Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooooola de nuevo a todas!

Aquí estamos de nuevo con un capítulo. Os tengo que volver a dar las gracias por vuestros comentarios tan bonitos. Es muy chulo leeros y ver desde vuestro punto de vista la historia y me dan mucho ánimo para seguir escribiendo. Además, os confieso que con estas pasadas reviews me he reído mucho. Me da la sensación que Edward os ha dejado desconcentradas con su actitud…. Veremos si con el capítulo de hoy mejor mejora o no…. Ya sabéis que todo depende del punto de vista que se vean las cosas y solo sabemos el de Bella ;)

Sin más os dejo con Edward, a ver si os aclara algo

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RECUERDOS DOLOROSOS

Edward POV

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Estábamos en casa de Alice celebrando su reciente adquisición, al parecer, era una gran youtuber con no sé cuántos seguidores y blah blah blah. Era una de las muchas excusas que siempre usaba Alice para reunirnos, habíamos llegado a celebrar no sé qué maldito equinoccio.

Aunque admito que esta vez me había ido muy bien sus pésimos pretextos. Necesitaba estar con mis amigos y desconectar del mundo que me había rodeado estos últimos días. Últimamente parecía que mi vida se basaba en encadenar semana de mierda tras semana de mierda.

Había habido un gran problema de desfalco en una de las mayores cuentas del despacho y eso había hecho que las reuniones se acumularan unas con las otras siendo todas ellas igual de tensas, había llegado un punto en que la crispación en el ambiente era tal que se podía cortar con unas tijeras. Casi no había pasado por la sede de Volturis, había llegado a tener reuniones en sitios insospechados y con personas aún más insospechadas, y el poco tiempo que había estado allí había sido para hacer reuniones con el equipo de crisis para saber cómo encarar más puñeteras reuniones e evitar derrumbar la empresa de nuestro cliente y la reputación de nuestra de camino. Si la empresa no la había pisado, mi casa mucho menos, tan solo para dormir unas pocas horas y ducharme para volver, de nuevo, a solucionar el desastre de otros.

Un infierno.

-Tienes demasiadas ojeras – me señaló Alice.

- Esta semana no ha sido muy generosa con mi horario de sueño ni mis nervios– gruñí mientras acababa mi último trozo de pastel. Estaba muy bueno así que le robé el suyo que aún estaba por la mitad.

-¡Eh ese es el mío! – gruñó molesta aunque me dejó en paz y se sirvió otro trozo más grande mientras me miraba con una sonrisa triunfadora en su cara. - ¿Y Bella? Pensaba que habías dicho que intentaría venir. – Preguntó mi amiga a Rose.

A buenas horas se acordaba de ella… íbamos por el postre ya. Aunque yo agradecía que no la hubiera mencionado antes. Sabía que esta semana había estado muchas veces en Volturis y eso me desesperaba. Ella tan cerca y yo casi sin pisar el edificio en toda la puta semana.

Parte de mis ojeras eran debidas a ella y a su tentador cuerpo. No había manera de cerrar los ojos y no rememorar su cuerpo entre el mío. Su suave piel contra la mía. Los dos moviéndonos juntos hasta alcanzar el orgasmo. Sus labios tentándome a no soltarlos nunca.

Su solo nombre me había hecho recordar cuando salí del baño y la vi tumbada en su cama, me pareció la más dulce de las tentaciones. La mirada que me había lanzado me había hecho volver a arder, casi instantáneamente. Fue entonces cuando me di cuenta que era la primera vez desde que murió Jessica que estaba con una mujer y no había sido sólo algo físico. Había pensado que la culpa me carcomería por dentro, pero no había sido así. Había una atracción entre los dos imposible de negar. Algo en el ambiente, algo que me atraía de ella más allá de su cuerpo hecho para pecar.

Su mirada divertida cuando conseguía sentirse cómoda.

Su espontaneidad que le hacía salir corriendo de mi despacho sin inmutarse después de pelearse conmigo en medio de una reunión de negocios.

