París

Sentada sobre su maleta, Emma miraba cómo los otros alumnos recogían su equipaje. Belle ya tenía su maleta, pero muchas de estas habían sido perdidas y Ruby perdía el color a media que las maletas avanzaban sobre la superficie de recogida. Cuando, finalmente, vio la suya, comenzó a lanzar grititos de alegría haciendo reír a la mitad de sus compañeros.
-¡Emma! ¡Belle! ¡Tengo mi maletaaaa!
-¡Sí, todo el aeropuerto lo ha escuchado, Ruby!- refunfuñó la morena dandole un golpe de hombro a Emma
-Sí...sí...- balbuceó Emma
-¿Todo bien?- preguntó Ruby empujando a la rubia para sentarse junto a ella en la maleta.
-Sí, estoy cansada, es todo
-¿Todo bien en el avión?- cuestionó su amiga
-¡Sí, por supuesto!


Los motores del avión estaban en marcha desde hacía algunos minutos, pero Emma no lograba desviar su mirada de la directora. Al lado de ellas, una persona a la que ninguna de las dos conocía se había puesto a ver una película. Emma se giró enérgicamente hacia su profesora.
-¿En serio?
-¡Te aseguro que ha sido una coincidencia!- murmuró Regina mientras seguía leyendo su revista.
-¡Es raro!- susurró Emma
-Emma, cálmate
Se recolocó en su asiento y exhaló ruidosamente. Lanzó una mirada por encima del hombro de la morena para ver lo que pasaba tras la ventanilla.
-¿Angustiada, miss Swan?
-No quiero que nos estrellemos
Regina sonrió dulcemente, y con naturalidad, presionó la mano de la joven. La estudiante la retiró rápidamente lanzando miradas a su alrededor.
-Emma, nadie puede vernos, ¡te he visto más osada!
-¡No estábamos rodeadas de una horda de alumnos chismosos!
El despegue fue anunciado y las luces se apagaron para preservar el sueño de los pasajeros que se habían dormido. Emma se aferró al asiento cuando aún ni el avión se había colocado en pista. No pudiendo dejarla en tal estado de nervios, Regina le tomó gentilmente la mano. Emma se agarró con todas sus fuerzas cuando el aparato tomó velocidad; cuando pensaba que el avión estaba en su punto culminante, aceleró aún más y ella intentó tranquilizarla mirando a su compañera que se compadecía de su cara de terror.
Cuando las ruedas dejaron el suelo, Regina acarició el dorso de la mano de la joven para tranquilizarla. El aparato dio un salto sobrevolando el aeropuerto e instantáneamente, Emma acercó el brazo de Regina para aferrarse mejor.
-Todo va a ir bien- murmuró la morena inclinandose un poco sobre la rubia
-Mientras aterricemos vivos...- gruñó moviendo la cabeza.
-¡Emma!
La rubia abrió los ojos para encontrarse con el rostro inquietó de su novia. Ella tosió de repente y comenzó a respirar con dificultad llevándose la mano a la garganta. Habría jurado que la hoja de Pan estaba aún contra su cuello y que de un momento a otro la iba a degollar.
-¿Todo bien?- preguntó Regina manteniendo su mano en el hombro de la joven -Hacías ruidos extraños
Con la respiración entrecortada, Emma simplemente asintió, hundiendose un pooc más en el asiento, sintiendose de repente con nauseas.
-El médico dijo que tendrías dolores en la garganta, es normal, significa que está cicatrizando- la tranquilizó la directora adjunta pasandole una botella de agua.
-He...he tenido una pesadilla- confesó Emma, con los ojos clavados en el suelo del avión.
-Es normal, está todo aún muy reciente en tu cabeza, y aún estás muy conmocionada.
-Sí...
Emma echó un vistazo a su alrededor y observó que la mayor parte de la gente dormía, recostados en sus asientos, con la cabeza hacia una lado o hacia atrás.
-Va a ser complicado-murmuró la rubia -Si comienzo a tener pesadillas como esta, ¿qué les contaré a las chicas?
-La verdad...
La muchacha frunció el ceño
-Solo quedan dos horas de vuelo, deberías intentar dormir un poco más- aconsejó la morena recolocando la manta sobre los hombros de la rubia
-¿Te importaría cogerme la mano hasta que me duerma?- pidió con su expresión de perrito apeleado.
Bajo la manta, sintió la mano de su compañera alcanzar la suya y acariciarle dulcemente las falanges. Una sonrisa estiró sus labios antes de recolocarse para dormirse.


-¿Es esto una broma?- resonó la voz de Regina haciendo que todos los alumnos se giraran.
-¡Oh no!- gimió un muchacho de grandes ojos verdes
-¡Han perdido la maleta de la profesora Mills!
Emma estalló en una carcajada y fue la única, todos los otros la miraron como si se hubiera vuelto loca.
-¡Emma!
-Pero, ¿qué?...euh...¡Mala suerte que le haya tocado a ella!
-Mala suerte para nosotros, querrás decir- replicó Katherine pasándose una mano por sus cabellos dorados
Emma volvió a echarse a reír antes de ver la mirada atravesada de la ex alcaldesa.
-¡Swan! ¿Algo la hace reír?
-¡Euh...no...no, profesora!
Tras una mirada más pícara que asesina, Regina giró sobre ella buscando algo con la mirada.
-¡Solo me queda ir a la sección de reclamaciones!- refunfuñó
Mary Margaret se mordió las mejillas para no reír y el doctor Hopper tampoco las tenía todas consigo. Will Scarlet se alejó con la morena intentando calmarla. Una vez que le hubo dado a la compañía toda la información requerida para reenviarle la maleta, todos se dirigieron hacia el autobús que tenía que llevarlos al centro de París. Los alumnos tenían sus rostros pegados a las ventanillas del automóvil, a veces, se escuchaba un pequeño grito cuando alguno reconocía un monumento o lograba descifrar los carteles en francés. Los profesores parecían más relajados, se permitían incluso hacerle bromas a los alumnos que disfrutaban de esa ocasión para descubrir a sus enseñantes.
La única que permanecía en silencio era Regina, lanzaba miradas malhumoradas a través de la ventanilla.
-¡Profesora, es una jugarreta lo que ha ocurrido con su maleta!- dijo Ruby que estaba sentada no lejos de la morena
-No lo sabe bien, miss Lucas- murmuró ella con expresión de haberse tragado un limón
-¡Sobre todo porque ha sido la única a la que le ha pasado!- lanzó Emma con una sonrisa burlona
La joven se giró hacia su novia secreta.
-¡Gracias, miss Swan! ¡Es usted de gran consuelo!
-¡Podemos prestarle algo, si lo necesita!- propuso Belle dandole a Emma un codazo en las costillas
-Muy amable, pero la profesora Blanchard acaba de proponerme lo mismo
A Emma casi se le escapa una carcajada, no se podía imaginar a Regina vestida con ropas que no fueran las propias.
-¿Se va a poner los trapos de la señorita Blanchard?
