Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

¡Hoooola de nuevo!

Aquí estoy de nuevo un viernes con un nuevo capítulo.

Os quiero dar las gracias por todos los comentarios al capítulo del lunes. Tenía miedo que al ser sorpresa muchas no lo vierais ya que no os pude avisar, pero siempre me sorprendéis con vuestro cariño. Leo que a muchas os descoloca el comportamiento de Edward y Bella… Y qué deciros… Están perdidísimos ;)

Aquí os dejo con Edward. Nos leemos al final del capítulo.

.

ME IBA A PROVOCAR UNA ÚLCERA

Edward POV

.

Estaba celoso.

Celoso de la simple interacción entre Caius y Bella en mi despacho. No me la podía sacar de la cabeza. Él acercándose a ella. Ella dejando que se acercara cuando de mí se separaba como si tuviera alguna enfermedad contagiosa cada vez que nuestros cuerpos estaban a menos de un metro de distancia.

Había estado ansioso por verla desde que me contestó al mensaje el domingo por la noche y cuando al fin estábamos en el mismo lugar aparecía con una herida en su frente. En serio, esta mujer iba a conseguir que me diera un infarto. No paraba de repetir que estaba bien pero el pañuelo lleno de sangre y su pálida piel no decían lo mismo. Por suerte, la enfermera de la empresa había podido curarla sin muchos problemas.

Muchos más problemas me habían ocasionado sus intentos de poner distancia entre nosotros y el hecho de enterarme que Caius había estado con ella la noche del sábado. Saber que mientras todos la buscábamos ella había estado con él… me hacía sentir tranquilo porque conocía a mi amigo y sabía que nunca hubiera dejado que le pasara nada, pero por otra… me hacía estar celoso. Caius siempre ha tenido esa obsesión por Bella… y ella… ella siempre le ha rechazado, pero…

¿Y si algún día decidía darle una oportunidad o lo había hecho ya?

¿Y si la noche del sábado había sido cuando finalmente las barreras de Bella habían caído ante los intentos de Caius...?

-¿Preparado Edward? – escuché que Carl me llamaba desde la puerta de mi despacho.

Hoy íbamos al restaurante de Bella, en realidad sólo era necesario que fueran Carl, como responsable creativo del proyecto, y Andrea su ayudante, pero como toda excusa era buena para apagar mi sed de Bella me había sumado a la visita.

-Vamos. – le dije decidido cogiendo mi chaqueta.

Llegamos a un local en pleno centro de la ciudad. No estaba muy lejos del área de negocios. Sin lugar a dudas una gran localización para lo que querían hacer con el Fantasía.

La puerta estaba tapada por las obras, pero nos abrimos paso para descubrir que para entrar al local tenías que bajar unas escaleras oscuras que, tras saber que Bella tenía cierta facilidad para atraer las desgracias, se me antojaban peligrosas. No sabía cómo aún no se había roto una pierna.

-No puede ser más clandestino… ¡me encanta! Y Bella nos está dejando libertad total… No sé dónde encontró Caius a esta chica pero si yo fuese él le ponía un anillo en el dedo inmediatamente. – dijo Carl haciendo que me dieran unas ganas locas de empujarlo por las escaleras.

-Menos mal que tú no eres Caius - contestó para mi sorpresa Bella que nos esperaba al final de la escalera con una sonrisa en su cara.

Carl al menos tuvo la decencia de avergonzarse.

-Bienvenidos al Fantasía – dijo Bella con una sonrisa estirando sus brazos – O lo que hay de él por el momento – acabó sin perder la alegría.

La miré y me extasió. Volvía a ser ella.

Tejanos, camiseta de Guns N' Roses, sus eternas deportivas y su cabello suelto. Me hacía recordar las veces que había pasado mis dedos entre ellos aquel lejano viernes de hace unas semanas y las ganas que tenía de volver a hacerlo, especialmente ahora que lucía en todo su esplendor. Sin esos trajes que, aunque le sentaban como un guante, le restaban su mejor virtud. Su naturalidad.

Cuando me acerqué a saludarla en vez de darme la mano sacó de detrás de su espalda un casco.

