El gato y el ratón
Emma se descalzó y dejó sus zapatillas pegadas a la pared donde se alineaban ya varios pares de diferentes tallas. Al entrar en el pequeño salón, encontró a Nathan delante de la tele en compañía de Fígaro que ronroneaba, muy contento de haber encontrado a alguien que le rascara el vientre.
-Nathan, ¿qué haces aún levantado?- preguntó ella dirigiéndose a la cocina para coger una cerveza de la nevera.
-¡Te esperaba!
Emma abrió la botella y tomó un buche. Pensó en hacer como Killian: tener una reserva de ron a mano. Sacudió sus rizos dorados y fue a sentarse al lado de su joven hermano.
-¿Por qué me esperabas?
-Tengo que hablarte
-Oh…¿Ahora? Quiero decir, realmente no tengo cabeza para parlotear de nada…
-George ha venido a verme después del cole
Emma giró rápidamente su cabeza hacia él, frunciendo el ceño.
-¿Qué? ¿Te ha hecho daño? ¿Qué te ha dicho?
-Em, vas como un moto, déjame hablar- gruñó el muchacho revirando los ojos
Fígaro cogió la mano de Nathan con sus dos pequeñas patitas delanteras para que siguiera acariciándolo. Lo que hizo distraídamente.
-Bueno, estaba allí, a la salida de clase, quería joderme. Me dijo que nos saldríamos con la nuestra así como así…Quiso darme una bofetada, entonces me marché.
Emma relajó la presión, Nathan no tenía nada.
-¿Por qué no me has llamado?
-No iba a servir de nada, Em, no me ha hecho nada…Pero bueno…quería de todas maneras contártelo porque…bueno eso…
-Ok, has hecho bien.
Un silencio se instaló y Nathan no se intimidó y miró de arriba abajo a la rubia con una sonrisa ladeada.
-¿Qué?
-Nada, nada, ¿ha ido bien tu noche?- preguntó él enderezándose un poco, cansado de acariciar al felino.
La bola de pelo le dio algunos golpes con las patas para captar su atención, después, al ver que no pasaba nada, bajó del sofá lanzándole una torva mirada.
-Sí, ¿por qué me preguntas eso?
Nathan se encogió de hombros
-Porque sí…
El muchacho volvió a ponerse serio
-¿Crees que él nos dejará tranquilos un día?
-Sí, más le vale- lo tranquilizó Emma
Sin esperarlo, él se deslizó en sus brazos y la apretó fuertemente contra él. Ella se dejó hacer, consciente de que Nathan, bajo ese aire de insolente, tenía miedo.
-¿No nos vas a dejar otra vez, no?- preguntó con una voz débil
Emma se mordió el labio inferior. ¿Qué decir? Un día u otro ella tendrá que partir a hacer su vida…
-¡No, Nathan, no os dejaré!- resopló cerrando los ojos.
Se quedaron en esa posición unos diez minutos y el muchacho se levanto para apagar la tele y servirse un vaso de agua.
-Bueno…yo me voy a acostar- dijo Emma estirándose
-Por cierto, Emma, te queda bien tu nuevo lápiz de labios- se burló el muchacho
Emma frunció el ceño, ella no se ponía pintalabios. Se dirigió al cuarto de baño y al ver su reflejo, comprendió inmediatamente que los besos dados con Regina habían transferido una parte del labial a su piel. Sonrió, tomando eso como una prueba tangible de que todo había pasado realmente. Después, sintió un débil pánico insinuarse en ella.
-Nathan, yo…
-Bah, no te preocupes, no diré nada- la cortó él mientras apagaba el salón para dirigirse a su cuarto -¡Buenas noches, Emma!
La rubia suspiró, se sentía terriblemente frustrada por no haber podido ir más lejos con la directora. Y sobre todo, ¿iba a poder repetirlo algún día? Regina Mills era la mujer más misteriosa que conocía, pero no la asustaba. Por el contrario, la morena parecía inquieta ante la idea de comenzar una relación con Emma.
Has ido un poco lejos, «dormir conmigo en el mismo espacio»
Emma se mordisqueó el labio inferior. Quizás no hubiera salido como ella habría deseado. Pero Emma lo necesitaba, necesitaba formular las cosas para poder decirse que todo había tenido lugar. Regina se había escapado, pero no podría rehuirla indefinidamente. Tenía que hablar de esa situación porque después de un mes detestándose, las dos se habían lanzado sobre la otra. Sin duda la frustración de detestarse sintiendo fuertes sentimiento hacia la otra.
Emma suspiró mientras cogía el cepillo de dientes. Ella esperaría.
Tras haberse lavado, se hundió bajo las mantas y la mano de August se poso sobre su cadera.
-¿Todo bien? ¿Has hablado con el pequeño?- preguntó él acariciándola dulcemente
-Sí, hemos hablado.
-¿Qué quería contarte?
