Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooooola de nuevo!

¿Queda alguien por aquí? O ya ha pasado tanto tiempo que habéis abandonado el barco xD Si no es así muchas gracias por estar aquí, una vez más.

Os traigo, aunque muuuuuuy tarde, una nueva actualización del FIC. Más abajo os explico la tardanza. Solo puntualizar que no me olvido del fic. Tengo escrito varios capítulos en borrador, pero es la falta de tiempo libre la que me impide subirlos. Nada más.

Sin más, os dejo con Edward.

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MALDITA DULZURA

Edward POV

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Me había pasado todo el fin de semana haciendo deporte y ahora estaba tan cansado que me parecía un trabajo titánico hasta el levantarme para volver a mi despacho después de la reunión con Marco Volturi.

Porque sí, el deporte era la única manera efectiva que había encontrado de sacarme de mi cabeza la condenada imagen de Isabella Swan desde la cena de viernes en casa de Emmet.

Había pasado un año y medio desde la muerte de Jessica en el que nada ni nadie conseguía volverme a sentir vivo. Un año y medio sin sentir ni una décima de pasión correr por mis venas y ahora llega ella y lo arrasa todo simplemente con su presencia.

Esta extraña fijación comenzaba a pasarme factura. Esta mañana me había discutido con Carl, el encargado de Marketing del proyecto, por referirse a él como "el proyecto de la chica del jefe". Podía intentar autoconvencerme que lo había hecho por ser una falta de respeto hacía Bella, a esa chica simpática y adorable que descubrí el viernes, pero yo mismo sabía que era una basura de argumento. No soportaba pensar que ella podía llegar a ser la chica de Caius. Y eso me tenía cada vez de peor humor. ¿Cómo narices me pasaba esto? Si la había visto en tres ocasiones contadas. Era una locura.

¿Lo peor de todo?

Quedaban solo cinco minutos para que me volviera a encontrar cara a cara con esa mujer que había dado la vuelta a toda mi vida. Volvíamos a reunirnos y algo me decía que esta vez no iba a ser todo tan fácil como en las otras dos ocasiones. Después de la conversación que había tenido con Rose sobre la herencia que había recibido Bella y que eso era lo que le había permitido invertir en su nuevo restaurante me parecía muy injusto que legalmente eso no quedara reflejado en ningún documento. El dinero corrompe lo que toca, incluso las amistades más sólidas, como al parecer era la de Jacob Black y Bella.

-Señor Cullen, la Señorita Swan acaba de llegar- escuché la voz de Tanya avisándome.

-Hágala pasar y después puede marcharse, ha sido un día muy largo – anuncié a mi secretaria.

Sin lugar a dudas, hoy habíamos tenido de todo y ahora lo remataba con la guinda del pastel. Isabella Swan.

Vi como Tanya le abría la puerta y su esencia volvía a invadir todo mi espacio personal.

Iba vestida con un elegante, pero demasiado formal, traje de sastre negro con camisa blanca, cosa que me sorprendía y me decepcionaba. Una parte de mi estaba esperando verla con sus jeans y camiseta de nuevo. Aun así, seguía estando preciosa. Jodidamente hermosa.

-Edward siento tanto retrasarte… - mi nombre en sus labios era casi como una droga –

-No te preocupes, lo bueno de reunirse a última hora es que no habrá nadie para interrumpirnos – dije intentando sacarla del apuro.

-Pero es que parece que nunca nos podemos reunir a una hora normal. O demasiado pronto, o demasiado tarde. Lo siento – volvió a disculparse.

-No te disculpes más – la corté porque era de todo menos una molestia para mí. – Toma asiento y dime qué es lo que te ha tenido tan ocupada hoy. Tanya me dijo que había sido imposible encontrar otro hueco. – intenté sonar amable… mejor tenerla relajada antes de soltarle la bomba.

-Reuniones del infierno. Con el banco, con el arquitecto, con los de la administración para las licencias… Todo lo que te puedas imaginar lo tengo organizado esta semana. Suerte que vosotros lo tenéis todo preparado y yo solo tengo que ir a firmar lo que es necesario y poca cosa más… pero aun así– me explicó ofuscada.

