Trato cerrado

Emma dejó sus llaves en el cuenco de la entrada mientras iba descalzándose para subir las escaleras. Regina parecía dormir profundamente, su respiración lenta y profunda seguía el ritmo de los ruidos de la habitación.

La pequeña rubia caminó de puntillas hasta el cuarto de baño y se puso la ropa de dormir. Alcanzó la cama, se deslizó entre las sábanas para pegarse a la espalda de la amazona que se despertó inmediatamente. No se sobresaltó, no hizo sino abrir los párpados y posar su mano en la de Emma que se había posado sobre su vientre.

-Humm, hueles a alcohol y…cigarro

-Sí…

Un pequeño silencio permitió que Regina se preguntase si debía o no interrogar a la rubia sobre su estado; pero se frenó.

-¿Cómo se encuentra?- preguntó la morena, con voz dormida

-Ha recuperado algo la visión del ojo izquierdo- respondió ella calando su barbilla en el hombro de su compañera.

-Es una buena noticia- felicitó suavemente Regina

-Sí

El silencio volvió a hacerse. Emma ya no hablaba mucho de un tiempo a esa parte. Nunca había hecho duelo por nadie, al menos no por una amiga. Y a pesar de todo el infierno que había vivido, la muerte la había dejado de lado.

La pérdida brutal de una amiga no estaba prevista en su camino y aunque no era tonta, realmente nunca había pensado en la muerte de Alice…En el fondo, se culpaba porque no se había tomado la molestia de hablar con la joven, nunca había ido al meollo de las cosas y el gran vacío que había sustituido a su amiga no le era de ningún consuelo. Regina la ayudaba a veces a encontrar un poco de felicidad, pero desde hacía dos semanas, vagaba entre la casa de August y la mansión de Mills, cansándose un poco más cada día. Además, lo que había descubierto al entrar en su casa el día del entierro no la había ayudado a mejorar, nada más lejos que eso.

Apretó un poco más el agarre alrededor del cuerpo de la joven y hundió su rostro en la cabellera de la que emanaba efluvios de perfume. Un sollozo ascendió hacia su garganta, pero ahí quedó trabado. Fue el momento que eligió Regina para girarse y mirarla cara a cara.

-Emma…- susurró ella depositando un beso en uno de sus párpados.

-La echo de menos- confesó la joven dejándose abrazar tiernamente

-Yo también…- susurró ella para tranquilizar a la huérfana.

Aún conmocionada por los últimos acontecimientos, Regina tampoco había podido recuperarse de las últimas palabras de Alice, pronunciadas en el delirio de la enfermedad. Sin duda, ella pensaba en Henry y se preocupaba más de lo acostumbrado, si eso era aún posible. Después de todo, si él se enfermaba, una grave enfermedad, ¿qué haría ella? Entonces, se culpaba de pensar en ella sola, y le venía a la mente el dolor del padre de la muchacha. Le habían arrancado al amor de su vida y unos años más tarde, la muerte había llegado para llevarse a la criatura que él adoraba sobre todas las cosas.

Nadie debería sobrevivir a sus hijos, no era natural. Y cuando nuestros pies están bien anclados al suelo, el mundo elige conmocionar nuestro equilibrio, los puntos de anclaje se quiebran y la desalentadora injusticia acapara un lugar inmenso. Las ganas de gritar la oscura y devastadora rabia que se apodera de nosotros es tan fuerte que podríamos volvernos locos. Y después…¿culpar a quién? ¿Quién es responsable a no ser la enfermedad? ¿Contra quién volcar ese veneno de cólera y esa mezcla de sentimientos confusos? La cólera, la rabia, el sentimiento de abandono, la incomprensión, el sentimiento de injusticia, la tristeza profunda de saber que jamás la carne de nuestra carne podrá iluminar nuestras días, que nunca más su risa resonara en nuestros oídos…que acabarás incluso por no recordar su voz, su risa. Que los trazos de su rostro se volverán borrosos. Y es de esa forma como la memoria nos protege; borrando los detalles para volverlos menos prominentes, menos despiertos, menos contundentes, menos…vivos.

Cuando esa constatación venía, Regina estallaba en llanto.

No esa noche, tenía que mantenerse fuerte por Emma, debía estar presente y sobre todo, mostrarle que podía serle de gran apoyo.

-¿August no tenía que ir al banco hoy?- se acordó Regina mientras apartaba del rostro de Emma algunos mechones de cabello.

-Sí

-¿Y?

-¡Regina!- previno Emma suspirando

-¡Emma, tengo derecho a preguntarte!- se molestó la morena

Después del entierro de Alice, Emma había encontrado a Nathan hecho una bola en el hall de la entrada de August, con el rostro golpeado y la espalda lacerada. El pánico había sido reemplazado rápidamente por la adrenalina y lo había llevado al hospital donde le hicieron varios exámenes, escáner y donde la policía había tomado denuncia.

Nathan había explicado que George lo había sorprendido cuando él acababa de despedirse de unos amigos en una esquina, el hombre lo había lanzado al suelo, en mitad de dos casas casi en ruinas y lo había machacado a golpes antes de quitarse el cinturón para azotarlo en la espalda y en la cara. Uno de los golpes había sido tan fuerte que Nathan había perdido temporalmente la visión de su ojo izquierdo.

August, inmediatamente, había insistido para dejar el hospital porque el seguro decía que no había recibido los papeles que garantizaran la cobertura de Nathan. Era necesario que encontraran un modo de pagar el hospital que les habían dejado dos semanas para encontrar cuatro mil dólares. Desafortunadamente, se acercaba el plazo límite y el dinero aún no estaba. August había pedido poder pagar de varias veces, pero su petición había sido rechazada. Al principio, Regina había propuesto a Emma su ayuda, ella quería pagar la suma porque aún tenía ahorrado el dinero para poder huir tranquilamente el día en que Cruella la encontrara, pero sin comprender por qué, había visto a Emma entrar sumergida en una tremenda cólera, diciéndole que no estaba con ella por su dinero, que no necesitaba su ayuda y que podía irse al carajo. Y todo eso había sucedido en el despacho de la directora adjunta.

