El trayecto
Emma había tenido que mostrarse paciente y hablar mucho para convencer a Regina de irse algunos días. La rubia detectaba más rápidamente las angustias de la joven, y cuando Regina vaciaba su pequeña maleta por tercera vez, negándose a ir a ver a su hijo, Emma le cogió las manos y la hizo sentarse en la cama.
-Sé que tienes miedo, pero quiero que olvides un poco ese miedo, ¿de acuerdo?
-Emma, no es algo que realmente puedas entender…
-Veo el amor que sientes hacia tu hijo y créeme, me gustaría haber tenido una madre como tú…euh… en fin…aunque te prefiero claramente como novia.
Regina esbozó una sonrisa y sacudió la cabeza de izquierda a derecha. La mujer fría estaba bastante lejos por ahora, y Emma lo apreciaba mucho. Depositó un rápido beso en la mano de la directora adjunta y continuó
-De verdad me gustaría conocer a ese renacuajo que fue dado a luz por una mujer fuerte y valiente. Quiero conocer a Daniel, quiero conocer más cosas sobre las personas que forman parte de tu vida para conocerte mejor.
La mirada de Regina vagó algunos segundos y asintió débilmente. Emma saltó de la cama y volvió a meter las cosas de la morena en su maleta antes de que pudiera cambiar de opinión.
Regina parecía feliz y angustiada a la vez, no podía evitar agarrar el volante con todas sus fuerzas. Emma se dio cuenta pronto y le cogió la mano para que se relajara. Enlazaron sus dedos aunque la morena lo encontraba un contacto demasiado íntimo. Y Emma abrió la ventana para que el aire fresco entrara en el coche. Subió el volumen de la música y comenzó a cantar a voz en grito. Regina se relajó y el coche se perdió por la carretera.
Hacia las cuatro de la mañana, Regina se detuvo en un área de servicio y despertó a Emma que se había quedado dormida.
-¿Hemos llegado?- preguntó la rubia sacudiendo la cabeza
-No, debe quedarnos alrededor de veinte horas de coche- resopló Regina estirando sus piernas-Necesito un café y desentumecerme las piernas- informó
-De acuerdo, voy contigo
Salieron del coche y el ruido de automóviles atravesando la noche tranquilizó a Emma. Se cerró el chaquetón de cuero y tendió la mano a la morena que le lanzó una mirada desolada. No había que pedir demasiado por el momento.
La estación de servicio estaba vacía a excepción del dependiente que las vio entrar con mirada indiferente. Regina pasó al baño mientras Emma se entretenía mirando los precios, uno más exorbitado que el otro, a lo largo de los estantes. Se inclinó uno poco más sobre los llaveros y divisó un pequeño cisne plateado que tenía las alas alzadas como para proteger a sus posibles polluelos. Lo cogió entre sus dedos y sonrió tontamente. Si ella fuera un cisne, habría podido cobijar a Henry bajo sus alas y arrullarse con Regina. Se sobresaltó al escuchar a la joven carraspear a su lado. Ella se enderezó y la morena le pasó un vaso humeante.
-¡Gracias!
-El vendedor nos mira atravesado…- murmuró Regina
-¡Sin duda porque siente envidia de que tú estés conmigo en lugar de con él!- bromeó Emma plantando sus labios sobre los de Regina que se tensó un poco. Emma retomó como si nada pasara.
-Por cierto, ¿dónde estamos exactamente?
-Hemos pasado Portland hace una hora- informó la antigua alcaldesa dirigiéndose hacia las mesas para sentarse y tomarse su café tranquilamente.
-¿Vas a seguir conduciendo veinte horas?
-Bueno, normalmente, en unas diez horas deberíamos estar en Washington DC, si te parece bien, podríamos detenernos allí y pasar el fin de semana y para dormir un poco. Volveremos a la carretera a las ocho de la mañana.
-¡Podríamos pasar cerca de monumentos importantes y comer en un restaurante por primera vez!- se animó la más joven poniéndose derecha en la silla.
Regina sonrió tiernamente
-¿Por qué no?
Retomaron el camino y cuando se metió las manos en los bolsillos, se dio cuenta de que aferraba el pequeño cisne en su mano.
-¡Mierda! ¡He robado una cosa!- gruñó con expresión de pánico
Regina le lanzó una rápida mirada y cogió el pequeño llavero. Introdujo su dedo corazón en el aro para que el cisne recayera en el hueco de su mano.
-Swan…- murmuró ella para sí misma
-¡Joder, no le he hecho adrede!
-Bueno, de todas maneras, no voy a dar media vuelta y esto simboliza bien nuestro viaje: algunos instantes robados.
Emma desorbitó los ojos.
-¿Quién es usted y qué ha hecho con Regina Mills?
-¡Me hace falta un llavero!- replicó la morena deslizando el cisne en su bolsillo.
Los labios de Emma se abrieron en una sonrisa. Tenía la impresión de que un ciclo se había cerrado. Regina le había dado un llavero para que ella sintiera en casa por primera vez en su vida, y a su vez la rubia le ofrecía un llavero, el día en que finalmente se había ganado la confianza de la "Evil Queen"
Regina conducía prudentemente, hacía pausas regulares y se comportaba como mujer responsable. En cuanto a Emma, no dejaba de mirarla pensando en su historia, en esos hombres que habían conmocionado su vida, en su madre que había negado el dolor de su propia hija y agravado sus heridas psicológicas. La mayor parte del tiempo, lo que le venía a la mente era hasta qué punto Regina Mills estaba rota y frágil, y paradójicamente, fuerte y llena de vida.
