Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hoooola de nuevo!

Sé que puedo ser muy pesada, pero una vez más muchas gracias por todos vuestros comentarios y apoyo. Son tan bonitos y me dan tanta energía para continuar escribiendo la historia. Mil gracias.

Como os prometí aquí estoy de nuevo con un capítulo, esta vez es todo para Edward. Espero que os guste ;)

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MENTE EN BLANCO

Edward POV

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Daba vueltas a todos los papeles que teníamos preparados para presentarle a Bella sobre su este proyecto y no veía ningún fallo.

Sin lugar a dudas el equipo que había formado había hecho un gran trabajo, incluso en tiempo record. Aunque eso era algo a lo que estábamos acostumbrados.

Hacía tiempo que no coordinaba una cuenta menor, desde que comencé a tener más responsabilidades y fui escalando en el organigrama dela empresa, mis clientes acostumbraban a ser más importantes, pero Caius, para enfado de sus hermanos, me había pedido esto como un favor personal. Cuando me lo dijo fui incapaz de decirle que no y más teniendo en cuenta que la chica era familiar de la nueva novia de Emmet. Sería capaz de cortarme la cabeza si se enteraba que me había negado a ayudar a la prima de su Rosie. Estaba hasta las trancas con ella.

Cerré la carpeta y miré el recuadro dónde escribíamos el nombre del cliente aún en banco, como aún no se ponían de acuerdo con el nombre del nuevo restaurante, de manera interna entre os trabajadores que participaban en este proyecto había pasado a llamarse "la chica del jefe".

La chica del jefe.

Algo me decía que esa pequeña mujer no le haría ni una poca de gracia si se enteraba. En la reunión había dejado entrever que era una chica con carácter y con las ideas muy claras. Una pena que ni el idiota de su socio ni el engreído de mi jefe se dieran cuenta que si realmente querían llamar su atención quizás deberían comenzar callándose.

Había sido tan penoso su comportamiento retador que me había costado mucho no apiadarme de la pobre Bella y llevarla a mi despacho para poder hablar tranquilamente sobre el proyecto, total… éramos los únicos que parecíamos dispuestos a trabajar.

Cuando entré el miércoles pasado a la sala de reuniones dónde me esperaba casi no la reconocí. Iba con un vestido muy sencillo y con zapatos planos que la hacían parecer diminuta al lado de ese tal Jacob Black que era casi tan grande como Emmet. Pero lo que más llamó mi atención fue su pelo, su larga melena caía rizada por sus hombros le daba un punto un punto angelical. Nada que ver con el carácter que mostró durante la reunión. Había sabido poner en su sitio varias veces a su socio bastándose de una mirada y ella sola había llevado la reunión demostrando que debajo de esa preciosa fachada había algo más. Sin lugar a dudas, podía comenzar a entender la atracción que sentía Caius por ella. Era un imán. Y nuestra reunión no había hecho más que demostrarlo. Demasiada testosterona dirigida al mismo objetivo. Pero ella lo había sabido manejar magistralmente. Supongo que estaría acostumbrada a llamar la atención del público masculino.

Era una belleza. No la típica belleza exuberante que colma las portadas de las revistas de moda, sino una real. Esas mujeres que sabes que son de carne y hueso, las que son capaces de darle la vuelta a tu mundo con una sonrisa. Esas mujeres.

-Señor Cullen – Escuché la voz de mi secretaria por el comunicador.

-Dígame Tanya. – contesté sacando de mi mente a la chica de jefe.

-El Señor Volturi ha llamado para preguntar cómo va el proyecto del restaurante. – Acabó sin especificar de qué Volturi se trataba. Sin lugar a dudas, era de Caius.

-Dígale que le espero en diez minutos y tráiganos un café cuando llegue si es tan amable – le recordé aunque sabía que no era necesario.

Caius estaba realmente pesado con este tema y algo me decía que no iba a mejorar en un futuro próximo. Mucho menos si íbamos a trabajar codo con codo con Bella, quien había dejado muy claro que sería ella y no Jacob Black quién trataría con Volturi Assesment, cosa de la que me alegraba. Comenzaba a entender la manía que le tenía Rose al chico.