-Es confidencial- murmuró ella sonriendo
-Ok, buenas noches entonces
-Buenas noches.
Regina estaba sentada en los escalones de sus escaleras, de cara a la puerta cerrada con llave, había pasado la noche ahí, aterrada ante la idea de que la puerta se abriera dejando ver a Emma, o peor, a una patrulla de policía que la llevaría a prisión. Parpadeaba a intervalos irregulares, su rostro estaba triste y parecía abatida.
Se sobresaltó violentamente cuando alguien golpeó la puerta.
-¡Regina!- gritó la voz de Chloè al otro lado
El timbre sonó a su vez y Regina tuvo la impresión de que alguien había dado comienzo a una orquesta.
-¡Re-gi-na!- llamó otra vez Chloè hundiendo su dedo sobre el timbre.
Regina se obligó a calmar los latidos de su corazón y se pasó una mano por el rostro.
La enfermera escuchó de repente abrirse los cerrojos uno a uno y la puerta se abrió para dejar aparecer a una directora muy pálida, el rostro marcado por la fatiga y las ojeras negras comiéndose su bello rostro.
-¡Redge! ¡Por Dios! ¿Qué ocurre? ¡Nadie logra encontrarte! Son las nueve y tenías una reunión con los padres de los alum…¡Redge!
Chloè sintió las manos de Regina en su camiseta y la puerta se cerró a su espalda. En un segundo, se encontró en sujetador ante la mujer que había compartido sus noches hacía algunos años antes.
-¡Redge!- resopló Chloè intentando oponerse a esos ataques carnales.
Regina hundió su nariz en el cuello de la joven y la besó con desespero. Agarró sus muñecas y las inmovilizó sobre la cabeza de la rubia para que dejara de moverse.
-¡Hey!- protestó Chloè.
-¡Chloè, tócame!- murmuró Regina presionando las manos de la joven enfermera sobre sus pechos.
Chloè amenazaba con dejar libres sus deseos y el hecho de tocar el cuerpo de aquella a quien había amado- y que probablemente aún amaba-no la ayudaba a tener las ideas claras.
-Redge…- pronunció ella con dificultad.
Regina abrió su falda que cayó a sus pies y no le hizo falta más a Chloè para perder el control. Le dio la vuelta a la situación e inmovilizó a Regina contra la puerta de entrada, mordió su labio inferior y descendió por su cuello dejando una huella a su paso. Arrancó los botones de la camisa de la morena y los escuchó rebotar aquí y allá. Presionó con su mano la vulva de Regina provocando en esta un pequeño grito ronco. Chloè se detuvo de repente, insegura. Ellas no eran así. Regina no estaba en su estado normal, en cuanto a Chloè, no era ese tipo de mujer, que se aprovechaba de las debilidades de la mujer que amaba para follarla salvajemente.
-Redge…- repitió ella separándose un poco
-¡No, continúa!- ordenó la morena impulsándose contra la mano de Chloè sobre su intimidad y hundiendo su mirada en la de su amiga. La intensidad de esa mirada habría hecho perder el control a cualquiera, pero la frase que acompañó a esa mirada heló a Chloè en el sitio.
-¡Muéstrame que soy normal! ¡Continúa!
Chloè se apartó definitivamente. ¿Normal? Pues claro que Regina Mills era normal. ¿De qué estaba hablando?
-¡Stop! ¿Qué estamos a punto de hacer…? ¿Me…me estás ordenado que te haga el amor?- preguntó Chloè sin aliento moviendo su cabeza de izquierda a derecha. -En absoluto. No vamos a hacer las cosas así- retomó con voz furiosa.
Regina se hundió en llanto, de rodillas ante su amiga. Chloè frunció el ceño y posó una mano en la espalda de la morena. La camisa abierta dejando ver un sujetador negro de encaje y unas braguitas a juego, el maquillaje corrido, los cabellos desordenados, Regina no se parecía en absoluto a la mujer altanera y elegante que dejaba ver.
-¡Ok, definitivamente hay algo que no va bien!- suspiró la enfermera volviendo a ponerse la camiseta.
Ayudó a Regina a levantarse y la hizo sentarse en un sillón de cuero, cubrió sus piernas con una manta. Después le pasó una mano por los cabellos para colocárselos tras la oreja, a continuación subió a la habitación para coger una camiseta negra y desmaquillador. Miró a la morena cambiarse y comenzar a desmaquillarse.
-En primer lugar, voy a mandarle un mensaje a David para que no se preocupe y sobre todo para que no venga a tirar tu puerta, después vamos a hablar.
En el cerebro de la morena, todo tenía aspecto apagado. Solo pensaba una cosa, que no era normal, que estaba fuera de lugar y de verdad chiflada.
Una llamada más tarde y con una taza de café ante su nariz, Chloè escrutó a su amiga con la mirada.
-¿Entonces? ¿Me explicas?
Regina se pasó una mano por los cabellos y exhaló ruidosamente.