La puerta golpeó contra la pared cuando la abrió, Regina se sobresaltó y una expresión furiosa se pintó inmediatamente en sus rasgos cansados.

-¿Puedo saber qué le ocurre para entrar de esa manera en mi despacho, miss Swan?- gritó ella

-Señorita Mills, no he podido retenerla…¡lo siento!- se excusó la secretaria agarrando los brazos de Emma -¿Qué le ocurre, jovencita?

-¡Suélteme!

-Bueno, está bien, suéltela, ¡voy a recibirla!

Emma apartó su brazo y avanzó hasta sentarse en la silla frente a Regina, ella clavó sus pies al suelo, firmemente decidida a quedarse ahí hasta el final.

La morena cerró delicadamente la puerta y su oscura mirada se giró hacia la estudiante que probablemente iba a recibir un buen sermón.

-¿Puedo saber qué te pasa?- preguntó ella en tono seco

-Me pasa que deseo que pares de estar malhumorada por nada

Las cejas de Regina se elevaron un breve instante y enseguida entrecerró sus ojos.

-¿Perdón? ¿Por nada? ¡Emma, voy en medio de la noche al hospital para ir a ayudarte y tú me echas diciendo que no quieres hablar de dinero conmigo! Como si no pudiera ayudarte…

-¡NO QUIERO TU DINERO!- grito vivamente la rubia

Las manos de la directora adjunta golpearon la mesa, haciendo sobresaltarse a la más joven.

-¡No hables tan alto, y no te atrevas a hablarme otra vez en ese tono!- amenazó ella con voz temblorosa.

Emma no comprendía lo que estaba haciendo; había llegado al despacho para conseguir una explicación y reconciliarse con su novia, pero estaba pasando todo lo contrario. Bajó sus hombros, y su triste mirada subió por todo el cuerpo de la ex alcaldesa.

-No quería decirte eso de esa manera, es solo que…siempre tengo la impresión de ser para ti la pobre niña perdida de barriada…¡y eso me molesta!

-Emma, no me acuesto con la pobre niña perdida de barriada, ¡entérate de una vez! ¡Para nada encajas en esa imagen para mí! Creo que tú misma te ves así.

Pensándolo bien, la morena tenía razón, Regina no había querido sino ayudarla y Emma la había rechazado brutalmente como si le hubiera propuesto prostituirse. Todo daba vueltas en la cabeza de Emma: Alice, Nathan, Killian, August, Regina…sintió que algo cedía en ella, como una presa que hubiera estado conteniendo su pena por demasiado tiempo.

No se habían vuelto a dirigir la palabra durante tres días después de ese altercado, pero finalmente, Emma había ido a excusarse aunque dejó claro que nunca aceptaría el ofrecimiento de Regina. El tema está zanjado aunque eso frustraba enormemente a la de más edad.

-El banco ha denegado el préstamo- soltó la voz de Emma en la penumbra

El vientre de Regina se encogió, no veía cómo la pequeña familia podría afrontar eso.

-He estado hablado con August, si sacrifico mi dinero para el viaje, podríamos reunir una gran cantidad de la suma total, pero…eso quiere decir que no iría al viaje y Ruby y Belle se enfadarían conmigo…mucho.

-¡Tú no vas a sacrificar tu viaje, Emma!- dijo con voz estrangulada la directora adjunta

-Bueno…después de haber hablado mucho y haber arrastrado a varios amigos, he encontrado una solución mejor, no te preocupes

-¿Ah sí? ¿Cuál?

-Ahora estoy cansada y realmente no tengo ganas de hablar de eso, ya sabes por dónde voy- susurró la rubia deslizando la mano por las apretadas nalgas de la morena.

-¡Hueles mal!- gruñó Regina que no soportaba el olor a cigarro mezclado con el del alcohol.

Emma refunfuñó algo, pero dejó que su compañera se diera la vuelta. Se durmieron sin decirse nada más, una frustrada por no poder ayudar como quería, y la otra, por no haber podido acabar la noche como pretendía.

Al día siguiente, el despertar fue duro para la rubia que sentía su cabeza pesada y su boca pastosa. Regina ya estaba vestida, ella farfulló al ver a la morena moverse a su alrededor.

-¡Tengo un consejo de administración, tengo que marcharme antes!- informó al ver la mirada asombrada de Emma

-Humm…no tengo ganas ningunas de levantarme…- farfulló Emma

-¡Venga, no es razonable! ¡Date prisa e intenta mantenerte despierta durante mis clases de esta mañana!

-¿Puedo al menos tener un beso para darme aliento?

Tras una sonrisa, la morena depositó un rápido y casto beso antes de marcharse, dejando a la rubia en la más absoluta confusión.

Como había presentido, el día fue largo y agotador. El nivel de la clase no satisfacía a los profesores y aunque Emma ya no estaba tan alejada de Belle, estaba prestando cada vez menos atención y sus notas atestiguaban eso. El examen de matemáticas dejó muerta a la joven cuando se dio cuenta de que tenía la peor nota de la clase. Aunque sus notas nunca habían sido un problema existencial en su vida, desde que Emma salía con Regina, tomaba cuidado para no bajar de la media; quizás porque pensaba que Regina no saldría nunca con una idiota…pero fuera como fuere, desde la muerte de Alice para ella todo no era sino un gran absurdo y sus sensaciones y emociones a flor de piel no pasaban desapercibidas. Evidentemente, los más fuertes se aprovechaban de eso y Katherine Midas nunca se quedaba atrás cuando se trataba de lanzar pullas al pequeño grupo de Emma.

