En el País de las Maravillas

Emma se pasó una mano por los cabellos e hizo correr nerviosamente su lengua por los labios, se giró de nuevo hacia Killian y suspiró. Regina había salido de la habitación algunos minutos antes a pesar del intento de Emma en que se quedara. Ella quería dejarle tiempo al muchacho para que se calmara. Emma se había sentado y había intentado conversar con él, pero rápidamente él la había mandado a paseo. Ella frunció el ceño.

-¡No comprendo cómo puedes culparla hasta ese punto, Kill'!

El muchacho alzó lo que quedaba de su brazo para enseñárselo a Emma.

-¡Este es el motivo! ¡Emma, me la han amputado! ¡No es moco de pavo, joder! ¡Ya no tengo mano!- gimió él enderezándose en su cama del hospital.

-¡Ella intentó ayudarte!

-¡Llevándome a la pasma para que les contara todo! ¡Joder, no entiendes nada!

-¡Escucha, no he venido a enfadarme contigo!- alegó la rubia

Killian volvió a meter su brazo bajo la sábana, refunfuñando. Emma suspiró y se pinzó los labios.

-¡Entonces, deja de defenderla!- gruñó él

La rubia consideró un instante la demanda de su amigo, pero no podía aceptar que Killian echara la culpa sobre su "novia"

-¡Realmente intentó ayudarte a salir de esta historia! ¡Llevarte a ver a la policía fue lo más razonable que había que hacer!

-¿Razonable? ¡Emma, mierda, ya no tengo mano izquierda! ¿Eres idiota o qué?

-¡Ella no podía saber lo que iba a pasar!

El moreno sacudió la cabeza de derecha a izquierda, había pensado que al menos Emma estaría de su lado, que ella no le encontraría excusas a Regina Mills, pero se había equivocado enormemente y no lo admitía.

-¡No debió meter las jodidas narices en mis asuntos!

Emma reviró los ojos

-¡Francamente, si no lo hubiera hecho, quizás habrías acabado muy mal! Así que yo…

-¡Emma, si has venido a defenderla en cuerpo y alma, puedes largarte!

Asombrada, ella se acercó a la cama.

-¿Quieres que me vaya?- preguntó ella, estupefacta.

-¡Veo que has elegido bando!

-¡No hay bando para elegir, Killian! ¡Lo siento, pero creo que estás siendo egoísta!

-¡Qué te jodan, Emma!

Sin aguantar más, Emma dejó estallar su cólera.

-¡Intentas proyectar tus propios errores sobre ella! ¡Si no te hubieras metido es esta historia, ella no habría necesitado ayudarte!

-¡Te recuerdo que me encontré en esa situación únicamente porque vivo en el puerto!

-Hay otras personas en el puerto, y así por casualidad, ¿los vendedores de droga se dirigieron a ti para que les guardaras la mercancía?

Killian entrecerró los ojos y giró la cabeza totalmente hacia su amiga.

-¿Qué intentas decirme, Emma? ¿Que porque soy algo marginal, no puedo achacarme la culpa sino a mí mismo?...¡Viniendo de una huérfana degenerada, me hace reír!

El golpe que Emma recibió en el fondo de su pecho no tenía nada de agradable, pero en su fondo, ella sabía que Killian tenía razón, ella se permitía lanzarle reproches injustos. Se tomó algunos segundos antes de contestar.

-¡Eso…no es lo que he dicho! Yo…quiero decir, cuando esos tipos vinieron a pedirte que escondieras la mercancía que tú sabías que era coca, ¿por qué no dijiste que no?

-¿De verdad tienes que hacer esa pregunta?- rugió el muchacho –¡No son el tipo de personas a quienes se les dice que no, Emma! ¡Joder, mira!

Se arrancó su vendaje, corriendo el riesgo de hacer saltar los puntos con ello.

-¡Killian para!- gritó la joven, inquieta.

-¡Mira esto!

Él siguió quitándose el vendaje, haciendo muecas por el dolor, gruñendo por el esfuerzo que estaba haciendo.

-¡No!

Ella no quería verlo, no tenía ningunas ganas de ver el brazo mutilado de su amigo.

Finalmente logró retirar el último trozo de tela y apuntó su brazo exudado hacia la rubia. Ella tuvo una arcada y se quedó fija delante de él. El muñón cosido parecía la boca inmunda de una bestia del fondo de los océanos. Nervaduras provocadas por el ácido que había sido vertido sobre su mano subían hasta su codo y aún parecían estar en carne viva. Ella hizo una mueca y cerró los ojos.

-¡Bien, ahora veo que comienzas a captarlo, Swan! ¡Ahora, no vengas a decirme que ella, esa puta, no tiene nada que ver!

Él se dejó caer en la almohada para retomar un ritmo de respiración normal. Sudaba grandes gotas y apretaba las mandíbulas para no vomitar.

Ella no respondió y tocó un interruptor para llamar a una enfermera para que le volviera a vendar el brazo.

-Killian, ella no podía saber que esto iba a pasar. Quería sacarte de aquello, intenta pensar en ello. Ella quería ayudarte y no es responsable de lo que te pasa, el único responsable es el tarado que vino a echarte el ácido en la mano. ¡Te dejo para que pienses en ello!

La enfermera llegó en ese momento y Emma aprovechó para salir de la habitación. Buscó a Regina con la mirada, pero no la encontró. Intentó llamarla al teléfono, pero la morena no respondió. La rubia suspiró, tenía que volver con ella.

La estudiante se dio un salto por la habitación de Alice que estaba en ese mismo hospital. Charló largo y tendido con ella, explicándole la situación de Killian, hablándole un poco de Regina.

-La pobre…¿no habéis sido realmente amables con ella, eh?

-¿Qué?

-Por un lado tú que entras en crisis por nada y tu amigo que intenta buscar un chivo expiatorio para su desgracia…no me asombraría que antes del fin de curso se coja una depresión.

Emma alzó la cabeza, inquieta.

-¿Tú crees?

-¡No, hablamos de Regina Mills, bromeaba, Emma!

La joven se quedó pensativa y la enferma tuvo que encontrar un modo de volver a traerla a la realidad.

-Entonces, ¿cómo es eso que te ha llamado «Emma»?

-¡Sí!

Emma plasmó una sonrisa resplandeciente, casi tenía ganas de burlarse de su amiga.

-¡Una pena, miss Swan, eso es directamente más sexo!

La rubia abrió la boca, Alice tenía razón…Refunfuñó y decidió cambiar de tema.

-¡Por cierto, te he comprado una cosa!- dijo tendiéndole una caja alargada.