-Emma me besó en el bar donde trabaja, después le propuse venir a dormir aquí y cambié de opinión porque…está…mal y no estoy lista
Un corto silencio siguió a sus palabras, pero Chloè Tinker conocía demasiado a Regina para saber que, en ese preciso momento, todo silencio sería mal interpretado.
-¡Sabía que había algo entre vosotras que iba a estallar, te lo había dicho! Entonces, no veo dónde está exactamente el problema, os sentíais atraídas la una por la otra.
-Encontró la foto de Henry y…le he explicado…
-¿Le…le has explicado todo?- preguntó Chloè asombrada
-¡No! ¡Por supuesto que no! Pero…el hecho es que me besó después de esa explicación y hubiéramos podido ir más lejos si no la hubiera rechazado
Chloè se masajeó las sienes.
-¡Sigo sin ver dónde está el problema! Sientes un gran placer con una…
-¡No! ¡Precisamente!- cortó la morena –¡En primer lugar no es solo porque sienta placer, creo que tengo sentimientos por esa chiquilla, y en segundo lugar, eso precisamente, es una chiquilla!
Chloè soltó una risa.
-¿Qué hay de gracioso?
-Emma es todo excepto una chiquilla. Tiene la edad legal para tomar decisiones sobre su vida sexual. Y además…¡aún no estáis ahí!
-¡Estamos precisamente ahí porque Emma me habló de compartir el mismo espacio por la noche! ¡Te aseguro que no es únicamente para dormir!
-Regina, ¿qué piensas exactamente? ¿Que no estás lista? ¿Que eres una pederasta?
Los ojos de la joven se agrandaron, si hubiera tenido que elegir una palabras, habría sido aquella. Bajó la cabeza avergonzada y se echó a llorar.
Chloè retomó
-No tiene menos de quince años, está formada físicamente, y muy bien formada si quieres mi opinión y…por lo que se ve, ¿fue ella quien te besó?
-¡Sí, y por lo que se ve, tú tienes problemas con relación a la ética que debe mostrar un directora de un instituto! ¡No debería acostarme con una alumna!
-¡Escucha, para! Si tienes sentimientos por ella, entonces lánzate. ¿Cuántos profesores no han acabado con un alumno? La respuesta es, Regina, todos los días se ve eso. Algunos se casan incluso, honestamente, te aseguro que a ti te gustan las mujeres. ¡Las verdaderas mujeres! ¡No las niñas! Además, en cuanto a Henry, yo solo me enteré al cabo de seis meses de vida en común, mientras que Emma ni vive contigo y ya lo está.
Chloè se inclinó para agarrar la mano de Regina y enjugarle sus lágrimas.
-Querida, creo que te estás enamorando de una joven muy linda y muy paciente. ¡Autorízate un poco de felicidad! Te lo suplico.
Regina se agitó de impaciencia. Curvó sus piernas hacia su pecho y posó su frente en la palma de la mano.
-¿Qué me ocurre?
-¡Te ocurre que te estás enamorando!- repitió Chloè revirando los ojos
-¡Para nada!
-¡Ah, eso, querida, no es algo que uno controle!
-¡Yo lo controlo!- afirmó la joven con un aire de desafío.
Chloè alzó una ceja y asintió en silencio, escéptica.
-Redge, francamente, deberías dejarla entrar en tu vida, poco importa su edad, ella puede ayudarte y sanarte.
-¡No estoy enferma!- replicó Regina haciendo un gesto molesto.
-Enferma no, solo un poco destrozada.
Chloè clavó su mirada en la de ella y sacudió la cabeza de izquierda a derecha.
-El único consejo que puedo darte es que te abras un poco a ella y…veas cómo transcurre todo. Lo único que necesitas es amor.
-¡Lo que necesito es a mi hijo!- escupió la morena con voz dura
Tink se calló, no podía contradecirla, pero Regina también debía aprender a relajarse y a amar.
-Lo mejor es que ponga distancia, ¿no?
Tink la miró perpleja.
-¿Honestamente? Regina, pienso que deberías ver a dónde te lleva esto
-¡A un juicio por perversión de menores! ¡A eso me llevará!
-¡Nooo! ¡Espera, eso solo si te dejas coger!
-¡Tink!
-¡Regina, deja de vivir como si tuvieras sesenta años!
-Perdóname si no encuentro ninguna diversión en devorar una hamburguesa en chándal delante de la tele.
Chloè reviró los ojos, soñadora.
-¡Ahhh, no sabes lo que te pierdes!
-¡Kilos!- replicó Regina suspirando
-Bueno, madame aguafiestas, te voy a dejar que sigas comiéndote el coco, yo no puedo hacer nada más. Pero…piensa, esa chica puede traerte muchas cosas positivas a tu vida.
Tink se fue después de haberle dejado un beso en los cabellos.
