Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hoooola de nuevo!

Antes de nada disculparme por no poder haber subido nada la semana pasada. He estado muy ocupada con el trabajo y llegaba a casa agotada. No había tenido tiempo ni de echarle un vistazo al capítulo para corregirlo y no quería subirlo de cualquier manera.

No quiero dejaros con el capítulo sin daros las gracias por todos vuestros comentarios y apoyo a través de follows. Ya sabéis que lo aprecio muchísimo que saquéis un rato de vuestro tiempo, no solo para leer la historia sino también para dejarme esas palabras tan bonitas que tenéis siempre para mí.

Sin más, que ya llevo una semana de atraso, os dejo con Bella ;)

Espero que os guste.

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¿QUÉ ESTÁ MAL CONMIGO?

Bella POV

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Llegaba tarde, pero al menos me había dado tiempo de preparar algo de postre antes de salir del restaurante a toda prisa.

Jacob ya había vuelto de su viaje forzado a Forks. Por suerte lo de Billy se había quedado en un susto. Un brazo roto y alguna que otra magulladura que no revertían de gravedad debido a su caída, lo que había permitido a Jake volver a Seattle sin preocupaciones y en pocos días, evitándome a mí más nervios de los que ya llevaba sufriendo toda la semana.

Jacob cubriría el turno de esta noche solo, le había explicado todo lo que necesitaba saber sobre los días que había estado ausente. No solo con lo referente a los dos restaurantes sino también con el nuevo proyecto con Volturi Assesment. Ese último punto no había ido como me esperaba y era el motivo de que ahora estuviera llegando a casa de mi prima prácticamente sin aliento. Pensaba que habíamos superado los recelos de Jake a contratar ayuda externa, pero hoy me había demostrado que volvíamos continuamente al punto de inicio.

Cada día tenía más claro que esto iba a acabar con mi paz mental.

Jake odiaba que metieran las narices en nuestros asuntos y toda decisión a tomar era una batalla.

Caius cada vez era más insistente y resistente a mis negativas y Edward Cullen… Había llegado a la conclusión que él existía para atormentarme y tentarme. Simple y llanamente.

¡Al fin llegué!

Y por la cara de Rose no llegaba excesivamente tarde. ¡Bien por mí! Lo último que quería era hacer enfadar a mi prima. Tenía un carácter endemoniado.

-¡Hola! Traigo el postre – le dije a modo de saludo mientras le pasaba la tarta que había hecho entre pelea y pelea con Jacob. - ¿Llego muy tarde?

Jacob se volvió a colar en mi mente, en serio, no era tan difícil entender que las ideas de los demás eran mejores que las nuestras y no pasaba nada por cambiar cómo organizábamos y administrábamos el negocio por uno más eficiente. Pero él se negaba a introducir esos cambios. El problema es que éramos uno contra uno y cuando no tienes a nadie que desequilibrar la balanza todo es una discusión.

-¡Qué va! Acabamos de comenzar – me dijo Rose mientras me indicaba dónde dejar mi chaqueta y me conducía a dentro.

-¿Ahora? – pregunté un poco asombrada por las horas a las que habían comenzado a cocinar.

-No, no, no. No te permito que vengas con tu mente de Chef, hoy eres una simple persona que no sabes nada de cocina ¿Capisci? – me amenazó apuntándome con su dedo índice y su cara seria. Si no supiera que iba de farol, realmente me habría asustado.

-Está bien – levanté las manos en señal de rendición – Por cierto, esto está genial. Es muy bonito – admiré el piso que aunque aún estaba con cosas por terminar de colocar, pero se veía muy espacioso y claramente decorado con estilo de Rose.

-Gracias, ven estamos todos en la cocina – me dijo animada tirando de mi brazo.

A este paso se le caería la tarta y algo me decía que era lo único comestible que teníamos por el momento.

-¡Mirad quién ha llegado! – me anunció Rose haciéndome morir de vergüenza cuando cuatro pares de ojos se fijaron en mí. - ¡Y ha traído tarta!