Era una sensación extraña y difícil de definir, pero entre ellos había algo no explicito, algo que costaba identificar, pero que se sentía cuando estaban juntos, que me irritaba. ¿Sería eso lo que le pasaba a las demás personas que estaban a su alrededor? ¿Por eso aun nadie me había hablado bien de él?

Ella era un imán que atraía a la gente aunque no fuera lo que deseaba. Cuando entré en la sala solo podía fijarme en su presencia y algo me hacía pensar que aunque la habitación hubiera estado llena de gente solo habría un foco de interés.

Isabella Swan.

Pero solo tienes que intercambiar unas palabras con ella y ser un poco observador para darte cuenta que es demasiado independiente para aceptar la mierda de nadie. Estaba seguro, sin conocerla, que cuando tiene un objetivo en mente más te vale hacerle caso o te dejara muy claro que no eres bienvenido. Lo había hecho con Jacob y Caius sin vacilar.

Sin ninguna duda, esa reunión había sido bastante breve, para lo que estábamos acostumbrados en este mundo empresarial, pero sin ninguna duda, había sido intensa en todos los sentidos. Muy reveladora del desastre que podía llegar a ser este negocio. Demasiada electricidad en el ambiente.

-Dame buenas noticias Edward y dime que todo el proyecto para mi dulce Bella es viable y atractivo porque si no me voy a arrepentir de haberte hecho socio de mi empresa – interrumpió Caius en mi despacho y en mi mente con su habitual tono de broma.

-¿Tu dulce Bella? A juzgar por su actitud quizás no deberías llamarla así hasta… no sé… hasta que ella decida ser tu dulce Bella – le seguí la broma, aunque con la esperanza que se calmara mientras teníamos entre manos este proyecto o haría muy complicado que todos trabajáramos en armonía.

-Es una chica dura… pero sé que acabaré haciendo que se rinda a mis encantos. Tarde o temprano – continuó en sus trece mientras Tanya nos servía el café.

-Lo que tú digas… ¿Qué te parece si mientras tanto nos concentrarnos en la realidad? Don Irresistible – le dije pasándole la carpeta con todos los papeles que analizó con suma atención durante unos minutos.

-Tiene buena pinta. Es ambicioso y atrevido. Los de Marketing se han puesto las pilas por lo que veo, quizás deberían ser incluso un poco más cañeros. Esos dos no son cobardes si llevamos esta idea un poco más al filo la adoraran, estoy seguro. – comentó mientras giraba las páginas. –

Cuando Caius se centraba en los negocios era un genio. Lástima que estuviera tan disperso con Bella… Lástima.

-He puesto a trabajar a los más jóvenes y tienen buenas ideas. Están bastante ilusionados. Aunque ya sabes que después todo cambia cuando lo presentas a los clientes. – expliqué siendo muy consciente de cómo funcionaba esto.

Los clientes llegaban a ti perdidos, sin saber ni por dónde comenzar. Tú cogías las pocas ideas que traían, les dabas forma creando un proyecto y después todo eran sugerencias extras que distorsionaban tu imagen inicial. Una locura y una de las cosas que más me gustaba de mi nuevo puesto, que no tenía que tratar con esos problemas. Me dedicaba a la parte económica de los grandes negocios y de nuestra propia empresa. Los números no te dan ni la mitad de dolor de cabeza que las personas. Pero todo eso había cambiado ahora que Isabella Swan estaba en la ecuación. Ella había conseguido volver a meterme en este embrollo. Espero que al menos me lo pusiera fácil.

-Algo me dice que esto va a salir muuuuy bien para todos nosotros – declaró contento cerrando la carpeta y devolviéndomela. – Gracias por encargarte de todo. Sé que no es lo que esperabas la primera semana que eres ascendido a socio de la empresa, pero esa chica es especial y quiero lo mejor. Y jodidamente que tú lo eres.

-Me debes una y me la pienso cobrar, no te creas que te va a salir gratis – bromeé con él.