-Creo recordar que los consideras imprescindibles en este tipo de visitas – me dijo con una sonrisa afilada en sus labios. No me dejó contestarle cuando ya estaba girada hacia mis otros dos compañeros – Pasad y vigilad dónde ponéis los pies y la cabeza… os lo dijo por experiencia propia – acabó riendo.

Hacía tiempo que no la veía reír y algo se despertó en mi interior. Un calor desconocido hasta ahora.

-Julius, mi arquitecto y Celine, la diseñadora están en la zona de cocinas… es el lugar más seguro y tranquilo para hablar en estos momentos – nos explicó mientras nos conducía por el local.

La reunión pronto se volvió excesivamente creativa para mis conocimientos, al parecer también para los de Bella porque, para mi sorpresa, se acercó a mí y se ofreció a hacerme un tour.

-¿Cómo lo soportas? – le dije imitando el tono resabiado de su arquitecto quedadamente para que nadie nos escuchara.

- Ya sabes… de la misma manera que lo hago contigo… - me contestó haciéndose la graciosa mientras intentaba girarse para encararme y burlarse lo que casi hace que acabe en el suelo. La cogí estabilizándola –

-¿Cómo decías? – le dije divertido al ver que la tenía en mis brazos y su cara estaba completamente roja.

-Que lo soporto como una penitencia. Una laaaaarga y dura penitencia – me contestó orgullosa escapando de mi agarre haciéndome soltar una carcajada.

Escuché a Bella bufar…. Bueno, la prefería así que alejándose de mi toque como había hecho en mi despacho hace unos días.

-Esto será la sala… Habrá mesas individuales y alguna común por esa zona de allí… - me explicó señalando los espacios. Y por aquella zona de allí estará la barra de cócteles…

-¿Servirán Daiquiris? – me aventuré a bromear con ella.

Ella me miró con sorpresa y después un brillo apareció en su mirada.

-Los mejores de toda la ciudad, puedes estar seguro. – contestó levantando su barbilla. Orgullosa y preciosa.

Me reí haciendo que ella también lo hiciera. Era un paso para romper la frialdad que habíamos mantenido desde el día que nos acostamos. Ella seguía distante conmigo, pero al menos parecía que podíamos volver a hablar con cierta normalidad. Siempre que nos mantuviéramos en temas neutrales.

-La verdad es que tiene muy buena pinta, si te soy sincero creo que será todo un éxito – le dije mientras se sentaba en un pequeño muro que no sabía muy bien qué hacía ahí. Me senté a su lado manteniendo la distancia prudencial que ella se había empeñado en poner entre nosotros.

-Siempre que consigamos crear la carta… sería divertido abrir un restaurante sin comida, ¿no crees? – intentó bromear, pero sabía, por lo que nos había explicado Rose el sábado, que había algo que la amargaba.

-Podría aparentar que no sé nada, pero Rose nos contó que habías discutido con Black cuando estabais trabajando en la carta… ¿Estáis bloqueados? – me aventuré a preguntar, total ya estaba acostumbrado a su carácter.

-Algo así… discrepancias de criterio más bien. Ideas tenemos, pero al parecer no están en la misma línea… y desde el sábado… bueno digamos que no hemos pasado mucho tiempo en el mismo sitio como para arreglar nuestras diferencias – explicó encogiéndose de hombros, pero sus ojos transmitían dolor.

-¿Le estás evitando? – pregunté sin filtrar.

-¿Disculpa? ¿Por qué asumes que soy yo quién le evita y no al revés? – se puso de pie para encararme y aunque su cabeza quedaba por encima de la mía, la diferencia no era tan grande, Bella era realmente pequeña sin tacones. Si estirara un poco mi cuello podría rozar sus labios sin ningún problema.

-Por el mismo motivo que fuiste tú la que saliste corriendo en busca de unas bebidas y él llamó desesperado a Rose a pesar de que ella lo odia y podría haberlo descuartizado sin miramientos…. – Suspiró derrotada aunque sabía que nunca me daría la razón – Por el mismo motivo que llevas huyendo de mí desde que nos acostamos.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y miró en todas las direcciones.

-¡Edward Cullen baja la voz! Alguien te podría escuchar – dijo nerviosa aun mirando a ver si había alguien cerca.

-¿Te avergüenzas de lo que hicimos? – la reté

-¿Lo haces tú? – me contestó seria devolviéndome mi pregunta.