-¿Qué es esto? ¿Una varita mágica?- rio Alice con expresión guasona.

-¡Na, algo que representa un poco lo que tienes en la cabeza!

La joven abrió con cuidado el paquete y descubrió un pañuelo de un azul profundo, moteado de estrellas…

-¿Estrellas?

Ella alzó la mirada hacia su amiga sentada frente a ella.

-Va mejor que tu vómito, ¿no?- bromeó la interesada

-¡Por supuesto!- dijo Alice lanzando una mirada al inmundo pañuelo que reposaba en la mesilla de noche.

Desde aquel día, ya no se lo ponía y usaba un gorro de cirujano para cubrir su cráneo calvo.

-¿Me ayudas?

Emma logró colocárselo en solo tres intentos y vio que su amiga parecía feliz con ese nuevo cubre cabeza.

-¡Muy guay! ¡Creo si no me lo hubieras comprado, haría acabado con un sombrero de Heisenberg!- resopló la joven acariciando el cuidado tejido.

-¡Estoy contenta de que te haya gustado!

-¿Acaso vas a acabar por hacer lo que todos los amigos de los que tienen cáncer?

Emma la miró, poco segura. Alice precisó

-¿Afeitarte la cabeza para acompañarme en mi duro recorrido?

-¡Estás soñando!- se rió Emma

Alice fue presa de una repentina y alocada risa.

-¡Me estoy imaginando la cara de Mills!

Emma se unió a sus carcajadas y acabaron por imitar la cara que Regina podría poner. Finalmente, Emma se despidió de ella y se encaminó a la mansión Mills.

Todo estaba apagado, excepto el despacho de la directora adjunta que estaba corrigiendo trabajos. Emma se colocó en el vano de la puerta y observó a la joven: las cejas fruncidas y un bolígrafo rojo, carísimo, en la mano, movía la cabeza de vez en cuando, rodeando algunas líneas. Emma esperó algunos minutos y manifestó su presencia por un pequeño carraspeo.

-Oh…creí que no ibas a venir- comenzó Regina sonriendo tristemente.

-¿Por qué?- preguntó la rubia

La de más edad se encogió de hombros y cerró con cuidado su bolígrafo. Enderezó su dolorida espalda y esperó a que Emma dijera algo.

-No eres responsable de nada- soltó Emma

Regina suspiró, no estaba segura de eso, pero decidió escuchar a la rubia consolando su corazón.

-¡Es verdad, el único responsable es el loco que le ha hecho eso! Tú intentaste ayudarlo, como me ayudaste a mí, por cierto.

Emma se acercó al escritorio y posó sus manos en la superficie plana para inclinarse ligeramente. Regina la escrutó un momento y supo por qué Emma había logrado hacer que ella cayera en su trampa: desprendía algo poderoso y frágil a la vez, no se sentía en presencia de una alumna, sino de una muchacha sensible y fuerte. El curso de sus pensamientos fue interrumpido por el timbre. Instantáneamente, ellas se miraron y Regina se preguntó por un momento si Emma se habría atrevido a invitar a sus amigos a su casa, pero al ver el rostro inquieto de la rubia, supo que no.

Se sorprendió al descubrir a David, Mary Margaret y Will tras la puerta.

-¿Qué hacéis aquí?- preguntó ella algo abrupta.

-Hemos venido a subirte algo la moral con alcohol, en fin sidra, y algunas películas- dijo Will enseñándole la botella.

La morena se descompuso ante ellos. Emma estaba en su despacho esperando pacientemente a que ella volviera y ellos aparecían sin ni siquiera avisarla.

-¿Sabéis que tengo teléfono?- dijo molesta mientras seguía impidiéndoles el paso.

Mary Margaret pareció algo incómoda.

-Sí, pero si hubiéramos llamado, jamás nos habrías dejado venir.

En efecto, pensó la directora adjunta mientras se pinzaba el puente de la nariz.

-Bueno…¿podemos entrar?- preguntó Will que no comprendía que seguían haciendo fuera.

-Escuchad, he debido coger una tremenda gripe y…

-¡Y bah, el alcohol desinfecta todo!- bromeó Will dando un paso hacia delante.

Ella cerró un poco más la puerta para no dejarlo pasar.

-¡Una muy mala gripe!- soltó ella en tono frío –¡Todo lo que quiero es un baño e irme a acostar!

Mary Margaret de repente abrió como platos sus ojos. Jamás Regina le había negado la entrada a su casa, jamás ella había sido tampoco tan maleducada echándolos fuera. De hecho, nunca los había echado, ni siquiera el día en que ellos habían estallado su magnífico espejo.

-¡Oh, por Dios!- gritó la morena bajita llevándose la mano a la boca

-¿Qué?

Todo el mundo había hecho la misma pregunta, incluso Regina

-¡Oh, por Dios!- repitió Mary Margaret

-Mary, ¿todo va bien?- preguntó David inclinándose hacia su mujer.

-¿Una gripe, eh?- preguntó falsamente su amiga

-Sí…- respondió la morena que ya no estaba muy segura.

-¿Del tipo de las que hacen subir la fiebre?- continuó la morena

-¡Es uno de los síntomas, sí!

-Y tu gripe, ¿te deja en cama durante tres días?

Regina frunció el ceño, sin comprender a donde quería llegar la profesora de biología.

-Mary, ¿qué te pasa?- preguntó David una vez más

-¡Me pasa que nuestra Regina está demasiado bien vestida para acoger esa gripe un fin de semana!

Todo el mundo comprendió después de haber mirado de arriba abajo la vestimenta de la morena.

-¡Maldita sea! ¿Estás con alguien?- exclamó Will dejando caer casi la botella de sidra.

-¡No!- gritó ella entrando ligeramente en pánico.

-¡Bueno, te dejamos con tu gripe! ¡Espero que no tengas demasiado calor!- rio Mary bajando del descansillo.

-¡Mary!- sermoneó David -¡Déjala tranquila!

Will los siguió, atónito.

-¡No estoy con nadie!- reiteró Regina algo más fuerte

-¡Buen baño, Regina!- gritó Mary haciéndole un gesto con la mano sin ni siquiera mirarla.

Regina cerró la puerta y se encontró cara a cara con Emma, muerta de risa.

-¡Miss Swan!- gruñó Regina, furiosa

Emma intentó pararse sin éxito.

-¡Bien, vamos a preparar algo de comer, quizás eso la calme!

-¿Vuelves a tratarme de usted?- se inquietó de repente la rubia.

-¡Solo cuando estoy irritada!- le respondió ella suavemente con una voz muy grave

Emma tragó saliva con dificultad y siguió a la morena a la cocina para dar continuidad a su noche.