-No te olvides llamarla cuanto antes. – me recordó cuando salió de mi oficina dando por zanjada esta pequeña reunión.

-Tanya – llamé a mi secretaria que contestó en un segundo – Llame a la Señorita Swan y reserve una reunión para que le presentemos el proyecto lo antes posible.

-Por supuesto, Señor Cullen – dijo antes de cortar la llamada.

De miércoles a miércoles parecía que iban a transcurrir nuestras reuniones con Isabella Swan.

Eran las ocho y media de la mañana y estaba esperando a Bella en mi despacho para la reunión. Había sido imposible acordar otra hora. Según me había explicado Tanya lo de los horarios de los restaurantes eran un poco inhumanos. ¿Esta chica tendría vida social? Porque se me hacía complicado saber cómo lo haría con un horario tan esclavo.

Lo único bueno que tenían estas horas es que Caius aún no estaba en la oficina y me permitiría tener una reunión tranquila y a solas con Bella para poderme explicar con tranquilidad y poder resolver las dudas que ella tuviera sin verse acribillada a halagos y miradas insinuantes que la distrajeran.

-Señor Cullen, la Señorita Swan está aquí – escuché que Tanya la anunciaba por el intercomunicador.

Salí a recibirla. Total, todo el mundo en esta empresa había asumido desde el minuto cero que Isabella Swan no era una cliente más, no hacía falta guardar las apariencias.

Abrí la puerta y la vi al fondo de la sala espera mirando la pantalla de su teléfono con preocupación. Por lo demás, continuaba tan natural como siempre. Tejanos y un jersey negro acompañado de unas deportivas. ¿Quién se presentaba así a una reunión de negocios en una de las empresas más importantes de Seattle? Era descarada sin buscarlo y refrescante.

Muy, muy refrescante.

Su pelo volvía a estar recogido en esa coleta tirante que tan poca libertad le daba a sus rizos chocolate… ¡Maldición!

-Bella – la llamé captando su atención y cortando mis pensamientos que comenzaban a ir por dónde no deberían… ¿Qué más me daba a mí su melena? –

-Oh, perdón me he despistado ¿Qué tal? – me saludó mientras se iba acercando hasta la puerta de mi despacho.

Antes de entrar le hice un gesto a Tanya para que nos trajera alguna cosa para tomar. No sé Bella, pero yo necesitaba cafeína para comenzar mi día.

-Discúlpame por las horas, pero es que estoy muy liada… El padre de Jake ha tenido un accidente y ha tenido que marcharse a Forks durante unos días, y claro, no puedo dejar mucho rato el restaurante sin mando…. Y bueno… ¡Da igual! – se calló de golpe como si pensara que me molestaba.

Ahora que la tenía cerca podía ver unas incipientes ojeras en sus ojos, que también lucían cansados.

-No te preocupes, está todo bien. Toma asiento – le dije señalándole dos butacas que tenía en mi despacho para que se pusiera cómoda.

Tanya entró con un té para ella y un café para mí y se fue discretamente.

La miré como daba un pequeño sorbo a su té. Era una mujer muy intrigante. A la vez segura que hecha un manojo de nervios, tan capaz de sonrojarse ante desconocidos como siendo capaz de sobrellevar una situación incómoda como si estuviera de vuelta de la vida. Luciendo cansada como el demonio pero sin querer quejarse.

¿De dónde había salido Isabella Swan?

-¿Estás segura que quieres hacer esto ahora? Si lo deseas podemos dejarlo para otro momento cuando estés algo más tranquila– le propuse dejando de banda mi profesionalidad y la agenda tan apretada que teníamos con este proyecto, al verla tan sobrepasada por toda la situación me estaba comenzando a crear la necesidad de protegerla.

-No. Esto se tiene que hacer ya y contra más lo posponga más cosas se acumularan. Es solo que Jake me ha avisado esta mañana y por eso estoy un poco desubicada, pero por favor comienza a explicarme. Estoy muy intrigada con la propuesta – me dijo con una sonrisa final que volvía a traer a la vida a esa Bella angelical que había visto el día de la primera reunión.

