Aquí viene un capítulo grande, disfrutadlo.
Penoso cumpleaños
En mitad de la madrugada, Regina se sobresaltó al escuchar un ruido poco familiar, se puso una bata de seda y se la anudó antes de abrir las pesadas cortinas que ocultaban su ventana. Escrutó el exterior con insistencia cuando un detalle la hizo sobresaltarse. Las cabellerizas estaban abiertas. Se precipitó hacia el cuarto de arneses donde cogió un cabestro y donde se puso algo más apropiado para el frío. Corrió hacia los establos, con una punzada de inquietud en su vientre.
El box de Beau Miroir estaba vacío. Marcas en la puerta hacían pensar que el caballo había sido presa de un ataque de pánico. Pero, ¿por qué? Miró a su alrededor y no vio nada extraño, ni fuera de sitio, nada que pudiera haber asustado al animal. Sin duda algún bicho rondaba por los alrededores y Beau Miroir lo había sentido. Iluminó el exterior de la casa y sacó una linterna así como un fusil tranquilizante. Encajó la linterna bajo el cañón de su fusil e inspeccionó el exterior de las caballerizas. Ningún trazo, ninguna huella de animal que no perteneciera a los cascos de Beau Miroir que, visiblemente, había salido disparado hacia el bosque. Ella se equipó con un plumón y una segunda linterna por si la otra le fallaba, y a continuación se metió entre los árboles, preparada para encontrar a su protegido.
Después de dos horas y media de búsquedas, Regina logró finalmente encontrar al semental, que todavía estaba muy agitado, tuvo que armarse de paciencia para conseguir atraparlo, pero enseguida se dio cuenta de un detalle que le heló la sangre. Beau Miroir arrastraba tras él un cabestro que le era desconocido. Eso no podía decir sino una cosa, alguien había intentado llevarse su semental. Cuando estuvo de nuevo al abrigo, ella comprobó los otros boxes y cambió la comida y el agua a todos, ¿quién sabe? También habían podido querer envenenarlos. Después, miró su reloj y gruñó de insatisfacción, iba a ser un largo día.
Emma abrió sus ojos mucho antes de que sonara el despertador. Miró la fecha en el calendario colgado sobre su escritorio. 22 de octubre. Se dio la vuelta sobre su vientre y posó su mentón sobre su mano. Un suspiro se escapó sin que pudiera controlarlo. En cada cumpleaños, desde el estreno de Harry Potter, esperaba ver un gigante franquear su puerta y llevársela a un mundo de magia. Se levantó la manga para ver cómo iba su morado, que había pasado por todos los colores y ya empezaba a difuminarse. Se frotó los ojos, palpó sobre la mesilla de noche para coger sus gafas, y pasó la mano bajo la almohada para estar segura de que todavía tenía su cuchillo al alcance de la mano. Desde la amenaza de George, dormía poco, y siempre que se despertaba, comprobaba el emplazamiento del cuchillo de cocina. Bostezó y bajó a preparar el desayuno. Joy y Amber ya estaban en la cocina, hablaban en voz baja para no despertar a nadie. Un pila de paquetes de los caramelos preferidos de Emma habían sido colocados en una panera y Joy se lo tendió pronunciando
-¡Feliz Cumpleaños!
-¡Gracias chicas!
-¡Nathan también ha colaborado, pero es un vago para levantarse!- argumentó Amber revirando los ojos.
-¡No es verdad! ¡Estoy aquí!- replicó Nathan que acababa de descender las escaleras discretamente
Se sentaron alrededor de la pequeña mesa de cocina para comenzar el desayuno de cumpleaños tranquilamente.
Desde la amenaza de George, Nathan pasaba la mayor parte de su tiempo con sus hermanas, consideraba que lo que había pasado era por su culpa y quería a todo precio proporcionarles una forma de protección estando dispuesto a recibir los golpes en lugar de ellas.
Emma había dudado mucho en contarles a Ruby y Belle, pero, ¿qué podría hacer? El problema era que si se quejaba, la dejarían ahí o peor, la harían dejar el domicilio de acogida para enviarla Dios sabe dónde. Y si eso pasaba, ¿cómo podría proteger a Joy, Amber, Lucy, Nathan y Jeremy? La última vez que había mencionado sus problemas, tenía ocho años y la habían mandado con una familia aún peor.
En cuanto a Regina, ella no había vuelto a mencionar el dolor que Emma sentía en el brazo, pero no podía evitar lanzarle miradas suspicaces de vez en cuando.
El día fue difícil y a Regina incluso le costó bastante dirigirse al Chapèlier flou, la fatiga era grande. Sin embargo, había prometido a Emma que iba a ayudarla y la víspera habían acabado un borrador de la introducción. Además, era viernes, así que tendría tiempo para descansar el fin de semana.
Atravesó la puerta con sus carpetas bajo el brazo. Como todos los finales de tarde, el bar estaba en calma y Emma leía tranquilamente, sentada en un taburete. Fruncía el ceño y subrayaba un pasaje en amarillo cuando Regina se acercó despacio por su espalda.
-Pobre Fantine- murmuró en un tono irónico
Emma se sobresaltó y se dio la vuelta, encontrándose a pocos centímetros de su profesora.
-¡Pobre Cosette, más bien! ¡Es ella quien sufrió las consecuencias!
-¿Siempre está al lado del huérfano, miss Swan?
Emma reviró los ojos. Evidentemente Regina no estaba al tanto de su situación. Prefirió callarse y se encogió de hombros.