-Bienvenida a nuestro mundo – contesté divertido mientras le pasaba un vaso de agua.

-Bueno, pues vuestro mundo es un caos que solo os quitará años de vida. – comentó divertida bebiendo un poco de su agua – Lo que daría por algo más fuerte. – susurró aunque no lo suficientemente alto para que no la sintiera.

-Siempre puedo conseguirte una copa, pero después no me digas que es culpa mía el que no entiendas lo que te explico - le dije haciéndome eco de su susurro.

-¡Por favor! – Contestó sin pensar, casi con un deje de súplica en su voz - Ahora debes pensar que soy una borracha…. Es que no sé tener la boca callada cuando estoy nerviosa. – dijo muy rápido un poco alterada.

-¿Y por qué deberías estar nerviosa? – le pregunté curioso inclinándome un poco hacia ella y quizás con un tono poco profesional y demasiado amistoso.

-Yo… No… Ummm… ¿Te importa si me quito la americana? – preguntó cada vez más nerviosa. –

-Ponte cómoda, ahora vengo. No creo que me sea muy difícil encontrar algo más fuerte que un vaso de agua en esta empresa – le dije como excusa para coger un poco de aire.

Mientras iba a la sala de reuniones, saludé distraídamente a los pocos trabajadores que aún quedaban en la oficina pero mi mente seguía en mi despacho.

No llevábamos ni diez minutos y ya me había sido imposible dejar esta reunión en el terreno de lo profesional. Y ella… ¿Ella estaba nerviosa? ¿Yo la ponía así o era el estrés de esta semana lo que ella demostraba?

Entré a la sala y nos serví dos copas de Wisky. No las llené demasiado. No quería que hubiera alcohol de por medio cuando estaba con ella, prefería tener todos los sentidos conmigo.

Al volver seguía sentada en la misma butaca pero sin su americana puesta. Llevaba una blusa con unos finísimos tirantes que me hacían tener ganas de pasar mis dedos por su piel para comprobar si era tan suave como parecía a simple vista.

-Aquí tienes, pero no me hago responsable de tus decisiones – le dije pasándole el vaso con la nueva bebida.

Nuestros dedos se tocaron y volvió la maldita electricidad. ¡Esto pasaba en las películas románticas pero no en la vida real!

Vi como Bella parpadeaba un par de veces antes de aclararse la voz.

-¿Empezamos? – preguntó mientras tomaba asiento y le pasaba una carpeta con cuidado de no volver a tocar su magnética piel. – Sabes que prefiero que me expliques de qué trata todo esto antes de leer papeles que no entiendo ni una palabra de lo que hay escrito en ellos – me contestó devolviéndome la dichosa carpeta.

-Hemos creído oportuno repasar la distribución de las participaciones, las acciones, en la empresa por parte tuya y de Jacob – le dije intentando sonar neutral.

Me miró fija y seriamente mientras bebía un trago de su wisky. Analizando lo que había dicho.

Por la manera que tenía de mirarme supe que había captado su atención, pero también me di cuenta, en ese instante, que estaba perdido. Mi cuerpo volvía a arder por ella. Por su piel. Por sus labios acariciando los míos y no ese frío vaso de cristal. La necesitaba a ella como hacía mucho tiempo no necesitaba a nadie.

¿Sería este tiempo de abstinencia que me hacía sentir todo con tanta intensidad?

-Cualquiera diría que has estado hablando con Rose… - me dijo con un tono cortante que no había escuchado nunca en ella. ¿Estaba enfadada?

-¿Disculpa? – intenté poner mi mejor cara de póker hasta saber qué era lo que pensaba o sabía ella de todo esto.