-No. – le respondí sincero porque si no iríamos en círculos.

-¡Ja! – murmuró incrédula no lo suficientemente bajo para que yo no lo escuchara.

No me lo pensé dos veces, me levanté y la cogí de su brazo para arrastrarla suavemente hacía un hueco que me había explicado sería la entrada de los lavabos. Al menos aquí tendríamos intimidad.

La apoyé en la pared y puse mis manos a su alrededor, apoyados en los fríos adoquines, para que no se pudiera escapar.

-¿Qué te hace pensar que me arrepiento de haber estado contigo, Isabella? – dije muy serio mirándola a los ojos que ardían.

Noté como se mordía los labios y llevé uno de mis dedos allí para liberarlos haciendo que su respiración se acelerara. Sentía su pecho subir y bajar contra mi traje tentándome a cortar de una maldita vez el espacio que había entre los dos.

-Edward…- murmuró casi como un gemido antes de lanzarse a mis labios con un beso nada tranquilo.

Le respondí con la misma ansia que transmitía ella. Lo llevaba anhelando casi dos semanas. Su boca se abrió haciendo que nuestras lenguas lucharan por controlar el beso. Llevó sus manos a mi pelo acercándome más a ella mientras las mías se enredaban en sus caderas para mantenerla anclada cerca de mí.

Escuché como gemía cuando nuestras caderas se encontraron.

Me separé de ella suavemente apoyando mis manos en la pared intentando controlar mi respiración y mi deseo por ella.

-Sigo esperando mi respuesta Bella. – la insté cuando recuperamos nuestra respiración pero aun la mantenía en la jaula de mis brazos.

-Yo estaba allí así que no me intentes convencer… además tú y yo somos algo así como compañeros de trabajo… esto solo haría que complicarlo – balbuceo

-Excusas…. Excusas….- le susurré mientras me acercaba a sus labios sin tocarlos – Sabes tan bien como yo que estás deseando repetir… - continué hablándole mientras recorría su cuello con caricias de mis labios, pero sin tocarla completamente. – Sabes que si no estuviera todo esto lleno de gente nada nos habría parado…. Así que dime Bella ¿De veras crees que me arrepiento de haber pasado una noche en tus brazos? – acabé besándola finalmente –

Ella me respondió al beso con la misma pasión que yo demostraba.

Mis manos fueron a ambos lados de su cara y suavemente la volví a apartar a pesar que ella hacía el movimiento contrario, acercándonos.

-Quizás deberías ser tú quien te preguntaras si hay algo de lo que te arrepientes – al fin le decía lo que llevaba muchos días pensando.

Ella no me respondió pero me miraba intensamente a los ojos como si quisiera adivinar qué es lo que pensaba.

-¿Bella? ¿Edward? – escuché que Carl nos llamaba.

-Voy a matarlo– gruñí liberando a Bella de mis brazos e intentando arreglar mi ropa y mi pelo que seguro que era un desastre resultado de las caricias de Bella.

Bella hacía lo mismo.

-Iré yo antes… Te daré algo de tiempo para que…. Ya sabes… te recuperes – me dijo mirando inocentemente mi entrepierna.

-Maldita sea – gruñí de nuevo.

La visita al restaurante acabó sin mucho más contratiempo, pero me dejaron unas ganas de Bella que eran difíciles de gestionar y, más aún, cuando me había ido con las mismas dudas con las que había llegado. ¿Se arrepentiría de haberse acostado conmigo?

-¿Debo entender que todo está solucionado con Williams, entonces? – preguntó Aro malhumorado.

Llevábamos tres horas de reunión. Todos los Volturi y yo seguíamos intentando poner todos los posibles cortafuegos para el problema que habíamos tenido la pasada semana con uno de nuestros principales clientes. Caius y yo habíamos lo habíamos conseguido solucionar en tiempo record. Los clientes estaban satisfechos con nosotros, y no me extrañaba habían sido tan inútiles de tener un ladrón en su empresa y en vez de notificar los problemas los encubrían. Había pasado una semana en el infierno por su culpa, pero ahora todo parecía volver a la calma.

-Exacto hermanito. Edward y yo nos hemos encargado de todo – Caius contestó a su hermano con cierta ironía.

