Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
[**]
.
¡Hoooola de nuevo!
Aquí estoy de nuevo un viernes. Espero poder coger un poco el ritmo después de estas semanas locas. Intentaré hacer todo lo que pueda para que sea así.
Quiero daros las gracias a todas por vuestro cariño y los comentarios tan bonitos que me dejáis. Son la única manera que tenemos los que escribimos de saber si lo que hacemos interesa, así que siempre es de agradecer. Especialmente, a aquellas que repetís historia tras historia… Parece casi que ya seamos de la familia jajajaja
Os dejo con Bella ;)
.
MALAS DECISIONES
Bella POV
.
-Joder Edward dime que no soy la única que se está volviendo loca aquí – le dije completamente poseída por la pasión y tirando por la ventana todo rastro de cordura.
-No eres la única, Bella. – me contestó haciendo que todo se desbocara entre nosotros dos.
Llevaba todo el fin de semana reproduciendo incansablemente ese instante en mi mente. Mi traicionera cabeza sabía que ese había sido el instante en el que todo, absolutamente todo, se había ido a la mierda y no paraba de recordármelo insistentemente.
Una vez tras otra.
Mis manos fueron al pelo de Edward tirando de él, como tanto había deseado hacer durante estas semanas. Nuestros cuerpos se juntaron un poco más, aunque parecía imposible que quedara espacio libre entre nosotros.
Sus labios se separaron de los míos para coger aire, pero descendieron por mi cuello haciéndome arder a medida que se entretenía dejándome besos por toda mi piel. Mis manos acariciaron su espalda mientras las suyas vagaban por mis caderas.
Sin previo aviso sentí que me impulsaba hacía arriba y mis pies abandonaban el suelo para enroscarse en él. Nos movíamos mientras volvíamos a besarnos con tanta sed como quien encuentra un manantial en pleno desierto.
Edward me dejó caer con delicadeza sobre el sofá y dándome una última mirada, que casi rozaba la adoración, se inclinó sobre mí. Nos volvimos a besar mientras que nuestras manos chocaban deshaciendo los botones de nuestras camisas y luchaban por deshacerse de la estorbosa ropa.
-Bella eres preciosa – dijo mientras me miraba con solo mi sujetador puesto. Si tan solo le hubiera hecho caso a Rose y hubiera renovado mi cajón de lencería tendría un poco más de confianza en sus palabras. – Pero te juro que con tu gata no me puedo concentrar. – declaró haciéndome reír y olvidarme de mis dudas estúpidas. Nunca había oído a ningún hombre quejarse de la ropa interior, así que no creo que esto fuera el mayor de nuestros problemas.
Cogí un cojín y se lo tiré a Chrockshancks, ganándome un maullido de su parte. Después la tendría que buscar y suplicarle su perdón con una sesión de mimos, pero ahora era Edward quién tenía toda mi atención.
-Solucionado – le dije mientras lo volvía a atraer a mí para poder acariciar su musculoso torso, ya libre de ropa. - ¿Podemos volver ahora a lo que estábamos haciendo? -
- Exigente- me susurró tirando del lóbulo de mi oreja.
En nuestros movimientos y caricias había más de pasión y necesidad que de tranquilidad y amor o devoción, así que nuestros cuerpos estuvieron libres rápidamente. Con nuestras manos acariciando nuestras zonas más íntimas intentando calmar un poco todo lo que sentíamos por dentro.
-Bella… - sentí que me llamaba mientras se separaba de mí apartándose de mi toque y mis besos – ¡Mierda! ¡Joder! No tengo condones… Yo no tenía en mente acabar así… - dijo con tensión en su cara.
¿Se arrepentiría ahora? ¿¡Justamente ahora!?
-Edward… en mi habitación. – le dije con una sonrisa que espera fuera lo suficientemente tentadora para hacerle olvidar cualquier plan de fuga.
Con esa sonrisa de lado tan devastadora que tenía tiró de mí para cogerme en brazos de nuevo.
-Tú me guías, preciosa. – dijo con su voz afectada besando mi cuello .
Llegamos a la habitación únicamente porque necesitábamos protección, nunca el pasillo se me había hecho tan largo. Estaban en el primer cajón de mi mesita de noche y puedo asegurar que nunca había visto a nadie tan dichoso como Edward se veía en ese momento y cómo me sentía yo.
-Permíteme – dije mientras lo empujaba hasta dejarlo apoyado en el cabezal de mi cama.
