La amenaza

Los ojos esmeraldas de Emma escrutaron el rostro tenso de Regina que iba de aquí para allá en el salón de la mansión. El sol que se ocultaba atravesaba las ventanas para estallar en rayos en el suelo inmaculado. El vaivén de la directora hacía revolotear motas de polvo en la luz anaranjada. Emma, aunque intentaba guardar un mínimo de control, presentía cómo el pánico se insinuaba en Regina poco a poco.

Habían vuelto de París hacía unas horas y Regina la había ignorado todo el viaje de regreso, cosa que hizo pensar a Emma que había hecho algo malo. De regreso a casa de August, había recibido un mensaje de su compañera que le pedía que fuera discretamente a su casa y sobre todo que pusiera atención en sus pasos, que mirara que nadie la siguiera. Rápidamente, la rubia había subido en su bicicleta pensando que iba para una cosa distinta, pero la expresión seria de Regina al abrirle la puerta, no la tranquilizó. La morena entonces le había contado todo lo que el doctor Hopper le había dicho y ya hacía dos horas que hablaban de la amenaza que planeaba sobre ellas, sobre su relación y su futuro. Emma había pasado por las lágrimas ante el miedo de que su historia terminara ahí, los gritos cuando Regina le había pedido que se fuera de la casa, las risas cuando había propuesto secuestrar a Hopper- idea que había sido rápidamente abandonada ante el rostro consternado de la directora.

Finalmente, intentó tranquilizar un poco a su compañera.

-Gina, si Hooper realmente hubiera visto algo, no te habría hablado con calma apoyado en la barra- susurró ella con lógica- Escucha, estás agotada, hace más de veinticuatro horas que no duermes, yo también, tienes que relajarte y, vamos a acostarnos

-¿Las dos? Emma...

-¡Basta, Gina!- cortó Emma -¡No vamos a ponerle punto y final a nuestra relación ahora solo por que Pepito Grillo haya dicho que tú has logrado «domarme»! Que por otro lado, no veo en qué lo has hecho- dijo de mala fe -¡Sea lo que sea, solo tenemos que ser más prudentes!

-Parece que no comprendes- murmuró Regina apartandose del dintel de la chimenea donde estaba apoyada, desalentada por esa conversación -Si por una casualidad nos ha visto en ese bar, bailando y besándonos, va a informar al director que avisará a la policía y...

-¡Regina!- gritó la estudiante para que dejara de hablar -¡Yo creo que si él ha visto algo, la policía te habría esperado a la bajada del avión!

-¡No estamos en una película!- gruñó Regina alzando los brazos para dejarlos caer sobre los muslos -¡Estas cosas hay que hablarles con la jerarquía y decidir si solo hay que tirarle de las orejas al profesor o directamente saltar la alarma!

-Si él hubiera estado en el bar, lo habríamos visto, ¿no?- preguntó Emma en voz baja

La de más edad suspiró, esa cuestión ya había sido puesta sobre la mesa, pero ninguna de las dos encontraba una respuesta satisfactoria. Así que era una enorme incertidumbre que se había instalado entre ellas, arrastrandolas a una serie de preguntas que se quedaron todas sin respuestas claras. Daban vueltas en círculos.

Regina, arrasada, se dejó caer en el sofá. Su compañera se acercó instintivamente para recibirla en sus brazos y darle un beso en sus cabellos.

-¡Te aseguro que nada nos va a pasar!- murmuró ella tiernamente acunando a la morena contra su pecho.

Esa frase sonaba falsa, como si las dos supieran que algo iba a suceder, algo muy malo y perturbador, pero no dijeron nada más, aceptando la suerte que les estuviera reservada.

Estaban cansadas, los ojos les ardían intensamente, pero en los brazos de Emma, Regina se sentía bien.

Apesar de la situación, esta última no pudo evitar esbozar una sonrisa. Se sentaron más cómodamente en el sofá, Emma, con la espalda apoyada en el respaldo, había dejado un espacio entre sus piernas para que Regina pudiera estirarse sobre ellas. Siguieron charlando extendidamente, la rubia intentando calmar los miedos de su amante mientras pasaba una mano por sus cabellos de azabache y depositaba, cada cierto tiempo, besos en sus sienes. Poco a poco, las manos de Regina dejaron de agitatrse cuando hablaba, y comenzaron a acariciar con naturalidad los muslos y rodillas de Emma.

El sol se deslizaba rápidamente tras las colinas a medida que Regina se calmaba. Esta miró su reloj y gruñó de descontento.

-August te está esperando- susurró

-¿Estás segura de que estarás bien?- preguntó la rubia besando sus dedos

-¡Miss Swan, soy una chica grande!

-¡Tengo un regalo para ti!- añadió Emma levantándose bruscamente empujando sin miramiento a su novia.

-¡Ay! ¡Hum...Delicadeza, Emma! ¡Suavidad!

-Lo siento- se disculpó mientras abría su mochila tirando la mitad en medio del hall.

-¡Por Dios! ¡Te falta delicadeza y organización!

-¡Estoy llena de cualidades!- rió Emma guiñándole un ojo

Regina cogió una bolsa de cartón que había sobre la cómoda y cuando Emma le tendió una bolsita arrugada, ella le pasó la suya.

-¡Veo que hemos tenido la misma idea!- anunció la rubia, nerviosa de repente

Regina sacó una camiseta a medio doblar y arqueó una ceja mientras la desdoblaba. La Torre Eiffel estaba coronada con una manzana roja que tenía la forma de un corazón y debajo, en una bella caligrafía había una cita en francés: Je veux conquérir Paris avec une pomme. Cézanne

-¿Te gusta?- preguntó Emma

Los labios de Regina se estiraron en una educada sonrisa.

-Es muy muy bonita, pero...Emma, ¿crees que he ganado peso?

-¿Hein?

Para hacerse comprender, Regina se colocó el top delante mordiéndose los labios

-Ah, euh...he debido confundir la XS con...

-La XL, sí...evidentemente- murmuró la de más edad.

Emma escondió su vergüenza hundiendo su nariz en su bolsa.

-¿Y la manzana? Es una referencia que ignoro- dijo Regina

-¡No ignoras nada de nada, hace referencia a tu lado evil queen!

-¡Ah, qué bien...!

-Bueno, me toca...- cortó Emma antes de entablar una discusión. Sacó una blusa verde botella de su embalaje. El reverso del cuello así como los puños eran blancos y los botones estaban decorados por una costura visible que resaltaba la línea de la abertura. El color conjugaba perfectamente con los ojos de Emma, ya que se parecía al color del vestido que ella llevaba cuando George había golpeado salvajemente a Grumpy.

-¡Es magnífica!- susurró ella -Pero si sabes que jamás llevo blusa...

-¡No te voy a dejar ir a tus exámenes en camiseta!- replicó Regina acercándose peligrosamente a la joven

Emma sonrió de oreja a oreja

-¡Con esa mirada, tengo la impresión de que quieres enviarme desnuda!- rió -Bueno, tengo que irme ya, si no, August va a poner patas arriba a toda la ciudad

-No olvides tu cita con el sheriff mañana por la mañana- recordó la morena antes de decirle una vez más que se cuidara y dejarla marchar.


August y los chicos estaban contentos de volver a ver su hermana «mayor». Todos se agitaban alrededor de ella, preguntando cómo era París, si el cielo era tan azul como decían, si los franceses paseaban todos con una boina y una barra de pan bajo el brazo. Mientras los más jóvenes se divertían con su sombrero con una Torre Eiffel, encasquetado en sus cabezas- regalo traído de la capital francesa- August y Emma fueron a preparar la comida.