Su facilidad para asumir sus errores y disculparse sin dudarlo ni un instante.

Su mente inquieta.

Pero a pesar de todos esos sentimientos que me provocaba, la culpabilidad no era una de ellos. Al menos no una que me paralizara o me hiciera salir huyendo, quizás algo de sobrecogimiento al darme cuenta que estaba comenzando un nuevo capítulo en mi vida. Uno sin Jessica, pero uno nuevo después de un tiempo en el que nunca me planteé algo más. Me estaba dando la oportunidad de continuar con mi vida como tanto me habían dicho que debía hacerlo, pero no me había atrevido hasta… hasta ahora.

Todo ese ambiente casi mágico acabó cuando noté como sus dedos se entrelazaban con los míos y tocaron mi anillo de boda. No me lo había quitado. No había sentido la necesidad de hacerlo y, además, era algo que me había acostumbrado a llevar tanto que ni notaba que estaba ahí. Aunque, por raro que pudiera parecer, su ausencia, de lo contrario, me sería imposible pasarla desapercibida.

Bella se tensó cuando fue consciente de la alianza, incluso su respiración se volvió algo más irregular.

Al parecer la idea de una esposa muerta era demasiado para poner sobre la mesa la primera noche. Ella no preguntó y yo no sabía si era porque no le importaba o no quería saber… así que decidí que lo mejor era no decir nada. Siendo sincero también era demasiado pronto para mí.

No sabía muy bien que decirle, yo mismo tenía que aclararme las ideas. Además, había mucho en juego para ser imprudente con mis palabras, pero no tardó mucho en sacarme de dudas.

Sexo.

Había sido una noche de sexo más.

Me había enfadado sentir esas palabras de Bella. No era como si esperara que me declarara amor eterno ni mucho menos, pero que redujera la química que habíamos tenido a simple y llano sexo que podría tener con cualquiera me parecía subestimar lo que acababa de pasar y llevaba pasando entre nosotros desde hace unas semanas. Tampoco estaba en la posición de reclamarle nada, si ella lo quería dejar en una noche de pasión, eso es lo que tendría por mucho que mi cuerpo se encendiera cada vez que pensaba en ella anhelando repetirlo.

Cuando volví a prestar atención a mis amigos estaban hablando de un cliente de Emmet que se había caído de una maquina al intentar hacerse un selfie mientras hacía deporte. Me había perdido la respuesta de Rose por estar pensando en Bella.

-¿Ese teléfono que suena no es el tuyo, Rosie? – le preguntó Emmet a su novia haciendo que fuera corriendo al sofá dónde había dejado su bolso.

-¿Un poco más de vino? – preguntó Jasper mientras todos le acercábamos nuestras copas.

-¿¡QUE QUÉ?! – Escuchamos un gritó un tanto angustioso desde la otra sala y los cuatro nos levantamos sin pensarlo buscando a Rose.

Cuando llegamos Rose estaba a punto de expulsar fuego por la boca de lo enfadada que estaba. Miramos a Emmet buscando una explicación a este repentino cambio de humor, pero él parecía igual de perdido que nosotros.

-¿POR QUÉ NARICES TENDRÍA QUE MENTIRTE? ¡Te estoy diciendo que Bella no está conmigo y no lo está! – volvió a gritar Rose cada vez más enfadada- Es más, quien tendría que estar preguntando eso soy yo, porque lo último que sé es que iba a pasar la noche creando la nueva carta…- se paró un rato escuchando a quién había al otro lado de la línea.

Su cara fue perdiendo el color y el enfado fue substituido por la preocupación.

-Jacob Black – dijo con su voz tan amenazante que me dieron ganas de preguntarle a Emmet si salía con alguien de la mafia en vez de con una asistente social - ¿Dónde está Bella?

Esas tres palabras fueron suficientes para que todos nos pusiéramos en alerta. No sé qué estaban sintiendo los demás, pero mi cuerpo estaba lívido. Una extraña mezcla de tensión y miedo de pensar que algo le hubiera sucedido. Intenté concentrarme en el presente y en lo que decía Rose.

