La cohabitación
Emma abrió los ojos al escuchar ruidos no lejos de su habitación. Ya era de día, la ventana estaba cerrada y las cortinas corridas, una manta estaba posada hasta su cintura. Ninguna duda de que su profesora había venido para cerrar la ventana y cubrirla. Emma tuvo la extraña sensación de no estar en su sitio. Cogió su teléfono. Amber había intentado llamarla. Su vientre se contrajo y prefirió volver a poner el teléfono en su bolso. Discretos golpes fueron dados en su puerta. Se aclaró la garganta e invitó a entrar.
Regina ya estaba vestida, y ofreció una sonrisa al entrar.
-Espero que le gusten los huevos revueltos- anunció dejando la bandeja bien surtida al lado de Emma.
-Gracias- murmuró ella, incómoda
Alzó un poco la manta sobre su vientre y se apoyó contra las almohadas.
-Tiene una cara espantosa, mis Swa…
-¡Emma!- imploró casi la joven
-Nunca he llamado a ningún alumno por su nombre- anunció secamente Regina
-Sí, pero supongo que pocos alumnos han estado en su casa- replicó ella hundiendo el tenedor en su comida.
Regina prefirió abrir las cortinas antes que replicar a la contestación.
-Por cierto- comenzó Emma manteniendo la vista fija en el plato- Quisiera darle las gracias por lo de esta noche, fue…no sé muy bien qué decir y…de hecho…tengo miedo de haber sido un poco…demasiado…en fin…
-Swan, he visto la violencia de ese hombre…
Emma guardó silencio. No sabía qué decir. Regina posó una mano en la rodilla de la joven y le dio un golpecito amable.
-Acabe de comer y después únase a mí en la cocina, tenemos que hablar.
Emma detestaba esa frase, es más, ¿a quién le gustaba? «Tenemos que hablar» significaba a menudo algo desagradable…¿La profesora Mills la iba a poner de patitas en la calle? ¿Le iba a echar un sermón?
Emma se dio prisa en tragar el resto de su desayuno y en ponerse lo esencial para bajar a la cocina.
El olor en la casa era delicioso, azucarado, pero sin ser empalagoso. La luz era diferente ahí. Emma tenía la impresión de que la luminosidad era pura.
Hubiera apostado que esa casa era la de un arquitecto. Puntos de luz golpeaban aquí y allí el mármol y los muebles oscuros destacaban la belleza del hall de entrada.
Emma se presentó en la cocina, vestida y sus cabellos recogidos en un moño.
Cuando Regina la vio, emitió un suspiro satisfecho.
-Bien, miss Swan, me gustaría hablarle de lo que me contó ayer, sobre los servicios sociales.
El vientre de Emma se retorció y eligió sentarse pues no estaba segura de poder mantenerse en pie largo tiempo.
-¿Por qué?
Regina habló lentamente para que la joven comprendiera sus palabras. Ella veía el brillo de pánico que acababa de aparecer en los ojos verdes, pero se negaba a que eso la desestabilizara.
-Muy honestamente pienso que sería lo más sensato llamarlos, pero no quiero hacerlo antes de que esté preparada.
Emma creyó que iba a derramarse en lágrimas. Regina no tenía idea alguna de la vida que ella había llevado hasta ese momento. Los hogares que había recorrido sin, sin embargo, encontrar una estabilidad. Miró detenidamente a la morena, esperaba que le dijera que era una broma. Se cerró como una ostra y finalmente se levantó.
-Me voy. Voy a volver a la casa y…
Regina se levantó a su vez e intentó apoyar una mano en el brazo de la joven, pero esta lo esquivó.
-No, espere, no entre en pánico de esa manera, Swan.
Emma retrocedió poco a poco sacudiendo la cabeza de izquierda a derecha.
-No, no, me voy
Regina arqueó una ceja y caminó hacia la joven.
-Miss Swan…
Una repentina cólera se apoderó de la estudiante, su rostro fue adquiriendo, poco a poco, trazos feroces.
-¡No, usted no tiene derecho! ¡No puede ofrecerme cobijo y finalmente ponerme entre la espada y la pared al día siguiente diciéndome que por crisis de consciencia quiere avisar a los imbéciles que no tienen nada que hacer aquí! Por favor…créame, si ya no quiere acogerme, me marcharé, pero…yo…¡no, suélteme!
Regina había pasado una mano sobre el hombro de la joven y no pensaba quitarla. Mantuvo su agarre y la estrechó dulcemente.
-¡Miss Swan, por favor! No se ponga de esa manera. No haré nada mientras no esté usted preparada para hacerlo junto conmigo. Pero tarde o temprano, habrá que avisar a los servicios sociales para que os realojen en una familia respetable, sana, estable y calurosa. ¿Comprende?