-A ver…. ya había una propuesta sobre la mesa en la que no se contemplaba ningún cambio y, casualmente, esta reunión surge después de una cena en casa de Rose, la cual no es precisamente la mejor amiga de Jake… Sí, puedes seguir haciéndote el loco o decirme realmente de qué va todo esto. – me explicó apoyándose en el respaldo de su butaca y mostrándome una vez más que por mucho que ella dijera que este no era su ambiente, su mente era veloz y sabía moverse en las arenas movedizas de los negocios.

Bella no era solo una chica guapa. Era muy lista, demasiado para intentar engañarla.

-Tienes razón. No voy a insultar tu inteligencia negándolo, pero por eso mismo creo que deberías reconsiderar a repartición que tenéis al cincuenta por ciento, al menos por lo que respecta al nuevo restaurante. No habéis aportado lo mismo, sería injusto para ti que no estuvieras cubierta de cara a lo que pueda suceder en un futuro. – le expliqué, ahora sí, desde mi versión más profesional.

-No. – respondió segura y escuetamente.

Su rostro serio dejaba muy claro que no le había hecho nada de gracia esa propuesta. Bien, le gustase o no estaba en mi obligación de aconsejar a mis clientes para su mayor beneficio y eso es lo que pensaba hacer.

-¿Ya está? Supongo que la parte de que esto es un negocio y no tu vida privada ya la conoces, pero si quieres podemos hacer una pequeña incursión en este punto y dejarme que al menos te explique cuáles serían los cambios– le contesté un poco molesto por su negativa a tan siquiera plantearse algo.

No sé qué me pasaba con ella pero en cuanto Bella entraba en mi orbita ni mi profesionalidad se mantenía a salvo. Nunca se me habría ocurrido hablarle así a ningún otro cliente, aunque supongo que eso ella también lo sabía por su manera de comportase.

-No eres el primero que me advierte ni el último que lo hará, pero mi respuesta siempre será la misma. No. – me explicó algo más apaciguada, pero igual de segura de su respuesta. – Mi…Mi amistad con Jake es fuerte y este es nuestro sueño. Lo comenzamos juntos cuando no teníamos nada y lo continuaremos exactamente igual ahora que tenemos algo más que nuestro amor por la cocina.

Admiraba su seguridad. Sabía por propia experiencia que hay pocas personas en la vida por las que puedes poner la mano en el fuego, pero que cuando las tienes, si realmente las valoras, no las dejas caer. A mí me pasaba lo mismo con Emmet y con Alice.

¿Entonces si la entendía porque sentía tanta rabia por dentro?

-El dinero puede llegar a podrir todo lo que toca – insistí un poco más suavemente. No debería hacerlo, ella parecía muy segura, pero no me podía contener.

Y cuando levantó su vista supe que debería haberme callado.

Estaba furiosa.

-Te he dicho que no. ¿Piensas insistir mucho más? Porque si es así prefiero irme – dijo levantándose de su asiento como un resorte poniéndose la chaqueta.

-Bella espera. – intenté cogerle un brazo pero ella lo apartó rápidamente.

-No. Estoy enfadada y cansada y ahora mismo no tengo el humor para continuar aquí. Así que si me disculpas me voy. – anunció decidida dirigiéndose a la puerta.

-Bella hay más cosas que debemos tratar - intenté parar su huida sin tocarla. Ahora mismo no estaba seguro de poder controlarme con ella o que ella aceptara muy bien el contacto conmigo, estaba realmente enfadada.

-Pues lo hubieras pensado antes de insistir tanto. Si esta reunión no ha sido provechosa no ha sido mi culpa – se giró enfrentándome.

Estábamos relativamente cerca y tuvo que levantar su cabeza para enfrentarme y mirarme a los ojos, lo que la hizo parecer adorable a la vez que una fiera leona.

Bella provocaba en mí sentimientos encontrados. Me producía paz cuando sonreía y desataba mi pasión cuando sacaba ese carácter tan suyo.

-Bella – la llamé una vez más con un tono que sonó más a advertencia que a una petición para que se quedara hasta acabar la reunión.

Aunque nos sabía para quién iba dirigida esa advertencia… Para mí o para ella.