-¡Pues llámala imbécil! – gritó buscando con la mirada a Emmet que se acercó al ver la preocupación de su chica. - ¿Qué…? – preguntó casi sin voz. – Llama a Bella – le susurró a Emmet que sacó su teléfono para hacer lo que le pedía al instante.

Emmet la miró con miedo. Algo no iba bien.

-Está parado. No da señal. – dijo mi amigo haciendo que la furia de Rose volviera a aparecer.

Cogí el mío para probar pero obtuve la misma respuesta que mi amigo.

-¡Reza para que esté bien! ¡Reza Jacob Black para que mañana ella aparezca por tu puñetera casa a darte una patada en el culo porque te juro que sino no descansaré hasta darte tu merecido! – le amenazó Rose –

Estuvo hablando con Black un rato más hasta que sus dedos estrujaron el caro teléfono.

-No me vengas con idioteces. ¡A mí no! Sabes cómo es Bella. Sabes cómo reacciona cuando la presionas y cuando la frustras así que si quieres dormir tranquilo esta noche le cuentas a otra tus patéticas excusas. – le dijo y sin darle tiempo a contestar le colgó.

-¿Qué le ha pasado a Bella? – Pregunté mientras su móvil rebotó en el sofá después que ella lo tirara con rabia.

Emmet fue a abrazar a Rose que se había dejado caer en el sofá. Noté la preocupación en su rostro cuando levantó la cara. Cada vez estaba más ansioso, recordaba demasiado bien qué sentía al no saber nada de la persona a quién amas. Que tus llamadas no sean contestadas.

Sentí la mano de Alice acariciarme la espalda y fui consciente de cuan tenso estaba. Mi cuerpo se había puesto en alarma, preparado para dar una respuesta.

-Mi amor… - la llamó Emmet al ver que seguía sin responder.

-Seguramente nada – dijo soltando todo el aire que tenía dentro – Ha discutido con Jacob, según me ha dicho se han peleado por un plato y él estaba tan ofuscado que le ha dado a entender que no confiaba en ella y eso la ha hecho explotar y se ha ido. No la localiza y pensaba que estaría conmigo.

-Imbécil – gruñí.

Sentí la mirada de todos sobre mí.

-Decidme que no estáis pensando todos lo mismo que yo. – me defendí - Llevo viendo a Bella durante todo este tiempo en la empresa y hasta yo me he dado cuenta que está bajo mucho estrés y que le está costando estar fuera de su restaurante. Ese imbécil debería haber mirado más por ella y menos por su estúpido ego. – les dije viendo la sorpresa en la cara de mis amigos.

-Tiene razón – me apoyó Rose distrayendo la atención hacía ella – Es solo que Bella nunca ha sido a persona más… asertiva… Nunca sabes cómo va a reaccionar cuando la llevas al límite. Y Jacob tiene el don de hacerlo casi sin darse cuenta.

-Pero entonces… ¿Dónde está Bella? – Preguntó Emmet – ¿Y por qué estamos aquí y no buscándola?

Rose cogió aire y sonrió sin ganas.

-Porque dudo que quiera ser encontrada. Sabes… en el fondo Jacob y yo siempre la hemos sobreprotegido demasiado, cada uno a nuestra manera – nos explicó mientras nos sentábamos todos a su alrededor y Jasper le traía un té que nadie habíamos reparado que estaba preparando – Ella nunca ha tenido muchos amigos a parte de Jacob y de mí. Siempre ha sido muy independiente, y aunque conocía a gente no se molestaba ni en intentar dejarlos entrar en su vida de manera más íntima… ¡Es una maldita vaga de las relaciones sociales! – dijo más enérgica.

-Y no es porque no tenga encanto – interrumpió Alice y yo quise matarla por su bocota - ¡Es verdad! Tiene algo que hace que quieras estar a su alrededor y no separarte. ¡Atrae! Ya le gustaría a muchos de mis representados tener ese don. Y conmigo siempre ha sido muy simpática– dijo soñadora pero a la vez certera. Había descrito a Bella a la perfección.