Me volví a reunir con él intentado llevar las riendas de la situación. Con unas suaves caricias por su fuerte cuerpo el ambiente cargado de tensión volvió a rodearnos. No tardé mucho rato en cubrirlo con el preservativo e ir en la búsqueda de nuestra intimidad poniéndome a horcajadas sobre él.
Sus manos fueron a mi cuello acercándome a él para devorarme en un beso salvaje mientras que con cuidado lo introducía en mi interior haciéndonos jadear. Nos movíamos con rapidez. Pocas veces había sentido tanta necesidad de alguien como la que sentía ahora mismo. Necesidad de saciarme de él.
-Bella… hace mucho tiempo que no… no aguantaré mucho más – me dijo jadeante mientras continuábamos con nuestra danza particular.
-Shhhh déjame a mí – le contesté aunque sin ser muy consciente de qué le decía.
Aunque pareció no hacerme mucho caso y con un movimiento me colocó entre el colchón y su cuerpo. Sus manos traviesas y sus labios consiguieron tener acceso a mi cuerpo con mucha más facilidad haciendo que poco a poco la tensión se fuera acumulando en mí a punto de explotar.
Con unos pocos movimientos más llegamos al clímax que tanto habíamos buscado. Me sentía completamente relajada, cansada, pero tenía la sensación de haber alcanzado casi el nirvana.
Me reí de mis propios pensamientos haciendo que Edward se retirara de mí. Después de unos instantes en los que solo intentábamos volver a acompasar nuestras respiraciones nos miramos volviendo a caer en la realidad. Volviendo a ser conscientes el uno del otro.
-Bella... ¿Dónde puedo asearme? – me preguntó.
-El baño – le dije señalando la puerta que quedaba al otro lado de la habitación.
Cuando salió me miró y aunque había algo de nerviosismo en él lo que predominaba era la seguridad. Me recordó a ese hombre que se podía enfrentar a una reunión desde su puesto en la cabecera de la mesa, incluso ahora que no tenía ni una pieza de ropa encima. Era increíblemente excitante y algo intimidante para alguien como yo que no acostumbraba a rodearme de personas que desprendían esa aura.
¿Dónde conseguiría sacar tanta confianza? Yo era un manojo de nervios ahora que había bajado la euforia del momento.
-Si continuas mirándome así no te daré tregua… y ya sabes que los hombres necesitamos algo de tiempo para recuperarnos – me dijo con una sonrisa devastadora en su rostro acercándose a mí.
Cuando llegó a la cama se inclinó para darme un beso. Noté algo de vacilación en sus ojos que no había percibido antes. Tiré un poco más de él, aún lo necesitaba. Parecía increíble que después del increíble momento que habíamos compartido tuviera necesidad de más. Él se separó un poco para coger una manta que había a los pies de la cama para taparme.
-Estás agotada – comentó tumbándose a mi lado.
A pesar de sus caricias distraídas por mi brazo lo notaba ausente. Como si esa conexión que acabábamos de compartir se comenzara a disipar.
-Me has dejado agotada, Edward Cullen – dije notando por primera vez como mis parpados pesaban.
La verdad es que había sido un día infernal, una semana sin parar de hecho, y había conseguido liberar todas esas tensiones en nuestro encuentro sintiéndome libre, sin ninguna presión en mis hombros, pero también exhausta.
-Podría decir lo mismo – me dijo acercándose para volver a besarme con más tranquilidad.
Estuvimos un rato en silencio solo acariciándonos. Llevé mis manos a las suyas inconscientemente y mis dedos chocaron con algo frio. Algo de lo que no había sido consciente que estaba ahí hasta ahora. Su anillo de casado.
Ambos nos tensamos. De repente no estaba cansada, más bien lo contrario la duermevela había desaparecido y estaba pendiente de cada una de las reacciones de Edward.
-Es tarde… y debería dejarte descansar – contestó quedadamente con una sonrisa tensa en la cara.
Se levantó de la cama y yendo hacia el comedor dónde habíamos dejado toda la ropa. La magia se había roto.
Le di un momento y cubriéndome con una bata salí de la habitación. Era lo que tenía que hacer. No era necesario hacerlo todo más difícil. Teníamos amigos en común que no iban a ir a ninguna parte, así que seguramente nos veríamos en más ocasiones. Sin contar que trabajábamos de alguna manera juntos…. Aunque fuera temporalmente. Mejor afrontar las consecuencias de nuestros actos.
Cuando llegué al salón estaba poniéndose la camisa. Su espalda era, igual que el resto de su cuerpo, un monumento digno de admirar durante horas. No había un ápice de grasa en él y sus músculos estaban marcados pero no hasta el punto de ser obscenamente grandes. Y su pelo despeinado, completamente caótico le daba un punto de chico malo que haría perder los papeles hasta la más santa de las mujeres.