-¡Miren a esa pobre de Swan, rodeada de un atajo de cretinos que se van a colgar de la botella o hacer cosas asquerosas en los pasillos del insti!- dijo Katherine en la cafetería cuando Ruby se sentaba en la mesa de la rubia.

Ninguno respondió, no eran realmente conscientes de que Katherine las había cogido como diana.

-¡Oh, Killian! ¿No es demasiado duro pedir a alguien tan repugnante como Belle Frech que te corte la carne?- apostrofó la rubia jugando con su cabellera de oro.

-¡Qué te jodan Katherine!- dijo Ruby girándose para mirarla a la cara.

-¡Cierra el pico Lucas! No estoy hablando contigo, que yo sepa. Swan, ¿qué piensas tú?

-¿De qué hablas?

-De gente que no debería estar junta porque la ley no lo autoriza y que en cambio se acuestan juntos en cuanto pueden.

La sangre de Emma se heló en sus venas y sintió su respiración cortarse inmediatamente. ¿Cómo podía estar Katherine al corriente?

Escrutó el perfecto rostro que tenía delante y dudó en romperle la mandíbula esta vez de verdad. Cogió sus cubiertos y decidió, sin embargo, comer tranquilamente.

-Pienso que no es asunto tuyo, Katy, pero como de costumbre, no puedes evitar meter tu gran narizota en la mierda para removerla un poco más. ¡Deduzco que te encanta nadar dentro y de ahí viene ese olor particular que te rodea!

-¿Sabes que puedo hacer que lamentes esas palabas?- amenazó Katherine empinando la nariz desdeñosamente

-¿Sabes tú que puedo hacer que lamentes haber nacido?- le devolvió Emma mirándola de arriba abajo

Durante algunos segundos, se enfrentaron con las miradas y Emma supo que ella no lo dejaría estar.

-¿Y tú, Belle? ¿Qué piensa de eso tu padre?

Emma frunció el ceño y enseguida comprendió. No se trataba de ella y Regina, sino más bien de Belle y el abogado de su padre.

Belle, con los ojos brillantes por las lágrimas, hundió su nariz en su vaso para no tener que responder. Ruby, al ver a su mejor amiga en tan evidente incomodidad, se levantó inmediatamente.

-Francamente, Katherine, ¿no estás harta de que te partan la cara cada vez que te diriges a nosotras?

-¡No te acerques a mí, pobre cachorrita!- insultó la rubia

Sin realmente darse cuenta, Emma se levantó, posó una rodilla en la mesa, después otra y se deslizó fácilmente hacia Katherine para echársele encima y aplastarla contra la pared de enfrente, empujando de paso a dos o tres personas, haciendo caer los platos con un ensordecedor ruido que hizo que todas las miradas se dirigieran hacia ellas. Con un brazo colocado en la garganta de su abyecta colega, Emma mantuvo su posición para que la otra no pudiera replicar.

-Escúchame bien, Katy, o te mantienes alejada de mis amigos o te juro que me pongo en contacto con gente de la peor calaña que te hayas encontrado, y no te hablo de alguien que le haya robado la muñeca a su niñita, sino de alguien mucho más terrible que podría dejarte medio muerta en una callejón. ¡Haz tu elección, Katy, pero hazlo rápido!

-¡Swan, Midas!- resonó una voz en la nuca de Emma

David Nolan se encontraba ahí, su bandeja volcada en sus pies y la sémola en los pliegues de su pantalón y sus zapatos. Mary Margaret Blanchard tenía una expresión de horror en su rostro, pero no era nada comparado a la expresión que enarbolaba Regina, con su bandeja medio caída.

-Reg…

-¡A mi despacho!- cortó Regina dejando su bandeja -¡Las dos!- soltó ella señalando con el dedo a cada una.

Siguieron más mal que bien a la directora adjunta que caminaba con paso rápido. Lanzándose miradas asesinas, las dos estudiantes sabían que sus padres iban a ser llamados, y si bien a una le importaba un comino, la otra no quería que August se encontrara frente a frente con su novia.

El despacho de la antigua alcaldesa estaba entre penumbras, señal de que ella habría tenido una migraña algunas horas antes. Las dos jóvenes tuvieron la impresión de entrar en la guarida de un lobo particularmente hambriento.

-Señorita Midas, será expulsada tres días del centro, y tendrá una amonestación en su expediente, ya estoy harta de verla pavoneándose por los pasillos pensando que es intocable porque su padre es un eminente mecenas de no sé qué escuela. Y quiero ser bien clara, si recibo una sola llamada de su querido papá, juro que ningún centro educativo del país querrá aceptarla entres sus alumnos debido a la horrible reputación que me encargaré de que le caiga encima. ¿He sido bastante clara?

Emma estaba segura de que nadie le había levantado la voz a la pequeña Katherine Midas. Protegida en su pedestal de oro macizo, nunca había escuchado palabras tan violentas dirigidas a ella. Felizmente, Regina acababa de tirarla de forma brutal al suelo y pisotearla ferozmente.

-En cuanto a usted, Miss Swan, la próxima vez que use sus puños contra alguien, haré una llamada a un educador para que venga a meter baza y créame, no será agradable. ¡Las dos tenéis que crecer de una vez!

Tras un sermón en regla, ordenó a las dos jóvenes que volvieran a la cafetería y que no volvieran a montar escándalo.

Katherine salió del despacho sin queja alguna, pero Emma tenía otra idea en la cabeza. Ver a Regina en ese estado, la había excitado mucho y esperaba hacérselo saber. Cerró la puerta tras Katherine preguntándole primero si podía hablar a solas con ella.

