La separación

Regina empujó a Emma contra las sábanas y pasó una mano por sus vaqueros hasta hacer que se deslizara por toda su intimidad. La joven cerró sus ojos ante ese contacto y sus manos se perdieron en los cabellos negros.

Habían vuelto a la ciudad la víspera, Regina tenía unas ganas desesperadas de colmar el vacío que se había instalado en ella desde el regreso y Emma estaba totalmente dispuesta a intentarlo.

Ella separó un poco más sus piernas y se lanzó a quitarle la blusa a la directora adjunta. La lluvia martilleaba contra los cristales de la habitación y Regina pensó, por un segundo, que hacía eco en su corazón hecho pedazos en su pecho. Cada gota de lluvia que chocaba parecía representar una parcela ínfima de su corazón que se retorcía de dolor.

Sintió una mano entre sus muslos y decidió abandonarse a las caricias de la rubia. Sintiendo el índice de Emma presionar su botón de carne, contuvo un sordo gruñido.

-Aquí está el sitio que no puedo por nada olvidar, ¿no?- preguntó la joven atrapando brevemente el labio inferior de la directora entre sus dientes.

-¡Eres una buena alumna, miss Swan!

-¡Aprendo rápido, eso es verdad!- asintió la rubia enderezándose para encajar a Regina más firmemente entre sus piernas.

Emma continuó durante varios minutos, sintiendo cómo la pelvis de la morena hacía movimientos cada vez más explícitos. Desabrochó su sujetador y dejó que se lo quitara.

De repente, Regina se sintió sumergida por la pena de haber dejado a su hijo a miles de kilómetros e inmediatamente se tensó, frunciendo el ceño, incómoda ahora por el contacto con Emma.

-Espera…- suspiró Regina incorporándose.

Emma detuvo todo movimiento, consciente de que Regina no era una persona a quien se debiera forzar.

-Estoy aquí- la tranquilizó la joven pasándole una mano por el rostro para apartar sus mechones oscuros -¡Regina! ¡Mírame!- murmuró ella

-Emma…

-Mírame- repitió suavemente la más joven pegando su frente a la de la otra.

Despacio, Regina abrió los ojos y encontró los de Emma, desbordando ternura. La joven recomenzó sus movimientos y la besó fogosamente, pero sentía que Regina estaba menos receptiva, menos concentrada en su placer.

-¿Quieres que paremos?- preguntó retirando lentamente su mano, pero dejando suaves besos entre sus pechos y cuello.

Regina fue retrocediendo hacia las almohadas y terminó por dejar la cama, llevándose la blusa contra su pecho para ir a encerrarse al cuarto de baño. Emma se pinzó los labios, sentía que Regina se le escapaba sin poder hacer nada para retenerla.

Ella misma echaba terriblemente de menos a Henry, así que no podía imaginar lo que Regina podía estar sintiendo al ver a su propio hijo una vez al año. Sacó su móvil y tecleó durante varios minutos sin realmente mirar lo que tenía en la pantalla. Se acercó a la puerta del baño y tocó dulcemente.

-Regina…ábreme- pidió

-…

-¡Gina!

-….

-Voy a preparar algo de comer, baja cuando quieras

Al otro lado, Regina había rodeado sus rodillas con sus brazos y las acercó aún más contra su pecho ahora ya con la blusa puesta. Henry le faltaba, había hablado con él por teléfono solo unos minutos, pero escucharlo sollozar había sido tan duro, el corazón saliéndose por la boca cuando tuvo que colgarle. Llevaba hundida en sus pensamientos un largo instante, cuando un olor a comida hizo gruñir a su estómago. Se dirigió a la ducha para refrescarse un poco, después abrió la puerta del baño y se dirigió hacia su armario para cambiarse. Una camiseta que Emma le había hecho comprar en San Agustín y un mini short de noche de color negro le pareció una buena elección. Aunque nunca se había puesto tal cosa para dormir, debía reconocer que era cómodo.

Unas notas de música llegaron a ella nítidamente y frunció el ceño; ella no escuchaba ese tipo de música, Emma habría enchufado su teléfono a la cadena de música. Salió de su habitación y miró por encima de la barandilla, Emma no estaba en el salón. Se dirigió hacia el comienzo de las escaleras y encontró a la rubia, con una copa en la mano, una sonrisa ladeada. Escrutó a Regina de arriba abajo y movió la cabeza.

