándole que también estaba ahí... como si tuviera que recordárselo. Fue como si lo llamara hasta él, como sí lo reclamará. Subió sin despegar su boca de la piel de Law, hasta llegar a los labios qué se besaban. Zoro dejo respirar al ojigris un momento, aprovechando esa oportunidad para besar los sensuales labios del hombre con ojos de halcón. Se tomaron de la nuca, ambos, profundizando el beso por unos segundos mientras Mihawk sentía como los labios del otro succionaban su cuello. No podía pedir nada más, tener a esos dos jóvenes enamorados de él y amarlos de la misma manera era lo mejor que le había pasado en la vida.

No podían dejar de besarse, de tocarse, de cambiar de uno a otro con desesperación y recelo, de desabotonarse las camisas, de sacarse los sacos... el calor comenzó a llenarlos, la ropa comenzó a sobrarles...

Se separaron lo suficiente para desvestirse, sin dejar de besarse, sin dejar de tocarse, sin dejar de sentirse. Con Law en medio de los otros dos, recibiendo los besos de Zoro por el frente y las caricias de Mihawk desde atrás, sintiendo el calor de su virilidad contra las nalgas, dejándose envolver por la calidez que aquellos expertos brazos le brindaban al envolverlo.

La desesperación del mayor por sentirlos a ambos fue tal, que los rodeó, uniéndose a ellos en un abrazo mientras los besaba y los acariciaba. Antes de darse cuenta era él quien ahora estaba en medio de los jóvenes siendo atacado por sus bocas y sus manos, dejándose llevar hasta la cama. Lo sentaron ahí y lo besaron, y se besaron, y juntaron sus cuerpos mientras él los abrazaba y llenaba sus pechos de pequeños y devotos besos.

De pronto era absurdo que, en medio de la desesperación, la devoción emergiera apoderándose de todo, tomando el control de la situación. Era maravilloso, era muy agradable, era tan relajante... tanto que hacía que las piernas les temblarán, la piel se les erizara y algo dentro de ellos pareciera que iba a estallar.

Zoro le sonrió a Law por un segundo, antes de empujarlo por un costado de Mihawk hasta la cama. Antes de darse cuenta como, los otros dos hombres lo habían puesto en medio de la misma y se habían trepado encima suyo, abriéndole las piernas, cada uno de un lado, besándole el cuello y la boca... pasándose sus labios de uno a otro como si les perteneciera, y les pertenecía. Así se sentía sin necesidad de estar en la cama, era de ellos en cuerpo y alma. Bajaron, acariciando su entrepierna y sus piernas... frotándole por encima de la ropa interior que aun llevaba puesta. Estar con ellos siempre era un mar de emociones, pero no podía evitar que cada vez qué pasaba, una pasión y una dicha desconocida llenaban su cuerpo por encima del candente deseo que estuviese sintiendo. Era más fuerte toda la calidez que lo envolvía, que todo lo demás.

Emitió un jadeo cuando sintió que su miembro era envuelto por unos labios mientras los otros besaban sus testículos y lamían alrededor. Se incorporó un poco para mirarlos, clamando los labios del que no estaba atendiendo su virilidad, atrayéndolo lentamente hasta arriba, disfrutando de los besos que dejaba al subir hasta su boca, pero Zoro quería más que besarlo. Una vez más bajó por su pecho hasta su abdomen, donde el mayor de los dos besaba y lamía aquel anhelado miembro, erecto, caliente y palpitante. Se lamió los labios con deseo, bajando por sus piernas para terminar de desvestirlo. Mihawk lo ayudó, y aprovechó aquello para ser él, ahora, quien diera a aquel falo las atenciones que necesitaba con sus labios.

Law estaba desbordado por el placer. No podía más. Les pidió que se desvistieran y los hizo arrodillarse sobre la cama, junto a él, para tomar un miembro con cada mano, introduciéndose el del mayor en la boca mientras masajeaba el otro.

Mihawk tomó la cabeza de Law, marcándole el ritmo del vaivén y luego puso su atención en Zoro, quien estaba embelesado, observando la virilidad que tenia en sus manos y que estaba masajeando a un ritmo lento, pero acompasado. Acarició su cuello, haciendo que lo mirara, y aquello fue todo lo que hizo falta para que el muchacho de cabello verde comenzara a comerle la boca.

De un momento a otro ahora era Zoro el que se encontraba sobre la cama, con la cabeza colgando de la orilla. Mihawk y Law se encontraban entre sus piernas, con el medico devorando su virilidad. El mayor lo besó, parecían desesperados, pero realmente estaban tomándose aquello con una calma enloquecedora.

El beso fue tan ardiente que Mihawk no pudo más con el calor, se puso en la orilla de la cama, junto a la cabeza de Zoro y le ofreció su falo para que lo devorara, lo cual el joven hizo demasiado gustoso, arrancándole un jadeo desesperado. Sus ojos estaban llenos de amor, pero su cuerpo estaba demasiado caliente. Acarició al joven, tomándolo de la nuca y comenzó a marcarle un ritmo rápido, casi asfixiante. Pero Zoro no podía concentrarse en él, no cuando su propio placer lo desbordaba, pues el cirujano no había dejado de atenderlo ni un solo momento. Dejó de darle placer al de los ojos rapaces para mirar como el otro se lo comía entero. Mihawk también miró. Mordió y lamió sus labios ante el deseo de engullirlo completo, y bajó, apartó al ojigris y se adueñó de aquel miembro, subiendo y bajando por él, llenándose la boca de su sabor.