-Vamos a ello. Si te pierdes o tienes cualquier duda y necesitas aclaraciones no dudes en interrumpirme, puede ser un poco abrumador tanta información de golpe. – le advertí a lo que ella solo asintió con la cabeza sin borrar esa sonrisa entusiasmada de su rostro.

Sin lugar a dudas, comenzaba a entender a la perfección la adoración de Caius y Jacob por ella. Yo la había visto tres veces y se me hacía difícil no caer en sus redes. Hacía tanto tiempo que no tenía esa clase de pensamientos sobre una mujer que resultaba sobrecogedor y confuso.

Le expliqué el proyecto que teníamos para el restaurante. Ellos, de momento, solo se habían encargado de contratar el arquitecto para acondicionar las cocinas y los demás espacios. Junto con el diseño del local, sería lo único que no haríamos. Todo lo demás estaba en esta carpeta detallado y listo para que le diera el okey.

Presupuestos. Nuevos sistemas de gestión. Temas legales. Publicidad.

-¿Aún me sigues? – pregunté ante la cara de confusión Bella.

-Si te soy sincera me perdí la primera vez que has dicho balance – me dijo llevándose las manos a la cara.

-Eso ha sido hace… veinte minutos – comenté sorprendido mientras miraba mi reloj para saber cuándo habíamos comenzando la reunión.

-Más o menos – me respondió seria mirándome con esos ojos marrones que comenzaban a hipnotizarme- ¡Es broma! Hasta la tercera vez que lo has dicho no me he perdido – acabó con una carcajada.

¿Me estaba tomando el pelo?

Esto era nuevo. Supongo que era el poder que te daba presentarte a una reunión de negocios en deportivas y tejanos… que la naturalidad gana al formalismo.

Era, nuevamente, refrescante.

-En serio, Edward… Lo voy entendiendo todo. Igualmente hasta que no llegue esta noche a casa, me ponga el pijama y estirada en el sofá le vuelva a dar una ojeada no te aseguro hacerme una idea completa de todo, pero de momento te sigo. – me comentó algo más seria ahora.

Bella había evocado a mi mente una imagen que ahora mismo no ayudaba a que me concentrara.

-Detrás tienes apuntados los números de contacto y los emails para cualquier cosa que necesites de todos los encargados de este proyecto de los diferentes departamentos – le sugerí –

-Habéis cavado vuestra propia tumba haciendo eso – bromeó una vez más.

Después de ese momento de distensión continuamos, pero esta vez estuve mucho más pendiente de ella. Cada vez que detectaba que su gesto se fruncía o que se mordía el labio con frustración intentaba explicarme mejor. Entramos en una dinámica que me hizo perder la noción del tiempo.

Normalmente mi trabajo me había servido para evadirme de la realidad, especialmente este último tiempo, pero nunca hasta este punto en el que solo existíamos nosotros y un proyecto. Bella no entendía muchas partes, pero no desistía hasta hacer suya la idea. Era muy inteligente y te miraba de una manera que hacía que quisieras entregarle el mundo.

-Y solo faltaría… el nombre. ¿No? – preguntó cuándo acabamos de repasar todo lo que habíamos preparado.

Había descubierto a una Bella muy exigente y con las ideas muy claras, el que pareciera contenta con nuestro trabajo me quitaba un peso de encima. Cuando Caius me puso al mando de este proyecto no esperaba encontrarme con esto. Quizás con una chef con talento y algo de neuronas, por supuesto, habían conseguido levantar un negocio con éxito. No todo el mundo puede decir eso, y desde luego, no se consigue siendo un zoquete. Pero encontrarme con una mujer desafiante y segura de sí misma con las ideas cristalinamente claras sobre lo que quiere y lo que exige a los demás, definitivamente, no.

-Sería un detalle saberlo. – fue esta vez mi turno de reírme de ella un poco. – Es complicado que alguien vaya a un lugar que no tiene nombre. Por no mencionar que los del departamento de Marketing están ansiosos por conocerlo.