-¡Gracias! Al menos tendremos algo que comer – dijo una chica pequeña que también estaba en el restaurante el otro día… de cuyo nombre tampoco me acordaba, obviamente. – Soy Alice y este de aquí es mi marido Jasper. – se presentó inmediatamente, con una sonrisa divertida, sacándome del apuro de tener que preguntarles sus nombres.

Alice y Jasper. Lo podría recordar por si nos volvíamos a encontrar en un futuro.

-Encantada de nuevo. – les dije saludándoles a los dos.

-Además, no sé de qué te quejas enana, si llevas bebiéndote todo el vino sin aportar nada desde que has llegado– le recriminó Emmet que lucía muy gracioso con un delantal de flores que le iba ridículamente pequeño. – Bienvenida a casa Bella y ni caso a estos locos, siguen siendo mis amigos por pena. – bromeó envolviéndome en un abrazo como el que me dio en el restaurante el día que le conocí.

Casi me había roto las costillas y juraría que mi respiración me abandonó unos segundos. Aunque eran muy reconfortantes, siempre y cuando te dejara vivo el tiempo suficiente para apreciarlos.

-Gracias por traer comida – añadió susurrándome en a oreja antes de soltarme haciéndome reír.

-Tú me suenas ligeramente… ¿Edgar? – saludé a Edward que estaba al final de la cocina con su camisa remangada, sin corbata y con esa mirada indescifrable que siempre le acompañaba.

Edward río con una sonrisa de medio lado que podría haberme hecho desfallecer. ¿De verdad había alguien en esta tierra más sexy que él en estos momentos? ¿O sería laguna clase de fetiche profesional que tenía al ver a un hombre guapo en una cocina?

Era tan extraño. Nunca antes me había sentido así. Yo no era de esas personas que con una mirada caen rendidas a los pies de los hombres, más bien a los pies de nadie, pero él había dado con un botón que me derretía con solo respirar su mismo aire.

Me había pasado durante la reunión de otro día. Me había costado concentrarme y entender de qué me estaba hablando… más de lo que ya me costaban esas cosas normalmente. ¡Y todo por su culpa! Era jodidamente irresistible. Todo en él te hacía querer inundarte de su esencia.

-Muy graciosa… Betty ¿no? – me dijo devolviéndome la broma mientras estiraba su firme mano para saludarme.

Qué podía decir me lo merecía.

Al tocarnos volvió la electricidad que había sentido el miércoles en la reunión. En cuanto su piel me tocaba una corriente me traspasaba por todo el cuerpo y me ponía muy nerviosa. Solo esperaba que mi cara no se ruborizase completamente y poder disimular lo que me provocaba.

¡Parecía una puñetera colegiala!

No estaba acostumbrada a que me pasaran estas cosas. Entre que mi vida sentimental era escasa y que mi cabeza siempre ha dominado a mis instintos se me estaba haciendo complicado gestionar estas reacciones que me provocaba. No siempre iba a poder salir corriendo como el otro día en su oficina.

-¡Bueno! – escuché la voz un tanto estridente de mi prima sacándonos de esta extraña realidad que se había creado. Seguíamos con nuestras manos enlazadas. ¿Habría pasado mucho tiempo? ¿Lo habría sentido él también o era yo la única loca?

- Tú, fuera de la cocina. – continuó Rose- Te he avisado y no lo repetiré, no vas a cocinar hoy… no sé date una vuelta por el piso, pon la mesa, no sé… ¿Quieres una copa de vino? – me ofreció como último recurso antes de echarme de la cocina.

Rose había sido tajante cuando me llamó para invitarme a esta cena respecto dos asuntos;

Uno, no quería un no por respuesta. Sabía que tenía empleados perfectamente capacitados para encargarse del restaurante durante una noche. Y dos, no quería que cocinara. Hoy era ella la que se encargaría. Aunque viendo las horas que eran y el estado de la comida no tenía muy claro que lo fuera a conseguir.

Pero la entendía, sabía que le hacía ilusión esta cena de inauguración y quería que todo fuera perfecto, así que entraría en su juego… Por mucho que eso supusiera cenar a las tres de la madrugada o acabar cenando pastel con vino.