-¡Belle ropa!- cumplimentó

-¡Bella música!- replicó amablemente la morena.

-¿Me concedes un baile?- preguntó Emma tendiendo una mano que ella fácilmente podía rechazar.

Los pies descalzos de Regina avanzaron, sin embargo, hasta los de Emma y se enlazaron amorosamente. Emma la besó y con una caricia borró la expresión preocupada del rostro de su amada.

-Esta música me hace pensar en nosotras…en fin, es perfectamente lo que podría decirte.

Regina sonrió y esperó a que la intro terminara para escuchar la letra.

Una voz grave se elevó finalmente cuando Emma posó una mano de Regina sobre su corazón, manteniéndola firmemente en el sitio mientras que su otra mano se calaba en su cintura. Emprendieron un slow tranquilo.

When you were here before

Couldn't look you in the eye

Regina rio pegada a la oreja de Emma recordando haber buscado profundamente la mirada de la joven en los momentos de intimidad. Sin duda por su falta de confianza en ella.

You're just like an angel!

Your skin makes me cry

Regina separó su cabeza para mirar cómo Emma se sonrojaba un poco. Después, la rubia encaró su mirada y fue el momento de Regina para sonrojarse.

You float like a feather

Regina sonrió y reviró los ojos

-¿Es de verdad lo que me dirías?

Como única respuesta, Emma la hizo rodar sobre sí misma y supo que nunca podría deshacerse del amor que tenía por esa mujer. Los movimientos de la morena eran tan gráciles, tan perfectos, que Emma podría haber pensado que la vida de Regina hubiera sido pensada por los dioses. Sus cabellos aún despeinados revolotearon alrededor de su rostro en el que el maquillaje ya no era sino un vago recuerdo, aunque aún delineaba ligeramente sus ojos. Su blusa desvelaba uno de sus hombros y su short dejaba aparecer dos piernas estilizadas y finas que casi le hicieron sentir vértigo. Pero hundiendo su mirada en el océano caramelo, encontró su punto de anclaje. Con una sencilla presión en la mano de Regina, la atrajo contra ella para retomar la posición que tenían hasta hace un momento. Y la bella morena posó su mentón sobre el hombro de la joven, disfrutando simplemente del momento que compartían.

In a beautiful world

I whis I was special

You're so fuckin' special

-¡You're so fuckin' special!- cantó dulcemente Emma, haciendo estremecerse a Regina que apretó su agarre sobre el hombro de la rubia.

Tragó en seco y continuó el baile a pesar de todo.

But I'm a creep, I'm a weirdo

Emma se despegó una vez más para mirar a Regina a los ojos mientras seguía canturreando.

-But I'm a creep, I'm a weirdo

Regina sintió venir las lágrimas y sacudió la cabeza de izquierda a derecha para borrar las palabras sin sentido de la joven.

What the hell am I doin' here?

I don't belong here

Regina posó su cabeza en el hueco del cuello de Emma y cerró sus párpados para aspirar el perfume de su amante.

I don't care if it hurts

I wanna have control

I want a perfect body

I want a peferct soul

I want you to notice when I'm nor around

Emma depositó un beso en el pliegue del hombro de Regina y dejó sus labios reposando en su piel.

You're so fucki' special

I whis I was special

But I'm a creep, I'm a weirdo

What the hell am I doin' here?

I don't belong here, oh, oh…

Regina estrechó su agarre y presionó su cuerpo un poco más contra el de Emma. Toda la fragilidad de esa joven le subía a la garganta. Ella sabía, en ese momento preciso, que Emma acababa de dejar su corazón en sus manos.

She's running out the door

She's running out

She run, run, run, run

-Yo no me iré, Emma- prometió ella, con los ojos aún cerrados.

Whatever makes you happy

Whatever you want

You're so fuckin' special

But I'm a creep, I'm a weirdo

What the hell am I doin' here?

I don't belong here

I don't belong here

Regina abrió los párpados al final de la música y se soltó de Emma.

-¡Eres idiota!- la reprendió mientras la besaba.

-¿Estoy soñando o estás llorando?

-Yo no lloro, Swan. ¡Solo estoy muy cansada!

