Sola
Emma se pasó una mano por el rostro, conteniendo los sollozos que amenazaban con llamar la atención sobre ella. Lanzó un mirada por la ventana que daba al abarrotado parking, queriendo intentar pensar en otra cosa, pero, ¿cómo podría? Miró el reloj con atravesada mirada, como si quisiera reprocharle que fuera demasiado lento. Terminó por sentarse, las piernas ligeramente abiertas, los codos apoyados en las rodillas y las manos juntas contra su frente.
La profesora Mills, sentada a su lado, tecleaba en su teléfono, había salido algunos minutos antes para hacer una llamada agitada, pero Emma no tenía ánimos para interesarse en la peliaguda conversación. Ruidos de pasos se acercaron y la joven alzó rápidamente la cabeza, sintiendo inmediatamente las nauseas apoderarse de ella. Se había enderezado demasiado rápido; vio a alguien pasar por delante de la sala de espera sin dignarse a darle una mirada. Suspiró y se giró hacia su profesora.
Los ojos de Regina Mills podían ser feroces, glaciales, pero en ese momento eran los más dulces que Emma jamás hubiera conocido.
Sintió un repentino vértigo y agarró el antebrazo de la directora adjunta con una mano poco firme. Rápidamente, la morena le agarró el codo para transmitirle apoyo.
-Creo que voy a vomitar…- gimió Emma al ver las sillas bailando alrededor de ella.
Regina la ayudó a sentarse en el suelo y le apartó del rostro algunas mechas rubias que le daban vueltas.
-¡Estire sus piernas!- ordenó amablemente la morena.
Emma la escuchó y cerró los párpados para no seguir viendo las sillas balancearse a su alrededor. En cuanto sintió que su vértigo se disipaba, volvió a abrir los ojos y asintió varias veces con la cabeza para tranquilizar a la morena que tenía una expresión inquieta.
-Dígame, ¿por qué se queda?-preguntó la estudiante frunciendo el ceño.
Regina se volvió a poner su máscara profesional y suspiró.
-Joy es una alumna del instituto y se ha…intentado suicidar en los baños del centro, creo que la policía no tardará en venir a preguntar…así como los servicios sociales…
Ante esa mención, Emma se encogió
-¿Les va a decir lo que vio?
Regina inclinó la cabeza hacia un lado y dejó salir una breve sonrisa triste.
-No tengo elección, miss Swan
-Sí, al contrario…- replicó la pequeña rubia encogiéndose de hombros.
-¡Se ha convertido en algo lo suficientemente grave como para que Joy quiera poner fin a sus días!
Emma cerró fuertemente sus párpados, parecía que su cerebro no quería asimilar la información, pero sentía su vientre retorcerse solo de pensar en la posible muerte de Joy.
-¡Está allí!- gritó una voz en la entrada de la sala de espera.
Nathan, con su mochila a la espalda, sujetaba a Amber de la mano, sin duda para que ella no corriera demasiado rápido.
Inmediatamente, Emma se enderezó y caminó hacia su hermano pequeño, que enseguida retrocedió. Ella se asombró
-¿Nathan?
-¡No he venido por ti!- dijo él lanzándole una mirada furiosa.
Ella se sintió desconcertada unos segundos y sacudió la cabeza.
-Yo…lo sé, pero…
-¿Tienes noticias?- preguntó Amber en tono glacial que hizo tomar consciencia a Emma de que ella había crecido. Ahora era capaz de mostrarse increíblemente fuerte frente a improbables situaciones.
-Aún no
-Bueno, vamos Amber, esperaremos más allá…- gruñó Nathan tirándole del brazo.
Impotente, Emma las vio alejarse y sentarse a varios metros. Regina había asistido a la escena sin decir esta boca es mía, bien consciente de que no debía meterse, pero sintió su corazón encogerse cuando vio el rostro turbado de la rubia.
-¡Les he abandonado!- gimió ella abrazando su propio cuerpo.
Regina no supo qué responder. Es más, no había nada que decirle a la joven cuando estaba en ese estado, empezaba a conocerla bien.
Emma se dejó caer en una silla y encogió sus piernas contra su pecho, abrazándose las rodillas. La muerte de Joy no era algo pensable. ¿Cuánto tiempo habría agonizado en los baños? ¿Cómo había podido llegar hasta tal situación?
Regina se sentó a su lado y acarició dulcemente su brazo, para tranquilizarla, mostrarle que estaba ahí.
-Miss Swan, hábleme
Todo se revolvió en su cerebro y sintió dos lágrimas rodar por sus mejillas.
-¡Los abandoné como hicieron conmigo en la carretera!
Regina frunció el ceño y movió su cabeza de izquierda a derecha.
-¡Usted necesitaba tiempo! Necesitaba tiempo para retomar las cosas desde bases sólidas y…
-¿Qué haces tú aquí?- dijo de repente una voz un poco más lejos.
Emma alzó rápidamente la cabeza y se soltó de la mano de Regina.
-¿Qué haces tú aquí?- repitió Linda avanzando con paso amenazador.
Al otro lado de la sala de espera, Nathan y Amber se levantaron y dudaron antes de ir y colocarse al lado de Emma.
-Joy está con los médicos y…
-Buenos días, señora, ¿es usted la mamá de Joy?- cortó inocentemente Regina sonriéndole
Ella la escrutó con la mirada y Emma se colocó delante de Regina para hacer de escudo a esa mirada.
-¿Puedo saber quién es usted y sobre todo dónde está mi hija?- preguntó la rubia con ojos aguados.
Nathan y Amber se miraron sorprendidos. Emma rio por lo bajo, Linda sabía actuar muy bien. Y aunque Linda debía estar aterrada ante la idea de que los servicios sociales le retiraran a los niños y por tanto el dinero, lograba poner una expresión preocupada.
-Soy la directora adjunta del instituto donde Joy y Emma estudian- respondió la morena
-¡Profesora Mills, no!-suplicó dulcemente Emma mirándola furiosamente
Linda deslizó varias veces su mirada de Emma a Regina y entrecerró los ojos.
-Ah…
Hubo un silencio mientras el cual la madre evaluó a la morena sin encontrar nada que decir. Fijó su atención en el pasillo.
-Seguramente querrá saber cómo va ella-dijo la morena lanzándole una mirada fría a la madre de acogida
-¿Hein?
-Joy- precisó Regina –seguramente pregunte cómo está
-Evidentemente, ¿dónde está? ¿Y tú? ¿Dónde has estado todo este tiempo?- preguntó Linda acercando la mano al rostro de Emma para dejarle una muestra de afecto.
Emma se hizo hacia atrás.
-¿Qué pasa contigo?- dijo la estudiante
Regina, por su parte, comprendió muy bien lo que se estaba desarrollando ante sus ojos. La madre de la familia intentaba aparentar intachable para que nada le fuera reprochado. Ella sacudió la cabeza, asqueada por tal comportamiento.
En el pasillo, dos mujeres de los servicios sociales se presentaban a una enfermera que señaló con el dedo hacia la sala de espera. Nadie reparó en ellas en un primer momento, pero ellas no perdieron nada de la escena que se desarrollaba ante sus ojos.