-¡Siéntese, enseguida estoy con usted!- propuso Emma en un tono más autoritario de lo que hubiera querido
Regina, sin embargo, se dirigió a un sitio desde donde podía observar el exterior del bar a su conveniencia. No habían vuelto a hablar de su discusión en los baños y Emma encontraba cómodo hacer como si nada hubiera sucedido. Es más, Regina parecía una maestra en ese arte.
Emma colocó un trozo de pastel delante de su profesora y se sentó frente a ella.
-No he pedido nada, miss
-No, lo sé, es mi cumpleaños y me gustaría…celebrarlo con alguien de bien
Regina enarboló una expresión de asombro y sus ojos fueron del pastel al rostro juvenil.
-¿Alguien de bien…?
-¡Alguien a quien aprecio mucho!- cortó Emma muy rápido
-Me halaga, miss Swan, pero esto no aumentará su nota- anunció con una sonrisa
-¡No, no lo hacía por eso!- refunfuñó la rubia hundiéndose en su silla
Regina cortó su pastel con la ayuda de su cuchara.
-¿Celebrará ese hecho con sus padres, imagino?
-Euh…hoy no
-¿Ah no?
-No, lo haremos algo más tarde
Emma esperaba que esa conversación no fuera más lejos. Sus plegarias fueron escuchadas.
-Entonces, ¿qué debo desearle?- retomó Regina tragándose su primer trozo
Emma se encogió de hombros
-No sé, ¿aprobar mi memoria?
-Me tiene como profesor de referencia, ¡es evidente que va a aprobar!
Emma sonrió tímidamente y proyectó su mirada tras el cristal.
-Hum…hay una pequeña fiesta esta noche en un bar que se llama Rabbit Hole, Jefferson me ha dado la noche…entonces…me gustaría que viniera…si no le molesta
Regina dejó su cuchara y se tragó un trozo de pastel.
-Miss Swan, no puedo, se diría que le cuesta separar la esfera escolar de la esfera privada. ¡No voy a aparecer en una velada estudiantil!
-No es una velada estudiantil…es…
-¡Es lo mismo! ¡No iré a su cumpleaños!- dijo con voz glacial.
La Ice Bitch estaba de vuelta y Emma no comprendía cómo podía ser tan amable y tan glacial al segundo siguiente.
Las mejillas de la joven se habían puesto rojas y parecía confusa. Lamentaba haber preguntado.
Avergonzada, comenzó a sacar sus papeles y los extendió bajo sus ojos. Regina atrapó su mano y se inclinó para mostrarse tierna.
-Miss Swan, estaría contenta de ir, en otras circunstancias.
¿En otras circunstancias? ¿Qué quería decir? ¿De qué hablaba? Emma estaba muy turbada, y aunque su incomodidad había desaparecido, sus manos temblaban bajo el shock de la emoción.
Si Linda era una madre de acogida deplorable, había una cosa que controlaba, era que el toque de queda tenía que ser respetado por todos. No porque le preocupara lo que les podría pasar, sino porque podría tener una visita sorpresa de los servicios sociales. Era lo mismo con los teléfonos móviles, cada niño tenía uno, pero otra vez era para tener controlados sus hechos y andanzas. Emma había tenido que batallar para que le concediera su noche de cumpleaños totalmente libre y sin toque de queda, incluso le había asegurado que dormiría en casa de "la vieja bruja que tenía un café en el centro de la ciudad" Hacia las ocho de la tarde, dejó la casa con una mochila bajo el brazo y partió a arreglarse en casa de Ruby, que vivía solamente a algunos metros de casa. Belle ya estaba allí, y en un estado rabioso que nadie le conocía. Ruby estaba sentada cruzada de piernas en su cama y escuchaba a la joven hablar a toda prisa. Cuando Emma entró en la habitación, Belle ni se dio cuenta y Ruby le hizo señas de que se sentara a su lado.
-¿Qué le pasa?- preguntó la rubia
-Creo que el tipo del que está enamorada le ha dicho que era…aburrida y…plana- respondió Ruby masticando un trozo de chocolate como si estuviera viendo una película agobiante.
-¡Wow…duro!- dijo Emma mirando a la morena bajita caminando de un lado a otro rabiando.
-Seh
-Espera, ¿está…enamorada?- cayó en la cuenta Emma girándose hacia su amiga
-¡Pues sí, aparentemente!- murmuró Ruby que, visiblemente, estaba ofendida de que su amiga no le hubiera dicho nada.
-¡Emma! ¿Has llegado? ¿A qué esperamos para marcharnos?- preguntó Belle en tono agrio
-¡Esperamos a Killian y Peter!
-¡Oh…muy bien, entonces arreglaos, tenéis una caras espantosas!- soltó Belle de mal humor.
La noche estaba en su auge y las copas de alcohol que les servían los dos muchachos eran rápidamente vaciadas. Belle parecía feliz, su alegría aguzada por los vapores del alcohol. Besaba las mejillas de sus amigas con ternura diciéndoles cuánta suerte tenía al tenerlas a las dos.
Después, Belle cayó en la tristeza redoblada por el tequila y el vodka. Ruby ya no la escuchaba, ocupada con Peter, y Emma rechazaba amablemente las embestidas de Killian.
-Tengo que hacer algo que pruebe que …¿crees que soy aburrida, Emma?- preguntó Belle tambaleándose peligrosamente
-Belle, escucha, yo…no diría que seas aburrida y si ese tipo dice eso, ¡el idiota es él!