-Está bien… Ya sabes que vengo en son de paz – le dije guiñándole un ojo a mi prima – Te acepto esa copa y te prometo que ya me voy a… no sé… me entretendré – me rendí haciendo que una sonrisa apareciera en su cara.

Emmet me sirvió una copa y me dispuse a salir de la cocina no sin antes apiadarme un poco de él y lo más quedadamente posible le dije.

-Yo si fuera tú partiría todo en trozos más pequeños, se hará antes y comeremos antes del amanecer – le advertí antes de ir a la sala.

Estaba apreciando las vistas que tenían a través de los grandes ventanales del comedor cuando alguien llegó a mi lado.

-No entiendo por qué te han echado cuando eras nuestra única esperanza – comentó divertida Alice.

Era realmente pequeña y teniendo en cuenta que yo tampoco era excesivamente alta, la hacía una mujer bastante chiquitita, pero desprendía optimismo y buen humor.

-Mientras no salgamos ardiendo, estará bien – le respondí.

-Sabes, tenía muchas ganas de ir a tu restaurante pero es condenadamente difícil conseguir una mesa. Pero merece la pena la espera es genial, estaba todo buenísimo – me alagó haciéndome sentir un poco cohibida. Siempre era bonito que dijeran esas cosas de tu trabajo, y más para mí que era mucho más que eso, pero me dejaba un poco descolocada sin saber muy bien qué decir ante esas palabras tan dulces.

-Muchas gracias. Trabajamos muy duro, pero bueno ahora que ya nos conocemos intentaré que no te sea tan difícil conseguir una mesa. Aunque no prometo nada, mi socio es intransigente con esas cosas – le dije riéndome al imaginar la cara de Jake si me hubiera escuchado. – Y tú ¿A qué te dedicas? Me siento en desventaja en este grupo que todos os conocéis tan bien.

Estuvimos un buen rato hablando de nuestras vidas y era tan sencillo hacerlo que me sorprendía que en ningún momento me fuera sentido incomoda. Nunca había tenido muchos amigos. Me movía mejor en grupos pequeños y de gente conocida. Sabía que no era lo más popular a hacer, especialmente en el instituto, pero nunca he necesitado a una multitud a mí alrededor para funcionar o sentirme feliz. Prefiero poca gente y que sepa que valen la pena que mucha que en cuanto pueden te traicionan o se olvidan de ti.

-Rose nos ha dicho que trabajareis con Volturis… con Edward. ¿Qué casualidad, no? – preguntó despreocupadamente.

Rose y su nula capacidad para guardar secretos con la gente a la que quería. Menos mal que con los extraños era una tumba porque si no la odiaría.

-Sí. La verdad es que ni yo me lo creía cuando lo vi en la sala de reuniones – le contesté con la más pura verdad. Hace una semana era incapaz de recordar su nombre y ahora no me lo sacaba de la cabeza.

-¿Y cómo llegaste hasta ellos? – me volvió a preguntar. Desprendía curiosidad, pero no de esas que hacen que sospeches y no quieras contestar, sino de la que hacen querer contarles más y más de tu vida.

Me resultaba incluso contradictorio haber conseguido entablar una conversación tan amigable en tan poco tiempo y sin esfuerzo. ¿Estaría cambiando? ¿O sería mérito sólo de ella?

-Caius Volturi es un gran fan del restaurante – comenté sonriendo mientras recordaba todos los infructuosos esfuerzos que había hecho hasta el día de hoy para invitarme a salir.

Tenía el pálpito que si la comida no le gustase él continuaría viniendo con tal de obtener una respuesta de mi parte. A veces me preguntaba si no sería más fácil si le dijera que sí. Si aceptara su cita para hacerle ver que no va a pasar nada entre nosotros… Pero eso sería jugar con fuego y mejor no arriesgarse y mucho menos ahora que teníamos negocios entre manos.

-Es el más simpático de los tres. Tienes suerte de haberte topado con él y no con uno de sus hermanos– me respondió con un tono que no sabía descifrar.