-¡Yo…le aseguro…los servicios sociales…yo no cuento para ellos, no cuento para nadie! ¡No soy sino un número entre otros en esos jodidos papeles!
Una sombra pasó por la mirada de Regina. ¿Cómo habían podido dejar que una niña se convierta en esto? ¿Cómo Emma podía tener una visión tan negativa de ella misma? Regina volvió en sí.
-Miss Swan, créame, ningún alumno ha entrado en este sitio, así que si usted está aquí, es porque usted cuenta un poco más que los otros alumnos.
Tras varios segundos, los labios de la estudiante se estiraron y su mirada traviesa salió a la superficie.
-¿Intentan decirme que, aunque no me llame por mi nombre, cuento para usted?
-¡Por Dios! ¿Cómo puede tener tal opinión de sí misma?
La sonrisa de la rubia desapareció. ¿Regina Mills la vería solo como eso? ¿Como una niña del sistema? ¿Una cría rechazada, llevada de hogar en hogar? ¿Podría Regina Mills entender que no todo el mundo vivía en una mansión? Una cólera repentina se amparó de la rubia. No. Regina Mills, sin duda, no podría comprenderlo.
-¡Tengo los pies sobre la tierra!- escupió –¡En cuanto a los servicios sociales, creo que conozco el sistema mejor que usted y déjeme repetirle que ellos no pueden hacer nada en nuestro favor!
-En ese caso, ¿por qué negarse a llamarlos, Miss Swan? Visiblemente no pierde nada si los llama, según lo que me está diciendo.
-Profesora Mills, escuche, yo...sabe…yo…yo
Desconcertada y empujada hacia sus defensas, Emma perdió la paciencia y se dirigió a la salida, Regina corrió tras ella y la hizo darse la vuelta.
-Pero, joder, ¿qué quiere saber?- gritó la joven apartando su brazo, sintió de nuevo abatirse sobre ella la fatiga.
-¡Quiero saber por qué me encuentro ayudando a una de mis alumnas! ¡Metiéndola en mi casa, quiero conocer su historia Swan!- soltó Regina con voz regia.
Emma respiraba aceleradamente, Regina intentó calmarla con la ayuda de una mano en su hombro. Al límite de sus fuerzas y eso que se había tragado un buen desayuno, Emma se dejó conducir al salón.
Todo era nuevo. Había dormido fuera de casa sin autorización. Alguien le tendía la mano, un adulto para ser más específico. Se interesaban por ella, por su futuro. Emma constató con estupor que en toda su vida nadie había hecho nada tan importante por ella. Nadie la había cuidado hasta ese punto. Incluso August se había marchado. Y aunque Ruby y Belle lo habían intentado a veces, Emma las había alejado…pero Regina Mills lograba hacerse escuchar y entender, tranquilizaba a Emma del mismo modo que podía crucificarla en el sitio.
-Si se lo cuento, ¿me dejará tranquila?- preguntó ella finalmente cruzándose con la mirada de la morena que tenía delante.
-¡Por supuesto que no!-dijo Regina sacudiendo la cabeza de izquierda a derecha.
Emma reviró los ojos.
-Bueno, ¿qué quiere saber?
Regina reflexionó un instante, no se había esperado una pregunta como esa. Y había tantas cosas que quería saber…Sin embargo, hizo una pregunta susceptible de provocar algo.
-¿Por qué cree que no cuenta para nadie?
Emma se encogió de hombros y poco a poco, Regina vio cómo su mirada se alejaba, y finalmente se perdía.
-Espero que tenga tiempo- susurró la rubia nerviosa por lo que iba a contar.
Regina se inclinó un poco para darle confianza.
-Tan lejos como alcanza mi memoria, nunca he vivido serenamente. Debía tener algunas horas de vida cuando me encontré en el borde de una carretera, medio envuelta en una mantita en la que estaba bordado el nombre de Emma. Aún no era invierno, pero la nieve ya había caído y las temperaturas habían alcanzado cero grados. Me metieron en un orfanato donde muy rápido tuve que aprender a portarme bien y ser una buena niña. La gente venía y se iban con un niño…nunca conmigo. Yo no era lo bastante bonita, o lo bastante amable, y además, yo era demasiado imprudente, me subía a todas partes y era más fuerte que los chicos. Les ganaba en carreras, podía luchar mejor que ellos y…en fin bueno…una verdadera marimacho. Y aunque pudiera aparentar con mis trenzas rubias y mis grandes ojos claros…ningún padre se lo tragaba. Finalmente, con ocho años, vino una familia y me eligieron. En su casa me hice esta cicatriz, idas y venidas frecuentes a urgencias. No nos cuidaban y había un chico que necesitaba siempre martirizar…cayó sobre mí. Jamás había tenido miedo, no he jugado nunca tanto como en esa época. Porque tenía la impresión de que era libre por primera vez en mi vida.
