Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
[**]
.
¡Hooola de nuevo!
Bueno comenzamos con las dos actualizaciones semanales (espero poder continuar el ritmo jaja).
Una vez más MUCHÍSIMAS GRACIAS a todas las que le dedicáis un ratito de vuestro tiempo en dejarme comentarios, o en leer el FIC y darle a follow. ¡Sois las mejores!
Os dejo con Bella a ver si nos enteramos de algo interesante ;)
.
INTENTA COVENCERTE
BPOV
.
Edward, he venido a raptarte y no acepto un no por respuesta.
Escuchaba esa voz tan melodiosa repetir esas malditas palabras continuamente. Llevaba cinco días volviendo siempre a ese punto.
Esa mujer prácticamente perfecta y preciosa hablándole con tanta confianza a Edward delante de mí que me había limitado a ser una observadora pasiva de como el mundo volvía a poner las cosas en su sitio. Un hombre como Edward, obviamente, estaba destinado a acabar con una mujer como ella. Espectacular y que sabía llevar un vestido de sastre como si fuera una segunda piel, no como yo que parecía una niña jugando a ser adulta…
Me había costado mucho resistirme a él cuando se había acercado durante la reunión para preocuparse por mi cuando el cansancio y el aburrimiento habían sido tan intensos que había sido incapaz de ocultarlo más. Había hecho un esfuerzo titánico para no lanzarme a sus labios mientras recorríamos el pasillo con burdas excusas para alargar un poco más mí tiempo con él. Desde que había vuelto de Forks, después de tantos días alejada de nuestros encuentros profesionales, mi necesidad por él había aumentado tanto que me asustaba. Pero daba igual cuánto pareciera que mi inconsciente lo necesitara, sus circunstancias no habían cambiado. Continuaba luchando con el recuerdo de un difunto y, a todas luces, con una escultural y viva mujer también.
Si tan solo pudiera callar la voz que clamaba por estar con Edward una vez más.
-¿Preparada para esto? Porque tenemos el restaurante cerrado toda la noche solo por esta idea tuya – me dijo Jake tranquilamente mientras fileteaba el cebollino que iría por encima del plato inicial.
-Sé que no te gusta enseñar los platos antes de tenerlo todo listo, pero nos ayudará… Estamos arriesgando en las preparaciones, puede ser un buen estudio de mercado para saber si vamos por el buen camino – le recordé.
Me había costado mucho que Jake aceptara, pero después de nuestros días en Forks algo había cambiado en él… Quizás sería mejor decir que algo había cambiado en nosotros… pero no estaba muy segura de asumir lo qué esa afirmación implicaba. Estaba un poco asustada, y aunque tenía esperanza, también estábamos moviendo nuestra relación en una arena que nunca habíamos pisado y eso dejaba un nudo en mi estómago difícil de eliminar.
-Lo sé… Viejas manías – me guiñó el ojo mientras seguía con las preparaciones. Lo estaba intentando…. Lo estábamos intentando y lo conseguiríamos.
Mi teléfono sonó mientras escuchábamos golpes en la puerta de la entrada.
-Responde, yo me encargo de hacerlos pasar – me aseguró Jake.
-Jake, se simpático – le advertí.
-Sacaré mi mejor versión, pequeña – acabó usando ese apelativo que llevaba usando media vida inconscientemente haciendo que se marchara con una mueca incomoda en su cara.
-Salgo en un momento – dije antes de contestar la llamada de papá.
Papá había decidido poner en paz los nervios de mamá sin acabar con los míos por el camino. René Swan podía llegar a ser muy intensa y eso conseguía desesperarme. Y cada vez que iba a Forks o pasaba con ellos una temporada, por breve que fuera, todo su espíritu maternal caía sobre mí como una red de pesca de arrastre de la que era imposible liberarse. Así que papá había decidido aumentar sus esfuerzos de mediador entre sus mujeres para que ninguna de las dos acabara en urgencias por un ataque de ansiedad causado por la otra. Aún me reía cuando me llamó desesperado cuando al llegar de trabajar mamá le había contado que le había colgado el teléfono bajo la amenaza de cambiar de número y no dárselo. ¡Me había llamado diez veces y eso solamente durante el trayecto de Forks a Seattle! Así que ahora papá, el paciente Charlie Swan, era quien me llamaba una vez al día, siempre a la misma hora. Cuando llegaba de su paseo con el tío Eleazar para mantener a mamá informada y a mí tranquila al no verme acosada por los interrogatorios de mi madre.