-¡Nooooooo! Debería hacer algo divertido, que demuestre que soy divertida, ¡porque soy divertida! ¡Puedo…puedo perfectamente coger a cualquier tipo del montón y darle un morreo!- declaró ella apuntando un dedo que no lograba fijar debido a la tasa de alcohol que llevaba encima.
-Eso no es divertido, Belle, es vulgar- replicó Emma evitando que la mano de Killian reposara en sus muslos.
Belle fue presa de una furia incontrolable y le quitó a Killian las llaves del coche de manera discreta.
-¡Hey!- dijo el joven intentando agarrarla
-¡Belle!- gritó Emma, aliviada por poder dejar el sitio en que estaba, atrapada entre Killian y la pared. Se encargó de sacar a Ruby del Rabbit Hole.
-¡Belle!- llamó Ruby apoyándose en la pared para no caerse -¿Qué haces?
-Entonces soy aburrida, no lo suficiente atrevida…- gruñó Belle abriendo la puerta y metiéndose al volante del bólido de Killian con una rapidez nueva.
-¡Joder! ¿Qué…?- soltó el muchacho corriendo hacia el coche
-¡Para!- gritaron Emma y Ruby corriendo, ellas también, hacia el coche que ahora estaba abandonando el aparcamiento.
Con espanto, vieron a la máquina dirigirse hacia el escaparate de un famoso anticuario y Emma gritó a pleno pulmón. No sabía por qué gritaba, solo quería que Belle la escuchara y frenara lo antes posible. Pero el estruendo que despertó a toda la calle cubrió su grito y el de Ruby. Corrieron hacia el automóvil y escucharon a Belle gritar desde el interior
-¿Y eso? ¿Es aburrido? ¡Yuhuuuu!
Ruby se llevó una mano a su boca, después fue presa de una risa loca.
-¡Joder!- escupió Emma, con una mano en el corazón.
Tacones resonaron en el pasillo que conducían a la celda donde Belle y Emma estaban encerradas.
-Miss Swan…- resopló una voz al mismo tiempo que la puerta de la celda dejaba paso a Regina Mills con expresión visiblemente irritada.
A pesar de la hora, estaba maquillada a la perfección y sus ojos lanzaban chispas. Su gabardina dejaba entrever una falda tubo del mismo color que esta y una blusa de seda rosada. Sus manos enguantadas estaban juntas y las frotaba antes de dar un paso hacia delante para que el guardia pudiera cerrar la puerta de la celda tras ella. Emma sintió como si una piedra fuera lanzada sobre su caja torácica. Regina Mills se encontraba a algunos pasos, sus ojos amenazadores.
-¡Millsyyyy!- gritó Belle alzando los brazos para estrecharla contra ella.
Regina arqueó una ceja y miró fríamente a la joven troncharse de risa. La profesora olfateó desdeñosamente. Emma, con la cabeza apoyada contra la pared tras ella, no se movió. Habría querido desaparecer y se preguntaba por qué su profesora de literatura estaba en la comisaria a las cinco de la mañana. Ella lanzó una mirada oscura hacia Belle que parecía aún a millas de comprender la situación. Emma, por su parte, se había desilusionado. Regina hizo un ruido con la lengua, irritada. Tenía pinta de estar agobiada y no se atrevía a tocar nada por miedo a ensuciarse. Se quedó plantada ahí, recta como una vela. Finalmente, se quitó los guantes y tras un furioso suspiro, se sentó al lado de la rubia. Parecía molesta por encontrarse en un sitio como ese por culpa de una de sus alumnas.
-¿Está en condiciones de comprender lo que digo o aún tiene demasiado alcohol en la sangre?- preguntó secamente, mirando hacia el frente.
-Comprendo- respondió sencillamente Emma manteniendo la cabeza apoyada en la pared.
No estaba bien del todo y tenía ganas de huir. Haciendo un gran esfuerzo para no vomitar, finalmente giró la cabeza hacia su profesora y frunció el ceño.
-¿Qué hace usted aquí?
-La abuela de Miss Lucas, a quien conozco bien, me llamó tras haber recogido a Ruby. Me pidió que pasara a recogerla a usted porque no había dado ni su nombre ni apellidos a los agentes por lo que no podían llamar a sus padres.
-Oh…¿y usted viene, así como así?
-No, primero respondí que no yo era su madre y que no veía la relación entre su borrachera y el hecho de que debiera ser yo quien tuviera que venir a buscarla, pero me ha explicado que los policías no la habían autorizado a llevársela con ella porque usted ha sido tan idiota como para encerrarse en el silencio y no darles su nombre y por lo visto ha dicho que no forma parte de la familia de Ruby. Pasada esa opción, y dejando claro que yo no era su madre, me ha dicho que sus padres adoptivos no son especialmente comprensivos.
Emma desvió la mirada y la posó en un punto invisible delante de ella. Ya está…ya estaba al corriente. Sí, Emma había sido adoptada, desenraizada. Su madre, probablemente, había parado el coche en el arcén, abierto la puerta y dejado a ese pequeño ser. La habían encontrado, muerta de frío y llorando apenas. ¿Era por eso que Regina parecía tan en cólera? ¿Por el hecho de que Emma no la hubiera informado de esa deficiencia?
-Ah…
-¿Ah? ¿Es lo único que tiene que decir, miss Swan?
-¿Qué quiere que le diga? No tengo nada que ver con lo del coche, ¡yo solo estaba celebrando mi cumpleaños "dignamente"!