Tosí para hacerme notar y al acercarme vi que había recogido mi ropa y la había dejado en un montoncito bastante ordenado en el sillón. Todo un detalle.
-No hacía falta que te molestaras… deberías haberte quedado descansando – me dijo sin tanta tensión como había mostrado al dejar la habitación.
-Lo resistiré – le contesté intentado sonar casual y que no se notara todas las dudas que tenía. Sabíamos que era una locura antes de dejar que toda la contención que tanto esfuerzo nos había costado construir durante estas semanas se fuera al traste, pero ahora la realidad había caído sobre los dos como una losa.
-Bien. – con un movimiento de cabeza me señaló la puerta y lo acompañé – Siento lo de tu cena – dijo al pasar por la cocina.
-Tú eres quién más pierde – volví a intentar bromear. Lo último que necesitaba era que él pensaba que esto era demasiado para mí. Que… que… había significado más de lo que había sido. Solo sexo casual entre dos personas que se atraen. Solo eso… Solo.
-No lo dudo – rio por primera vez algo más tranquilo. –
Lo vi dudar, sacudir su cabeza como queriendo despejar su mente, pero sus manos firmes volvieron a acariciar mi cara con tanta suavidad que apenas podía sentir su toque.
-Bella yo… - noté que su cuerpo volvía a tensarse y puso algo de espacio entre los dos.
-Edward no te preocupes – le interrumpí sabiendo que seguramente para él era más difícil que para mí. Se notaba a leguas que estaba arrepentido. Tenía gravado a fuego el tacto del metal de su anillo en mi cabeza. Yo siempre liándome con quién menos me convenía. – Ambos nos hemos dejado llevar por el momento, pero ya está no hay nada de lo que preocuparse. No busco nada más, no te preocupes… no necesito ni explicaciones ni promesas de llamadas el día siguiente. Sé diferenciar el sexo de algo más… Lo hemos pasado bien, pero no hace falta que nos engañemos.
Intenté sonar segura de mí misma. Intenté salvar esto porque nos quedaba mucho trabajo por delante y ya era lo suficientemente complicado para que nosotros lo pusiéramos más difícil. Intenté olvidarme por un instante que el hombre que tenía delante seguramente estaba pensando más en su esposa fallecida que en mí.
Volví a la realidad cuando la puerta se abría.
-Me alegra que lo hayamos pasado bien. Nos vemos en la oficina, Isabella. – se despidió desapareciendo por el pasillo.
Había pasado una semana desde nuestro encuentro y no había vuelto a ver a Edward. Había ido a Volturis Assesment pero mis reuniones habían sido con el equipo creativo. Carl era simpático, quizás un poco estrambótico, pero sin duda había captado lo que queríamos y estaba encantado con nuestras ganas de darle un punto canalla y más despreocupado al local. Me atrevería a decir que estaba, incluso, demasiado ilusionado con la idea. Finalmente habíamos dado con un nombre y eso lo había emocionado tanto que había estado a punto de llamar a Jacob para decirle que mejor encontrar algo menos excitante para la imaginación del jefe creativo de nuestro proyecto.
-Así… que Fantasía – escuché esa voz que se había vuelto tan familiar para mí en los últimos meses –
Apreté el botón del ascensor y con una deliberada calma me giré para encararlo.
-¿Algún problema con nuestra decisión? – le dije seriamente y alzando una ceja retándolo a que me pusiera alguna pega –
-Mi dulce Bella… cuando te quedara claro que nada de lo que tú decidas o hagas puede parecerme mal. Sublime y magistral, quizás – me contestó con esa sonrisa juguetona bailando en sus labios.
¿Habría algo que consiguiera poner de mal humor a Caius Volturi?
-Lo tendré en cuenta – dije cuando la campanita del ascensor sonaba anunciando su llegada. - ¿Bajas? – le pregunté al ver que llevaba su abrigo colgando de sus brazos.
-Sí. – entró conmigo – Estás contenta. – declaró mirándome mientras se apoyaba en la pared del ascensor.
-¿Cómo? – pregunté algo confusa.
-Tu cara se transforma. Eres algo así como un libro abierto. No siempre, ya me gustaría…. Pero las emociones más intensas se te notan. Y ahora se nota que estás feliz, no puedes borrar esa sonrisa de tu cara. – me explicó sorprendiéndome que fuera capaz de analizarme hasta ese punto. Nunca me había parado a pensar que el interés de Caius iría más allá de pasar un rato divertido con su coqueo.