Regina se despertó en sudor y el calor la ahogaba, echó a un lado las sábanas y encendió la luz. Se secó su cuello empapado y se llevó los cabellos hacia un lado para dejar libre su nuca húmeda. Presionó suavemente sus costillas y frunció el ceño. Acababa de despertarse de una pesadilla sobre su pasado y el miedo aún estaba alojado en el centro de su vientre, no lograba sacarlo.

-¿Redge?- llamó suavemente la voz adormilada de Emma.

-¿Hein?

Había olvidado que Emma se encontraba en la misma cama que ella y de repente se sintió avergonzada.

-Vuelve a dormir, todo va bien.

Emma se quedó apoyada sobre los codos y la miró con una mirada vidriosa.

-¿Estás segura?- murmuró

-¡Sí, segura, duérmete!

Emma volvió a dejarse caer sobre la almohada y sin decir nada más, volvió a dormirse. Regina, de repente, se encontró atrapada en la contemplación de la rubia y sin pensar, colocó uno de sus mechones dorados tras su oreja. Después, pasó dulcemente sus dedos por la cabellera de Emma. No pudo contener una sonrisa recordando la expresión atónita que la joven puso cuando fueron a acostarse.

-¿Todo bien?- había preguntado alzando los ojos de su libro. La estudiante estaba parada en mitad de la estancia, sin querer avanzar hacia la cama. Regina se había inquietado y la había llamado dulcemente

-Emma

Emma parecía una niña que se encontrara delante de un grupo de personas a quienes no quería saludar, demasiado cohibida por la timidez.

-Yo…lo siento, yo…debería marcharme…

Regina había cerrado su libro y había puesto una expresión de asombro. Después, tras varios segundos de cuestionamiento interior, Regina finalmente había detectado el malestar.

-¡Emma, no haremos nada mientras no estemos preparadas! Ahora, ven a acostarte porque de verdad necesito dormir- había concluido Regina elevando las sábanas para darle acceso más fácil al colchón.

Emma se había unido suavemente a Regina en la cama y se había acostado en una posición incómoda, procurando no tocar a la morena.

-Podemos construir una pared entre nosotras, si quieres

-Lo siento, yo…¡por Dios, realmente soy un desastre!

Regina sonrió volviendo a apoyarse en el cabecero de la cama. Emma no tenía nada de desastre, sino que tenía sencillamente que tomar confianza en ella. La morena dejó la luz encendida y se hundió un poco más entre las sábanas. No debía dejar que el pánico la ganara, desafortunadamente, era más fácil decirlo que hacerlo. Se quedó dormida y cayó en sueño agitado.

El trozo de cristal cayó al lavabo, hizo un ruido ensordecedor. Las gotas de sangre enrojecieron la loza. Regina lo pasa mal.

Una mano se desliza sobre su vientre y mira en el espejo el reflejo de la persona que acaba de colocarse tras ella. La sensación es desagradable.

-Lo siento

Ella se relaja. Siente la mano descender aún más abajo.

-Regina

La mirada fija en la que tiene enfrente.

-¡Regina!

Ella no reacciona, mientras que entran algo violentamente en ella. Como una toma de poder, como un juego. Ella sonríe, aprecia.

-¡Regina!- gritó Emma sacudiendo con fuerza el hombro de la morena.

-¿Qué? ¿Hein?- exclamó la joven enderezando de un solo golpe casi golpeando a la estudiante.

-Has tenido una…pesadilla, ¿estás…bien?

-Ah…yo…tuve calor, creo.

Emma puso una expresión perpleja. Estaba segura de haber escuchado a Regina sollozar segundos antes.

-¿Qué hora es?- preguntó la de más edad hundiéndose un poco más contra las almohadas. Había sido presa de unas repentinas nauseas y el hecho de acostarse calmó un poco su malestar.

-Las cinco, ¿estás segura de que todo va bien? ¡Estás temblando como una hoja!- señaló la muchacha posando una mano sobre su rodilla para que se relajara.

-Todo va bien, Emma

La rubia frunció el ceño, pero Regina la tranquilizó definitivamente apagando la luz para volverse a acostar.

Esperó a que la muchacha volviera a dormirse para salir de la cama. Rodeó su cuerpo con una bata y se dirigió hacia su biblioteca en lo alto de las escaleras. Un débil resplandor iluminó el sillón en el cual ella se sentó a leer. Se sentó cómodamente y cogió un libro al azar. No lograba concentrarse en las líneas que desfilaban bajo sus ojos, no captaba el sentido de ellas. Lo que le preocupara, dejando de lado sus sueños, era el hecho de que estaba aferrándose a Emma. Cuando la muchacha se había acostado a su lado, había sentido la necesidad de abrazarla; los momentos que habían pasado esos últimos días se habían vuelto importantes para ella. ¿Se estaba enamorando Regina Mills? Sacudió la cabeza y frunció el ceño. Se lo negaba a sí misma. No estaba preparada. Tenía mucho miedo. Se pinzó los labios, Emma era algo pasajero, ella iba a cansarse en poco tiempo, o Emma se cansaría y eso permitiría a Regina dejar de estar en aprietos.

Sin embargo, ante ese pensamiento de una posible separación, Regina sintió su corazón encogerse.

Dejó reposar la cabeza en el respaldo del sillón y suspiró. Quería mucho a Emma, y el hecho de que una alumna esté en su cama debería causarle miedo, en cambio, lo encontraba terriblemente excitante.

Emma se despertó alrededor de las nueve con el sentimiento desagradable de que se estaba perdiendo algo importante. Se incorporó bruscamente, descubriendo el sitio vacío y frío a su lado. Se levantó a paso lento y bajó silenciosamente las escaleras. La voz de Regina se filtraba desde la cocina y Emma se quedó quiera al escuchar que no estaba sola.

Emma intentó ser lo más discreta posible y se sentó en las escaleras.

-… en fin, Regina, no es como si nunca hubieras tenido a alguien

-¡Lo sé Chloè! Pero era diferente contigo…¡tenía confianza!

Emma frunció el ceño, ¿Regina no confiaba en ella? Si fuera así, ¿por qué conversar de eso con la enfermera del instituto?

-¡La confianza se gana! Y…mira cómo acabamos nosotras dos…¡No habríamos podido continuar así!

Un breve silencio se instaló entre las dos mujeres, y Emma se inclinó un poco más hacia delante, pensando que las dos mujeres susurraban. Se sobresaltó cuando su profesora retomó la palabra.

-Hay veces en que te echo de menos…

-Tienes demasiados secretos para mí, no tengo aguante para todo eso, y lo sabes muy bien, Redge

La directora suspiró.