Cuando cerró con llave la puerta, Regina frunció el ceño.

-¿Un educador?- preguntó Emma acercándose de forma felina.

Regina rodeó su mesa y elevó las manos en señal de rendición.

-Emma, francamente, no puedes tener crisis de ahhhh

Emma se había precipitado sobre la morena aplastándola contra la mesa y besando ávidamente su cuello.

-Emma…- balbuceó Regina acercándola más a ella para que no se le ocurriera dejar de besarla.

La mano de la joven se perdió en las caderas de la morena que presintió de inmediato la necesidad de la estudiante de tocar su piel. Ella necesitaba sentirse viva y Regina, aunque estuvieran en su despacho, no tenía ninguna gana de detener a Emma. Estaba dispuesta a aportarle todo lo que podía para que ella sanara de ese vacío que había aparecido cuando Alice había muerto. Su blusa fue sacada de su falda y las manos de Emma pasaron por debajo para acariciarle los riñones, las costillas. No irían más lejos, Regina lo sentía. De momento, eso bastaba a Emma, y sin duda el hecho de estar en su despacho la intimidaba. Después de todo, ellas no habían hecho nada desde que Regina había ido a encerrarse en el baño la noche que regresaron de Saint Augustin.

Unos pasos se acercaron al despacho y Regina empujó rápidamente a su alumna. Mantuvo su mano en la de ella y posó su frente en la suya. Le envío una sonrisa mientras recuperaba su respiración.

-Lo retomamos más tarde, ¿qué te parece?

-Creo que es una buena idea- respondió Emma atrapando el labio inferior de la morena

-Emma, sé que te pesa no poder hablar de nuestra historia…

La joven se puso seria y se apartó totalmente de la morena.

-No, te lo aseguro. No deseo hablar de eso…

-Emma, no puedes huir cada vez que una conversación te moleste

-No huyo, solo te digo que no quiero hablar, es complicado.

-Emma, ¿qué está ocurriendo? Te vuelves agresiva, a la defensiva, violenta con tus amigos…

-¡Katherine Midas no es mi amiga!- escupió Emma lanzándole una mirada furiosa

-Sea lo que sea, no puedes saltarle encima cada vez que te diga algo que no te guste, ¿no crees?

-Si eso me desahoga, no veo por qué yo…

-Oh…¿golpear a una mujer te desahoga?- atacó Regina entrecerrando los ojos

Rápidamente, Emma lamentó las palabras y sus hombros se relajaron, sin sufrir ya ninguna presión a causa de la cólera.

-No…Regina, no es lo que he querido decir. ¡Es solo que esa chica es una verdadera plaga, está continuamente persiguiéndonos y estoy cansada de ser la víctima!

-Estás harta de sufrir, ¿es eso?- adivinó ella usando su voz más dulce

-Sí…

-Te concedo que en este momento estás pasando por una mala época, muy mala, pero…Emma, me gustaría saber qué has hecho para que, de repente, encontrar tres mil dólares ya no sea un problema.

Los ojos verdes de Emma se volvieron huidizos y húmedos haciendo temer lo peor a Regina.

-¿Emma? ¿Qué has hecho?

-De verdad, te va a dar algo cuando lo sepas

-Bueno, ahora me estás asustando

-Lo siento, pero no tenía otra solución- balbuceó Emma intentando justificarse

-¡Responde! ¡Por Dios!

Con el viento revolviendo sus cabellos dorados, se escabulló entre dos barcos amarrados fuertemente al muelle. La mirada verde de Emma se fijó en diferentes puntos en su campo de visión y centró su atención en su móvil. El número de emergencia estaba marcado, solo tendría que darle a la tecla de llamada para que esta se hiciera. Se estrechó los faldones de su abrigo alrededor de ella antes de encender un cigarro. Dejó que el humo penetrara en sus pulmones y lo soltó inclinando la cabeza ligeramente hacia atrás para no perder nada de vista. El faro hacía bailar su luz una vez más, provocando un dulce recuerdo a la joven. Adoraba que su primea vez hubiera sido tan mágica, no habría podido elegir mejor compañera; paciente, dulce, comprensiva, pícara…Sabía que siempre que viera la luz de un faro, no podría dejar de pensar en esa noche en que había perdido su virginidad y comenzado una bella historia.

De repente, sus pensamientos se disiparon con las risas que resonaron sobre el muelle. Su mano se crispó aferrando el teléfono, pero no se movió ni un ápice, entorpeciendo voluntariamente el camino al pequeño grupo que avanzaba hacia ella. Su corazón tamborileaba contra su caja torácica a punto de estallar. Humedeció sus labios y se quedó plantada en medio del camino. Uno de ellos la vio y le dio un codazo a otro mientras la señalaba con un movimiento de cabeza.

-¡Eh, bah! ¿Qué hace una gallinita como tú sola en el puerto, tan tarde por la noche?- preguntó uno de los macarras avanzando hacia ella para intimidarla.

-¿Tú qué crees? ¿Quién se pasearía por el puerto si no tiene la intención de buscaros?- replicó ella en tono seco.

Ella lo había pensado mucho, era necesario que fuera seca, sin mostrar, sin embargo, agresividad. Tampoco su voz debía temblar, ni tener la mirada huidiza. Clavó sus orbes en los ojos de uno de ellos.

-Tengo un negocio que ofreceros

El moreno bajo lanzó una furtiva mirada a un miembro del grupo, algo más alto; un pelirrojo con los dientes delanteros algo salientes. Emma adivinó instintivamente que era el jefe de la banda, sin duda el que había mando que atacaran a Killian. Tenía una expresión viciosa y sus pequeños ojos la escrutaron sin miramiento.