La llamada duró poco, otra de las ventajas de hablar con Charlie y no con René, así que no tardé mucho en poder reunirme con nuestros invitados y salvar a Jake. Cuando entré en la sala, ya habían llegado todos.
Alice y Jasper acompañaban a Emmet y Rose en una pequeña reunión distendida con Tanya y Edward. Mientras que Jake servía un poco de vino a Josefine, Carl y Andrea.
Escuchamos la puerta de nuevo antes de que pudiera acercarme a saludar a alguien.
-Yo voy. – me adelanté para abrir y descubrir a Julius y Celine al otro lado.
Al principio no estaba muy convencida de invitarlos, pero eran el arquitecto y la diseñadora de interiores del proyecto, supongo que era obligado añadirlos a la lista y me había acabado por acostumbrar a su carácter un tanto peculiar.
Los presenté a todos mirando divertida a Jake que solo escuchar la peculiar manera de hablar de nuestro arquitecto no pudo evitar soplar rodando sus ojos disimuladamente. Era su reacción cuando algo no le gustaba. Sabía que lo hacía por mí, y se lo agradecía. Lo estaba intentando.
-Hola – saludé por último a Edward y como era habitual su toque puso toda mi piel de gallina. No me pasaba desapercibida la caricia que dejaba en mis manos cuando las estrechaba haciendo que me muriera de ganas que las posara en cualquier otra parte de mi cuerpo excepto dónde las tenía.
-Buenas noches… - me contestó con una sonrisa torcida - ¿Nerviosa? – me preguntó mientras le daba un trago a su copa de vino tinto sin apartar su mirada de la mía.
-¿Cómo lo sabes? – le pregunté sin saber cómo era capaz de saber tan bien como me sentía. –
-Siempre maltratas tu labio cuando lo estás… y déjame decirte que merece mucho más cariño que eso… debería ser venerado – añadió suavemente haciéndome temblar como un flan y sin saber qué contestar.
Pestañeé varias veces demasiado afectada por su atrevimiento mientras él y su sonrisa torcida que tenía tan bien practicada me miraban sin el menor arrepentimiento por las implicaciones de su comentario.
-Deberíais tomar asiento. –reaccioné dirigiéndome a todo el grupo y alejándome un poco de Edward que me nublaba el entendimiento- Andrew y María os servirán esta noche. Sentíos como en casa, por favor y una vez más muchísimas gracias por venir. – les dije sinceramente.
Me dirigí con Jake hasta las cocinas.
-Tú y yo solos de nuevo como en los viejos tiempos – me dijo Jake contento.
-Como en los viejos tiempos – le guiñé el ojo justo antes de ponernos a trabajar.
La cena salió genial y dentro de la cocina Jake y yo volvimos a recuperar la paz que últimamente el estrés por el nuevo restaurante nos había quitado.
-Ha estado bien – me dijo Jake mirándome con sinceridad.
Desde nuestra estancia en Forks estaba mucho más pendiente de medir sus palabras. Ambos lo estábamos.
-Ha sido perfecto. – Coincidí con él apretándole la mano – Sólo nos queda saber si ahí fuera piensan lo mismo – tiré de él para salir de nuestro santuario.
En el salón del restaurante habíamos dispuesto una amplia mesa redonda que acostumbrábamos a reservar para grandes grupos. Andrew acababa de servir algunas bebidas mientras María recogía los platos.
-Buen trabajo chicos – les felicité guiñándoles el ojo a lo que me contestaron con una sonrisa mientras continuaban haciendo su trabajo.