Regina la miró un instante, preguntándose si no haría mejor en dejarla en ese mugriento sitio.
-Merecería que la dejara tras los barrotes para que comprendiera que…
-Golpéeme si quiere que comprenda algo
Regina se giró hacia su alumna y frunció el ceño, poco segura de haber comprendido.
Emma explicó con voz pastosa.
-Como decía mi padre adoptivo número doce, "golpeando es como todo entra más rápido en la cabeza de esta mierda"
Regina entrecerró los ojos y se inclinó un poco más hacia la joven.
-¿Es su padre adoptivo actual quien la agarró tan fuerte?- preguntó la morena para empujar a Emma hacia sus defensas.
-¡Se lo dije! ¡Fue una caída de la bici!
-Bien…¡salgamos!- concluyó la morena levantándose, abrochándose su abrigo.
-¡Wooow! ¿Millsy nos va a sacar?- preguntó Belle intentando ponerse de pie ya que parecía que sus nalgas de repente se habían vuelto muy pesadas para ser alzadas.
-¡No a usted, Miss French!- respondió fríamente la profesora apenas mirándola –Su padre no debe tardar, creo
-¡Mieeeerda!- gimió Belle
Emma la miró con expresión desolada y siguió los pasos de su profesora.
Fuera, el sol estaba haciendo su aparición tras las grises colinas. Resplandores anaranjados se estrellaban contra el suelo, a los pies de las dos mujeres. Emma parpadeó varias veces antes de atreverse a mirar el rostro de su salvadora. Esta giró los talones y se dirigió hacia su Mercedes, subió y giró el contacto. Emma tomó eso por una invitación a unírsele, pero la cerradura se negaba a abrirse. La ventana bajó ante su nariz y Regina la miró duramente.
-He venido a sacarla de ahí, Miss Swan, no a llevarla a su casa. Ahora que ha celebrado su cumpleaños dignamente y que no merezco ni un gracias, ¡voy a dejar que se las apañe sola! ¡Ya es una chica grande! ¡Buen día!
Sin que Emma tuviera tiempo de responder, Regina arrancó rápidamente y la dejó allí plantada. La muchacha suspiró y miró a su alrededor. No tenía la ropa adecuada para caminar por la ciudad en pleno día y la falta de sueño se hacía sentir en sus músculos. El problema era que la casa se encontraba al menos a 10 kilómetros. No tenía ni para pagar el bus. El día se anunciaba un desastre.
-Prohibición de ir al baile de año nuevo, y prohibido salir durante…años, he evitado por los pelos que me prohíba el viaje de fin de curso- explicó Belle dejándose caerse en el sofá de la biblioteca donde las tres amigas habían encontrado refugio antes del comienzo de las clases –Sin contar los trabajos para la comunidad que debo hacer por haber conducido estando borracha…
-¿Y el hecho de no tener carnet?- preguntó Emma, apoyada en una estantería llena de libros
-El abogado de mi padre ha conseguido que eso fuera olvidado- murmuró Belle poniéndose roja.
-¡Afortunada!
-Ya, ¿y tú?- preguntó Belle girándose hacia Ruby
-Bueno, dado que yo solo bebí un poco de más, Granny me ha "informado" sobre los peligros del alcohol y ya está. Pero Emma, supongo que tú sí que has debido llevarte la bronca del siglo
-Ah, pero sí, ¡fue la Millsy quien te fue a buscar! ¡Lo recuerdo!- gritó de repente Belle a la vez que sus recuerdos volvían.
-Sí, ¿recuerdas también que quisiste abrazarla cuando entró en la celda?- se echó a reír Emma recordando la escena.
-¡Oh, joder!- se sorprendió Ruby, que no se lo creía -¡Cuanta Em'!
-¡No, no, no! Lo más importante es qué te dijo. ¿No te mató?
-Me dio un sermón en toda regla y me dejó tirada como una colilla en el aparcamiento de la policía.
-¿No? ¿Ya está?
-Ya está, ya está…Me hubiera gustado veros en mi lugar. ¡Atravesar toda la ciudad en ropa de fiesta y tacones de aguja!
Sus dos amigas rieron discretamente y Emma suspiró
-Sea lo que sea, voy a ir a darle las gracias esta tarde porque sin ella, estaría en la mierda.
Evidentemente, en el instituto, todo el mundo hablaba del coche empotrado en el escaparate del anticuario. Y evidentemente, todo el mundo se había puesto de acuerdo para decir que no era Belle al volante, sino Ruby o Emma. Pronto, el rumor fue que ella se había quedado dormida al volante o que, metiéndose mano en el coche con Killian, había levantado el freno de mano y que el coche se empotró contra el escaparate. En un momento, era Emma la autora de los hechos, a la siguiente hora se trataba de Ruby. Las dos jóvenes sentían las miradas pesadas sobre ellas y culpaban un poco a Belle por haberlas metido en tal follón.
Emma torció el cuello al ver a Regina Mills acabar su hora de sustitución. Un profesor había caído enfermo y ella se vio obligada a hacerse cargo de la hora de su colega para que la sala de estudiantes no se viera desbordada. Viendo la expresión que tenía, no estaba feliz de verse enfrente de alumnos a los que no conocía. Al final, tiró la tiza en el bote para tal efecto sobre la mesa y comenzó a recoger sus hojas.
Emma esperó a que todos los alumnos salieran y entró en el aula cerrando la puerta tras ella.