-Y bien...¡pareces cansada! ¡Si te vieras la cara!- se burló el joven mientras le daba palmaditas en el hombro a la rubia

-¡Llevo sobre los hombros la diferencia horaria! Estoy cansada y estresada por mi cita de mañana

-Hum...

Emma lanzó una mirada de soslayo a su mejor amigo y hermano mayor.

-¿Qué? Tienes esa mirada suspicaz

-¡Nada!

-¡August! ¿Qué ocurre? ¿Es George? ¿Se ha vuelto a acercar a los chicos?

-¿Hein? ¡No! Bueno, sí, a Joy, pero no le ha hecho nada. Solo intentó intimidarla. Pero, no es eso lo que me preocupa, quiero decir, ¿hace cuánto que estás con tu chica? ¿Cinco, seis meses? ¿Cuándo vas a presentárnosla?

Emma casi se corta un dedo y prefirió dejar el cuchillo que sujetaba.

-¿Estoy hablandote de una cita con el sheriff y de George y todo lo que te preocupa es saber cuánto tiempo llevo en pareja?

-¡Sí!- respondió August estirando la masa de la pizza para darle forma -Porque me pregunto si ella está a tu lado cuando tienes un problema, yo no la he visto correr al menor de ellos.

-¡Hein! Paso la mayor parte de mi tiempo con ella y francamentte, creo que está bastante presente en mi vida.

-Entonces, ¿por qué no os la presentas? Los chicos hacen preguntas, yo ya no sé qué decirles... Bueno, corta tú esos tomates.

Emma volvió a coger el cuchillo para seguir con su trabajo

-August, realmente es complicado en estos momentos y...

-Sí, pero ya sabes, solo lleva cinco minutos presentarla

-Está muy ocupada, lo sabes

-Sí, los exámenes se acercan, lo sé, pero venid a estudiar aquí, habrá silencio. Os dejaré incluso mi habitación

-¡No! August, de verdad, dudo que quiera venir

-¿Por qué? ¿Es una estirada snob?

-¡No! Euh...bueno...un poco, pero no es eso. Es solo que...en fin...no lo sé, no estoy segura de que esté de acuerdo y...yo tampoco para ser sinceros, pienso que no entenderías nuestra relación.

August frunció el ceño.

-¿Por qué? ¿Es fea? ¿Tienes miedo de que me ría en su cara?

-¡No! ¡Sobre todo porque te dejaría planchado en una pelea verbal!

-Bah, entonces, ¿qué? ¿Es...discapacitada? No es grave, lo sabes. Yo estuve enamorado de una...

-¡No! No tiene ninguna discapacidad, August, ¡no estamos listas! ¡Es todo!

-Ok, ¿y si pasara por delante del instituto, solo para veros, así ella no lo sabría?

-¡No, te prohíbo que hagas eso, August!

-Bueno, lo haré sin que te enteres

-¡No es diveritdo! ¿Te gustaría que yo me metiera así como así en tu vida privada?- preguntó Emma hundiéndole el dedo en el hombro

-Es mi papel de tutor...- argumentó el joven mientras metía la pizza en el horno.

-¡No me hagas creer que eres mi tutor!- replicó ella secamente -No tienes ese papel conmigo, ¿verdad?

Se miraron mutuamente y August se encogió de hombros tras un interminable minuto.

-¡No quería herirte!

-Ya, pero te pediría que te quedarás en tu sitio- dijo ella tirándole el paño de cocina.

La noche siguió con un clima pesado entre los dos amigos y si August estaba entristecido por eso, Emma, se sentía encolerizada de que la presionara tanto.


Emma se aferró a la nuca de Regina y la empujó contra las estanterías de libros tras ella. La morena emitió un pequeño gruñido de desaprobación que hizo reír a la más joven.

-¡Emma!

-¡Oh, por Dios! ¡Necesitaba esto!- se excusó la joven borrando el labial de su piel.

-Te recuerdo que después de lo que ha ocurrido en París, prometimos ser más prudentes- sonrió Regina recolocándose la blusa.

-Sí, pero August es un verdadero suplicio, quiere a toda costa descubrir quién es mi misteriosa novia y me va a seguir sin cesar- gruñó ella mientras comprobaba que ningún libro se hubiera caído de su estante.

-¡Razón de más, Emma!

-¡No puedo más, necesito sentirte contra mí!- murmuró con voz ronca, las pupilas dilatadas por el deseo que reprimía desde hacía dos largas semanas.

-¡Emma! ¡La discreción no es realmente tu fuerte!- reprendió la mayor separándose de ella.

-Por favor, dime que esta noche estarás en tu casa

Regina desvió su mirada hacia los pasillos de la biblioteca desierta para asegurarse de que nadie pudiera molestarlas.

-Evidentemente, aún estoy con jetlag y necesito dormir

-¿Dormir? Euh, bah...tenía otra cosa en mente...- murmuró la joven apoyando la punta de un pie en el suelo.

-He visto al sheriff esta mañana, ¿qué te dijo?- preguntó la morena repeinándose

-Bah...la banda de Pan ha salido de la prisión mientras esperan el juicio, pero sin jefe, no son peligrosos...y además...quizás no haya ni juicio porque los abogados han llegado a un acuerdo, creo.

Regina asintió

-¿Te has puesto la blusa?- se asombró Regina al ver el regalo que le había hecho

-Sí, la adoro, es muy bonita, de verdad- dijo ella colocándosela bien -¿Tú no te has puesto tu camiseta?

Regina frunció el ceño

-¡Emma, es una XL, en mí no es una camiseta, es un vestido! Me la pondré como camisón

-¡Por Dios! ¡No me pongas en la cabeza una imagen como esa! ¡No es amable torturarme!- reprendió Emma golpeando suavemente el brazo de su compañera.

-¿Te espero esta noche en casa?- preguntó finalmente la directora adjunta lanzando miradas discretas alrededor de ella

-¡Por supuesto!

-¿Te portarás bien?- preguntó Regina hundiendo sus ojos en los orbes verdes de la muchacha

-¡Prometido!

Regina dio una media sonrisa, sabía muy bien que Emma mentía y eso la divertía.


Extenuada terminó Emma su trabajo, y se dirigió a la mansión. El frío había dado paso a una brisa suave y una chaqueta era ahora suficiente para estar bien. Emma estaba contenta de haber vuelto a su pequeña cotidianidad e incluso los clientes algo más pesados no disminuyeron su placer por estar de vuelta. La noche había envuelto la ciudad, pero había bastante claridad para que la joven pedaleara sin faros.

Se detuvo en el camino para atender su móvil.

-¿August?...No, no voy esta noche. Lo siento, necesito ver a mi novia y...¿qué? ¡No! No quiero esconderla, pero...No, no puedes conocerla ahora. ¡Ya hemos hablado de esto, creo! Escucha, yo...

Se interrumpió al escuchar un ruido extraño tras ella.

-¿Emma? ¿Me escuchas?

-Sí...calla, August- susurró ella mirando rápidamente tras ella.

El bosque alrededor de ella se había vuelto más espeso desde hacía algunas semanas y le impedía ver bien los senderos de alrededor. Notó una presencia, alguien la espiaba, no lejos de allí, podía poner la mano en el fuego.