-Exacto – coincidió Rose – Pero al tener solo a dos personas en las que confiar… Bueno, cuando discute con nosotros le afecta demasiado… y tiende a alejarse, reclamar su independencia de nosotros. Confío que ésta sea una de esas veces. – acabó un poco más triste.

-Pero algo tendremos que hacer… no vamos a dejarla a saber dónde a estas horas de la noche. – les dije cada vez más preocupado.

Por lo que Rose había explicado Bella estaba en un estado muy vulnerable como para que estuviera sola. Era demasiado peligroso.

-Edward… - escuché la voz de Alice a mi lado mientras volvía a acariciar mi espalda. – Sabes que es una mayor de edad y no ha pasado ni ¿qué… una hora que no sabemos nada de ella? La policía no va a hacer nada…. – intentó razonar Alice.

Sabía que tenía razón, pero aun así no podía quedarme de brazos cruzados esperando pasivamente noticias de ella.

-Edward – me llamó Rose esta vez – Conozco a Bella… estará bien… Solo quiere estar sola. Cuando vuelva y vea lo que ha causado se sentirá tan culpable que seguramente esté pidiendo perdón durante tres meses… - cogió mi mano y la apretó – No te preocupes, de verdad, ella estará bien.

-Bueno, pero no está de más que nos pasemos por su casa para ver si está ahí. – propuso Emmet.

-¡Vamos! – le apoyé levantándome sin dudarlo. No había manera que no fuera con ellos.

-Iremos todos – anunció Jasper.

-No es necesario, os podemos llamar cuando estemos allí… Yo no quiero molestarnos más– nos miró Rose con preocupación a pesar de sus palabras de aliento de hace unos segundos.

-Como si hubiera manera que nos fuéramos a quedar aquí, ¡Ni loca! ¡Vamos todos! Venga basta de hablar – interrumpió Alice poniéndonos todos en marcha.

Nos estábamos poniendo las chaquetas cuando Emmet se acercó y me apartó a un lado.

-Bella va a estar bien, ya has escuchado a Rosie… Seguramente solo necesite desconectar. – intentó tranquilizarme.

-Ojalá pudiera pensar así ahora mismo. – confesé sin poder ocultar más mi preocupación real.

-Bella va a estar bien. No le va a pasar lo que le pasó a Jessica. Te lo prometo. – me aseguró apretándome en uno de esos abrazos tan propios de él.

-¿Nos vamos? – nos preguntó Alice mientras me miraba con dulzura. Se acercó para dejarme un beso en la mejilla y tirar de mí con un apretón en nuestras manos.

Fui en el coche con Jasper y Alice, era más rápido que el metro que había cogido para ir hasta su casa.

Cuando llegamos a casa de Bella, Emmet y Rose subieron a su apartamento mientras los demás esperábamos abajo. No habíamos conseguido respuesta por el interfono, pero un vecino amablemente nos había dejado subir.

-Edward sé lo que estás pensando y sintiendo en estos momentos pero tienes que tranquilizarte… estás muy tenso – me pidió una vez más Alice, que había estado sumamente pendiente de mí desde la llamada de Black.

-No puedo evitar pensar en Jessica… Y sé que Rose dice que es algo que Bella suele hacer… pero ella es tan… tan…Solo quiero que esté bien – gruñí sin saber muy bien lo que sentir.

Los recuerdos vinieron a mí.

Era miércoles por la noche y Jessica había salido con sus compañeras del hospital para celebrar el cumpleaños de Megan. Era tarde cuando me fui a dormir, era raro que ella no hubiese llegado aún, pero el día siguiente tenía el día libre y quizás había querido alargar un poco más la celebración. Nunca habíamos sido de esas parejas que están constantemente controlando dónde andaba el otro.

A media noche me desperté para comprobar que ella no estaba a mi lado. No había llegado a casa. La llamé y no me contestó el teléfono. Llamé a sus amigas y ninguna sabía nada de ella, la habían dejado en la parada de metro, en dirección a casa hacía más de dos horas.