-Según tú, ¿debería confiarle mis secretos?

-¿Por qué no?

-¡Porque creo que cualquiera huiría ante eso!

Emma esperó algunos segundos antes de subir las escaleras de puntillas. Lo más extraño era que Regina tenía pesados secretos y que dudaba visiblemente en confiarse a Emma.

La rubia volvió a la habitación y se le metió en la cabeza encontrar un modo para facilitarle la vida a Regina. Quería ser la persona en quien la morena pudiera apoyarse. Quería ser su pilar.

Regina entró despacio en la habitación y cuando vio que Emma estaba despierta, se sorprendió.

-¿Has dormido bien?- preguntó

-Sí, bien, gracias. ¿Con quién hablabas?- preguntó Emma colocando las sábanas en su sitio.

-Hum…Chloè ha venido para…darme unos papeles importantes- mintió la morena

La turbación se veía fácilmente en el rostro de Regina y Emma se sorprendió de leer en ella tan fácilmente.

-¿Ella está al corriente de lo nuestro?- preguntó mirándola intensamente

Regina tragó con dificultad y asintió.

-Sí, está al corriente, pero…entre nosotras, no quiero que nadie más lo sepa. Prefiero que sea un pequeño secreto de momento.

-¿Pequeño?

Los labios de Regina se estiraron en una sonrisa radiante y se dejó caer al lado de Emma. Posó su índice sobre la nariz de la joven y presionó ligeramente dándole un golpecito.

-Es un enorme secreto, pero prefiero minimizar un poco la situación.

-¿Por qué? ¿De qué tienes miedo?

Regina, de repente, se asombró. Emma había dado precisamente en la llaga.

-De nada, ¿por qué dices eso?- dijo ella tranquilamente, enarbolando una expresión calmada.

Emma entrecerró los ojos y frunció el ceño.

-Ya lo sabes, mis hombros son lo suficientemente anchos para tus secretos, Regina

-¡No…esta conversación acaba aquí!- cortó la morena levantándose, descontenta.

-¿Qué? ¿Como la cosa no va como tú quieres, prefieres cortar en seco cualquier discusión? ¡Regina, deja que te ayude un poco!

-¡No necesito ninguna ayuda! ¡Menos aún de aquella que comparte mi cama!

Emma marcó un tiempo, ¿acababa de vivir su primera pelea en pareja?

-Entonces, ¿es ese el problema? ¿Comparto tu cama? ¿De qué tienes realmente miedo?

-¡Emma! ¡Para!- gritó Regina dirigiéndose hacia la puerta de la habitación.

Emma suspiró y se encogió de hombros.

-¡Tengo que ir a trabajar!- murmuró ella cogiendo las cosas posadas en la silla cerca del cuarto de baño.

Regina parecía decepcionada y poco orgullosa de ella, pero el miedo que le corroía las entrañas era mucho más tenaz y barrió los remordimientos reemplazándolos por las felicitaciones.

Emma salió del baño sin haberse terminado de ponerse la camiseta.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- preguntó cubriendo su tonificado vientre.

-Sí

-Tu hijo, ¿dónde está?

Regina dejó de respirar por unos segundos, pero acabó por encontrar su respuesta.

-Está lejos de aquí, lejos de toda la agitación de mi vida y lejos de personas que quieren hacerle daño.

-¿Lo echas de menos?

Tras un corto silencio, la morena movió la cabeza.

-Cada segundo que pasa.

Emma se acercó y terminó de ponerse el suéter. Después, se sentó al lado de Regina que se había sentado en la cama y entrelazó sus dedos con los de ella.

-¿Por qué no está seguro contigo? No comprendo…

-¿De verdad quieres hablar de eso ahora? ¿Cuando estás a punto de salir para el trabajo?

-He recibido un mensaje de Jefferson, ha habido una inundación en el bar, me da el día libre…y…quizás más.

Regina sonrió, contenta de poder pasar el día con la rubia. Se recostó en la cama dejando su mano reposar en su vientre.

-En ese caso, si te parece bien, me gustaría que me dejarás tiempo para reunir la fuerza necesaria para contarte algunas cosas…

Emma imitó a la mayor y se encontraron echadas lado a lado, las manos enlazadas, los ojos fijos en el techo.

-Esperaré, pero prométeme que el día en que tengas que marcharte, me avisarás…- pidió Emma girando la cabeza hacia la directora.

Fue el turno de Regina para imitar a su alumna y plantó su mirada oscura en los ojos esmeralda.

-Te lo prometo.

El vientre de Emma rugió en ese momento y ambas se echaron a reír.

-Lo siento, muero de hambre- se excusó la rubia levantándose

-Bien, vayamos a llenar nuestros estómagos antes de que un concierto nos sea dado.

Emma se dividía entre la mansión de Regina y el apartamento de August donde encontraba con alegría a su pequeña hermandad. Su amigo había encontrado trabajo para pagar el alquiler y la comida que los chicos se encargaban de tragarse en menos que canta un gallo. Emma se ponía manos a la obra en cuanto estaba ahí y ayudaba financieramente a su hermano de corazón que no se esperó nunca tener tales gastos al acoger a los niños bajo su ala. Una noche, mientras Emma estaba secando la loza y un silencio se había instalado entre los dos desde hacía varios minutos, él carraspeó suavemente y lanzó una mirada discreta hacia los más pequeños que veían la tele metiéndose los unos con los otros. El teléfono de Emma se puso a vibrar y ella se lanzó sobre él para contestar al mensaje que acababa de recibir.

August carraspeó.

-¿Quién es?- preguntó

-Hum, es Ruby- mintió la rubia guardando rápidamente el teléfono.

August no era tonto, es más, conocía suficientemente a Emma para saber que le estaba ocultando algo.

-Pronto tendrás dieciocho años.

Ella sonrió burlonamente.

-¿Quieres hablarme de los peligros de la vida y de la influencia de la gente a mi alrededor, papá?

-¡Para!- dijo él dándole un golpe afectuoso en el hombro.

Él estaba un poco incómodo y se tomó algunos segundos antes de atreverse a continuar.

-¡Ahora tendrás que echar a volar por tu cuenta!

-¿Qué quieres decir?- preguntó ella subiéndose las gafas que se deslizaban por la nariz.

-Digamos que estás en un período en que te gustaría pasar más tiempo con la persona que dices que es Ruby y menos con los chicos del orfanato, los muchachos de familia de acogida. Lo comprendo.