-¡Me la imagino siendo una niña llena de vida!- subrayó Regina
Emma asintió
-Corría imaginado sin cesar que si iba lo bastante rápido, el mundo de fantasía iba a abrirse delante de mí.
Su sonrisa se evaporó.
-A continuación, dos años después, estuve en una familia donde yo era la más grande, por tanto la que debía cuidar a los otros…en fin, tenía la impresión de que al ser la mayor, tenía que ser aquella con la que los más jóvenes pudieran contar. Ya sabe, como antes los mayores me martirizaban, no tenía ganas francamente de hacerle pasar eso a los otros…quizás hubiera debido hacerlo. Me quedé allí algunos meses y después…le ahorro los detalles de todas mis familias de acogida, y le voy a hablar de las que más me marcaron: a los doce años estuve con una familia cuya madre era alcohólica. Dejaba que nosotros nos buscáramos la vida mientras ella recorría todos los bares del estado, un día volvíamos del colegio con August…euh…sí, también debo hablarle de August- dijo la joven haciendo una mueca –August y yo no conocimos en esa familia y después a menudo acabamos en las mismas familias de acogida. Es alguien a quien aprecio, pero que no está verdaderamente presente en mi vida…en este momento, al menos. Bueno, un día entramos y la encontramos muerta en la alfombra…
Regina tragó saliva y frunció el ceño, ver un cadáver con solo doce años no era ciertamente la forma más suave de entrar en la adolescencia.
-Después, con 14 años, me metieron en una familia verdaderamente guay. Solo que, después de todas esas que había conocido, en la primera noche quise escaparme. Además, había un chico, Kevin que era raro, un verdadero torturador, un día, me robó mi cámara y…bueno. Eso bastó para que intentara marcharme. En el momento en que iba a abrir la puerta, esa mujer me habló. Ella no estaba borracha, no estaba tirándose a un tipo, solo estaba ahí, bebiendo un chocolate en la oscuridad. Me esperaba.
-¿La esperaba?
-¡Sí! Quiero decir, me dijo «he hecho chocolate, ¿quieres?» y después, me confesó que Kevin tenía un miedo atroz a las arañas…Y…me quedé. Fue de verdad…guay, creo que fueron los seis meses más felices de mi vida y un día, ella tenía los papeles de adopción definitiva, ¡finalmente iba a tener una mamá!
Emma tenía lágrimas en sus ojos.
-Entonces, un día volviendo del parque de atracciones y sintiéndome finalmente en mi lugar, ella me empujo hacia la carretera pensando que yo iba a detener un coche, que se precipitaba hacia mí, con mis «poderes»
Se calló, presa de la emoción.
-Como si yo fuera Harry Potter…me marché ese mismo día y he hecho mi camino sola, hasta que cometí…tonterías, grandes tonterías, entonces estuve delante de un juez y me dijo que o volvía con alguna familia de acogida hasta mis dieciocho años o iba a prisión. Creo que era para darme miedo, pero elegí lo que ya conocía: las familias de acogida y desde entonces, vivo en casa de Linda, con George que de vez en cuando me asalta y…
Emma se interrumpió, ¿el término «asaltar» le ha venido de verdad a la boca? Se mordió el labio y deslizó su mirada hacia Regina para saber si podía continuar.
-En fin…bueno, no es la mejor familia del mundo, pero tampoco es la peor. Nos apañamos y tenemos un techo sobre nuestras cabezas.
Regina tenía una pequeña y triste sonrisa, Emma suspiró, se culpaba ahora por haber contado demasiado.
-Vive en el miedo.
Emma la miró, era precisamente eso. Ella había puesto las palabras precisas sobre lo que ella sentía permanentemente. Emma asintió.
-Quédese aquí algunos días, miss Swan, si está de acuerdo, mantendremos este secreto y cuando esté preparada, hablaremos con los servicios sociales. Sin embargo, no debemos esperar mucho…
-¿Por qué hacer esto por mí?- preguntó la joven posando finalmente su mirada sobre la morena.
Regina le tomó el mentón entre sus dedos y la obligó a mirarla a la cara. La estudiante sintió su corazón tambalearse cuando vio una sonrisa iluminando el rostro de su profesora. Un rayo de sol la golpeó en el ojo, pero Emma quería guardar esa imagen en su cabeza hasta su muerte. Regina hundió enseguida su mirada en la de Emma y se tomó un tiempo infinito antes de responder.