Llamé a Alice y Jasper y comenzamos a buscarla por toda la ciudad antes de llamar a la policía. Buscamos sin descanso durante dos días.

Encontraron su cuerpo al tercer día en un callejón con claras señales de violencia. Alguien se había llevado su vida a cambio de un puñado de billetes y unas joyas de no excesivo valor.

-No está en casa. – dijo Rose en cuanto volvió a salir por la puerta del apartamento de Bella. -Mejor volvamos a casa y mañana os aviso en cuanto Bella dé señales. Estoy segura que lo hará. – nos dijo cansada pero con confianza Rose.

-Si será lo mejor… Si necesitas cualquier cosa no dudéis en llamarnos. – se ofreció Jasper.

No dormí nada esa noche. No podía parar de recordar la cara de Bella, su sonrisa, su olor que llevaba grabado en mí desde hace una semana… mezclado con el miedo que renacía de mis recuerdos.

Llamé a Emmet el domingo por la mañana pero seguía sin noticas. Era difícil mantener la calma cuando todo lo que quería hacer es salir a buscarla por cada rincón de la ciudad. Después de una sesión de entrenamiento más intensa de lo acostumbrado fui a ver a mis padres, una comida casera conseguiría calmarme los nervios.

Mamá me recibió con preocupación. Con el paso del tiempo estaba consiguiendo que esa mirada, prácticamente permanente desde la muerte de Jessica, se borrara de su rostro y ahora volvía a aparecer. Mamá siempre había tenido un sexto sentido para saber qué nos pasaba tanto a mí como a mi padre. Le había bastado con echarme una ojeada para notar que algo no iba bien, de nuevo.

-Edward no tienes buen aspecto, mi niño… - me dijo Esme cuando ya no pudo disimular más.

Tanto ella como mi padre lo habían pasado muy mal con la muerte de Jessica. La querían mucho, casi como la hija que nunca tuvieron y a ese dolor tuvieron que sumarle la pena que sentían por mí. Habían sido un apoyo constante.

-No es nada… he tenido muchos problemas con el trabajo esta semana y aun no los he arreglado del todo, me tienen con la mente en otro lado. – intenté disimular, lo último que necesitaba era la sobreprotección de mi madre, me había costado mucho convencerla que estaba siguiendo adelante con mi vida de manera sana.

Estábamos a punto de comenzar con el postre cuando escuché mi teléfono sonar. El destino repetía caprichosamente los tiempos. Me disculpé inmediatamente con mis padres cuando vi que era Emmet quién llamaba.

-¿Ha aparecido?– contesté sin saludar.

-Sí – sentí todo el terror salir de mí. Bella estaba bien. – Al parecer está en casa de una amiga, según le ha dicho a Rose. Ayer se le hizo tarde y se olvidó que había parado el teléfono…. Es solo… que bueno, que Bella está bien… ayer te vi… preocupado. – me dijo nervioso Emmet al ver que no respondía.

-Lo estaba… - admití – No podía evitar en lo que le pasó a Jessica. Bella es tan… parece tan indefensa a veces que… - intenté poner en palabras el caos que tenía en la mente, pero no era fácil.

-Te entiendo. A cualquiera le pasaría lo mismo. Yo también lo pensé. – acabó confesando. El silencio nos invadió hasta que escuché de nuevo la voz de Emmet esta vez con un poco más de ánimo – Edward… te dejo que voy a llamar a la enana, ayer me amenazó con cortarme en pedazos si no la llamaba en cuanto supiera algo. Nos vemos.

-Nos vemos Emmet y gracias por avisarme. – le agradecí sinceramente.

Necesitaba sacarme de la cabeza esos malos recuerdos, pero también necesitaba saber que Bella estaba bien. Era algo más allá del miedo a que una persona pudiera sufrir lo que sufrió mi esposa, era… ella, Isabella Swan que se había metido dentro de mi piel de una manera que aún no lograba ni entender.