-¿De qué estás hablando?- intentó la joven

-Emma, por favor, cuando yo llegué, estabas desesperada porque la persona que amas no era la que pretendía ser y ahora, mírate, sonriendo tontamente a tu teléfono. Dice mucho de ti querer quedarte aquí por los chicos, pero…también tienes que pensar en tu vida futura…

-¿De verdad?

Emma se había apoyado en la encimera y había cruzado sus brazos sobre su pecho.

-Sí, he vivido lo mismo con la única diferencia que yo no estaba enamorado de nadie, sino de mi futura libertad. Es legítimo tener ganas de acabar con esta vida donde has ido lanzada de casa en casa que no conocías, con gente de quien ignorabas todo. Así que, como estoy aquí para ocuparme de los chicos, y sabes que están en buenas manos, deberías disfrutar un poco de «Ruby» y de vuestro idilio.

-¿Qué te hace creer que no es un amorío de paso? Fuiste tú quien me dijo que el primer amor es siempre aquel que creemos inmortal.

-No lo sé, Emma, es que…veo tu sonrisa y veo tus ojos brillar de felicidad…¡debe ser un buen chico!

Emma sobresaltó. Tenía que ponerle al corriente al menos de ciertas cosas.

-Euh…no, no es…exactamente un chico…

-¿Cómo que no es exactamente un chico?

-Eh, bueno…Es más…una chica…

Un pesado silencio acogió sus palabras. Después, el rostro de August cambió hacia una expresión de asco.

-¡Oh no! ¡Emma! ¿No has podido hacer eso, verdad?

La rubia entró en pánico, no se había esperado esa reacción.

-¿Qu…qué?

-¿De verdad vas a dejar al género masculino? ¿Sabes cuántos chicos se van a suicidar?

-¡Eres un idiota! ¡Me has asustado con tu cara de asco!- dijo ella golpeándolo en el hombro.

Tras haber retomado sus expresiones serias, ella le confió

-Me gustaría presentártela para que a tu vez te enamores, te lo juro ella…está llena de misterio y…¡de dejarte sin palabras! Te juro que es capaz de ser ardiente y al minuto siguiente, es capaz de mirarte como si fuera a arrancarte el corazón.

Los días pasaron y Emma siguió el consejo de August con los brazos abiertos, ella navegaba entre la mansión y el apartamento de su amigo. Intentaba visitar a Alice tan a menudo como antes.

-¿Su qué?- gritó Emma cogiendo ferozmente el calendario que le tendía Alice

-¡Su cumpleaños!- repitió Alice señalizando cada sílaba para que entraran bien en la mente de Emma

-¡No es posible! ¡En dos días! ¡Pero también es el tuyo! ¡No!- suspiró la rubia ante la difícil elección que tenía delante.

Alice se apoyó en las almohadas con una pequeña sonrisa de lado. Había comenzado un muevo tratamiento y este la debilitaba mucho.

-No vengas por mi cumpleaños, será triste y sin vida mientras que tú y Regina…será…otra cosa…

-¡Pero me gustaría mucho desearte feliz cumpleaños! Pero por cierto, ¿cómo sabes tú que también es el de ella?

-¡Hablamos de ello en Navidad!

-Entonces, ¿le compro una joya? ¿Cocino?

-¡Eso me parece una excelente idea!- se entusiasmó Alice con una pequeña sonrisa triste en el rostro.

-¡Siento hablarte de mis proyectos con Regina cuando estás encerrada aquí! ¡De repente me siento una idiota!

-¡No estés triste! ¡Es importante para mí ver cómo evoluciona la cosa con tu profe/novia!

Hacía dos semanas ahora que la relación de Regina y Emma cautivaba mucho a Alice.

Whale entró en la habitación sin llamar y lanzó una mirada severa a la rubia.

-Miss Swan, debería volver a su casa. Es tarde y Alice necesita dormir

-Doc, es usted muy estricto- dijo Alice hundiéndose en sus sábanas, dispuesta a comenzar su noche.

-Porque soy estricto estás aún entre nosotros, jovencita

-Emma, me contarás todo de ese día especial

-¡Prometido! ¡Pero pasará a verte!


Emma abrió un ojo y vio la espalda de Regina que se elevaba regularmente. Ella se estiró como un gato y se levantó despacio para bajar y preparar el desayuno. Mientras las tostadas se calentaban, sus pensamientos vagaron hasta Alice que estaba encerrada en ese hospital siniestro mientras que ella preparaba tranquilamente el cumpleaños de Regina Mills. Suspiró y dejó escapar su mirada a través de la ventana. Los árboles hendían las nubes grises y dejaban traspasar algunos rayos de un precoz sol. Emma pensó que Alice no tenía la vista sino de viejos edificios que habían acogido más enfermos que mentes y cuerpos sanos. Se sobresaltó y retiró las tostadas de la tostadora. Dispuso todo en una bandeja y subió silenciosamente las escaleras. Empujó la puerta de la habitación de la morena con el hombro y dejó con cuidado la bandeja para ir a despertar tiernamente a la joven mujer. Se colocó a caballito sobre la morena y le dejó un beso en la nariz, después en sus mejillas y bajó a su cuello.

-¿Emma?- se asombro Regina despertándose

-¡Feliz Cumpleaños!- exclamó suavemente la joven, sonriendo ante el tono grave que Regina había usado. Adoraba su voz, pero mucho más por las mañanas, cuando la noche había bajado algunos grados su timbre.

-¡Gracias Emma!- respondió la morena besándola con una chispa de deseo. Después, retrocedió y frunció la nariz -¿Qué es ese olor?- preguntó

Emma se separó y puso la bandeja sobre las rodillas de su amada.

-¡Desayuno!- exclamó ella orgullosamente

Regina se contuvo para no reír y alzó la tostada hacia sus ojos para contemplarla un poco más de cerca.

-¿Qué le has hecho a este pobre trozo de pan?

-¡Digamos que ha habido algo bastante caliente, más bien tórrido entre él y la tostadora!- murmuró Emma cogiendo el trozo de pan ennegrecido -¡A parte de eso, todo está bueno!

Regina sonrió y comenzó a desayunar tranquilamente, pero cuando tragó un buche de su café, escupió el líquido en su taza. Avergonzada y visiblemente en cólera, escrutó a la rubia que tenía una expresión francamente inocente.

-¿Qué?

-Emma…¿has echado sal en el café?

Asombrada, Emma se llevó una mano a la boca

-¡Oh por Dios! ¡Estoy…oh no! ¡De verdad soy un desastre!

Tras haberse limpiado la boca, contempló el resto de la bandeja.

-¡No es grave!- la tranquilizó Regina acariciándole dulcemente la rodilla.

Emma desorbitó los ojos.