-Quizás eso debería ser parte de la estrategia… un poco de misterio… - comentó encogiéndose de hombros.

-No dudo de tu talento entre fogones, pero vamos a dejar esas decisiones para los de publicidad – le repliqué haciéndola reír.

-Bien, ¿Entonces me puedo llevar estos papeles? Les echaré un ojo y os daré una respuesta lo antes posible. Lo prometo. – me aseguró.

-Por supuesto. – afirmé mientras ella se levantaba y me tendía la mano en forma de despedida.

Electricidad.

Exactamente eso fue lo que recorrió mi cuerpo en el momento en que nuestras pieles se tocaron.

Nos separamos rápidamente y la acompañé a la puerta intentando no procesar todo lo que había pasado y sentido en esta reunión.

-Adiós… y… gracias por todo Edward – se despidió algo nerviosa mientras salía de mi despacho dejándome dentro con una extraña sensación.

Sin lugar a dudas no había sido una reunión al uso.

Refrescante.

Desafiante.

Desconcertante.

¿Y esto último que había sido? No quería ni pensar en ello. Lo mejor sería obviar todo lo que no se ceñía exclusivamente al plano profesional.

Y pensar que me quedaban unos cuantos meses de trabajo con ella.

Con la chica del jefe.

Esa tarde después de trabajar decidí salir a correr. Hacía tiempo que había retomado esta afición. Lograba despejar la mente durante un buen rato y eso siempre me había ido bien. Especialmente después de lo de Jessica. Hoy, un año y medio después, lo hacía, por primera vez por otros motivos.

Isabella Swan.

Desde la reunión de esta mañana con ella todo se había vuelto del revés.

La descarga de electricidad cuando nos tocamos había sido el inicio de todo. Sus nervios al despedirse volvían a mi mente continuamente. ¿La habría sentido ella también? A partir de ahí había entrado en el embrujo de Isabella Swan y no había manera de sacármela de la cabeza. La recordaba riéndose, mordiéndose el labio cuando no entendía las cosas, mirándome fijamente atenta a cada una de mis palabras… todo como un bucle.

Caius solo lo había hecho peor preguntando insistentemente por ella y nuestra reunión. No quería contestarle mal, pero lo que menos necesitaba era a él preguntándome todo el rato por esa mujer que se había instalado como un virus en mi organismo con tan solo unas horas de reunión.

Cada vez que alguien me preguntaba por el proyecto "la chica de jefe" me daban ganas de encerrarme en mi despacho y olvidarme de la humanidad.

Estaba completamente descontrolado.

Desconcentrado.

Y por encima de todo estaba la culpa que sentía sin poder controlarla.

Jessica no se merecía esto. No era lógico pensar así, pero pensar en otras mujeres… pensar en Bella de esa manera, me hacía sentir que estaba fallándole a Jessica.

Mi teléfono sonó.

-Heeermano ¿Por dónde andas? – escuché a voz estridente de Emmet.

-He salido a correr un poco. Los treinta no perdonan, amigo – contesté intentando recuperar mi respiración. Había trotado a un ritmo más exigente de lo normal.

-Me estás diciendo que yo dirijo una puñetera cadena de gimnasio a nivel nacional y tú, mi mejor amigo, mi hermano desde que éramos unos mocosos, sales a correr para mantenerte en forma. Eres un miserable Edward Cullen. – me respondió Emmet intentando hacerse el ofendido.

-Sabes que prefiero el aire fresco. No es nada en contra tuyo. Y ahora deja el drama, que pareces Alice y dime para qué me has llamado – le dije mientras se reía al otro lado de la línea.

-Rosie y yo vamos a hacer una cena de inauguración de nuestro nidito de amor… Y aunque ahora que sé que te dedicas a hacer deporte al aire libre me arrepiento, estás invitado. – me comentó con aire distendido.

-Quién te ha visto y quién te ve…. ¿Inauguración del nidito de amor? ¿En serio Emmet? – por primera vez en todo el día consiguió sacarme las preocupaciones de la cabeza con sus ocurrencias.