-¡Le tengo mucho cariño, Swan!
Como si acabara de recibir una flecha en pleno corazón, Emma no se atrevió a moverse. Quería que ese momento no acabara nunca. Las mariposas que echaban a volar en su vientre la cargaron de felicidad.
De repente, la morena se levantó.
-¿Y si vamos a preparar algo de comer?
Tras la comida, Emma entró en angustia: ¿qué podrían hacer ahora?
-Bien, Swan, tengo algunos trabajos que corregir, después, podríamos quizás ir al cine, si le apetece.
-¡Euh, sí! ¡Por supuesto, con mucho gusto! Antes, me gustaría pasar por el hospital a ver a Alice. Euh…Alice, ya sabe. Estaba en casa de Marco en Navidad.
-Sí, lo recuerdo, la conozco algo- dijo la morena comenzando a subir las escaleras para dirigirse a su despacho –De acuerdo, aproveche para elegir la película
Una vez al abrigo, Regina descolgó su teléfono que no dejaba de vibrar desde hacía varios minutos.
-¡Eh bien! ¿Qué hacías?- preguntó la voz de Chloè al otro lado.
-Yo…no tenía el teléfono cerca- mintió la directora adjunta mirando su reflejo sonrojado en el espejo.
-Ah…de acuerdo, Mary Margaret y yo queríamos pasar a verte esta tarde, ¿no te molesta, no?
La sangre de Regina se heló y su cerebro comenzó a funcionar a pleno rendimiento buscando una solución.
-Esta tarde no será posible, he…cogido…una gripe tremenda y…
-¡Oh wow! ¡No, entonces no! Ni hablar. ¡Eres insoportable cuando estás enferma!
Regina hizo una mueca.
-La última vez que estuve enferma, no te quejabas tanto- creo recordar
-Bueno…podía al menos tomarte en mis brazos para calentarte un poco…
-Adiós, Chloè- concluyó Regina rápidamente para no caer en una conversación incómoda.
Emma caminaba de un lado a otro en la habitación de Alice. Tenía la programación del cine bajo sus ojos y no sabía qué película elegir. Habían eliminado todas las películas románticas, y también aquellas de psicología barata.
Ahora se estrujaban las meninges para que Emma no hiciera el ridículo con la propuesta que le haría a su profesora. Suspiró y se sentó en la cama, frustrada.
-En fin, Emma, ¡no comprendo por qué le das tantas vueltas a una película!
-¡No lo comprendes, es super importante! ¡No quiero pasar por una ñoña!
Alice entrecerró los ojos.
-¿No estarás un poco colgada?- preguntó ella de repente
-¿Hein? ¿Qué? ¡No!
-¡Oh, Dios míoooo! ¡Emma Swan! ¡Me estás mintiendo!- acusó Alice señalándola con el dedo.
-¡Alice, jura que no dirás nada!- suplicó Emma cogida entre la espada y la pared.
La joven se encogió de hombros.
-¿A quién quieres tú que se lo diga? ¿Al grupo de apoyo de casi muertos que veo todos los martes?
-¡Alice!- se enfadó Emma alzando los brazos ante su jovial amiga.
Al poco tiempo tres golpes fueron dados en la puerta y ella se precipitó sobre el programa. Cerró los ojos y señaló un título al azar.
Regina entró en la habitación y saludó a Alice. Tras interesarse en ella, preguntó a Emma.
-Entonces, ¿ha elegido?
-Euh…sí, esta- anunció Emma señalándole la hoja.
Regina leyó el título de la película y alzó lentamente los ojos hacia la joven.
-¿Es la película en la que una chica planea matar a su profesor?- preguntó mientras Alice no podía controlar una risa loca. Emma apretó fuertemente sus parpados y después los reviró.
-Sí…entones euh…de hecho…no sé mucho, parece que…no está mal.
Alice reía ahora a mandíbula batiente y Emma la fusiló con la mirada.
-¿Me he perdido algo?- preguntó Regina mirándolas a las dos, confusa.
-No, no, es solo Alice haciendo bromas verdaderamente de mal gusto- dijo Emma mientras agarraba el codo de su profesora para sacarla fuera.
-¡Swan!
-¡Vamos a llegar tarde!- justificó la rubia empujándola un poco más.
Al girarse hacia su amiga, dijo con los labios un «voy a matarte» asesino.
El cine estaba abarrotado y Emma se había escondido bajo una capucha por si se cruzaban con alguien que las pudiera reconocer.
Regina la dejo comprar las palomitas y se fue a coger sitio. Emma aprovechó para mandar un mensaje a Amber que ya comenzaba visiblemente a impacientarse.
