Peter Pan
-¡Un fiasco!- gritó el subdirector de la policía
El equipo del sheriff encajaba la bronca sin replicar desde hacía una media hora. La noche había sido larga y difícil.
-¡Este servicio necesita reajuste! ¡Van a caer cabezas, os lo aseguro!- amenazó el subdirector barriendo la estancia con mirada glacial. Se puso las manos en la cintura, después con gesto rápido, frotó su rostro, incómodo.
El sheriff Graham había derrapado, él lo sabía, y el precio lo había pagado con creces la joven Emma Swan…
Regina Mills miraba la placa del cementerio herrumbrosa y llena de moho desde hacía unos buenos veinte minutos sin atreverse a salir de su Mercedes. Estaba cansada y sus párpados tenían tendencia a cerrarse solos. Pero debía estar ahí, por Emma. Daba golpecitos con sus dedos sobre el volante mientras escrutaba el horizonte. Esas lápidas alineadas a la perfección le dieron qué pensar. Había algo de calculado, de aéreo, de casi perfecto en los cementerios. Había también algo bueno. Para el entierro de su padre, su madre había elegido una bella lápida; desafortunadamente, Regina no había tenido ocasión de ir a recogerse allí. Es más, se hubiera encontrado estúpida allí delante de la sepultura, sin poder contarle con orgullo en lo que se había convertido. Ella había huido de su madre, de su novia, de su violador, e incluso de su hijo. No tenía sino a Emma…
El cuerpo de Emma cayó en un charco de sangre al mismo tiempo que el de Peter. Pasaron algunos segundos antes de que Regina reaccionara, pero cuando la información alcanzó su cerebro, sintió una descarga de adrenalina recorrerla de arriba abajo. Sus pies no tuvieron tiempo de dar ningún paso antes de que el sheriff la agarrara. Sus brazos se tendieron hacia el cuerpo de Emma mientras que Graham pasaba un brazo alrededor de sus caderas para tirarla hacia atrás.
-¡Regina!- gritó él para que ella escuchara
-¡Graham!- chilló ella, furiosa por no poder escapar a su agarre.
-¡Quédate aquí!- ordenó él haciéndola retroceder hacia el coche.
Él escrutó su mirada sombría para asegurarse de que ella iba a obedecer. La morena hacía de todo para mantener a Emma en su campo de visión, Emma en ese charco de sangre, Emma que ya no se movía.
-¡Emma- susurró
-¡Regina, o te quedas aquí o te ato al coche!- amenazó el sheriff
Ella le lanzó una mirada furiosa antes de que él la soltara. Lo vio partir hacia los cuerpos tendidos. Se aseguró, en un primer momento, de que las armas ya no estuvieran entre las manos de los potenciales heridos, lo que le llevó un tiempo infinito. Mucho más largo para el gusto de la ex alcaldesa que atravesó la barrera de seguridad con una desenvoltura debida a horas de deporte. No pudo hacer otra cosa sino correr para ir a ver a su amante.
-¡Regina! ¡No!- gritó Graham reteniéndola una vez más, a algunos metros del cuerpo de la rubia -¡No mires!- le ordenó él metiéndole una mano delante de los ojos. Él no quería que viera el rostro de Emma cubierto de pegajosa sangre.
Otros oficiales llegaron para rodearla y mantenerla sujeta. Aunque gritó, amenazó, suplicó, no le respondieron.
Regina salió finalmente del coche y se cerró el abrigo alrededor de su cuerpo. Cogió su bolso antes de dirigirse al interior del cementerio. Se tomó su tiempo para caminar por las lápidas, leyendo los diferentes nombres escritos sobre estas. Finalmente encontró la que buscaba y lanzó un gran suspiro. Se acercó a la lápida y parpadeó varias veces.
-Soy yo- murmuró.
Graham se inclinó sobre Emma y presionó dos de sus dedos en su yugular. Miró su reloj al mismo tiempo y esperó algunos segundos. Segundos que parecieron una eternidad. Finalmente, elevó la mano hacia el cielo lanzando una mirada hacia dos hombres que se habían quedado tras la barrera de seguridad.
-¿Graham?- dijo con voz estrangulada Regina
Él caminó hacia ella e hizo señas a los otro dos para que la soltaran. Colocó sus manos en los brazos de la morena y asintió lentamente.
-Ya está…todo está bien
-¿Q…qué?
-No es su sangre, Regina, ella está bien, solo se ha desmayado.
La presión descendió de golpe y las piernas de la morena temblaron fuertemente.
-¡Op! ¡Quédate con nosotros, eh!- le pidió agarrándola.
La mantuvo contra su pecho y pasó una mano por su cintura para ayudarla a caminar. Ella tenía pánico a que la ayudaran, pero prefería eso a una caída brutal en la sangre y los trozo de cerebro que manchaban el puerto.
-¿Cómo me has encontrado?- preguntó Emma mirando aún la tumba de Alice
-Sabía que querrías hablar con ella de todo esto
Emma movió la cabeza, tenía la mirada a lo lejos, perdida.
Una ambulancia llegó en el momento en que traspasaron la seguridad.
-¡Bien, llegan en el mejor momento!- murmuró él colocando a Regina correctamente entre sus brazos.
-¡Emma! ¡Tienen que ver a Emma!- dijo ella con voz ahogada.
-¡Van a verla, no te preocupes, pero es necesario que también se ocupen de ti!
Ella sacudió la cabeza de derecha a izquierda.
-¡Regina! ¡Tu alumna está bien!- se enervó Graham
¿Su alumna? Sí, claro…su alumna. Se obligó a mantener la calma. Para todo el mundo, Emma no era sino una alumna, así que ella tenía que comportarse con normalidad.
Le pidieron que se sentara en la ambulancia mientras subían la camilla donde Emma estaba echada. Graham decidió seguirlas en el coche.
-Emma, estás al límite de tus fuerzas, tienes que dormir…
-¿No tienes clases?- preguntó de repente Emma dándose cuenta de que no era normal que no estuviera en el instituto a las dos de la tarde.
-¡Me tomé el día para estar contigo!
Tendió la mano para atrapar la de Emma, pero la rubia la esquivó
-Es mi culpa, Gina…
Emma se despertó de camino al hospital, en pánico y algo aturdida. El enfermero le recordó la situación y le explicó por qué se encontraba en una ambulancia. Emma gimió al ver la sangre que la cubría y comenzó a revolverse ardientemente.