-No. Ahora estoy muy enfadada y si me vuelvo a sentar acabaré…. Acabaré…. – cerró los ojos y sacudió la cabeza confundiéndome – te tiraré el wisky encima. ¡Yo qué sé! Adiós. – acabó rápidamente dándose la vuelta y saliendo del despacho como un huracán.

Y yo me quedé ahí plantado mirando la puerta sin asimilar qué es lo que había pasado. En qué momento habíamos pasado de estar hablando de manera tranquila a estar peleándonos.

Volví al mismo sitio en el que Bella había estado sentada hasta hace unos minutos y vacié el contenido de mi copa.

Sabía que era lo que había conseguido que Bella perdiera los papeles. Yo y mi manía de insistir en cambiar el porcentaje de participación de Black, a pesar que ella había sido cristalinamente clara al respecto. Pero no lo había podido evitar. Había sido casi instintivo. Igual que con Carl y su estúpida manía de insinuar que Bella era la chica de Caius.

Era absurdo. No tenía ningún derecho en sentirme así ni en reclamarle nada a nadie. Pero ella… Solo ella conseguía romper mis barreras.

Jacob Black.

¿Quién era él para Bella? Sin lugar a dudas alguien sumamente importante en su vida. Alguien por el que había dicho estaba dispuesta a nadar contracorriente a pesar de lo que le advertían. No me había pasado inadvertido la duda en voz cuando ha querido darle un nombre a lo que eran ellos dos.

¿Serían algo más que amigos y compañeros de trabajo inseparables?

Ese pensamiento, que volvía a mí recurrentemente, me incomodaba.

No tenía derecho a sentirme así. Bella no era nada mío, solo alguien que me volvía loco, pero definitivamente nada mío. Y yo… Yo ni tan siquiera estaba seguro hasta qué punto quería sentirme así de nuevo.

Hacía tan poco tiempo que había perdido a Jessica… Últimamente había hecho muchos avances superando mi luto por ella, pero aún hoy en día, había momentos en los que pensaba en ella y me dolía, que llegaba a casa y la pena me invadía al darme cuenta que no aparecería con alguna de sus locuras.

Demasiado para estar mirando a ninguna mujer.

Aunque si soy sincero no había manera de no poder fijarte en Bella. Tampoco era una decisión que pudieras tomar conscientemente, una que pudieras evitar. Ella simplemente aparecía y conseguía que toda tu atención se centrara exclusivamente en ella, tu vista decidía dejar de hacerte caso para mirarla, tus pensamientos se esfumaban para dejar espacio a sus palabras. Todo giraba en torno a ella. Como un rayo de luz que te ciega.

Y ella no era consciente de todo el poder que ejercía en los demás. Se limitaba a fintar entre todos los halagos y coqueteos con una habilidad magistral. Como si todo el mundo le pasara por su lado sin rozarla…

Sentí la vibración de mi teléfono en mi bolsillo y me di cuenta de lo tarde que era y cuánto tiempo había pasado aquí sentado divagando sobre Isabella Swan.

Estaba jodido pensé mientras recogía mis cosas para marcharme a casa, dónde debería estar desde hace un buen rato.

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Hoy volvía a ser de esos días de mierda.

La gente parecía que había decidido llevarme la contraria y hacerlo todo mal. Y no estaba de humor. No me había acostado de buen humor, tampoco había mejorado al levantarme y, para mi jodida suerte, durante todo el día solo había hecho que empeorar mi ánimo.

Eran casi las nueve de la noche y volvía a marcar ese número de teléfono que ya me sabría de memoria si no fuera porque hoy en día todo lo hacemos a través de la lista de contactos y la marcación automática.

Buzón de voz. Nuevamente.

Sabía, porque me había encargado de llamar a Rose para confirmarlo, que Bella no estaba en el restaurante hoy. Ni hoy, ni durante toda la semana. Así que estaba ignorando mis llamadas voluntariamente.

-¿Qué haces aquí? – Escuché la voz de mi tormento sorprendida.