Necesito algo de tiempo para pensar
Emma…francamente, ¡aquí todo está una mierda!
Lo siento, pero de verdad necesito una pausa. ¿Cómo están los otros?
Yendo
-¡Hey! ¡Compramos palomitas!- escuchó de repente Emma cerca de su hombro.
Su sangre se heló en sus venas y se subió más la capucha hacia el rostro para que no pudieran verla.
Una joven pasó a su lado y reconoció el caminar de su amiga. Belle le hacía señas a alguien situado tras Emma.
-¿Uno como estos?- preguntó Belle
Emma quiso salir de la fila de espera, pero le impedían el paso y como no quería hablar por si Belle reconocía su voz, se vio obligada a quedarse en el mismo sitio. Avanzó hacia el dependiente, notando un sudor frío resbalar por su espina dorsal.
-Buenas tardes, elija el tamaño de su recipiente- pidió el muchacho dirigiéndose a Emma.
Ella separó las manos para señalar que quería el grande.
-¿El pequeño?
Sacudió la cabeza de izquierda a derecha y separó aún más las manos.
-¿Mediano?
Suspiró y separó aún más las manos
En la fila, la gente comenzaba a impacientarse.
-¿Bebidas?
Ella sacudió la cabeza negativamente, pagó y abandonó la fila a toda prisa. Se hundió en la sala de cine, buscando con la mirada a Regina, casi cayéndose en la escaleras. Finalmente la encontró y bajó a toda prisa. Se colocó dejando caer la mitad de las palomitas sobre su profesora.
-¡Swan! ¿Qué…?
-¡Shhhhhhhhh! ¡No tan alto!- dijo la rubia lanzando una mirada de pánico hacia la puerta.
-¡Pero, bueno, la película no ha comenzado aún y ya tengo la mitad de las palomitas entre mis muslos!- soltó la mayor sacudiéndose la golosina. Emma se detuvo mentalmente en la última frase de la joven mujer y evitó soltar un gemido. -¡Y quítese esa capucha!
-¡No! ¡Belle está ahí!
-¿Perdón?
-¡Belle French está en este jodido cine! ¡Perdón!- dijo al ver los ojos de Regina entrecerrase ante la palabrota que había pronunciado - ¡Estaba detrás de mí en la fila de las palomitas! ¡Nos va a pillar!
Regina frunció el ceño y fue presa de una alocada risa. Emma le hizo señas para que se callara y siguió lanzando miradas furtivas hacia la entrada.
-¡Swan!- susurró Regina inclinándose hacia la rubia –¡Le recuerdo que no estamos haciendo nada malo!- precisó ella agarrando los lados de la capucha de su alumna –¡Así que, quítese esto! Podríamos perfectamente habernos cruzado en el cine.
-¡Noooo!- rechazó Emma colocándose las manos sobre la cabeza -¡Francamente no tengo ganas de que me vean con usted!-Regina pareció herida con esas palabras y Emma creyó oportuno explicarse inmediatamente. -Es solo que después…van a pensar que mis notas aumentarán porque la veo fuera del insti y además sobre todo, no deseo que la gente crea que…en fin que…que estoy con usted en el cine porque soy…una pobre huérfana sin meta.
- ¡A veces, tiene unas ideas en la cabeza…realmente raras!
-¡Oh mierrrrrda! ¡Viene hacia aquí!- gruñó Emma quedándose quieta en su sitio.
La luz se apagó y Emma escuchó a Belle sentarse dos filas tras ella. Regina lanzó una mirada por el rabillo del ojo a la rubia que parecía haberse derretido en su asiento. De nuevo, fue presa de una risa loca, pero esta vez, no logró detenerla enseguida. La gente se giraba hacia ella y le intimaron a callarse. Después, ellos suspiraron y Emma le agarró la mano suplicándole que hiciera menos ruido, cosa que calmó inmediatamente a Regina que sintió su vientre retorcerse. Emma dejó su mano tranquila y la morena pudo, finalmente, interesarse por la historia.
Emma mantuvo su capucha y le costó concentrarse en la película. Sin embargo, al cabo de una hora, comenzó a relajar su atención. Regina continuaba cogiendo palomitas del cucurucho cuando sin darse cuenta, una escena de amor entre dos actrices muy bonitas apareció en pantalla. Emma se crispó instantáneamente. Regina hundió de nuevo su mano en el recipiente de cartón colocado entre las piernas de Emma y esta sintió de repente otra cosa. Se quedó estática, esperando que la mano de Regina volviera al recipiente. Esta pareció tomar consciencia del emplazamiento del recipiente y cesó todo movimiento.