Colgó rápidamente para no escuchar la voz de August y poder concentrarse en los ruidos que la rodeaban.

Un ruido de crujido de hojas se acercaba y encendió su faro para ver claramente entre las ramas. En un primer momento, no vio nada. Pero cuando iba a marcharse, un nuevo ruido se escuchó en una arboleda mucho más cerca de ella. Apretando con todas sus fuerzas el manillar, orientó la luz hacia los recodos más sombríos. Otra vez nada. Un pájaro, emitiendo un lúgubre graznido, se alejó volando y pasó por encima de su cabeza. Aprovechando ese momento para subirse de nuevo en su bicicleta, no tardó en coger velocidad y escapar a la amenaza que la rodeaba.


Se sintió aliviada al llegar a la mansión sin obstáculos y aprovechó para mandarle un sms a August para que no se preocupara. Los ruidos de cascos le indicaban el sitio donde se encontraba su novia y rodeó la casa para encontrarla. Robin estaba apoyado en la barrera y miraba a la morena que hacía correr a su semental a lo largo del circuito de obstáculos. Emma trepó a los barrotes de madera para sentarse a su lado.

-¿Qué ocurre?- preguntó la joven mirando a su novia

-Buenas noches, Emma, ¿vienes a una clase?- preguntó Robin que estaba acostumbrado a ver a la rubia en la casa, Regina había mencionado clases de apoyo y y Robin se había conformado con eso.

-Sí...¿y?

-Bien, espero que tengas tiempo porque Regina acaba de tomar un gran decisión.

Emma sintió su vientre contraerse, Robin acababa de usar el nombre de su novia y a ella eso no le gustaba en absoluto.

-¿Algún problema?- preguntó ella dejando sin embargo sus celos de lado

-¡Hey! ¡Emma!- saludó Regina acercándose a la barrera

-¡Hey! ¿Qué ocurre con este muchachote?- preguntó ella acercando su mano a los belfos de Beau Miroir.

-Lo he vendido esta tarde, así que le estoy dando una última corrida y...¡así hacemos algo de ejercicio los dos!

-¿Vendido?- exclamó Emma

La mirada glacial que le envió Emma estuvo perfectamente clara: no estaban solas

-Bueno...espero dentro- murmuró Emma bajando de la barrera para alejarse rápidamente

Escuchó a la morena despedirse de Robin y darle las gracias una y otra vez, después finalmente entró en la mansión y se encontró a Emma en los escalones que daban a la cocina.

-¿Qué te ha dado para vender tu caballo?- exclamó Emma una vez hubo cerrado la puerta.

-¡No puede estar ahí eternamente!- respondió mientras se quitaba las botas de equitación

-¡Regina, es tu caballo! ¡Habéis vivido las mismas cosas!

La morena se giró y atravesó a Emma con la mirada.

-¿Quién te ha dicho eso?- cuestionó ella frunciendo el ceño, visiblemente furiosa de que alguien haya desvelado parte de su historia.


De repente, alguien llamó a la puerta y Regina frunció el ceño mientras miraba a Emma, como si ella hubiera podido invitar a alguien. Se dirigió con paso seguro hacia la puerta y la abrió rápidamente.

Desde donde estaba, Emma no podía escuchar lo que pasaba, pero Regina comenzó de repente a vociferar.

-¿Me está tomando el pelo?

-¿Qué ocurre?.- preguntó ella cuando se le acercó

-¡Este idiota ha dejado el box de Beau Miroir abierto! ¡Mi caballo se ha escapado!- gritó Regina

-¡Hey, calma, no lo ha hecho adrede!

La morena se giró bruscamente hacia Emma y la miró con mirada fría.

-¡No creo haber pedido su opinión, miss Swan!

Robin frunció el ceño al ver a los dos mujeres enfrentarse. Emma parecía herida ante la réplica y cruzó sus brazos sobre su pecho.

-¡Voy a coger el coche y dar una vuelta por la propiedad!- concluyó Regina alejandose rápidamente

Robin se marchó en dirección opuesta para buscar pruebas materiales de la huida de Beau Miroir. Emma le siguió los pasos y tuvo cuidado de no pisar ninguna huella.

-Esta vez no estoy segura de que la señora Mills me dejé en mi puesto- gruñó Robin pasandose una mano por el rostro.

-No diga eso, Regina es justa, sabe bien que usted no lo ha hecho a propósito, ha sido un olvido, eso suecede- tranquilizó Emma posando una mano en el antebrazo del hombre.

-No, no, cuando se tratra de Beau Miroir, hay que tener mil ojos. En cuanto este de nuevo en su box, seré reemplazado- dijo hundiendose en el bosque.

-Pero, ¿un error va a costarle su puesto?- exclamó Emma

-Sí, y más cuando la besé pensando que ella quería algo más conmigo...creo que eso ya fue mucho para ella.

Emma se calló, de repente sintió menos simpatía por ese hombre. Dejó de caminar y lo miró fríamente.

-Sí, lo sé, besé a Regina Mills, una locura por mi parte, ¿verdad? En fin, fue hace muchos meses, pero...en fin, no sé por qué le hablo de esto. ¡A usted le debe dar igual!

Como no obtuvo respuesta, él siguió con su perorata.

-Fue estúpido por mi parte intentar algo. Ella es mucho para mí. Pero de todas maneras, voy a echar de menos este sitio.

Irritada, Emma suspiró

-¡Estoy segura de que ella no lo despedirá por un olvido!- ahora era ella la decepcionada de que no lo despidiera.

-¿Sabe, señorita? Beau Miroir es un caballo muy particular para la señora Mills, es el tipo de caballo que solo se conoce una vez y que deja un recuerdo imperecedero.

-Se diría que ha conocido eso- dijo Emma, su curiosidad hablaba alto

-Sí, tenía un caballo que se llamaba Petit Jean, y jamás he encontrado con otro caballo la complicidad que tenía con él.

-¿Qué tiene de particular para ella?

-¿Quién?

-Beau Miroir

-Ah, bueno, ella me ha contado a veces que sus historias eran similares, que habían vivido las mismas cosas, ella y él.

-¿Qué quiere decir?

-¡No sé más!- cortó Robin encontrando la curiosidad de la muchacha extraña


Regina estaba que echaba chispas, no apreciaba para nada que su palafrenero y su alumna-pues en aquella época no era sino eso- compartieran una conversación tan íntima.

-¿Por qué has decidido venderlo?- preguntó Emma

-Porque es un caballo de competición. Él adora eso, Emma. Debe volver a competir, con buenos entrenadores, lo necesita para no deprimirse. Ama saltar, y yo no quiero pedirle que se esté quieto en su box esperando a que a mí me apetezca volver a competir.

-¿Tú competías?- dijo asombrada Emma que no sabía nada de ese tema

-Evidentemente, , si no, ¿por qué montar a caballo?, como decía mi madre

-Cuando Robin me dijo que Beau Miroir había vivido lo mismo que tú...¿se refería a los maltratos que Sidney Glass sometía a Beau Miroir?

-Efectivamente

Emma frunció el ceño y Regina se dio cuenta de que quizás se había ido de la lengua.

-¿Cómo pudo él saber que tú fuiste maltratada?

-¿Cómo quieres que lo sepa?

Emma tenía la mosca tras la oreja, sabía ver una mentira a kilómetros.

-No te burles de mí, ¿cómo lo sabe?