Law salivaba desesperado, y lo apartó para besarlo larga y profundamente. Aquel beso solo sirvió para que cada uno tomara sus posiciones de nuevo, disfrutando del cuerpo del más joven.

Zoro estaba tan poseído por el placer que era incapaz de pensar, solo se dejaba hacer, recibiendo hasta la garganta aquel miembro mientras las caricias y la felación que el mismo estaba sintiendo lo desbordaban.

El ojeroso cirujano se había puesto tan cachondo, que mientras mamaba el miembro del moreno intentaba dilatar el mismo su propia entrada, no sabía hasta cuándo podría aguantar, así que mientras Mihawk besaba el abdomen del otro, lo jaló de la barbilla para besarlo y hacerlo trepar la cama por encima de Zoro, para disfrutarlo también.

El moreno aprovechó aquella maniobra para pasear la lengua y besar la entrada del ojidorado, quien se dobló, traspasado por el placer, jadeando desesperado.

Law que estaba frente a él le sonrió—. Te ves muy sexy cuando no puedes controlarte.

Mihawk estaba luchando porque no le fallaran las piernas—. Aun no llegamos a eso —dijo, entre jadeos y acortando las palabras.

El ojeroso cirujano se levantó, para acompañar a Zoro en su tarea, haciendo que el mayor se fuera hacia adelante, y aprovechara aquella posición para tragarse la virilidad del peliverde. Zoro jadeó al sentir aquello, y Law no pudo dejar de besarlo—. Estoy al límite —jadeó, pidiendo tregua.

Se separaron para que recuperará el aliento, y aprovecho aquello para empinar al mayor en la cama, acariciar sus nalgas y empujar uno de sus dedos en su anhelada y estrecha cavidad. Mihawk se arqueó al sentir aquella invasión.

—¿Me detengo? —preguntó Zoro, genuinamente preocupado.

—Ni se te ocurra —respondió entre espasmos.

El peliverde sonrió y comenzó a penetrarlo con su gorda y caliente virilidad. Empujó despacio, disfrutando de los jadeos y la desesperación de su amante, hasta detenerse al llegar al fondo. Suspiró, le dio una fuerte nalgada que lo hizo respingar y acabó tomándolo de las caderas para comenzar las embestidas.

Law los había mirado en silencio todo aquel tiempo, jalándose el palo, esperando su oportunidad de unírseles, y cuando Zoro llevaba un ritmo pausado, se colocó detrás suyo y le restregó el miembro entre las nalgas—. Quiero metértela —el joven asintió, recibiéndolo de una sola y fuerte embestida.

La noche era joven y sus ganas insaciables, así que siguieron haciéndolo una y otra vez, cambiando de lugar tantas veces, hasta que ya no pudieron más y el cansancio los derribó en un profundo y apacible sueño, enredados los tres en un cálido abrazo.

A la mañana siguiente.

Zoro fue el ultimó en despertar. Estaba cansado, pero satisfecho. Salió de la habitación y se encontró con Mihawk, quien estaba bebiendo una taza de café en uno de los sillones de la sala. Sonrió. Se acercó a él, acarició sus hombros y cuando fue mirado aprovechó para besarle la frente—. ¿Cómo estás?

Mihawk se ruborizo, pero le sonrió—. Viejo y adolorido.

Zoro le sonrió ampliamente, encantado—. No digas eso, aun estas en tus mejores años —volvió a besar su frente.

—Un día vamos a hacerlo y ya no me podré levantar —sonreía a decir eso, a modo de broma, pero Zoro realmente se preocupó.

—¿Necesitas que te traiga algo?

La puerta se abrió en ese momento—. Ya he ido yo a por ello —anunció Law, levantando una bolsa de compras de la farmacia de abajo—, y solo está siendo dramático.

Zoro hurgó en la bolsa mientras Law cerraba la puerta, era un antinflamatorio y una pomada analgésica.

El ojidorado sonrió y se recargó en el sofá—. Debo admitir que, verlos preocupados y atentos a sido agradable.

—Creo que anoche ya te demostramos lo atentos que podemos ser contigo —reviró el ojigris, disfrutando de verlo azorado.

—Tal vez necesite que sigamos atendiéndolo hoy —dijo Zoro de manera sugerente, mirando a Law con complicidad.

Mihawk vio de uno a otro nervioso y asustado—. No, ya estoy bien, en serio.

Zoro se echó a sus piernas y Law lo abrazó por la espalda, respirándole en el oído—. ¿Por qué no empiezas a desvestirte de una vez?

Se estremeció y miró a Zoro, suplicante—. Solo estaba bromeando.

—Vamos Mihawk, quítate la ropa para nosotros.

El hombre de los ojos dorados se retorció, sacándoselos de encima y levantándose. Los dos jóvenes se rieron a carcajadas, mientras él estaba completamente rojo por los nervios y la vergüenza—. Serán cabrones.

—Tú has empezado.

—En todo caso, si necesito que te desvistas —ambos miraron a Law—. No puedo aplicarte el ungüento sobre la ropa —explicó alzándose de hombros.

Así siguieron aquella mañana, hasta que fue momento de despedirse. La verdad es que no podían pedir más nada, aunque la gente no comprendiera aquello, aunque las cosas a veces se pusieran complicadas y aunque todo pareciera estar en su contra, estar juntos era lo mejor que les había pasado en la vida.

Estar juntos era maravilloso.

FIN.


No sé si esto se quede aquí o si seguiré haciendo relatos de este tipo, pero por lo pronto lo doy por terminado.