-Quizás no deberías tocar los huevos, como he confundido el azúcar con la sal…

Regina dejó caer ruidosamente los cubiertos y aparto la bandeja sin tocar nada más.

-Lo siento, Regina…

-¿Y si vamos a comer fuera?- propuso la morena conteniéndose para no reír.

-Voy a buscar algo a Granny's, ¿qué te parece?- preguntó Emma enderezándose un poco

Regina agarró su mano antes de soltarla. Sentía que algo no iba bien.

-¿Y si me dices antes que va mal?

-No lo sé muy bien…creo que tiene que ver con Alice, ella está…encerrada en el hospital y…

-Es por su bien, Emma- razonó la de más edad.

-¿Quién puede estar encerrado por su bien? ¡Se está consumiendo allí!

-¿Qué quieres hacer?

Emma se encogió de hombros, y de repente, se enderezó e intercambió una mirada con la morena. Esta última comprendió inmediatamente y retrocedió un poco.

-Emma…

-¡Por favor! ¡Ayúdame!

Regina sacudió la cabeza de izquierda a derecha.

-¡No!

-¡Por favor!- insistió Emma –Solo por hoy, para que haga algo bonito en un día en que todo el mundo debería sentirse bien

-¡Emma, ni hablar!


-¡Daos prisa!- murmuró Regina que montaba guardia mientras Alice se ponía la ropa que era de Emma.

-¡Un segundo!- sopló Emma mientras le ponía la capucha a su amiga.

Esta tenía en la mirada una llama de felicidad que Emma jamás había visto. Tenía esa sonrisa infantil que no lograba borrarse de sus labios. Una creciente excitación se había amparado de ella en cuento Emma le había contado el plan que ella y Regina habían tramado.

-¡Hecho!- dijo Emma ayudando a Alice a ponerse de pie.

Tras un ligero vértigo, esta inhaló fuertemente y se dirigió con paso seguro al exterior de la habitación.

Las tres estaban nerviosas por si se cruzaban con un médico o una enfermera que pudiera reconocer a Alice. Regina y Emma flanqueaban a la joven para que a la menor debilidad pudieran sostenerla. Cogieron el ascensor y cuando Emma divisó a una enfermera que se daba prisa para acercarse a ellas, apretó el botón para que las puertas se cerrasen más rápidamente.

-¡Por Dios! ¡Por los pelos!- resopló Alice risueña.

-¡Un poco de concentración, muchachas, aún no hemos salido!- les dijo Regina con voz fría.

Cuando las puertas se abrieron, la salida no estaba lejos. Ellas apuraron el paso hasta que una voz las heló en el sitio.

-¡Señoras!

Intercambiaron una mirada desilusionada, después Regina se giró la primera.

-¡Han dejado caer algo!- informó una enfermera.

Regina miró unos metros atrás y vio el pañuelo de Alice cuyos colores parecían formar una explosión en medio del inmaculado suelo blanco. Ella se dirigió con paso sereno hacia el trozo de tela y lo recogió tranquilamente.

A continuación, regresó con las dos adolescentes y al ver que Alice se había quedado pálida, pasó su brazo alrededor de sus hombros y la forzó a avanzar devolviéndole el pañuelo.

Una vez cerca del coche, se miraron, aliviadas y Alice dejó escapar un grito de victoria.

-¡Señor, no me lo puedo creer! ¡Soy libre! ¡Libre!

-¡Feliz cumpleaños!- gritó la rubia

Emma y ella se abrazaron dando saltitos.

-Solo por un día, miss Liddell, y como dudo que quiera pasar este día en el aparcamiento, permítame pedirle que suba sus nalgas en el coche

Las dos jóvenes subieron rápidamente en el habitáculo y su periplo dio comienzo.

La libertad que se había amparado de Alice la hizo llorar a lágrima viva. Emma se dio la vuelta desde el asiento de delante y le cogió la mano para consolarla.

-¡Todo va a ir bien, Alice!- murmuró Emma lanzándome una mirada de pánico a su profesora.

-¡Son lágrimas de alegría, Swan!- replicó la morena con una sonrisa satisfecha.

El coche se dirigió a lo largo de las colinas y nadie se preocupó realmente del pánico que ellas habían podido crear en el seno del hospital.

-Entonces, ¿a dónde vamos?- preguntó Alice, impaciente

-Es una sorpresa- respondió misteriosamente Emma

Regina se detuvo delante del Chapèlier Flou y Alice estalló en carcajadas

-¡Es genial!- dijo plantando sus manos en el cristal del coche

Entraron las tres habiendo comprobado antes que nadie pudiera reconocerlas a excepción del personal del bar.

Alice pidió un coctel sin alcohol, Regina un zumo de manzana y Emma se conformó con un refresco. Charlaron alegremente, sin olvidarse de saborear la libertad de Alice.

-Chicas, tenemos una agenda cargada, si queremos que nos dé tiempo, tendríamos que marcharnos- advirtió Regina dejando un billete en la mesa para pagar la consumición.

-Y ahora, ¿a dónde vamos?- preguntó Alice animada

Regina había sentido mucha aprensión, pero finalmente la feria era una grandiosa elección y no se cansaba de ver a las dos chicas reír a carcajadas, gritar de terror en el castillo encantado, chillar en las atracciones algo más movidas. Cuando se estaban dirigiendo a otra atracción, a Alice le dio un repentino vértigo y se agarró a Regina que la sostuvo como una madre hubiera hecho con su hijo.

-Alice, ¿está bien?- preguntó ya no tan segura de que la idea de Emma fuera tan buena.

-Sí, es solo…demasiadas emociones, pero…¡estoy bien!- balbuceó la morena sacudiendo un poco la cabeza.

-¡Bien, se acabó la feria, vamos a cambiar la agenda del día!- murmuró Regina lanzando una mirada a la rubia buscando su apoyo.

-¡No! ¡Este día parece que ha sido preparado en su más mínimo detalle! Quiero vivirlo a fondo- se quejó la joven intentando rechazar el agarre de la directora.

-¡En absoluto! ¡Si quiere disfrutar de este día de principio a fin, hay que saber pararse aquí, si no, la devuelvo al hospital!

Tras un silencio refunfuñón de Alice, esta suspiró

-¡De acuerdo, vuestra Majestad!

Regina se asombró ante el nombre y cuando Emma estalló en carcajadas, se sintió algo herida.

-¡Te queda muy bien, vuestra Majestad!

Regina entrecerró los ojos para saber si era pura burla, pero se alivió al ver que más allá de la broma, había una verdadera ternura en ese nombre.

Ella reviró los ojos y las tres se dirigieron a la salida.