El fin de la sesión llegó y Emma se hundió un poco más en su asiento esperando a que todo el mundo dejara la sala. Una mano le retiró la capucha.
-¿No hace demasiado calor ahí abajo?- preguntó Regina lanzándole una mirada reprobatoria
-¿Esperamos un poco para salir?- suplicó Emma sintiendo en su bajo vientre una sensación agradable que le daban ganas de reposar en una cómoda cama.
El fin de semana pasó rápidamente y el lunes por la mañana, Regina llamó a la puerta de Emma y esperó a que esta se dignara a responder.
-Miss Swan, ¿está levantada?- preguntó la morena alzando la voz
La puerta se abrió y Emma retrocedió algunos pasos. Regina estaba vestida con unos pantalones cortos de footing, que moldeaba la curva de sus muslos y sus nalgas, poniéndolas en relieve. Su camiseta esculpía su vientre plano y apretaba sus pechos, dejando sus brazos desnudos. Posó sus manos en las caderas, esperando que la rubia se dignara a abrir la boca.
-Yo…estoy lista- declaró la joven mirando su ropa usada y menos glamurosa que la de su profesora.
-¡Vamos a correr!- dijo la morena cogiendo las llaves de su coche.
El recorrido se hacía más fácil día tras día para Emma, pero no se sentía aún lista para cambiar de camino. Terminaron su recorrido en una hora y se dirigieron hacia los vestuarios.
La efervescencia en el instituto se había redoblado después de ese fin de semana. Todos hablaban del baile de Año nuevo, de quién se había acostado con quien, de quién se había quedado solo, de quién había pasado una mala velada…De nuevas parejas que se habían formado, de otras que habían roto, pero Emma estaba segura de que ninguna historia podía acercarse a la suya. Se dirigió a clase sin haber encontrado huella de sus amigos. Caminó hacia el fondo del aula y se sentó en su sitio habitual.
Ruby, que ya estaba sentada, la fusiló con la mirada sin dirigirle una palabra.
-¿Has pasado un buen fin de semana?- intentó Emma con voz débil
Su amiga cerró con fuerza su libro y se levantó para ir a sentarse en la primera fila, para estar segura de que Emma no la seguía.
-¡Rubs!- dijo la joven antes de volver a sentarse en su sitio, con las sienes palpitándole.
A su llegada al instituto, Regina constató que un pequeño grupo de personas se había reunido delante de su despacho y sintió las miradas posarse en ella. Inmediatamente, pensó que Emma y ella podían haber sido vistas en el cine y que sin duda Strombili le iba a cantar las cuarenta. Siguió de todas maneras caminando calmadamente hacia su despacho y fue detenida por David, con mirada grave.
-Redge, ¿qué has hecho?- preguntó él con expresión inquieta en su mirada.
-¡Nolan! ¡Ahora no!- tronó la voz de Stromboli sobresaltando a las secretarias –¡Mills, a mi despacho!
Regina le lanzó una oscura mirada y replicó
-¡Es señora Mills o Regina, o mejor Regina Mills, pero no responderé al sencillo llamado de «Mills», es vulgar, grosero y fuera de lugar!
El grueso hombre fulminaba y sus mejillas se sonrojaron de cólera.
-¡Profesora Mills, a mi despacho, enseguida!- ordenó siguiéndola con la mirada con sus pequeños ojos de cerdo.
Ella se dirigió con paso rápido a la pequeña estancia y él cerró tras ella.
-¿Qué es lo que ha hecho ahora?- suspiró él
Él la encontraba tan irritante como brillante y quería ayudarla lo máximo posible a ascender, pero iba por mal camino, estaba convencido de eso.
-¡Espero con impaciencia que usted me lo diga!- replicó la joven dejando su maletín de cuero en la mesa mientras que Stromboli se sentaba en su silla.
-Me gustaría saber por qué un cuchillo estaba clavado en una hoja con un ojo dibujado en ella en la puerta de su despacho.
Regina frunció el ceño, realmente no se había esperado eso.
-¿Perdón?
Stromboli le hizo señas para que se sentara y ella obedeció más por no tener que discutir sobre su rechazo a las reglas que por la misma obediencia.
-Hemos encontrado esta mañana este cuchillo clavado en la puerta de sus despacho con esta nota.
Él empujó hacia ella una navaja y una hoja de papel donde un ojo de trazos sencillos había sido dibujado con rotulador verde. Ella se inclinó sobre esos objetos y frunció el ceño.
-No sé que puedo decir…no lo he hecho yo si es lo que quiere saber
-¡Por dios, sé muy bien que no ha sido usted! ¡Quiero saber quién lo ha hecho y estoy convencido de que sabe quién ha sido!- alzó la voz dando golpecitos en la mesa con la yema del dedo índice.