-Mira…llega un momento en tu vida que acabas claudicando y siendo el romántico que te negabas a ser… Además, qué me vas a decir tú a mí. – dijo mi amigo sumiéndonos en un silencio.

Era verdad, yo no le podía decir nada porque por Jessica había hecho cosas que nunca habría imaginado. Ella había sido la única mujer capaz de hacerme parar y querer sentar la cabeza. Ella siempre había sido de las que creían en los cuentos de hadas y yo me empeñé en darle el suyo… aunque no duró tanto cómo ambos quisiéramos.

-Mierda Edward… lo siento. Yo no quería recordártela. – se disculpó mi amigo rápidamente.

-No te preocupes. No es como si no se la pudiera nombrar. Falleció pero eso no significa que su vida haya desaparecido. – intenté no hacerlo sentir muy culpable. – Y no te preocupes, claro que iré a tu inauguración – intenté sacarle importancia a sus palabras a pesar de lo que me habían provocado. –

-¡Bien! El viernes a las nueve. – declaró algo más animado.

-Allí estaré y ahora te dejo que si estoy mucho rato parado pierdo el ritmo. – me excusé con ganas de volver a poner mi mente en blanco.

-¡Edward! ¿Todo bien tío? – volvió a preguntar Emmet antes de colgar.

-Todo bien. No te preocupes – intenté sonar convincente antes de cortar la llamada.

Porque la realidad era que hacía tiempo que nada estaba bien.

Echaba de menos a Jessica. Se había ido demasiado pronto. Nos habían quedado todos nuestros planes pendientes y, aunque lo peor ya había pasado, era duro continuar mi vida sin ella.

Al principio me volqué en mi trabajo. Solo vivía para ello, olvidándome, incluso de mi familia y amigos. Poco a poco he ido recuperando la normalidad y tomando las riendas de mi vida de nuevo. He aprendido, aunque a veces ha sido a base de gritos de Alice, que aislándome no consigo nada.

Hace un mes tomé la firme decisión de comenzar seriamente a crear una nueva vida. Ubicar a Jessica en mi corazón, pero también en mi pasado. Comencé mudándome de apartamento. El que compartía con ella tenía demasiados recuerdos, demasiadas noches planeando un futuro que nunca llegaría. También me he obligado a salir más. A cada plan que me proponían decía que sí… bueno, esto había sido una imposición de Alice que estaba harta de verme siempre encerrado en casa.

Todo iba bien… Mejor, si más no. Estaba construyendo los primeros escalones para mi nueva vida.

Pero para lo que no estaba preparado, ni mentalizado era para encontrarme de golpe y sin avisar lo que había sentido esta mañana en esa reunión. Por primera vez en un año y medio había vuelto a desear a alguien. Por primera vez desde que tenía veintitrés años había deseado a alguien que no era mi esposa. Para eso sí que no estaba preparado. No quería. No podía. Demasiada culpa de solo imaginarme esos ojos marrones que me perseguían desde hace una semana.

Corrí con más fuerza. Necesitaba mi mente en blanco inmediatamente o acabaría por volverme loco.

El jueves por la tarde Tanya me confirmó que Bella había llamado para aceptar el proyecto. Así que oficialmente esta colaboración se ponía en marcha y yo tenía toda una temporada por delante para aprender y entender estas nuevas sensaciones que esta pequeña mujer despertaba en mí.

¿Sería capaz de aguantar? ¿Sería capaz de soportar los continuos ataques de Caius?

Afortunadamente para mi paz mental la semana continuó sin ningún sobresalto. Pude invertir mi tiempo en otros proyectos y tareas y dejar el de Isabella Swan para el equipo que se dedicaba a ultimar algunos cabos sueltos para poder comenzar a trabajar. Era toda una tranquilidad.

La semana acabó y con una botella del mejor vino que había encontrado me dirigía a la inauguración del piso de Emmet y Rose. Se les veía tan ilusionados que era imposible no emocionarse por ellos y por qué no admitirlo, aprovecharse de Emmet para hacer bromas con él. Siempre había sido él quién iniciaba todas las burlas a nuestra costa y poder cambiar los papeles era demasiado divertido como para que lo dejáramos pasar.