La verdad es que sabía poco de los hermanos Volturi o sus negocios. De hecho, cuando Caius comenzó a venir más por el restaurante tuve que googlear su nombre para entender el revuelo que causaba entre la clientela femenina y cierta parte de nuestra plantilla.

-Bueno, no sé si me topé o él me hizo tropezar... Una y otra vez – puntualicé rodando los ojos.

-Lo dices como si hubiera una historia interesante detrás… Ay, cuéntamela, por favor. Ese pollo va a acabar con mi paciencia. – me dijo acercándose un poco más a mí.

-No es tan interesante… pero todo sea por matar el tiempo hasta que salga el pollo – le concedí haciendo que sus ojos brillaran… diferente. Algo me decía que no había nada que escapara del conocimiento de esta pequeña mujer – El primer día que vino al restaurante se encaprichó en felicitarnos por la comida, pero la verdad es que ni yo tenía tiempo de salir ni Jacob ganas, así que nuestro maître se disculpó en nuestro nombre. Él dijo que no pararía hasta conseguirlo. La segunda vez, una semana después, volvió al servicio del medio día con unos socios y al de la noche. En el del medio día yo no estaba, pero por la noche volvió a insistir energéticamente y me apiadé de él y de nuestro pobre jefe de sala – recordé con una sonrisa el alivio de James cuando le dije que sí saldría esa vez, ya no sabía que más decirle para cubrirnos -

-¿Y? – preguntó Alice intrigada. Seguía teniendo algo en su mirada que no sabía identificar… como si intentará adivinar más allá de lo que le decía.

-Pues no conseguí frenar nada, todo fue a peor. – rodé los ojos – A partir de ese momento su interés se acrecentó y expandió a otras parcelas…al margen de nuestras habilidades culinarias… Ya sabes… - asintió divertida ante mi dificultad para poner en palabras el interés de Caius por mí- La cuestión es que se ha convertido en un cliente un fijo… creó que tiene sobornado a James con las reservas, y, sin lugar a dudas, estoy segura que conoce la carta y los recovecos del restaurante mejor que muchos de mis trabajadores.

-Vaya eso suena como si tuvieras un admirador, muy apuesto, déjame añadir – comentó Alice despreocupada aunque seguía mirándome como si quisiera descifrar un enigma.

-Sí, algo así… - dije dándole un trago a mi vino rezando por haber saciado su curiosidad sobre el tema y dejarlo olvidado.

La verdad es que Caius Volturi y sus coqueteos cada vez se me estaban haciendo más difíciles de gestionar y tenía miedo de imaginar cómo sería a partir de ahora que tenía que trabajar con ellos codo con codo. Me aliviaba saber que no sería él, sino Edward, quien capitanearía mi proyecto porque de otra manera sí que sería casi imposible evitar la colisión.

No soy una persona de muchos amigos, pero desde luego tampoco me gusta el conflicto. Intento evitarlo a toda costa a no ser que sea necesario. Se me da bien escapar con mi ironía de las situaciones delicadas, pero cada vez era más consciente que lo mío con Caius Volturi no lo pararía el sarcasmo y el buen humor sino una conversación en la que le dejara muy claro que no quería nada con él más allá de una amistad.

Si me estuviera escuchando Rose me mataría por no darle ni tan siquiera una oportunidad, pero es que no había química. Nada.

¿Amistad? Quizás.

¿Amor? Imposible. Creo.

Cuando lo veía no me removía por dentro. No sentía nada más allá de cierto cariño que le había ido cogiendo con el paso de los meses. Agradecimiento por todos los consejos desinteresados que me había dado y por su permanente buen humor, que había conseguido sacarme el cansancio muchas noches en las que las horas de trabajo se acumulaban en mis parpados sin piedad. Pero nada más.

-Bueno es hora que dejéis la charla y vengáis a poner la mesa. Os toca hacer algo chicas – escuchamos la voz grave de Jasper desde el comedor interrumpiendo nuestra conversación, lo que hizo que la alegre cara de Alice se contrajera de felicidad.