El nuevo juego en el coche consistió en abrir las ventanas totalmente, a pesar del frío glacial, y gritar contra el viento que se metía en el coche. Alice y Emma parecían disfrutar mucho con ello y Regina no las regañó mucho.

Se detuvo en el borde de un bosque y bajó del coche en primer lugar. Abrió la puerta a Alice que tuvo que agarrase para no caer. Regina se dio cuenta de que algo no estaba normal y cuando cruzó la mirada con la de la chica, esta comprendió que la morena tenía sus sospechas.

-Por favor, no le diga nada a Emma. ¡Parece tan feliz de estar haciendo esto por mí!

-¡Este día no es para ella, sino para usted, miss Liddell!

-¡Es para las dos! Solo deme unos segundos y todo irá mejor

Regina suspiró y miró a Emma salir al encuentro de Robin.

Una vez que Alice estuvo lista, ellas se unieron a la rubia y la joven se dio cuenta de la presencia de los caballos.

-¿Vamos a montar?- preguntó retomando contención

-Por supuesto, pero antes, vamos a equiparla para que no tenga frío y no se arriesgue a nada

-Vas a montar con Regina, y yo montaré sola, y por una vez, Regina no será demasiado minuciosa con la velocidad de mi caballo.

-Son mis caballos y si los haces correr el menor riesgo, te clavo en el sitio y te dejó pudrir en este bosque

-¡Y tenemos delante de nosotros a la Evil Queen!- bromeó Alice

-¡Ese castigo también podría volverse hacia usted!- amenazó la de más edad girándose a continuación hacia Robin para darle las gracias.

-¡De todas maneras, Regina me ha enseñado a montar como una verdadera amazona!- se enorgulleció la rubia sacando pecho.

-¡No dudo para nada de que te haya enseñado a montar bien!- se echó a reír Alice

Estalló en carcajadas al ver a las dos otras con la misma expresión atónita en el rostro. Regina se puso roja como un tomate y se dio la vuelta, fingiendo que se ponía a arreglar las sillas.

Ayudaron a Alice a subirse en Beau Miroir y Regina subió tras ella con ligereza y gracia, que no fue el caso de Emma que se quejaba al menor movimiento de su montura.

Alice se sintió feliz de montar tan bello semental y si, al principio, estaba crispada con cada movimiento algo más rápido del animal, acabó por relajarse totalmente al ver que Regina demostraba una maestría total. Emma, por su parte, seguía las directrices de su compañera al dedillo, no estaba tan loca como para desobedecerla. Comenzaron una carrera donde ningún obstáculo parecía poder entorpecer su placer.

Regina lanzó su caballo al galope, explicando a Alice cómo mantenerse para que el paseo fuera agradable para Beau Miroir. Emma las sobrepasó pronto y la expresión de concentración en su rostro mostraba que contaba con ganar la carrera. Llegaron al final y la victoria fue de Regina.

-¡Tengo menos experiencia, no es justo!- refunfuñó la joven

-Bien, ¿y si nos dirigimos a la próxima etapa?- propuso Regina riendo a carcajadas.

Emma asintió y comenzaron a trotar por un sendero que las llevó a un eventual campamento.

Robin estaba allí. Él había aprovechado el paseo de ellas para instalar todo y pareció aliviado al verlas llegar.

-¿Todo ha ido bien?- preguntó al ver la expresión feliz de Alice

-¡Ha estado…genial!

Su rostro había tomado color y sus ojos brillaban de felicidad.

-¡La comida está haciéndose!- anunció el hombre cogiendo las riendas

-¡Gracias infinitas, Robin!- dijo Regina depositando calurosamente su mano en el hombro de él.

Emma llevó a Alice un poco más lejos y se sentaron en unos troncos para charlar tranquilamente. Regina se unió a ellas y se quedaron calladas durante varios minutos, disfrutando del fuego que las calentaba poco a poco.

Después, comieron las salchichas tras haberlas asado al fuego.

-Gracias por este día- dijo Alice acabando de tragarse su primer bocado.

Emma y Regina sonrieron cómplices.

-¡Y aún no ha acabado! ¡Regina tiene que enseñaros unos paisajes grandiosos!

-Hace frío, no sé si Alice estará muy cansada para ver todo eso

-No, todo va bien, solo tengo un poco de frió en las piernas, pero con el fuego, en pocos minutos estaré mejor.

-Hay mantas en el coche de Robin, voy a buscar una- anunció Emma levantándose enseguida

Ellas la miraron partir y Alice aprovechó para agarrar la mano de Regina.

-¡Debería confiar en ella!

-¿Perdón?- exclamó la morena inclinándose para mostrar incomprensión

-¡Emma es una persona realmente fantástica! No dude en amarla, tome la vida a brazos abiertos y…disfrutad las dos de haberos encontrado. Y confíese a ella. ¡Mire este día! Es uno de los más hermosos de mi vida y ha tenido lugar porque me confíe a Emma. Ha tenido lugar porque ella sabe qué hacer con las confidencias que se le hacen. Esa chica sabe fabricar alegría. Cogió todos mis remordimientos y mis deseos para crear este fantástico día. Sabe transformar cosas sombrías en verdadera luz.

Regina miró a Emma que intentaba sacar la manta del maletero sin dejar caer la mirad por el suelo.

-Ella la espera, Regina, ella solo espera una cosa, que usted esté lista.

Emma llegó finalmente y depositó la manta sobre las piernas de su amiga.

-Regina, ¿todo bien?- preguntó enseguida al ver el rostro perdido de su compañera.

-¡Sí, todo va muy bien!-dijo volviendo a su máscara de protección.

Levantaron el campamento a las tres y los paisajes aún nevados hicieron estremecerse a Alice. La cascada helada fue su paisaje favorito, pero tuvieron que descender rápidamente pues el tiempo estaba empeorando. Encontraron a Robin al lado del coche de la directora en el momento en que la nieve comenzaba a caer ferozmente.

-¡Empezaba a preocuparme!- dijo él cuya inquietud se leía en su rostro.

-No correría ningún riesgo con dos novatas- replicó fríamente la morena

-Lo que quiere decirle la Evil Queen, de manera tan torpe, es: gracias Robin por pasarse el día preparando todo y esperándonos durante horas. Y gracias por preocuparse, pero nunca pondría en peligro a estas pequeñas pavas- dijo Alice imitando la voz de la amazona.

Después, se giró hacia Regina para que ella tomara en consideración los esfuerzos que el hombre había hecho y esta última se sorprendió sonriéndose.

-Ella tiene razón, es exactamente así como debería haberlo dicho.