-Eres observador – comenté a lo que él contestó con un gesto pagado de sí mismo que me hizo reír. ¡Engreído! – Pero sí, esta semana comenzamos a preparar la nueva carta del restaurante y eso me hace feliz. Estaré un tiempo aislada entre fogones y nada se me antoja más excitante, la verdad.
-Bella sinceramente, como amigo te digo, necesitas revisar tus prioridades, y sobre todo los hombres que dejas entrar a tu vida… ¿Nada es más excitante que una cazuela y jornadas maratonianas de trabajo? Algo no están haciendo bien. – me dijo intentando ponerse serio, lo que solo consiguió que mi risa aumentara.
- Y estoy segura que tu estarías más que dispuesto a presentarte voluntario para demostrarme cómo de equivocada estoy – continué bromeando mientras salíamos al enorme hall del elegante edificio dónde estaban las oficinas de Volturis.
-Eso era antes quizás – me contestó sorprendiéndome - ¿Qué no te lo esperabas dulce Bella? – Levanté mis manos en señal de rendición – He decidido cambiar mi estrategia…. Creo que ha llegado el momento de hacerme valer… Para que veas lo que te estás perdiendo y esas cosas – me dijo con tan poca seriedad y sinceridad que solo pude reír fuertemente.
-¿Te estás haciendo el duro conmigo, Caius? – me paré delante de él mirándole sospechosamente, aunque teníamos esa sonrisa debajo de nuestra fachada que hacía que nada de lo que decíamos se pudiera tomar realmente en serio.
-¿Funciona? – Me dijo aparentando seriedad y acercándose un poco más a mí. Algo me hacía pensar que teníamos a todo el mundo que nos miraba entretenido, pero en este momento lo estaba pasando bien y no me importaban los demás.
Era algo que Caius siempre conseguía, que me olvidara de mis remilgos al estar rodeada de gente. Él era desinhibido y divertido y conseguía sacar lo mismo de la gente que tenía delante de él.
Me acerqué un poco más a él reparando por primera vez desde que lo conocía su esencia. Olía a perfume masculino. Fuerte y caro, sin ninguna duda. Pero era casi intoxicaste. Nada sutil… no como el de Edward que se te colaba lentamente haciendo que ansiaras estar cerca de él para impregnarte de él.
-Ni un poco – le respondí haciendo que torciera el gesto por primera vez, quizás un poco desilusionado.
-Acabarás cayendo dulce Bella… Tengo paciencia. – me respondió una vez recuperado del enésimo golpe a su ego.
-Claro que sí, Don Juan, claro que sí. Me voy antes de caer rendida a tus pies delante de todo Seattle. – me despedí dándole, por primera vez, un rápido beso en la mejilla. Una pequeña concesión por todas las risas y sonrisas que siempre me regalaba.
-Eres una rompecorazones Isabella Swan. – escuché que decía detrás de mí.
Iba hacia el restaurante después de muchas semanas de casi ni aparecer por allí. A pesar de lo mucho de menos que echaba de menos la adrenalina de las cocinas y el cansancio después de los largos turnos de los fines de semana no podía evitar sacar de mi mente a Edward Cullen.
No había ni rastro de él. Y eso que esta semana había ido a la empresa más veces que cualquier otra. Tanya, su simpática y eficiente secretaria, me había dicho que había estado con diferentes reuniones fuera y dentro de las oficinas y todas las ocasiones que Caius había aparecido por cualquier sitio en el que me encontrara había corroborado esa versión.
Supongo que en cualquier otra circunstancia no me sentiría tan… tan… ¿Abandonada? ¿Era así como me sentía? Pero después de nuestra noche juntos me resultaba inevitable tener esta reacción tan irracional.
¿Acaso Edward me evitaba? ¿Tanto se arrepentía de lo que había pasado que era incapaz de mirarme la cara o de mantener una relación profesional conmigo?
No me avergonzaba admitir que había pensado en nuestro encuentro más de lo que sería prudente hacerlo. Bueno, quizás sí me avergonzaba un poco porque la realidad era que era casi una obsesión. No podía sacarme de la cabeza el toque de Edward o su voz profunda y afectada o su olor o su imagen…
Desde la primera vez que me había acostado con Jacob había asumido que tenía una manera pésima de hacer frente al estrés y las situaciones límite, pero sin ninguna duda, comenzaba a ser aceptar que acostarme con Edward había sido una decisión nefasta.