-¿Ah sí?- la pinchó Emma

-Sí- respondió firmemente Regina moviendo la cabeza en señal afirmativa varias veces.

-¿Sí?- reiteró Emma que no la creía por nada del mundo

-¡Sí!-resopló Regina

-¡Claro!- se burló la rubia besándola otra vez.

Regina reviró los ojos y se separaron para bajar al salón donde otra canción que Regina apreció inmediatamente comenzó a sonar.

Emma se detuvo de repente en mitad de las escaleras mientras Regina seguía bajando. Al ver que Emma ya no estaba tras ella, se dio la vuelta y observó su expresión de asombro.

-¿Qué?- se inquietó la morena subiendo un escalón

-Te amo…- dijo Emma llevándose la mano a su corazón.

Un aura de inquietud flotaba en sus ojos y Regina se sentía en una encrucijada de la relación que no había controlado.

-Emma…

-¡Ok, na! No, no vamos a hablar de esto, tú no vas a decir nada porque soy una verdadera idiota por decir eso así, ahora, soy…joder…¡qué estúpida! ¡Por favor, Regina, no digas nada!

-Pero…

-Toma, toma una copa, te la he preparado para ti y nada, tómala y yo voy a acabar de hacer la comida

Regina se encontró con su copa en la mano, la boca abierta y el corazón a punto de estallar. Era amada. Era amada sin haber pretendido ser la mejor, sin haber pretendido hablar con precaución, era amada sin recibir golpes violentos, era amada por lo que realmente era. Sintió sus piernas flaquear y se sentó en los escalones para no caer.

-¡Emma!- la llamó de repente

La joven reapareció, con un paño en las manos y expresión inquieta. Se acercó a Regina rápidamente y se detuvo al chocarse con su mirada.

-¡Baila otra vez conmigo!

Emma frunció el ceño y cuando la canción Wait del grupo M83 resonaba por toda la casa, fue arrastrada al salón por Regina que aplaudió antes de comenzar a bailar como si la música corriera por sus venas, despeinó sus cabellos y tomó las manos de Emma en las suyas para hacerla girar, bailar, para sacudirla.

-¡Venga, Emma! ¡Baila! Muéstrame cómo te mueves

-¿Quién eres tú y qué has hecho con Regina?

Regina estalló en una risa y se acabó el resto de su copa sin ninguna precaución.

-¡Baila Emma!- ordenó mientras el cantante llegaba a un punto culminante de la canción.

Regina, con sublimes movimientos de cadera, se acercó a la joven pasando una mano por los cabellos. Juntas, gritaron más que el cantante.

-¡NO TI-I-ME!

Se acercaron para besarse y la canción se interrumpió bruscamente, dando lugar al tono de llamada del móvil de Emma.

-¡Mierda!- rio la rubia saltando sobre el sillón, descolgó rápidamente mientras Regina se sentaba para servirse tranquilamente otra copa.

-¿Diga? Sí…oh…

Emma había adquirido un tono grave y su rostro había empalidecido. Se sentó en el reposabrazos del sillón y posó una mano en el muslo para darse estabilidad.

-Yo…de acuerdo, salgo para allá, estaré ahí en…poco tiempo.

Regina dejó su copa en la mesa baja e interrogó a la rubia con la mirada.

-Bien, gracias por la llamada, voy lo más rápido

-¿Emma?- murmuró Regina viendo cómo la chica se levantaba como un zombi.

Emma giró la cabeza hacia ella sin, sin embargo, mirarla y extendió un brazo hacia la puerta.

-Yo…tengo que irme

-Pero, bueno, ¿qué ocurre?

-Es…es el fin.

-¿El fin de qué?

-El final de Alice…


Alice parecía muy débil, pero escuchaba el ruido de la radio con un placer no disimulado. Su padre había salido para tomar aire y Regina había decidido dejar a las dos chicas solas.

-¿Entonces? ¿Cómo va todo con Regina?

-Bien. Va muy bien. Avanzamos

-Muy bien, está muy bien así

-¿Tú cómo te sientes?

-Como alguien que va a morir en pocas horas…- bromeó Alice riendo suavemente

-No es gracioso.

Alice se pinzó los labios, desolada.

-Antes de venir, algunos minutos antes, le dije que la amaba.

-¡Oh, mierda, he podido estropear el ambiente!- soltó Alice.