Regina se levantó para prestar una mano a los enfermeros, pero una de ellos la obligó a quedarse sentada. Le inyectaron un calmante a la muchacha que parecía que había recibido un placebo. No se calmó y cuando la ataron, Emma comenzó a gritar. El estado de shock psicológico en el que se encontraba no permitía a nadie llegar a ella. Una de las enfermeras le agarró la mano y empezó a hablarle calmadamente. Aunque fuera para escucharla, Emma tuvo que dejar de gritar.
-Señorita, todo va bien, la estamos llevando al hospital, está en estado de shock, sé que todo le debe estar pareciendo muy irreal, pero ya está segura.
Regina se quedó retrasada, y cuando las puertas de la ambulancia se abrieron, esperó a que la camilla fuera bajada para seguirla. Las llevaron al servicio de urgencias y les consiguieron una sala tranquila-un milagro según una enfermera- donde les pidieron que esperaran.
Regina se dejó ver finalmente ante la rubia y esta estalló en llanto. Emma era normalmente tan fuerte, que verla echada en esa camilla llorando a lágrima viva conmovió a Regina.
-Todo va a ir bien- susurró la morena cogiéndole una helada mano.
Regina reiteró su gesto y la rubia abandonó su mano entre las de la morena.
-Emma, lo que dices no tiene sentido…Ven.
La atrajo contra ella y la dejó llorar sobre su hombro. Le acarició despacio sus cabellos para calmarla. Le propuso una vez más a la muchacha volver a casa, pero esta quiso dirigirse al instituto…
-¡Desátame!- suplicó la rubia llorando copiosamente
La morena no dudo un segundo, desató a la estudiante para que pudiera mover sus brazos, su busto y sus piernas.
-No los levantes de momento, Emma, voy a subir tu camilla para que quedes sentada.
Emma miraba la sangre que la cubría y frotó su chaqueta de cuero rojo para borrar las huellas oscuras. Algunos minutos más tarde, un médico entró en la habitación y se quedó un momento parado al ver el estado de la muchacha. Miró la herida que tenía en el cuello, pero la hoja no había tenido tiempo de ir más allá, solo serían necesarios dos puntos de sutura. Frunció el ceño al ver un trozo de carne entre los cabellos rubios; cogió unas pinzas para atrapar el pedazo.
-¿Qué es eso?- preguntó Emma desorbitando los ojos
-Parece…un trozo de cerebro- murmuró el médico acercando su descubrimiento a una lámpara.
Emma empujó a Regina y al médico para coger la papelera y vomitar el contenido de su estómago.
-¡Dele ropa limpia en lugar de quedarse ahí!- replicó la morena.
Emma había comenzado a llorar de nuevo, pero con un nerviosismo extremo, sus gestos eran rápidos y secos a la vez. Se quitó más mal que bien su chaqueta de cuero, después su suéter. Estaba en su cinturón cuando una mano firme se posó sobre las suyas.
-¡No!
-¡Emma, cálmate!
La rubia retrocedió enérgicamente y se quitó su cinturón, su camiseta, llegó a su pantalón y frotó sus miembros para quitarse la sangre que le resbalaba por la piel.
Mientras se desvestía, Emma veía trozos de cerebro caer a sus pies, y con cada trozo, amenazaba con vomitar. El médico le trajo un traje de enfermera y pidió disculpas por su torpeza. Tras haber recibido una mirada atravesada por parte de Regina, desapareció para dejar que Emma se pusiera una ropa apropiada para un examen más profundo. Descubrieron heridas en la mano, ciertamente provocadas cuando ella había caído. Vendó su herida, después comenzó a hablar con Emma y le prescribió calmantes y analgésicos. Finalmente, él alzó su mirada antes de darle su prescripción.
Emma se metió en el coche mientras se enjugaba sus lágrimas. El vendaje que le cubría la mano estaba ligeramente deshecho. Regina quiso colocárselo en su lugar, pero la rubia se apartó como si hubiera sido quemada. Ahí, en el coche, ante el cementerio donde Alice reposaba, la morena comprendió que algo se había rodo en Emma.
-Yo…lo siento- balbuceó Emma frunciendo el ceño
-No pasa nada
-Gina, yo solo estoy…necesito…
-¿Espacio?
-No, necesito hacer algo, volver a clase. ¡Necesito trabajar!
Regina asintió mientras entraban en la mansión para ir a buscar las cosas de la rubia.
-El sheriff Graham llama a una cierta Regina, ¿es usted?- preguntó el médico recordando de repente el pedido del sheriff de algunos minutos antes.
-¿Qué quiere él?
-Me ha pedido que me asegure de que todo va bien y quiere llevarlas a su coche, si he comprendido bien.
-¿Podré tomar un ducha primero?- pidió Emma con voz lejana
-Por supuesto, le voy a dar otras ropas. Tengo que darle las suyas al médico forense para…euh…bueno.
Le señaló un pequeño cuarto baño húmedo, frío, lúgubre que hacía pensar en una morgue. Regina le informó que la esperaría en el pasillo y aprovecharía para hablar con Graham.
Cuando Emma llegó al instituto, no se esperaba que un comité de acogida estuviera reunido delante.
Belle la rodeó en sus brazos y Ruby las rodeó a las dos. Emma, tras la sorpresa inicial, comenzó a llorar y estrechó a sus amigas.
-¿Por qué no nos has dicho nada?- preguntó Belle, conmocionada.
-No quería meteros en eso- explicó Emma -¿Cómo os habéis enterado?
-¡Se los dije yo!
Killian avanzó, con expresión asolada.
La muchacha lo miró de arriba abajo y lo tomó en sus brazos cuando él comenzó a llorar.
-¡Se ha acabado, Killian!- sollozó ella aferrándose a su chaqueta de cuero.
-Emma…gracias…¡Gracias Emma!
-¡Ya no estarán para hacerte daño!- precisó Emma- Están muertos…¡Están muertos! ¡Están muertos!
Repitió varias veces esa frase, poniendo menos fuerza cada vez, como si la culpabilidad la corroyera cada vez con cada palabra.
-¡Emma!- dijo Ruby sacudiéndola violentamente -¡Para! ¡No es tu culpa!
El sheriff Graham miró su reloj, caminando lentamente de un lado a otro, esperaba pacientemente que vinieran a hablar con él. Regina avanzó hacia él sacudiendo la cabeza.
-¿Cómo va tu alumna?
-¿En tu opinión…?
-Regina, no podía imaginar que Pan iba a oler la trampa
-¡Es tu trabajo, Graham! ¡Imaginar todas las posibilidades en una operación como esa!
-¡Escucha, lo siento mucho, de verdad!
Ella se estremeció.
-Tienes frío, toma…
-No…
-…sí, toma mi chaqueta
-…no, gracias
-¡Regina, coge mi chaqueta!- ordenó él calmadamente
Ella se colocó la prenda de cuero sobre sus hombros y alzó la mirada hacia él.