-¿Miss Swan?- dijo asombrada Regina
-¡Hola!
-¿A qué debo el placer de verla sobria?
Emma suspiró. Se lo merecía.
-Yo…solo quería darle las gracias por la otra noche.
-¿Darme las gracias?- Regina dejó pasar un tiempo durante el cual estaba esperando visiblemente algo -¿Es todo? ¿No tiene nada más que decirme?
-Euh…bien…no, creo que no
Un pesado silencio acogió sus palabras y Emma vio algo de desprecio en la mirada de su profesora. Quizás decepción también. La morena dejó de recoger sus cosas y clavó su mirada en la de la joven.
-¡Creo que no se ha dado mucha cuenta de lo que ha hecho para celebrar su cumpleaños! ¡Ha decidió, junto con sus amigas, empotrar un coche en el escaparate de un anticuario! Habría podido haber alguien en la tienda, habría podido haber una explosión o qué sé yo. ¿Y todo lo que tiene que decir es «gracias»?
Emma retrocedió de manera imperceptible; cuanto más avanzaba el discurso de su profesora, más furiosa parecía.
-Miss Swan, intento poner en los cerebros de mis estudiantes un poco de sentido común y en el suyo aún más: ¡usted es la alumna a quien dirijo en su memoria! ¡Pensaba que sería un poco más madura e inteligente! ¡O considera su acto un pequeña tontería como si hubiera roto un vaso! Belle hubiera podido acabar en la cárcel o en el hospital y usted…
-¿Yo qué?- retomó Emma -¿Me habrían enviado a un orfanato con otros cientos de niños? No sería la primera vez- dijo la rubia encogiéndose de hombros, un poco desvalida ante la encendida cólera de su profesora.
-Que sepa que no me gusta perder mi tiempo, si me ha elegido como directora de la memoria sin estar segura de acabar el año, ¡esto irá muy mal, Miss Swan!
-Al final, ¿por qué está tan enfadada? ¿Porque se tuvo que levantar a las 05:30 de la mañana? ¡Yo no le pedí nada, no fui yo quien la llamó!- se defendió Emma, alzando el tono -¿O está enfadada porque tengo una ventaja sobre usted?- soltó fríamente
El cuerpo de Regina se tensó ante la afrenta de la rubia y tronó con voz cortante
-¿Perdón?
-Sencillamente está ofendida por haberse enterado de que estoy en una familia de acogida por una tercera persona. Yo sabía algo personal de usted, conozco una debilidad en su vida aunque ignoro claramente quién es el hombre que intentó hacerle daño, pero tenía una…especie de poder sobre usted, mientras que usted…¡no tenía nada sobre mí!
Regina se acercó a pocos centímetros del rostro de la rubia y la miró fijamente a los ojos. Emma sintió su aliento cálido deslizarse por sus mejillas, y sintió cómo se le secaba la boca. Parpadeó varias veces y pensó que si su profesora decidía besarla, ahí, ahora, ella probablemente moriría en el sitio.
-Miss Swan- comenzó Regina con una voz ronca inclinándose ligeramente hacia el oído de la rubia –Que sepa que tengo mucho más poder de lo que usted pueda imaginar. Jamás, jamás de los jamases, lograría igualarme, no se diga sobrepasarme.
Emma tenía la impresión de que su cerebro no lograría grabar la escena que estaba desarrollándose. Tenía la sensación de que eso jamás habría debido suceder.
Se sobresaltó enérgicamente al escuchar que alguien llamaba a la puerta del aula y retrocedió al menos dos metros, poniéndose una distancia de seguridad entre ellas.
Regina se rio ligeramente e invitó a la persona a entrar. El cerebro de Emma se quedó bloqueado y finalmente se encontró sola en el aula. Sin tener idea del tiempo que había pasado, se sobresaltó al escuchar el timbre y se dio prisa para volver a clase.
Regina se dirigió hacia la enfermería y entró prudentemente para no molestar a su amiga durante su trabajo. La encontró comiéndose unas galletas, con los pies en la mesa y su mano encerrando un vaso de refresco hasta los topes de azúcar.
-¡Por Dios! ¡Fui yo la que te conseguí este trabajo!
-¡Mierda! ¡Redge! ¡Me has dado un susto de muerte!- se ahogó Tink poniéndose derecha
Regina rio suavemente antes de dejarse caer en una silla no lejos de ella.
-¿Qué ocurre?- preguntó la rubia ofreciéndole una galleta a Regina
-Estoy…frustrada…- respondió la directora adjunta rechazando el tentempié.
Tink alzó las cejas tanto que Regina se preguntó si iban a salírseles de la frente.
-¿Frus…frustrada por qué?
Regina se pasó una mano por los cabellos y suspiró
-¡Yo…creo que me he dejado engañar! Creía tener las riendas sobre alguien y acabo de descubrir que…en fin, algo inesperado.
-¿Piensas hablar en enigma todo el día?
-Hay una alumna con quien hablo mucho, le tengo estima y la ayudo con su memoria y…hace unos días, hice un descubrimiento sobre ella y me culpo por haber estado…tan cerca de esa chica sin darme cuenta de todo eso.
-¿Es algo grave?- preguntó Tink, algo perdida
-No, en fin, no lo sé, quizás.
Tink suspiró
-Bien, no comprendo nada de lo que chapurreas, así que vamos a cambiar de tema, ¿te parece?
-Humm…
-¡Me han invitado en Navidad!