Jasper tenía razón, llevábamos una botella de vino y más de una hora hablando mientras ellos se dedicaban a cocinar. Aunque por las risas que nos llegaban desde la cocina tampoco es que lo estuvieran pasando mal allí dentro.

Cuando estuvo todo preparado y tomamos asientos, Emmet trajo la cena a la mesa y solo podía decir que tenía realmente buena pinta.

-Por favor que no se te caiga ahora – escuché a Jasper con cierto temor en su voz.

Mire a mi lado que estaba sentado Edward y que igual que Alice reía.

-No sería la primera vez – explicó ante mi cara de desconcierto.

-¡Oh! Lo tendré en cuenta si alguna vez necesito ayuda con mis camareros – añadí.

Comenzamos a comer y estaba delicioso. La sonrisa de suficiencia que apareció en la cara de Rose después de mi alabanza a sus dotes culinarias estaba segura que no la abandonaría en meses y ella misma se encargaría de recordarme este hito durante mucho tiempo.

Era increíble cómo había fluía todo. Habíamos comido, tomado una copa mientras bromeábamos y nos ponían al día a Rose y a mí de varias anécdotas de juventud de los chicos, y Alice había propuesto jugar a las películas… dónde Rose y yo habíamos perdido estrepitosamente.

Me había sentido realmente a gusto, incluso había podido olvidar el nerviosismo que Edward me provocaba cada vez que nuestras miradas se encontraban. Me daba pena tener que irme, pero mañana me esperaba un día largo y duro. Los fines de semana siempre es cuando más trabajo había en un restaurante.

-Ahora me siento culpable. Parece que al marcharme haya acabado con la reunión – les dije al ver que tanto Alice y Jasper como Edward habían decido irse al mismo tiempo que yo.

-Tonterías. Es tarde y estos tres tienen una casa para estar molestando en la mía. – bromeó Emmet ganándose una colleja de Alice.

-Muchas gracias por venir… Ves como no te hace daño tener vida social de vez en cuando – me dijo Rose mientras me achuchaba en un tierno abrazo de despedida.

-Pesada – le respondí aunque sabía que tenía razón.

Bajamos en el ascensor y me arrepentí a los dos segundos de estar allí dentro.

Era muy pequeño y Edward estaba demasiado cerca.

Desde la reunión que tuvimos a solas en su despacho no era capaz de tener un pensamiento coherente sobre él y ahora se me estaba volviendo a nublar el sentido común.

¿Desde cuándo olía tan bien? ¿Desde cuándo tenía esa sonrisa tan arrebatadora casi tatuada en la cara? ¿Y esos ojos tan verdes que son capaces de traspasarte? ¿Desde cuándo su chaqueta se le ajustaba tan bien a esos brazos y a esa espalda tan bien formada?

¿Desde cuándo me estaba volviendo loca?

¿¡Desde cuándo?!

¿Desde cuándo me sentía atraída por amigos de mis amigos? Más concretamente, por personas que han enviudado y que aún no han sido capaces de superarlo y continúan llevando el anillo de matrimonio.

¿Desde cuándo me siento atraída por personas a la primera de cambio? Y por personas con las que habré de trabajar codo con codo durante un sinfín de meses… ¿Tendría que considerar a Edward como un compañero de trabajo?

¡Nada de esto tenía sentido! ¿Qué clase de persona se obsesiona con otra con solo una mirada y un intercambio de tres frases? ¡¿Quién?!

Aunque si era justa conmigo misma Edward y sus amigos eran las primeras personas con las que compartía espacio durante mucho tiempo, más allá de mis compañeros de trabajo, Jake y mi familia. Debería ser eso… la novedad.

Al fin llegamos a la planta baja y el aire fresco substituyó el olor de Edward que estaba comenzando a hacer estragos en mí.

-Ha sido un placer poder conocerte un poco más Bella. Espero que se repita muchas noches– me dijo Jasper mientras nos despedíamos a pie de calle. - ¿Has venido en coche? Si quieres te acercamos a dónde tú quieras. – se ofreció amablemente haciendo que en la cara de Alice surgiera una mirada de orgullo hacia su marido.