-Sigues siendo tan bella- la cumplimentó
Ella se rió incómodamente. Ella había conocido a Graham cuando la había intentado ayudar en el caso contra Sidney Glass, y cuando este había vuelto a amenazarla numerosas veces, él se había interpuesto. Después de eso, habían salido una o dos veces, pero nada más. En la época, lo que ella buscaba era un amigo y él quería mucho más.
-Ya sabes, te debo un café- empezó en plan encantador
-Le debes uno también a Granny- le recordó ella sonriendo
Hablaron varios minutos antes de que Regina se inquietara por no ver aparecer a Emma. Se excusó ante el sheriff y volvió a la habitación.
-¿Emma? ¿Todo bien?
Como única respuesta, la joven abrió la puerta, aún temblorosa, sacudida por sollozos.
-Oh, Emma…
-¡Estaba llena por todos lados!- gimió ella
Regina siguió a Emma al pequeño cuarto de baño y cerró la puerta tras ella.
-Emma, escúchame, te vas a vestir y anudar tu cabello, te ducharás en mi casa, ¿de acuerdo? Te ayudaré, pero no puedo hacerlo aquí. ¿Comprendes?
-¿Por qué?- preguntó Emma, aturdida
-Porque una profesora no puede ayudar a su alumna a lavarse, ¿no crees?
Emma rió débilmente. Después, sacudió la cabeza mirando hacia el suelo.
Algunos minutos más tarde, se unieron a Graham que las hizo subir en la parte de atrás de su coche para llevarlas a donde estaba el de Regina. Emma aprovechó la noche para cogerle la mano a la morena y estrecharla fuertemente. Regina la alentó con una mirada y observó el paisaje desfilar por la ventana mientras acariciaba las falanges con su dedo gordo.
-¿Quieres que lleve a Emma a su casa?- propuso Graham
-¡Creo que ya ha hecho suficiente!- gruñó Emma con voz cavernosa.
Un silencio se hizo y Regina se dio cuenta de que ella aún llevaba la chaqueta del sheriff.
-Gracias otra vez por esto…
-Quédatela, me dará una excusa para volver a verte- propuso el hombre sonriendo.
Emma frunció el ceño y observó la interacción mordiéndose el interior de las mejillas para no decir nada. Regina sonrió educadamente y le dio, sin embargo, la chaqueta al moreno.
-Lo siento, no tengo tiempo en realidad, Graham
-Buenas noches, entonces
-Buenas noches
Se dirigieron al Mercedes. Emma, que rabiaba en su interior, cerró con violencia la puerta.
-Podrías haberte quedado su chaqueta, parece que os lleváis muy bien.
-¡Emma!- gruñó la morena mirándola fijamente
-¿Qué Emma? ¿Por qué llevabas su chaqueta?
-Tenia frío, me la prestó, ¿de verdad me estás montando una escena de celos?
-Pff
Eran las cuatro de la mañana cuando entraron en la mansión.
-Voy a ducharme al cuarto de invitados
-Voy a ayudarte
-¡No! No, está bien. Puedo sola.
Regina suspiró fuertemente, pero la dejó subir a la planta de arriba.
Esperó a que Emma se uniera a ella a las seis de la mañana. La joven apareció, con los cabellos húmedos, goteando sobre el pijama y los ojos hinchados.
-Ven- murmuró Regina levantando las sábanas del espacio de la cama dedicada a la chica.
Ella se refugió allí sin rechistar y se aferró al cuerpo de la morena. Respiró profundamente su olor, pasó sus dedos por sus cabellos.
-¡Te amo Regina!- murmuró ella antes de dormirse
Emma había pasado la mañana en el despacho del sheriff haciendo su declaración. Le habían hecho repetir varias veces el momento en que todo había dado un vuelco. La fatiga y el dolor así como la emoción la habían derrumbado en varias ocasiones, y después, una escena le venía a la mente sin cesar.
-¿No has traído a los polis?- preguntó Pan colocándose tranquilamente en un tonel de pescador.
-¡Por supuesto que no, no soy estúpida!- replicó Emma
-Bueno…podemos proceder
-¡Peter! ¡Hay alguien en el carro, allí!
Emma lanzó una ansiosa mirada a un coche en el que ella sabía que se escondían dos policías. Peter, al ver la expresión de pánico de la rubia, supo inmediatamente qué sucedía. Él la agarró en el momento en que una veintena de policías en uniforme y de civil salió de todas partes.
-¡Zorra!- gritó él colocando su navaja en su garganta.
Ella lanzó un grito de pavor y él le agarró el mentón, alzándole el rostro para estrangularla mejor.
Emma notó un líquido caliente salpicándole el rostro y trozos duros y secos le golpearon la cara. Un cuerpo cayó a lado de ellos y pudo ver que se traba del brazo derecho de Pan, que enarbolaba un agujero humeante en lugar de su sonrisa malvada.
Otro cuerpo cayó y ella notó la hoja quemarla. De repente, el peso del cuerpo de Peter la hizo perder el equilibrio hacia delante y su cabeza golpeó duramente contra el suelo.
Regina alzó los ojos de su cuaderno de notas y escrutó a la rubia sin estar segura de que esta lo hubiera notado. Puso el capuchón a su bolígrafo y apagó el ordenador cerrado su tapa. Después, se giró de nuevo hacia la rubia.
-¿Emma?- llamó ella dulcemente sobresaltando a la muchacha- Lo siento
-No, yo estaba en la luna- se excusó Emma
Regina asintió, pero se quedó en silencio, quería esperar a que Emma le dijera algo; sin embargo, nada sucedía.
-Voy a París- anunció ella
Emma desorbitó sus ojos y su boca se estiró en una franca sonrisa.
-¿De verdad?
-¡Sí! ¡No quisiera dejarte sola con Katherine Midas!- argumentó Regina sonriendo a su vez.
-¿Tienes miedo de que caiga bajo el encanto de esa zorra tarada?
Regina estalló en carcajadas.
-¡No, tengo más bien miedo de que la tires al Sena!
Emma se acercó y entrelazó sus dedos con los de su compañera.
-¡Estoy feliz de que vengas, de verdad!- confesó ella
-¿Y qué dirías de un restaurante para festejarlo?- propuso la morena levantándose y alisando los pliegues de su blusa.
-¡Euh…diría que es inconsciente y algo imprudente!
-¿Y si fuéramos a Boston? ¡Conozco un pequeño restaurante muy bueno!
-¡Regina, tú no conoces sino restaurantes «muy buenos»!
-¿Y?