Bella lucía cansada. Su pelo se arremolinaba en un moño despeinado y las ojeras eran bastante pronunciadas.

-Te he llamado durante todo el día para disculparme por lo de ayer – le dije sin darle opción a que me echara de su portal.

Llevaba sentado en la calle unos quince minutos, deseando que no tardará mucho en llegar.

Ayer me extralimité y no era la mejor carta de presentación ni para mí ni para el despacho. Especialmente para Volturi Assesment. Independientemente de lo que Bella y Caius tuvieran, o más bien no tuvieran, si perdía esta cuenta Caius se encargaría de hacerme la vida imposible. Era un hombre ciego de ilusión que no atendía a razones. No le importaban todas las calabazas que se había llevado ya de Bella, lo que le podían hacer mis hipotéticas explicaciones rozaría lo absurdo.

Es más, viniendo a su casa también me estaba extra limitando, pero que se le iba a hacer ya estaba aquí y ella me había visto así que no había vuelta atrás. Si algo me comenzaba a quedar claro es que Isabella Swan no sacaba mi lado más racional.

-Lo sé. Pero por si no te ha quedado claro el mensaje, no quiero hablar contigo. – me contestó intentando abrirse paso hasta la puerta, que yo bloqueaba con mi cuerpo. En estos momentos daba gracias a que fuera tan pequeña.

-Créeme que me ha quedado claro a la décimo segunda llamada que no me has contestado, pero aun así insisto, sólo te pido cinco minutos – le contesté interrumpiéndole el paso de nuevo.

Un chico salió disparado de dentro del edificio y chocó contra mi espalda.

-¡Tío quita del medio! – me chilló mientras yo le dejaba paso – Ay, hola señorita Swan. – dijo sonrojándose en cuanto la vio.

-Hola Bruce, discúlpanos. Ha sido nuestra culpa por estar en medio – dijo mientras le dedicaba una tierna sonrisa al adolescente hormonado que por la cara con la que la miraba estaba seguro la tenía demasiado presente en sus ratos de intimidad.

Yo me conformé con dedicarle una mirada asesina al chaval.

Lo estaba haciendo genial.

-Vamos a dentro antes que medio vecindario decida que somos más interesante que la novela de la tarde– sentenció abriendo la puerta y dirigiéndose al interior sin esperarme.

La seguí un poco confundido. Yo en ningún momento había pensado en subir a su casa. Mi intención era disculparme y volver a la mía con la conciencia más tranquila. Quizás aprovechar y hacer algo de deporte que últimamente se había vuelto una necesidad… Pero no subir con ella a su apartamento. Si me intoxicaba el tenerla cerca no sabía qué pasaría con mi autocontrol cuando el olor a rosas estuviera impregnado por toda la estancia.

Subimos hasta el último piso en un tenso silencio en el ascensor. No sé qué tenían los ascensores pero comenzaba a odiarlos. Bella estaba a menos de un brazo de distancia. Solo tenía que alargar un poco mi brazo izquierdo para llegar a su cara. Acariciar esa piel blanca que había sido creada para ser tocada y adorada. A pesar del cansancio que transmitía era preciosa e increíblemente sexy.

-Oh por dios otra vez no, por favor – escuché que murmuraba tan bajito que si no fuera por el silencio que nos envolvía habría sido imposible que lo escuchara.

¿Le estaría pasando a ella lo mismo que a mí? Sentiría esta electricidad cada vez que nos tocábamos aunque fuera por casualidad, esta atracción a nuestro alrededor cada vez más difícil de parar.

-¡Llegamos! – anunció mientras salía disparada fuera del ascensor.

Su apartamento era amplio y estaba realmente bien decorado y tal como me temía desprendía su olor por todos lados. Lo mejor sería disculparme y marcharme pronto. Por mi salud mental y mi autocontrol.

-Bienvenido a mi humilde morada – dijo un poco nerviosa. – Ponte cómodo, buscaré algo para tomar…

-Será solo un momento, de verdad – le contesté cada vez más consciente que lo mejor era huir de ella o acabaría sin poder resistirme.