Regina, ese día, no fue a las reuniones. Hacía las ocho de la tarde, David y Mary Margaret pasaron a hacerle una visita para comprobar que Chloè no les había mentido diciéndoles que solo estaba algo cansada. Habían llevado a su pequeño con ellos para gran alegría de Regina.
-Deberías hacer menos en el instituto, intenta ocuparte solamente de tus clases por un tiempo- aconsejó Mary mientras miraban a Neal y David acercarse al box de Beau Miroir.
-No puedo, de todas maneras deberé acostumbrarme, tengo en mente el puesto de directora
Habría querido vomitar de tanto que se asqueaba. Iba a convertirse en directora, pero le estaba echando el ojo a una de sus alumnas…
-Si David o yo podemos ayudarte en lo que sea, puedes decírnoslo.
-Gracias, pero te aseguro que solo es un poco de fatiga.
-¡Neal! ¡Chico, vamos a dejar tranquila a Regina, tiene que descansar!
El muchacho se retorció para bajar de los brazos de su padre y corrió a lanzarse a las piernas de la directora.
-¡Redzina! ¿Podrás enseñarme a montar? Papá dice que tú haces saltos de ostáculos
-Obstáculos- lo corrigió la joven alzándolo en sus brazos –Bueno, un día te enseñaré, sí, si tú quieres
-¿Con Beau Miroir?
Regina sonrió
-Sí, con Beau Miroir. ¡Haré que saltes obstáculos!
-¡Ahhh má! ¿Oyes?- gritó el niño excitado.
-¡Sí, muchachote, creo que toda la manzana lo ha oído! ¡Venga, vamos!
Regina besó a su amiga y a su hijo y los vio alejarse hacia el coche, David se quedó unos instantes al lado de la futura directora y posó una mano sobre su hombro.
-Regina, puedes intentar mentirnos, pero…¿estás segura de que todo va bien?
-David, estoy bien- suspiró ella, irritada.
-Escucha, cuenta lo que quieras, solo quiero avisarte: estamos aquí
Ella plantó su mirada en los ojos claros y risueños y le agradeció con un movimiento de cabeza. Él depositó un beso en su cráneo y se unió a su mujer.
Regina volvió a encerrarse en su casa y decidió pasar el fin de semana sola, centrada en sus pensamientos y en su futuro con Emma.
La joven por su parte, esperó una señal, un mensaje, una aparición en el bar, pero nada llegó. El domingo, fue a visitar a Alice y se sintió aliviada al ver que su padre no estaba allí. Le contó todo y se divirtió con las reacciones de su amiga.
-¿Y desde entonces, ninguna noticia?
-No, ninguna…
-Bueno, es normal, debe estar flipando un poco. Eres una alumna y ella tu directora…lo que es super sexy de hecho
-¡Hey! ¡No digas eso!
-¡Oh, venga! No es novedad que Regina Mills es hot. ¡Y además, si no me equivoco, de momento no te pertenece!
-¡De momento!- retomó Emma apuntando a su amiga con el índice
-Bueno, ahora, hay que convencerla para que se deje ir contigo. Pero antes de eso…vuelve a contarme. ¡El beso!
Emma estalló en una risa. Alice era incorregible.
-¡Deja de reír! ¿Estuvo bien? ¿Estás enamorada?
-No lo sé…es demasiado pronto para…
-Tatata, es demasiado pronto para decirlo porque da vergüenza decirlo tan pronto…porque si metes la pata, podría decirse «Oh, la pobre, creyó de hecho que podría ser posible», pero estás hablando conmigo. ¡Así que, quiero que me digas la verdad!
Emma torció la boca pinzándose los labios, pero no pudo contener una tímida sonrisa.
-¡Sí, creo que sí!
El rostro de Alice se partió con una sonrisa radiante y juntó sus manos en el aire.
-¡Y pensar que todo esto es gracias un poco a mí!
-¡Qué modestia! ¡Eso no impide que ahora esté estancada! De verdad quiero que estemos juntas, que construyamos algo sólido, pero después me digo…que a lo mejor soy demasiado joven, que es mi primera relación seria, entonces…y…en fin…
-Ya, todo es nuevo…
-Eso es….
-Bueno, mi querida Emma, no podría ayudarte en ese terreno porque imagínate….nunca ido tan lejos con nadie…
Emma suspiró, frustrada. Al ver que su amiga necesitaba cambiar de idea, propuso comer una tonelada de palomitas viendo películas tontas, para poder criticar las peores escenas y burlarse de la interpretación de los actores.
Emma miró la turba de alumnos entrar por la puerta principal del instituto y escrutó cada rostro para reconocer a la directora adjunta. De repente, la vio, acompañada por la profesora Blanchard. Estaban serias y hablaban bajo para que no las escucharan.
-Profesora Mills, ¿puedo hablar con usted?- preguntó Emma apareciendo delante de las dos mujeres.
-¡No!
Mary miró extrañada a su amiga.
-¡Quiero decir, ahora no, Swan! En otro momento.