-¿Los trapos, miss Swan?
-Ropas...
-¡Le rogaría que hablara de manera más correcta! ¡Nadie se creerá jamás que la he ayudado en su memoria!
Belle se echó a reír y Ruby se unió a ella segundos más tarde. El divertido ambiente contaminó a Emma que intentó subirle el ánimo a su profesora favorita alegrándose por poder hablar con su novia delante de todos. Una buena media hora más tarde, todo se había calmado en el autobús, se comenzaba a notar el cansancio de ocho horas de avión. Aunque los alumnos no querían perderse un solo día, se había llegado al consenso de que el primer día descansarían. Por supuesto, tenían autorización para salir y ver la larga calle donde estaba la residencia donde se quedarían, pero tenían prohibido formalmente ir más lejos. Cuando el autocar se detuvo delante de la residencia juvenil que los acogería, todos tuvieron un comentario.
-¡Es magnifico!- susurró Belle al ver la arquitectura haussmaniana que los rodeaba.
-¡Joder, pues no, no nos han tratado como la mierda!
-¿Le gusta, miss Swan?- preguntó Regina inclinándose ligeramente hacia su alumna favorita
-Es muy bonito, sí
Un hombre bajito, calvo, los recibió intentando dirigirse a ellos en un correcto inglés. Parloteó con Mary Margaret y Regina y dejó que ellas tradujeran sus palabras a los alumnos. Las habitaciones que les habían reservado-eran los únicos en el albergue-permitían que durmieran cuatro por estancia. Mulan se unió a la habitación de Belle, Ruby y Emma que se alegraron por poder evitar la presencia de Katherine. Aunque una planta fuera reservada para las mujeres y otra para los hombres, Emma se sintió frustrada al comprobar que su habitación estaba al lado opuesto de la de su compañera, no es que quisiera entrar a mitad de la noche- la presencia de Mary Margaret complicaba considerablemente las cosas-pero habría querido acompañarla o simplemente saberla al otro lado de la pared. Belle y Ruby, cansadas como nunca, decidieron dormir un poco mientras que Emma rumiaba en una esquina. Para colmo, las nubes cubrieron el cielo dejando caer torrentes de agua helada. Emma bajó al pequeño salón donde tuvo la sorpresa de encontrar a varios alumnos así como a Regina, que leía en una esquina. Como si nada, la rubia cogió un libro y se sentó a dos sillas de la morena que esbozó una discreta sonrisa.
-¿Le cuesta dormir, miss Swan?- preguntó ella con voz sensual
-¡No estoy cansada!- replicó Emma divertida -¿Y usted?
-Mary Margaret ronca, ¡es un infierno!
-¿No?- se asombró Emma abriendo su libro
Tras un ligero silencio, Regina pasó una página mientras preguntaba
-¿Ha ido bien la instalación?
Emma vio a uno de sus compañeros pasar no lejos de ella y esperó a que se alejara para responder
-¡Mi habitación está demasiado lejos!- murmuró dulcemente
-¿Demasiado lejos de qué?- preguntó la morena alzando la mirada
Emma alcanzó sus ojos para hacerle comrpender sin necesidad de palabras
-Oh...
Regina alzó una ceja y se volvió a hundir en su lectura. Emma sonrió victoriosamente y se deleitó al ver aparecer el rubor en las mejillas de su novia.
-¡De todas maneras, tenemos que tirar de malicia y sobre todo de discreción!
-¡Discreción es mi nombre!- aseguró Emma con expresión determinada
Regina cerró su libro haciendo un ligero ruido seco y clavó su mirada en Emma.
-¡Creo que no tenemos la misma definición de esa palabra!- exclamó ella
Fue el turno de la rubia de alzar la mirada para encontrarse con los ojos de la ex alcaldsa.
-¿Ah no? ¿Por qué?
-¡Porque si eres capaz de leer un libro en francés al revés, quiere decir que te has estado burlando de tu profesor a lo largo de tus años de estudio!- murmuró Regina inclinándose imperceptiblemente hacia ella para hacerse oír.
Emma miró su libro con más atención y mientras Regina se levantaba para marcharse, ella lo cerró para dejarlo sobre la mesa como si le hubiera saltado de las manos.
Al día siguiente, cuando la morena había llegado vestida con una blusa rosa y unos vaqueros negros, a Emma casi se le escapa una carcajada, pero había logrado mantener cierta contención antes de que la morena la fulminara con la mirada.
No quería ponerse a mal con su compañera cuando no podía hacer ni decir nada para hacerse perdonar rápidamente. La visita al Louvre resultó ser interesante, pero Emma lanzaba miradas hacia la directora adjunta; estaba frustrada por no poder sino mirarla. Además, tenía un miedo continuo a que la pillaran comiéndosela con la mirada. En cierto momento, Belle siguió su mirada y frunció el ceño al ver que Emma escrutaba el rostro de la profesora de literatura. Tuvo la impresión de que un cartel anunciaba claramente sus pensamientos y se ruborizó ferozmente.
-¿Todo bien, Em?- preguntó Ruby en voz baja
-Sí...¡Sí, todo bien!
-¿Estás segura? ¡Estás toda roja!
La mirada inquisitiva de Belle acabó por unificar su tez y sintió un calor apoderarse de todo su cuerpo. Se quitó el suéter para combatir esa sensación de fuego, pero la voz de Regina no la ayudó a concentrarse.
-¡Chicas, silencio!- pidió
La rubia soltó un quedo gemido quejica y lanzó una mirada suplicante hacia su amante que se limitó a ignorarla soberbiamente. Emma esperaba el fin del día con impaciencia...
Había numerosos bares en el barrio donde los estudiantes se estaban quedando y aunque tenían la prohibición formal de salir a beber alcohol, muchos de ellos se arriesgaron. Ruby y Emma formaron parte del lote y se dirigieron a un pequeño bar atestado donde, evidentemente, no les pidieron el carné de identidad. Pidieron algunos cócteles, pero se desilusionaron con la dosis de alcohol, mucho menos elevada que en los Estados Unidos. Pero por otro lado, no quería en realidad encontrarse en una comisaría francesa con el único bono de salida de la profesora de literatura. Las tres amigas encadenaron las bebidas y salieron algunas horas más tarde, Belle ya no se mantenía muy bien de pie y Ruby canturreaba una Marsellesa a su manera. Sin embargo, algunos franceses reconociendo la melodía comenzaron a cantar enarbolando sus copas o las botellas de cerveza uniéndose a la muchacha que alzó un punto la voz.
-Aux aaaaaaaaarmes, citoyens! Formeeeeeeez voz mataillons! Marchoooooons! Machooooons! Qu'uuuuun sang impuuuuur, arbeuuuuuve vos tiloooons!

Su aproximativo francés, no obstante, fue entendido y un joven la abrazó para continuar con ella bajo las risas de Belle y Emma que miraban el espectáculo, atónitas.

Subieron a su cuarto de la manera más discreta posible, pero se sorprendieron al encontrar al doctor Hopper en mitad del pasillo.