-Por favor… A veces soy un poco intensa… y últimamente estoy un poco al límite… y me cuesta gestionar el estrés adecuadamente, sólo permíteme ser cortés. Soy consciente que mis formas de ayer tampoco fueron las más adecuadas. – se explicó con un tono de súplica a la que dudo que nadie en este planeta le pudiera negar nada. – Me quedaré más tranquila si me das una oportunidad para borrar esa imagen que debes tener de mí desde ayer y por lo de… bueno lo de las llamadas.

Sabía que tendría que decirle que no era necesario. Ofrecerle mis disculpas y marcharme. Eso sería lo mejor si quería sobrevivir a estos meses de trabajo inmunemente. Pero me estaba comenzando a dar cuenta que mi voluntad se iba por la puerta cuando ella entraba en juego.

-Vale – acepté aun a sabiendas que estaba firmando la sentencia de muerte de mi cordura.

Paseé por el salón, mientras escucha a Bella trastear algo por la cocina, viendo algunas fotos familiares. A los únicos que reconocía eran a Rose y a Black. Se la veía realmente radiante en todas las fotos. Daban ganas de capturar esa sonrisa, pero sobretodo esa mirada tan intensa que le dedicaba a los suyos. Una mirada en la que parecía que para ella solo existía la persona que tenía delante y el resto del mundo podría estar cayéndose a pedazos y ella no se molestaría ni en girar la cabeza para ver qué sucedía.

Sentí que algo me arañaba los pies.

Bajé mi mirada para descubrir un gato peludo de color anaranjado al que le faltaba un ojo, pero que, con el único que tenía le bastaba para mirarme con un intenso odio. Supongo que estaba invadiendo su espacio. Intenté sacármelo de encima con delicadeza, no quería añadir otra cosa a la lista de Bella en contra de mí. No creo que le gustará demasiado que le pudiera hacer daño a su mascota.

-¡Oh! Veo que ya conoces a Crookshanks – me dijo Bella mientras me pasaba una copa de vino.

- ¿Crookshanks? – Pregunté contrariado no tanto por el extraño nombre sino por su tono tan cariñoso para referirse a un gato que estaba seguro planeaba mil formas de atacarme hasta desfigurarme.

-Harry Potter… - Respondió como si eso me fuera a desvelar el secreto de la vida. - ¿No has leído Harry Potter? – Negué con la cabeza - ¡¿Qué clase de infancia has tenido Edward Cullen!? – Preguntó riéndose.

Sin lugar a dudas esta era mi Bella preferida. La misma que había descubierto en el paseo del otro día.

-Una feliz – respondí sentándome junto a ella en el sofá.

-Pero sin magia… Así que yo no estaría tan de acuerdo con eso de feliz – continuó bromeando mientras bebía de su copa.

El gato demoniaco se subió a una butaca para vigilarnos fijamente.

-La recogí de la calle, estaba herida y tardó en recuperarse, desde entonces es un poco territorial conmigo – explicó Bella al ver que no le quitaba ojo a su gata. No me fiaba ni un pelo de ella – Después se le pasa… a veces… - acabó encogiéndose de hombros.

Si lo que pretendía era que me relajara no lo estaba consiguiendo ni gracias a su gata ni al poco convencimiento en sus palabras.

-Bella…

-Edward – Dijimos a la vez.

-Tú primero. Al fin y al cabo habrás venido aquí por algún motivo. – me cedió el turno.

-Siento lo de ayer. No por la propuesta…- ante su cara de desconcierto me apresuré a explicarme – Mi deber es aconsejaros sobre todos los pormenores, pero la decisión última es siempre vuestra, por lo que no debí insistir. – su cara se relajó y volvió a adoptar su semblante despreocupado de los primeros días, así que mejor dejaba aquí mis disculpas. Mejor no tentar a la suerte.