Es verdad que no me arrepentía en sí de haber tenido sexo con él. Lo deseaba, seguramente deseaba a Edward como hombre desde que lo ví, por mucho que intentara negarlo. Era de esos hombres con los que las mujeres fantasean. Atractivos, inteligentes, seguros de sí mismos y con un punto misterioso. Y también con un cartel luminoso que se podía leer claramente "Vas a ser mi próximo error" en todos los idiomas habidos y por haber. Pero afrontar el momento después no había sido tan fácil. Su anillo en el dedo me recordaba que él seguía teniendo a su mujer muy presente. Rose no contaba mucho, pero me daba la sensación que aún estaba en proceso de superarlo. Y yo podía compartir cama con muchas cosas… yo misma era un saco de contradicciones, pero con el fantasma de una esposa. No estaba segura de poder ni querer afrontar esa carga en mis espaldas.
Era una lucha imposible de ganar, pero por sobre de todas las cosas, era una lucha injusta para mí.
Y bueno…. Tampoco es que yo quisiera nada con Edward Cullen… Una buena noche era más que suficiente para acabar con la locura transitoria que nos había afectado hace una semana.
Pero por más que me lo repetía una débil voz dentro de mí se preguntaba que si eso era así por qué seguía pensando en él. ¿Por qué lo buscaba de reojo por las oficinas de su empresa y cada vez que se abría la puerta una parte de mí esperaba que fuera él? ¿Por qué él me evitaba?
Escuché un claxon y los gritos de un conductor enfadado. Había estado tan distraída que casi me paso un semáforo en rojo. ¡Maldito Edward Cullen!
Llegué al restaurante de una pieza y en cuanto respire el aire de las cocinas mi mente se olvidó de todos los problemas. Con algo tan sencillo como eso volvía a tener las riendas de mi vida y nada, absolutamente nada, era capaz de alterarme.
Revisé que todo lo que estaba en marcha estuviera bien y me fui a preparar las bases de algunos de los platos principales que teníamos en carta.
-Es bueno tenerte de nuevo por aquí – me dijo Jacob dejando un beso en mi frente.
-Es bueno estar aquí. Lo echaba de menos – me sinceré con él.
Sabía que había sido una decisión que había tomado voluntariamente, el que fuera yo la que me hiciera cargo del nuevo restaurante, y la había asumido con todas sus consecuencias, pero realmente echaba de menos esto. Tanto que casi dolía… pero lo que más dolía era que Jake no hubiera sido un poco más sensible a mis necesidades en todo este tiempo. Secretamente había pensado que se apiadaría un poco de mí, y a pesar de su reticencia a contratar los servicios de Volturi's, se implicaría un poco más personalmente y quién sabe me libraría de alguna de esas algún que otro día.
No había sido así.
Pero tal y como decía papá, la gente no es adivina y si no les decimos las cosas no les podemos exigir que las sepan. Así que no me podía enfadar con Jake por algo que yo misma le había convencido que debía hacer.
Jake me contestó con una sonrisa reluciente. No necesitábamos muchas palabras para entendernos y sabía que estaba contento de tenerme a su lado. No era como si él me quería echar de aquí. Nunca lo haría, simplemente sabía que por nuestros caracteres yo era la mejor para tratar con todo el papeleo.
El servicio había sido frenético y mi adrenalina corría por las venas. Ahora quedaba la calma que hay siempre después que todo el mundo se haya marchado. La cocina estaba vacía, limpia y tan silenciosa que podría escuchar una pluma caer al suelo.
-¿Preparada? – escuché como Jake llegaba hasta mí con un cuaderno negro relucientemente nuevo.
Sería la libreta del Fantasía.
Había comenzado como una tontería cuando estábamos en la escuela de cocina. Cada año nos regalábamos una libreta y en ella apuntábamos los platos que creábamos. Cuando comenzamos a trabajar hicimos lo mismo. Y cuando por fin nos hicimos cargo del Sublime continuamos la tradición. Cada vez que renovábamos la carta lo hacíamos en un cuaderno nuevo.
La primera página siempre estaba reservada para el nombre del local, la fecha y nuestras firmas. En ellas apuntábamos ideas de menú, las preparaciones que nos iban saliendo como queríamos incluso dibujos para poder emplatar nuestras creaciones. Todo estaba en esas hojas que acababan arrugadas e incluso manchadas.
Esas páginas guardaban mi vida en ellas.
Jake me acercó el cuaderno dónde solo quedaba estampar mi firma. Lo hice con una sonrisa en la cara.