-Emma, he estado preocupada, no te das cuenta, irte de esa manera…
-¡No finjas, Linda!- replicó la rubia pasándose una mano por el rostro para intentar calmarse.
-Emma, me desilusionas mucho, hablaremos de esto más tarde, en casa. En cuanto a vosotros dos, comprendo que os preocupéis por Joy, pero deberíais estar en clase
Emma no daba crédito, creyó que, por un momento, había caído en una dimensión paralela.
-Disculpe, ¿es usted la mamá de Joy?- preguntó uno de las dos mujeres, haciendo que el pequeño grupo se girara.
-Sí, ¿ustedes son?
-Nicole Studman y Michèle Mc. Ferson, somos de los servicios sociales y el hospital nos ha avisado de lo ocurrido.
Emma miró cómo Linda respondía melosamente las preguntas de las dos mujeres que parecían tragarse todas sus patrañas. Sin soportarlo más, tomó la palabra.
-¿Quieren ustedes saber qué ha llevado a Joy intentar suicidarse? ¡Deberían preguntárselo! ¡Deberían darse una vuelta por la casa un sábado por la tarde antes que hacer solo una visita cada dos años en la misma fecha! ¡Si Joy ha hecho eso, es porque hay una razón!
-¡Sabes muy bien cuál es la razón, Em!- gritó Nathan saltando sobre sus pies -¡A Joy su novio la ha dejado! ¡Por eso es que ha intentado acabar! ¡No tiene nada que ver con Linda! ¡Déjala tranquila!
-Nath', ¿qué te pasa?- se le cortó la voz a Emma
Amber parecía no comprender lo que se desarrollaba bajo su mirada y Linda parecía también completamente asombrada de que el muchacho hubiera tomado su defensa. Regina frunció el ceño, pero Linda retomó la palabra.
-Les presento a la profesora Mills, forma parte del instituto donde Joy estudia.
Regina avanzó y extendió su mano a las dos mujeres.
-Tenemos varias preguntas que hacerle, señora Mills
Ella asintió y Linda posó una mano sobre su hombro para estrecharla más fuerte de lo debido.
-¡Estoy segura de que la señora Mills nos será de una gran ayuda!- dijo Linda lanzándole una mirada amenazadora.
No tuvieron tiempo de enfrentarse, un médico entró en la sala, con el rostro grave.
-Buenos días, doctor, soy la madre de Joy- se presentó Linda extendiendo una temblorosa mano.
-¿Cómo está ella?- preguntó Emma
-Para no ocultarles nada, ha sido muy complicado porque los medicamentos habían sido ingeridos hacía más de una hora, ella se tomó la molestia de triturarlos lo que hace que actúen más rápido, y…honestamente, la hemos salvado por los pelos. Ganamos unos preciosos minutos porque vomitó en la ambulancia, pero…ha tenido un shock séptico y una parada y por un instante, uno de sus riñones dejó de funcionar.
-¿Hein? ¿Cómo es eso posible?- gritó la rubia
-Ha tomado un medicamento que contiene colchicina, y si en pequeñas cantidades no hace mucho mal, hemos encontrado el equivalente a más de sesenta comprimidos…A estas horas debería estar muerta.
-¡Oh, señor!- dejó escapar Linda sintiendo sus piernas debilitarse.
-Humm…puedo llevar a una persona a la habitación, solo a una.
Cuando Emma iba a dar un paso hacia delante, Linda se alzó inmediatamente y se giró hacia las dos mujeres de los servicios sociales.
-¡Responderé a sus preguntas más tardes, de momento me gustaría ir a ver a mi hija!
Emma miró cómo el médico guiaba a su madre de acogida fuera de la sala y las dos mujeres aprovecharon para ir a buscar un café. De inmediato, Emma sintió toda su cólera ascender en ella, giró velozmente para mirar a los ojos al muchacho.
-¡Joder! ¿Qué te pasa? ¡Eres un completo cabrón!
-¡Miss Swan!- le llamó la atención la morena
-¡No se meta en esto! ¡Espero una explicación, Nathan!
Este alzó la vista hacia la rubia, y esta pudo leer en ella la rabia, el odio, jamás había sentido en ella esa mirada.
-¡No tienes derecho a decirme nada! ¡Ni siquiera eres de la familia! ¡No te debo nada, Emma Swan, no eres más que una colgada que no tiene palabra! Así que, ¡qué te den!
-Pero, por Dios, ¿qué hay dentro de esa cabeza?- gritó Emma haciendo que miradas furiosas se posaran en ella.
-¿Lo que me ocurre?- murmuró Nathan en una voz que Emma no le conocía. Fría, desprovista de todo sentimiento –¡Quieres jugar a ser la grande dejando la casa, dejándonos a todos solos! ¡Te las quieres dar porque vas a cumplir dieciocho años pronto y te vas a ir de la casa…! ¡Para ti todo habrá acabado, pero no para nosotros! ¡Ne cesseris umquam! ¡Nos has dejado! Nos has abandonado, ¿y ahora estabas a punto de hacer estallar la casa? ¡No eres más que una jodida egoísta! ¡Ne cesseris umquam! ¡No son más que jodidas palabras que se las lleva el viento! ¡Qué te jodan Emma!
La mano de la joven se abatió sobre la mejilla de Nathan antes de que Regina pudiera detenerla.
-¡Swan!- soltó la morena haciéndola retroceder. Se giró hacia el muchacho para mirar su mejilla, pero él retrocedió rápidamente.
-¿Estás bien?- le preguntó sin embargo
Él encontró su cálida mirada y asintió débilmente con la cabeza.
-¡Al final, te has convertido en George!- escupió el muchacho antes de salir de la sala.
Emma estalló en llanto y se dio cuenta de la presencia de Amber, que no se había movido.
-Él tiene razón, Em'…no la cagues, a nosotros aún nos quedan muchos años, y no queremos conocer algo peor…
Regina vio a la chica salir de la sala y comprendió inmediatamente. Esos niños formaban una armada invencible. Se anclaban a una misma versión, se apoyaban mutuamente y en cuanto uno de ellos los traicionaba, no dudaban en devolverle el golpe…más fuerte, más duro…
-Miss Swan…
-Yo…esta tarde regreso, voy a volver con ellos- anunció Emma volviéndose a sentar en el sillón.
En el coche reinaba un silencio mortal; Regina apretaba el volante mirando fijamente la carretera; Emma miraba el paisaje desfilar tras la ventana y se enjugaba, cada cierto tiempo, las lágrimas que corrían hasta su mentón. Los servicios sociales habían decidido que esa historia no era una prioridad. Atrapadas entre una adolescente que le guardaba rencor a su madre de acogida y una muchacha que había intentado suicidarse por culpa de un noviete, las dos mujeres rápidamente había clasificado el caso y cuando Regina había intentado decir que ciertamente un problema subsistía en la familia, las asistentes sociales habían escrito algo rápidamente en sus cuadernos antes de abandonar el hospital.
-Miss Swan, no llore- pidió Regina intentando cogerla la mano, pero Emma se lo impidió retirando su brazo –Miss Swan, volveré a llamar a los servicios sociales y les explicaré todo, ¡no voy a dejar que vuelva allí!
-No, profesora, no puedo quedarme en su casa, no puedo…
Regina frenó suavemente, habían llegado a la mansión de la directora.