Horas más tarde, llegaron a Washington y su primera acción fue encontrar un hotel para la noche.
-Conozco un hotel, pero no recuerdo muy bien…su ubicación- resopló Regina girando el volante una enésima vez. -¡Ah! ¡Ahí está!
Emma abrió los ojos como platos.
-¿El hotel Watergate? ¡Joder!
-¡Emma!- gruñó Regina
-¡Eh, bah, los profes lo ganan bien!
-¡Te recuerdo que fui alcaldesa de una ciudad y que no solo soy profesora! ¡También soy directora adjunta!- Ante la mirada perpleja de Emma, añadió –Y para no esconderte nada, mi padre nos dejó a mi hermana y a mí una considerable fortuna…
Escrutó un poco más la calle y resopló tan bajo que a Emma le costó entender
-…lo que disgustó enormemente a mi madre
-¿Por qué no te serviste de ese dinero para vivir con Narcissa?
Regina suspiró y Emma creyó que ya estaba harta de responder a sus preguntas, pero en realidad, la morena solo estaba perdida. Esas palabras, nunca las había dicho, así que sacarlo todo de una vez le era difícil.
-Porque tuve el dinero mucho más tarde, según los deseos de mi padre- respondió ella
Emma carraspeó y se hundió en el asiento. Decidió cambiar de tema.
-¡Es uno de los hoteles más caros de Washington!
-¿Cómo lo sabes?
-Euh…Ruby y yo nos divertíamos buscando los hoteles más lujosos en Internet diciéndonos que un día nos pagaríamos una noche en uno de ellos.
La morena sonrió sacudiendo la cabeza, ¡esas dos le harían las mil y una por mucho tiempo!
-¡Bien, pues hecho! ¡Dormiremos en ese!
-¡Genial!
Emma tenía la impresión de caminar sobre lingotes de lo lujoso que parecía el hall del hotel. El suelo de baldosas negras sobresaltaba gracias a las paredes engastadas de barras de metal dorado que dibujaban curvas suntuosas. El mostrador parecía iluminar la estancia y las recepcionistas que las recibieron con una encantadora sonrisa eran ejemplo de gran profesionalidad.
Regina reservó una habitación con vistas a la Theodore Roosevelt Island y esperó los papeles para poder subir a su suite.
-Creo recordar una piscina magnífica en su hotel, ¿aún está?- preguntó firmando el registro.
-Efectivamente tenemos una piscina, ¿quiere la llave para poder acceder?- preguntó la recepcionista con una ligera sonrisa
-Por favor, sí
-¡No tengo bañador!- susurró Emma ya desilusionada por no poder disfrutar de esa opción.
-¡Podemos darle uno, señorita, si lo desea!-propuso amablemente la joven que imprimía los papeles.
-Euh…sí…sí gracias- contestó ella
-Todo arreglado, señorita, aquí tiene su tarjeta para la puerta y está es la de la pisicna. Danny las acompañara a su habitación, si lo desean.
-¡Gracias!
Regina se giró hacia el hombre que ya llevaba los bolsos de las dos mujeres.
Él las guió hacia el ascensor cuyo suelo era de mármol pulido mostrando el lujo del hotel.
Desde la confesión de Regina, Emma estaba fijándose en algunas cosas que nunca se le había pasado por la cabeza: en primer lugar, con los hombres, la morena siempre se las apañaba para no estar en posición de debilidad, ella no había dejado subir al mozo tras ella en el ascensor, sino que se había colocado de forma en que pudiera siempre tener un ojo sobre él.
La víspera, en el bar, nunca hubiera dejado que Will Scarlet fuera más lejos, y si Regina había colocado su mano sobre la del profesor de deporte era para tener el control.
Y estaba esa expresión glacial y feroz que a menudo enarbolaba Regina; después de todo, ¿quién se acercaría una criatura peligrosa lista para herirte mortalmente? Emma sonrió una vez más cuando una pequeña voz le susurró «Yo»
Al salir del ascensor, Emma reflexionó sobre otra cosa y una nueva evidencia se impuso: comprendía mejor esa reticencia a demostrar gestos tiernos pues para la morena eso quería decir darse un poco más y las únicas veces en que lo había hecho, no había recibido sino golpes y violencia verbal, Emma debía probarle lo contrario.
En el pasillo que las llevaba a su habitación, Emma no pudo evitar fijarse en los cuadros que debían también ser carísimos. Su acompañante dejó el equipaje en la entrada de la habitación y desapareció discretamente.
-¡Por Dios! ¡El sofá debe valer, él solo, mi paga de todo un año!- resopló la rubia acariciándolo dulcemente. Como si tuviera miedo de ensuciarlo.
-¿Te gusta la habitación?- preguntó Regina quitándose los zapatos
-¡Gina, es de locos! ¡Me hubiera encantado vivir en este lujo!