Emma sonrió

-Alice, te voy a echar de menos…- se hundió ella

La moribunda la rodeó con un brazo y sacudió la cabeza de izquierda a derecha.

-Todo va a ir bien, tienes a Regina, a Belle, a Ruby, a August y a "los niños perdidos"

Eso no reconfortó a Emma, se despegó de Alice y esta respiró con dificultad, sacudida por el dolor. Regina entró en la habitación en ese momento, y para esconder su turbación, Emma salió algunos instantes.

-Alice, lo…siento tanto- suspiró Regina movida por la emoción.

-No lo sienta, estoy de morfina hasta las orejas, lo que hace que no sienta absolutamente nada y que la mayor parte del tiempo, esté como flotando…¿quién quiere una vida semejante? A veces las dosis son tan fuertes que tengo la impresión de ser muy pequeñita y que los objetos que me rodean son inmensos…en fin, bueno…ya puede ver qué pesadilla.

Alice miró el pequeño rostro deformado por la pena y dijo suavemente

-Regina, no esté triste, voy a volver a ver a mi madre, y usted, va a seguir su camino con Emma, una va a cuidar de la otra y usted va a saborear la felicidad, Regina, ¡lo merece!

Alice dudó unos instantes y finalmente se lanzó

-Solo quiero saber, ella me ha dicho que le ha confesado que la ama. ¿La ama usted también?

Regina se encogió de hombros, con una expresión de dolor en su rostro. Finalmente, asintió con la cabeza

-Creo que me ha robado el corazón…

-¡Na! ¡Na! Es al contrario, Regina. ¡Usted es La Reina Malvada, no lo olvide! ¡Es usted la ladrona de corazones!-bromeó Alice aferrando un poco más fuerte la mano de la morena.

Regina sintió un sollozo estrangularle la caja torácica y Alice le sacudió vigorosamente la mano para que no se dejara invadir por el llanto.

Emma y el padre de Alice volvieron en ese momento y Regina se colocó cerca de la rubia mientras que el señor Liddel tomaba la mano de su hija colocándole el pañuelo en su lugar.

Varias horas pasaron sin que nada pasara, Alice parecía cada vez más cansada, y le costaba cada vez más mantener los ojos abiertos, algunas veces, muecas de dolor estiraban su rostro, pero intentaba borrarlas. Whale pasaba la cabeza por la puerta cada cierto tiempo para asegurarse de que a nadie le faltaba nada.

Emma y Regina estaban sentadas lado a lado en el sillón y el señor Liddel tenía las manos firmemente apoyadas en la cama de Alice. Emma jamás había tenido padre, pero no dudaba para nada que ese momento era uno de los más duros en la vida de ese pobre hombre. Tenía a Alice en sus brazos, intentando encontrarle una posición cómoda para aligerar el dolor, pero la joven no lograba sentirse bien, se retorcía y siempre acababa por apartarlo.

Hacia las cuatro de la mañana, llegó un momento en que el dolor fue tan fuerte que Alice comenzó a delirar. La morfina ya era incapaz de aliviarla.

Una angustia retorció el vientre de Emma, pero Regina, sin saber por qué, quizás era su lado maternal, se soltó de Emma para acercarse a la enferma y secarle el sudor de su frente empapada.

-¡Mamá!- resopló de repente Alice al ver a Regina.

Ella le cogió la mano y se la llevó a la boca.

-Papá, ¿has visto? ¡Mamá ha venido a buscarme!

Tras un momento de incomprensión, el hombre se rompió con las palabras de la hija. Él se dobló ligeramente como si esas palabras le hubieran echado encima de los hombros veinte kilos.

-¡Papá, por favor, deja que mamá me coja en sus brazos! Estoy tan bien en los brazos de mamá…

Regina miró a su alrededor, totalmente perdida. Intentó retirar su mano de la de Alice, pero la joven la sujetaba fuertemente, convencida de que veía a su madre de vuelta.

-Tome mi sitio- dijo el hombre con voz rota

Ella se sentó correctamente para que Alice pudiera apoyarse en ella, la espalda curvada, como un niño en el vientre de su madre.

-¡Papá, yo creo que mamá quiere que vaya con ella!

Emma ya no podía contener sus lágrimas, sujetaba una mano de Alice, mientras que su padre había apoyado su cabeza contra su pecho.