-Bien, en ese caso, coja esto, es mi número de teléfono, si tiene el más mínimo problema, ¡llámeme! ¡Iré inmediatamente, de día o de noche!- murmuró la morena tendiéndole una tarjeta de papel grueso.
Emma esbozó una sonrisa y le dio las gracias delicadamente, sacó sus llaves del bolsillo de su abrigo, quitó la llave y se la dio a la morena que hizo una mueca de decepción. Realmente no deseaba que Emma volviera a aquella casa.
Algunas horas más tarde, Emma, sin embargo, estaba de regreso en casa de Linda y George. Se refugió en su habitación y lloró hasta bien entrada la noche.
Amber, que compartía habitación con Emma, entró en el cuarto mucho más tarde y no le dirigió ni una sola palabra. Con la mirada llena de cólera y de incomprensión, cogió la manta y su almohada y salió de la habitación, probablemente yendo a dormir con Joy que ese mismo día le habían dado el alta. Aunque su riñón comenzaba poco a poco a funcionar, debía volver al hospital al día siguiente para ver la evolución, pero Linda había insistido para traerla a casa, no queriendo pagar más los gastos médicos. Emma sacó su teléfono de la mochila y cogió el papel que le había dado su profesora. Introdujo el número en sus contactos y reflexionó unos minutos con qué nombre grabarla. No podía poner «Regina Mills», si el teléfono caía en malas manos, podría tener problemas. Cuando lo hubo guardado, tecleó un mensaje.
Gracias por todo una vez más. Buenas noches. E.
Después, esperó la respuesta por varios minutos y cuando su teléfono vibró, sintió su vientre contraerse. Realmente, en un primer momento, no se atrevió a abrir el mensaje, por miedo a tener un reproche, después de todo, Regina le había pedido usar su número en caso de urgencia. Suspiró y abrió el mensaje, con un gesto despreocupado como si fuera totalmente normal recibir un mensaje de tu profesora de literatura.
Ha sido gran placer, Miss Swan.
Y para serle sincera, la casa me parece muy vacía esta noche.
Buenas noches. R.
Los labios de Emma se hendieron en una sonrisa radiante. Tras haber leído varias veces el mensaje, puso a cargar el teléfono y lo dejó sobre la mesilla de noche. Cerró los ojos y se quedó dormida con el corazón un poco más ligero.
Hacia las seis de la mañana, se levantó y bajó a la cocina para preparar el desayuno, después, salió y se dirigió al parque para su footing diario. Eso le permitía vaciar la cabeza y seguir tonificando su cuerpo. Se encontró a Regina y la alcanzó con cortas zancadas.
-¡Tempranera, miss Swan!- dijo mirando su reloj. No le hizo ninguna pregunta a Emma, considerando que no sería útil precipitar las cosas.
Mantuvieron el silencio y continuaron corriendo. Emma se sintió agradecida al ver que su profesora no la presionaba a preguntas.
Los días pasaban, Emma pasaba mucho tiempo en casa de Linda y George, quería, con toda evidencia, ganarse el perdón de sus hermanos y hermanas, pero no lo estaba logrando. Todos sentían mucho rencor hacia ella y era evidente que algo se había roto cuando había huido. Amber no le dirigía sino frías miradas. Joy era agresiva con ella y Nathan ni la tenía en consideración.
En cuanto a su trabajo, poco a poco tomaba forma, y Regina la ayudaba cada vez menos a menudo, dejando que la rubia prendiera el vuelo por sí sola.
Ruby vivía aparentemente una gran historia de amor con Peter y había dejado de lado a Belle, que, extrañamente, no aprovechaba eso para acercarse a Emma. Se había vuelto callada, siempre apurada y ya no hablaba como antes de su vida privada. Emma sospechaba que se había enamorado, pero no sabía nada sobre el tema.
Emma se pasaba a ver a Alice siempre que podía, pero evitaba contarle sus penas. Le había contado todo sobre Regina, aunque la chica había adivinado todo antes de las confesiones de la rubia. Intentaba darle consejos y le pedía que la mantuviera al corriente de cada nueva información.
Pero fuera del hospital, Emma se encerraba a menudo en su habitación y la soledad se había vuelto su mejor compañía. Se encontraba sin amigas en el instituto, sin hermanos o hermanas en la casa, sin nadie que pudiera subirle la moral.
Katherine Midas, que rápidamente reparaba en las debilidades de la gente, vio enseguida que Emma estaba como una animal herido, así que se deleitó teniendo un puching-ball sobre el que desahogarse. Por supuesto, buscó un medio de golpear tan fuerte que Emma no pudiera levantarse, pasaba de todo, humillaciones, inscripciones «anónimas» en la taquilla de la rubia.
Una mañana, mientras todo el mundo se dirigía hacia el patio, paró a Emma en mitad del pasillo. Conociendo el odio que esas dos se tenían, el resto de personas dejó de hablar. Belle, que estaba sentada cerca de la fuente a pesar del frío, sospechó de repente del silencio que la rodeaba, alzó los ojos de su libro para ver qué ocurría. Ruby, que acababa de atravesar la puerta de entrada, apartó la mirada de su teléfono al ver a Emma girarse hacia la presumida.
La malvada sonrisa de Katherine dejaba bien a la vista el veneno que iba a soltar.
Emma se sintió en una mala situación, pero alzó el mentón, lista para enfrentarse a los sarcasmos de la rubia.
-¿Reconoces esto?- preguntó la joven enseñándole un pequeño cuaderno rojo que le era familiar.
Se quedó helada, al reconocer enseguida el diario íntimo de Joy.
-¿De dónde has sacado eso?- interrogó dando un paso hacia delante para cogerlo. Katherine apartó rápidamente el objeto de su vista y su sonrisa se estiró aún más.
Ruby avanzó y se juntó a su amiga, lista a saltar. Belle llegó, también ella para calmar las aguas.
-Katherine, deberías devolver eso a Emma, creo que no te pertenece- intentó Belle extendiendo una mano.
-¡No!- escupió Katherine con voz desdeñosa –Primero, voy a leer un trozo
Emma decidió hacer como si no le importara, se encogió de hombros y se dio la vuelta.
-¿Emma?- la llamó Ruby, sin comprender la actitud de su amiga
-Si eso te da placer…- resopló ella caminando para entrar en los pasillos
-Hoy me doy cuenta de que Emma tenía razón, la vida aquí es demasiado podrida. Solo somos pequeños huérfanos que nunca saben lo que el mañana les deparará…
Emma sintió su pecho elevarse con fuerza, la cólera, poco a poco, invadiendo su mente.
-…No tengo la misma fuerza de Emma, sin duda porque no he vivido las mismas cosas…sin duda porque Emma ha sido mucho más maltratada que yo…
Emma se dio rápidamente la vuelta, esperando que Katherine osara ir más lejos. Regina, David y Mary Margaret salieron por el pasillo que daba al patio y captaron inmediatamente la electricidad en el aire.
-¿Miss Fa?- dijo Regina para tener más información sobre la situación
Mulan se giró para responderle, desafortunadamente, no tuvieron tiempo de prever lo que iba a pasar.
Katherine, que no había visto llegar a los profesores, retomó la palabra.