Emma saltaba por aquí y por allá lanzando pequeños grititos en cuanto descubría algo. Corrió para ir a ver el cuarto de baño y le pidió a Regina que fuera rápidamente.
-¡Emma, deberías asearte!- le dijo amablemente la morena entrando
-¡Mira el espejo!- gritó Emma
-Sí…es un espejo
-¡No! ¡No! ¡Es redondo!
Regina miró a la joven como si de repente se hubiera vuelto una deficiente mental.
-¡En fin, Gina! ¡Ponte delante!
La morena reviró los ojos y suspiró poniéndose delante
-¡No, no veo!
-Repite conmigo: «¡Espejo!»
-¡Es ridículo!- murmuró ella. Entonces, ante la mirada contrariada de Emma, añadió colocando las manos en sus caderas –Espejo…
-«¡Espejo!»- repitió Emma
-¡Ya lo he dicho!- replicó la de más edad
-¡Dilo otra vez! ¡Hay que decirlo dos veces!
-Bufff ¡Espejo, espejo!
-«Dime quién es la más hermosa»
«Dime quién es…no, ¿te estás riendo de mí? ¡Yo no soy la Evil Queen!- gruñó Regina comprendiendo inmediatamente
-Bueno, hay algo en ti que me hace pensar en ella. Y además, el espejo es casi el mismo que en Blanca Nieves.
-¡Eres realmente una niña!- refunfuñó la morena volviendo a la habitación.
Emma se giró rápidamente y la atrapó por la cintura pegando su pecho en la espalda de la morena. La colocó frente a la panorámica y posó su mentón en su hombro para admirar el paisaje ante ella
-¿Estás contenta de ver a tu hijo mañana?
-¡Por supuesto!- sonrió tiernamente Regina –Es más, debería avisar a Daniel. Voy a llamarlo. Ve a ponerte el bañador, después disfrutaremos de la piscina caliente.
-¡Genial!
Regina marcó el número que se conocía de memoria y esperó pacientemente a que alguien descolgara. Al cabo de varios tonos, una voz grave y agradable le respondió.
-¿Diga?
-Soy yo
-¡Oh! Hola «yo»- bromeó Daniel tiernamente -¿Cómo estás?
-Estoy…bien. ¡Estoy en Washington!
Regina miró la vista de Theodore Roosevelt Island y a las personas que corrían para sacarse un montón de fotos inútiles.
-¿Llegas mañana?- se asombró Daniel, sorprendido de que no le hubiera avisado sino en ese momento.
-Sí, espero que no te suponga problemas
-¡Regina, es tu hijo! Lo puedes ver cuando quieras y siempre serás bienvenida, ¿cuántas veces tengo que decírtelo?
La joven sonrió, era consciente de eso, pero no quería aparecer en mal momento, y sabía bien que si no lo había avisado, Daniel se lo podría echar en cara y haberle dado un montón de excusas de que la casa estaba desordenada, que su habitación no estaba lista…
-Lo sé, Dan. Lo sé. Yo…esta vez no estaré sola.
Hubo un pequeño silencio al otro lado de la línea y Regina frunció ligeramente el ceño. Debía ser extraño para Daniel, nunca había llevado a nadie.
-¿Ah sí?- dijo finalmente
-Euh…sí
-Y…¿debo preparar una o dos habitaciones?
Regina reflexionó rápidamente, no podía pedirle a Emma que durmiera en otra habitación ahora que habían franqueado una etapa. Pero por otro lado, no sabía cómo decírselo a Daniel. ¿Debía decirle que no debía preparar sino una habitación para no sobrecargarlo de trabajo o decirle sencillamente la verdad? Él la llamó al otro lado de la línea y ella sacudió la cabeza.
-¡Una sola!- exclamó de repente
-Bien, tengo ganas de ver eso
Tras él, Henry apareció con una discreción total, aunque Regina también lo escuchó
-¿Quieres hablar con él?- peguntó Daniel lo bastante bajo para que solo su amiga escuchara.
-¡No, si no, le voy a estropear la sorpresa! ¡No le digas que he llamado!
-¡De acuerdo, buenas noches!
-Buenas noches, Daniel
-¡Hey!- dijo él antes de que ella colgara
-¿Sí?
-Estoy contento por verte mañana
Ella sonrió y colgó suavemente. Mantuvo su sonrisa fija algunos instantes antes de que Emma se uniera a ella, duchada y cambiada. Se había puesto un albornoz blanco que le daba un aire de un pequeño ángel adormilado.
-¡Bueno! ¡Vamos a la piscina!- canturreó ella
-¡Vamos!
La piscina se reveló como un nuevo éxtasis para la rubia que nunca había visto semejante belleza. El suelo de granito oscuro contrastaba con las paredes de hormigón emblanquecido. A algunos metros del suelo, las cristaleras daban una panorámica del exterior. La piscina, habitualmente de azul, había sido pintada de verde, lo que le daba un aspecto natural. Emma se sentó en el borde mientras que Regina se hundía para hacer algunos largos. No había que cegarse, Regina tenía realmente un cuerpo bien hecho. Un vientre plano, un pecho firme, finos brazos que cortaban el agua con cada movimiento, y piernas musculadas y ligeras, todo un placer para la vista.