-No hace falta, no vivo muy lejos y me gusta caminar… - me excusé.

Era verdad, estaba tan solo a unas manzanas de casa y, además, me iría genial un poco de aire fresco para poner en orden mis ideas.

-No os preocupéis yo también he venido caminando, la acompañaré – escuché la voz firme de Edward detrás de mí.

-¡Perfecto pues! Bella nos tenemos que volver a ver, me ha encantado charlar contigo – dijo Alice risueña – Y a ti… a ti, mejor te llamo mañana. Te quiero – se despidió de Edward en un tono un poco misterioso.

Por la cara que puso Edward también debió notar algo raro en su amiga porque su gestó mudó un poco. Aunque no pude identificar qué era la emoción que había reflejada en su cara. Era lo malo de conocer tan poco a la gente, que siempre te quedabas con la duda.

Cuando Alice y Jasper giraron en dirección contraria a la que estábamos plantados Edward y yo me comenzó a entrar el pánico. Justo en estos momentos no quería estas a solas con él. Necesitaba depurarlo de mis sentidos y sacarlo de mi mente.

-De verdad que es innecesario. Cada día hago el mismo camino desde el restaurante. Estoy acostumbrada a caminar sola… y nunca me ha pasado nada. – le comenté intentando que desistiera a acompañarme.

-Que lo hagas cada día no hace que deje de ser peligroso. Bella pasan de las tres de la mañana, no me voy a ir tranquilo sabiendo que vas caminando sola por la calle. – me dijo seguro y, al parecer, sin la menor intención de cambiar de idea.

-¿Lo dices porque soy mujer? – pregunté un poco a la defensiva. Podía ir dónde quisiera sola.

-No. Lo digo porque no son horas de ir solo por las calles. Ni para una mujer, ni para un hombre. – Continuó firme – Está bien… si quieres míralo de esta manera. ¿Bella serías tan amable de acompañarme hasta mi casa? No me gusta caminar solo – preguntó sin humor en su voz. Se estaba tomando esto realmente en serio.

Rodeé los ojos, pero claudiqué.

-Yo te protegeré. – le anuncié haciéndolo sonreír de medio lado. Las autoridades deberían prohibir ese tipo de sonrisa. –

Cuando iba a comenzar caminar en dirección a mi casa me di cuenta que no tenía ni idea de dónde vivía Edward y ni tan solo si nos quedaba en la misma dirección haciendo esta situación más absurda aún.

-¡Ni tan siquiera sabes si vives en la misma dirección que yo! – le acusé girándome mientras él me miraba divertido.

-Sí que lo hago. – afirmó sin ninguna duda.

-¿Y cómo sabes dónde vivo? – pregunté curiosa y algo indignada.

-No lo sé – me contestó desconcentrándome - Me da igual dónde vivas me pilla de camino. – ante mi confusión solo rió y dejando una pausa dramática de por medio continuó – Aunque tuviera que caminar media hora en dirección contraria me seguiría quedando a camino, así que comienza a andar Bella. – acabó casi con un tono de orden.

En el fondo era un gesto muy bonito, innecesario, pero bonito. El que estuviera dispuesto a acompañarme sin importarle dónde vivía solo para asegurarse que no me pasaba nada era de agradecer, hoy en día no todo el mundo es capaz de tomarse la molestia.

-¿Pero no habíamos quedado que era yo la que te acompañaba a ti? – le repuse acelerando un poco el paso hasta alcanzarlo. – Además ¿y si es en la otra dirección qué?

Esto al menos le hizo pararse.

-Eres casi tan irritante como Emmet… Quizás es por eso que Rose os quiere tanto. – contestó rodando los ojos haciéndome reír con su desesperación - ¿Está bien señorita dónde vive? A ver si podemos sacar algo en claro y comenzar a movernos. – añadió más divertido que molesto como intentaba aparentar… O eso esperaba. No quería hacerlo enfadar y menos con lo amable que estaba siendo conmigo.

-Ya íbamos bien – le contesté siendo yo estaba vez la que me avanzaba a sus pasos– Cuatro calles más y giramos a la derecha. Listo.