-¡Oh mierda!- gruñó Ruby mientras buscaba rápidamente su llave.
-¡Señoritas, el toque de queda ha pasado hace unos buenos diez minutos!- anunció él acercándose a ellas
-Estábamos abajo, profesor, en el pequeño salón y no hemos visto correr el tiempo- inventó Emma pasando un brazo alrededor de los hombros de Belle para que no se tamabaleara.
-¿De verdad? Yo vengo de allí, no he visto a nadie...- dijo él frunciendo el ceño
-Aaaah, bueno, nosotras lo vimos a usted- exclamó Ruby girandose para apuntar dedo hacia él
-¡Rubs, abre la puerta!-susurró Emma
Si él se acercaba, iba a oler el alcohol que emanaba de las chicas y estarían jodidas el resto del viaje.
Mulan, apiadándose de ellas al escucharlas, les abrió y las dejó entrar mientras se despedían del profesor quizás poniendo demasiada voluntad.
-¡Oh joder!¡Por los pelos!-soltó Belle cuando Emma la dejó sobre la cama
-¡Ya! ¡Bravo Emma por haber abierto la puerta!- felicitó sinceramente Ruby articulando más mal que bien.
Emma se encargó de darle las gracias a Mulan y se puso el pijama para después subierse a la cama y pasar las cortinas que la rodeaban.
La mañana del cuarto día, mientras los estudiantes estaban reunidos en el hall, un hombre llegó con una maleta de marca en la mano. Preguntó en recepción el número de habitación de Regina Mills. Viendo el cielo abierto, Emma se precipitó hacia la recepción para ofrecerse a llevar la maleta. Mary Margaret acababa de bajar al hall, Regina estaría por tanto sola en la habitación. La rubia se dio prisa en escalar los escalones con la enorme maleta y se presentó delante de la puerta 304. Recuperó el aliento antes de dar algunos toques a la madera oscura.
-Mary, te juro que no puedo salir con estas ropas que...oh...Emma
-¡Hola! Te traigo tu maleta y...
Ella observó de arriba abajo la ropa que quedaba ridícula en Regina. El rosa no le iba para nada.
...y tu dignidad- rió la estudiante
Rápidamente, la mano de la directora adjunta aferró el cuello de la muchacha y tiró de ella para hacerla entrar en su habitación. Emma terminó pegada contra la horrible cómoda de la habitación y los gemidos que salían de su boca demostraban su necesidad de más. Cuando la morena se apartó de ella, quiso aferrarse a ella, pero Regina se lo impidió con la mirada.
-¡Gina!- suplicó ella bajando de la cómoda
-Emma, todo el mundo me espera en el hall y creo que no pasará desapercibido si llegamos juntas, desaliñadas y...cubiertas de sudor
Emma sentía que su bajo vientre se incendiaba de verdad.
-Sí...bueno, ¿puedo, al menos, darte otro beso?
Regina se quitó la camiseta rosada y el pantalón del mismo color y se quedó en sexy lencería.
-¿Esa es tu ropa interior?- preguntó Emma no reconociendola
-Las he comprado ayer mientras vosotros visitabais el Musero de Arte Moderno
Emma se acercó, como hipnotizada por el esplendido cuerpo que tenía delante de ella.
-¡Te quedan muy bien!- susurró acariciando el hombro de su compañera
Regina se inclinó para abrir la maleta y Emma se colocó tras ella, su pelvis tocando la redondez de las nalgas de la mujer. Posó sus manos en sus caderas y acarició dulcemente la piel de su amante.
-¡Emma, compórtate!-pidió la morena dándole una palmada en la mano
-¡Es muy duro obedecerte!- confesó ella inclinandose para darle un beso en el pliegue de su hombro
-Sí, creo que para ti «obedecer» es algo difícil. Creo haber escuchado que te saltaste la hora de queda con tus amigas.
-¡Sí, por solo diez minutos!
-¡Emma, en serio! ¡Quita tus manos de ahí!- gruñó Regina enderezándose para pasar su mano por el cabello de la rubia plantada tras ella.
Inmediatamente, Emma subió sus manos por el encaje que escondía los pechos de su amada y un gruñido de deseo escapó de la garganta de la morena. Los labios de la más joven se perdieron en su esbelto cuello hasta alcanzar, temblando, el lóbulo de la oreja.
Tres golpes breves en la puerta hicieron que se separaron como si se hubieran quemado la una a la otra.
-¡Por Dios!
-Profesora Mills, euh...soy Ruby, lo siento, pero ¿está Emma con usted?
Las dos culpables se miraron y Emma se mordió el labio, angustiada ante la idea de ser descubierta. Retrocedió hasta una esquina y se apoyó contra la pared como si pudiera desaparecer enteramente dentro de ella.
-Miss Lucas, ¿por qué estaría su amiga en mi habitación?- contestó Regina con voz molesta, dominada a la perfección.
Emma la admiró unos instantes, tenía esa mirada de determinación a pesar del pánico que se podía leer en su rostro.
-Euh...debía traerle su maleta y...
-¡Lo hizo y me estoy cambiando, miss Lucas! ¡Puede buscarla en otra parte!
Su tono no admitía réplica y los pasos de Ruby se alejaron rápidamente. Emma podía imaginarla, roja de vergüenza ante la idea de haber molestado a «Millsy»
-¡Emma! ¡Deberías marcharte antes de que tu amiga decida enviar al ejército! ¡Y debemos ser más prudentes!
-¿Querrías ponerte tu vestido azul?
-¿Qué?
-¡Tu vestido azul!- susurró Emma depositando un último beso en los carnosos labios
Lo hizo, Regina se puso su vestido azul para el placer de Emma, lo que inflamó a la joven sin poder hacer ella nada para aliviarla.
Los días pasaron y Emma no volvió a la habitación de su novia, se las apañaban para no encontrarse juntas aunque estaba volviéndose sospechoso.
-¿Hay algún problema con Mills?- preguntó Belle una mañana cuando estaban desayunando en el restaurante del albergue.
-¿Hein?- dijo asombrada Emma tirando casi la mitad de su zumo de naranja. -¡Mierda!
-Bueno...te ha ayudado a elaborar tu memoria, y esa ayuda no ha sido poca, por lo que sé y...casi no os dirigís la palabra- observó la muchacha mientras se servía un croissant.
Emma se encogió de hombros, huraña
-Bueno, sí, no tengo por qué estar pegada a ella...- replicó la rubia, seca
-No, no he dicho eso, pero es extraño que apenas le hables, ¿no?
-No sé, no me he dado cuenta de que no le hablo. Escucha, Belle, francamente, ¿no tienes otra cosa que hacer que vigilar mis actos?
-Es verdad, Belle, podriamos hablar más bien de cómo vamos a vengarnos de Katherine
-¡A parte de tirarla de la Torre Eiffel, no veo otra manera!- refunfuñó Belle, molesta por haber sido regañada
-¡Venga, Belle, no te cabrees! ¡Emma es una persona de secretos! ¡Sobre todo en estos momentos!