-¡Se lo dije! Al comienzo de...no estaba bien y...¡por Dios, Emma! ¡No tengo por qué justificarme contigo!

-¡No te pido que te justifiques, solo que no me tomes el pelo!- dijo irritada la rubia

-¿Dónde está el problema, Emma? ¿A qué viene, precisamente, esa cólera?

Emma inspiró calmadamente y exhaló lentamente por la boca.

-Has visto a Hopper, ¿es eso?

-¿Perdón?

-Hoy, ¿has visto a Hopper?

Los ojos de Regina se agrandaron de sorpresa, después un segundo más tarde, frunció el ceño.

-No he visto a Hopper, Emma, ¿por qué me preguntas eso?

-Porque de repente vendes tu caballo favorito, y me digo que quizás Hopper te ha hablado y estamos las dos en la mierda. O quizás te estés preparando para la posibilidad de que él ya haya hablado con la policía o...

-¡Stop! ¡Emma, te aseguro que no es nada de eso! ¡En...en fin, Em...no llores!

-¿Por qué vendes tu caballo favorito?

-Emma, creo que estás cansada y,...angustiada, voy a preparar una cena caliente mientras te tomas una ducha, ¿de acuerdo?

Agarró el rostro de Emma entre sus manos y la obligó a mirarla a los ojos.

-Te juro que he vendido a Beau Miroir porque es un ganador y porque no puede poner su vida entre paréntesis por mí

Emma asintió débilmente y subió a darse una ducha rápida; al salir, envuelta en una toalla esponjosa, miró su reflejo en el espejo y se encontró de repente estúpida por haberle montado tal escena a su novia. Pero saber por qué Regina vendía a Beau Miroir ahora la persiguió durante algunos segundos, antes de que se diera cuenta de una cosa. Una cosa trágica que le rasgó el corazón, su reflejó se dio una palmada en la frente y se dio prisa en vestirse para bajar a la cocina.

-¿Mejor?- preguntó la morena al verla entrar

Emma asintió en silencio y se subió al taburete para observar los gestos de Regina. Eran rápidos, quizás demasiado, también un poco trémulos. La rubia suspiró y se mordió la mejilla, insegura de lo que iba a ocasionar.

-Pronto es tu cumpleaños...- dijo al cabo de unos minutos

El brazo de Regina se quedó en alto un instante, como si hubiera sido congelada en su movimiento, no duró sino un segundo, pero Emma lo vio enseguida.

-Es verdad- declaró Regina aclarándose la garganta. Seguía de espaldas a Emma. Este período del año siempre ha sido difícil para ella, pues su fecha de nacimiento significaba también el recuerdo doloroso de la muerte de su padre y de su violación.

Emma se levantó rápidamente de su taburete y en pocas zancadas, se colocó a su lado.

-Gina...- murmuró pasando su brazo alrededor de la cintura de su novia

Inmediatamente, la morena se tensó y frenó sus gestos.

-Emma, no me toques, necesito mis manos si quieres tu cena- dijo secamente

La rubia retrocedió y vió cómo se hundía en sus pensamientos.


-¡Él no te merece! ¡No es más que un holgazán que no sabe cómo comportarse con una mujer! ¡Y tú necesitas a alguien que sepa cómo hacerlo! ¡Necesitas a un hombre de verdad!- soltó enfadado el muchacho agarrandole el brazo. De repente la soltó y se pasó la mano por el rostro.

-¡Leo, para! ¡Me das miedo! ¿Dónde está Daniel?- preguntó Regina escrutando el espacio entre los árboles que los rodeaban.

-¡Regina, te pasas el tiempo pavoneándote por los establos con tus vestidos ceñidos y tus aires de santa virgen! ¡Sé que no es por el cretino de mi hermano que haces eso!

-¡Leo! ¿Dónde está Daniel?- volvió a preguntar Regina con voz menos segura. Él se giró hacia ella y movió la cabeza de derecha a izquierda.

Un rayo de luna iluminaba solo los ojos de la morena y en un momento, comprendió por qué él había venido. Fue demasiado tarde. Se lanzó sobre ella con tal violencia que cayeron los dos al suelo.

-¡No!- gritó ella mientras él le daba una patada. El dolor le cortó la respiración y ella se calló un momento. Fue suficiente para que Leopold, que aprovechó su pasajero mareo, le abriera las piernas con la ayuda de sus rodillas. Las manos de la muchacha se movieron para empujarlo e intentar levantarse. Él le retorció un brazo mientras la aplastaba contra el suelo. Virutas de madera se calvaron en la piel de Regina, pero era el menor de sus problemas, de nuevo sintió su respiración cortada cuando él le plantó su hombro en el pecho para tener una mano libre y bajarse la cremallera de la bragueta.

-¡Daniel!- gritó ella para que viniera a ayudarla, pensaba que la broma ya habiá durado demasiado -¡Daniel, por favor!

-No vendrá, princesa, ni siquiera está al corriente de que lo esperabas en vuestro pequeño trozo del paraíso- rió cruelmente Leopold mientras tiraba del sujetador de la muchacha. Ella escuchó cómo se rompía y dejaba su pecho joven y firme al descubierto. Apretó con violencia uno de sus pechos y mordió el otro. El estado de pánico de la joven era extremo, no lograba pensar de manera coherente. Su brazo retorcido a la espalda le dolía atrozmente y sus intentos por liberarse le causaban un dolor que le subía hasta el hombro. Con su otra mano, ella intentaba arañarlo y empujarlo.

-¡Leo! ¡Para!- pidió ella -¡Por favor! ¡Para! ¡Daniel!- llamó una vez más con voz desesperada en la que se dejaba ver el terror.

Él intentó subirle la falda, pero se dio cuenta de que él mismo con sus rodillas lo impedía; enderazarse le parecía una opción no factible, no quería que ella se escapara.

-¡Todo va a ir bien, mon amour!- susurró él en su oído

A ella se le paró el corazón adivinando lo que iba a suceder, sintió unas nauseas tremendas que la obligaron a tomarse unos segundos para calmarse. Pero al sentir que él rompía también la parte baja del vestido y arrancaba con todas sus fuerzas sus bragas, volvió a suplicar encontrando las fuerzas para ello.

-¡No! ¡no! ¡Para! ¡Te lo ruego!

El arañazo que le produjo la prenda en su piel no fue nada comparado con el dolor que sintió entre sus piernas. Él acababa de hundir su miembro en ella, con un golpe seco, profundo.

En ese momento preciso, en su intento de empujarlo, todos los dolores se expandieron por su cuerpo. Su hombro, las virutas de madera en su brazo, una de las rodillas de su agresor aplastando aún una de sus piernas, su cabeza que daba vueltas...Habría querido empujarlo, pero su brazo aún aprisionado bajo ella y el otro retenido por el hermano de su novio hacía imposible la maniobra. La mano de Leopold se posó sobre su pecho para juguetear con el pezón. Todo el cuerpo de él caía sobre el de ella, y el dolor no la ayudaba en nada, habría querido poder encontrar la fuerza para rechazarlo, pero el dolor la partía en dos con cada movimiento de pelvis. Ella tenía la impresión de que un cuchillo se hundía en ella para cortarla desde el interior. Él comenzó a gemir aferrando su lóbulo de la oreja entre sus dientes y ella giró la cabeza para no verlo. Él bajó la mano para agarrar un muslo y lo alzó para seguir penetrándola con más facilidad. Casi se lo agradeció porque esa posición le era menos dolorosa. Dejó, poco a poco, de intentar empujarlo, al haber comprendido que solo le quedaba esperar el final. Intentó ignorar las palabras que él murmuraba en su oído, pero su cerebro las asimiló igualmente. De repente, sintió una ola de calor alcanzarla intensamente y ella gozó mientras lo miraba, asombrada de haber sentido algo de placer. Él soltó un gruñido de felicidad al sentir su orgasmo llegar y ella lo sintió expandirse en ella cuando él se aferró a sus cabellos. La obligó a mirarlo. Él tenía una sonrisa alegre y depositó sus labios en los de ella. Ella se retorció entonces, no podía soportar que él mancillara ese lugar. Él se apartó de su entrepierna y ella se sobresaltó cuando volvió a sentir dolor. Se encogió sobre ella misma y se cubrió el pecho con los trozos de tela mientras él se subía la bragueta. Dulcemente y con ternura, le acarició el hombro y murmuró

-¡Hasta la próxima , Regina, ha estado genial!