-No, no lo sé y no veo realmente por qué me hace esa pregunta como si yo fuera culpable de algo.
Él suspiró entonces y se ablandó.
-Porque usted hace demasiado, profesora Mills, va siempre hasta más allá de los límites. Creo que es una advertencia, al estilo «la tengo vigilada», ¿no cree?
Un silencio se hizo en el despacho. Efectivamente, el mensaje estaba más que claro…
-¿A qué alumno ha ayudado últimamente?
Regina frunció el ceño otra vez.
-¿Me está reprochando que ayude a mis alumnos?
Gruñó y se movió algo incómodo por desvelar su plan tan fácilmente.
-En la última reunión, usted se peleó para que mantuviéramos a alumnos que causan más problemas que otra cosa…
-Quiere hablar de dinero, ¿verdad? ¿Preferiría que optara por alumnos cuyos padres están forrados?
-Regina…
-¡No!- cortó ella furiosa -¡No estoy aquí para hacer dinero, sino para darles un futuro a TODOS mis alumnos! ¡Todos, sin excepción, merecen mi ayuda! Si es este tipo de amenazas que debo recibir a cambio, muy bien, ¡no es más que una puerta! ¡No cambiaré mi modo de enseñar o de darles apoyo a mis alumnos!
-Usted, de verdad va a disgustar a muchos en la enseñanza…
Estaba orgulloso de haber encontrado a esa rara perla tanto como estaba furioso. Ella le daba muchos problemas, pero también una muy buena reputación de cara a los padres…Regina Mills era el bien y el mal…
-¡Me da igual! ¡Que me despidan! ¡Lo poco que haya hecho habrá servido para algo!
Ella suspiró, dejando que la tensión se aplacara. No cambiaría, eso era una certeza, sin embargo, el mensaje era claro, alguien la tenía en el punto de mira…pero, ¿quién?
Los días pasaban y Emma poco a poco se iba acostumbrando a su profesora, y aunque la situación, al principio, le había parecido extraña, rápidamente le había cogido el truco a lo cotidiano. Todas las mañanas, iban a correr al parque e iban al instituto por separado. Generalmente, por la tarde, se reunían para cenar, y Emma adoraba charlar de todo mientras ayudaba a Regina a cocinar. Esos momentos henchían el corazón de Emma, y Regina le estaba cogiendo el gusto, ella también, a esa intrusión en su vida. Tras la cena, Regina iba a ocuparse de los caballos, Emma tenía así tiempo de recoger la cocina y tomar una ducha.
Generalmente, iba a acostarse directamente después, pero esa noche, bajó para esperar a Regina en la cocina. Esta volvió un poco más tarde y no escondió su asombro al encontrarse a su alumna frente a ella.
-Bien, miss Swan, ¿no debería estar acostada? ¿Qué ocurre?
-Yo… mañana vuelvo al trabajo, en el Chapèlier Flou y…voy a volver a casa de Linda
La rubia tenía la cabeza gacha, estaba desilusionada aunque supiera que esa situación no era sino provisional.
-¡No está obligada!
Emma giró la cabeza hacia su profesora y frunció el ceño cuando vio aparecer una sonrisa en su rostro.
-Llegaría muy tarde y no quiero molestarla más. Es…
Regina se dirigió hacia una pequeña cómoda a la entrada y sacó una llave que dejó en la palma de la mano de Emma.
-¿Qué es esto?
- Mi llave de repuesto, se la doy mientras esté aquí. ¿De acuerdo? Así podrá entrar a la vuelta de su trabajo sin tener yo la necesidad de esperarla.
-¡Confía usted mucho!- señaló Emma
-Bueno, le sugiero que jamás pierda esa llave y que jamás abuse del poder que le estoy dando, porque podría volverse en su contra- amenazó Regina con voz cálida
La rubia sintió una calor extenderse por todos sus miembros, acababa de comprender que Regina Mills le ofrecía un asilo. Sin previo aviso, rodeó el cuello de Regina con sus brazos y hundió su nariz en el hueco de su hombro.
-¡Swan!
-¡Gracias!- dijo Emma retrocediendo, con lágrimas en los ojos.
-Oh, por Dios, Swan, séquese los ojos, ¡no va a llorar por una llave!- rezongó Regina.
Así, por las noches, Emma volvía después del trabajo y generalmente, encontraba los restos de una cena, especialmente preparada para ella, en el centro de la isla de la cocina.
Subía después a su habitación de puntillas y a veces, dudaba ante la puerta de su profesora, queriendo solo verla dormir.