-¿En otro momento?- dijo con la voz estrangulada la rubia buscando un poco de apoyo por parte de su profesora de biología.
-Regina, os dejo a solas si quieres.
-¡No! ¡Mis Swan, va a esperar como buena chica!
La morena pasó por delante de su alumna haciéndole a Mary Margaret una señal para que la siguiera. Emma se quedó allí, con los brazos colgando y expresión furiosa. ¡Regina Mills no se saldría con la suya así como así!
La directora adjunta se encontró a Killian delante de su puerta y se contuvo para no suspirar. Ya tenía suficientes problemas sin acumular los de sus alumnos.
-¿Señor Jones?
-¿Puedo hablar con usted, profesora?
-¡Adelante, entre!- dijo ella abriendo la puerta de su despacho con el joven detrás de ella.
-Yo…quería darle las gracias- soltó él
-¿Agradecerme por qué?
-Bueno…los tipos que querían darme una paliza, creo que han comprendido después de la irrupción de la pasma…
-¡Jones!
-¡De la policía, de la policía!- se corrigió el muchacho encogiéndose de hombros.
-Me alegro por usted, señor Jones, sinceramente
-Sí…hum…para darle las gracias, podría quizás ofrecerle una cena.
Regina casi se echa a reír delante de su alumno, pero se contuvo a tiempo.
-¡Muy amable, pero prefiero los bombones!
Como buen jugador, el muchacho sonrió tímidamente y tendió la mano hacia la joven.
-¡Trato!
El día fue agitado para las dos mujeres, Regina tomaba cuidado para no cruzarse con Emma y Emma intentaba bloquear a Regina. El gato y el ratón…
Ágil, Regina logró deshacerse de los planes de la rubia tomando caminos diferentes y cuidando de nunca quedarse sola. Pero ella no contaba con la determinación de la muchacha que la agarró por el codo a la salida del centro, mientras una muchedumbre de alumnos se precipitaba hacia el bus, coche o sencillamente hacia las bicicletas.
-¡Profesora!- gritó ella demasiado alto
-¡Swan, no es el momento!
-¿Me vas a evitar por mucho tiempo?- preguntó la rubia, furibunda
Regina miró alrededor, podían escucharlas en todo momento.
Después, todo pasó muy deprisa, un grito más fuerte sobrepasó la algarabía de la muchedumbre y captó la atención de todos los alumnos, deteniéndolos en lo que hacían.
-¡Jones!
Un muchacho encapuchado agarró el brazo de Killian.
-¿Qué haces?- chilló el muchacho
El grito que él lanzó después dio fe del dolor que estaba sintiendo, pero Emma no comprendía, el otro acababa solo de lanzarle agua sobre la mano. ¿Cómo podía eso hacerle tanto daño? Los otros, reaccionando más rápido, comenzaron a gritar y correr. Killian cayó de rodillas apretándose su brazo contra el pecho. Emma se precipitó a su lado y rápidamente, fue apartada por Regina, que ordenó a todos los alumnos ponerse al resguardo. Emma se quedó al lado de su amigo, lanzando una mirada furiosa a la morena que intentaba echarla hacia atrás.
-¡No toque su mano, Swan!- soltó Regina -¡Es ácido!
-¡Me la ha cortado! ¡Me la ha cortado!- gritó el muchacho mostrando la sangre que caía abundantemente de su brazo.
-¡Swan, no toque!- repitió Regina golpeando la mano de la muchacha.
Largos minutos pasaron durante los cuales Killian gritaba de dolor e intentaba levantarse. Una ambulancia finalmente llegó y se llevó al joven y a la directora. Emma se quedó en la acera, turbada.
Era más de medianoche cuando Regina aparcó delante de su casa. Unas terribles ganas de vomitar la invadían desde hacía varias horas y sus pies parecían hundidos en plomo. Sacó sus llaves de su abrigo mientras se dirigía a la puerta de entrada y se quedó parada al divisar un bulto moverse en el descansillo.
Emma se levantó, con expresión avergonzada y aterida de frío, sus largos cabellos estaban enredados, pero destellos dorados rodeaban su bello rostro.
-He pensado que necesitarías consuelo…- murmuró la rubia con una voz grave de tristeza.
El mortero que le apretaba el corazón se hizo pedazos, sintió un vivo dolor atravesarla. Las emociones del día le ascendían al corazón para precipitarla en un agresivo sufrimiento.
Soltó su bolso y se llevó las manos enguantadas a su rostro. Curvó la espalda, los sollozos la sacudían violentamente, dobló las piernas para dejarse caer al suelo. Pero el golpe no vino, Emma la había rodeado con sus brazos y la mantenía firmemente contra ella.
Regina golpeó con el pie. ¿Por qué se empeñaba esta chica en consolarla? Pero sobre todo, Regina sintió que estaba a punto de quedar al descubierto. Su debilidad la ganó y se agarró desesperadamente al cuello de Emma.