Robin sonrió más ampliamente e hizo montar a los caballos en el camión tras haberlos cubierto.

-Bien, ya son las cinco, deberíamos volver…- murmuró Regina con el corazón encogido

-¡Vamos!- resopló Alice metiéndose en el coche

La joven se quedó dormida antes incluso que Regina metiera el contacto. Mientras la morena comprobaba los retrovisores, Emma puso una mano sobre su muslo. Regina la miró con curiosidad.

-¡Bésame, por favor!- pidió Emma reposando su cabeza en el respaldo del sillón

Regina se inclinó y presionó dulcemente sus labios en los de Emma mientras ponía también su mano en el muslo de la joven.

-Gracias por este día- murmuró la rubia con lágrimas en los ojos

-Gracias a ti, Emma por ser una persona tan hermosa

Atrás, los labios de Alice se estiraron en una sonrisa discreta.

Mientras volvían al hospital, Regina hizo de repente un giro.

-¿Qué haces?- preguntó la estudiante mirando a su alrededor

-Hay una etapa que he añadido a la agenda

Despertaron a Alice que se había quedado dormida de verdad pocos minutos más tarde.

-Alice, hay una última cosa que debemos hacer antes de volver al hospital- dijo Regina mirándole amablemente

Reconociendo el sitio, Alice se echó a llorar. El cementerio.

Agotada, tuvo que apoyarse en Regina y Emma mientras la conducían a la tumba de su madre.

Estaban las tres abrazadas ante la lápida y cada una intentaba juntar fuerzas suficientes para no llorar ante la creciente emoción.


-¡Regina, ya lo hablamos esta mañana! ¡Dijimos que esta tarde, tú te quedabas en el coche! ¡Yo diré que la idea era mía y que tú no tienes nada que ver! Diré que tras habernos llevado al Chapèlier Flou, tú nos dejaste.

-No, yo voy, Emma, ni hablar que…

-¡Ni hablar que sea detenida por secuestro!- exclamó de repente Alice -¡Porque se trata de eso! ¡Y no quiero que se arriesgue a nada, Regina! ¡Emma será perdonada porque es una adolescente estúpida! ¡Pero usted, es una adulta responsable!

Tras algunos minutos, Regina aceptó de mala gana y salió del coche para abrirle la puerta a la joven

Alice la abrazó tan fuerte que la morena pensó por un instante que no iba a poder respirar.

-¡Es usted la persona que más me ha hecho pensar en mi madre! ¡Le agradezco que haya sido ella por hoy!

Con una gran emoción se separaron.

Para su gran sorpresa, un comité de acogida las esperaba. Nadie tenía expresión de conmoción. Nadie parecía estar en pánico. Los médicos parecían furiosos, pero Emma se había esperado más caos. El padre de Alice estaba allí, sujetando una silla de ruedas, y avanzó hacia su hija para que ella pudiera sentarse.

Después, se giró hacia Emma y la estrechó en sus brazos.

-Gracias por haber hecho que mi hija viva un día como hoy. Gracias por la nota que dejaste en la habitación.

Dos policías se presentaron ante él.

-¿Está seguro de que no quiere hacer una denuncia?- preguntó uno de ellos con gesto severo.

-¡Escúcheme bien, no pondré una denuncia, y nadie de este hospital pondrá una denuncia contra esta muchacha!- dijo lanzando una mirada furiosa hacia Whale, que había llamado a la policía en cuanto la desaparición de Alice fue verificada.

La enferma había agarrado la mano de la rubia y la estrechó fuertemente antes de que su padre la llevara al interior del hospital. Emma volvió al coche de Regina y tras haberse abrochado el cinto, exhaló un gran suspiro que amenazaba con convertirse en sollozos.


Regina salió de la ducha y encontró a Emma acurrucada en la cama, en posición fetal, con la mirada en el vacío. Se acostó tras ella y la rodeó con sus brazos. Ese gesto sorprendió a la más joven. En efecto, a lo largo de algunas semanas, había podido constatar que la morena estaba lejos de ser "tocona", nunca mantenía el contacto mucho tiempo y parecía incluso hacerle daño si la rubia continuaba mucho tiempo una caricia o dejaba su pierna reposar contra la de ella.

-¿Crees que soy una estúpida por haber querido organizar este día?- preguntó con voz tierna

-Jamás- respondió Regina entrelazando sus dedos con los de la estudiante

-Había una nota en la habitación de Alice, una nota que explicaba lo que íbamos a hacer hoy, pero ni Alice ni yo la dejamos

-Lo sé

Emma se giró para encontrarse cara a cara con su amada y acercó su cuerpo, pasando sus brazos alrededor de la morena. Esta se crispó ante ese abrazo, pero Emma alzó los ojos hacia ella y frunció el ceño.

-¿Todo bien?

-Yo…no soy muy de tocar

-Lo sé- le confió Emma –Pero, por favor, tómame entre tus brazos, solo hasta que me duerma.

Regina consintió en deslizar un brazo por la cintura de la rubia y se quedaron dormidas, agotadas por ese día.

En medio de la noche, Emma se despertó, algo aturdida y contempló la belleza de la amazona que dormía como una marmota.

Durante varios minutos, deslizó su dedo siguiendo una línea imaginaria por la piel ligeramente ambarina de su compañera. De repente se dio cuenta de que dos ojos oscuros la miraban sin ninguna queja. Emma le ofreció una ligera sonrisa tímida, la mano posada en alguna parte bajo la camiseta de la morena. Sin pensar, Emma besó furiosamente a la bella morena. Se puso a horcajadas sobre Regina y agarró las manos de ella para que las pusiera en sus propias caderas. Tomó el rostro de Regina entre sus manos y siguió besándola con fervor. Regina, notando el deseo despertarse en su bajo vientre, gruñó de excitación y alejó a Emma para tomar las riendas de la situación, pero fue más allá y detuvo todo movimiento.

-No quiero que te des a mí sin saber aquello que hace de mí quien soy. No quiero que te desveles enteramente cuando yo no lo merezco. Si yo solo te doy una parte de mi imagen, ¿cómo podría pedirte que te dieras entera a mí?

-¿Gina…?

Eso sonó dulce a los oídos de la mayor. "Gina". Nadie la había llamado así nunca. Sus amigos la llamaban "Redge", como si pronunciar el comienzo de su nombre se uniera al hecho de que ellos no la conocían por entero. "Gina", era tan particular, era una palabra que pertenecía a Emma, que les pertenecía. Era un apodo muy personal y también muy bello. La joven tomó valor y pegando su frente a la de Emma, susurró

-Te debo la verdad, Emma.