-¿Qué quieres decir?- preguntó Belle, suspicaz
-¡Rubs!
-Emma tiene a alguien desde hace varios meses y no quiere decir de quién se trata.
-¡Porque no te incumbe!- replicó Emma mientras cogía un brioche
-¿Estás con alguien?
-¡Sí! ¡Venga ya, «señorita, me tiro al abogado de mi padre»!
-¡Yo no me tiro al abogado de mi padre, estoy perdidamente enamorada!
-¡Ah, pues quizás sea lo mismo en mi caso!- gritó Emma roja de cólera
En la sala del desayuno de pronto se hizo el silencio y Emma se dio cuenta, de pronto, que se había puesto de pie, el brioche aplastado dentro de su puño, reduciendolo a migas. Risas brulonas se alzaron de la mesa de Katherine, pero Emma se encargó de hacerlas callar.
-¿De qué se ríe la Barbie?
-¡Emma!- reprendió Belle cogiendola del brazo para que se sentara en su sitio.
-¡Bravo Emma! «la Barbie»- se rió Ruby
En la sala se retomaron, poco a poco, las conversaciones y Belle aprovechó para volver a la de ellas.
-Entonces, tienes a alguien, ¡eso está bien!
-¡Sí!
-¿No quieres decirnos de quién se trata?
-¡No!
-No, no puede porque es complicado
Belle soltó sus cubiertos para llevarse la mano a la boca
-¡Oh Dios mío!
-¿Qué?
-¿Qué?- preguntó Emma con voz neutra
-¡Sé quién es!
-¿Quién? ¿Quién?- gritó Ruby acercándose inconscientemente a Belle
-¡Es Killian!- susurró la morena liberando su boca de las manos
Aliviada, Emma siguió comiendo y bebiendo.
-¡No digas tonterías, Belle!
-Claro que sí, es evidente, y lo que es complicado es que...él no ha...en fin, ha sufrido mucho. Por Dios, es por eso que te metiste en esa estúpida historia con los Devil's, Em...
-¡Belle!-la interrumpió Ruby al ver la cara de Emma cambiar de repente
-¡Os espero en el hall!- cortó ella levantandose, unas ganas tremendas de vomitar se apoderaron de su estómago.
-¡A veces no tienes frenos, tía! ¡Cuando empiezas con tus locas teorías!
-¡Venga ya , Ruby! ¡No me digas que no fue una estúpidez meterse tras un ganster loco! Tú tambjién la escuchas por las noches. Tiene pesadillas...intensas...
Emma no escuchó la continuación, se había precipitado al baño para echar fuera su comida.
Estuvo en un estado lamentable todo el resto de la mañana y no pudo tragarse nada durante el almuerzo.
La tarde estuvo dedicada a la visita al Jardín de Luxemburgo. Emma estaba contenta de estar en el exterior pues tenía necesidad de aire y ía mucha más gente que en el pequeño pueblo donde ella vivía, pero se veía viendo perfectamente en París con Regina y Henry. La idea le atravesó brevemente la mente, pero se aferró a ella para pensar en otra cosa.
Belle y Ruby querían comer algo en la Brioche Dorée al otro lado del boulevard Saint Michèle; Emma se solidarizó y murmuró que las esperaba cerca del estanque donde numerosos estudiantes se habían sentado para charlar. Observó a Regina charlando con Mary Margaret, se sentó al lado de ella como si nada.
-¿Emma? ¿No estás con Ruby y Belle?- preguntó Mary Margaret
Regina se giró hacia Emma y se quitó las gafas de sol para mirar a su novia.
-No. Querían comer algo, así que les he dicho que las esperaría aquí.
-Ah, de acuerdo, ¿todo bien? ¿Te diviertes?- cuestionó Mary Margaret
-Sí, está guay
-¿No querías llamar a David?- sugirió inteligentemente Regina al ver que Emma quería hablar con ella
-¡Ah sí! ¡Os dejo!
Emma esperó a que la morena bajita estuviera lo suficientemente lejos para inclinarse hacia la directora.
-¡Parece que no hablamos suficiente!
-¿Perdón?
-Estamos demasiado distantes, Belle me lo dejó caer esta mañana durante el desayuno
-¡Pues solo me queda hablar contigo más!
Emma se estiró en su silla, se sentía bien cerca de Regina, estaba con ella, pero seguía escondida ante los demás.
-¿Te gusta París?
-Sí, ya lo creo. Es muy grande y da miedo, pero es una ciudad perfecta para desaparecer.
Regina frunció el ceño.
-¿Todo va bien, Emma?
-Sí...yo...
Lanzó una mirada para asegurarse de que nadie podía escucharla.
-Yo...he tenido pesadillas...violentas, en las que moría ahogada en sangre. O en las que mi cabeza rodaba por el suelo y veía mi cuerpo caer...
-Emma, es normal. ¿Qué te esperabas?
-¡Me esperaba que la operación hubiera tenido éxito! ¡No que hubiera sido un fiasco total!
-Sí, pero va a haber que tener paciencia porque tus pesadillas no desaparecerán así como así. ¡Deberías hablar de ellas con el doctor Hopper!- sugirió la joven mirando a su colega al otro lado del estanque.
-¡Oh no! ¡Gracias, pero no estoy loca!
-Emma, los psicólogos no son unicamente para los locos y...
-¡No! ¡No quiero hablar con nadie más!
Esa pequeña exclusividad divirtió a Regina, que, no obstante, no pudo evitar sentir una punzada de angustia cuando pensó que, quizás, no podiá ayudar a su compañera.
Sin embargo, los días que siguieron fueron más fáciles de soportar para las dos, Regina y Emma podían hablar con naturalidad y algunos gestos eran realizados; una mano sobre el hombro o sobre el antebrazo, un codazo discreto...Eso les permitía liberar la tensión acumulada y tranquilizar a Belle sobre el hecho de que algo podía estar pasando entre la profesora Mills y Emma.
Durante una tarde en que los alumnos tenían visita libre, Emma, Ruby y Belle estaban en la misma cola de espera que sus profesores que esperaban mesa en un pequeño café de renombre. Les propusieron una mesa para siete y los profesores, al querer pasar más rápidamente, llamaron a las tres jóvenes para compartir una merienda con ellos.
Se encontraron entonces todos alrededor de una mesa, Ruby al lado de Will, Emma frente a Regina, Belle entre Emma y el doctor Hopper y, al lado de Regina, Mary Margaret pasaba la comanda.
-¿Habési hecho compras, chicas?- preguntó Will intentando entablar una serena conversación
-Sí, por supuesto, pero creo que jamás conseguiré que quepan en mi maleta- se quejó Belle mirando sus bolsas aquí y allá
-¡Quizás te haga un hueco en mi maleta!- propuso amablemente Emma
-¿Estás segura de que tendrás espacio suficiente? ¡Me da la impresión de que ya la tienes bien llena...de secretos!