Llamé al timbre del apartamento y rápidamente Rose abrió la puerta. Estaba preciosa como siempre. Llevaba un vestido negro ligeramente ajustado a su cuerpo y muy serio para una reunión con amigos. Aunque yo no era nadie para juzgar porque venía aun con el traje de trabajo. Me había quedado trabajando hasta tarde.

-Veo que nos ha pasado lo mismo. Malditas horas de trabajo que pasan sin avisar – comentó Rose divertida cayendo en la misma conclusión que yo.

-No tengo excusa, ni los viernes soy capaz de salir a una hora decente de allí – comenté dando gracias que ese comentario me lo había hecho Rose y no Alice o Emmet porque si no estaría escuchando el mismo discurso de siempre sobre mi manía de encerrarme en el trabajo y dejarme absorber por algo que no era la vida real…Bla, bla, bla.

-Conozco a un par igual. Entra y ponte cómodo por favor. – me dijo dejándome entrar.

El piso era bastante espacioso y aunque los muebles principales ya estaban en su sitio aun había muchas cajas apiladas. Roma no se construyó en un día y, sin lugar a dudas, una mudanza tampoco.

-Rosieee ¿Tú sabes si los dibujitos del horno significan todos lo mismo? – escuchamos a Emmet gritar con desesperación desde la cocina.

-Vamos antes de que queme la casa, después me haces un tour – apremié a Rose que me miraba preocupada por no poder hacer de buena anfitriona.

-Mejor. – concordó conmigo rodando los ojos.

-Emmet cariño como van a significar todos lo mismo, sino no se habrían molestado en hacerlos diferentes. – regañó con mucha paciencia y diversión a su novio.

-¡Yo que sé! – dijo levantando por primera vez la cabeza. La tenía metida dentro del horno, daba gracias a que no había logrado encenderlo sino ahora estaríamos en urgencias con quemaduras de primer grado. Cosas de Emmet. - ¡Edward! No te he escuchado llegar – me saludó con un abrazo olvidándose de lo que estaba haciendo.

-Estabas demasiado ocupado por lo que veo – dije sin poder evitar reírme de su cara – Toma, es lo mejor que he encontrado a estas horas – le entregué la botella de vino.

-Maravilloso. Si no tenemos comida, al menos tendremos alcohol – celebró Emmet.

-¡Tendremos comida! Bella me ha dado la receta y la haremos a la perfección. Si hemos podido sacarnos con honores una carrera podemos hacer un maldito pollo al horno comestible. – esta vez fue Rose la que sonaba ofuscada.

Decidí apiadarme de ellos y me saqué la chaqueta de mi traje y la corbata. Me arremangué la camisa y con paso decidido puse el horno a precalentar. Jessica nunca había sido una gran cocinera y si queríamos sobrevivir era yo quien tenía que hacer la comida, así que sabía defenderme. No tendría el talento de Bella, pero seguir una receta y encender un horno entraban dentro de mis habilidades culinarias.

-A ver, ¿Dónde está ese pollo? – me giré hacia la pareja que me miraba con un poco de alivio.

No sé cómo había pasado pero había pasado de ser un invitado a la cena de inauguración de mi mejor amigo a dirigir a cuatro personas más para conseguir hacer un pollo que debería estar en el horno desde hace una hora. En verdad solo tres personas, Alice había decidido quedarse al margen y dedicarse a beber mi vino mientras nos miraba como si fuéramos un documental de algún experimento sociológico de estas universidades de otros países que nadie conoce.

-Por cierto, Bella me dijo que al final serás tú quién ponga en marcha el nuevo restaurante. Es maravilloso – comentó contenta Rose mientras pelaba unas patatas.

-Sí, una casualidad. No me lo creía cuando la vi en las oficinas... y por su reacción ella tampoco. – le expliqué sin poder evitar reírme al recordar la cara de vergüenza cuando no se acordaba de mi nombre.

-¿Y eso por qué? – preguntó curiosa Alice.