Tenía ganas de llamarla, de escuchar su voz, de plantarme en la puerta de su apartamento para verla y comprobar con mis propios ojos que las palabras de Emmet eran ciertas, pero no era el momento. Para ella era yo solo sexo y seguramente no querría volver a verme en la puerta de su casa, y más si seguía alterada con el idiota de Black… Quizás lo mejor era esperar a verla por los pasillos de Volturi's.

-Edward – escuché la voz de mi padre llamarme. Estaba detrás de mí mirándome con la misma cara de preocupación que tenía mamá desde que había llegado a mi antiguo hogar hace unas horas.

-Perdón… Emmet me ha entretenido. ¿Vamos? – le dije intentando pasar por el pasillo hasta el comedor.

-Edward espera… - me paró con esa voz tan típica de Carlise Cullen. Era tan firme dando órdenes como cariñoso cuando expresaba su amor - Tu madre y yo nos hemos dado cuenta que no estás pasando por un buen día y sabemos que no es por el trabajo… Solo queremos que sepas que estamos aquí para cualquier cosa que necesites. – me dijo dando un apretón en mi hombro.

Carlise y Esme habían sufrido tanto por mi este año y medio que tenía la sensación que los había hecho envejecer más de la cuenta. El sexagésimo cumpleaños de papá estaba a la vuelta de la esquina, pero cuando me miraba con ese rostro parecía que tenía muchos más.

-Todo está bien papá… solo… - le miré a los ojos intentado descubrir qué decirle y al ver la ansiedad que trasmitían decidí ser sincero – La prima de Rose, la novia de Emmet… ¿Te acuerdas que te hable que llevaba el proyecto de su restaurante? – él asintió con la cabeza – ayer por la noche… no la podían localizar y… he estado un poco preocupado, los recuerdos son inevitables… Pero estoy mejor. De verdad, no quiero que os preocupéis por mí. Siento que mi vida está cambiando a mejor desde hace un tiempo– le confesé haciendo que se relajara un poco.

-¿Está bien la chica? – me preguntó después de un breve silencio. Carlise siempre parecía que decidiera si le habías engañado antes de contestar… supongo que muchas horas en urgencias a lo largo de su carrera soportando las pésimas excusas de sus pacientes habían hecho mella en él –

-Sí. – contesté nuevamente intentando olvidar las ganas que tenía de ir a su casa a comprobar que era verdad.

-Me alegro por ella y su familia… y Edward… me alegro que sigas adelante con tu vida. Te lo mereces y aunque todo el mundo lo dice en estos casos, es lo que Jessica hubiera querido. – me dijo antes de pasarme su brazo por el hombro y caminar conmigo hasta el comedor dónde mamá nos miraba sospechosamente. Papá no tardaría en ponerla al día cuando me fuera.

Le sonreí sinceramente y toda la tensión desapareció de su hermoso rostro. Esme Cullen merecía toda la paz del mundo.

La visita acabó mucho mejor que había comenzado. Las buenas noticias me habían relajado y me permitieron disfrutar más de la compañía de mis padres, además mamá estaba eufórica con la fiesta que le estaba preparando a papá para su cumpleaños y aunque él intentara hacerse el duro le encantaban sus fiestas. Ellos vivían a las afueras de Seattle y no nos veíamos tan a menudo como a mi madre le gustaría, pero de vez en cuando me obligaban a ir a su casa a comer y aprovechaba para mimarlos un poco.

-De todas las cosas que puedes conducir viviendo en Seattle dónde, déjame añadir, siempre hace un tiempo del demonio tú eliges una moto. ¡UNA MOTO! – me soltó Alice desde la puerta de mi apartamento - Edward Cullen y sus pésimas elecciones automovilísticas. Si tu coche no le llega a la suela del zapato al mío esa moto…Esa moto…

-¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Y cómo sabes que vengo en moto? – le pregunté interrumpiéndola mientras abría la puerta para que dejara de regañarme como si tuviera dos años en el rellano de mi apartamento.

Me quité mi cazadora y dejé el casco con rapidez en una repisa que tenía al lado de la entrada pero ella ya estaba delante de mí sin su chaqueta puesta. A veces dudaba que fuera humana.