La joven recogió el bolso de la morena y la ayudó a subir los escalones del descansillo. Abrió la puerta y dejó que Regina tecleara el código de la alarma. Ella se movió para encender la chimenea del salón. Regina había dejado de llorar, pero su cuerpo se negaba a hacer el menor movimiento. La culpabilidad la corroía por dentro, sabía que nunca podría perdonarse. Si Killian estaba así hoy en día, era totalmente su culpa. Se sobresaltó al sentir la mano de Emma rozarle la rodilla.
-¿En qué piensas?
-Swan, no tengo ganas de hablar
Emma asintió, decepcionada de que Regina no quisiera llamarla por su nombre de pila.
Sin embargo, sacó un trozo de papel de su bolsillo y lo dejo en la mesita. La morena posó sus ojos aún húmedos en él y frunció el ceño. El ojo dibujado que le había dado algunas semanas antes parecía mirarla.
-Es el ojo que le di a Belle para que investigara, no ha encontrado nada, en ningún libro, pero de todas maneras yo he logrado descubrir algo…en los periódicos.
La mirada de la directora adjunta ascendió lentamente hacia el rostro de la rubia.
-Tras la agresión de Killian, estuve en la biblioteca y encontré esto.
Dejó un artículo de periódico sobre la mesa y lo empujo delicadamente hacia la morena que lo cogió entre sus dedos.
-Es un suceso-constató ella desde las primeras líneas
-Se trata de una nueva banda que puebla nuestras calles, tiene una red de drogas que pasa a través de Canadá y llega a Estados Unidos. Mirando la foto, pude ver el «logo»
Ella entrecerró los ojos marrones para ver mejor.
-Esto quiere decir que esa banda está detrás de ti, y ese logo lo he visto esta tarde, tatuado en el cuello del chico que ha agredido a Killian.
Regina posó una mano en su boca, febril. No se trataba de una sencilla broma de adolescente, y ella que pensaba que Emma y ella estaban siendo vigiladas, se dio cuenta de que no era el caso. Era por la ayuda que le había dado a Killian, ella no era bienvenida y esa llamada de atención era muy seria. Se quedó en silencio, las pruebas frente a sus ojos, el corazón latiendo dolorosamente en su pecho. Queriendo ayudar a Killian, había hecho lo contrario.
-¿Cómo está él?- preguntó Emma, adivinando los pensamientos de su profesora.
Tras un corto silencio, Regina tragó y se escuchó decir
-Los médicos han debido amputarle su mano izquierda. El ácido hizo muchos estragos en la carne, no querían arriesgarse a tener que cortarle el brazo completo.
Emma se puso una mano en la boca, sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas, pero no las dejo caer.
Ante el silencio de Regina, Emma se levantó y se puso su chaqueta.
-Me voy a casa, estoy helada- explicó poniéndose la bufanda.
La morena no hizo seña alguna para indicarle que había comprendido, pero Emma debía huir de esa casa, se hacía difícil hacer como si nada hubiera pasado. Cuando pasó por delante del sillón donde Regina estaba sentada, esta le agarró el brazo, parando a la rubia en su huida.
-Quédese un rato más, Miss Swan- ordenó ella
Emma controló la respiración y a ella misma para no sacudir a Regina y gritarle que hablaran de lo que había ocurrido entre ellas.
-¡Solo si me deja pedir algo para comer!- dijo finalmente
Ninguna de las dos tenía hambre, pero Emma sabia que tras un violento shock emocional, había que comer. Después de los entierros, todo el mundo se reunía para comer, simplemente para no encontrarse solo, con el gran vacío que el difunto había dejado y también porque comer aportaba cierta paz. Llenar el estómago para no pensar en el vacío que se había instalado en el corazón.
-Hay un plato en el horno, pavo, creo- le informó Regina
Emma se quitó de nuevo su chaqueta y su bufanda y se dirigió a la cocina para recalentar el plato. A continuación envió un SMS a August para avisarle de que quizás no volvería esa noche. Puso la mesa y espero a que el aroma del pavo se extendiera por la cocina. Comieron en un silencio casi total, solo se escuchaba el ruido familiar de los cubiertos entrechocándose.
-¡Lo siento, Swan!- soltó de repente Regina soltando su tenedor
Emma frunció el ceño sin comprender.
-¿Qué sientes?
-Yo…no hago eso, no salgo con mis alumnos…¡no soy ese tipo de mujer!
Emma asintió con la cabeza y se tragó lo que tenía en el tenedor. Tras un corto silencio, suspiró.
-Lo sé- dijo con voz rota.
-De verdad, soy una persona reservada, calmada y…
-¡Y yo tampoco tengo por costumbre saltarle encima a mis profesores!- cortó la rubia –Es así, no estamos acostumbradas a este tipo de cosas, pero…de todas maneras estamos la una atraída por la otra y más vale intentar algo antes que decir que hubiéramos podido, pero que no hicimos nada. ¿No crees?