-Alice, puedes partir, puedes ir con mamá, mi bebé. Bésala de mi parte- suspiró el padre acariciándole el cráneo.

-¡Ya no puedo quedarme, papá!-sollozó la joven con el dolor pintado en sus trazos -¡Me duele tanto! Ya no puedo…

-Puedes irte, Alice, todo va estar bien para mí- la tranquilizó él.

Él la estrechó contra su pecho mientras Regina le acariciaba el brazo para relajarla. Con sus mejillas surcadas por las lágrimas, Emma sujetaba aún la mano de su amiga contra su boca. El cuerpo de Alice se elevó una última vez en un espasmo de dolor, y el último grito que lanzó fue para su madre. Recayó sobre Regina, el rostro calmado, los ojos cerrados, la vida acababa de abandonarla. La directora adjunta fue sacudida por violentos sollozos, pero no emitió ningún sonido; cerró los ojos y esperó a que la librasen del peso de la joven.


Regina desactivó la alarma de la casa y dejó caer las llaves en el cuenco. Empujó a Emma adentro y la ayudó a subir hasta la habitación. Con la mirada vacía y con su rostro aún surcado por las lágrimas, miró los vestigios de su velada que se había anunciado tierna y el corazón le dio un salto.

Regina la hizo sentarse en la cama y al ver que Emma no se movía, se arrodilló delante de ella y comenzó a desatarle los cordones.

-No, yo…voy a tomar una ducha…- anunció la joven levantándose

Ella la dejó deslizarse al baño y decidió cambiar las sábanas de la cama. Una vez hecho eso, miró su reloj y fue a tocar a la puerta.

-¡Emma! ¿Todo va bien?

-Entra- invitó la rubia con voz neutra.

Regina la encontró sentada en la bañera, con el agua cayéndole por la espalda y lo alto de la cabeza. Sus ropas habían sido dejadas en una esquina del baño y parecía que solo había dejado correr el agua.

-Yo…no lo consigo…mis cabellos- balbuceó la joven mirando los frascos de champú y gel alrededor de ella.

-Bien, voy…a hacerlo yo, no te muevas.

Emma se dejó hacer, apreciando los dulces gestos de Regina. Los dedos de la joven mujer se lanzaron a deshacer los nudos de la rubia y sus pulgares regularmente masajeaban sus sienes para acariciarla tiernamente y tranquilizarla.

Cuando hubo acabado, cerró el agua y Emma notó una cálida toalla posarse sobre sus hombros. La antigua alcaldesa la ayudó a levantarse y la hizo salir de la bañera. Frotó un poco sus brazos y naturalmente, Emma la envolvió con ella en la ancha toalla para solicitar un cariño. Escondió su nariz en las mechas oscuras de Regina y aspiró profundamente el perfume de la amazona. Aunque estaba mezclado con el del hospital, lograba calmar el dolor de Emma.

Hacia las ocho de la mañana, finalmente estaban acostadas y Emma se acurrucó en los brazos de Regina, necesitando contacto físico. Mientras el silencio era total en la habitación, Emma estalló en llanto, no podía ya contenerlo. Se aferró por instinto al cuerpo de la morena y escondió su rostro en el cuello.

-Te amo- sollozó –¡Lo siento, pero te amo!

Regina estrechó el agarre alrededor del cuerpo de la rubia y depositó un beso en su cabeza.

-¡No lo sientas, nunca!

Lentamente, los sobresaltos de la joven se calmaron y poco a poco, cayó en un profundo sueño.

Pasaron buena parte del día durmiendo y cuando se despertó, Emma tuvo la desagradable sensación de que no podría afrontar la situación, no podría sobrellevar una pérdida tan importante como la de una amiga. Y además, se preguntó cuándo avisar a Ruby, qué decirle, qué hacer ahora.

Encontró a Regina en su despacho, corrigiendo los últimos trabajos antes de la vuelta y la miró un instante antes de atreverse a molestarla.

-¿Cuándo crees que será el entierro?

La joven mujer alzó la nariz de sus notas, cerró el bolígrafo, se hundió en la silla y se pinzó los labios, asolada por tener que hablar de todo eso.

-Dentro de tres días, es lo que han dicho en el hospital- respondió calmadamente la morena retrocediéndose hasta la parte de atrás de su silla.