-Comenzamos – le dije viendo una chispa en sus ojos que seguramente también estaba en lo míos. –
Ayer había sido una noche de muchas ideas y hoy sábado volvíamos a la carga. Esto sí que era volver a la rutina por la puerta grande.
Habíamos decidido que lo mejor para aprovechar el tiempo era delegar nuestro trabajo en el restaurante a nuestro equipo durante estas semanas y nosotros estar un poco más apartados y concentrados haciendo pruebas con los nuevos platos. Necesitábamos comenzar a darle forma a la carta para encargar la cubertería, platos, manteles etc.. y para que el equipo creativo comenzara a diseñar algo que fuera un poco acorde, queríamos incluir dibujos de artistas locales en la carta y claro necesitaban saber qué íbamos a servir para inspirarse. Además, era una forma para que nuestro equipo se sintiera valorados. En definitiva, una situación de ganar lo mirases por dónde lo mirases.
Eran las doce de la noche, el ritmo de trabajo era casi nulo ya y nuestros trabajadores poco a poco iban recogiendo y se irían yendo a medida que quedaran libres de trabajo. Nosotros, en cambio, seguíamos atascados en un plato. No conseguíamos ponernos de acuerdo sobre su sabor. Jake quería darle más potencia, pero yo me negaba. Una cosa es aderezarlo y otra cosa que nadie se lo pudiera comer.
-¡Jake es que los platos no son para que te los comas tú! Se los tiene que comer la gente y a la mayoría de gente tantísimo sabor los va a echar para atrás – intenté hacerlo razonar una vez más.
-Bella qué sentido tiene hacer algo aburrido….la gracia del Fantasía es arriesgar y llevar nuestros platos un paso más allá. – volvió a la carga.
-Quizás vamos a ir tan allá que nadie va a entrar por la puerta por miedo a perder las pupilas gustativas en el intento – me mantuve firme en mi postura.
Normalmente intentaba negociar un punto intermedio con Jake, pero en esta ocasión estaba muy segura que tenía razón y se había pasado con el sabor que no iba a dar ni un paso atrás. No esta vez.
-Me niego a que lo vetes. Saldrá así o no saldrá. – se cuadró de hombros.
No era la primera vez que teníamos desencuentros, pero sí era la primera vez que no estaba dispuesta a ceder ni un ápice de mi postura y él tampoco. Había cedido mucho por el Fantasía, y aún ni habíamos comenzado, ya era hora que fuera él quien lo hiciera.
-Bien, pues no saldrá. – le contesté tan seria como él se había dirigido a mí. –
-¡No puedes hablar en serio Bella! – elevó su tensa voz dando un pequeño golpe en la mesa.
-Lo hago. No es un sabor agradable en boca. Es demasiado fuerte o lo rebajas o no daré mi permiso para que esté en la carta. – le contesté segura de mi criterio.
-¿Tu permiso? – comentó enfadado.
-Por si te habías olvidado sigo siendo la dueña de la mitad del negocio. Así que sí mi permiso.– le contesté un poco desafiante y marcando las ultimas palabras.
Intenté demostrar mi seguridad porque era eso lo que sentía a pesar de notar como las manos me comenzaban a temblar y mi cabeza comenzaba a zumbar ligeramente. Me pasaba siempre que discutía con alguien cercano. No me pasaba en muchas ocasiones, pero cuando mis fuerzas estaban al límite mi cuerpo reaccionaba así.
Siempre he sido una persona mesurada, en ocasiones hasta algo fría. No me ha importado en exceso la opinión de los demás, tan solo la de las personas más cercanas a mí. Sabía lo que quería y cómo conseguirlo y como nunca he deseado nada malo no me he tenido que preocupar por las posibles repercusiones negativas. Así que si mis actos no eran perjudiciales para los demás, la opinión de extraños sobre mí me era indiferente.
Eso me había llevado a no ser muy popular en el instituto y no me había importado porque las personas que tenía a mí alrededor, a pesar de ser pocos, me conocían y me querían tal como era. Pero sin duda eso me conducía a algo inevitable… A pesar de mi independencia, era muy sensible a todo lo que implicara a las personas imprescindibles en mi vida.
Y este enfado velado con Jake me estaba frustrando demasiado. Estaba siendo injusto conmigo negándose tan vehementemente a no rectificar su plato, pensando que su juicio era mejor que el mío.
-¿Dudas de mi criterio? – me preguntó ofendido cuando él era el único que estaba poniendo en duda mis capacidades.
-Lo haces tú del mío al negarte a rectificar, ni tan solo te estás planteando que tenga razón. – le contesté cerrando los puños para evitar que viera cuan frustrada estaba.