Ruby seguía la conversación sorbiendo su coca-cola nerviosamente, la tensión entre sus dos amigas era palpable desde que Belle le había sugerido la aventura con Killian.
-¡Belle, sinceramente no es el momento!-dijo Emma con voz cortante
La joven frunció el ceño y se hundió en el asiento. Las conversaciones se retomaron alrededor de ellas sin que ni una ni otra participase en ellas. Se enfrentaban con la mirada hasta que un ligero golpe en su tibia interrumpió a la rubia. Insegura, miró a Regina que estaba charlando amigablemente con Mary Margaret sobre una de las próximas visitas al Moulin Rouge.
Emma sintió un segundo golpe en su tibia que hizo que buscara al responsable en la mesa. Pero al sentir unos dedos ascender desde su tobillo a su rodilla, tuvo que rendirse a la evidencia: Regina Mills escondía muy bien su juego. La rubia intentó ignorar ese pie, que sabía perfectamente lo que hacía, observando los carteles colgados de la pared anunciando diferentes espectáculos. El pie de Regina se retiró y la sonrisa que vio en su rostro le hinchó el corazón. Su mirada se posó en un diseño que representaba la historia de Alicia en el País de las Maravillas, y de repente se sintió increíblemente triste. Cuando sus porciones de tarta llegaron, Emma se levantó bruscamente, casi tirando la mesa.
-¡Em'!- llamó Ruby intentando levantarse, la mesa se lo impedía, le dio un golope en el brazo a Belle -¡Rayos!
Regina se limpió rápidamente los labios y se levantó para seguir a la rubia.
-¡Swan!- la llamó mientras la rubia alcanzaba la calle Pavée
-¡Gina, no es el momento!- susurró ella mientras seguía caminando rápidamente para alejarse. Estaba enfadada y triste y con ganas abofetearía a su mejor amiga por ponerla así.
-Emma, ¿qué ocurre?- intervino la directora posando una mano en el antebrazo de la estudiante, sus miradas se cruzaron y Regina inclinó la cabeza para forzar a Emma a mirarla más intensamente.
-A Belle se le ha metido en la cabeza que tengo una historia de amor secreto. ¡Y...me mata no poder decir nada!
-Oh...
Regina parecía incómoda, retrocedió un poco para mantener una distancia de seguridad.
-¿Crees que duda de algo?
-¡Acabo de decirte que piensa que tengo una historia de amor secreto! ¡Efectivamente, creo que sospecha de algo!
-Sí, pero, ¿crees que piensa que es conmigo?- se exaltó Regina con voz aguda
Emma se detuvo en seco antes de darse la vuelta lentamente hacia su compañera. Ella tenía expresión inquieta y respiraba aceleradamente. La muchacha alzó las manos para calmarla.
-No, no lo creo, piensa en un chico de la escuela
Regina frunció el ceño. Jamás habría imaginado a Emma con un chico, ella que era tan dulce y tan tierna...
-¿Un chico?
-¡Sí, y no me montes una escena de celos!
El tono seco de Emma asombró a la amazona que se cruzó de brazos. Ante la mirada herida de Regina, la muchacha tomó de repente conciencia de que ella no era responsable de nada y rápidamente se disculpó.
-Escucha, lo siento, pero...ella me saca de quicio, siempre temo que me coja el teléfono para ver mis mensajes o me siga hasta la mansión cuando volvamos
-¿Por qué no le dices directamente que eso a ella no le incumbe para nada?
-Es lo que he hecho, pero no está convencida. Te juro, ¡mete su nariz por todos lados!
-Bien, vamos a tener que remediar eso.
Emma giró su rostro hacia ella y ella pudo leer la angustia de ser abandonada.
-¿No te irás a alejar de mí por eso?- preguntó
-¡No, pero vamos a tener que hacer algo para evitar ser descubiertas!
Habían llegado cerca de un plaza y Emma decidió entrar sin esperar a saber si la morena estaría de acuerdo.
-¡No quiero que nos alejemos!- gruñó la más joven
-Ya, pero si eso calma a Belle, sería por una buena causa, ¿no?
Emma se econgió de hombros, estaba harta de tener que esconderse sin cesar, no quería meter a Regina en un lío, pero necesitaba que su relación fuera reconocida para que Will dejara de mirar sus escotes y para que Belle la dejara finalmente tranquila con sus preguntas. Más que nunca, echaba de menos a Alice.
Se sentaron en un banco y miraron a los niños tirándose por los toboganes, empujándose para tener los mejores puestos sobre los caballos de madera.
-Sé que es difícil para ti, siento que no puedas hablar con tus amigas, pero creo que sabes qué me pasaría a mí si la cosa se descubre
-¿La cosa?
-¡Nuestra historia!- rectificó rápidamente Regina para no ofender más a la rubia que estaba a flor de piel
-¡Gina, deseo besarte en este parque y me importa poco si pueden vernos o no! ¡Estoy cansada de estar mirando a mis espaldas sin parar!
-¡Tú no arriesgas nada, quizás sea por eso que eres tan inconsciente!- sonrió Regina cruzando las piernas
Tenía una apariencia tranquila, que Emma le envidiaba. Efectivamente, ella no corría ningún riesgo y se creyó muy egoísta al pensar que no habría consecuencias si eran descubiertas.
-Lo siento- murmuró Emma antes de levantarse y salir del parque
La moral de Emma no remontó fácilmente, estaba malhumorada, pensando constantemente en el hecho de no estar viviendo una estancia como lo habría deseado. Ruby intentó hacerle olvidar las palabras de Belle arrastrándola de compras, pero Emma una vez más pensó en Regina y en el hecho de no poder tocarla, tomarla en sus brazos o sencillamente llamarla por su nombre cuando lo deseara.
Le compró una camiseta afirmándole a Ruby que era para ella misma. Después, diría que se la había olvidado en el albergue.
El último día llegó finalmente y su última visita no era nada más que al mítico símbolo de París: la Torre Eifell. Los profesores habían decidido que sería la última visita para dejarles a todos un recuerdo inolvidable. Todos subieron a lo alto del monumento de hierro para poder admirar la ciudad a la que le habían dedicado tiempo para descubrir y amar.
Belle se colocó al lado de Emma, acodada en la barrera y suspiró. Observaron el Sena transcurrir tranquilamente por su lecho y Emma habló de la gente que parecían minúsculas partículas de polvo a los pies de la sólida torre. Trocadero estaba frente a ellos, pero los chorros de agua parecían ahora finos hilillos que se escapaban de un grifo.
-Emma, siento lo que te dije, el otro día...
-Está olvidado, Belle- murmuró rápidamente Emma que no quería volver a esa dolorosa discusión.
-Ya...no estoy segura, porque siento que ya no es igual, ¿sabes? Y honestamente, Ruby me ha hablado y tiene razón, yo os oculté mi relación durante un buen tiempo, así que...
-¡Belle, el problema es que no hay relación! ¡No hay nada!
-Pero Ruby ha dicho que...