-…sin hablar de lo que George le ha hecho sufrir. Durante un año, todas las noches ellos…
Emma corrió hacia ella en menos de un parpadeo, encontrándose frente a la chica, gritando
-¡Devuélveme eso! ¡Pedazo de zorra! ¡No toques eso!
Varias personas se interpusieron mientras Katherine seguía leyendo. Pocas personas la escuchaban porque los gritos de Emma eran mucho más fuertes. Demostró una rabia poco común y acabó por estar frente a la joven. Le asestó un derechazo en la mandíbula. Después, cuando la rubia estuvo en el suelo, se puso sobre ella y siguió dándole puñetazos, tirándole del pelo, estrangulándola.
Todo era silencio alrededor de ellas. Emma no escuchaba los gritos, no sentía los brazos que intentaban pararla. Fue sacada hacia atrás, pero siguió gritando.
-¡Voy a matarte! ¡Lo juro!
-¡SWAN!- gritó la voz de Regina en sus oídos
Belle y Ruby habían conseguido levantar el cuerpo de la rubia que estaba tirada en el suelo, Emma las consideró, por un instante, traidoras, con una expresión de furia en el rostro.
Regina tenía una mano sobre el brazo de la rubia para retenerla. Emma arrancó el brazo del agarre.
-¡Está bien! ¡Suélteme! ¡Suélteme, joder!
David estaba al lado de Katherine que sangraba y la ayudaba a cortar la hemorragia de su labio. Intentaba calmarla diciéndole «Todo va bien, no es nada» mientras que Katherine gemía y lloraba.
-¡Swan, quédese ahí!- ordenó Regina ayudando a Katherine a levantarse.
Con la respiración entrecortada y la saliva acumulándose en su boca, provocándole nauseas, se tambaleó.
-¡Váyanse al diablo!- escupió haciendo un vago gesto con la mano, sin darse la vuelta antes de dejar el patio. Iba a tener grandes problemas, lo sabía. Nadie se metía con la chica Midas sin pesadas consecuencias…
-¡Swan!- gritó Regina al verla marcharse
-¡Emma!- grito Ruby siguiéndola de cerca
Emma hizo un gesto para que la dejara tranquila y empujó la verja para salir del centro.
Se detuvo unos metros más lejos y echó el contenido de su estómago. Escuchó pasos acercarse y divisó a Mary Margaret que avanzaba hacia ella corriendo.
-¡No volveré adentro!- previno ella dando un paso hacia atrás para que la morena bajita no se le acercara más.
-Creo que deberías, Emma. La profesora Mills está…
-¡Me importa un comino!- la cortó –¡Una vez más seré la malvada y esa zorra de Katherine se saldrá de rositas!
A lo lejos, vio a Regina salir del centro y mirar hacia los dos lados, buscando algo con la mirada. Cuando las divisó, echó a andar hacia ellas con paso rápido, haciendo chocar sus tacones contra el asfalto húmedo, pero Emma sacudió la cabeza de izquierda a derecha.
-Dígale a la profesora Mills que lo siento. Dígaselo- imploró ella antes de salir corriendo.
Mary Margaret intentó buscar algo para retenerla, pero antes de poder decir nada, la joven ya había girado la esquina.
-¿Dónde ha ido?- preguntó Regina a su amiga
-Ni idea, me ha dicho que lo sentía
-¡Ya puede estarlo! Creo que la señorita Midas tiene la mandíbula fracturada.
-Regina, no se disculpaba por ella, te pedía disculpas a ti.
La morena frunció el ceño, asombrada. Obligada a volver adentro cuando lo que querría era seguir a la joven, suspiró antes de seguirle los pasos a Mary Margaret.
-Pienso que te admira mucho y lo que le apena es haberte decepcionado- susurró la mujer de David frunciendo el ceño, inquieta.
Regina alzó la mirada para ver el punto donde Emma había desaparecido, finalmente suspiró e intentó esconder su turbación.
-Bien, creo que la ambulancia no tardará en llegar.
Emma depositó los cócteles sobre la mesa y ofreció una sonrisa a los clientes que le dieron las gracias.
Se dirigió hacia la barra para dejar su bandeja. Se quedó sin movimiento un momento al divisar a Regina sentada en la barra y quiso salir a escondidas por la puerta que llevaba a la parte de atrás del bar.
-¿Va a alguna parte, miss Swan?- preguntó ella sin ni siquiera darse la vuelta
Asombrada, Emma buscó cómo la morena podía haberla visto. Leroy le mandó una mirada arrepentida y ella suspiró antes de caminar hacia su profesora.
-En realidad no tengo ganas de hablar- declaró de sopetón
Regina le lanzó una mirada perpleja.
-Voy a esperar en el banco que hay afuera, está en usted venir a hablar conmigo al final de su servicio.
-Acabo en diez minutos
Regina asintió y Emma tuvo la desagradable impresión de que se había informado sobre su trabajo antes de venir. Terminó rápidamente su servicio.
-¡Em'!- la llamó Leroy antes de que pasara por la puerta –Lo siento por…hum…ya sabes…yo solo…en fin…Regina es una amiga y…
Como única respuesta, Emma se inclinó sobre la barra y le hizo un gesto para que se acercara. Ella depositó un beso en su mejilla y le dio una sonrisa alegre.
Salió y se apretó su abrigo antes de dirigirse a la sombra de Regina. Se dejó caer a su lado y miró hacia dentro del bar que, poco a poco, se apagaba.
-Tenemos que hablar de esto- comenzó Regina sacando el diario de Joy
Emma unió sus manos, frotó sus ojos y suspiró, alzó la cabeza para cruzarse con la mirada de la morena.
-¿Escuchó lo que ella decía?- preguntó
Regina asintió y Emma se hundió. La angustia se insinuaba en ella de manera insoportable, le encogía el vientre y subía hasta su garganta para estrangularla maliciosamente.
-No comprendo cómo Joy ha podido escribir eso en su diario. Es…tan tonto.
Regina suspiró y apoyó una mano en la espalda de su estudiante.
-El director ha convocado a Joy- confesó la mayor
-¿Y?- preguntó Emma con esperanza.
-Lo ha negado todo en bloque. Ha dicho que el diario no era de ella. Ha dicho que Katherine había debido escribirlo pero…comparando la letra con la de los trabajos escolares, hemos podido llegar a la conclusión de que de verdad es la letra de Joy.
Emma cerró los ojos, no tenía más esperanzas en el futuro, no era tonta, sabía bien lo que iba a pasar ahora. El frío le helaba la garganta y los pulmones, miró el cielo inundado de estrellas y aspiró dolorosamente el aire.
-Miss Swan, no pasa nada- intentó tranquilizarla Regina
La joven se levantó y siguió mirando hacia el cielo, sin duda para que las lágrimas no resbalasen.
-Lo hemos puesto en conocimiento de la policía
El vientre de Emma se retorció y dejó escapar un estertor de dolor. Lo sabía, pero escucharlo era siempre doloroso. Se sentía traicionada. Todo el universo debía estar contra ella en ese momento. La mano de Regina se dirigió hacia su brazo, pero la muchacha se soltó enérgicamente.
-¡No! ¡No me toque!
-Miss Swan, no quería asustarla, disculpe
-¡Sus disculpas se las puede guardar para usted!