-A veces creo que tantas horas entre ejecutivos trajeados quizás te hayan hecho perder de vista lo que habíamos acordado que sería el Fantasía – sus palabras fueron como una fecha directa a mi corazón.
-Repite lo que acabas de decir Jake. ¡Repítelo porque no me creo que hayas sido capaz de decir lo qué has dicho! – le reclamé alterada apoyando mis manos en la mesa haciendo que nuestras miradas furiosas se encontraran.
-Lo has oído perfectamente Bella. No seas caprichosa ni intentes cabrearme. ¡Ya lo estoy suficientemente sin que tú te propongas hacerlo más! – me chilló haciendo que mi enfado y frustración crecieran.
-¡Ni soy caprichosa, ni intento cabrearte y mucho menos he perdido mi foco! Soy yo la que está fuera semana tras semana haciendo algo que no le gusta para poder crear nuestro sueño. Soy yo la que lo está haciendo porque tú eres incapaz de comportarte como un adulto e ir a las reuniones. Y lo hago por ti. Por nosotros y nuestros sueños. Así que no me vengas con tus mierdas, Jacob Black. – la vista de mi amigo se alzó cuando me escuchó llamarle por su nombre.
Noté como mis ojos no podían aguantar más las lágrimas y estas caían por mis mejillas.
Siempre me pasaba lo mismo cuando estaba frustrada. Y ahora mismo lo estaba y mucho. Con Jake por no hacerme caso, con el maldito plato por no estar bueno y hacer que nos peleáramos, con el restaurante nuevo que se estaba llevando mi paz, con todos los problemas burocráticos que teníamos y conmigo misma por no saber reaccionar de otra manera.
-Bella – intentó acercarse Jake al verme llorando.
-¡No! Llevo muchos días llegando a casa a las tantas, con dolor de cabeza porque cada vez que se soluciona un problema aparecen veinte más y nunca en estos días me has oído quejarme. Y no sabes las ganas que tenía de estar aquí, simplemente cocinando. ¡Y tú has sido incapaz de pensar un poco más en mí! ¡Y ahora eres incapaz de ceder esto! No quiero ese plato en la carta. ¡Ni tan siquiera está bueno! ¡Lo odio! Y tú sigues sin darte cuenta que esto no es sobre ti, Jacob. Es de los dos. ¡Y me estoy cansando de ser la única que renuncia mientras tú te quedas con la parte bonita y fácil de la vida!
- Bella tranquilízate y hablemos esto… No me habías dicho nada – dijo, ahora sí, midiendo sus palabras intentando coger mis manos.
En cuanto sentí su toque me separé.
-¡No me toques! – le grité aunque mi voz quedó ahogada en mi garganta – No te tendría que decir nada porque eres mi mejor amigo y deberías saber que es egoísta lo que estás haciendo. – le dije mientras iba al despacho y buscaba entre las cosas mi abrigo y mi bolso.
-Bella… ¿Dónde vas? – me preguntó con el rostro bañado en la preocupación. Si no estuviera tan alterada quizás me hubiera conmovido verlo así.
-¡A mi casa! ¡Lejos de ti y de tu maldito plato! – le grité saliendo por la puerta de detrás.
-Bella no te puedes ir… estás muy nerviosa. Déjame que te lleve a casa y cuando te calmes hablaremos… sé que ahora no atenderás a nada… ¡Bella! ¿Me estás escuchando? – me increpó mientras yo me alejaba decidida del restaurante.
-¡No! – le grité separándome de él – Nos veremos mañana Jacob. Ahora mismo no quiero saber nada de alguien que me pone en duda.
-¡Bella! – Escuché que continuaba llamándome pero ahora mismo no quería estar para nadie. ¡Y mucho menos para él!
Siempre era lo mismo. Era agotador, pero las situaciones límite y yo nunca éramos una buena combinación y si a eso le sumabas mi odiosa reacción a la frustración lo hacía todo mucho más incontrolable. Sabía que lo mejor era expulsar todo lo que sentía y, aunque exhausta, mañana me sentiría mejor y sería capaz de enfrentarme a Jake sin perder los nervios. Con un poco de suerte estas horas de distancia nos irían bien a los dos.
Me senté en un banco que había cerca de la zona del centro. Intentando calmar mis nervios. Mi teléfono no paraba de sonar y sin mirar quién era lo paré. Ahora mismo no estaba para nadie.