Ya eran las cinco, sin embargo, nadie vino a molestarlas, tenían la piscina para ellas solas. Cuando Regina acabó su sexto largo, cruzó los brazos al lado de las piernas de Emma y se sujetó al borde.
-¿No estás muy cansada?- preguntó Emma sacudiendo ligeramente los pies para hacer ondas que turbaban la calma de la superficie del agua.
-Confieso que iría a acostarme ahora mismo, pero es una pena estar en Washington y no visitar nada- suspiró la ex alcaldesa contrariada.
-¡Hemos pasado por delante de los monumentos en el coche, te aseguro que es suficiente! ¡Volveremos otro día! ¡Visitaremos todo a fondo! ¡Con Henry!
Regina alzó la mirada hacia su compañera y sonrió tristemente.
-¿Sabes? Con Henry, no será posible…No podrá vivir conmigo antes de…¡dentro de bastante tiempo!- dijo desolada
-Pero…hace años que Cruella no ha contactado contigo, a lo mejor, ha abandonado la idea…¿no crees?
-No, Emma. Es seguro, la conozco demasiado…No es más que una cuestión de tiempo.
Emma bajó la mirada, triste de repente. Se contuvo y atrapó el mentón de su compañera para posar sus labios en su frente. Vio la marca que le había hecho a Regina la víspera, y la acarició con la punta de sus dedos, comprendiendo finalmente su furia por haber sido marcada por alguien.
-Lo siento por esto- dijo finalmente cruzándose con su mirada -¡No debí hacerlo! No eres mi propiedad y yo…no quiero encerrarte…eres libre…totalmente…
Regina se ayudó de los brazos para retroceder hasta el centro de la piscina y le lanzó una mirada apacible a Emma.
-¿Y si vamos a descansar un poco?- propuso la rubia levantándose, esperando a Regina con su albornoz en la rampa de salida.
-Deberíamos pasar por el restaurante- sugirió Regina atándose el albornoz
Emma estaba contenta de salir con Regina en total libertad, ella quería cogerle la mano, besarla en la calle, hacer todo lo que una pareja normal hacía, pero se refrenó un poco.
En el restaurante, Regina pidió un vino y se miraron durante un gran rato antes de lanzarse sobre su plato.
-No debe ser fácil para ti- constató de repente Regina mientras se tragaba el contenido de su tenedor.
-¿De qué hablas?
-No puedes hablarle de tu novia a Ruby o Belle, no puedes hablarles de esta pequeña excursión.
-¡No es grave!
-Sí, pero, cuando quieras hablar de ello cuando nos peleemos, ¿hacia quién te dirigirás?
-Está Alice, no es como si no tuviera ninguna opción
Regina inclinó la cabeza encogiéndose de hombros.
-¡Es verdad!- concedió
-¡Pero encuentro esto genial! Estar en un restaurante las dos, degustando una comida maravillosa y un buen vino francés…
-Italiano- corrigió Regina
-Italiano, vale. ¡Es guay!
Regina no pudo evitar sonreír y acabaron la comida antes de volver al hotel para dormir.
Regina, como todas las noches, le dio la espalda a Emma para dormirse, pero Emma se acercó a ella para pasar un brazo alrededor de su cintura. Normalmente, ella no soportaba ese contacto mucho tiempo, pero esa noche, reposó su mano sobre la de Emma que estaba apoyada en su vientre y entrelazo sus dedos dulcemente. Sintió a Emma sonreír detrás de ella y en recompensa, recibió un beso en la nuca.
Al día siguiente, Regina fue la primera en abrir los ojos y notó inmediatamente el perfume de la joven llenar sus fosas nasales, se dio la vuelta para encontrarse a la rubia dormida, su camiseta ligeramente alzada desvelando su vientre plano. Regina se esforzó para no depositar un beso sobre la piel dorada y prefirió levantarse para ir a refrescarse en una ducha.
Retomaron camino una vez que Emma se hubo dignado a levantarse.
Regina se obligó a no sobrepasar los límites de velocidad, pero cuando sobrepasaron Jacksonville, no pudo evitar pensar que estaba a menos de una hora de su hijo.
En cuanto a Emma, sentía la angustia aposentarse en sus entrañas, ¿y si no le caía bien al niño? ¿Y si todo eso acababa por alejar a Regina?
Pegó su frente al cristal. En el exterior, el paisaje había cambiado, las palmeras bordeaban las calles dando al conjunto un aspecto exótico en medio de rascacielos y edificios municipales. Emma nunca había puesto un pie en Florida, pero tenía que confesar que ese lado de vacaciones eternas la llamaba enormemente.
-¿Dónde viven?- preguntó Emma al ver a Regina inclinarse para mirar los paneles más de cerca.
-Daniel tiene una casa en la playa. Justo al lado del faro, es magnífico, ya verás.
Emma divisó rápidamente el faro que se parecía al tronco de una caña de azúcar, a excepción de que el fuste era negro y blanco, tenía un lado siniestro que Emma no habría sabido explicar. Se concentró en el camino que tomaba ahora su compañera.