-Vives cerca de tu trabajo. – me respondió.

-Sí, es práctico… sobre todo cuando pasas tantas horas allí. – le respondí intentando mantener la calma. Se había vuelto a acercar a mí y su olor me estaba volviendo a impregnar poniendo mi cuerpo en alerta.

-Puede ser una forma de verlo. – contestó con un tono un poco críptico. – Por cierto, no te he preguntado por el padre de Black. ¿Está mejor? – no me pasó desapercibido que no usó su nombre de pila.

-Sí al final solo fue un mal golpe y Jake ya está de vuelta en casa otra vez… Bueno… quiero decir en Seattle… - especifiqué nerviosa pensando que podría haber sonado como si Jake viviera conmigo o algo por el estilo.

-Me alegro –Fue lo único que comentó.

Caminamos un rato en silencio hasta que volvió a hablar.

-Por cierto… Deberíamos quedar otro día para repasar algunos asuntos… legales. – me dijo alertándome–

-¿Legales? No me digas que tenemos problemas que me muero – dije preocupada.

Siempre habíamos sido muy cuidadosos con estas cosas, pero el gestor con el que trabajábamos antes, a pesar que ponía toda su buena voluntad, no era la persona más adecuada para llevar el volumen de trabajo que había llegado a generar el Sublime los últimos tiempos.

-No, no te preocupes – me dijo tranquilizándome – Es solo que ahora que vais a ampliar el negocio es conveniente volver a repasar reparticiones, clausulas, etc… Rutina. No te preocupes. – me explicó tranquilo.

Supongo que si él estaba tranquilo yo también tendría que estarlo.

-Oh, claro… tiene sentido. Pues, ningún inconveniente. Hemos quedado con Jake que esto va a tener prioridad… y aunque suponga que durante el tiempo que estemos hasta que abramos el nuevo restaurante yo esté un poco más ausente de las cocinas tengo libre disponibilidad para ausentarme para lo que sea necesario. – le expliqué – No le daré más dolores de cabeza a tú secretaria ni te haré madrugar de más para reunirte conmigo – me disculpé.

Había sido algo duro de aceptar que sería yo quién fuera a estar fuera de las cocinas para crear el nuevo restaurante durante todo este tiempo. Sabía que Jake aborrecía todas estas gestiones, yo también prefería cocinar a pelearme con publicistas, interioristas, arquitectos… con Edward… Jacob había delegado toda responsabilidad en mí haciéndome feliz por su confianza ciega, pero también me había quitado parte de mi felicidad cuando estaba al mando de un servicio. Aunque supongo que esos son los sacrificios que se deben hacer para un bien mayor. Conseguir un paso más en nuestro sueño.

-Vaya no suenas muy feliz. No sé si tomármelo como algo personal – comentó ligeramente.

-No, nada que ver. Digamos que preferiría estar cocinando antes que peleándome con el arquitecto, pero que se le va a hacer siempre he sido la valiente de los dos – contesté en broma intentando marcar los imperceptibles músculos de mis brazos. Entre la chaqueta y mi poca devoción al gimnasio sería un milagro que tuviera.

-Si no lo hubiera visto a él te creería. – se río de mí.

-Puedo ser pequeñita, pero tengo carácter. – afirmé.

-Créeme comienzo a no poner en duda ninguna de las dos cosas – afirmó mientras sacudía su cabeza.

-Tampoco soy tan bajita – dije poniéndome a su lado haciendo que él me mirara divertido – Bueno claro, yo no tengo la culpa que tú seas demasiado alto. – me defendí atacándolo un poco aunque a decir verdad no había absolutamente nada malo ni en su altura ni en su cuerpo perfectamente proporcionado.

¡Basta ya! Me recriminé mentalmente. Había conseguido casi llegar a destino dejando al margen esta atracción absurda que había sentido en el ascensor para que ahora me pusiera a pensar en su cuerpo.

-¿Giramos por aquí? – me preguntó sacándome de mis pensamientos pecaminosos sobre su cuerpo.