-¿Un negocio? ¿Solo eso?

-¡Pero si no te conocemos!- canturreó un rubio con una cicatriz en la mejilla.

-Yo os conozco- respondió calmadamente Emma apretando su teléfono.

Ellos se miraron unos a otros un instante y ella retomó la palabra dirigiéndose al jefe.

-Tú eres el líder

-¿Cómo sabes tú eso?- replicó él con una voz que en realidad no había cambiado, dándole un aire de adolescente tardío.

-Tus compañeros se giran hacia ti cuando ellos me hablan, como si necesitaran tu acuerdo para hacer el menor gesto…

-Punto para la rubia.

Ella tragó en seco, si aún no estaba muerta era porque había sabido captar su atención. No sabía cómo, pero una cosa era cierta, no podía perder la ventaja.

-¿Y si vamos a charlar a un sitio más discreto?- propuso el muchacho metiéndose las manos en sus bolsillos.

-Me gustaría saber a quién me dirijo, para empezar- cortó Emma reteniéndolo por la maga.

-Me llaman Pan. Y tú, ¿cómo te llamas, rubita?

-¡Rubita está bien!- replicó ella encogiéndose de hombros

-¡Bien, ahora que ya hemos hecho las presentaciones, vámonos!- lanzó uno de más edad empujando a Emma por la espalda.

Ella no podía dar marcha atrás y a pesar de tener aún su mano aferrado al móvil, estaba cada vez menos tranquila. Ya no tenía la ventaja y tenía que confiar en una banda de delincuentes que estarían dispuestos, sin duda, a degollarla a la menor contrariedad.

La llevaron a bordo de un barco que lanzaba gruñidos siniestros a cada paso que se daba. Ellos se sentaron por aquí y por allá, aparentemente cada uno tenía su lugar asignado. El de Pan se encontraba en una pequeña mesa en el centro del navío y ellos añadieron una silla para que ella pudiera sentarse frente a él. Después colocaron un vaso de tequila frente a ella, sin dejarle otra opción sino la de beber. Tras una ligera vacilación, aferró el vaso y se lo bebió de un tirón.

-¡Me caes bien, rubita!- dijo Pan desplazándose hacia ella, arrastrando su silla sobre la madera oscura y húmeda.

Él se puso al lado de ella dándole la vuelta a su silla, para estar casi cara a cara. Él posó una mano sobre la rodilla de la joven y cuando sintió que se crispaba, una sonrisa retorcida estiró sus labios.

-Entonces, rubita, ¿qué puedes querer proponerme que valga la pena para mí?- preguntó acariciando la piel de Emma a través del agujero que dejaba a la vista la parte alta de su rodilla.

-Dentro de algunas semanas, voy a París con mi instituto

Pan detuvo sus gestos y lanzó una ojeada alrededor de él.

-¿En qué puede interesarme eso?

-Bueno, pensaba que ampliar tu mercado a Francia podría interesarte…¿no?

Él masajeó la piel de forma más violenta.

-¿Qué quieres decir con eso, rubita?

-Quiero decir que por medio de algunos servicios yo podría transportar un poco de tu mercancía a París. Y podría hacerte ganar una suma importante.

Él logró deslizarse un poco más en el espacio entre la piel y los vaqueros de Emma.

-Continua, rubita

-Tú me preparas una malera que no dé la alarma en la aduana, parto con tu droga. Una vez allí, yo se la encasquetó a quien tú quieras a cambio de dinero y cuando yo regrese aquí, te doy el dinero y tú sigues con tus pequeños negocios sin mí.

Los dedos de Pan se volvieron más insistentes en la piel de la joven que comenzaba a ponerse roja.

-¿Y tú harías eso gratis?- preguntó él

-Podrás imaginarte que no

Él le lanzó una mirada para que siguieran hablando.

-¡A cambio, quiero seis mil dólares y que dejes que Killian Jones viva su vida tranquilamente!

La mirada de Pan cambió repentinamente y aferró la garganta de Emma de forma violenta y dolorosa.

-¿Conoces a Jones? ¿Ese sucio manco?

Ella asintió emitiendo un pequeño grito de dolor.

-¿Te envía él?- preguntó Pan

-N…n…no- susurró ella más mal que bien.

Él relajó la presión en su garganta y ella inspiró profundamente. Él retomó sus gestos presionando la rodilla más fuerte.

-¿Entonces, solo quieres que deje a tu novio tranquilo y que te dé seis mil dólares?

-¡Y nada de ninguna faena!

Él introdujo dos dedos en la rotura del pantalón de Emma y comenzó a hacer ligeros movimientos de vaivén.

-¿Sabes que te pasará, rubita, si me la juegas?- preguntó él acentuando los movimientos

-…

-¡Me pondré muy descontento, muy, muy descontento!- susurró él en su oído entrando violentamente en la rotura -¿Y sabes qué sucede cuando estoy descontento?

-No- susurró ella, incómoda ante los gestos que hacía Pan, además parecía que él se estaba excitando y su respiración se estaba volviendo errática.

-¡Cojo…lo que quiero conseguir…de la persona que me la ha jugado!- amenazó él acelerando aún más la cadencia –Y créeme…yo pasaré un buen momento…pero no lo será tanto para ti…porque…pareces dulce…inocente…y con un futuro, mientras que yo…

El pantalón de Emma se rasgó unos centímetros con un ruido que hizo sobresaltarse a Emma.

-¡Yo no soy en absoluto como tú! Y aunque sienta pena de ver tu hermoso culo de la misma manera que tus vaqueros ceñidos, debes saber que yo lo disfrutaré mucho.