Emma se encogió de hombros, no tenía ganas de salir, quería quedarse tranquilamente tirada en el sofá, pero se obligó a asentir fingiendo una sonrisa convencida. Regina no era tonta, veía muy bien que eso no hacía saltar de alegría a la joven, pero quería obligarla a salir para que no se encerrara y comenzara a sentir miedo del mundo exterior.
-Vamos a prepararnos, he reservado mesa para las ocho- informó la morena
Emma frunció el ceño y puso morritos
-¡Ya lo habías previsto todo!
-¡Evidentemente!
La rubia se había puesto un vestido acampanado que le llegaba a los muslos, un tul negro recubría el tejido púrpura y hacía bellos reflejos con los movimientos de la joven. Se había puesto unos botines negros para darle a todo un look rockero tal como le gustaba. Sin embargo, se dio cuenta de que ya no tenía chaqueta y la noche estaba fresca. Tiró la mitad de sus ropas al suelo y acabó por hurgar, a cuatro patas, en el montón de ropa, protestando.
-¿Necesitas ayuda?- preguntó Regina apoyándose en el marco del vestidor mientras se colocaba los pendientes.
-No, busco una chaqueta para…¡wow!
Ella era hermosa y sabía sacarse valor. Sus finas piernas desparecían al nivel de sus rodillas en un vestido gris perla cuyo escote en corazón dibujaba perfectamente su pecho. El cinto que ceñía su cintura era a juego con su pulsera de plata y sus pendientes. Cuando dio un paso hacia Emma, esta pudo constatar que la parte baja del vestido era abierto hasta la mitad del muslo.
-¡Te devuelvo el cumplido, Miss Swan!- susurró Regina colocando un mechón rubio tras su oreja
Sus largas pestañas maquilladas hacían aún más penetrante su mirada, dejando a Emma atontada.
-¿Necesitas una chaqueta?- preguntó Regina sacando un labial rojo de su bolso.
-Sí, mi chaquetón rojo ha ido directamente a la basura…
-¡Mucho mejor, hubiera quedado atroz con ese vestido!- juzgó la amazona frotando sus labios para que la pintura se extendiera naturalmente. A continuación, se pasó el perfilador para dejar una línea uniforme.
-Mira en mi armario a ver si encuentras algo que te guste
Emma se resistió a decir que lo que le gustaba no estaba en el armario, sino a algunos metros de ella, mirándose en el espejo. En lugar de eso, sus pies la condujeron al lugar donde chaquetas de diferentes colores estaban colgadas. Cogió uno negro y se lo colocó delante de ella.
-¡Ese no!
Emma le lanzó una rápida mirada y frunció el ceño.
-¡Coge la del forro violeta, te quedará perfecto!
Cuando la hubo encontrado, se la puso y corrió hacia el baño para atarse el pelo en una elegante cola de caballo que dejaba caer algunos rizos sobre su hombro.
Regina la esperaba abajo, Emma podía escucharla ir y venir gracias a sus tacones. Terminó de maquillarse y salió de la habitación para bajar a su encuentro, quería verla enteramente vestida para estar segura de que no estaba soñando y que esa criatura le pertenecía al menos un poco. Sin embargo, cuando descendió, reparó en la mirada de la morena posándose sobre ella de una manera que jamás hubiera creído posible. En su mirada, ella tenía la impresión de ser una de las siete maravillas del mundo. Emma terminó de bajar sin poder evitar sonreír.
-Estás magnífica, Emma
-Ya…¡si supieras el trabajo que me ha llevado!
-¡No digas tonterías!
Fueron al coche después de que Regina se asegurara de que Beau Miroir y su camarada estuvieran bien.
El trayecto fue corto, Regina encontró un sito no lejos del restaurante elegido y fueron a él a pie. Emma incluso se atrevió a deslizar su mano en la de la ex alcaldesa y a pesar del ligero sobresalto de esta, vio que se la mantuvo hasta llegar al restaurante. La rubia agradeció a su compañera con una mirada antes de darle su chaqueta al hombre que se encargaba del guardarropa.
-Estoy contenta de compartir esta velada contigo- murmuró Emma una vez que se sentaron.
-Yo también
-¡Sobre todo porque será la última en un largo tiempo!
Regina frunció el ceño, interrogando a su alumna con la mirada.
-Mañana, duermo en casa de August, y pasado mañana, en casa de Ruby porque Granny se ofreció a llevarnos al aeropuerto para marchar a París. Y…y después, estará París.
-Promete ser interesante
-¿Interesante?
-¡Hum, hum!
Emma no pudo saber más porque les trajeron las cartas para que pudieran elegir.
-Gracias, sé lo que quiero- rechazó Regina devolviendo la carta sin ni siquiera haberla leído.
El camarero hizo una ligera inclinación antes de marcharse.
-¿No elegis por mí?- dijo asombrada Emma
Fue el turno de la morena de sorprenderse.
-¿Por qué habría de elegir lo que vas a comer?
-Bueno…eres tú quien va a pagar, entonces…
-¿Entonces eso me autorizaría a obligarte?
-Sí…
-No veo por qué, y te pediría que no te sintieras incómoda con el hecho de que yo posea más dinero que tú. No tenemos la misma situación por nuestra edad, en primer lugar y después, está el hecho de que gracias al dinero de mi padre, hice unas buenas inversiones; tú en cambio solo trabajas desde este año y mira, ¡has logrado pagarte un viaje a París! ¡Deberías estar orgullosa de ti!
Emma estaba segura de que sus mejillas estaban poniéndose rojas, pero le daba igual, estaba enamorada de esa mujer, como nunca.
-Entonces, ¿has elegido?
Emma volvió a centrar su atención en el menú y contempló los platos que tenían todos una pinta deliciosa. Unos minutos más tarde, el camarero volvió a tomar la comanda y la velada comenzó calmadamente. Hablaron de Henry, del hecho de no tenerlo cerca de ellas, hablaron también de Beau Miroir, de sus progresos, de los exámenes de Emma, de París…
-¿Los profesores tiene habitación individual?- preguntó inocentemente Emma mientras tragaba un trozo de salmón
-¿Por qué? ¿Quieres entrar en mi habitación durante la noche?
-¿Por qué no?
-Hum, me parece peligroso, si acaso nos descubren…
-Entonces, dos semanas sin verse, ni…tocarse. Me va a…
Emma se interrumpió a causa de un estallido tras ella. Se quedó paralizada ante el espantoso ruido que le preció un disparo. Regina frunció el ceño inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado para ver a la camarera que se le habían caído la bandeja que llevaba. Cuando centró su atención de nuevo en Emma, vio que algo iba mal.
-Emm…
-¡Vuelvo en un minuto!- cortó la rubia levantándose bruscamente.