-Sí… de verdad que no está muy lejos ya puedo ir sola… No quiero molestarte más, es tarde y tú también querrás descansar – volví a insistir apenada por hacerlo recorrerse media ciudad a estas horas de la madrugada.

Él solamente sonrío y continuó la marcha sin inmutarse.

-Entonces… ¿Tu secretaria me dirá algo? – le pregunté. Al parecer también se había perdido en sus pensamientos porque me miró como si no entendiese nada – Para lo que tenemos que repasar… Esas cosas legales. – aclaré.

-Claro, sabiendo que tienes disposición le diré que sea para lo antes posible. – me contestó algo más serio.

-Es aquí – Anuncié al llegar a mi calle.

Era bastante larga. Era una zona residencial con una gran cantidad de apartamentos y casas de todos los tamaños y precios. Estaba bastante cerca de la zona del centro, pero no tenía ese bullicio intrínseco de la zona comercial y económica. Era un barrio ideal para los adictos al trabajo que necesitaban un respiro o para familias que necesitaban un poco de tranquilidad para criar sus hijos sin abandonar los privilegios de una vida en la ciudad.

-Vaya parece que el mundo vuelve a ser un pañuelo – comentó sorprendido.

-¿Por qué lo dices? – le pregunté extrañada.

-Digamos que al final resulta que sí que me has acompañado a casa… - ante mi cara de no entender ni una palabra prosiguió. – Vivo al final de esta calle. Me mude hace unos meses.

Edward Cullen y yo éramos vecinos.

-Vaya así que somos algo así como vecinos y algo así cómo compañeros de trabajo. – comenté confusa. Porque si había algo que hacía Edward Cullen era confundirme.

-Eso parece…. Eso parece. – me respondió también un poco desconcertado – Bueno ahora sí, Buenas noches Bella.

No se acercó para despedirse como si lo habían hecho Emmet, Alice o Jasper… cosa que agradecí. Si su mano provocaba escalofríos y su esencia me inundaba en un ascensor no quería saber que sería tenerlo tan cerca como requería un abrazo.

-Buenas noches. Y muchas gracias por acompañarme. Ha sido un detalle, de verdad – le agradecí, porque aunque pueda hacer las cosas por mí misma sentirte acompañada de vez en cuando es reconfortante. Especialmente a las tres de la madrugada en medio de la ciudad.

-Que va… Además debería darte yo las gracias. Habíamos quedado que eras tú la que me acompañabas a mí. – bromeó haciéndome reír.

-Y al parecer eso he hecho – comenté aun anonadada por como las casualidades parecían unirnos a Edward y a mí- Buenas noches – me despedí como única respuesta antes de darme la vuelta y entrar a mi bloque de pisos.

Mejor acabar con esto antes de que hiciera cualquier locura. Sus ojos me llamaban tanto como sus labios.

Y tanto como las ganas de tocar ese desordenado pelo o acariciar esos brazos para comprobar si eran tan fuertes como dejaba entrever esos trajes de infarto que llevaba siempre puestos.

Al final Rose tenía razón, admitía interiormente mientras subía por las escaleras, ya había tenido suficiente de ascensores por hoy. Mi vida amorosa era una mierda y la falta de ella estaba comenzando a perjudicar mi entendimiento.

Primero los encuentros esporádicos con Jacob con los que estábamos jugando con fuego con nuestra amistad. Después esta extraña atracción a primera vista que me había dado con Edward Cullen. Y para acabar de rematar mi incapacidad para sentir algo por la única persona de la ecuación completamente libre de problemas y que había dejado más que claro que quería tener algo conmigo, Caius.

¡Qué estaba mal conmigo!

¡¿Qué?!

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NA:

Bueno pues parece que algo comienza a moverse también en Bella… ¿Qué os ha parecido? No me puedo parar mucho a comentar porque he sacado un hueco para subir el capítulo, pero espero que os haya gustado y que me dejéis vuestras teorías en los comentarios.

Si no hay ningún otro contratiempo os espero el PRÓXIMO VIERNES con un nuevo capítulo.

Nos leemos en el próximo,

Saludos ;)