-Para los cocteles deberéis esperar al Fantasía… Pero algo de misterio deberemos de guardar. – me dirigí a nuestros amigos y compañeros de trabajo.
Jake no le gustaba que me dirigiera a ellos así, pero sin ninguna duda el equipo de Volturi's estaban trabajando codo con codo con nosotros y lo continuarían haciendo cuando nos llevaran la contabilidad y asesoramiento en el futuro… ¿Cómo me iba a dirigir a ellos sino como compañeros?
-¡No te imaginas las ganas que tengo de que llegue ese día! – nos dijo con una alegría no contenida Carl.
-Créeme que me lo imagino – le contesté contenta con su entusiasmo. Había sido así desde el día uno y me había hecho sentir muy cómoda el saber que había alguien tan emocionado como yo en esas salas de reunión tan frías. Que para alguien más el Fantasía no era solo unos números, sino un pedacito de algo importante.
Jake me acercó una silla vino que colocó al lado de Rose y una copa de. Él hizo lo mismo pero se sentó entre Julius y Celine. Me sonrió desde la otra punta de la mesa divertido. Ni en cien años vería que Rose o él compartían voluntariamente su espacio vital. Sólo encogió sus hombros cuando adivinó mis pensamientos y yo le devolví el gesto con una sonrisa antes que Rose atrajera mi atención.
Estuvimos hablando un rato, comentando los platos y el maridaje, por suerte a todos les había encantado la degustación que habíamos preparado. No había sido consciente de lo tensa que estaba hasta que mis pulmones soltaron todo el aire contenido. Rose se acercó un poco más y me acarició la espalda suavemente haciéndome sonreír tranquila relajándome apoyando la cabeza en su hombro.
Era tranquilizador saber que lo estábamos haciendo bien. Que íbamos por buen camino. Cuando se inicia cualquier aventura nueva siempre hay dudas, pero Jake y yo siempre habíamos vivido esas dudas en sintonía, ahora éramos nosotros los que estábamos llenos de dudas, a nosotros mismos nos había costado encontrar el mismo camino, haciendo que toda la incerteza aumentara… y mis nervios con ello.
Busqué a Edward con la mirada. Hablaba animadamente con Alice y Tanya sobre el postre. A parecer lo habían dejado sin entre las dos. Estaba relajado y se le notaba que estaba a gusto. Lo que me daba un poco de paz también. Desde nuestra noche juntos no había sabido llevar muy bien los momentos que nos habíamos encontrado.
Edward se giró hacía mí, cazándome con la mirada fija en él. Sonrió levemente guiñándome uno de esos ojos verdes se oscurecían con la pasión y que me había dejado gravado a fuego en mi memoria haciéndome temblar.
Esta sobremesa improvisada acabó no mucho más tarde, a pesar de lo cómodos que se sentían todos, al día siguiente había que trabajar. Les volvimos a agradecer su presencia y esta vez Jake fue realmente sincero. Supongo que se había dado cuenta qué había sido realmente útil para nosotros hacer esto, nos había dado mucha información sobre cómo podía reaccionar el púbico ante los platos y cuáles eran los que más estaban gustando.
-Al final no ha sido tan horrible – le dije cuando nos quedamos solos.
Andrew y María se habían ido también. Ya habían hecho mucho esta noche, nosotros acabaríamos de recoger, era lo mínimo que podíamos hacer.
-No, no lo ha sido. Una vez más te debo una disculpa… - me contestó.
-Podría acostumbrarme a eso – intenté bromear con él.
-No lo hagas, Swan. No siempre tienes razón – me tomó el pelo divertido.
-La gran mayoría de las veces, sí – le dije sabiendo que no era del todo cierto, pero a nadie le amarga un dulce.
-Ni en tus mejores sueños – me contestó entrando en las cocinas. Lo seguí, aún quedaba mucho que recoger – Vete a casa y descansa. Mañana nos queda un largo paseo con Celine por el interesantísimo mundo de las baldosas y muestras de pinturas. – me paró cogiéndome de los hombros y quitándome la chaqueta de chef.