Antes de que pudiera calmar su angustia, el Mercedes se detuvo en una alta verja. Las puertas se abrieron con un chirrido estridente para dejarlas pasar. Se detuvieron frente a un pequeño castillo que parecía datar del siglo XVIII. Emma no tuvo tiempo de observar con atención la arquitectura, pues un grito interrumpió sus pensamientos.
Un niño con los cabellos negros como el jade corría hacia el coche gritando. Regina se dio prisa en salir y tendió los brazos para acoger a su muchacho. La morena lo estrechó muy fuerte contra su pecho y le acarició la espalda durante largos minutos.
Emma salió discretamente del coche y observó la interacción entre madre e hijo.
Un hombre apareció en el umbral de la puerta y se apoyó en el marco mirando la escena. De repente, él reparó en Emma y frunció el ceño. Avanzó y tendió una mano callosa hacia la joven.
-Buenos días, soy Emma, la…euh…la novia de…de Regina- tartamudeó ella no sabiendo muy bien si le tocaba a ella hacer ese tipo de presentación.
-¡Yo soy Daniel!- fue lo único que dijo él
¡Qué recibimiento! Pensó Emma sintiendo que se ponía colorada.
-¡Encantada!- respondió ella retrocediendo dos pasos.
-¡Mi ángel, voy a decirle buenos días al tío Daniel!- murmuró Regina dejando a su hijo en la grava.
Ella tomó en sus brazos a su antiguo amor de juventud y el apretón duró algunos segundos. Daniel era un hombre guapo, sus ojos azules pasaban como rayos X sobre todo lo que se encontraba en su campo de visión. Llamaban enseguida la atención por su claridad. Su mandíbula bien dibujada le daba un aspecto determinado y su barba de tres días era indudablemente sexy. Su nariz fina encajaba perfectamente con su boca y Emma comprendía perfectamente cómo Regina había podido caer bajo su encanto. Él soltó el agarre y cogió el rostro de su amiga entre sus manos.
-¡Qué bueno verte!- murmuró sonriendo
Henry avanzó hacia Emma y le tendió la mano como había hecho Daniel segundos antes.
-¡Mamá nunca viene con nadie!- le informó
-¿Ah no?
Él asintió y le lanzó una mirada interrogadora.
-Soy…Emma Swan.
Ella hizo una mueca, vaya idea decirle el apellido a un niño que solo debía llamar a sus coleguitas por su nombre de pila.
-Yo soy Henry Mills. ¿Qué haces tú aquí?
Emma frunció el ceño y se giró hacia Regina y Daniel para obtener algo de ayuda frente a las preguntas del muchacho.
-Henry, más tarde le harás tus preguntas, sube a enseñarle a tu madre tu nueva habitación- intervino el antiguo palafrenero.
Los ojos del niño se abrieron y cogió la mano de la morena para llevarla al interior. Emma se encontró sola con Daniel y un pesado silencio se hizo.
-Así que, ¿cuántos años tienes?- preguntó Daniel carraspeando
-Diecisiete
-Ah vale, de acuerdo
Emma se pellizcó los labios y comenzó a lamentar haber ido. Aparentemente, Daniel no veía con buenos ojos su relación con Regina. De repente, Emma se preguntó cómo él podía encargarse del hijo de su hermano. Hijo que había sido concebido a través de una violación. Henry, sin duda, tendría que recordarle esa noche en la que él no había ido a encontrarse con su novia, esa misma noche en la que su hermano lo había traicionado de una de las maneras más odiosas que pudieran existir.
-Entonces…tú…¿cómo os habéis conocido?-preguntó él metiéndose las manos en los bolsillos
-Euh…soy una de sus alumnas, pero…hemos vivido algunas cosas…en fin…¡es…complicado!
-Ya…y como si nada, ¿te ha traído así como así?
-Me ha contado su historia y yo quería conocer a Henry, así que…hemos decidido venir
Él frunció el ceño, con una expresión perpleja en el rostro que Emma hubiera querido hacer que se tragara.
-¿Qué te ha contado?- preguntó él tras un tiempo infinito
-Todo- replicó ella en un tono frío mirándolo fijamente a los ojos.
Él tosió, visiblemente incómodo.
-¿Y hace cuánto tiempo que estáis juntas?
-Daniel, yo responderé a tus preguntas, ¡deja a Emma tranquila!- gruñó amablemente Regina que acababa de aparecer en el umbral de la puerta.
Entraron en la casa donde Henry les esperaba impaciente. Él escrutó a Emma sin ningún comedimiento, dejando a la chica algo incómoda. Parecía que Daniel y él estaban completamente en contra de esa intrusa en sus vidas.
-¿Queréis beber algo?- preguntó Daniel cruzando sus brazos sobre su pecho
-¡Prepárame uno de tus famosos cafés!- casi suplicó Regina
-Un vaso de agua- se conformó en responder educadamente la rubia
Regina se dio cuenta del malestar que reinaba en la estancia y consoló a Emma con una mano en su espalda.
-Mamá, hay una nueva charca en el jardín, ¿quieres venir a ver?- preguntó Henry saltando sobre sus piernas.
-Sí, vamos. ¡Emma, ven!- llamó la ex alcaldesa tendiéndole una mano.
Henry estaba contrariado porque Emma se inmiscuyera en sus planes y tiró un poco más fuerte del brazo de su madre. Una vez en el inmenso jardín, el muchacho echó a correr para llevarlos hacia una charca de considerable tamaño.