La mano de Pan ascendió por las piernas de Emma, pero ella decidió no moverse. Había soltado el móvil movida por el pánico y ahora se encontraba sola frente a una banda de hombres que no parecían incómodos con la situación. Pan posó su índice sobre la vagina de Emma y presionó ligeramente.

-¡Créeme, pequeña rubita, si me la juegas, nunca más nadie podrá tocarte! ¿Está claro?

-¡Perfectamente claro!- articuló ella intentando controlar la voz.

-¡Entonces, trato cerrado!- dijo Pan desvelando de nuevo sus dientes en una sonrisa maquiavélica. –La mitad antes del trabajo, el resto después

-¡El dinero lo quiero esta semana!- soltó Emma

-¡Me pondré en contacto contigo por medio de nuestro amigo en común!

Él se levantó bruscamente y los otros le siguieron el paso cuando descendió el barco. Emma se quedó en la silla, con el corazón en la boca y la expresión desolada. Se precipitó a la barandilla para vomitar todo lo que llevaba dentro. Se limpió la boca con el dorso de la mano, pero se quedó acodada para poner en orden su cabeza. No estaba muy segura de haber recurrido a la mejor solución…poco después, se dirigió a casa de Killian que la acogió calurosamente mostrándose tranquilizador.

Tras un breve silencio, los ojos de Regina comenzaron a lanzar chispas asesinas y avanzó con paso amenazador.

-¿Que has hecho qué? ¿Acaso eres una inconsciente?

-Sabía que te lo tomarías así…

-¿Cómo quieres que me lo tome? ¡Ese delincuente se las apañó para que Killian Jones perdiera su mano, quién sabe si no esconde cadáveres por aquí y por allá! ¡Emma, estás completamente loca!

-No grites- pidió Emma con voz débil

El teléfono dejado sobre la mesa comenzó a sonar y Regina alzó una mano para hacer esperar a la rubia; mientras descolgaba, le lanzó una mirada rabiosa a la muchacha. Su rostro se descompuso a medida que escuchaba lo que le decían al otro lado de la línea.

-Estoy allí en dos minutos- dijo antes de colgar

-Voy a irme

-¡Miss Swan, no se mueva un solo centímetro, no he acabado con usted!- Hizo levantarse a la joven y se dirigió a la puerta –¡Vas a tener que explicarme absolutamente todo lo que ha pasado y vamos a ver cómo sacarte de esa situación! ¡De momento, volverás a la cafetería, a clase y procura pasar desapercibida! Nos vemos en casa esta noche, pero créeme, ¡te llevarás una buena!

-¡Regina, no eres mi madre, sino mi novia, no lo olvides!

-¡Oh, no lo olvido, créeme!

Ella la empujó hacia fuera y cerró la puerta del despacho.

-¡Buen día, miss Swan!- soltó fríamente.


Henry frunció su pequeño rostro delante de la pantalla y arrugó la nariz.

-¡Hola Emma!- gritó él cuando ella apareció en la pantalla

-¡Hola muchachote! ¿Hace buen tiempo en Saint Augustin?- preguntó la rubia sentándose despacio en el reposabrazos al lado de Regina.

-Ahora Daniel y yo vamos a la plata todos los días, estoy entrenándome en la construcción de castillos para vencerte fácilmente la próxima vez que vengas

-¿Todos los días?- dijo asombrada Regina frunciendo el ceño

-Sep…

-¡Henry! No se dice "sep"- le reprendió suavemente la morena recibiendo una mano acariciadora en su espalda.

-¡Perdón, mamá! ¡Vamos todos los días para que él pueda cruzarse con Daniela!

-¡Henry! ¿Y si hablamos de las tonterías que le escondes a tu madre?- gritó la voz de Daniel que debía estar un poco más alejado en la misma estancia que el muchacho.

El pequeño hizo una mueca y cubrió la webcam con su pequeña mano para dejar voluntariamente de lado a las dos mujeres.

-No es mi culpa que te pongas todo raro cuando Daniela está en la playa.

-¡No se llama Daniela!- rectificó la voz de Daniel ahora algo más cerca –Henry, no porque pongas la mano en la cámara, tu madre va a dejar de escucharte, ye te lo he dicho.

El rostro de Henry reapareció, acompañado de la silueta de Daniel que estaba arreglando unos papeles.

-¡Oh, vaya! ¡Hola Emma!

-¡Hola Daniel!

-Entonces, ¿cómo es eso? ¿Te llevas a mi hijo a la playa para que te haga de coartada?

-No, lo hago salir de la casa porque este muchachote va a acabar deprimido aquí encerrado.

-¿Ah sí?

-Eh bueno…estoy triste porque vosotras estáis allí

-Ratoncito, lo siento, me encantaría poder estar contigo, ¿lo sabes?

-Sí, sí- murmuró el pequeño, poco convencido

Apenada, Regina se pasó una mano por su cabellera de ébano.

-¡Hey, chico! ¿Quieres ir a buscar el globo terráqueo a tu habitación? Vamos a enseñarle a tu madre una cosa…

Cuando el niño volvió delante de la cámara con su globo terráqueo entre los brazos, Emma lo encontró enternecedor. Ella le pidió enseguida que buscara el sitió donde él vivía en el globo, después, que midiera la separación entre las dos ciudades con sus dedos.

-Y bien, ahora diremos que estamos a esto los unos de los otros y que no es tan lejos

Henry se encogió de hombros; no estaba de ánimos y nada podría devolverle su buen humor. Era así cada vez que Regina volvía a su casa. Durante varias semanas, se portaba de forma caprichosa, refunfuñón, y se aislaba.

-¡Bueno, te tengo que dejar, ratoncito, porque Emma ha hecho muchas tonterías y ella debe ser castigada!

Los ojos del muchacho se desorbitaron.