Los pasos de Leopold se alejaron y ella rezó para que no volvieran jamás. Cuando solo se escucharon los ruidos del bosque, y estuvo segura de que él se había marchado, sintió su estómago contraerse en un violento espasmo y se inclinó para vomitar sobre el montón de hojas que habían hecho de cama para su primera vez. Un crujido la hizo girarse rápidamente, el miedo de que él volviera la atenazó y en menos de un segundo se puso en pie. Corrió entre los árboles sin realmente pensar a dónde iba. Jamás había corrido tan rápido en toda su vida.

Pronto llegó al borde de una carretera que conocía. Se acordó de la cabina telefónica un poco más abajo y caminó por el arcén de la calzada. No lloraba, se conformaba con caminar en silencio espiando el menor ruido que podría anunciar la vuelta de su agresor. Se dio cuenta de que le faltaba un zapato y de que su pie estaba despellejado. Sin embargo, no se detuvo para comprobar el estado de la planta del pie y se dio prisa en llegar a la cabina. Su bolso de perlas colgaba aún tristemente de su hombro y se sintió aliviada al encontrar en él suficiente dinero para hacer una llamada.

Tras colgar, empujó las pesadas puertas de la cabina para salir y su rostro se elevó hacia las brillantes estrellas que parecían reirse totalmente de su corazón roto, de sus morados y de sus muslos, y de ese dolor que le laceraba el vientre. Chilló. Con el rostro alzado hacia el cielo claro, gritó hasta romperse las cuerdas vocales, gritó hasta no tener más aliento. Sus rodillas chocaron contra el suelo, despellejándolas aún más y se acostó en posición fetal para esperar a su padre. No tenía ganas de estar de pie, no quería ver la mirada avergonzada de su progenitor cuando la posara sobre ella.

Unos faros la deslumbraron y el ruido de las ruedas deteniéndose a unos metros de ella la inquietó. ¿Sería de verdad su padre?


-¡Gina, huele a quemado!- previno la voz de Emma, sacándola de sus pensamientos.

-¡Oh no!- corrió a abrir el horno y sacar el plato medio carbonizado -¡Joder! ¡No!

Lanzó el plato sobre la encimera que se deslizó a lo largo y cayó al suelo, al lado de Emma que dio un salto hacia atrás para no herirse. El ruido que hizo el plato no dejó ninguna duda sobre el estado en que Regina lo iba a encontrar. Los ojos claros de la joven la miraron y se sorprendió al ver los ojos llenos de lágrimas de la ex alcaldesa.

-No es grave, pedimos algo para comer- la tranquilizó ella

-Yo...necesito aire- balbuceó precipitándose a la parte de atrás de la casa

Inspiró profundamente aferrada a la barrera que rodeaba la pista de ejercicios. A continuación apoyó su frente en sus brazos aún apoyada en la barrera, evitando caer en sus recuerdos. Se quedó un largo instante ahí, con los ojos cerrados, intentando controlar su respiración. No quería que Emma la viera en ese estado. Sin embargo, una mano se deslizó a lo largo de su columna y se aferró delicadamente en su nuca.

-¡Hey!- murmuró Emma poniéndose a su lado para alzarle la cabeza. Ella había recogido sus cabellos y algunos mechones se escapaban haciéndole cosquillas en el rostro. Inclinó su carita hacia la de la morena para darle una sonrisa infantil -Hace tres cuartos de hora que estás en esa posición, la tierra no va a tragarse la barrera, creo que puedes soltarla.

-¡Swan!- gruñó la directora provocando que la joven frunciera el ceño

-Para ti, es Emma- precisó ella con voz fría

-Emma- se obligó la morena -Yo...de verdad ahora tengo sueño y...yo...yo voy a acostarme- dijo ella precipitadamente desapareciendo.

La rubia se encontró sola delante de la pista de ejercicios y suspiró ruidosamente. Habría querido que Regina se confiara un poco con ella, pero según toda evidencia, no estaba lista para contarle lo que tenía en la cabeza. Dio una vuelta por los establos para despedirse de Beau Miroir y subió enseguida a la habitación donde se encontró a Regina ahuecando las almohadas.

La rubia subió a la cama y se acercó a su novia para dejarle un casto beso en los labios.

-¿No quieres hablar de ello?- insistió acariciándole dulcemente la pierna

-No tengo nada, solo estoy algo cansada- mintió la morena disfrutando de las manos de la joven en su miembro dolorido, como todos los demás miembros, por cierto.

Se apoyó en las almohadas y respiró profundamente, después llevó su mano a la nuca que le estaba doliendo y ejerció presión para aliviarse.

-¿Te duele la espalda?- preguntó la estudiante

La amazona asintió en silencio y Emma le señaló que se recostara para poder darle un masaje. Ella se puso a horcajadas sobre el cuerpo de su compañera y le levantó despacio su camiseta para centrar su atención en la espalda. Notaba que su compañera estaba en guardia y tensa como nunca. Le dio unos golpecitos en el muslo para que se relajara, después, al ver que no tenía ningún efecto, se inclinó para susurrarle al oído.

-¡Hey! ¡No te voy a hacer daño, puedes relajarte un poco!

-¡Pero si estoy muy relajada!- mintió la morena sonriendo tímidamente

Emma detuvo su masaje y se dejó caer al lado de su amante.

-Es porque mencioné tu cumpleaños, ¿no?- preguntó ella sobriamente

Regina viró su rostro hacia el de la muchacha y escrutó sus ojos durante unos segundos antes de responder.

-No es una fecha que aprecie particularmente- soltó finalmente

-¿Por lo de tu padre o por lo de la violación?

Los ojos marrones se asombraron ante la pregunta tan cruda que acababa de hacerle la muchacha. Sin embargo, sentía cierto agradecimiento de que Emma se interesara por lo que podía sentir.

-Los dos, tengo...muchas cosas en mi mente en estos momentos y...no son realmente buenos recuerdos, no me gusta hablar de ello- dijo hundiendo su rostro entre sus brazos para zajar toda conversación.

-¿Acaso...acaso la venta de Beau Miroir tiene relación también con ese período particular?

Regina se encogió de hombros y decidió desahogar algo de su tristeza con Emma. Levantó el rostro mientras la rubia, que seguía acostada a su lado, le masajeaba delicadamente la parte baja de la espalda.