Su relación no era fácil. Su hermano mayor siempre había puesto en entredicho su capacidad. Supongo que era más sencillo atacar a tu hermano por su vida despreocupada que aceptar que su mente era brillante y estaba mucho más adaptada a nuestros días que la tuya propia. No todo el mundo es capaz de dar un paso atrás cuando se está quedando desfasado para dejar paso a la nueva generación. Aro seguía aferrándose con fuerza a esa silla presidencial cuando todo el mundo esperaba que cualquier día anunciara su jubilación.

-Es vuestro trabajo. No esperes que te de una palmadita en la espalda cada vez que lo haces bien. – le rebatió secamente Aro.

-Solucionado este tema, pasemos a la siguiente orden del día o esto se hará eterno – Marco, interrumpió, aburrido, la lucha de poderes. Su papel apaciguador de hermano mediano se había trasladado a la empresa, se pasaba el día poniendo orden entre sus dos hermanos y no siempre se lo ponían fácil. – Fantasía. De Jacob Black e Isabella Swan. – anunció leyendo la carpeta que tenía delante.

-Vaya el restaurante de tu nueva chica… - Comentó Aro enfadándonos, con una sola frase, no solo a mí sino también a Caius.

Si algo no le gustaba a Caius era que Aro metiera sus narices en nada de su vida. Era extraño verlo tensar el gesto con esta mención a Bella, normalmente aprovechaba la ocasión para burlarse un poco de su hermano sabiendo el rechazo que le producía que aún no hubiera asentado su vida personal cuando estaba llegando a los cuarenta.

-Dime Edward que tiene este proyecto que tiene loco a toda la empresa… El departamento creativo está a punto de alcanzar el nirvana según me han contado– me preguntó Marco volviendo a poner paz entre sus dos hermanos.

-Por primera vez han encontrado a alguien que no les para los pies… De hecho, el otro día los llamó aburridos cuando le presentaron lo que tenían pensado – comenté sin poder evitar sonreír al recordar la cara de Carl cuando Bella se lo dijo.

-Tiene carácter – dijo Caius con orgullo en su voz.

¿Qué estaba pasando aquí?

No era ningún secreto para nadie que tuviera ojos y oídos que Caius tenía una más que ligera obsesión con Bella… Seguramente media ciudad lo sabía, especialmente entre este mundo de la alta sociedad que siempre se enteran de todo, pero desde hace unos días algo había cambiado. Caius estaba diferente cuando Bella entraba en juego. Cuando había venido a verla para comprobar que estaba bien después de su accidente con la viga, parecía realmente preocupado y ahora parecía dispuesto a saltarle a la yugular a Aro si se atrevía tan solo a nombrarla.

¿Qué habría pasado el jodido sábado entre ellos dos?

Intenté apartar todos esos pensamientos que no me llevaban a ningún lado y poner al día del proyecto a los demás.

-Quiero que el departamento de publicidad se esmere con ellos… algo me dice que ese local va ser un reclamo para toda la gente joven de la ciudad… No sé qué gracia le ven, pero sin lugar a dudas les reportara beneficio, hasta un tonto lo vería, y si ellos triunfan nosotros lo haremos también. – sentenció Aro.

Entendía la visión de Aro, para él eran solo negocios… Como lo eran para mí el resto de empresas con los que tratábamos, pero su tono frío e incluso despectivo para referirse a Bella me cabreaban. Ella era más que un puñado de beneficio económico.

-Por favor qué día más largo… Siguiente punto – escuchamos a Marco volver a intervenir. No fue hasta entonces que me di cuenta que estaba apretando mi mandíbula más de lo que era aceptado socialmente y a mi lado Caius no parecía estar mucho más relajado que yo.

La reunión siguió hasta la hora de la comida y aunque pareciera un milagro Aro consiguió acabarla sin acabar en el hospital lleno de magulladuras.

-Te invito a comer, necesito salir de estas cuatro paredes – me dijo Caius mientras se dirigía al ascensor.

-Soy yo o tu hermano estaba hoy más hostil de lo normal – comenté con confianza mientras nos dirigíamos a la salida.

Caius siempre había sido bastante cercano a mí. Incluso durante mis primeros días en la empresa. Creo que siempre había estado más que dispuesto a buscar apoyo y amistad con gente que sea más abierta de miras que sus hermanos.