Después de nuestra discusión Jake había reflexionado y se había dado cuenta que me había dejado un poco abandonada con la creación del nuevo restaurante, así que habíamos llegado a un acuerdo. Él se implicaría un poco más en las reuniones con Julius y Celine, pero yo continuaría al mando con Volturis. Aunque esta primera semana habíamos decidido que iríamos juntos a todas las reuniones para ponerse al día, por eso me había acompañado un poco a regañadientes a la reunión con Edward y Carl.
-Está bien. Nos vemos mañana a las nueve en el despacho de Celine – me despedí dejándole un breve beso en su mejilla.
Los dos habíamos tenido mucho de lo que reflexionar durante estos días, quizás incluso más. Y yo también le había hecho daño a Jake, yo también tenía que luchar por volver a tener lo que teníamos, esto solo nos haría más fuertes. Lo haríamos juntos y lo conseguiríamos.
No nos romperíamos.
Me abrigué antes de salir a la oscura noche. Comenzaba a hacer cada vez más frío en la ciudad, seguramente, pronto comenzarían las primeras nevadas. Al salir a la calle temblé un poco con el contraste de temperaturas. Cerré la puerta principal con llave echando la persiana también, Jake saldría por detrás cuando acabase.
Vi a Edward de pie en una parada de taxi que había justo delante del restaurante. Él también me vio a mí y no tardó ni un segundo en cruzar la carretera decidido.
-¿Ya te vas para casa? – me preguntó cuándo llegó a mí.
Estaba nerviosa. Últimamente con él siempre me pasaba. Parecía que teníamos un patrón. Nuestros encuentros comenzaban bien, había química, entendimiento y después algo, cualquier cosa por pequeña que fuera, hacía saltar por la borda todo rastro de mesura y acabábamos discutiendo. Nos había pasado en su despacho cuando me propuso cambiar las acciones de la empresa a mi favor, nos pasó en mi casa después de estar juntos, nos pasó el otro día en la reunión cuando aquella preciosa rubia llegó para raptarlo y él le sonrió como si fuera una aparición…
¡Aggggrrrr!
-Sí… - contesté sin saber mucho qué decir ahora que estábamos cara a cara sin nadie más.
En realidad era nuestra primera conversación a solas después de habernos acostado.
-¿Taxi? – preguntó. Al parecer a él nada lo quebrantaba, continuaba teniendo ese aplomo que rara vez lo abandonaba.
-De hecho, iba a ir caminando… Me gusta, me ayuda a dejar a mente en blanco después de un día duro. – le expliqué recordando nuestro primer paseo.
Una leve mueca de disgusto cruzó su cara.
-Parece que nunca paras de ponerte en peligro – comentó mientras rodaba sus ojos. – Te acompaño – se autoinvitó a pasear conmigo. Porque no había sido una pregunta, sino una afirmación.
-¿No me servirá de nada volverte a recordar que soy una adulta y puedo caminar sola hasta mi casa, no? – me rendí mientras comenzaba a caminar.
-Sabes que no. – me respondió con una sonrisa poniéndose a mi lado.
¿Estaría recordando él también cómo había sido nuestro primer paseo? Parecía que había pasado una eternidad.
Íbamos en silencio. No sabía muy bien qué decir ahora que estábamos solos.
-La cena ha sido perfecta… - Edward rompió el silencio –
-Gracias – dije tímidamente.
No era muy dada mantener relaciones o conversaciones con personas que no fueran muy allegadas a mí y si encima le sumabas la historia reciente con Edward me ponía más nerviosa. Normalmente no me preocuparía en exceso pero teníamos trabajo importante por delante y personas a nuestro alrededor que seguramente harían que alguna que otra vez nos encontráramos. No quería echar todo a perder. Sin obviar que no sabía gestionar muy bien todo lo que me provocaba aún Edward.
Escuché que Edward murmuraba algo a mi lado. Yo seguía muy entretenida mirando mis zapatos intentando buscar una salida airosa a este desatino.