-¿También a ti ella te da la bronca?- preguntó él mirando el rostro de la rubia

-Sep…¡una verdadera madre gallina!

La carcajada del pequeño le alegró el corazón. Se dijeron varias veces adiós enviándose besos antes de desconectarse.

Emma tenía una expresión infantil en el rostro y no escondió su sorpresa cuando Regina la besó en la yugular. Sintiendo las manos de la morena pasar por debajo de su camisera, se asombró

-¿Gina?

-A pesar de lo que has hecho, he estado todo el día esperando a verte para animarte un poco.

Emma inclinó su cabeza para darle mejor acceso a su nuca.

-¡Humm! Va bien, continua- pidió aferrándose a las caderas de su amada

La de más edad tomó su mano y la condujo a la habitación donde comenzaron a desvestirse lentamente. Emma redescubriendo el cuerpo de su amazona con la ayuda de sus dedos, sus palmas y sus labios. Sus manos acababan indefectiblemente en los cabellos de Regina que le succionaba el cuello tiernamente.

-Emma, ¿todo bien?- preguntó de repente al verla fruncir el ceño

-¡Adoro tus castigos, Regina Mills!- consiguió susurrar Emma, con la respiración entrecortada.

Dividida entre el placer que sentía con las caricias de Regina y el dado por la presión que ejercía una rodilla en su entrepierna, lanzaba gemidos irregulares. La mirada oscura encontró la más clara de la joven y con una sonrisa maliciosa, Regina apartó los labios mayores para alcanzar el clítoris, preciosamente escondido. Rápidamente, la espalda de la rubia se arqueó y ofreció aún más su pecho a la boca de Regina, que se lanzó ávidamente sobre un erecto pezón. Lo mordisqueó para hacer descubrir a la estudiante una nueva sensación.

-¡Humf, Reguna, sigue! – suplicó Emma cuya piel estaba ya cubierta de una capa de sudor.

Emma sintió que la morena pasaba un brazo alrededor de su busto para elevarla hacia ella, le prestó ayuda aferrándose a su nuca e hizo deslizar sus manos por sus hombros mientras besaba ávidamente los labios rojos de la ex alcaldesa.

-¡Emma, recuéstate!- ordenó suavemente

Hizo que separara un poco más los muslos y los rodeó con sus brazos para que ella no se moviera. Besó la piel de su vientre, después la de sus piernas para acabar entre ellas y succionar su botón ya hinchado por la excitación.

-¡Oh joder!- gritó la joven apretando las piernas alrededor del rostro de su profesora de literatura.

Durante su primera vez, Regina había satisfecho plenamente a la joven con sus dedos, y Emma no pensaba que pudiera obtener mayor gozo que ese.

Regina notó una mano en su nuca, incitándola a que no se parara. Emma murmuraba palabras alentadoras entrecortadas por ruidosos gemidos. Su cuerpo se retorcía de placer y el orgasmo que la atravesó fue mucho más intenso que el que había tenido en Saint Augustin. Podía ver las mariposas bailar bajo sus párpados y la suavidad de la boca de Regina succionando, lamiendo, mordiendo y acariciando hizo que tuviera un segundo orgasmo al que dejo que dominara todo su cuerpo.

-¡Regina!- la llamó débilmente

Juguetona, la morena la cubrió con su cuerpo e hizo que degustara su néctar besándola tiernamente

-¿Gina?

-¿Hum?

-¡De aquí en adelante voy a hacer muchas tonterías!- provocó ella

-¡Será severamente castigada cada vez!

-¡Me toca, Gina!- susurro Emma haciendo recostarse a la otra.

Emma realizaba esta vez gestos más confiados actuando por mimetismo. Tras largos preliminares, colocó sus dedos en la entrada de la morena y la besó mientras se deslizaba en su interior. Regina ondeó la pelvis, pero se quedó quieta ante el pedido de la rubia que sintió las lágrimas arder en sus ojos.

-¿Emma?- se inquietó la de más edad posando una mano en la mejilla de su compañera.

-Estoy en ti…- murmuró ella tomando su labio inferior entre sus dientes –Yo…déjame solo unos segundos para habituarme a…esto

«Esto» era la felicidad que estaba sintiendo, era esa novedad que crecía dentro del corazón de Emma. Sus dedos profundamente hundidos en Regina estaban rodeados por el calor, la dulzura y no querían salir de ahí. Cuando los movió, vio la mirada de Regina iluminarse y sus trazos se tiñeron de placer no disimulado.

-Emma…- murmuró ella para animarla

El movimiento de vaivén de Emma era tímido, aunque ella comprendía la necesidad de ir más rápido, se divertía haciendo languidecer a la morena. Sin embargo, cuando las paredes apretaron sus dedos, ascendió para besarla y salió de la cálida cueva para lanzar su boca a su entrepierna. Saboreó a Regina, embriagándose con su perfume, con su sabor y sus intensos gemidos.

Se acostó a su lado, dejándola recuperarse lentamente y le ofreció una sonrisa increíble. El rostro de Regina tras el amor estaba sereno, sonrojado y travieso…Fue tomada por cierta duda y frunció el ceño.

-¡Emma, no te angusties ya!-pidió Regina riendo ligeramente

-¿Hein? Yo…no, no

-¡Ha estado muy bien!

-¿De verdad?

La morena asintió, tranquilizando a Emma que siempre se inquietaba ante el hecho de ser novata en la materia. A continuación, Regina subió las sábanas hacia su pecho, colocando una barrera entre ellas y se dio la vuelta para dormir. El vientre de Emma decidió otra cosa, emitiendo un gruñido quejica. La morena rió y se giró de nuevo hacia la rubia.

-¿Tienes hambre?