-Es imbécil. El otro día fue a una de esas cenas de etiqueta que huelen a formol… ya sabes… y el muy gilipollas se piensa que voy acabar como él y todos mis amigos que él aprueba. Idiotas que llevan casados casi diez años con una mujer a la que mantienen y casi no ven porque prefieren pasar tiempo con su amante y con unos hijos que son más snobs que ellos mismos. Gracias, pero no. – me explicaba mientras nos caminábamos por las calles de la ciudad, en dirección al italiano de al que siempre íbamos.

Caius siempre tenía el mismo problema con Aro. Era cíclico. Su hermano quería para él una vida que aborrecía y que había decidido hace años que no estaba hecha para él y eso provocaba peleas y tensiones cada cierto tiempo. Normalmente, cuando había alguna reunión de su círculo de amistades y Aro volvía a ser consciente de las habladurías sobre la aparente vida alocada de su hermano pequeño.

Entramos al restaurante, la Bella Italia, dónde Antonella nos recibió encantada. No tardó en prepáranos la mesa de siempre. Era una mujer adorable y junto a su esposo preparaban la mejor pasta de la ciudad. Había descubierto este restaurante de causalidad cuando vine con Caius después de una reunión que había parecido una guerra más que una reunión negocios durante el primer año que trabaje en Volturis y desde entonces éramos clientes asiduos. Especialmente los días difíciles, no había nada que los espaguetis de Piero no consiguieran solucionar.

-Sabes me siento como si le estuviera poniendo los cuernos a Bella cada vez que voy a otro restaurante que no sea el Sublime – comentó riéndose y a mí se me revolvieron las tripas.

No nos molestamos en mirar el menú, ni Antonella en venir a recoger nuestra comanda. Siempre tomábamos lo mismo.

-Eso es porque prácticamente vives en ese restaurante – le respondí no sintiéndome muy cómodo hablando de Bella con él intentando controlar la rabia que comenzaba a sentir a pensar en Bella y Caius juntos.

-Dónde me voy a pasar mis días será en el Fantasía me ha dicho Bella que no habrá que reservar… y aunque me temo que será una guerra para conseguir sitio espero tener algún privilegio – me dijo moviendo sus cejas arriba y abajo.

Algo me decía que quería algún que otro privilegio aparte de conseguir mesa sin reserva si es que no lo había conseguido ya. Sabía que Bella era libre de hacer lo que quisiera con su vida y con su cuerpo, pero no podía evitar sentir celos.

-Vaya, parece que sabes bastante del proyecto… Si quieres te cedo su dirección – comenté intentando no sonar demasiado duro.

-Digamos que el otro día conseguí obtener algo de información confidencial… - le miré confundido aunque algo dentro de mí me decía que esta conversación iba a ir un camino que no quería recorrer – Después de cuatro cocteles Bella habla más que esa amiga tuya tan pequeña que tienes.

Al parecer, la maldita noche del sábado no me iba a abandonar nunca. Había algo dentro de mí que quería saber todo lo que había pasado, porque cada vez tenía menos dudas que algo había cambiado en él y se debía a esa maldita noche. Por otro, preferiría no darme de bruces con la realidad y asumir que quizás Bella estaba comenzando a caer en sus redes. Algo que me llenaba de rabia y más después de ver cómo había reaccionado a mis besos hace solo veinticuatro.

-Vaya, quién lo diría. - le contesté dejando al aire la conversación que se vio interrumpida por la llegada de Antonella con nuestra comida-

Comenzamos a comer en silencio.

-Por un momento me asusté – me confesó captando toda mi atención, no hacía falta que me digiera que seguíamos hablando de Bella – Estaba tan indefensa… La vi en la barra pidiéndose, solo al llegar un tequila y un daiquiri de golpe…. Obviamente buscaba olvidar algo, pero no era consciente de lo que eso provoca en muchos hombres. Tenía un cartel luminoso encima de su cabeza clamando por tomar una mala decisión esa noche. – Caius volvía a tener la misma cara de preocupación que le noté en el despacho mientras miraba la herida de Bella –

-Y se topó contigo. ¿Fuiste tú su mala decisión? – le pregunté mirando mi copa de vino intentando no dejarme llevar por mis emociones.