-¡Bella! – gritó tirando de mi mano hasta que acabé en su pecho.
El claxon de un coche que pasaba por la carretera me despertó de mi ensimismamiento. Había intentado cruzar la calle sin mirar.
Noté como Edward acariciaba mi cabeza con algo de tensión y bajaba sus manos hasta mis hombros dónde me sujetó para separarme un poco de él. Lo justo para mirarme a los ojos. Había perdido algo de color y sus ojos tenían una mirada indescifrable.
-¿Se puede saber qué pasa por tu cabeza para cruzar sin mirar? – no me chilló, pero su voz sonó mucho peor que si lo hubiera hecho furioso.
-Estaba distraída – intenté responder aun recuperándome del susto. Si no hubiera sido por Edward ese coche me habría atropellado seguro –
-Si insistes en ir sola a estas horas, lo mínimo que podrías hacer es tener cuidado – me dijo esta vez con un poco de furia en su voz.
-¡Tengo cuidado! – respondí como una niña que está recibiendo un regaño. Él levantó las cejas incrédulo - ¡Lo hago! Por qué han estado a punto de atropellarme una vez no significa que vaya poniéndome en peligro. Soy adulta y puedo ir sola por la calle sin que nadie me diga lo que tengo o no que hacer – le dije con un poco más de fuerza ahora que ya se me había pasado el miedo de momento.
-¿Una vez? – preguntó mientras volvía a ponerse a mi lado manteniendo mi ritmo.
Había acelerado con ganas de llegar a casa y librarme de él. De nuevo volvíamos a discutir cuando lo único que tenía ganas era de besarlo. ¡Maldito Edward Cullen!
No le contesté. Mejor no tentar a la suerte. Quedaban pocas calles para llegar a casa.
-Y qué me dices del sábado que saliste corriendo sin decir nada a nadie. ¿Eres consciente de lo que podría haberte pasado? – volvió a la carga.
Siempre había sido muy prudente y responsable, pero al parecer los pocos actos recriminables de mi vida los había hecho en presencia de Edward Cullen, para mi suerte.
-¡No me pasó nada! Igual que no me ha pasado nada ahora… ¡Deja de regañarme! – le recriminé encarándolo.
Edward se quedó completamente inmóvil. Mirándome hasta que soltó todo el aire que parecía haber estado reteniendo desde hace un rato y su semblante se relajó, perdiendo toda tensión que había adoptado desde que ese inoportuno coche casi pasa por encima de mí.
-Perdón – claudicó levantando sus manos en son de paz. Una sonrisa incontrolada se instaló en mi cara – Aun así deberías ir con más cuidado por la calle y más si te empeñas en ir sola a estas horas… Que nunca te haya pasado nada no significa que un día te pase.
-Si sirve para que dejes de gruñir, está bien, tendré más cuidado de ahora en adelante – le aseguré encogiendo mis hombros. Total, ya era una persona cuidadosa y prudente no me iba a suponer un gran cambio.
Dimos unos pasos más antes que Edward volviera a hablar.
-Soy un poco sensible a estos temas… - comenzó a hablar serio. Levanté mi vista hacia él que miraba el suelo como si estuviera intentando poner en orden sus ideas. – Mi mujer… - levantó la cabeza para mirarme – Diría que ya habías reparado en mi alianza – mencionó con una sonrisa de lado y mi mente voló al momento después de acostarnos cuando noté la fría banda entre nuestros dedos entrelazados. – Jessica murió una noche que iba sola por la calle. Encontraron su cuerpo tres días después de la desaparición. Le habían robado todas sus pertenencias y apalizado hasta dejarla inconsciente y sangrando en un callejón… Desde entonces… Sé que eres adulta y responsable, nunca quise decir lo contrario, pero no sabes con que desgraciados te puedes topar. – me explicó haciéndome estremecer por su historia.