-Sí, hay algo complicado, pero...no quiero que hurgueis en ello porque no saldría nada bueno de eso, ni para vosotras, ni para mí
Belle abrió la boca, pero la volvió a cerrar, al no encontrar nada más que añadir se calló varios minutos.
-En todo caso, lo siento...tienes derecho a tener tus secretos.
Emma no tuvo tiempo de responder, porque los profesores pidieron que se juntaran para sacar una foto, y Regina logró colocarse al lado de Emma. Sería su segunda foto juntas. Un turista alemán les propuso sacar una foto para que todos estuvieran juntos y Will se puso entre Emma y Regina para enlazar su cintura. Lo que pudo pasar por un gesto amistoso no lo fue para la rubia que le lanzó una mirada asesina.
-Uno...
Regina le lanzó una mirada desolada que Emma ignoró. Belle sacudió su hombro para que mirara al objetivo.
-...dos...
Inocentemente, Emma alzó su pie y esperó al término de la cuenta atrás para aplastarlo violentamente sobre el de su profesor de deporte que puso una mueca mirando desconcertadamente a su alumna. Todos chillaron para que les sacaran una segunda foto.
-¡Swan! ¿Qué te pasa?- gritó Will masajeandose el tobillo
-¡No lo he hecho adrede!- dijo ella secamente
-¡Oh, no lo has hecho adrede, permíteme que lo dude!
Ella se encogió de hombros y el grupo se dispersó para bajar a tierra firme. En las escaleras, Regina se coloó al lado de su novia y le lanzó una oscura mirada.
-¡No ha sido inteligente!- le dijo entre dientes
-¡Pues no tenía que haber hecho eso!- replicó Emma sin dejarse amilanar
Esperaba que la morena la lanzara contra la barandilla o le contestara con una pulla mordaz, pero en lugar de eso, reviró los ojos y aceleró el pasó para pasar por delante de la muchacha. Arrasada, la estudiante se detuvo unos segundos para tomar conciencia de que Regina estaba enfadada con ella.
-¡Emma! ¡Tenemos que darnos prisa para prepararnos para la gran velada de cierre!- gritó Ruby demasiado excitada.
-¿Tienes todo lo que necesitas?- preguntó la rubia siguiendo a Regina con la mirada.
Como única respuesta, Belle abrió su bolso dejando ver una pequela llave de plata.
¡La venganza podía comenzar!
-Es sencillo, tenéis que esperar a que ella se dé cuenta de que ya no tiene la llave- susurró Emma inclinándose hacia las dos amigas.
-¿Y después?
-Después entramos, hacemos lo que tenemos que hacer, pero...necesitamos a alguien que haga guardia
-¡Yo quiero encargarme!- dijo Ruby ansiosa ante la idea de que tal misión le fuera confiada -Pero cuidado, no podéis echaros para atrás- previno ella frunciendo el ceño
-Bien...y si ella llega, tú...
-¡Haré la lechuza!
-Buena idea, Ruby, seguro que ella no sospechará nada- ironizó Belle cruzando sus brazos sobre su pecho mientras Emma se echaba a reir ante la simple imagen de Ruby imitando a una lechuza en mitad del pasillo que llevaba a las habitaciones.
-¿Hazlo para ver?- pidió la rubia que casi se estaba ahogando
Ruby extendió sus brazos para comenzar su demostración, pero Belle hizo que los bajara, con una expresión de susto en su rostro.
-¡No, no!
Emma siguió partiendose de risa sujetandose la barriga.
Al llegar al albergue, se dieron prisa en llegar a la habitación de Katherine para preparar la travesura y Emma casi se parte de risa al volverle la imagen de Ruby a la cabeza.
-¡Concéntrate!- sususrró Belle mientras le quitaba el capuchón al rotulador.
De repente, escucharon a Ruby gritar tras la puerta.
-¡Hou! ¡Hou! ¡Hou!
Emma estalló en risa y Belle, más seria, la cogió por la muñeca para salir, pero se quedaron quietas al escuchar las voces de Katherine y sus amigas.
-¡Francamente, qué tonta es esta chica!
-¡Miradla mover los brazos como una boba!
Emma se mordió el labio para no empezar a reírse
-¡Emma!- susurró Belle
-¿Qué? De todas maneras, no pueden entrar, no tiene la llave
-Sí, pero nunca se sabe, pueden escucharnos
-¡Mierda! La llave...- escucharon tras la puerta
-¿Has perdido la llave?
Belle sonrió intercambiando una mirada cómplice con su amiga, pero la perdió enseguida al escuchar a Katherine decirle al grupito que la esperaran delante de la puerta.
Emma, de repente, se puso pálida, en abnsoluto había pensado en esa posibilidad y soltó lo que tenía en las manos para acercarse a Belle.
-¡Joder, joder, joder, joder! ¿Qué hacemos?- preguntó dando vueltas en la habitación.
Belle se pasó, nerviosa, las manos por el cabello mirando a su alrededor.
-Belle, ¿qué hacemos?- preguntó Emma más alto
-¡No lo sé!- se enervó la morena
-¡Pero, debes saberlo! ¡Eres tu el cerebro del grupo!
-¡Cállate, Emma!
Buscaron un modo de escaparse, pero estaban en la tercera planta de un inmueble parisino, saltar por la ventana no era una opción y la puerta de entrada era el único modo de salir de la estancia.
-¡Tenemos que encontrar un escondite!- murmuró Belle agachándose para meterse debajo de la cama
Cuando había podido pegarse a la pared para hacerle sitio a Emma, la voz de Katherine hizo que sus corazones latieran más fuerte.
-El gerente me hado una llave de repuesto, le he dicho que la hemos dejado dentro de la habitación
La llave giró rápidamente en la cerraduram, demasiado rápido. La puerta se abrió mientras los pies de Emma sibresalían aún por debajo de la cama.
-¡Hey!
-¿Katherine?
-¡Los profesores quieren vernos abajo!¡Tienen algo que decirnos!- se alzó la voz de Ruby
-¡Oh, no puede ser verdad!
Emma se dio prisa para meter sus pies bajo la cama y pudo ver cómo se cerraba la puerta. Lanzó un suspiro de alivio antes de mirar a Belle.
Salieron de debajo de la cama y abrieron, con prudencia, la puerta. Cuando estaban saliendo, chocaron contra alguien y las dos chicas gritaron del susto.
-¡Joder Ruby!- exclamó Belle golpeandole un brazo
-Pero...¡ay! ¡Venía a buscaros!
Emma cerró con cuidado con llave y se giró hacia sus amigas.
-¡Has hecho la lechuza!- dijo agarrandose al hombro de la morena para no caer de risa
Ruby reviró los ojos
-Bueno, tenemos que darnos prisa porque cuando las rubitas se den cuenta de que no hay nada en el hall, van a aparecer ipso facto
Ellas entraron en su habitación para prepararse tranquilamente. Sobre las ocho, escucharon la voz de la profesora Mills gritar en el pasillo.
-¡Muchachos, hora de bajar! ¡Supongo que todos os habéis puesto muy guapos y es momento de mostrarlo!