-¡Henry!- llamó Regina. Al ver que él no la miraba, sintió su corazón dar un salto en su pecho.
-¡Ratoncito, ven acá!
Él se sentó en el banco
-Lo siento, mi ángel, no te he presentado a mi amiga
-¡Se llama Emma Swan!- dijo él orgullo, demostrando que ya conocía el nombre de la intrusa.
-Sí, eso es- Regina no sabía cómo continuar con el asunto, nunca había presentado a nadie a su hijo y mucho menos a alguien tan joven.
-¿Es tu amiga?- preguntó de repente el niño frunciendo el ceño
-Euh…es…es un poco más que eso…- murmuró Regina, incómoda de repente por la presencia de Emma. Le hubiera querido decir eso en privado, después de todo, jamás le había dicho esas cosas a Emma…
-¿Tu mejor amiga?- intentó el pequeño moreno.
Emma rio dulcemente al lado de Regina, pero se llevó un oscura mirada por parte de Mills.
-¡No…es complicado, ratoncito!
-¿Complicado?- preguntó Emma divertida
-¡Pero yo soy el mejor de mi clase, mamá!- argumentó el pequeño
-Hum…sí, es verdad- ella soltó un gran suspiro y se mordió la mejilla antes de responder –Emma reemplaza un poco a Narcissa, ¿comprendes?
Los ojos de pequeño se abrieron de estupor y bajó del banco para dirigirse hacia Emma. La empujó violentamente para alejarla de su madre.
-¡Déjala tranquila!- gritó él antes de escapar corriendo.
Regina, con una expresión de horror en su rostro, se pinzó el puente de la nariz con la ayuda de su índice y pulgar.
-¿En serio? ¿Me acabas de comparar con Narcissa?- soltó Emma
-Realmente no había pensado en…yo no pensaba que él…¡me expresé mal!- murmuró avergonzada –Bueno…voy a hablar con él a solas, espera aquí
Ella se levantó y fue con su hijo que se había sentado en el suelo y estaba arrancando furiosamente briznas de hierba.
-¡Henry!- lo llamó dulcemente para que él la mirara.
Él alzó su pequeño rostro turbado hacia ella y sintió su corazón romperse en su pecho. Era tan pequeño para comprender todo eso…
-No te pongas así, mi ángel, voy a explicarte
-¡No quiero que ella te haga daño!
-Por supuesto que no, ratoncito
Ella lo colocó sobre sus piernas y le quitó la hierba pegada a sus palmas. Se tomó un tiempo antes de darle una explicación, intentando encontrar las palabras correctas.
-Emma es…mi enamorada. Pero una enamorada buena, no como Narcissa
-Pero has dicho que…
-Me he expresado mal, te aseguro que no es como Narcissa, ella solo es…mi enamorada.
-¿Es buena?- preguntó suspicaz
-¡Oh sí! ¡Es la enamorada más buena que existe!
Él pareció de repente triste y se aferró al cuello de su madre
-¿Vas a hacer otro niño?- preguntó de repente
-Por supuesto que no, Henry, tú eres mi pequeño y no voy a reemplazarte, ¡así como tú no me sustituirás jamás!
Él pareció tranquilizarse inmediatamente, pero mantuvo la cabeza pegada al pecho de su madre. Regina le hizo señas a Emma para que se uniera y la joven se dejó caer en la hierba a su lado. El muchacho la miró mientras seguía jugando con el collar que llevaba su madre, la cuestionó
-¡Mamá me ha dicho que eras buena!
Emma tenía la impresión de estar pasando un examen frente a un consejo de disciplina, se forzó para no reír.
-Sí, supongo
-¿Eres la enamorada de mamá?
Emma lanzó una mirada a Regina y no pudo contener una pequeña sonrisa bobalicona.
-¡Sí, eso es!
-¿Le vas a hacer daño?- preguntó de repente el chico con una expresión seria y triste pintada en su rostro
Emma tuvo la impresión de recibir en plena cara un cubo de agua helada.
-¡Por supuesto que no! ¡Jamás! ¡Lo juro por Dios y que me caiga un rayo si miento!- prestó juramento avanzando su meñique hacia Henry.
Él clavó su mirada en la de ella y avanzó su pequeña mano para hacer el juramento en regla.
Regina depositó un beso en lo alto de su cabeza y disfrutó de ese primer contacto.
-¿Te gustan los marinos?- preguntó él frunciendo el ceño, suspicaz.
Emma arqueó las cejas como si no creyera lo que oía.
-¿Estás de broma, chico? ¡Los piratas son mucho mejor!
Regina supo en ese momento preciso que Henry no podría sino adorarla.
Comenzaron a charlar sobre piratas, y del Capitán Garfio en particular, Henry intentó impresionarla diciéndole que tenía una figurita en su habitación que reía como un autentico pirata.
Regina los dejó en su conversación y se unió a Daniel que los observaba desde la parte de atrás de la casa.
-¡Entonces, una de tus conquistas!- dijo él tendiéndole una taza de café.
Regina se sentó en los escalones de piedra y apretó la taza.
-¿He traído alguna de mis conquistas aquí?
Él se sentó a su lado.