-Rose me había dicho que eras viudo, pero no sabía lo que había pasado… Ella jamás explicaría algo que no fuera de su incumbencia. Edward… - paré delante de él, esperando a que me mirara – Siento mucho lo de tu esposa. Y tienes razón, toda precaución puede ser poca cuando te encuentras a un malnacido. – acabé acariciándole el brazo.
Tenía la necesidad de que supiera que sus palabras no habían caído en saco roto y que agradecía que se hubiera abierto conmigo en un tema tan delicado como era este y se preocupara.
Aunque era verdad que sabía que Edward era viudo desde poco después de conocerlo, nunca me había detenido a pensar demasiado en su mujer, y eso incluía saber qué le había pasado y ahora me helaba la sangre pensar por todo lo que debió pasar la pobre mujer, y su familia durante esas horas. Lo que debió pasar Edward…
Era un pensamiento incómodo, porque por muy conmovida que estaba no podía sentir un pinchazo dentro de mí de celos. Era ilógico e incluso cruel sentirse así, y mucho más en un momento como éste en el que Edward me estaba abriendo su corazón y todo porque se había preocupado por mí, pero el fantasma de su mujer era algo con lo que me costaba lidiar.
-¿Una esposa fallecida es demasiado para ti? – preguntó intentando suavizar su tono. – No lo niegues, Bella noté como reaccionaste cuando tocaste mi anillo después de hacer el amor.
Estábamos llegando a mi edificio y aunque no era el mejor lugar para tener esta conversación, en algún momento la tendríamos que haber tenido… Ya que no lo hicimos cuando yo me paralicé al tocar su alianza cuando estábamos abrazados en la cama, lo tendríamos que hacer ahora.
Caminé pensando qué decir. Era un tema en el que no quería que una mala elección de palabras creara ningún malentendido. No era justo para él.
Me giré delante de la puerta de mi bloque de apartamentos para ver cómo me analizaba atentamente.
Había llegado el momento.
-No te negaré que ha sido algo que ha estado en mi mente en varias ocasiones… - admití – Yo entiendo que nuestro pasado es el que es, no me malinterpretes… pero… yo… Sé que no tenemos una relación… y sé que no estoy en disposición de nada…. Pero también sé que sigue habiendo algo inacabado entre nosotros… El otro día en el restaurante no nos pudimos resistir incluso con toda la gente a nuestro alrededor… Pero no estoy segura de querer hacerlo, de querer volver a dejarme llevar por mis deseos. Hay algo dentro de mí que me dice que no siga por ese camino. No puedo, ni quiero tener que luchar con el recuerdo de tu mujer a cada rato que estamos juntos y aunque tú no lo saques a relucir mi mente no cesa en advertirme que no es buena idea.
Expliqué intentando sacar todo lo que tenía dentro aunque ni yo misma lo entendía.
Sabía que no era racional porque Edward nunca había sacado a coalición a su mujer a nosotros, de hecho salvo esta noche ni la había mencionado, pero cuando estábamos abrazados y mis dedos tocaron el frío metal que rodeaba su dedo anular solo podía pensar en su mujer. Solo podía pensar que Edward solo me usaba para olvidar a su mujer y eso era algo que no paraba de punzar dentro de mí.
-Bella – sentí las manos de Edward alzándome la cara – Cuando he estado contigo solo ha habido una mujer en mi mente, y has sido tú. – declaró con una seguridad aplastante – No te puedo decir que Jessica es mi pasado y está cerrado porque no es así, fue un golpe muy duro y me estoy recuperando aún, no quiero engañarte. Pero si no quisiera hacer esto que estamos haciendo… no lo hubiera hecho. He tenido otras oportunidades y no he estado con nadie porque no me apetecía. Pero como tú has dicho hay algo inacabado entre nosotros y está siendo bastante difícil de resistir para ambos… me atrevo a decir. No quiero ponerle nombre, pero puedes estar segura que es solo entre tú y yo. Nadie más… por mi parte no hay terceras personas. – acabó muy serio y remarcando mucho las últimas palabras.
¿Lo diría por mí lo de terceras personas?