Corrió esquivando las mesas para dirigirse al baño. Las nauseas se apoderaron de repente de ella y su sentido del equilibrio se vio perjudicado por vértigos violentos. Se apoyó en el borde del lavabo para respirar. Al alzar los ojos, encontró su reflejo lívido, que parecía al límite de sus fuerzas. El ruido de la sala se intensificó y de repente se volvió mudo cuando una mujer abrió y cerró la puerta del baño. Regina se acercó y rodeó a la joven en sus desnudos brazos. Las dos de frente al espejo cruzaron sus miradas, después Emma apretó fuertemente sus párpados; la amazona posó su mentón sobre el hombro de la más joven y acarició dulcemente, casi imperceptiblemente, su vientre.
-Era una camarera torpe- le informó
-Lo sé
Emma alzó su mano derecha para acariciar a su vez el antebrazo de Regina que rodeaba aún su cintura.
-No estás en peligro- murmuró la morena
-Lo sé
-Emma, mírame- susurró en su oído
Ella obedeció y encontró su reflejo en el espejo. Parecía tan perdida en ese momento…Los largos cabellos de Regina le hacían cosquillas en la mejilla, pero fueron reemplazados por dulces labios.
-Vuelve conmigo cuando te sientas mejor- pidió la morena en su oído
Emma asintió. La soledad que se apoderó de ella en el momento en que la morena dejó el baño fue como una roca difícil de sostener. Borró rápidamente la huella del labial que había sobre su mejilla y se dio prisa en volver a la mesa.
Al final de la cena, las dos mujeres no dejaban de mirarse, había en los ojos de una, fascinación; en los de la otra, una ternura a toda prueba. ¿Quién hubiera creído que Regina Mills, directora adjunta y profesora temida pudiera hacer gala de tanta amabilidad, calma y romanticismo? Pues, aunque la velada no estaba basada en romanticismo puro, Emma tenía que confesar que los gestos de la ex alcaldesa eran tan gráciles, tan delicados que habría dado lo que fuera para que ese momento no se interrumpiera jamás. Sin pensar, cogió la mano de la morena que vagaba por la mesa y entrelazó sus dedos a los de ella. Regina le lanzó una mirada inquisitiva que ella barrió con una sonrisa.
El simple contacto de la mano de la morena en la suya electrizó a la estudiante. Un hormigueo a lo largo de su columna vertebral le dio la indicación de su estado. Su pulgar acarició las falanges de Regina, deteniéndose sobre el anillo que ella llevaba; se trataba de un anillo de oro blanco engastado con esmeraldas. Lo veía a menudo en su dedo, pero no sabía realmente lo que ese anillo representaba.
-Me lo regaló mi padre- informó la morena adivinando los pensamientos de la joven –Cuando cumplí los 16.
Emma movió su cabeza, una tristeza se instalaba en los rasgos de la morena cuando hablaba de su padre; Emma estaba segura de que ella aún no había hecho su duelo. ¿Cómo habría podido?
Cuando ella se iba a inclinar para acoger un beso, una voz la interrumpió, una voz que ella no había escuchado durante mucho tiempo.
-¿Emma?
La rubia pivotó para encontrarse dos orbes negros que la miraban con asombro no disimulado. Un perfil hispano acrecentado por un labial rojo y los cabellos de un negro jade recogidos en una cola de caballo.
La respiración de Emma se bloqueó en su pecho, pero encontró un modo de volver al ritmo normal de respiración.
-Lily…
Regina apartó su mano de la de la joven para disimularla debajo de la mesa, una angustia se apoderó de repente de ella. ¿Quién era esa chica y sobre todo, acababa de ser descubierta?
La mirada de Emma cayó sobre el delantal rojo donde relucía el logo del restaurante, después ascendió hacia sus ojos que no se habían posado en ella en años.
-¿Co…cómo estás?- preguntó la morena dando un paso hacia delante para acercarse más a la mesa.
-Bien, gracias…
-Yo…trabajo aquí de camarera, no es un chollo, pero no pagan mal, ya ves…
Emma asintió mientras lanzaba una mirada de advertencia a su novia.
-Lo siento, seguro que te estoy molestando…¡buenas noches!- saludó la camarera girándose hacia Regina –Soy Lily- dijo ella tendiéndole una mano franca.
-Buenas noches, Lily- contestó la directora aferrando la mano de la joven.
Sin saber por qué, Emma sintió que unos celos intensos se apoderaban de ella además de una antigua cólera.
-Hace un tiempo ya…- susurró Lily con la mirada, repentinamente, huidiza.
Emma fingió estar buscando en su memoria.
-Sí, la última vez que te vi, yo estaba subiendo en el coche de una asistente social que me devolvía al sistema
La mirada de Regina iba de una a otra, sin comprender lo que pasaba bajo sus ojos.
Lily unió sus manos y jugueteó nerviosa con sus dedos.
-Euh…sí…¿sabes? Intenté encontrarte después de eso, pero…en fin, nunca he…
-Ya…«nunca has» como dices, y en el fondo, ¡prefiero que haya sido así!
-Tampoco yo he tenido una vida fácil después de aquello- informó Lily
-¿Ah no? Querría hablar contigo un poco más, pero tengo otras cosas que hacer- dijo Emma
-¡Emma!
La estudiante se levantó y abandonó la mesa, visiblemente furiosa, dejando a Regina en compañía de su vieja amiga.
Fuera, el aire era aún fresco, pero revigorizó a la rubia que aprovechó para respirar grandes bocanadas. Algunos minutos más tarde, Regina fue a su encuentro, con una expresión perpleja en su rostro. Emma, de repente, tomó consciencia de que había abandonado a su novia en mitad de un atestado restaurante.
-Oh, mierda…Gina, lo siento, yo…
-¿Quién era esa chica?- preguntó la morena mientras le pasaba tranquilamente la chaqueta que Emma había olvidado
-Un mal reencuentro- respondió ella colocándose la prenda
-¿Qué más?
-Una chica que me ocasionó muchos problemas en la época en que intentaba salir del sistema, en parte fue por su culpa que estuve en familias de tarados y aterricé en casa de Linda y George
Regina movió silenciosamente la cabeza afirmando y se dirigieron hacia la calle donde el coche estaba aparcado. Emma parecía no querer seguir con el tema, pero Regina no se quedó callada.
-Ella parecía culparse de verdad, ¿sabes?
En seguida, Emma se tensó a su lado, una expresión irritada plantada en su rostro y los labios prensados en señal de descontento.
-¿Qué? ¿Te ha lanzado su discurso estúpido de pobre niña perdida que ha sufrido mucho por tener padres formidables?
Regina frunció el ceño.