-¿Quién?- preguntó Regina cuyo interés acababa de ser rápidamente avivado.
-¡Por la misma persona que tú, tonta!
-Te había dicho que pasaríamos la Navidad juntas
-¿Te molesta?- preguntó seriamente Tink inclinándose un poco hacia delante
-¡Por supuesto que no!- dijo Regina encogiéndose de hombros
Ella y Tink habían sido íntimas el año pasado, pero Regina no había sabido cuidar a la rubia y ella había terminado por poner un final a su historia. Tink la había culpado, pero rápidamente había comprendido que los secretos y demonios de Regina eran más fuertes. Aunque ella intentaba sostener a la morena, llegó un momento en que no comprendía sus cambios de humor y las barreras que había alzado alrededor de su corazón.
Una hora después, Regina se marchó, debía volver a clase, y Tink acabar su turno.
Los días pasaron y Regina no volvió al Chapèlier Fou, como si pasara de la rubia. Cuanto más pasaban los días, más nerviosa estaba Emma ante la idea de recibir una notificación que le anunciara que tenía que cambiar de director de memoria. Como si los rumores que corrían sobre ella no bastaran…
El último era que ella realmente se había acosado con Killian en el asiento de atrás del coche de este y que lo habían repetido unas tres veces. Sospechaba que había sido Katherine la autora de los rumores y se estaba conteniendo para no plantarle el puño en la cara. Joy, que estaba en el mismo instituto, mantenía para ella lo que había escuchado para que Linda y George jamás se enterasen.
El Chapèlier Fou estaba realmente vacío esa tarde y Emma no dejaba de lanzar miradas al exterior de la cafetería para atisbar el Mercedes de la profesora Mills. Esta llegó antes de la hora y Emma suspiró. Regina Mills no la había olvidado.
-¡Miss Swan!- dijo Regina dejando su bolso sobre un taburete
-¡Profesora Mills!- respondió Emma dejando delante de ella un vaso, esperando el pedido de la de más edad.
-Un zumo de manzana
Emma sirvió a la joven y se retorció las manos esperando lo que vendría.
-Entonces, ¿aún quiere hacer su memoria?- preguntó la morena llevándose el vaso a los labios.
Emma se encogió de hombros.
-Cometí… una tontería, pero…de hecho, ¡no! No me puse al volante del coche, incluso intenté detener a Belle, no fui yo quien quiso empotrarse contra un escaparate. ¡No soy culpable, ni incluso responsable…No me puse borracha al volante, no me quedé dormida al volante y no me he acostado con Killian Jones!
Se detuvo en seco, horrorizada, y escrutó el rostro de su profesora. Sintió cómo sus mejillas se enrojecían. Había levantado el tono y estaba convencida de que las consecuencias iban a ser terribles.
-Me alegra mucho. ¿Y si nos ponemos mano a la obra?
-¿Es todo?
-¿Prefiere que responda?- amenazó dulcemente Regina lanzándole una mirada glacial.
-¡No! ¡Prefiero trabajar!
Los días desfilaron y Emma solo se autorizó un día de tiendas para comprarse el vestido que iba a llevar al baile de Año Nuevo. Ruby había insistido en acompañarla. En cuanto a Belle, ya que su padre la había castigado severamente, no podía ir a ninguna parte, pero había exigido una foto del vestido. Ruby propuso toda clase de vestidos que Emma encontraba provocativos y poco apropiados para el baile.
-En primer lugar, no veo por qué me esfuerzo en buscar un vestido, nadie me ha pedido que lo acompañe- gruñó Emma mientras se probaba el enésimo vestido.
-Podría ser que Killian Jones te pida que seas su pareja- informó la morena dejando el sujetador en el estante frente a los probadores.
-¿Ah sí? Bueno, ya que todo el insti se empeña en decir que me acosté con él el día de mi cumpleaños, debería aceptar sin rechistar… Bueno, ¡no entro en este!- suspiró Emma saliendo del probador con el vestido a medio cerrar a un lateral.
Ante la expresión de Ruby, Emma entró en pánico
-¿Qué? ¿Lo he roto?
-¡Ah no! Tiene que ser ese, es simplemente…sublime. ¡Te queda super bien!- se entusiasmó Ruby dándole la vuelta a Emma hacia el espejo.
La joven vio un poco mejor su reflejo y lo que vio le gustó enormemente. Le preguntó a la dependiente si, por casualidad, no lo tenía en una talla más.
-Ah…lo siento, señorita, pero es el único que nos queda
Emma lanzó una mirada desilusionada a su mejor amiga, pero esta sacudió la cabeza.
-No, Emma, debe ser este. ¡Si quieres dejar muerta de envidia a Katherine!
-¡Pero Ruby, no me voy a pasear con el vestido medio abierto!
-¡Solo tienes que perder dos o tres kilos! ¡Te estás quejando todo el tiempo, ahora no tienes elección!
-Pero el baile es en…
-¡Un mes! ¡Tienes tiempo suficiente! ¡Para empezar, deja de inflarte a papas y…caramelos todo el día!- le sermoneó Ruby arrancándole el paquete de las manos.
-¡Hey! Pero…
-Y deberías hacer un poco de deporte, sino…¡hola a los michelines!
-¿Y cuándo lo hago?
-¡Por las mañanas! ¡Temprano! Hay mucha gente que hace deporte. Ve a correr al parque, hay buenas duchas a disposición. Es muy limpio y…
-De acuerdo, de acuerdo. Entonces, ¿lo cojo?