El tuteo de Emma era una verdadera agresión a los oídos de la directora adjunta, pero debía confesar que amaba esa cercanía, aunque no estaba preparada para corresponderle.
-Ciertamente- eligió responder
Los labios de Emma se estiraron en una sonrisa y soltó el tenedor.
-Estaba muy bueno- susurró
Regina asintió quitándose la servilleta. Barrió la estancia con la mirada, todo estaba perfectamente en su lugar, nada daba pie a la excentricidad ni siquiera algún desorden organizado. La casa entera estaba así, su biblioteca estaba clasificada por época y por autor, sus preciados y antiguos libros tenían su propio estante. Emma iba a representar un trastorno nuevo. Un caos que debía domar. Regina cerró los ojos e intentó luchar un poco más de tiempo, pero la voz de Tink se imponía en su mente.
-Bueno…esta vez si me voy. Iré a ver a Killian al hospital mañana. ¿Te veré en clase?
La morena asintió y se levantó para acompañar a la joven a la puerta. Antes de abrir, tomó el toro por los cuernos y miró a su alumna.
-Miss Swan, yo quería…decirle…que…en fin…que tenga una buena noche- concluyó, decepcionada por no haber podido decir nada mejor.
Los labios de Emma se estiraron en una sonrisa comprensiva y dio un paso hacia delante para posar los labios en la mejilla de la directora. Dio un paso hacia atrás y Regina clavó los ojos en los suyos, sorprendida de que Emma hubiera desencriptado el mensaje que ella había intentado enviarle torpemente.
-Buenas noches- murmuró Emma abriendo la puerta para deslizarse por la abertura.
Regina posó sus dedos en el sitio donde Emma la había besado y frunció el ceño, ¡esa chica causaría su pérdida!
Al día siguiente, mientras venía de realizar una larga cabalgata con Beau Miroir, Regina descendió de la silla y le pasó las riendas a su palafrenero. Robin Hood estaba a su servicio desde que ella había hecho construir los establos y jamás había tenido queja de él. Era un buen trabajador y aunque se había encaprichado de ella, ella había sabido ponerle amablemente en su lugar.
-Parece cansada, milady
Él le había endilgado ese caluroso apodo que tenía por fin valorizarla. Ella le dio una sonrisa triste y declaró
-He tenido un día difícil, uno de mis alumnos fue atacado gravemente y…es complicado gestionarlo.
-De acuerdo, comprendo. Por cierto, una muchacha ha venido y creo que la espera delante de la casa.
-Gracias, Robin- dijo Regina tras una última caricia al hocico de Beau Miroir
Rodeó la casa y encontró a la rubia sentada en los escalones, las manos metidas en los bolsillos y una expresión de desilusión en el rostro.
-Swan…- la llamó al ver el rostro contraído de su alumna
-Buenas tardes
-¿Quiere entrar?- propuso Regina tras un instante de vacilación
Emma asintió y siguió a Regina que entraba ya en la casa.
-¡Huele muy bien!- cumplimentó la muchacha
-He hecho lasaña, ¿quiere?
Emma pareció un poco desilusionada de que Regina siguiera sin tutearla, pero después de todo, había prometido que esperaría a que estuviera preparada. Sacudió sus rizos de izquierda a derecha y suspiró.
-¿Qué ocurre?
-No se puede ver a Killian hasta dentro de dos días. Así que no tendré noticias antes del jueves y estoy muerta de inquietud.
-Hay que dejar que los médicos trabajen- intentó explicar Regina.
Emma asintió tristemente y se mordió el labio inferior.
-He venido a traerte esto, olvide dártelo ayer, son papeles administrativos, creo, los dejaste caer durante la agresión.
-Gracias
Un pesado silencio se instaló y Emma decidió moverse.
-Bueno…me voy…
Le hizo un pequeño gesto con la mano y se giró. Regina cerró suavemente la puerta de la entrada, con el corazón lacerado. Mientras Emma bajaba los escalones del descansillo, escuchó la puerta abrirse tras ella y la voz de Regina llamándola.
-¡En verdad tengo mucha lasaña!
Emma pivotó en el escalón que estaba bajando y sonrió de lado, ¿estaba de verdad Regina invitándola a cenar?
-¿Trabaja…. esta noche?- preguntó
-¡No, esta noche no!
-¿Quiere unirse a mí?
-¡Con gran placer!
Cuando iba a cruzar la puerta en el otro sentido, Emma se detuvo frente a su profesora y la miró por un instante.
-¿Puedo darte un beso?- preguntó de repente
Regina, cogida por sorpresa en un primer momento, retrocedió varios pasos y se encontró bloqueada contra la puerta. Pero al ver que Emma no quería intimidarla, se relajó y terminó incluso por asentir.
Emma aplastó dulcemente sus labios en la comisura de los de ella y se apartó emitiendo un ligero ruido aprobatorio.