-Me ha dado esto
Emma rechazó el trozo de papel que le tendía la morena.
-Emma, ha insistido para que te lo dé.
-¡Me importa una mierda lo que pueda querer decirme!- rugió Emma, su voz teñida de una inmensa pena- ¡Me importa una mierda lo que ha sido de ella y francamente, qué se vaya al diablo! ¡Tengo otras cosas que solucionar, creo!
De esas palabras se escapaba una intensa cólera y la marcha a la que caminaba mostraba su rabia hacia la joven.
-Emma, parece que le tienes mucho rencor, pero ella también se culpa…
-Regina, honestamente, no te metas en esto. ¡Es una pobre chica que no sabe qué inventar para que le tengan piedad! ¡Me hizo creer que era una desgraciada cuando tenía una familia que la buscaba! Si no la hubiera conocido…
-¿De verdad crees que se es feliz obligatoriamente cuando se tienen padres? ¿La infelicidad estaría solo reservada a los huérfanos?- gruñó Regina dejando de caminar.
Emma abrió la boca varias veces para responder, pero ningún sonido quiso salir. ¿Cómo podía decirle algo como eso a Regina? Ella que había tenido una vida imposible a causa de su propia madre…En pocas zancadas llegó hasta su compañera y le cogió la mano, sintiendo que se crispaba.
-Gina, no es lo que he querido decir, pero…ella me hizo mucho daño y no estoy lista para charlar tranquilamente tomando un café con esa persona. ¿Puedes comprenderlo?
Regina asintió. Sin embargo, un detalle había captado su atención y no lograba dejarlo estar.
-¿Fue ella alguien para ti?- preguntó volviendo a caminar
-¡Sí, por supuesto!
Ella asintió y frunció el ceño. Ella tenía muchas similitudes físicas con la camarera, comenzando por el cabello y los ojos, sin olvidar los labios maquillados de rojo. Además, la insistencia de Lily mostraba que, quizás, Emma y ella habían estado de verdad muy cerca, y si así fuera, Emma ha tenido que mentirle en algo. La rubia sintió que la atmosfera había cambiado y no comprendió de inmediato la inquietud que leía en el rostro de su novia.
-¿En qué piensas, Gina?
-En nada, ¿dónde está ese coche?
Emma frunció el ceño y divisó el Mercedes aparcado no mucho más lejos. Algunas gotas de lluvia comenzaron a caer.
-¿Estás enfadada porque nunca te he hablado de esa historia?- intentó adivinar la rubia
-¡No, puedes hacer lo que quieras!
Los celos se dejaban ver en la voz de la morena y la evidencia golpeó de repente a Emma.
-¿Gina? ¿Qué te dijo ella?- dijo suspicazmente
-Nada en particular, ¿podía haber dicho algo que te metiera en un apuro?
La de más edad se giró para mirar a la estudiante.
-¡Nunca pasó nada con Lily, era una amiga, es todo!
Regina mantuvo, en un primer momento, el silencio antes de encogerse de hombros.
-¿No era tu tipo?- preguntó indolentemente
Emma caminó hacia su novia y posó sus manos en su cintura
-¡Para nada, mi tipo es Regina Mills!
Regina reviró los ojos, después Emma selló sus labios en un beso dulce y tierno.
-En ese caso, al menos podrías darle las gracias, pues sin ella, probablemente no nos habríamos conocido.
Emma soltó un gruñido de desaprobación.
-Emma Swan, ¿no estás contenta de haberme conocido?
-¡Por supuesto que sí, la verdad es que eres una excelente profesora!- la picó Emma
Regina dirigió un rostro asombrado hacia su novia, después, al darse cuenta de la farsa, puso su máscara de reina malvada y replicó
-¡Y usted, Swan, una alumna deplorable!
-¿En todos los terrenos?- insistió la rubia
-¡Hay aún algunas lagunas en ciertos terrenos, pero…aprende rápido!
Regina se soltó de ella para llegar al coche antes de que se pusiera a llover más fuerte y su caminar perfecto fijó a Emma en su contemplación. Ella se metió a su vez en el vehículo y aferró de repente la mano de la ex alcaldesa, impidiéndole que arrancara.
-Estoy feliz de que vengas a París- confesó ella –De verdad, pero…¿estás segura de que no corres riesgos cogiendo un vuelo?-preguntó
La morena sacudió la cabeza
-No te preocupes por mí
Emma estrechó aún más fuerte la mano.
-Por supuesto que me preocupo por ti, Gina
La morena tragó saliva suavemente intentando fijar su mirada en otro sitio que no fuera Emma. Sus lágrimas llegaban con naturalidad a mojar sus pestañas. Emma…dulce Emma…ella era sin duda la única persona en el mundo que se preocupaba por pequeños detalles que asustaban tanto a la morena, pero que no podía contarle a nadie. Emma leía en ella y sacaba cuestiones que daban vueltas en ella incluso sin tener obligatoriamente consciencia. Cada mañana, la rubia se preocupaba por saber si Regina había dormido bien, cada noche, si había tenido un buen día. En el fondo, era eso lo más desconocido por la morena, nadie jamás había querido su bienestar tanto como Emma. La joven no pensaba en las apariencias, ni en la seguridad a todo precio, no sentía ninguna presión y se empeñaba cada día en querer que Regina conociera la felicidad.
-Oh…lo siento, ¿he dicho algo malo?
Los movimientos negativos de su cabeza respondieron a la pregunta, sin embargo, eso no evitó que sintiera una ligera inquietud. Repasó la conversación en su cabeza cuando la voz de Regina detuvo el curso de sus pensamientos.
-Te amo, Emma
Si la tierra hubiera podido dejar de girar, lo habría hecho en ese momento. Ella suspendió el tiempo para que Emma pudiera vivir ese momento para siempre. Dudó entre estallar en llanto, unirse a Regina en las lágrimas o gritar de alegría. Optó por una opción más clásica y estiró sus labios en una sonrisa que iba de oreja a oreja. Se inclinó para besar los labios de su amada mientras colocaba una mano en su nuca para que no se apartara. Regina aferró ávidamente los labios tendidos intentando transmitirle todo su amor. Emma retrocedió al cabo de largos segundos, el rostro aún partido por una sonrisa. Regina era tan bella, la luz filtrada por las gotas de lluvia que se abatían sobre el coche deslizaba sobre ella como lentejuelas plateadas. Su sonrisa plegaba sus ojos, haciéndolas de ese modo brillar. Era oficial, estaba enamoradas la una de la otra. Regina sabía que siempre se preocuparía por Emma, que no podría girarse sin buscar su mirada y lo mismo ocurriría para la rubia. Esta movió la mano que aún aferraba.