-¡Y tanto!- dijo Ruby empujándola hacia el probador
Así que, todas las mañanas, Emma pasaba una hora en el parque antes de ir al instituto. Sus hermanos y hermanas en la desdicha le habían asegurado que eran capaces de apañárselas sin ella para levantarse a la hora e ir a la escuela con algo en el estómago. Sin embargo, cada mañana, Emma sentía una punzada de culpabilidad al dejar la casa. Aunque sabía que en poco tiempo, debería marcharse de esa familia, evitaba pensar demasiado en ello, encontrando insoportable la idea de abandonarlos en las garras de Linda y George.
Al cabo de una semana, ya vio cómo sus piernas se afinaban un poco, y hacía ejercicios extras para esculpir sus caderas. Generalmente, eso le permitía despertarse antes de ir al instituto. Le gustaba correr, porque podía mirar a la gente a su alrededor y cruzar sonrisas cómplices con ciertas personas. Sobre todo con una chica con la que se cruzaba en el mismo sitio, cada día. Todos los días se cruzaban, se sonreían y se marchaban sin decirse una palabra. Pero esa mañana, Emma quería encontrar el valor para decirle algo. Había reflexionado mucho su plan y quería ser ella la que diera el primer paso. Comenzó entonces con sus ejercicios y echó a correr por el sendero que bordeaba el lago. Poco a poco se acercaba al cruce en el que aparecería la chica. Imposible no verla venir, ella saldría de entre los arbustos como un ángel. Emma, de repente, la vio y se giró para entablar contacto visual con ella, caminó hacia atrás algunos metros y lanzó un «buenos días» alegre. Después, giró hacia el camino que la morena bajita acababa de dejar para chocarse violentamente con una masa negra.
-¡Ay!- gritó cayendo pesadamente al suelo. Sus gafas saltaron de su rostro y cayeron medio metro más lejos. Se giró para ver si la morena la había visto caerse, pero esta continuaba su camino. Casi tuvo tiempo de sentirse aliviada antes de escuchar
-¿Miss Swan, en serio?
Emma tragó saliva mientras se levantaba.
-¿Profesora Mills?
-¡No puedo ser verdad!- resopló Regina mientras se ponía de pie, rechazando la mano tendida de Emma
-Yo…¿se…se ha hecho daño?- preguntó la rubia mientras sacudía el polvo de las rodillas de su profesora, como lo hubiera hecho con un niño que acabara de caerse.
-¡Swan! Pero, ¿qué hace?- dijo la morena, rechazándola rápidamente
-Perdón…yo…lo siento. ¿No se ha hecho daño?- volvió a preguntar Emma plantando ahora su mirada en los ojos de la mayor.
-No, ¡usted me ha hecho daño!- rectificó Regina masajeándose la espalda
-Lo siento- soltó finalmente Emma -¿Viene…viene a menudo aquí?- preguntó tímidamente recogiendo sus gafas
Tras un momento de vacilación, Regina se relajó y le ofreció una sonrisa discreta a su alumna.
-Todas las mañanas vengo a correr un poco…hoy he tomado otro camino…más peligroso aparentemente
-Oh…euh…sí. ¿Hace mucho tiempo que viene por aquí?
-Bueno…Desde que no vivo muy lejos
-Ah…yo…¿puedo correr con usted? Necesito fijarme en alguien…y usted es a la que conozco más en este parque
-Le aviso, no ralentizaré mi ritmo.
-¡Perfecto! Si es lo que hace falta para tener un cuerpo como el suyo…
Al darse cuenta de lo que acababa de decir, abrió la boca, asustada, y se enfrentó a la mirada asombrada de su profesora.
-No…quiero decir…usted…usted es…en fin…
-Swan, no hable, ¡va a sentir punzadas!- replicó la morena echando a correr.
Algunos minutos más tarde, Emma tenía los pulmones ardiendo, y sus mejillas se habían puesto escarlata, pero continuaba corriendo a grandes zancadas al lado de su profesora. No querría pararse por nada del mundo, quería probarle a Regina Mills que era una luchadora. Cuando vio los vestuarios al cabo del camino, sintió un alivio tan grande que se le escapó un gemido. Regina le lanzó una mirada de reojo y una sonrisa nació en sus labios.
-¿Todo bien, miss Swan?
-¡No…puede…ir mejor!- llegó a articular la rubia
Ralentizaron sus carreras e hicieron algunos estiramientos antes de entrar en los vestuarios.
En el momento en que la profesora iba a separarse de la joven, esta se tomó la libertad de agarrarla delicadamente por la muñeca, pero ante la mirada de la morena, retrocedió y soltó el agarre, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
-¡No…no soy una chica que abandona!
-¿Perdón?
-La memoria, mis estudios, iré hasta el final…y…siento no haberle hablado de mi situación familiar…no es algo que confiese a menudo porque después solo recibo miradas de piedad o prejuicios tontos.
-Yo tampoco soy alguien que abandona, y realmente no juzgo la situación social de la gente con la que me relaciono- enunció Regina de manera enigmática
Después, la dejó allí, en medio de las grises taquillas. Emma se rascó la nuca, ¿qué habrá querido decir? Frunció el ceño y decidió de irse a la ducha.