-Estoy un poco histérica estos días con todos los trámites y sé que no fueron mis mejores formas. No estaba de acuerdo con lo que me propusiste, pero tampoco era necesario reaccionar de esa manera en una reunión de negocios… Fue poco profesional de mi parte… Es solo que estoy poco acostumbrada a hacer esto y a veces tú me haces… Quiero decir… tú no, yo… yo me olvido, yo sola…me olvido que estoy en una reunión de trabajo… y… - balbuceo nerviosa.

Era divertido comprobar que no era el único afectado por la atmosfera que se creaba cada vez que estábamos juntos. Bella solía ser una persona segura de sí misma y ya eran demasiadas veces que la había visto balbucear cuando nos quedábamos solos. Podría estar un poco desentrenado en el mundo de las citas, pero sin lugar a dudas la ponía nerviosa. Tenía efecto en ella, igual que ella lo tenía en mí.

-No tienes que preocuparte por las formalidades conmigo – le contesté mientras nuestras miradas se conectaban intensamente.

-Lo haría todo más fácil si las hubiera– soltó rápidamente, casi como un impulso, sin apartar sus ojos de los míos –

-Vaya… cualquiera diría que soy un monstruo poniéndote las cosas difíciles – intenté bromear para aligerar el ambiente. No quería que ella necesitara nada cuando estuviera a mí alrededor más que ser ella misma.

Ser esa chica que se presenta en la reunión en tejanos y deportivas. Que es capaz de pedirme una copa sin ningún filtro. Que es capaz de chillarme e irse porque así le salía de dentro.

Ella, sin filtros.

-No – dijo abriendo mucho sus ojos marrones – Es solo que…que… ¡Da igual! – volvió a sacudir su cabeza como si quisiera apartar algún pensamiento de ella. – Es algo tarde, ¿Quieres quedarte a cenar y me explicas eso que no te deje contarme el otro día? Ese dossier era muy gordo, seguro que había más de una propuesta. Tómalo como una ofrenda de paz – me propuso sorprendiéndome cuando yo pensaba que me iba a invitar a irme.

Mi mente me decía que me fuera. Que educadamente declinara su propuesta, esta vez sí, y me marchara a un lugar seguro, pero mis instintos recién renacidos seguían clamando por quedarse y disfrutar un poco más de ella.

Mi dulce tortura.

-Trato hecho – sentencié acariciando el momento aunque sabía que más tarde me arrepentiría.

Bella sonrió educadamente y se levantó, supongo que para dirigirse a la cocina a preparar la cena. Como no sabía qué hacer aquí plantado con ese gato mirándome sin apartar su vista de mí decidí ir a hacerle compañía a Bella. Quizás ella podía darme alguna cosa con la que no sentirme tan inútil.

-¿Necesitas un pinche? – pregunté asomándome por la puerta de la cocina.

Bella se giró para mirarme y todo rastro de cansancio y preocupación habían desaparecido en tan solo dos minutos en la cocina. No sería yo quién se lo dijera pero quizás deberían encontrar un acuerdo más equitativo en este proceso de abrir un nuevo restaurante. No era justo para ella ser quién se encargaba de toda la burocracia mientras Jacob continuaba con el trabajo fácil. Ella necesitaba su vía de escape o acabaría ahogada por la nueva apertura.

-¿Estás preparado para no estar al mando? – me respondió divertida.

-No hay nada que me guste más que una bella chef me diga qué es lo que tengo que hacer – bromeé sorprendiéndola.

Sus enormes ojos marros se abrieron y un intenso sonrojo inundó sus mejillas.

La había visto batallar con miles de miradas y declinar magistralmente los incansables halagos de Caius sin ni inmutarse, pero por la simple mención a su belleza su sonrojo aprecia dando alas a mi locura y a mi ego masculino que llevaba dormido bastante tiempo.

-He sacado un poco de carne estofada que preparé ayer y había pensado preparar algo de verduras para acompañar… ¿te parece? – asentí – Espero que este calabacín no sea mucho para ti. – comentó divertida.

-Graciosa – le dije mientras me situaba a su lado para comenzar a cortar lo que me había pedido.