-Emma, ¿estás lista?- preguntó Ruby mientras terminaba de maquillarse.
-¡Sí, sí, ya estoy!
Las tres amigas salieron al pasillo para encontrase con sus compañeros y se disponían a bajar cuando un grito las hizo volverse.
-¿David?
Mary Margaret estaba de pie con un vestido de fiesta rojo, sus cabellos cortos mantenidos a un lado por un pequeño prendedor dorado. Frente a ella, estaba el profesor Nolan, con un maleta en la mano y el cansancio pintado en su rostro.
-¡Al fin te he encontrado!-resopló él soltando la maleta para abrazar a su mujer.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, he venido a verte para que podamos pasar estos últimos días juntos
-Solo queda esta noche, David- le anunció la morena mordiendose el labio
-¡Ya no!- dijo él sacando unos billetes de avión de su bolsillo
Mary Margaret se estrecho contra él para besarlo y algunos silbidos se oyeron por el pasillo. David sonrió pegado a los labios de su mujer y se giró después hacia el grupo que los miraba.
-¿Vosotros no tenéis una velada esperándodos, eh?
-¡Jooo! ¡Qué sexy es!- exclamó Ruby algo más alto de lo debido
Todo el mundo rió a mandíbula batiente y Emma aplaudió a Ruby para dejarla más azorada.
-¡Venga! ¡Marchaos!- dijo Mary Margaret sin apartar la vista de su hombre.
Regina se presentó al lado de ellos y David soltó a su mujer para tomar a su amiga en sus brazos.
-Gracias por los billetes- murmuró en su oído
La morena le acarició la espalda y retrocedió para sonreírle.
-¡Es lo menos que podía hacer!
Emma escrutó a su novia de arriba abajo y la encontró una vez más magnífica. Habría sido imposible encontrarla fea, pensó Emma. Sus miradas se encontraron durante un segundo antes de que la morena volviera a centar su atencuión en David que se encontraba frente a ella y le hablaba del viaje.
-¡Emma! ¡Vamos!- gritó Belle para captar su atención.
El salón había sido decorado para ofrecerles una bella velada y un buffet tronaba en la sala para que pudieran comer y beber sin alchol a placer. Al fondo de la sala, pequeñas mesas habían sido dispuestas para que se sentaran cuando sus pies les reclamaran de dolor.
Ruby se precipitó hacia los canapés para devorarlos en la mesa que habían escogido.
-¡Hey! ¡Chicas!- las llamó Will -¡Estáis muy guapas!
-¡Gracias profesor!- contestó Ruby con la boca llena.
Emma sacudió sus rizos rubios ante la expresión jovial de Belle. La velada transcurrió dulcemente y cuando Ruby y Belle fueron invitadas por dos guapos muchachos de su promoción, Emma se quedó sola en su mesa picoteando la charcuteria que allí quedaba.
-Pobre Swan...nadie la quiere- replicó Katherine inclinándose sobre la mesa.
Emma no pudo evitar sonreír al ver a la rubia pavonearse.
-Sí...prefiero estar sola que mal acompañada- dijo ella sencillamente, sabiendo muy bien que estaba lejos de ser su mejor réplica.
Katherine entrecerró sus pequeños ojos mezquinos, después frunció el ceño.
-Abandonada por todos...otra vez.
-¿Sabes, Katy? Me gusta mucho cuando te metes conmigo, porque sé que estás bien centrada en mí y no ves lo que te va a dar en plena cara más tarde. ¡Así que, continua, estate bien concentrada!
La expresión malvada de la adolescente desapareció para dejar paso a una inquietud paranoica, comenzó a mirar a todos lados sin poder adiviar lo que la esperaba.
Un muchacho se inclinó hacia Emma para invitarla, era un amigo de Killian con quien ella había charlado alguna vez, aceptó la mano que él le extendía y se dejó arrastrar a la pista de baile.
-¡Buena velada, Kat!- susurró ella pasando por delante de su enemiga.
Cuando llegó a la pista, y antes incluso de comprender lo que pasaba, sintió su estómago retorcerse. El muchacho que la acompañaba puso sus manos en sus caderas para comenzar el baile lento y ella lo rodeó con sus brazos para acompañarlo. Ella reviró los ojos al comprender, finalmente, que la canción que estaba sonando no era otra sino Creep...Buscó a su compañera con la mirada. Esta le había concedido un baile a Will que le acariciaba dulcemente el brazo. Si Emma sintió la cólera insinuarse en ella, enseguida se controló pensando que Killian habría hecho lo mismo si hubiera bailado con él. Clavó entonces su mirada en la de Regina y sonrió tímidamente al darse cuenta de que también ella pensaba en la noche en que Emma le había dicho «Te amo» por primera vez. Al terminar el baile, se dirigieron a la barra para refrescarse y se encontraron lado a lado.
-Lo siento, señoras, pero ya no me queda hielo...el congelador acaba de dejarme y...
-¡Oh no!- gimió Emma tomandose su bebida caliente
-¿No sabrá dónde podemos encontrar hielo?- preguntó Regina mientras cogía su vaso
-Bueno...acabo de llamar a mi proveedor, pero...
-¿Y si vamos a buscar al bar de enfrente?- propuso Emma
-Eh...sí, ¡no lo había pensado!
-¡Quédese ahí, miss Swan, no le permito ir a ningún lado!
-¡Entonces, venga conmigo!- provocó la rubia
Regina arqueó una ceja y sus labios se estiraron en una franca sonrisa.
-Muy bien, querida, vamos a buscar hielo
-¡Son unos ángeles!
Salieron del calor sofocante y atravesaron la calle donde los estudiantes también estaban haciendo la fiesta.
-Estás muy hermosa- murmuró Emma acariciando tiernamente el desnudo brazo de su compañera.
-Tú también- cumplimentó a su vez la directora.
Se dirigieron al barman y le pidieron amablemente un cubo de hielo para una fiesta que tenía lugar un poco más lejos. Al principio, algo reticiente, cambió de opnión cuando la morena jugó su encanto. El dj del bar farfulló algo en su micro y todo lo que Emma comprendió fue que la siguiente canción estaba dedicada a los enamorados de la velada. Tras algunas notas al piano, y cuando las parejas ya estaban en la pista, la voz de Jasmine Thompson se elevó en la sala. Emma deslizó una mirada hacia Regina que no tenía en absoluto conciencia de lo que ella se disponía a hacer. Suavemente, le agarró el brazo para arrastrarla lentamente hacia la pista de baile.
-¡Emma! ¿Qué haces?- preguntó ella entre dientes
-Por favor, deseo bailar contigo. Nadie puede vernos. Están todos en la fiesta- argumentó la rubia
El rostro de la ex alcaldesa se suavizó de repente y se dejó llevar a la pista, en medio de otras parejas que se besaban languidamente.
Las manos húmedas de Emma acercaron el cuerpo de su amada al suyo y se colcaron en la misma posición en que estaban durante su primer baile. Regina la serenó con una única mirada y depositó un beso en la punta de su nariz, después ella hundió su rostro en el cuello de su novia.