-¿Pareces seria?
-Lo estoy, ¿qué hay de asombroso?- preguntó ella frunciendo el ceño
-¡Nada, solo que es muy joven y parece una verdadera gallinita!
Regina reviró los ojos
-¿Gallinita? ¡Pasas mucho tiempo con mi hijo!- se burló la morena
-¡Eso no tiene nada que ver con que sea muy joven!- retomó Daniel que no quería, visiblemente, cambiar de tema.
-¿Qué intentas decirme, Dan? Me gustaría que fueras un poco más claro- dijo ella en un tono frío que lo hizo estremecerse. No le gustaba pelearse con ella.
-¡Me pregunto si sus espaldas soportarán todo esto!
Regina frunció el ceño.
-Ya está al corriente de todo, Daniel. Conoce mi pasado, está al corriente de lo de tu hermano, de lo de Henry, de lo de Cruella. ¡Lo sabe todo!
-Sí, pero desde cuándo lo sabe
-Algunos días…¿ayer?
Daniel se levantó, incapaz de quedarse sentado ante la falta de discernimiento de la morena.
-Es fácil llevar ese secreto durante algunos días, pero ¿qué hará ella cuando quiera irse de vacaciones y tú te niegues por miedo a que Cruella te encuentre? ¿Qué va a pensar ella cuando tenga que estudiar en la otra punta del país y tú no puedas nunca ir a verla? ¿Qué dirá el día en que quiera casarse contigo y tú no puedas publicar las amonestaciones? ¡Cuando su familia quiera conocerte, no comprenderán por qué dejas a tu hijo viviendo con un hombre a miles de kilómetros!
Regina apartó la mirada de su hijo para encarar a Daniel que subía el tono cada vez más.
-¡Para! Aún no estamos ahí y…
-Pero es ese el problema, Regina, hay que pensar en ese tipo de cosas. ¡No puedes vivir tus relaciones como todo el mundo! ¡Al azar! ¡Tiene que ser planeado!
Regina dejó su taza en la mesa para no tirarla.
-¡Daniel, nadie vive una relación como esta! ¡Nadie! ¡Estoy harta de estar sola, de no ver a nadie por Navidad, de sufrir la ausencia de mi hijo! ¡Estoy harta de vivir día tras día sin tener una meta precisa! ¡Quiero construir algo, quiero…ella me aporta mucha felicidad, serenidad! ¡Había olvidado hasta qué punto era bueno atravesar el país entero para ver a mi hijo! ¡Antes solo contaba la partida y la llegada! ¡Ahora, está el viaje! ¡Voy a construir algo y te aseguro que sus espaldas pueden aguantarlo!
Daniel se puso a gritar, fuera de sí
-¡Lo sabe desde hace dos días, Regina!- gruñó Daniel poniéndose delante
-¡Qué lamentes no tenerme ya no quiere decir que tengas que impedirme vivir mi vida!- escupió ella malvadamente
Daniel iba a replicar, pero se quedó quieto mirando algo por encima del hombro de la morena. Ella se giró para ver a Henry y a Emma dados de la mano que los miraban sin comprender.
-¡Creo que se os oye desde la otra punta del jardín!- informó Emma mirándolos a los dos por turno.
Regina sintió nauseas y prefirió darse la vuelta para alejarse adentrándose en el jardín.
-Henry, veremos tus piratas más tarde, ¿te parece?- preguntó Emma
Él asintió tristemente y ella caminó para encontrar a su compañera.
-¡No, déjala!- intervino Daniel con voz dura
-¡Creo que haré lo que quiera!- replicó ella lanzándole una mirada asesina
Ella corrió para alcanzar a la morena que se detuvo delante de un imponente manzano.
-¿Has escuchado todo?- preguntó Regina que se contenía para no llorar.
-No, todo no.
Emma reposó su cabeza en su hombro y la rodeó con sus brazos.
-Solo escuché que yo estaba al corriente desde hacía dos días, ¿hay algún problema con eso?
Regina notó la angustia subirle al pecho y se giró rápidamente para encarar a la rubia.
-¿Quieres una vida conmigo? ¿Soportarías una vida conmigo?
-¿Perdón?
-Se supone que debería saber responder a este tipo de cosas. Incluso antes de salir contigo, habría debido hacerme preguntas sobre nuestro futuro, es…¿es algo serio para ti?
Emma no se creía que lo que estaba escuchando, parpadeó varias veces antes de asentir.
-¡Regina, evidentemente que es serio! ¡Estoy en medio de tu jardín en Florida! ¡Acabo de conocer a tu hijo! ¡Tu hijo, Regina!
-Sí, pero…de momento es el misterio, es muy excitante porque no hay peligro y…
-¡No veo nada excitante en el hecho de que una mujer esté separada de su hijo porque una loca quiere matarlos! ¿Cómo puedes imaginar eso?- la sermoneó dulcemente la rubia
-¡Jamás me voy de vacaciones!
-¿Hein?
Emma retrocedió, no comprendía nada y sentía que algo se le escapaba.
-¡Nunca salgo de vacaciones porque es en esos momentos que Cruella podría encontrarme!
Emma comprendió finalmente y se encogió de hombros, era hora de apaciguar el pánico que estaba transformando a su morena en una bola de nervios.