-Cuando rescaté a Beau Miroir, yo misma no estaba muy bien y poco a poco los dos nos fuimos reconstruyendo, pero...cuando llegaba mi cumpleaños, no tenía ganas de montarlo, ni de salir de mi casa. Porque todo esto es muy complicado para mí y porque él me recuerda a mí, es terriblemente testarudo, fuerte, triste y roto...Pero...este año, he encontrado algo que me ayuda a levantarme cada mañana, a pesar de mi caótica vida, cada mañana veo una razón para levantarme.

-¿Qué es?- preguntó Emma inclinándose un poco más hacia ella

-La luz...veo lo que tú representas en mi vida, Emma. Y creo que Beau Miroir tiene el derecho de tener su propia luz y no soy yo.

-¿La competición de saltos de obstáculos?- preguntó Emma, segura de la respuesta.

-Exactamente. Añ acercarse la fecha de mi cumpleaños me he dado cuenta de ello. Porque por primera vez no tengo miedo

Emma, aliviada, se volvió a subir sobre Regina para continuar el masaje que había comenzado.

-¿No me dices nada?- preguntó asombrada la morena disfrutando de la idas y venidas de las manos de Emma sobre su piel.

-¿Sabes? Para tener buenos recuerdos de ese período quizás haya que crearlos- dijo frotando ligeramente su pelvis en las nalgas de la ex alcaldesa.

Sus manos se hicieron camino hasta los omoplatos bien dibujados y ascendieron hasta la nuca sembrada de mechas oscuras. Después, las volvió a bajar a la parte baja de la espalda para inclinarse y depositar besos en la columna perfectamente recta de su compañera, remontando hasta la nuca y desviarse a continuación hacia el lóbulo de la oreja de la amazona que giró la cabeza para apreciar la suavidad de los labios de la rubia. Lentamente, sus manos acariciaron las costillas de la joven a la que sintió estremecerse bajo sus dedos. Continuó su masaje sensual durante varios minutos, haciendo ascender rápidamente la temperatura de Regina, que quería a toda costa reemplazar aquellas imágenes atroces que le martilleaban el cerebro. Intentó cruzar las piernas para aplacar las brasas que se habían encendido entre sus piernas, pero la rubia dejó caer un poco más su peso sobre sus caderas para que no pudiera moverse. Desde donde estaba, la más joven pudo ver la ambarina espalda arquearse un poco para dejarle paso hasta sus pechos, hasta ese momento aplastados contra el colchón. Emma los presionó dulcemente y dejó que sus manos se deslizaran hasta el vientre plano y contraído de Regina que intentó una vez más alzarse para dejar mayor acceso a Emma.

-Confiesa que he mejorado en los preliminares- rió Emma sintiendo el calor ascender por sus muslos.

Liberó la pelvis de su compañera para dejarla colocarse mejor. Solo un gruñido quejumbroso le respondió antes de atacar su monte de Venus. En ese momento, la mano de Regina quiso tomar las riendas pero Emma se lo impidió; le pidió que diera la vuelta y se recostara pasando una pierna entre las de ella. Sintió calor en su muslo. Una fina capa de sudor se había creado entre el cuerpo de Regina y el de Emma, nada que escuchando la respiración entrecortada de su amada, le importara mucho.

Ella le dejó la parte alta del pijama, pero no olvidó acariciar tiernamente sus pechos con el fin de que estuviera más atenta a lo que vendría. De repente, la mano de Regina se aferró velozmente a la de Emma, y esta notó que debía detenerse en esa zona demasiado sensible. La morena se hundió en los ojos de la estudiante para no dejarse caer en sus recuerdos traumáticos. Sin hacerse de rogar, Emma descendió la parte baja del pijama de su novia antes de quitarse sus propias bragas. Regina soltó una pequeña risa al comprender que su joven amante quería probar nuevas cosas y la ayudó a encontrar una cómoda posición. Se encontraron, entonces, cara a cara, sus intimidades estrechamente pegadas. Todo era dulzura, se acariciaban tiernamente en la forma más suave que jamás lo hubieran hecho, y los labios de la amazona se estiraron en conmovidas sonrisas. Jadeó rápidamente, feliz de que Emma pudiera mirarla a los ojos en ese momento preciso. Lo necesitaba tanto. Alcanzaron el séptimo cielo al mismo tiempo y Emma contempló la hermosa sonrisa de su novia. Bajaron suavemente a tierra, Emma acogiendo entre sus brazos a la joven que parecía extremadamente frágil, con los cabellos despeinados y expresión extenuada, los ojos brillantes de cansancio y de alegría. Regina hundió su nariz en los rizos rubios con olor a almendra y vainilla. Y cuando iba a levantarse para vestirse, Emma la retuvo tiernamente, para hacerla volver junto a ella.

-No estoy lista para un segundo round, Emma- murmuró con voz rota de cansancio

-No quiero un segundo round, solo quiero que te duermas abrazada a mí

-No me gusta dormir desnuda

-Por favor, Gina- pidió ella poniendo su carita de perro apaleado.

La morena escrutó el rostro de su novia y asintió, entonces se volvió a meter entre los brazos de Emma, pasando la sábana sobre las dos.

Al día siguiente, Emma llegó tarde a su primera clase, ya que Regina decidió hacer el segundo round por la mañana temprano. Y fue así durante una semana...La libido de Regina había aumentado cruelmente...

Una mañana, ella abrió la puerta de su clase de matemáticas y se enredó los pies con las asas de su mochila. Fue cogida in extremis por David Nolan.

-Bueno, Emma, imagino que tu llegada teatral demuestra que puedes resolver este problema- dijo él señalando la pizarra

-¡Ya ha vuelto de París!- dijo ella ante una clase muerta de risa

-¡A la pizarra, jovencita!- reprendió amablemente el profesor

Una vez sentada en su sitio, Emma advirtió que Belle y Ruby seguían partidas de risa.

-¡Ya vale, vosotras dos...!

-Oh, Dios mío, Emma, deberías hacer entradas como esa más a menudo

-¡Cierra la boca, Ruby!- gruñó la rubia

-No te preocupes, Ruby está así de alegre esta mañana porque ha pasado una noche loca con Peter

La morena se giró hacia su amiga y la fusiló con la mirada.

-¡Oh! ¿Acaso tú no has pasado una noche en los brazos de tu abogado?- refunfuñó Ruby

-¿Cómo sabes eso?- replicó Belle sacándole la lengua a su mejor amiga

-¡Porque tu padre pasó por mi casa anoche para llevarte el libro de Historia que te habías dejado olvidado en casa!

El rostro de Belle se puso de repente de color verde y se desinteresó totalmente de la clase para girarse hacia Ruby.

-¿Qué le dijiste?

-¡Que te lo daría!

-¡Me podrías haber avisado!- gruñó Belle – En todo caso, querida Ruby, creo que nuestras noches han sido menos locas que la de Emma

La rubia se pellizcó el labio y frunció el ceño.

-¡Te pareces a Millsy!- rió Ruby mirando la expresión de la joven.

Emma se dio cuenta que exactamente era un gesto que la morena hacía siempre y que debido a los momentos que compartían juntas, le había robado ciertas expresiones.

-¡Señoritas, si os molesto, me lo podéis decir!- dijo David cruzandose de brazos

-¡Lo siento, profesor!

Se giró para explicar la ecuación que acababa de terminar de hacer en la pizarra y las tres amigas aprovecharon para continuar su conversación.

-¿Qué quieres decir con «nuestras noches han sido menos locas que la de Emma»?- preguntó la interesada inclinandose hacia la morena.