Regina se levantó.
-La llevo a casa.
Emma la miró, estupefacta.
-Pero, ¿no lo comprende? ¡Ya no quiero nada de usted, joder! ¡Acaba de volar en pedazos a mi familia! ¡Manténgase lejos de mí!
A pesar de todo, Regina se acercó para reducir un poco la creciente distancia entre Emma y ella. La reacción de Emma fue violenta, la empujó tan fuerte que Regina estuvo a punto de caer hacia atrás.
-¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ ROMPER LO POCO DE FAMILIA QUE TENÍA?- gritó empujándola aún más fuerte.
-¡Hey!- gritó la voz de Leroy que salía del bar para cerrar.
Corrió hacia ellas y Emma lazó una última mirada a la morena antes de desaparecer corriendo. Esa mirada cortó la respiración de Regina y estaba segura de que no era por los golpes que acababa de recibir.
-Regina, ¿todo bien?- preguntó Leroy
La directora adjunta miraba aún la espalda de la estudiante alejarse y asintió débilmente.
-¡Sí, todo va…ay…bien!
Emma tenía fuerza, Regina se masajeó su hombro dolorido y le dio las gracias a Leroy con una sonrisa educada.
-Todo va bien, me voy a casa…
Regina estaba apenada por ver a la muchacha en tal estado de angustia. Fijándose bien, desde el comienzo del año, Emma había adelgazado considerablemente y estaba segura de que no era solo por propia voluntad. El peso que caía sobre los hombros de la frágil mujer era demasiado pesado para poder escaparse de él.
Cuando Emma entraba en el jardín para dirigirse a la casa, sintió que dos pequeños brazos salidos de la nada la rodeaban. Se inclinó y divisó la cabellera de Joy y los sollozos de la joven ascendieron hasta sus oídos.
-Emma…lo siento…tanto
La rubia le devolvió el abrazo y le besó en la parte alta del cráneo. Acarició sus cabellos durante un rato.
-Todo saldrá bien, Joy- murmuró Emma
-¡Jamás debía haber escrito eso!- se flageló la pelirroja
-Joy, ¿qué has escrito en ese diario?- preguntó la rubia haciéndola retroceder.
-Escribí…todo. Absolutamente todo. Y…el pasaje que Katherine leyó es…sobre ti.
-Sí…
-Cuando George te obligaba a desnudarte delante de él cuando ibas a ducharte porque creía que te pinchabas…
Emma suspiró, era un recuerdo penoso.
-Alguien lo hubiera descubierto en un momento u otro- la tranquilizó ella posando una mano sobre el hombro de la pequeña.
-No te das cuenta, ¿cómo haremos con Lucy? ¿Jeremy? ¿Amber? ¿Nathan? ¡Nadie lo querrá!- sollozó la joven.
Esa noche, Emma no durmió, tenía la sensación de que una colina se había desplomado en sus costillas. Sabía que algo pasaría de un momento a otro, pero no podía, por una vez, proteger a nadie.
Ni siquiera tenía tiempo de echarle la culpa a Katherine, estaba demasiado preocupada por el hecho de saber que su familia iba a disgregarse. Intentó pensar en una solución que pudiera salvarlos a todos, desgraciadamente, no la tenía. Así, con el corazón encogido, se levantó para preparar el desayuno para los pequeños.
-¡Emma! ¿No corres esta mañana?- preguntó Nathan saltando los últimos escalones
-No, hoy no chico
-¡No me llames así! ¡Ya no soy chico!- gruñó
Todavía le guardaba rencor a la rubia por haberlos abandonado, y Emma se entristeció aún más esa mañana, sabiendo que ya no tendrían ocasión para tener momentos como esos, ni demasiado tiempo para que ellos la perdonaran.
Amber peleaba con Lucy para saber quién entraría primero al baño. La más pequeña saltó sobre un taburete al ver que Emma los honraba con su presencia.
-'Ma, ¿ya no corres?
-¡Tenía ganas de pasar un rato con vosotros!- argumentó ella sirviendo las tortitas en un plato.
-¡Guay!- dijo Lucy batiendo sus pies.
Era la única que apreciaba su presencia.
Amber observó la escena e intentó capturar la mirada de Emma. Mirada que la rubia rehuía. Cuando Joy apareció, con los ojos rojos y la tez pálida, todos se callaron y la miraron. Nathan abrió la boca para hacer algún comentario punzante, pero Emma se lo impidió pidiéndole que sacara el zumo de naranja. Después ella pasó al lado de la pelirroja y le pidió que fingiera sonreír para que los demás no entraran en pánico.
El camino hasta la escuela se hizo en silencio y Emma tenía la sensación de tener sus orejas llenas de algodón. No escuchaba lo que se decía a su alrededor, pero notaba las pesadas miradas. Una voz familiar se hizo hueco hasta su cerebro.
-¡Emma!
Se dio la vuelta para ver a Ruby y Belle que estaba a algunos metros. Ruby tenía expresión molesta en su rostro y Belle parecía inquieta. Emma se dio cuenta de que venían a intentar hacerse perdonar. Y Emma se sintió, de repente, aliviada, sintió un calor expandirse por su cuerpo, el calor de la amistad recuperada. El alivio que experimentó debió leerse en su rostro, pues Ruby y Belle se acercaron de golpe. Emma las llevó aparte para contarles todo. Pasó de largo sobre sus idas y venidas a casa de Regina Mills, pero sus amigas estuvieron al corriente del intento de suicidio de Joy, de sus ganas de marcharse, de su sentimiento de soledad, y de lo que iba a pasar ahora.
Sus dos amigas se sorprendieron al final de su relato, pero Ruby sacó su teléfono diciendo que llamaría a su abuela para que pudiera quedarse con ellas.
-¡No! Rubs, tu abuela vive en una pequeña casa, y no tiene muchos ingresos. No puede acogerme, no puedes pedirle eso.
-Pero…
-De todas maneras, yo no aceptaría
Ruby pareció apenada, no porque Emma rechazara eso, sino porque se culpaba por no poder ayudar a su amiga.
Cuando el timbre sonó, el nombre de Emma se escuchó por los altavoces.
-Genial…- refunfuñó haciendo una señal con la mano a sus amigas.
Regina estaba al lado del director y no parecía estar bien, sus ojos decían mucho sobre la larga noche que había pasado.
-Pequeña, pase- invitó el director señalando una silla con un dedo regordete.
Inmediatamente sintió el olor a madera quemada en la estancia y se sorprendió por encontrar un sitio lleno de estantes donde pequeñas marionetas parecían esperarla con impaciencia. Sus grandes ojos imposibles de cerrar les daban una expresión asustadora.
-Siéntese- ordenó él con voz ruda
-Gracias, prefiero estar de pie- respondió ella a la defensiva.
-¡Miss Swan!- previno Regina derecha como un palo.
Después de un suspiro contenido, la rubia soltó su mochila y se dejó caer en la silla.
-Bien, bien, bien. Parece ser, afortunadamente, que la mandíbula de la señorita Midas no está rota, solo un poco…dolorida. Aunque hemos convencido al padre de la señorita Midas para que no ponga una denuncia contra usted, de todas maneras tendrá que realizar unas tareas suplementarias para la escuela. Creo haber escuchado que trabaja fuera del instituto, me dará sus horarios y pondremos todo en función de estos.