Emma asintió.

-¿Es miércoles…martes?

-Miércoles

-Tengo clase…

-Serás dispensada, Ruby también, y todos que la conocían también.

Emma asintió, ¿qué debía decir? ¿Gracias? Un pensamiento le atravesó de repente y alzó los ojos hacia los de la morena.

-¿Estarás en el entierro?

-¡Por supuesto! Todos los profesores estaremos, supongo. He hablado por teléfono con Mary Margaret y David, ellos también la conocían- dijo con tristeza.

Emma se mordió el interior de la mejilla.

-En el cementerio, no podré estar contigo.

Regina frunció el ceño, ella había reflexionado sobre la situación y sabía que esa opción no era factible.

-En efecto- respondió pinzándose los labios.


El cortejo que seguía al féretro avanzaba lentamente, pero Emma se asombró al ver a personas sonreír, reír o hablar. Era extraño, había mucha tristeza en todo el mundo, pero también cierto sosiego. Emma no lograba reír, estaba rodeada de Ruby y Granny que aferraba su brazo, dándole dulces palmaditas. Todo el mundo rodeó el féretro y Emma se encontró finalmente al lado de Regina, sin haber hecho nada porque así fuera.

Ella estaba bellísima, de dejar la boca abierta. Los cabellos anudados en un moño bajo muy elegante, los labios solo pintados con brillo labial, se aseguró con la mirada que todo iba bien para Emma.

David había pasado un brazo protector alrededor de los hombros de Mary Margaret y Regina, y saludó a Emma con un breve gesto de la cabeza.

Regina se había puesto un vestido negro que era ligeramente acampanado en lo bajo y que dejaba ver sus piernas interminables. Una vez que la música se escuchó y el ataúd comenzó a descender lentamente en la fosa, Emma no pudo contener sus lágrimas y sollozos. Ruby la estrechó contra ella y acarició su espalda también llorando ella.

Regina tenía las manos juntas en la parte delantera de su cuerpo, y mantenía la cabeza respetuosamente agachada. Escuchar a Emma su lado sin poder hacer nada le rompía el corazón, pero ella también estaba luchando para no hundirse en lágrimas, apretando fuertemente la mandíbula.

Emma se había puesto un vestido negro que moldeaba perfectamente su cuerpo y una chaqueta gris haciendo juego con sus tacones.

Sin soportarlo más, Regina descruzó sus manos y su meñique se entrelazó con el anular y el corazón de Emma que recibió esa ínfima caricia mientras seguía llorando en el cuello de Ruby. Una vez el ataúd en el fondo, Emma fue a ver al padre de Alice y lo estrechó brevemente contra ella.

-Emma, tú y tu amiga siempre seréis bienvenidas, gracias por haber cuidado a mi pequeña. Gracias por haberla hecho tan feliz…

Emma, devastada, asintió y se sintió desolada mientras se daba la vuelta y emprendía el camino.

Ruby estaba en los brazos de Mary Margaret, que la apretaba afectuosamente contra ella murmurándole palabras tranquilizadoras, Belle acariciaba la espalda de su amiga y Emma miró a Regina para pedirle autorización, más que nunca, necesitaba sus brazos. Ella se acercó en un par de zancadas y estalló de nuevo en llanto, aferrándose con todas sus fuerzas a su amante. Al cabo de varios minutos, escuchó la voz de Regina en su oído.

-Emma, tienes que soltarme, la gente comienza a mirarnos.

Emma se separó suavemente y miró a su alrededor, en pánico ante la idea de que pudieran ser descubiertas. Regina tomó su rostro entre sus manos enguantadas y la obligó a mirarla.

-Estuvo muy bien todo lo que ha hecho por ella, miss Swan. Recompóngase y vuelva con sus amigas.

Emma había aferrado sus manos a las muñecas de la morena y ejerció cierta presión en forma de agradecimiento.

Granny propuso a las chicas ir a pasar un rato a la cafetería y ellas aceptaron, necesitando volver a estar las tres juntas.

La lluvia había vuelto a caer y las tres amigas miraban las gotas deslizarse por los cristales.

-No sé si realmente es el momento oportuno, pero…tengo algo que deciros…- comenzó Belle aclarándose la garganta.