Only know you've been high when you're feeling low
Only hate the road when you're missin' home
Only know you love her when you let her go
Los minutos se deslizaron tiernamente, dejando a las dos amantes el tiempo para compartir un momento único en París, en un bar del undécimo distrito. Al final, la estudiante se despegó suavementye de la morena y murmuró
-¡No necesito dejarte marchar para darme cuenta del amor que te tengo!
Regina rio dulcemente y soltó la mano de la muchacha para poder ir a recoger el hielo esperado.
Cuando regresaron, la fiesta iba a buen ritmo, los platos estaban vacíos y el momento que Ruby, Belle y Emma esperaban había llegado.
-¡Mierda! ¿Dónde estabas?- preguntó Belle dirigiendose hacia su amiga.
-¡Fui a ayudar al barman!
-¿Qué tienes en la nariz?- preguntó Ruby frunciendo el ceño
¡Maldito lápiz de labio!, gruñó mentalmente la estudiante. Se dio prisa en quitarse las huellas y las chicas se pusieron en un sitio desde donde podían verlo todo.
Tras un discurso rápido donde los alumnos chillaron unas diez veces mostrando lo felices y contentos que estaban por haber participado en ese viaje, las luces se apagaron finalmente y la velada comenzó de verdad.
Pero en lugar de la música y de los discursos, un grito se alzó. Emma, Ruby y Belle estallaron en carcajadas asistiendo a la escena que habían tardado tanto en poner en práctica.
El vestido de Katherine estaba iluminado por inscripciones sobre la tela así como su rostro cubierto de maquillaje fosforecente. El resto de alumnos siguió a sus tres compañeras mientras que Winter Winds sonaba en la sala.
Katherine gritó y frotó, pero nada lograba hacer desaparecer las palabras escritas en su hermoso vestido beige. Cuanto más gritaba ella e intentaba borrar las letras, más Emma reía sintiendo que su venganza estaba completada.
Pero pronto, la mirada circundada de colores fosforescentes de Katherine se posó sobre el trío y avanzó con paso rápido hacia ella.
-¡Swan!- gritó
-¡Oh! ¡Vaya, Kath! ¿Pasas una buena velada?
-¡No te burles de mí, Swan! ¿Esta broma idiota es idea tuya?
-Kathy, dices sin parar que adoras ser el centro del mundo, y que eres la luz que todos quieren alcanzar, al menos ahora no es ninguna metáfora, todo el mundo te ve y para todo el mundo eres la luz de la velada
El rostro pintado de la rubia mudó en una mueca de cólera y abandonó la fiesta, llorando a lágrima viva.
David quiso agarrarla, pero Mary Margaret se lo inmpidió
-¡Despues de todo, eso le enseñará a no ser una insolente!- murmuró ella arrastrandolo a la pista de baile
-¡Miss Mills, la invito a una copa por haberme echado una mano!- exclamó el barman tendiendole un copa de vino blanco
Ella le devolvió la sonrisa y usando su mejor acento francés le dio las gracias.
El doctror Hopper se sentó en el taburete de al lado y escrutó a la joven que bebía tranquilamente.
-Y bien...ha sido un bonito viaje, gracias por haberme dejado venir, Regina
-De nada, Archie, ha sido un placer, y además habla muy bien el francés
El pelirrojo asintió y pidió un té helado.
-He ido a dar una vuelta hace un momento, por la noche la ciudad es realmente hermosa- informó él
Regina asintió en silencio sin ver por qué él de repente le hablaba de eso. El barman le dio su bebida y él bebió un sorbo antes de gemir suavemente.
-Wow, bien...con hielo es mucho mejor, ¿no es así, Regina?
Ella se quedó paralizada de repente y acabó por girar lentamente la cabeza hacia el psicólogo. No supo qué responder, el tono del hombre seguía siendo alegre, no podía dilucidar si sabía algo o no.
-Está usted muy cerca de sus alumnos, creo
Su corazón aceleró el ritmo y sintió sus manos sudar.
-Intento ayudarlos lo máximo posible llevandolos más lejos- se escuchó ella contestar con voz neutra.
-Sí...lo más lejos...
Sin duda alguna, habiá visto algo, pero, ¿qué?
-¿No es lo que usted hace con todos los pacientes?- replicó ella de repente, molesta de que la estuviera liando.
-Sí, por supuesto. Pero no obtengo los mismo resultados.
-¿De qué habla?
-De Emma Swan- soltó posando su mirada en ella
Regina sintió su corazón dar un salto vertiginoso en su pecho, tuvo que aferrarse al pie de su copa para mantener cierta estabilidad.
-Las he visto hace un momento y tengo que confesar que esa muchacha acepta cosas de usted que no aceptaría de ningún otro profesor- confió Hopper antes de tomar otra buche de su té helado
-¿Ah sí?
-Es un hecho, ha domado a la joven Emma Swan y la felicito. Ahora, no estoy seguro de que sus métodos sean aprobados por la educación nacional, pero...
-¡Regina! ¡Oh, perdón, Archie! Me gustaría bailar con esta magnífica mujer, ¿puedo?- pidió David colocando una mano en la cadera de su amiga.
-Creo que sí- respondió Archie enderezándose en su silla.
-Vamos Redge, estás muy guapa para quedarte en el bar- dijo galante ayudandola a bajar del alto taburete.
Regina caminó sin ver realmente a dónde iba. No hizo sino seguir a su pareja que la llevó al centro de la pista. ¿Había descubierto Archie todo? Ninguna de sus resuestas permitía estar segura de ello y Regina se preguntó si iba a tener que vérselas con amenzaas o con sencillamente una conversación amistosa. Se dio cuenta de que si era pillada con Emma, no saldría indemne de la situación. Las lágrimas afluyeron a sus ojos y perlaron sus pestañas.
-¿Redge? ¿Algo va mal?- preguntó David inquieto de repente
-No, no...estoy bien. Yo...
-Regina, ¿qué ocurre?- preguntó David
-Yo...solo estoy cansada, David, voy a subir a acostarme..
-¡Hey! No, espera, ¿qué te pasa? ¡No me gusta verte así!- confesó él joven alzando su mentón con su indice
-David, por favor, dejame ir- pidió ella con voz trémula
Su amigo le soltó la mano, después la vio atravesar la sala.
Emma también la vio y comenzó a seguirla, como si no pasara nada.
-¡Gina!- la llamó en medio de las escaleras del hall
-¡No me sigas Emma! ¡Te prohibo que me sigas! ¡Ahora déjame tranquila!
Emma no había esperado una reacción tan violenta y dejó que su novia se perdiera en la planta de arriba. La última canción comenzó al mismo tiempo en que el corazón de Emma estallaba.
-Miss Swan, ¿no participa de la fiesta?- preguntó la voz de Hopper tras ella
Ella se giró violentamente para ver cómo el hombre la miraba de una extraña manera y se resignó a bajar y acabar su noche.