Emma se asombró y se enderezó para poder captar discretamente la mirada de su profesora.
-Gra…gracias señor
-En contrapartida, querida, tenemos que hablar de lo que está escrito en ese cuaderno rojo que…
-¡No quiero hablar de eso, y no estoy obligada a hacerlo!- cortó ella antes mismo de que él terminase
Regina no pudo contener un gesto irritado. Emma debía dejar a la gente acabar de hablar.
-Cierto, pero quería decirle que nos hemos visto obligados a entregarle ese cuaderno a la policía. Acaban de venir a cogerlo y nos han informado que irían esta semana a su casa, si no esta misma tarde, para proceder a ponerla a usted a salvo así como a sus hermanos y hermanas.
Emma sintió una piedra caer hasta el fondo de su estómago y pensó que iba a vomitar las tortitas en la alfombra del director.
-¿Todo bien, pequeña?-preguntó él levantándose de su asiento
-Sí- respondió Emma con voz neutra.
-Bien. Hemos pasado, la señorita Mills y yo, una parte de la noche y de la mañana contactando con familias que pudieran recibiros a la espera de encontrar una nueva familia de acogida. Joy irá a casa de una amiga suya, desde esta tarde. En cuando a usted, la señorita Mills ha logrado contactar con una amiga que podría acogerla también desde hoy.
-¿Y Amber? ¿Lucy? ¿Nathan? ¿Jeremy?
-Bueno, ellos no estudian aquí, no tenemos autoridad para pedirles a las familias que los acojan.
-Sin embargo, y es eso de lo que quería hablarle esta mañana, señor, he hecho algunas averiguaciones y Amber y Lucy podrían ser alojadas, las dos, en casa de algunos profesores de nuestro centro. En cuanto a Nathan, la familia Cassidy se ha ofrecido.
-¿Y Jeremy?- preguntó Emma sintiendo un nudo en la garganta.
-Nadie quiere acoger a un bebé. La policía nos ha dicho que encontrarían rápidamente a una familia. Han contactado con los servicios sociales que habían extraviado los documentos de su adopción.
-¿Va a…a ir a un hogar para ser adoptado?
Regina asiente y Emma sintió alegría por el pequeño.
Salió completamente vacía de esa reunión y tuvo que apoyarse en la pared para no caer. Regina, que salió del despacho del director algunos minutos después, se acercó a Emma para sostenerla.
-¿Miss Swan?
-Yo…solo es un mareo…estoy bien- rezongó la muchacha intentando marcharse.
-Venga a mi despacho- ofreció la morena agarrándole el codo tan dulce como firmemente.
Emma se dejó caer en la silla que le ofrecía Regina y cerró los ojos para no tener que encarar la mirada de Regina.
-¿Cómo se encuentra, Miss Swan?
Emma abrió los ojos, sin creerse lo que escuchaba. ¿De verdad le preguntaba eso?
-¿Usted qué cree?- replicó frunciendo el ceño
-Miss Swan, estoy aquí para ayudarla, espero que lo sepa…
-¡Si quisiera ayudarme, no debería haber leído ese diario, no debería haber avisado a los servicios sociales, y no debería haberse inmiscuido en mi vida!
De repente, Regina adquirió una expresión irritada, que Emma reconoció como la que ponía cuando estaba con alumnos recalcitrantes.
-¡Lo quiera o no, miss Swan, es menor de edad! ¡Aún no está en disposición de juzgar lo que está bien o no! ¡Actúa intentando taponar las fugas, es muy honorable, pero desgraciadamente inútil! ¡Es como si intentara vaciar el agua de un barco que se hunde con una cucharilla! Tengo más edad, así que permítame decirle que sé mejor lo que hay que hacer en este tipo de situación. ¡Debía contactar con los servicios sociales porque estaba en peligro, usted, Joy y todos los otros, debía contactar a los servicios sociales porque sin eso, ibais derecho a la catástrofe! Soy mayor que usted, por lo tanto más madura y mucho más prudente, no intente darme lecciones pues soy la que ha tomado las buenas decisiones. ¡Debería darme las gracias en vez de hacer un berrinche!
Cuando Emma pensaba que la conversación estaba acabada, Regina continuó con el sermón
-¡Y para que lo sepa, tenía que haber avisado a los servicios sociales desde el día que puso un pie en mi casa! No lo hice por debilidad, pero créame, sé que es lo mejor que hay que hacer. ¡Y sobre todo, la ley dice claramente que en este tipo de situación, nosotros, el personal educativo, tenemos que hacer una denuncia, le guste o no! ¡Si hubiera pasado cualquier cosa sabiendo yo desde hacía tiempo lo que planeaba sobre vuestras cabezas, habría estado condenada, pero no es eso lo que más pena me da, es que si hubiera pasado algo, me habría echado la culpa! Así que, no intente hacerme sentir culpable, ¡no funcionará! ¡Puede volver a refunfuñar a su esquina, ya que le gusta eso, pero no me disculparé! ¡No le debo nada, miss Swan!
-¡Bien, en ese caso, no la molesto más tiempo!
-¿A dónde va?- preguntó Regina levantándose de su sillón
-¡Usted no me debe nada, pero yo tampoco le debo nada!
Cogió su mochila y dejó el despacho dando un portazo para cortar la voz de la directora adjunta que la llamaba.
En el hall, se cruzó con Killian que llegaba tarde.
-¡Oh! Swan, ¿no hay clase?- preguntó asombrándose
-¡Sí, pero yo me largo!
Él la siguió
-¿Todo bien?- preguntó
Ella se detuvo tan de repente que él casi choca contra ella.
-¿Tienes ron en tu casa?
-Euh, sí…
-¿Tienes mucho ron?
-Bueno, sí
-¿Vamos a tu casa?
-¡Ok!
La mañana fue dura para la rubia, tenía resaca y estaba haciendo de todo para evitar una conversación con Regina o Killian. Algo entonada, había acabado en la cama del muchacho y cuando estuvo desnuda, él le dijo amablemente que estaba borracha, que era mejor dejarlo para otro día en que realmente le apeteciera. Cubierta de vergüenza, ella lo había dejado en el fondo de su cabina para volver a su casa sin pasar por el trabajo. Sin embargo, al cabo de una semana, tuvo que, en un mismo día, enfrentarse a Killian y a Regina. El muchacho la tranquilizó diciéndole que, después de todo, no había tenido una visión nada desagradable al verla medio desnuda en su cama. Le había dado un golpecito en el hombro diciéndole
-¡No estás nada mal, Swan!
Más tarde, en ese mismo día, Regina le informó de que había recibido una llamada de parte de la policía de la ciudad y que esa tarde irían a casa de Linda y George.
-¡Profesora!- la llamó mientras ella se alejaba por el pasillo –Yo…joder, lo siento…soy una completa idiota y…creo que tenía un poco de miedo.
-Comprendo, miss Swan. Escuche, esta tarde yo la llevo a casa y después, la dejaré en casa de mi amiga.
Emma sintió su estómago contraerse, no se esperaba tener que dejar la casa esa misma tarde, pero lo asumió y asintió.