Emma y Ruby se miraron, cuestionándose el tono grave de su amiga.

-¿Estás enferma?

-¿Es grave?

-¡No! ¡Por supuesto que no!- exclamó Belle agitada. Inspiró fuertemente y las escrutó un momento con la mirada.

-Estoy enamorada de…

-¡Aaaah! ¡No puede ser verdad! ¡Belle va a hablar finalmente de su chico! ¿Es un chico, no?- se aseguró Ruby

-Sí…pero…no es común…

-¿Común? ¿No me digas que lo has conocido en el hospital? ¿Es un moribundo?

-¡Ruby! ¡Déjala hablar!- exclamó Emma recibiendo enseguida una mirada de agradecimiento de Belle.

-Lo siento

-Espero que no me miréis de forma diferente, pero quiero ser honesta porque sois como mis hermanas y estoy verdaderamente mal por no habéroslo dicho y haberos escondido todo…

-Belle, ¿quién es ese tipo?

-Elabogadodemipadre

-¿Hein?

-¿Qué?

Belle retomó aliento y dijo más calmadamente

-El abogado de mi padre…

-¡Espero que no estés hablando de Gold porque por lo menos tiene cien años, ese tío!- bromeó Ruby.

Ante la expresión incómoda de Belle, Ruby desorbitó los ojos.

-Espera…- comenzó Emma

-¿Te acuestas con el abogado de tu padre?- gritó la nieta de Granny

-¡Ruby! ¡Más bajo!

-¿Tu padre está al corriente?

-No

-Ok, pero, ¿sois felices? En fin, quiero decir, no podéis hacer nada- argumentó Ruby con una mirada llena de intenciones hacia Belle

-¡Créeme Ruby, podemos hacer muchas cosas! ¡Tiene 45 años! ¡Tampoco es un enfermo encamado!

-¡No! ¡Ahhh! ¡Mi cabeza! ¡Dios mío, qué imagen acabas de ponerme delante de los ojos! ¡Buajjj! ¡No, yo no pensaba en eso! Quería decir, ¿cuándo os veis?

-Siempre que podemos, pongo como excusa tener que ayudaros con las tareas, o que me quedo a dormir en casa de alguna de ustedes…

-¡Es una suerte que Emma sea nula en mates!- bromeó Ruby

-¿Y tu padre no se da cuenta de nada?- preguntó Emma mientras le daba una palmada afectuosa a Ruby en el hombro.

-No

-Pero, ¿sois felices?- preguntó Emma

-¡Qué sea más viejo no quiere decir que no pueda hacerme feliz!- replicó Belle sobre la defensiva

-¡Belle! ¡Estoy de tu lado, cálmate! No iba con segundas intenciones, ¿te hace feliz?- retomó Emma alzando las manos en señal de rendición.

La joven asintió vivamente.

Hablaron aún un tiempo más y Belle finalmente recogió sus cosas mientras besaba a sus dos amigas.

-¡Sé que nuestra amistad será para siempre!- declaró ella antes de irse.

-Eh, bah, mira…¿quién lo hubiera creído? Belle, mujercita de un abogado…¡alucino! Bueno, ¿y tú, no tienes secretos?

Emma tragó con dificultad y sacudió la cabeza de izquierda a derecha.

-Bueno, Ruby, también me voy a ir, me siento realmente vacía…

Granny rechazó el dinero de Emma, como siempre, y tras haberle dado un beso en la mejilla, dejó la cafetería, con el corazón pesado, los ojos rojos y al leer el mensaje que Regina le acababa de enviar, se sintió aún más pesarosa. Tras el entierro, los amigos de Regina la habían acompañado a su casa y ella los había invitado a una copa…

Arrastrando los pies, Emma se dirigió a casa de August. La desgracia no golpeaba solo una vez, Emma sintió su vientre retorcerse cuando divisó sangre ante la puerta de entrada del apartamento. Se quedó estática inmediatamente y frunció el ceño, conteniendo la respiración. Pasó por encima del rojo líquido, notó inmediatamente que la puerta estaba entreabierta; ella no tenía arma y no tenía tiempo de avisar a nadie porque los gemidos que se escapaban del apartamento eran demasiado preocupantes para perder un solo segundo. Así que, sin pensarlo, empujó la puerta que rechinó de manera siniestra.