-¿Y si nos vamos?
-Excelente idea.
Emma se caló en el asiento y se puso el cinturón. No podría estar más feliz de lo que lo estaba en ese momento. Regina acababa de confesarle su amor, acababa claramente de admitir algo a lo que se negaba desde hacía tiempo, acababa de abrir un poco más su corazón a la joven alumna. Ahora, solo quedaba cuidar de él y mostrarse digno de él. Emma se preguntaba sobre el pasado de la morena, ¿le había dicho a Narcisa que la amaba? Si así había sido, ¿cómo esta había podido dedicarle tan poca atención?
El regreso a la mansión se realizó en un silencio casi religioso. Cuando la morena subía el peldaño para ir a abrir la puerta de la entrada, Emma la detuvo
-¿Sabes lo que es una pena?- preguntó
La mirada interrogadora de Regina le respondió negativamente.
-Eres tan tan sexy y bella y magnífica y…otras palabras que no conozco porque no tengo vocabulario suficiente, y ¡me gustaría tener una foto de este momento! Una foto que guardaría para mí y que sacaría cuando la situación estuviera clara para todo el mundo y pudiera decir: «¡miren, esta belleza, ella me pertenece un poco, ella es un poco mía y yo soy una poco de ella!» Y la gente estaría sinceramente rabiando.
-¿Crees eso?- dijo burlona Regina sacudiendo sus bucles morenos
-Lo es que una pena es que no tengo esa foto
Regina ahogó una risa cuando Emma la apoyó dulcemente contra la puerta, una mano en los cabellos de azabache y la otra en la cadera aún vestida. Regina se apartó con dificultad para apoyar su frente en la de su estudiante.
-¿Sacamos esa foto?
Usaron el teléfono de Regina para capturar ese momento, pensando que era más prudente, después de todo el de Emma pasaba a menudo por las manos de sus amigos.
-¡Espera! ¡Por una vez que llevo vestido, me gustaría que se viera!- murmuró Emma buscando el retardador en el aparato.
Se apresuró a colocar el móvil apoyado en un macetero, pero tuvo que recolocarlo varias veces porque no dejaba de resbalarse. Regina estalló en una carcajada al ver a Emma, con los brazos tendidos hacia el móvil por si se caía.
-¡No vamos a avanzar en nuestro programa muy rápidamente, miss Swan!- se burló la morena.
-¡Mierda! ¡Ha sacado la foto, este idiota!- refunfuñó la joven frunciendo el ceño mientras ponía el retardador con un poco más de tiempo.
Se colocó rápidamente al lado de su compañera y rodeó su cintura con un brazo protector. Al cabo de varios segundos, Regina se giró hacia ella y la interrogó con la mirada.
-¿Ya ha salido la foto?
La voz ronca sorprendió a Emma que posó sus dedos en el brazo de la amazona.
-No lo sé…
Los orbes de Regina encontraron los de Emma y esta sintió un calor aposentarse en su bajo vientre. Apartó su mano de la espalda de la ex alcaldesa pudiendo notar su piel quemar a través de la tela. La aplastó de nuevo contra la puerta para aprisionar sus labios. Hurgó rápidamente en el bolsillo de la joven para buscar las llaves y lanzó una ojeada para dar con la llave buena.
-Voy a coger mi móvil- informó la morena separándose de ella
Emma vio el pequeño cisne colgando de las llaves y sonrió orgullosamente. De repente, sintió los brazos de la morena rodearle y su boca ofreciéndole besos en su oreja. Ella empujó la puerta para abrirla lo más rápidamente posible y pasó el pequeño mando delante de la alarma para desactivarla. No tuvo tiempo de ir más allá, porque Regina cerró la puerta tras ellas, dejándolas completamente en la oscuridad.
Apoyada contra la puerta, y a pesar de dicha oscuridad, Emma pudo ver cómo sus pupilas la devoraban ardientemente. Ella se lanzó literalmente contra su compañera para disfrutar finalmente de sus caricias, de sus besos y contestar al «te amo» de forma ardiente. Acarició su muslo que tanto la había excitado en el coche y lo elevó ligeramente para después soltarlo y pasar sus dedos por los cabellos negros. Hizo retroceder a la morena hasta la puerta. No logró descubrir quién había gemido primero, pero redobló sus ardores. Subió el vestido hasta la cintura de su compañera y con una ligera presión, las piernas de Regina se aferraron alrededor de las caderas de la bella rubia.
Sus ardientes labios se perdieron por el perfumado cuello mientras sus manos ascendían más el vestido para poder tocar el tonificado y liso vientre de la amazona. En algún lugar tras ellas, los tacones cayeron, provocando un ruido sordo que paralizó a Emma durante unos instantes.
-Emma- llamó Regina con voz grave debido al deseo.
La rubia se separó a disgusto del inflamado cuerpo de su novia para arrodillarse ante ella provocando que riera dulcemente. Pasó sus manos bajo el vestido para aferrarse a las medias que le impedían ir más lejos. Mientras las iba bajando, posó su boca sobre el tejido del vestido, en la zona del bajo vientre de Regina y depositó reiterados besos. Una mano se colocó en su cabeza y logró incluso atrapar algunos mechones de su cola de caballo. La hizo levantar un pie después el otro para retirar el oscuro tejido, después se levantó y se separó completamente de su novia que gruñó de descontento.
-Quítate el vestido, por favor- pidió Emma con voz grave y suplicante.
Sentía su corazón latir a toda velocidad y cuando las nubes dejaron finalmente que un rayo de luna se infiltrase por la ventana, Emma pudo ver las manos de la amazona desaparecer en su espalda para bajar la cremallera, escuchando ese ruido familiar. Se estremeció a priori y una vez que las manos de la ex alcaldesa volvieron a la parte delantera, la interrumpió precipitándose hacia ella de nuevo.
-¡Déjame ahora a mí!- murmuró
-¡Con placer!
Muy lentamente, Emma descubrió primero el busto de su amada y distribuyó por él muchos besos provocando suspiros reiterados; finalmente separó el cuerpo de la directora de la puerta para dejar caer el vestido gris al suelo. Pasó sus manos bajo las nalgas de su amada, que comprendió claramente el mensaje; hábilmente, las piernas rodearon las caderas de Emma y Regina se encontró siendo transportada por el hall hasta el salón para pasar ahí buena parte de la noche.
Como había dicho, la víspera del viaje, Emma tuvo que ir a dormir a casa de Ruby, sin embargo, no teniendo ánimo debido a los continuos flashes que no dejaban de llenar su mente, quiso pasar un poco de tiempo con la morena que sabía mejor que nadie calmar sus tensiones, mejor que la tonelada de medicamentos que debía tragarse. Puso como excusa tener que hacer horas extras en el Chapelier Flou y fue a encontrarse con los brazos de su amada. Entró en casa de Ruby a las once de la noche.