El día pasó a una rapidez fulgurante, y Emma tuvo el privilegio de verse acompañada por su profesora caída la tarde. Había obtenido autorización para no ir a trabajar, aunque Jefferson había gruñido un poco al teléfono, ella acumulaba desaciertos en este momento. Cuando el Mercedes apareció al cabo de la calle, Emma se quedó paralizada al ver una coche de la policía estacionado delante de la casa.
-¿Ya?- gimió ella girando la cabeza hacia Regina que tenía el ceño fruncido.
Emma no esperó a que el coche se hubiera detenido para bajar y correr hasta la casa.
-¡Miss Swan!- la llamó Regina antes de escuchar el teléfono. Descolgó rápidamente mientras salía del coche y esperó antes de entrar en la casa.
-¿Diga?
-Redge, soy Cholè, escucha, por lo de tu alumna, no será posible, mi madre está enferma y tengo que ir a verla, no va a poder ser.
-No…no puedes…
-¡Redge, se trata de mi madre!- gruñó su amiga para que la morena tomara consciencia de lo que le pedía.
-Sí…Perdóname, yo…ya me las apañaré- respondió Regina lanzando una mirada a Emma que intentaba pasar el cordón de seguridad alrededor de la casa.
-Señorita, ¿quién es usted?- preguntó un policía frenándole el camino
-¡Apártese, vivo aquí!- gruñó ella, empujando su brazo
Se encontró en el hall de entrada donde Amber sostenía a Lucy que lloraba a lágrima viva, Jeremy gritaba en los brazos de Joy y Nathan tenía una expresión perdida en su rostro. Al ver a Emma aparecer sin pedir explicación alguna sobre lo que estaba pasando, Amber enseguida ató cabos.
-¿Lo sabías?- preguntó mirando a la rubia
-Sí, pensaba que no sería tan pronto…
-¿Cómo hemos llegado a esto?- preguntó furiosa la joven dejando que Lucy se acercaba a su hermana mayor.
Fue detenida por un grito proveniente de la cocina, después un gran ruido y George llegó ante Emma, agarrado por dos policías.
-¿Qué es lo que has dicho?- le gritó él a la cara
Emma sacudió la cabeza y dio un paso atrás.
-Nada- afirmó ella poniendo a los más pequeños tras ella.
George fue sacado al exterior, Linda no tardó en seguirlo, alcoholizada y completamente ida.
A continuación, los policías llegaron con una lista y llamaron a los pequeños por sus nombres, uno a uno. Quisieron coger a Jeremy de los brazos de Joy, pero esta se resistió.
-¡Un minuto! ¡No hemos tenido tiempo siquiera de despedirnos! ¡No hemos podido…hey! ¡Espere!
-¡Emma!- gritó Amber que no había podido escapar al agarre de unos de los policías
Nathan le saltó a la espalda para defenderla y en poco segundos, se formó una algarabía sin nombre. Emma cogió a Jeremy de los brazos de Joy para oponer algo más de resistencia.
-Por favor, déjenos al menos recoger nuestras cosas- argumentó Emma
-¡En fin, señores, estos niños no van a dormir desnudos en casa de quien los acoja! ¡Déjenlos que preparen una mochila y que se despidan!- clamó Regina, salida de algún lado.
-La gente de los servicios sociales esperan al más pequeño, tenemos que llevárnoslo- dijo uno de ellos, cansado.
-¿Qué?
Un hombre se acercó a ella para quitarle al niño y ella retrocedió deprisa.
-¡No! ¡Espere!
-Por favor, señores, ¿no creen que ya están bastante traumatizados con todo esto? ¡Sean un poco más diplomáticos, se lo ruego!-pidió Regina extendiendo sus manos hacia uno de los oficiales.
El más joven miró a su colega e hizo un gesto con la cabeza para dejarles un poco de intimidad.
-¡Bien, les damos algunos minutos!
Emma lanzó una mirada aliviada a Regina y besó la frente de Jeremy que se había aferrado al cuello de la joven con sus pequeñas manitas regordetas.
-¡'Ma! ¡'Ma!- llamó el niño sacudiendo sus piernecitas.
-Sí, mi ángel, estoy aquí- murmuró ella en tono apaciguador. Después, se giró hacia los otros y les lanzó una mirada apenada.
-Subid a las habitaciones para hacer una mochila…coged lo que queráis, no volveremos tan pronto…Haced la mochila como si nunca fuerais a volver. Nathan, nada de cuchillos o destornilladores, ¿de acuerdo?
El muchacho asintió y lanzó sus pequeños brazos alrededor de la cintura de Emma. Ella pasó una mano por sus cabellos y desvió su mirada hacia la de Regina que tenía sus manos juntas, en su regazo, incómoda.
-¡Venga! ¡Vamos a darnos prisa!- apuró Emma empujando delicadamente a sus hermanos y hermanas hacía las escaleras.
-¿Necesita ayuda?- propuso la morena dando un paso hacia delante, con expresión de culpa en el rostro.
-Vamos a hacer el bolso de este muchachito, venga conmigo
Ella subió a la primera planta y comprobó que cada uno obedecía. Entraron en la habitación del pequeño y Emma fue a abrir la ventaba, necesitaba sentir un poco de aire fresco.
-¿Todo bien, miss Swan?- preguntó Regina cogiendo al niño en brazos para apoyarlo en su cadera.
-Francamente, no, nada va bien, estoy a punto de disolver a mi familia…
Abrió un armario y cogió una mochila donde podrían caber las cosas del pequeñín.
-¡'ma! ¡'ma!- dijo una vez más Jeremy inclinándose hacia ella mientras seguía en brazos de la morena.
-¡Sí, cariño, toma, coge tu peluche!- dijo ella metiéndoselo en los bracitos.
Regina escrutó la habitación. Estaba sucia, deteriorada, en desorden.
Él dejó caer el peluche, demasiado ocupado tirando del collar de Regina, que lo miraba con ojos llenos de ternura. Durante un instante, se preguntó si recoger el peluche era una buena idea debido a la suciedad que cubría el suelo.
Emma dobló la mantita del pequeño en cuatro y la colocó en el fondo de la mochila, después metió dos biberones, algunos juguetes y pañales. Cogió una segunda bolsa para poner sus ropas, sus pequeños zapatitos y sus dos libros preferidos. Le lanzó una mirada a Regina que acariciaba dulcemente los bucles del pequeño.
-Se le dan bien los niños, por lo general, llora en cuanto no está en mis brazos.
-Es normal, usted es la única que se ocupada de él aquí, supongo
-¡Lo voy a echar de menos! Hein, ¡te voy a echar de menos, mi ángel!- dijo ella estirándose para dejarle un beso en la mejilla.
Desorbitó los ojos al ver un rastro de babas sobre la blusa de su profesora.
-¡Oh, por Dios! Profesora, está…manchada, yo…
-¡No es nada, no es nada!- aseguró la morena ofreciéndole una sonrisa.
-¡Jeremy! ¡Para!- le sermoneó dulcemente la rubia al ver que el pequeño mordisqueaba el colgante plateado.
-¡Emma, están pidiendo al pequeño abajo!- informó Joy plantándose en el umbral de la puerta.