Regina entró rápidamente en la ducha, tenía que enfriar su cuerpo inmediatamente. El gemido de Emma resonaba en bucle en su cabeza y sintió como aumentaba su excitación al imaginarse que algunas cabinas más allá, Emma estaba ciertamente desnuda. Dirigió su mano hacia sus muslos y vio que estaba húmeda. Se negó a un placer solitario y abrió a tope el grifo de la ducha. Emitió un gruñido al sentir el agua helada resbalar por sus hombros, sus pechos, su espalda. Tenía que ver a Tink.
Regina salió de las duchas y echo a andar hacia su coche, pero Emma chocó con ella al salir de su cabina.
-¡Es la segunda vez hoy, Swan! ¡Cambie de gafas o mire por dónde va!- soltó
-Profesora Mills, ¿nos vemos en el café?- preguntó la rubia sin prestar atención al tono de la directora
Tras un corto silencio, Regina respondió, encogiéndose de hombros
-Sí, la veo a las 15:00
-Hasta luego entonces, y gracias por el entrenamiento
Vio a la rubia alejarse y se dirigió a su coche.
Emma tomó rápidamente una comanda antes de dirigirse hacia una mesa que demandaba su atención de nuevo. Volvió a la barra y le pasó las comandas a Leroy que gruñó algo más fuerte con cada nueva bebida. Jefferson no estaba, tenía la suficiente confianza para dejar el bar en las manos de los dos, ellos intentaban mostrarse dignos de esa confianza y redoblaban esfuerzos con los clientes.
Emma miró el reloj, después al aparcamiento para ver si Regina llegaba. Nadie.
Una hora más tarde, su profesora de literatura pasó por la puerta, todo ya estaba más en calma en el establecimiento.
-¡Profesora!- dijo Emma al ver los ojos rojos de la morena
-¿Está Jefferson? No lo localizo- dijo Regina posando una mano sobre la barra.
-Euh…No…¿Todo va bien, profesora?
Regina parecía dudar en si confiarse a la rubia. Después, ella recobró cierta contención y declaró
-Lo siento, Miss Swan, no podré quedarme con usted esta tarde, tengo…cosas que hacer
Emma la vio abandonar el bar y ella se mordió el labio. Se giró hacia Leroy que había asistido a toda la escena.
-Oh, venga, me vas a decir que vas a dejar el trabajo antes…
Ella le puso la mirada del gato con botas y él tiró su trapo, descontento.
-¡Venga, desaparece! ¡Rápido, pequeña, antes de que me arrepienta!
Ella se quitó su delantal y corrió a alcanzar a la morena en el aparcamiento. Esta estaba llegando a su coche.
-¡Espere!- gritó Emma al llegar a ella
Regina se giró y frunció el ceño.
-¡Yo…sé cuando la gente miente!- resopló Emma
-¿Perdón?
-Sé cuando la gente está mintiendo y…¡usted ha dado un falso pretexto para marcharse!
-Swan…- resopló Regina exasperada por las maneras de la joven
-Deje que sea Jefferson por hoy, no podrá localizarlo, está en la ciudad para firmar los papeles de compra de otro bar. Debía ser un secreto, pero sé que usted intentaría localizarlo y…n iba a poder hacerlo. Y los profesores Blanchard y Nolan están de salida escolar. Así que…
-Así que, según usted, solo me queda una opción, ¿y es usted?- preguntó desdeñosamente la morena
-No, pero yo estoy aquí, y no tiene pinta de estar bien- replicó Emma con voz dulce.
Emma agarró dulcemente su muñeca y su pulgar acarició amablemente su articulación, después ella tiró con suavidad para que no se resistiera más.
-¡Venga!
Regina la siguió, incapaz de resistirse.
-¿Estará usted en el baile de Año Nuevo?- preguntó la alumna tomando un camino que se hundía en el bosque
-Probablemente
Emma se enfurruñó, no había previsto tener que mantener la conversación ella sola y se sintió algo desvalida. Buscó un tema de conversación rápidamente.
-¿Va a volver a correr mañana?- preguntó de repente
-Sí, seguramente
-Si…si la veo, ¿podré seguirla otra vez? Confieso que normalmente mis músculos no trabajan tanto porque me dejo ir en ensueños.
Regina rio, divertida
-Sí…lo sé, no es de verdad sorprendente- concedió la rubia
Caminaron durante un rato, Emma hacía de todo para hacer reír a su profesora. Cuando volvieron al aparcamiento, Emma sintió una puntada de decepción, habría querido continuar el paseo durante un poco más de tiempo. Se pararon cerca del coche y Regina sacó sus llaves parar abrirlo. Se giró después hacia Emma y la miró, algo incómoda. Buscaba, visiblemente, un modo de terminar ese encuentro.
-No diré nada- prometió Emma balanceándose de un pie a otro, incómoda.
Regina agarró su mano y la presionó suavemente, después se inclinó hacia Emma y esta creyó que iba a desvanecerse allí mismo. La morena depositó un dulce beso en la mejilla de la alumna, y dio un paso atrás para cruzarse con su perdida mirada.
-Gracias…por el paseo, miss Swan- precisó ella antes de subir al coche y partir con una sonrisa de reconocimiento.
-¡De…de nada!- gritó Emma cuando el coche ya estaba lejos.
La burbuja de felicidad que acababa de hincharse en su pecho estalló de repente en una sonrisa bastante tonta.
-«¡Gracias por el paseo, miss Swan!»- imitó haciendo una reverencia «¡Oh miss Swan, gracias por el paseo!»- repitió riendo como la adolescente que era.
Volvió al bar improvisando un pequeño baile de la victoria, con el corazón en las nubes.