-¿Demasiado duro el curro?- preguntó Ruby mientras acababa de rehacer su vendaje al salir de la ducha.
-Sí…no, ya sabes…¡una noche como otra cualquiera!
-¿Había mucha gente?- preguntó su amiga mientras le ponía un líquido pegajoso en los puntos de sutura.
-Un poco- mintió Emma
-¡Pues yo no vi que hubiera mucha!
Emma frunció el ceño.
-¿Qué?- dijo asombrada deslizándose bajo las sábanas del colchón supletorio que su amiga había instalado.
-Te lo digo porque esta noche me di un salto al Chapelier Flou para darte una sorpresa. ¿Y adivina qué…?
-Ruby…
-¡Emma, te ríes en mi cara! ¿Qué está pasando?
-Nada…
-Bah, entonces, ¿dónde estabas?
-Yo…fui a correr
-¿En plena noche?
-Sí…
-Venga, ¿sabes qué? Me irritas, ¡si deseas tener secretos, no te voy a obligar a contarme! ¡Solo evita esta vez meterme en tus mierdas!
-¡No, Rub! No son secretos, es solo que yo…yo…
-¿Tú…? ¡No soy tonta, Emma! Una chica que sale por la noche sin decirle nada a sus amigas o es para hacer la calle o porque tiene una historia de amor o de sexo. Y como dudo que seas el tipo de chica que hagas la calle…
-…me tranquilizas…
-¿Hace cuánto que me escondes eso, Em?- dijo molesta la morena
-Algunos…meses
-¿Meses? ¡Joder, Em!
-Sí, lo sé, pero no puedo contarte más, me gustaría eh…créeme…pero…
-Pero, es complicado, ¿no?
-Sí- confesó Emma mirando fijamente sus manos, incómoda
-¡Ok, está bien!- se calmó Ruby –Pero cuando estés harte de guardar tus secretos para ti, ¿podrás mantenerme informada?- pidió ella dulcemente
-¡Prometido!
El aeropuerto estaba agitado, incluso en plena noche. Los alumnos excitados hablaban alto y los enseñantes intentaban, más mal que bien, imponer silencio. Emma miraba la más mínima cosa con atención; Belle y Ruby, que ya habían viajado en avión, se reían amablemente de su amiga al verla saltar con cada nuevo descubrimiento. En cuanto a Regina, aunque estresada, intentaba disfrutar del comienzo de ese viaje. David las había dejado a ella y a Mary Margaret, y Regina se había sentido feliz de estar un rato con sus amigos a los que tenía abandonados desde hacía un tiempo. Sin embargo, cuando había visto a Emma aparecer en el aeropuerto, había sentido cierta tristeza por no poder compartir ese momento con ella. La miraba de lejos sacarse fotos con sus amigas y divertirse con nada.
-¿Demasiado decepcionada por no ver a tu amante secreto en dos semanas?- preguntó Ruby sentándose al lado de la rubia, con una bebida caliente entre las manos.
-No, en realidad no- respondió Emma mirando a Regina que pedía un café en la cafetería
-¡Aún no me creo que me hayas podido esconder eso durante meses!- susurró Ruby con expresión desilusionada por no haberse dado cuenta mucho antes.
-Ya sabes, si no te he dicho nada antes es porque no era en realidad nada serio- mintió la estudiante.
Un anunció les pidió que se presentaran en la puerta de embarque y todos a la vez se pusieron en movimiento. En la fila de espera, Emma sintió su vientre encogerse. Era la primera vez que viaja en avión y estaba angustiada por si iba a tener miedo con el despegue, o peor durante todo el vuelo. Evidentemente, pensó en el hecho de que el avión podía accidentarse y eso la hizo congelarse durante unos instantes. Una mano se apoyó en su hombro y al girarse, encontró los ojos reconfortantes de la profesora Mills.
-¿Todo bien, miss Swan?- preguntó ella dejando su mano algunos segundos en su hombro.
-Sí…bueno
-Tiene pánico al avión- previno Ruby que para nada estaba asustada ante el hecho de montar en un aparato que podía caer del cielo en cualquier momento.
Regina frunció el ceño y Emma bajó la mirada, avergonzada.
-¿De verdad, miss Swan?
-Un poco…es la primera vez que cojo un avión- confesó ella a su amante
-Las primeras veces siempre son algo asustadoras, pero una vez hecho, estoy segura de que lo encontrara super e incluso después pedirá más.
Emma clavó sus pupilas en los ojos de la directora adjunta.
-Supongo- murmuró ella dulcemente
-¡Venga, Em, no te preocupes, todo irá bien!- la tranquilizó Ruby agarrándola de los hombros
-¿Dónde está sentada en el avión?- preguntó Regina avanzando un poco en la fila de espera
-Euh…
Tras un suspiro, Regina cogió el billete de la rubia y frunció el ceño, después, una pequeña sonrisa estiró sus labios.
-Está en la parte trasera del avión, miss Swan, es un buen sitio. No se preocupe.
Emma movió varias veces la cabeza y tragó saliva cuando sus dedos se rozaron. Encontró de nuevo la mirada de su novia y le envió una sonrisa.
-¡Gracias profesora!
Se giró para darle el billete a la azafata que les deseó un buen viaje antes de atender al siguiente.
Ruby daba saltitos, feliz, con sus brazos alrededor de los hombros de Belle y Emma.
-¡Va a ser genial! ¡Posaremos delante de la Torre Eiffel, y podremos comer pan francés! ¿Crees que venderán allí boinas?
Las preguntas de Ruby se hundieron en la mente de Emma que se concentró en no ceder al pánico. Volvió a enseñar su billete al entrar en el aparato. Desafortunadamente, Belle, Ruby y Emma no fueron sentadas juntas y a pesar de las súplicas de varios alumnos, estuvo prohibido cambiar de sitio.
Cuando Emma llegó a su asiento, se quedó petrificada unos momentos, que provocó que Ruby chocara con ella.
-¡Joder, Em!
-¿Qué ocurre?- preguntó Belle mirando a Emma
Al seguir su mirada, comprendió inmediatamente lo que sucedía.
-Oh, joder…
-Emma, ¿cuál es tu sitio?- preguntó Belle
-103B
Las tres chicas miraron el número de los asientos, caminando despacio entre los asientos. Ruby posó una mano en su boca para ahogar una risa burlona y Belle se mordió el labio.
-Miss Swan, nos volvemos a ver…