-¡Muy bien! ¡Vendremos aquí!
-¡No podría ir a verte cuando estés en la universidad!- anunció Regina
-¡Seré policía, no son necesarios estudios superiores!- replicó Emma
-Y el día en que quieras presentarme a tu familia y que…
-¡Stop! ¡Mi familia son Belle, Ruby, August y los chicos! ¡No necesito la bendición de mis padres!
-Y en cuanto a la boda, yo…
-¿La boda? Espera, estamos juntas desde…¿más o menos cuatro meses? ¿Piensas en boda?
-¿Hein? ¡No! Pero Daniel ha…
-¿Daniel piensa en boda?
-¡Emma!- sermoneó Regina
-Regina, espera, calmémonos, ¡estás diciendo cosas sin sentido! ¿Dónde está el problema para Daniel? Porque aparentemente viene de ahí- adivinó ella
-No es un secreto fácil de guardar, no es un secreto sencillo para saberlo llevar día a día y…es algo difícil de comprender…En dos días no has visto nada de todo esto…
-¡Regina, comprendo, y te quiero lo suficiente para pasar esas etapas contigo y si un día debe acabarse lo que hay entre tú y yo, no voy a contarle esto a nadie!
Regina sintió un huracán elevarse en su caja torácica, el miedo atroz de que Emma esté en tal posición de fuerza la hizo recular físicamente. No comprendía cómo había podido darle un poder tan grande a una joven de diecisiete años. Emma pareció comprender el torbellino de ideas que germinaba en la mente de la morena y prefirió cortar por lo sano.
-Gina, al principio tuve miedo de toda tu historia, pero estoy dispuesta a todo por ti, estoy preparada para vivir esta vida, contigo. ¡Te quiero lo suficiente para ello! Pero…honestamente, deberíamos ir paso a paso, estamos juntas desde hace cuatro meses, no vamos a meter presión. Vamos a seguir hacia delante, y cuando las grandes preguntas existenciales nos caigan encima, nos tomaremos el tiempo para pensar en ellas, juntas. Y…sí, soy joven, sin duda demasiado para comprenderlo todo según Daniel, pero estoy convencida de haber vivido cosas que muchos jóvenes de mi edad no han vivido y quizás ni vivan nunca.
Regina entrecerró los ojos y sintió el huracán marcharse como había llegado. Ahí estaba por qué confiaba en esa joven, tenían heridas similares.
Enlazaron sus dedos y se dirigieron hacia el castillo. Regina fue a ver a Daniel mientras que Emma descubría el mundo pirata de Henry.
Regina empujó la puerta de la cocina y encontró a su antiguo novio preparando la cena.
-Lo siento- murmuró ella cuando se cruzó con su mirada
-¡No! No eres tú quien debe sentirlo, soy yo…solo tengo miedo por ti, Regina.
-Lo sé, pero…te aseguro que Emma es alguien de bien, con los pies sobre la tierra y…he intentado relaciones con otras mujeres. Una en particular y…¡no funcionó! Chloè no era la que podía acompañarme en esto. Ella no podía comprender todo esto y es más, no está al corriente de Narcissa.
-¿Confías en Emma?
-Sí
-¿Ha sabido bajar todas tus barreras?
-Sí
Daniel esbozó una sonrisa y la tomó entre sus brazos. La retuvo un momento contra él. Estaba orgulloso de ella. Orgulloso de la mujer en que se había convertido y orgullo de ver que había encontrado la felicidad.
-Ella me ayuda a reconstruirme, Daniel
Él la soltó y escrutó su rostro. Efectivamente había algo diferente, ya no había tristeza en el fondo de sus ojos.
-Mamá, ¿Emma va a dormir con nosotros?- preguntó de repente la voz de Henry que entro en la cocina.
-Euh….¡Creo que no! La primera noche, siempre duermo con Henry para…es un ritual que hemos establecido, entonces…
-¡Ningún problema, un ritual madre /hijo no se cambia!- dijo Emma despeinando los cabellos del muchacho
-¿No te molesta?- preguntó sinceramente Regina
-¡Gina, es vuestro ritual!- dijo con falsa ofuscación Emma mirándola
Los labios de la morena se extendieron en una sonrisa.
-Bien, será como siempre, mi ángel. Tú y yo.
-¡Guay!
-¿Guay? ¿Quién te ha enseñado esa palabra?- preguntó Regina asombrada
-Emma- denunció el muchacho sin ningún remordimiento.
-¡Eh! ¡Gracias, chico!
-¡Miss Swan, le estaría agradecida si no le enseña tonterías a mi hijo!
-¡Yo le estaría agradecida si se relajara un poco!-imitó Emma -¡Podría enseñarle cosas peores!- amenazó amablemente la rubia.
Era la primera vez en la vida que Daniel veía que alguien se enfrentaba a Regina.
-Henry, ¿no te parece que con esa mirada tu madre se parece a la malvada reina de Blanca Nieves?
-¡Oh, sí!- exclamó Henry –¡Mamá! Te pareces a la malvada reina de…
-¡Basta los dos!- se exasperó la joven revirando los ojos
A la vez, Emma y Henry respondieron
-¡A sus órdenes, Majestad!