Como única respuesta, Belle apartó el cuello de la camisa de la rubia para enseñar una marca violacea.

-¡Oh joder!- exclamó Ruby dejando caer la mitad de sus cosas

-¡Vosotras tres, ya es suficiente! ¡Estáis a esto de mandaros de castigo!- gritó David con voz grave.

Emma se subió su chaqueta lo más cerca de su garganta y se dio aire porque de repente le había entrado calor al imaginar que el nombre de Regina estaba grabado en el chupetón que marcaba su cuello. Se quedaron en silencio hasta el fin de la clase, lo que no molestó en nada a Emma que no tenía ganas algunas de hablar sobre su noche con Regina...

Al final de la clase, las dos morenas se giraron hacia ella, con expresión pícara en el rostro.

-Entonces Emma, ¿cómo fue la noche?- preguntó Ruby maliciosamente

-¡Perfectamente bien, gracias!

-¡Venga! ¿Quién es el Don Juan que ha podido dejarte en tal estado?

-¡Es insostenible este misterio!

-Danos solo la primera letra de su nombre

-¿Es alguien que conocemos? ¡Solo dinos eso!

Las preguntas se sucedían y las ganas de Emma eran demasiado fuertes, necesitaba compartir ese secreto con sus dos mejores amigas, necesitaba ese momento en que finalmente se vería libre de ese peso.

-¡Ok!- concedió Emma -Si nos vemos dentro de un rato en Granny's, os daré el nombre de la persona que envuelve mis noches de loco erotismo

Antes de que ninguna pudiera reaccionar, una voz las congeló en el sitio.

-Bien, bien, bien...veo que la conversación es apasionante, señoritas, pero es hora de cerrar la puerta de sus fantasías y de concentrarse ahora en mi clase- delcaró la voz de Regina que disfrutaba la visión de sus rostros desencajarse ante sus ojos. Enseguida le lanzó una mirada asesina a Emma.

-Oh, yo...

-Sacad vuestro libros, página 394- cortó Regina caminando hacia su mesa.

Cuando el timbre sonó, todo el mundo se precipitó al exterior para disfrutar de la larga pausa antes de la siguiente clase, pero Emma se quedó y se aseguró de cerrar bien las puertas para que no las escucharan.

-Gina..

-Miss Swan...

-¡No me digas «Miss Swan»! ¡Voy a explicártelo!

-¿Explicarme qué? ¿Que te concedo toda mi confianza y que pareces que te burlas de mí como si yo fuera una insignificante mota de polvo?

-¡No! Eso solo que...

-¡Discreción! ¡Es la palabra clave, Emma!- murmuró ella temblando de cólera

-¡Sí, pero estoy harta de guardar esto para mí!

-¡No es el momento de contárselo a todo el mundo! Tenemos que pasar desapercibidas para poder continuar...

-¿Continuar qué? ¿Viéndonos en secreto por mucho más tiempo? ¡Estoy harta de ser tu pequeño sucio secreto, lo encuentro hiriente y pesado!

Los ojos de Regina se entrecerraron, no lograba comprender las sinrazones de Emma y eso la irritaba en lo más profundo.

-«Pesado»...entonces, soy un peso para ti- concluyó ella

-No, yo...

-Cuando mi historia se vuelva pesada para ti, harás lo mismo, ¿no? Cuando Henry sea un peso, acabarás por contárselo a todo el mundo...

-¡No!

-Sí, claro que sí. No eres capaz de mantener un secreto, entonces, ¿por qué pedirte que mantengas otros?

Regina tenía una expresión realmente herida, miraba hacia el suelo, los ojos brillando por las lágrimas, habían llegado a un punto de no retorno, una vez más. Sin embargo, todo se le parece aterrador.

-Creo que no iremos mucho más lejos...-murmuró débilmente Regina mientras cerraba su carpeta de cuero oscuro.

-¿Qu...qué?- balbuceó la rubia retrocediendo un paso

-No puedo estar vigilandote a ti además de a Hopper, Henry y Daniel, es demasiado para mí, creo. Y tengo la impresión de que me estoy convirtiendo en una prisión para ti...yo te...

-¡Espera, espera, no!- gritó Emma comprendiendo que Regina estaba poniendo punto y final a su relación.

-¡Emma, stop! ¡Te libero de toda obligación para conmigo! ¡Ya no me debes nada!

-¡Regina!- llamó cuando la morena se escapó sin decir nada más.

Hubiera querido alcanzarla, pero eso significaría perseguirla por el pasillo atestado de alumnos y ni una ni otra estaba en circunstancias de mantener una conversación serena. Poco a poco, se dio cuenta de la situación y su corazón pareció estallar en pedazos. Al salir, cogió uno de sus bates de béisbol y mientras se escuchaban algunos gritos, ella rompió en pedazos el cristal de la puerta de una aula. Después, miró a su alrededor...ningún profesor...Se giró hacia el grupo que se había formado alrededor de ella, todos la miraban como si se hubiera vuelto loca, la verdad era que estaba loca de dolor, de rencor. Dio un segundo golpe contra una taquilla aún abierta y se ensañó en ella hasta que dos brazos la rodearon para que soltara el bate. Desgraciadamente, le había cogido el gusto a la descarga que eso le enviaba a todo su cuerpo y quería continuar golpeando las taquillas.

-¡Emma! ¿Qué te ocurre? - gritó David evitando por poco el bate.

Emma siguió dando golpes, una y otra vez, y otra más, más fuerte cada vez, más doloroso también para sus manos que acusaban los choques. De repente, no tuvo nada entre las manos. David había logrado quitarle su arma. ¡Qué importaba! Le quedaban sus puños. Quería verlos sangrando para sentir dolor en otro sitio que no fuera en su corazón, quería experimientar otro dolor aparte de ese tan insoportable. Logró abrirse el lateral de la mano antes de que el profesor de matemátricas la agarrara por la cintura.

-¡Noooo! ¡Suélteme!

-¡Basta! ¿Qué te ha pasado, joder?

Ella notó las lágrimas resbalar y sus gritos se escaparon, toda la rabia que tenía en su interior la estaba consumiento poco a poco y la oscuridad se insinuó en su corazón.

-¡Hay que llevarla a al enfermería!- escuchó a su lado

-¡Emma!

-¡Apartaos! ¡Dejadla respirar!


Regina se encerró en su despacho, se quitó la chaqueta que le estaba dando demasiado calor y la lanzó al suelo. Se agarró a la mesa con todas sus fuerzas para contenerse y no arrasar con todo. Acababa de tomar una decisión de consecuencias duras, pero sabía que por Henry, por ella, era lo mejor. Daniel tenía razón después de todo...su madre también...el amor era una debilidad. Este le había costado absolutamente todo en su vida. Se dejó caer en su asiento y suspiró mientras cogía su pluma. Temía que terminar el papeleo...rápidamente.

-¡Regina!- gritó Cholè entrando en tromba en su despacho

-¡Por Dios! ¿No tienes puño para llamar a la puerta?-gruñó la morena sobresaltándose

-¡Es Emma!- previno Chloè ignorando las palabras de la amiga

-¿Qué pasa con Emma?

-¡Hopper me envía a buscarte, está con Emma y te necesita!

Si Regina hubiera tenido tiempo de comer esa mañana, seguramente lo habría echado todo sobre la alfombra. ¿Acababa de verdad Emma de traicionarla? ¿Tan pronto?