Hacía una semana que estaba en casa de Regina y ese viernes por la noche, cuando volvió a casa, encontró la puerta de la habitación de la directora abierta. Terminó de subir los escalones lentamente y observó a la joven, sentada apoyada en el cabecero, con una par de gafas sobre la nariz, las rodillas dobladas sobre las que reposaba un libro. Una de sus manos estaba posada en su cuello mientras la otra sostenía el libro abierto. Emma se embebió con esa visión, Regina parecía casi frágil, serena y por primera vez, Emma la veía sin nada de maquillaje. Se dio cuenta de que Regina seguía igual de bella.
-¡Miss Swan, su habitación es un poco más lejos!- dijo la voz grave de la morena
La joven se sobresaltó y carraspeó, incómoda.
-¡Buenas noches, profesora!
Regina alzó finalmente la cabeza para ver mejor a su alumna.
Allí, en la penumbra, Emma tuvo de repente ganas de tener un contacto con la mayor. Sin embargo, no se atrevió a moverse, sin haber sido invitada.
-¿Quiere entrar?
Emma clavó su mirada en los ojos marrones que ahora la escrutaban y asintió. Tropezó con el hueco que había a la entrada de la habitación de Regina. Se enderezó rápidamente y fue a sentarse frente a Regina, solo en diez centímetros de asiento.
-¿Todo bien?
-Sí, sí
Un corto silencio se instaló y Regina se recolocó mejor sobre sus almohadas.
-Me he dado cuenta de que ya no está con Ruby durante las clases
-No, hemos…nos hemos enfadado- suspiró Emma
Regina asintió tristemente y escrutó el rostro de su protegida.
-¿Ha hablado con…hum…Amber? ¿Se llama así?
-No, me ignora en los pasillos y yo ignoro sus llamadas, necesito…quizás tiempo…
Emma se quedó estática al ver la mano de Regina acercarse a su rostro. La morena acarició su mejilla y dejó su pulgar frotar tiernamente la parte baja de su ojo.
-Parece cansada, miss Swan- murmuró ella con voz ronca.
Emma sintió su vientre contraerse y se contuvo para no soltar un gemido de placer.
En lugar de eso, atrapó delicadamente el puño de Regina y lo dejó reposar sobre el colchón. Después, ella lo estrechó dulcemente y le ofreció una sincera sonrisa.
-¡Usted también!
-Miss Swan, yo…
-¡Qué tenga una buena noche!- dijo de repente la rubia, alzando la voz para no escuchar las palabras de la mayor y levantándose precipitadamente.
Regina pareció desconcertada, pero Emma no le dio tiempo para responder, salió de la habitación y cerró incluso la puerta.
Entró en su cuarto con una inmensa sonrisa esa noche. Sabía que Regina Mills sentía cariño por ella, la caricia en su mejilla era la prueba. Por su parte, Regina agradeció silenciosamente el miedo de Emma. Sin eso, probablemente habría terminado con sus labios sellados.
Emma escribió una fórmula matemática en la esquina de su hoja y se le enseñó a Belle que se echó a reír al echar un vistazo.
-Emma, no puedes poner dos veces la misma fórmula, ¡eso viene a ser como decir dos veces lo mismo!
-¡No entiendo nada!- resopló la rubia dejando caer su cabeza en las manos.
-Escucha algo la clase, te lo volveré a explicar todo más tarde- respondió Belle, magnánima.
Emma refunfuñó y se volvió a sentar frente a su hoja. La voz de David Nolan la acunaba y pronto se quedó medio dormida. Algunos golpes en la puerta fueron dados y Regina Mills entró sin esperar respuesta.
-¡Swan!- la llamó haciéndole una señal para que saliera del aula.
-¿Qué has hecho?- preguntó Belle en voz baja al verla levantarse.
Emma se encogió de hombros y Regina sacudió la cabeza de izquierda a derecha.
-¡No, coja sus cosas!- informó cruzándose de brazos
Las miradas se posaron sobre ella, en particular, la de Ruby que frunció el ceño.
Emma sintió la inquietud crecer en ella y se dio prisa en recoger sus cosas. Encontró el silencio del pasillo y Regina caminó algunos metros antes de girarse hacia la joven.
-Miss Swan…
A Emma no le gustaba ese tono grave, no le gustaba esa expresión sombría de la mayor, no le gustaba tampoco el silencio que llenaba el tiempo. Ese tipo de silencio que aparece cuando una mala noticia va a ser dicha, ese tipo de silencio ensordecedor que te rodea cuando no estás preparado para el golpe. Se apoyó en la pared para prepararse ante la confesión de la directora adjunta.