-Ok, añado dos o tres cosas más y voy
Cogió al pequeño en sus brazos y lo estrechó fuertemente contra ella, lo que provocó una crisis de lágrimas en el niño. Lo besó tanto como pudo, sabiendo muy bien que era el último abrazo que compartía con el pequeño.
Bajaron para entregárselo a los policías. Regina la retuvo cuando quiso correr detrás para besarlo otra vez y sintió las lágrimas resbalar por su rostro.
-¡Miss Swan! Repóngase, todo irá bien para él, ayude a los otros a recoger sus cosas
Emma los hizo volver a subir a la habitación y les explicó cómo habían llegado ahí. Extrañamente, ya no existía rencor alguno en ellos. Después, les mandó a recoger las cosas y comprobó con ellos el contenido de sus maletas.
-Nathan, ¿estás listo?- preguntó ella encontrándolo en el cuarto de baño, sentado en el borde de la bañera.
-Nunca saldremos de esta, Emma- dijo con voz triste
-¡No digas eso! ¡Tenemos más de un cuerda en nuestro arco!
-¿Ah sí? ¿Cómo nos las apañamos para siempre caer en una mierda más negra?
Emma se calló, ni ella tenía la respuesta a esa pregunta y había intentado de todo para no descender aún más bajo, pero tenía que confesar que lamentablemente había fracasado.
-La he cagado, Nath. ¡Lo siento!- murmuró
Él sacudió la cabeza de izquierda a derecha y posó sus ojos enrojecidos en ella, después, le dio un ligero golpe en el hombro.
-¿Encontraremos una solución para vernos?
-¡Por supuesto!
Pasó un brazo sobre sus hombros y lo obligó dulcemente a acercarse a ella. Él posó su cabeza en su cuello y le murmuró un gracias al oído que la hizo llorar.
-¡Bueno, no está todo pero ya he recogido mis cosas! ¡Nos vemos pronto, hermanita!
Uno a uno se fueron con diferentes familias. El último coche que se alejó fue el de los Cassidy. Emma y Regina miraron el coche alejarse mientras la noche estaba cayendo.
-¿Ha recogido sus cosas?-preguntó la morena posando su mano en la espalda de su alumna
-No, aún no.
-¿Necesita ayuda?
-Querría un poco de apoyo- aceptó Emma sintiendo cómo las lágrimas querían volver a hacer aparición
Esa casa no era un cálido hogar, pero habían hecho de todo para mantenerse unidos, a pesar de los sarcasmos de cada uno, se habían constituido como una pequeña hermandad de corazón.
Todo estaba demasiado silencioso, demasiado calmo. Subió los escalones de cuatro en cuatro, y barrió su habitación con mirada triste. Cogió su mochila, y metió sus cosas dentro. Levantó la tapa del escritorio, y recuperó la caja llena de dinero que había dejado apartado para el viaje de fin de curso. Regina no se atrevía a decir nada, no sabía si tenía que decirle a Emma que tenía una bonita habitación, no sabía si debía decirle que todo iría bien. Así que se quedó callada intentando no dejar transparentar su incomodidad.
Emma cerró la mochila.
-Le molesta que haga una última ronda para ver que nadie se haya dejado nada olvidado.
-En absoluto, la espero en el coche.
Emma asintió y cerró las puertas una a una. Cerró con llave la casa y se acercó al coche donde la morena la esperaba pacientemente.
-Bien- comenzó ella aclarándose la voz -¿Dónde vamos?
Hubo un silencio incomodo por parte de Regina
-Bueno, debía quedarse en casa de Chloè Tinker, pero ha tenido un problema familiar y no puede recibirla.
-Ah…entonces, ¿ a dónde vamos?
-A mi casa.
Emma se encontró de nuevo en la habitación de invitados. Sin embargo, esta vez, no se encontró del todo en su sitio y se quedó un momento, sentada sobre el baúl cerca de la ventana mirando a Regina que se ocupaba de sus caballos. Estaba siendo ayudada por varios palafreneros que no ocultaban la admiración que sentían hacia la joven. Era tierna con sus animales y particularmente con uno de ellos al que no dejaba de besarle el hocico dándole palmaditas amistosas sobre el lomo. Algunas veces, Regina lanzaba miradas hacia la ventana de la habitación que Emma ocupaba y la rubia se preguntaba si la veía o no. Después, la morena entró en los establos y Emma ya no tuvo espectáculo bajo sus ojos, miró al horizonte y los árboles que se erigían a algunos metros de la casa eran casi amenazadores en la noche. Se acurrucó un poco más en la alcoba y besó sus rodillas para tener un mejor sostén. Intentó concentrar sus pensamientos en el trabajo de los palafreneros más que en los gritos de Joy y Amber cuando hubo que partir, que le venían a la mente. Pegó su frente contra el cristal y suspiró ruidosamente. Sus pensamientos divagaron entonces hacia Regina. Quería conocer más de ella, su vida, lo que amaba…tenía que conseguir información para poder seducir a esa mujer. Tenía que «forzar el destino» como decía a menudo Alice.
De repente, tuvo una idea, ¿qué mejor que la habitación de una persona para saber más de ella? Emma salió de su habitación y puso atención a los ruidos que venían de abajo. Se escabulló entonces en la habitación de su profesora, sintiendo que algo se retorcía en su vientre, no debería encontrarse ahí y la sensación de violar la intimidad de una persona le era insoportable, sin embargo el deseo de saber más sobre la directora era más grande y avanzó por la habitación a paso cuidadoso. Se dirigió hacia la mesilla de noche y se tomó unos segundos antes de atreverse a abrir el cajón. Esté se trabó y a pesar de sus esfuerzos, no cedió. Interesante, Regina tenía entonces algo que poner bajo seguridad. ¿Qué podía contener? Decidió volver a ello más tarde. Se inclinó para mirar bajo la cama. Nada. Se levantó, el ceño fruncido y sobre un sillón que estaba en una esquina, divisó el bolso de Regina. Tragó saliva con dificultad y se acercó despacio. Pasó el peso de un pie al otro antes de atreverse a echar un rápido vistazo, sin tocar ni siquiera rozar el cuero negro. Tras un momento, Emma hundió su mano temblorosa en la boca del bolso y apartó delicadamente los objetos que le impedían ver el fondo. Nada interesante. Retiró la mano como si algo la hubiera mordido y se dirigió hacia el baño, sus ojos cayeron sobre el cubo de la ropa sucia donde vio unas pequeñas braguitas de encaje negro. ¡No, no, no, de aquí nada, de aquí nada! Pensó revirando los ojos como si no quisiera mirar hacia abajo. Volvió a la habitación y se dirigió al tocador cuyo cajón estaba entreabierto. Delicadamente, sus dedos rozaron la superficie de madera y metió sus primeras falanges en la abertura y tiró. Había un cepillo, algunos collares y…una foto. La foto de un pequeño, moreno, los ojos risueños y las mejillas coloradas por haber seguramente corrido mucho. Emma cogió dulcemente la foto y la acercó más a su cara para ver mejor. El niño llevaba una bufanda roja y amarilla que le daba un aire de estudiante mago. Emma creyó ver algo moverse en el espejo, así que, con espanto, alzó muy lentamente la cabeza. Regina acababa de llegar al umbral de la puerta y miraba a Emma con expresión asesina en el rostro.