Trabajamos tranquilamente mientras, a petición de ella, le explicaba algunas cosas del proyecto. En el fondo era lo mejor para no caer en el silencio sepulcral que solo hacía que mi mente fuera por unos derroteros que no nos convenían si queríamos conseguir mantener esta relación en algo amistoso.

Las verduras estaban en el fuego y la carne calentándose cuando al girarme encontré a Bella muy cerca de mí.

Sus pies trastabillaron y por puro reflejo estiré mis brazos para evitar que se cayera dejándonos muy cerca.

Su cuerpo encajado casi al milímetro en el mío. La atraje un poco más a mí ciñendo el agarre de mis manos en su cintura.

Nuestras miradas se encontraron y sus ojos, más oscuros de lo que ya eran, me penetraron como si pudiera ver a través de mí y de mis murallas, directamente a mi corazón y entrañas.

Bella cerró los ojos, que me tenían completamente ensimismado, rompiendo nuestra unión, pero no la química que había entre nosotros. Nuestras respiraciones eran entrecortadas y si su corazón palpitaba la mitad de rápido que el mío era un milagro que no sintiéramos nuestros latidos a través de nuestra piel.

Estaba completamente perdido así que decidí romper todas mis barreras y olvidar mis remordimientos y vivir el presente.

Vivir este instante y concentrarme en Isabella Swan. La única mujer que había conseguido hacerme sentir vivo de nuevo.

Mis dedos se enroscaron en su cuello y acaricié la piel de sus mejillas, tan suave como había imaginado que era, tan cálida como mis sueños la habían anhelado. Levanté con delicadeza su cara y nuestras miradas se volvieron a encontrar.

-Eres irresistible Bella… Te juro que lo he intentado pero ya no puedo más. – le dije contrariado entre el deseo a sucumbir al placer y la esperanza que ella tuviera fuerzas para evitarlo.

No podía dejar de acariciarla. Su piel se erizaba a mi contacto y mis labios pulsaban por acariciar los suyos.

-¡Ay por favor! – exclamó bella con una voz que se asemejaba más a un gemido que a una queja dándome la valentía que me faltaba.

Antes de que pudiera decir nada más o arrepentirse nuestros labios se encontraron. Al principio había timidez, pero rápidamente todo eso fue substituido por electricidad y voracidad. Sus dientes mordisquearon suavemente mis labios justo antes que nuestras lenguas intentaran dominar el beso.

-Maldita dulzura la tuya, Bella… - susurré cuando nos separamos a coger aire –

Las manos de Bella se separaron de mi cuerpo para apagar los fogones.

-Joder Edward dime que no soy la única que se está volviendo loca aquí – demandó con su voz afectada mientras volvía a tirar de mi para besarme intensamente.

Era una locura.

No sabía qué consecuencias tendría esto que estábamos haciendo. No sabía si mis remordimientos acabarían conmigo cuando este impulso acabara. Pero lo que sí sabía es que no quería ni podía alejarme de Bella en este instante.

La aparté suavemente mientras sostenía su dulce rostro entre mis manos.

-No eres la única Bella. – le confesé antes de abandonarnos a nuestro placer.

[**]

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NA:

¿Os ha gustado? Espero que sí. Al menos ya sabemos que han roto la contención… ahora solo queda ver cómo reaccionaran. ¿Apuestas? ¿Esperabais que se "rindieran" tan pronto?

Tenía este capítulo escrito, pero pendiente de corregir desde que subí el anterior, pero de verdad que no he tenido ni tiempo de sentarme para releerlo. Ha sido una locura de semanas en el trabajo. Espero poder compensaros e ir subiendo ahora sí de manera regular (como siempre he hecho), pero no os puedo prometer nada. Lo que sí os puedo asegurar es que iré subiendo la historia sin abandonarla, siempre que haya alguien ahí que le interese leerla, claro está :).

En un principio las actualizaciones continuaran siendo los VIERNES O SABADOS POR LA MAÑANA (hora española).