Como un títere, ella siguió a su amiga y ex amante por los pasillos que llevaban hasta el despacho de Hopper. Chloè no dejaba de apurarla, pero ella no quería precipitar su caída. Encontaron al psicólogo ante la puerta de su despacho. Iba de un lado a otro y esperaba visiblemente que vinieran en su ayuda.

-¡Regina, aquí está!- la acogió Hopper posando una mirada severa en ella

-¿Qué quiere?- preguntó ella con voz neutra

-Emma está en mi despacho y ella...no he podido hacer nada, así que quizás usted...pueda...no lo sé...¡está incontrolable!

-¿De qué está hablando?- se irritó ella

-Al salir de su clase anterior ha hecho destrozos y ahora grita y llora, no quiere decir ni hacer nada, pero se ha hecho daño y querríamos curar su mano, y que se calmara.

-¡Deje que se calme sola!- propuso Regina a quien la idea de ver a Emma la desalentaba.

-¡Regina!- gritó Cholè, atónita

-¡Creo que solo usted puede calmarla!- argumentó Hopper

-Dígame, doctor, está convencido de eso, ¿puedo saber por qué?

-¡Se lo dije en París!- explicó él -¡Parece que usted la ha controlado!

-¿Qué creyó ver en París, exactamente? ¡Porque yo creo que sobrevalora enormemente lo que yo puedo hacer con Miss Swan!

-¡He visto que ella la seguía sin temor y que parece que ha puesto toda su confianza en usted!

-¿Dónde estaba usted esa noche, Hopper?

Chloè no comprendía nada y sus ojos se movían como en un partido de tenis.

-¡Se lo dije! Estaba paseando...

-¿En la calle o en el bar?

Hopper pareció desestabilizado ante la pregunta y frunció el ceño.

-¿Me toma por un alcohólico?

Él no sabía nada, o sabía interpretar muy bien.

-Regina, sobre Emma, ¿qué vas a hacer? ¿Nos ayudas o no?

La morena asintió, parecería sospechoso que ella no hiciera nada, así que abrió la puerta para entrar en la sala. Se sorprendió ante el desoden que encontró. Papeles por el suelo, objetos de decoración estallados en el suelo, trozos de cristal por todos lados.

-¿Qué haces aquí?- preguntó Emma llorando aún

-Bueno...¡Dark Swan está entre nosotros!- se burló Regina cerrando la puerta tras ella.

-¡No te burles de mí!- gruñó la rubia

-Emma, tienes que calmarte un poco. ¿Puedo saber a qué juegas exactamente?

-¡No juego, ya no juego! ¡Estoy harta de que hagas conmigo lo que te da la gana! ¡Yo...soy toda tuya! ¡Estoy totalmente entregada en agradarte, para que te sientas bien! ¡Lo soporto todo! ¡Pero tú...a la menor tontería, estas lista a llevarme al matadero!

Parecía realmente vulnerable y Regina vio todo el horror de su historia desplegarse ante ella. Había destrozado a Emma tanto como ella había sido destrozada muchos años antes. Emma había dado tanto sin que ninguna se diera cuenta de la locura en que se había precipitado. Ella era joven, increíblemente joven y se había consumido por Regina. Había puesto su vida en paréntesis por ella.

-¡Respóndeme!- gritó Emma tirando una lámpara que estaba encima de la mesa

La morena se sobresaltó y alzó las manos para tranquilizar a su compañera.

-¡Cálmate! ¡No vas a romper todo porque hayamos discutido!- dijo fríamente

-¿Discutir? ¡Acabas de romper conmigo!- rectificó la rubia en un sollozo

-¿Y decides hacer partícipe a todo el mundo?

-¡Quiero que me des otra oportunidad, no lo contaré! ¡Por favor!

-No, Emma, el problema no es ese- suspiró Regina

-¡Sí! Regina, dame otra oportunidad. ¿Por qué no he de merecer una segunda?

Regina se acercó a la muchacha y le cogió las manos.

-¿Mira lo que acabas de hacer? ¡Mira!-ordenó secamente señalando la herida aún fresca

-¡Esto no es nada!- soltó la estudiante

-¡Emma! ¡No quiero esto en nuestra pareja! ¡Que yo rompa contigo no puede hacerte destruir todo o hacerte daño de esta manera!

-Solo quería sentir otro dolor, Gina

Regina la hizo sentarse en la silla el doctor y se arrodilló ante ella.

-Emma, escúchame, no quiero que te hagas daño por el hecho de separarnos. ¿De acuerdo? A lo mejor la vida hace que nos distanciemos y no quiero preocuparme si estoy lejos de ti, ¿comprendes?

-¡Regina, no quiero que me dejes! ¡Por favor, no diré nada!

Regina tampoco quería que la historia de ambas acabara por una disputa como esa. No quería perder a su luz, pero sobre todo, no quería a una Emma enteramente consagrada.

-Voy a dejar que Chloè te cure, ¿de acuerdo?

-¡Gina!- murmuró Emma que necesitaba consuelo y saber que no estaba sola

-Necesito que cambies, Emma. No, tú necesitas cambiar, no por mi bien, sino por el tuyo. No puedes autodestruirte a la menor contrariedad, ¿de acuerdo?

-Sabré hacerme perdonar- gimió Emma posando su frente en la de ella

-Lo sé muy bien, sweetheart...

-¡Te amo!- declaró ella como si desafiara a la directora

-Yo también- murmuró a su vez la morena

-Por favor, olvida lo que le dije a Ruby y Belle, no les diré nada hasta que las dos no estemos preparadas.

-De acuerdo- suspiró Regina

-Voy a compensarte, voy a...cambiar, por mi bien- repitió Emma

Regina la vio sujetarse la mano con dolor y suspiró.

La calma tras la tempestad. En menos de dos horas, se habían separado y vuelto a reunir, y Regina había comprendido que si Emma no cambiaba, a la menor contrariedad, se volvería peligrosa para ella misma o acabaría como Cruella...golpeando a su mujer para modelarla como le pareciera.

Chloè pudo, finalmente, curar a la rubia y Hopper habló sobre esa crisis de cólera con la morena que inventó una discusión entre estudiantes. Lanzó una última mirada a Emma antes de volver a su despacho desde donde le mandó un mensaje.

EVILQ: Necesidad de algunos días para pensar en todo esto

Emma le envió una respuesta rápidamente, y se preguntó si acaso no le estaba escriviendo estando aún en compañía de Hopper y Chloè

EMMA: ¿Es una manera más suave para dejarme?

EVILQ: No, solo quiero que comprendas que puedes vivir alejada de mí sin que sea un calvario

EMMA: Siento haberte asustado...:(


Regina giró la llave en la cerradura, el pequeño cisne se balanceaba insolentemente en el extremo de llavero. Ella reviró los ojos y abrió finalmente la puerta de la entrada. Se quedó quieta al descubrir manchas rojas sobre el suelo. Pétalos de rosas formaban un camino hasta las escaleras y subían hasta la planta superior. Regina frunció el ceño, si Emma pensaba salirse con la suya, se equivocaba. La morena se descalzó y dejó su bolso en la consola de la entrada. Mientras subía las escaleras, refunfuñaba sobre el hecho de que Emma era cabezota como una mula. De repente, se quedó estática, su sangre se heló y su corazón se detuvo en la caja torácica. Ese perfume...No lo había olido desde...

-¡Oh darling...aquí estás finalmente!