Sabía que estaba actuando de manera irracional, pero me daba igual. Llevaba muchas semanas al filo de la cuerda debido a todo el estrés y esta había sido la última gota que necesitaba para que mi dique explotara. Así que estaba en todo mi derecho a ser irracional.
Alcé mi vista para situarme.
En mi huida de Jacob había corrido en dirección contraria a la de mi casa… Supongo que tampoco era una gran desgracia, ahora mismo no quería meterme entre esas cuatro paredes. Era joven y necesitaba olvidarme de todo. Así que tomando aire, me puse de pie decidida y mirándome en el primer retrovisor que encontré me arreglé como pude el desastre que habían hecho mis lágrimas. Saqué un pequeño estuche que llevaba desde estas últimas semanas en el bolso para parecer algo más sofisticada en mis reuniones y me puse un poco de colorete y máscara de pestañas. Un toque de pintalabios y lista.
Comencé a caminar hacia un local de copas que quedaba cerca, no tenías que ir muy arreglada para entrar así que no pondrían muchas pegas a mis tejanos y deportivas. Me reí al ver mi atuendo. Al principio, cuando todas estas reuniones entre gente importante y permanentemente trajeada, no se me había ocurrido cambiarlo ¿Qué más daba como ibas vestido para que te tomaran en serio? De hecho recuerdo la primera reunión con Edward que me presenté de manera muy similar a como iba ahora vestida y me había sentido completamente ridícula esperando en la sala de espera. Me daba la sensación que todos se pensaban que trataban con su hija adolescente y cabeza hueca en vez de con una mujer de negocios. Así que esa misma tarde me recorrí todas las tiendas que pude hasta llenar mi armario de ropa seria… Esa que se supone cuando eres un adulto, pensé divertida. Si esa gente necesitaba que me disfrazara para tomarme enserio lo haría. Si necesitaba que me maquillara para parecer más guapa o mayor, también lo haría. Todo por mi sueño de tener nuestro segundo restaurante.
El portero me dejó entrar sin prestar mucha atención a mi ropa. Me dirigí a la barra y el camarero estuvo rápidamente delante de mí.
-Un daiquiri y un shot de tequila. Gracias. – le pedí mientras me sentaba en el alto taburete. Mis pies no tocaban al suelo y me preguntaba si a mí me había costado subir con mis viejas deportivas como se lo harían las sexys chicas para subir con sus cortas faldas y sus tacones de infarto y todo eso luciendo como si acabaran de caer del cielo. Era algo que escapaba de mi entendimiento, y sin duda, de mis habilidades.
El camarero volvió con mi tequila y mi cóctel.
-¿Sal y limón? – me preguntó mientras me devoraba con la mirada.
Sabía que debería devolverle la mirada. ¿No estaba aquí para ser joven y olvidar? Sabía que no le era indiferente a algunos hombres, incluso sin tener nada especial, pero había hecho del escapismo un arte. Quizás Rose tenía razón y tenía que comenzar a ponerle voluntad y cuidar un poco más mi vida amorosa… Salir de la seguridad que me daba el restaurante y Jacob. Incluso de Rose y su protección feroz de hermana mayor. Y de… Y de Edward y su imagen constante en mi memoria.
-Sí – contesté simplemente.
Quizás otro día le devolvería la mirada a ese sobremusculado camarero.
Tomé mi tequila vaciándolo sin miramientos y cuando me iba a llevar mi daiquiri a los labios una voz me interrumpió.
-Cualquiera diría que intentas olvidar algo en el fondo de esa copa. – Escuché unos pasos, pero no me giré para verlo. Su voz no me era desconocida. - ¿Está libre?
-¿Ves a alguien sentado? – contesté intentando sonar mordaz mientras, finalmente, lleva la copa a mis labios y dejaba bajar por mi garganta la mezcla perfecta de ron y zumo de limón.
-Eres toda una rompecorazones, dulce Bella – me dijo tan distendido como siempre, mientras levantaba su mano para llamar al camarero que ya no parecía tan diligente.
Miré su cara despreocupada, su mirada divertida, desafiando al mundo a interponerse en su camino… y como siempre que él andaba cerca, sonreí.
[**]
.
NA:
¡Taxan!
Este capítulo ha sido un poco más largo, pero es que han pasado bastantes cosas… Creo que Bella nunca ha tenido tantos frentes abiertos, Edward, Jacob, Caius… ¿Apuestas? ¿Qué camino tomará?
ACTUALIZACIÓN: Tengo el borrador del siguiente capítulo, así que supongo que el próximo VIERNES podrá haber nuevamente capítulo. Espero poder coger un poco el ritmo después de unas semanas ausente.