-¡Parece ser una delicia!- dijo ella pasándose la lengua por su labio superior
-¿Perdón?
-¡Tu lasaña!
Regina cerró la puerta. Esta muchacha tenía un don para volverla loca.
Emma se quitó la chaqueta y la dejó en el respaldar de su silla. Esperó a que Regina le diera un cubierto y comenzaron a comer.
-Pareces incómoda- dijo Emma
-Tengo la impresión de no saber de verdad dónde estoy, ni a dónde ir…
Emma sonrió dulcemente
-Déjame guiarte, ¿quieres?
-Miss Swan, no necesito que me guíen, ¡necesito saber a dónde voy!
Emma pareció desestabilizada, ni ella misma sabía a dónde se lanzaba, pero había sido empujada hacia ello por una fuerza incomprensible. El magnetismo de Regina Mills era tal que parecía haber caído en sentimientos nuevos, aún no domesticados.
-Solo tenemos que tomarnos nuestro tiempo, el tiempo que necesitas para tutearme y el tiempo que necesito para…no lo sé
Regina suspiró, se pinzó el puente de la nariz, notaba que se acercaba un dolor de cabeza.
¿Sabes lo que es eficaz contra un dolor de cabeza?- susurró la voz de Tink en su mente
-¿Tiempo? ¿Cree que se trata de eso?- preguntó perpleja
-¡Francamente, no sé nada! ¡Podemos quizás solo intentarlo!
Regina asintió.
-Y si comenzamos por…ver una película en el sofá y…no sé, hacer solo eso, ver una peli y después, me voy
¡Venga, solo una película!
-De acuerdo
Emma se había quitado sus zapatos y sus pies estaban apoyados en el asiento del sofá, había rodeado sus rodillas con sus brazos y movía sus piernas, apartándolas y cerrándolas mientras sonreía ante las peripecias que se sucedían en la pantalla. En cuanto a Regina, alternaba entre la pantalla y Emma, deleitándose con el momento que estaban pasando.
Los dos días que siguieron Emma los pasó en casa de su profesora, se iba todas las noches y volvía tras las clases, o tras el trabajo para hablar o sencillamente ver una película, un documental, fingir que trabajaba en la memoria de la joven. Las dos salían ganando aunque Emma estaba desolada por no haber podido volver a besarla.
El jueves por la tarde, Killian seguía sin poder recibir visitas a excepción de sus padres que habían vuelto de viaje. Había tenido que entrar de nuevo en quirófano debido a una complicación post-operatoria. Al día siguiente, el azar quiso que Regina y Emma se encontraran delante del hospital.
-Vaya, vaya, miss Swan, ¿ya no trabaja?
-Es usted dura, acabo de tirarme toda una tarde en el Chapélier Flou. Por cierto, la he esperado- reprochó amablemente la rubia adoptando el voseo para pinchar a la morena.
-Lo siento, he tenido un contratiempo
Se dirigieron al hospital, conociendo el camino de memoria.
Emma se mordió discretamente el labio, conteniéndose para no hablar y decir una tontería. Pero al ver la mirada apacible de la morena, lanzó
-¿Y si retomamos el tiempo perdido en tu casa esta noche?
Regina iba a cerrarse, darle una bofetada, pulverizarla.
-¿Por qué no?
Si hubieran estado en una película, Emma habría escuchado probablemente un coro de niños cantar mientras que una luz blanca, resplandeciente, habría iluminado a la morena. En lugar de eso, se encontró en plena cara con una maquina de golosinas, que la trajo a la realidad.
-¡Ay! ¡Joder!
-¡Emma!- replicó Regina media muerta de risa
Ella le posó la mano sobre el brazo para ayudarla a mantenerse de pie. El dolor dejó lugar a la sorpresa. Asombrada, la muchacha no creyó lo que acababa de escuchar, pero el calor que la mano de Regina propagaba era muy real.
-¿Conoces mi nombre? – bromeó ella sonriendo
Regina sacudió la cabeza revirando los ojos.
¡Qué bello era esa manera de decir su nombre! Em-ma ¡Por Dios!
En la recepción, les informan que podían ir a ver a Killian a la habitación 812. Así que subieron y Emma sintió una ligera angustia por entrar. Dio tres pequeños golpes y entró en la habitación.
El muchacho giró la cabeza, una expresión triste y colérica en el rostro. Su brazo mutilado estaba disimulado bajo la sábana, seguramente para esconder el muñón que había reemplazado a su mano.
-¡Hola Killian!- murmuró dulcemente Emma como si se dirigiera a un muerto.
Instantáneamente, se culpó por el tono empleado. Lanzó una mirada a Regina para tener algo de ayuda.
-Buenas tardes, señor Jones- saludó también la morena
Al escuchar la voz de Regina, él giró la cabeza hacia ella y la fusiló con la mirada.
-¡Emma, saca a esta puta de aquí!