-Bebí con ella. Bailé con ella. Le espanté un par de hombres que solo la querían desnudar y alguna mujer que buscaba lo mismo – me explicó haciendo crecer mi enfado.

No con él, sino con la situación. El sábado la habíamos buscado sabiendo que algo iba mal con ella, pero nos habíamos rendido muy rápido, deberíamos haber ido local por local. ¡Intentarlo! Si Caius no la hubiera encontrado… Bella tenía todo el derecho del mundo a hacer lo que quisiera con su vida, pero no me sentía cómodo con la idea de ella merodeando por las calles sola, por la noche y mucho menos con nadie manoseando su perfecto y suave cuerpo en una discoteca cuando ella no estaba en plenas facultades.

-Y la llevé a mi casa cuando casi no podía tenerse en pie… - clavé mi vista en mi amigo y socio - ¡Tranquilo Cullen! No le hice nada. Le quite sus zapatos y la dejé dormir toda la noche y parte del día… No soy un degenerado que se aprovecha de las mujeres. – dijo muy serio, y yo sabía que tenía razón –

-Lo sé… es que… Estaba con la prima de Bella esa noche y estuvo muy preocupada por ella – intenté excusar mi ataque de rabia.

-No te culpo, es imposible no tratar con ella más de dos veces y no caer rendido de alguna manera a sus encantos. Es normal que te preocupes por ella – explicó volviendo a comer –

-Supongo que sí – admití volviendo la atención a mi plato, también.

No estaba muy seguro de sentirme tranquilo porque Caius había cuidado a Bella. Claramente, ver esa faceta de Bella había hecho que algo cambiara en él. La chica retadora, segura e independiente lo había capturado durante meses, era sin duda un retro divertido, pero la Bella vulnerable había hecho que algo más se encendiera en él, algo más profundo me aventuraba a admitir. Estaba seguro como un demonio que era eso lo que había de diferente en la actitud de Caius. Protección.

-Sabes lo mejor de todo… -volvió a retomar algo más animado.

-Seguro que me lo vas a decir – le seguí la broma sabiendo que no había manera que se callara de una maldita vez y dejara de hablar de Bella.

-Soy un afortunado… - de eso no me cabía la menor duda pensé - y no sólo por tener a Bella entre mis sabanas – añadió, aunque sabía a lo que se refería se me revolvieron las entrañas al pensar a Bella en brazos de nadie más – He probado el que podría ser el primer plato del Fantasía. – me explicó muy orgulloso.

Cada vez tenía más ganas de olvidar nuestra amistad y borrarle de un golpe esa cara de suficiencia cada vez que hablaba de Bella.

-Vaya, sí que os cundió el fin de semana… ¿Y puedo preguntar cómo es que pasó eso? – le dije intentando controlar mi tono pero salió tan mordaz como mi mente lo había ideado.

-No estés celoso Edward… Seguro que alguna exclusiva quedará para tu equipo en estos meses – rio haciéndome enfadar más – La convencí para que cocinara en casa… aunque era media tarde, pero bueno, probé el plato de la discordia que la había hecho discutir con el imbécil de Black… y si todo es así no voy a salir de ese restaurante en la vida. – afirmó mientras continuaba su comida.

-No me cabe duda – sentencié esperando que no se alargara mucho más este tema de conversación o me acabaría provocando una ulcera.

Necesitaba que Aro dejara de hablar de Bella de esa manera... Como si la conociera mejor que nadie, como si tuvieran alguna especie de vínculo más profundo del que tenían en realidad… Necesitaba que dejara de habar de Bella en general. No era mi tema preferido desde que nos acostamos y mucho menos desde lo que pasó el otro día en la visita a su nuevo restaurante. Y definitivamente, no era mi tema preferido a tratar con un tío que quería llevársela a la cama.

[**]

.

NA:

¿Qué hacemos con estos dos? Si es que no se entienden ni ellos…. Y pobre Edward teniendo que soportar a Caius hablando de Bella tan tranquilo.

Espero que os haya gustado… Y también espero que os gusten los EPOV porque en el siguiente capítulo repetiremos con él :)

NOS VEMOS EL VIERNES QUE VIENE.

Muchos saludos

Nos leemos en el próximo ;)