-Sé que vienes en moto por tu casco. ¡Idiota! Y llevo poco tiempo, he llamado a Esme para que me avisara cuando salías de su casa y así calcular el tiempo… llevo semanas queriendo hablar contigo – me explicó tan rápido que la mitad de las palabras no las pude sentir, suerte que estaba acostumbrado. Toda una vida a su lado me había dado la habilidad de sintetizar sus discursos prestando atención solo a las palabras clave.

-¿Hablar conmigo de qué? – le pregunté curioso mientras encendía la cafetera y sacaba los roscos preferidos de Alice del armario.

-Me gusta tu apartamento… es muy tú – me dijo admirando desde la isla de la cocina toda la sala.

Una vez tomé la decisión de dejar mi antiguo piso, no me había sido fácil encontrar, de nuevo, uno que me gustara en la ciudad. No fue hasta que un compañero de trabajo me había comentado que su hermano se mudaba de ciudad y necesitaba alquilar su apartamento que encontré este rincón. Lo vine a ver y ese mismo día me lo quedé. Era bastante grande para una persona, pero me lo podía permitir económicamente y además estaba relativamente cerca del trabajo y del centro de la ciudad sin estar en medio de todo el barullo. Mamá se propuso que yo participara en la decoración. Me jugaba mi mano derecha, por mucho que ella lo negó y lo sigue haciendo, que lo había hecho para distraerme y sacarme de casa más que porque mi opinión le interesara realmente. Después de una larga travesía por interminables tiendas de muebles y decoración y decisiones absurdas sobre el color de las cortinas tenía como resultado un lugar que parecía un hogar y no una caja llena de cosas sin sentido.

-Lo dices cada vez que vienes – rodeé los ojos y ella solo me sacó la lengua como respuesta - ¿Dónde está Jasper? – pregunté.

-Haciendo no sé qué para su clase de mañana – me contestó encogiéndose de hombros. – Pero no es de Jasper de quién he venido a hablar. – volvió a la carga mientras preparaba las tazas para nuestros cafés.

-¿Entonces vienes a hablar de alguien? – pregunté un poco perdido… solo esperaba que no intentara volver a concertarme una cita a ciega con alguna de sus amigas, lo había hecho hace un tiempo y había sido un infierno desligarme del plan –

-Sí. De Isabella Swan – me contestó al mismo tiempo que la cafetera sonaba señalando que ya estaba preparada la bebida.

¿Alice hablar sobre Bella? Yo no tenía mucha más información de lo de ayer por la noche…. y dudaba que se hubiera enterado de nada de lo que pasó entre nosotros.

Me giré para coger la cafetera y servirnos.

-¿Bueno qué? – me apresuró impaciente.

-¿Qué de qué? No sé qué quieres que te diga. A parte de que ayer desapareció y que estoy llevando el proyecto de su restaurante no sé mucho más de ella. – le contesté dirigiéndome a la sala huyendo de sus ojos inquisidores.

-Edward Cullen te lo voy a repetir una vez más… la próxima vez no seré tan amable – me dijo apuntándome con el dedo - ¿Qué pasa con Bella?

-No sé a qué te refieres – continué en mi postura, no sé qué se le habría metido en su cabeza loca, pero estaba seguro que no sabía nada así que no había nada que contar.

-Me refiero a que en la cena en casa de Emmet hace unas semanas la tensión entre vosotros era tan grande que casi me hicisteis sentir incómoda en el ascensor – dijo a lo que solo rodeé los ojos – Me refiero a que te vi encantado de poder acompañarla caminando a su casa a pesar que Jasper y yo os podríamos haber acercado en coche a los dos… Me refiero a que ayer en tus ojos había algo más que preocupación por una extraña y malos recuerdos.

Me miró en silencio iniciando una batalla de miradas que dejarían exhausto a cualquiera.

-Así que te lo repito por tercera vez ¿Me vas a contar qué pasa con Bella? – acabó alzando sus cejas y poniéndose cómoda en el sofá dándome a entender que no se iba a ir de aquí sin una respuesta.