¡Oh Dios! Conocía esa cara. Y no quería que Alice me mirara con esa cara. Había conseguido llamar su atención y eso sería mi tumba.

-No se acordaba de mi nombre… y es bastante expresiva… pasó un mal rato hasta que le recordé como me llamaba. – intenté sonar monótono para que Alice no le diera importancia a algo completamente insignificante.

-Pobre… siempre ha sido demasiado independiente y despistada. Estoy cansada de decirle que tiene que esforzarse un poco… pero ella es así… y el día de la cena en el Sublime tenía la cabeza en otro mundo. Pido perdón si fue un poco brusca. Es muy amable, de verdad, solo le cuesta coger confianza – comentó un poco mortificada Rose.

-A mí me pareció muy simpática y… preciosa. ¿Verdad? – comentó intentando sonar casual aunque la mirada de reojo que me dedicó no me pasó desapercibida.

-Lo es. Una pena que no se saque más partido, pero conmigo aquí eso ha cambiado – declaró Rose segura de ella misma.

-¿Entonces van a abrir un nuevo restaurante? – cambió de tema Alice, curiosa.

-Sí, la abuela Marie murió hace un tiempo y ahora Charlie ha podido poner en orden todo el papeleo para cederle a Bella el dinero y poder ayudarla a construir su nuevo sueño – nos explicó orgullosa Rose.

-¿Era tu abuela también? Lo siento – preguntó Jasper.

-No, Bella y yo somos familia por parte de nuestras madres, pero la abuela Marie era una mujer encantadora y todo el mundo en Forks la quería–

La historia que acababa de contarnos Rose me sorprendía. Nunca me habría imaginado que Bella aportara más dinero que Jacob al negocio, teniendo en cuenta los números que habíamos manejado estos días y cómo ellos dos habían explicado la creación de la sociedad. En todo momento habíamos asumido que todo era al cincuenta por ciento, pero estos datos cambiaban sustancialmente la sociedad que estábamos reestructurando.

¿Sería consciente Bella que no tenían que ir a medias? Que si ella aportaba más dinero eso también se podía ver reflejado legalmente, en los tantos por cientos de su sociedad, en la distribución de los beneficios. Esto dejaba colgando varios flecos que habían de tratarse.

Quizás estaría bien sacarlo a relucir en alguna reunión… O quizás me estaría extralimitando. Al fin y al cabo, era una información que ella había omitido, y si lo había hecho sería por algo. Solo… que ahora no podía quedarme sin hacer nada pensando que quizás se podrían estar aprovechando de ella. Ella misma había dicho que no era una experta en temas de negocios, quizás nadie la había informado de sus derechos… Quizás Bella debería mirar más por ella misma.

Demasiados quizás para una mujer a la que apenas conocía. Demasiadas preocupaciones para la chica del jefe.

El timbre me sacó de mis pensamientos.

¿Esperábamos a alguien más?

¡Por favor no! Ahora no. ¡Ahora que había conseguido sacarla de mi mente, no!

-Vale, es Bella… actuar con normalidad como si supiéramos qué es lo que estamos haciendo – dijo Rose mientras soltaba la última patata e iba a abrir la puerta.

Escuché la voz de Bella colarse por toda la estancia y supe que mi paz mental volvería a esfumarse en cuanto posara mi vista en ella, en cuanto su esencia llegara a mí.

¿Qué tenía esta mujer que sólo con su voz conseguía descolocarme?

-¿Alguien quiere más vino? – preguntó Alice con esa sonrisa enigmática en su cara de nuevo.

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NA:

¿Os ha gustado? Espero que sí. Como veis comienza a surgir cosas... Veremos como son capaces de sobrellevarlas sus protagonistas. ¿Alguna apuesta?

Tema ACTUALIZACIONES: De momento, continuaré subiendo una actualización a la semana y siempre que FF me deje será los viernes. La historia va avanzando, pero a un ritmo más lento del que esperaba así que no puedo (de momento) actualizar más seguido.

Espero que paséis un gran fin de semana,

Nos leemos en el próximo,

Muuuuchos saludos ;)