-Me muero de hambre…

Bajaron para cenar algo a pesar de las enormes ganas que tenía Regina de dormir. Evidentemente, no se trataba de hacer una comida en diez minutos, así que la morena colocó la pasta en la superficie de trabajo para preparar una receta italiana que quería que Emma probara.

-¿Y si aprovechamos para conversar seriamente?

Emma se encogió de hombros.

-¿De qué quieres hablar?

-¡Del trato que has cerrado con los Devil's Eye!

Ella no esperaba que Regina fuera tan directa, pero en fondo, ¿qué se esperaba? Con reticencia, se sentó en el taburete, sabiendo muy bien que no podría escaparse de esa conversación.

-¿Estás furiosa conmigo?- preguntó Emma bajando la mirada, después, intento meter algo de humor -¿Me vas a castigar?

Desafortunadamente, no salió cómo pensaba.

-¿Cómo puedes reírte de tal cosa? ¿Sabes lo que has hecho? ¡Podrías ir a la cárcel por mucho tiempo! ¡Podrías también estar muerta y tu cuerpo en el fondo del mar! ¡Por Dios, no hay que tomárselo a broma!

-Quería relajar el ambiente, lo siento

-Creo que no sabes dónde te has metido…

-¡Para! ¡Regina, no soy una niña de teta, tampoco soy estúpida! ¡Sabía dónde me estaba metiendo!

-Entonces, ¿por qué lo has hecho? ¿Por qué no has aceptado mi ayuda cuando te la propuse? ¿Por qué no haber coger la suma que te ofrecí?

-Regina, yo…no estoy contigo por el dinero. Tampoco estoy contigo por…las notas o…quiero decir…

-¡Eso lo sé bien!

-Sí, pero no quería que dudaras. No quiero aprovecharme de ti, de tu fortuna, de…¡Regina, no quiero convertiré en una de tus pesadillas!

La morena frunció el ceño y dejó de amasar la pasta, alzó sus ojos oscuros hacia Emma.

-Emma, ¿de qué hablas?

-De…nada

-¡Emma!- gruñó la morena

-¡A veces te escucho!- resopló la estudiante con voz débil –Te escucho cuando tienes tus pesadillas y no quiero ser un día la causa de tus tormentos.

-¡No lo serás! ¡A no ser que sigas actuando de forma estúpida!

Se había metido en un grave problema, lo sabía, y no veía cómo salir de él.

-Vamos a encontrar una solución, Emma, pero de momento, mantente alejada del puerto. ¡No vuelvas por allí! ¿Está claro?

Ella asintió. Habría querido una solución milagrosa, pero visiblemente, no había una. De repente, Regina cambió de ángulo de ataque cayendo sobre un tema inexplorado.

-Sé que la muerte de Alice te ha…conmocionado, pero no vale la pena que te lances a cosas que pongan tu vida en peligro

El dolor que de repente se apoderó del corazón de Emma casi la dobla en dos, pero prefirió agarrarse al borde de la superficie de trabajo. Lanzó una mirada asesina a su novia. No quería hablar de eso, tenía otras cosas que hacer y no había sido preparada para esa muerte, así que hablar ahora de eso le parecía cruel…

-¿Por qué dices eso?

-¡Es importante cerrar la herida!

-¡No quiero hablar de eso!

-Pero hay que hacerlo, no puedes esconderte…

-¡No me escondo! Murió en mis brazos, ante mis ojos…

-Lo sé…

-¡Entonces, entiende que no quiera hablar! Necesito sentirme viva y…

-¡Y por eso vas a ver a unos delincuentes para desafiarlos!

-¡Basta! ¡Deja de psicoanalizarme!

Regina avanzó rápidamente hacia Emma, sin darle escapatoria.

-¡Quiero que dejes de pelearte, de meterte en situaciones peligrosas y no quiero que te tomes la justicia por tu mano!

El tono de la morena no dejaba resquicio para réplica. Y durante los días que siguieron, la rubia se mantuvo a raya. Sin embargo sentía una angustia ampararse de ella siempre que Killian se acercaba a ella para hablarle, pero nunca le volvió a hablar de Devil's Eye.

Tres días más tarde, Regina volvió más tarde que Emma y dejó un número de teléfono sobre la encimera y lo empujó hacia la rubia.

-¿Qué es esto?

-El número del sheriff de la ciudad. Espera tu llamada para pillar a los Devil's Eye

-¿Eh?

-Espera tu llamada, quiere desmantelar esa red y te necesita. No conoce tu nombre, sabe que alguien ha hecho un trato con ellos y que ahora quiere trabajar para la policía. Y he pasado a cerrar la deuda que tenías con el hospital, habría tenido que hacerlo mucho antes, pero quería esperar tu consentimiento.

-¡No creo habértelo dado!- dijo Emma sintiendo cómo la cólera se apoderaba de ella

-¡Hago lo que quiero con mi dinero!- respondió sencillamente Regina mientras colgaba su abrigo en el perchero. Se aseguró que su blusa seguía dentro del pantalón y se quitó los zapatos.

-¿Qué haces tú con lo que yo pienso?

-¿Estás hablando de un orgullo mal entendido?

La cólera de Emma se desmoronó y dejo pasó a una carcajada. Asombrada, la morena avanzó y posó una mano en la encimera, con una ceja arqueada.

-¡Jamás nadie me ha tendido una mano así como así!

-¡No des saltitos por las esquinas, aún estoy enfadada contigo!

-¡Guay, un castigo!- bromeó Emma provocando una carcajada en Regina

El teléfono de esta comenzó a sonar y descolgó, con la sonrisa en los labios. Pero esta se fijó al escuchar a su interlocutor, y después desapareció dando paso a una enorme angustia.

-¿Puedes…puedes repetir?- pidió ella

-¡Henry ha desaparecido!