Ya me gustaría saber a quién se refiere… No era yo quien tenía a rubias despampanantes dispuestas a raptarlo un jueves por la noche después de una jornada maratoniana de trabajo pensé algo molesta.
-Igualmente no sé si deberíamos… ya sabes… Tenemos trabajo entre manos y Rose y Emmet son amigos nuestros no me gustaría que algo saliera mal… No sé… - murmuré confundida intentando evadir el camino por el que había derivado Edward nuestra charla.
Edward sonrió de lado como respuesta y con sus manos, que seguían sosteniendo mi cara, me acercó lentamente besándome. Sus labios comenzaron a acariciar los míos suavemente. Era un toque tentador. Cuando abrí mi boca dándonos permiso para intensificar nuestro beso sus manos bajaron a mis caderas para acercarme más a él, mientras que las mías fueron a su pelo dando pequeños tirones mientras acortaba el espacio.
Nuestras bocas luchaban fieramente la una contra la otra haciendo que mi corazón cada vez fuera más rápido. Siempre era igual cuando él estaba cerca. Nada era una experiencia más, mis sentidos se despertaban y me hacía temblar deseando más.
-¡Buscaros una habitación! – escuchamos que alguien gritaba desde un coche que pasaba por delante de nosotros haciéndonos separar.
Sus labios estaban enrojecidos por nuestro beso. Sus manos continuaron en mis caderas sin soltarme ni aflojar su agarre ni un ápice, cómo si ahora mismo tuviera fuerzas para mover mis pies.
-Ves lo que me haces… Me olvido de todo el decoro, de todo lo que hay a nuestro alrededor… Solo existes tú y tus tentadores labios…. Pero solo tú, Bella. No lo dudes nunca. – volvió a asegurarme mientras apoyaba su frente en la mía. Debía estar muy incómodo porque era bastante más alto que yo.
-Esto no debería estar pasando – mi voz sonó distorsionada… más grave y jadeante de lo usual.
Edward volvió a acercarse a mí y con su fuerte cuerpo me empujó hasta la pared de mi edificio sin apartar su mirada depredadora de mis ojos oscuros. Sentía llamas dentro de mí que prendieron definitivamente cuando sus labios me besaron con tal pasión que parecía una auténtica batalla. Colé mis manos por dentro de su chaqueta para toparme con la americana, pero aun así lo acerqué más a mi cuerpo. Pude sentir como mi pecho se aplastaba entre él y la pared contra la que estaba cada vez más presionada.
Un gemido salió de mí sin poder evitarlo… Cuando él me tocaba todo se evaporaba.
Edward se separó de mí, pero aun mirándome como si fuera un león que fuera a cazar a su presa me dijo tan suavemente como con pasión.
-Esta noche…. cuando estés en tu cama y repitas este beso una y otra vez en tu mente intenta convencerte que entre nosotros no debe pasar nada… Quizás cuando logres creértelo, lo haré yo también – acabó con una sonrisa torcida.
Sus dedos acariciaron mis labios con tanta delicadeza que parecía que fueran a romperse.
-Buenas noches Bella. Nos veremos pronto – con una última caricia a mi boca se giró y encaró su camino hasta su casa, que según me había dicho la otra ocasión que me había acompañado estaba al final de la calle.
Estaba temblando pero no era ni de frío, ni de miedo sino de la necesidad que Edward había despertado en mí con sus caricias, sus besos y sus miradas abrasadoras.
Quizás cuando logres creértelo, lo haré yo también.
Ojalá supiera cómo hacerlo.
[**]
.
NA:
¡Boom! Parece que esto comienza a moverse y Edward ha puesto la directa. Además vemos que Jake parece que también está cambiando ¿nueva estrategia o arrepentimiento real? ¿Qué habrá pasado en Forks? Hay un club de haters de Jake casi tan grande como el club de fans de Edward xD
Espero vuestras teorías, me encanta leerlas y no quiero dar pistas pero algunas no vais por mal camino jajaja
LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN SERÁ EL VIERNES.
Saludos!
Nos leemos en el próximo ;)