El problema es que ni yo mismo tenía una respuesta.

-Hace una semana nos acostamos. – admití finalmente. Era la versión oficial y además era la que menos implicaba razonamiento extra… al fin y al cabo, ella misma había dicho que había sido solo sexo.

-¿¡Qué?! – Chilló Alice incorporándose con tanto ímpetu que casi se le cae todo el café encima.

-Lo que has escuchado… tampoco hay mucho más que añadir – le comenté despreocupadamente.

-Tú, Edward Cullen me estás ocultando algo. El Edward Cullen que yo conozco lleva sin mirar a una mujer desde hace años, incluso antes de Jessica nunca has sido el típico capullo que se acuesta con chicas y después las olvida como si nada… Así que no, no me creo que solo haya sido sexo… - me acusó.

-Sí hay atracción y sí es la primera mujer desde que Jessica murió que me hace sentir… no sé, algo. ¿Qué es este algo? No tengo ni idea y no estoy seguro de querer adentrarme en ese camino aun. Para ella solo fue sexo y no voy a complicar más las cosas con la prima de la novia de nuestro mejor amigo. No. – le expliqué esperando que se diera por vencida.

-Está bien… De momento no te voy a presionar. No soy tan mala – respondió ante mi mirada incrédula – Pero Bella es una buena chica… - A Alice realmente le caía bien Bella y quería ser amiga suya - ¿Sabes? Por encima de todo me alegro que hayas decidido seguir adelante con tu vida – me dijo coincidiendo con Carlise – Este apartamento fue un primer paso para no seguir viviendo encerrado en el pasado… y estoy segura que lo que haya pasado con Bella también lo ha sido independientemente de cómo acabe. Quizás ella solo sea quien haya roto el embotamiento sentimental que tenías y poco a poco te sientas con más ganas de conocer a otras personas– me aseguró apretando mi mano.

-Eso espero… No tengo ni idea de cómo hacerlo, he perdido práctica en todo este mundo– intenté bromear.

- Lo descubrirás. – me guiñó el ojo – Si yo fuera tú…. Me dejaría llevar. No pienses mucho las cosas, siéntelas. – me sonrió con esa sonrisa que hace parecer cualquier acción la más sencilla del mundo - ¡Pero mira qué tarde es! ¡Me voy o Jasper se pensara que me estoy gastando todos nuestros ahorros! – se levantó de un salto y yo la acompañé a la puerta.

Antes de salir se giró y me abrazo tan fuerte como su pequeño cuerpo le permitía.

-Me alegro por ti. Sé que vas a volver a ser muy feliz, si alguien se lo merece eres tú. Te quiero mucho Edward. – me dijo tiernamente mientras me daba un beso en la mejilla.

-Yo también te quiero enana. – besé el tope de su cabeza antes de que saliera escopeteada hacia el ascensor.

Cerré la puerta y fui a ver un rato la televisión. Necesitaba evadirme del fin de semana y de todos los problemas que me esperarían en mi despacho cuando comenzara la nueva semana.

En este momento de calma después del agotamiento de estos días feroces de trabajo y de la noche de ayer una idea vino clara a mi mente… Total no tenía nada que perder.

Cogí mi teléfono móvil y tecleé.

"Me gustaría tener una reunión para recapitular el proyecto después de estos días ausentes. ¿El lunes a las 16h va bien? Edward Cullen.

Enviar.

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NA:

¿Qué os ha parecido? ¿Entendéis un poco más a Edward o estáis peor que antes? Jajaja Obviamente hay algo que Bella y Edward no están entendiendo de la misma manera. Veremos cómo se comportan cuando les toque afrentar este fin de semana. ¿Alguna apuesta?

ACTUALIZACIÓN: Será el próximo Viernes. Voy avanzando en el fic y espero poder escribir lo suficiente como para intentar dos actualizaciones a la semana, pero si más no para poder subir una sin tener que parar como hice hace poco (si el trabajo me lo permite).