La verdad
-Oh, Darling, aquí estás por fin…
Esa frase giraba en bucle en la cabeza de Regina que estaba petrificada por el miedo. No se atrevía a hacer nada, ni a darse la vuelta, ni avanzar, ni siquiera respirar. Su corazón tamborileaba en sus oídos, cosa que no la ayudaba a analizar la situación. Siguió lentamente con la mirada el camino de pétalos de rosas que subía hasta la planta de arriba y no vio a nadie en el rellano. El olor del perfume de Cruella le contraía el vientre mientras daba la vuelta muy lentamente para volver a bajar lo más silenciosamente posible los escalones tapizados con los pétalos.
-Buenos días, Darling
Narcissa estaba allí, cerca de la entrada del salón. La morena descendió los pocos escalones que quedaban, atónita al ver que su ex compañera estaba frente a ella. Escrutó su rostro que no había cambiado mucho, había envejecido, al igual que ella, pero sus ojos aún parecían eléctricos y sus labios lacados en rojos le daban una apariencia maquiavélica que le iba como un guante. Su largo abrigo de piel de forro rojo estaba abierto sobre un cuerpo aún esbelto.
Puso una mueca malvada antes de hacer un gesto con la mano, que fue de su garganta a su vientre con la palma hacia arriba.
-¿Qué dices, Darling? Hace tiempo que no nos vemos.
Regina hizo amago de moverse hacia la salida, pero la intrusa la lanzó al suelo de una sola bofetada. Al caer, la morena emitió un pequeño grito que hizo reír a la otra.
Muy rápido, Regina alzó la cabeza, pero Narcissa ya le bloqueaba el paso hacia la salida.
-Bien, me has encontrado, ¿qué quieres hacer ahora?
Narcissa frunció el ceño e inclinó la cabeza. Siempre había tenido esa particularidad de poseer un mechón, uno solo, negro en la parte de delante de su cabeza. Era una característica que tenía desde nacimiento y que no tenía ninguna explicación. Ese mechón cayó delante de sus ojos y ella resopló sobre él con aire provocador.
-Lo sabes muy bien…
La ex alcaldesa se levantó rápidamente para salir corriendo hacia la cocina y coger un cuchillo lo suficientemente grande para hacer estragos si por casualidad la rubia intentaba hacerle algo.
El barco se alejaba lentamente del puerto bajo la mirada de Emma, que observaba las olas chocar contra el casco y romperse en él. Los pájaros daban vueltas y a veces descendían en picado para cazar un pez que salía a ver lo que pasaba en la superficie. Emma se sentía aún febril, las fuerzas la habían abandonado poco a poco durante su ensañamiento contra las taquillas de metal, sin duda succionadas por la cólera violenta que había sentido. Ahora tenía unas ganas inmensas de dormir, pero tenía una cita con Killian y estaría ahí de un minuto a otro.
Pestañeó lentamente, las pequeñas olas reflejaban los rayos del sol intermitentemente y grandes nubes se anunciaban a lo lejos, como una fiera promesa de una tempestad al ocaso. Despegó su espalda del banco en el que estaba sentada, los arañazos que Regina le había hecho esa misma mañana aún le dolían. Los labios de Emma se estiraron en una sonrisa, esa semana había sido increíble.
Martes- Emma se despertó al escuchar la alarma a su lado. Le costó soltarse del agarre en el que Regina la tenía atrapada, pero logró estirar un brazo para agarrar el teléfono y apagar la alarma. Bostezó antes de sonreír de oreja a oreja al ver que Regina estaba aún desnuda, acurrucada contra ella, seguramente porque tenía frío, por una de sus piernas que se escapaba fuera de las sábanas resbalaba la luz de la mañana. Depositó un beso en sus cabellos antes de ir a la ducha. Regina no tenía clase a primera hora, Emma se marcharía sola a deporte. Se recogió los cabellos para no mojarlos y giró el grifo para deslizarse bajo los chorros aún templados. Se enjabonó lentamente, aun algo somnolienta y bostezó varias veces. De repente, sintió unos brazos rodear su cintura; Regina posó sus manos en la parte alta de los muslos de la bella rubia.
-Entonces, Miss Swan…¿me pides que duerma desnuda, pero no te quedas para el segundo round?- gruñó cálidamente la morena al cuello de Emma, mordisqueándole el lóbulo de la oreja.
-Gina…debo estar haciendo deporte en veinte minutos si quiero estar en clase a la hora- susurró Emma sintiendo las manos de su morena subir hasta su pecho.
-¿No estás al corriente?...- susurró Regina girando a Emma para atrapar entre sus manos sus muslos y hacer que se enredara en ella.
Receptiva, la joven pasó sus piernas alrededor de las caderas de su profesora riendo dulcemente.
-…tu clase de deporte ha sido adelantada, ¿y adivina quién es tu entrenadora?- dijo mientras la apoyaba suavemente contra la pared de azulejos oscuros.
-¡Ah! ¡Está frío!- se quejó Emma antes de sentir los besos de Regina sobre sus erectos pechos -¡Oh, señor, espero que a mi entrenadora se le dé tan bien como a ti!- gruñó Emma inclinándose su cabeza hacia atrás y aferrando la nuca de Regina para que siguiera con sus besos.
La lengua de la morena se inmiscuyó en esa tortura y Emma, en un sobresalto de lucidez, inclinó su cabeza hacia delante para plantar sus ojos en la mirada apasionada que la devoraba.
-Realmente, debería intentar un nuevo recorrido que me permita perder un poco más de…
-Swan, ¿sabes lo que hace perder mucho?
-¿No?
-¡El deporte que me dispongo hacer contigo!- susurró mordiéndose su labio inferior.
Sin responder nada más, sin protestar en absoluto, Emma frotó su intimidad en el vientre de la directora adjunta arrancándole un gruñido feroz. La estudiante aferró sus manos a los delicados hombros de la morena, y contempló sus pupilas cargadas de un sentimiento que ninguna de las dos habían conocido tanto. Ambas se habían encontrado cuando la oscuridad ocupaba una parte de sus vidas, pero el sencillo hecho de estar juntas creaba una luz imposible de camuflar. Les quedaba muchas cosas por aprender la una de la otra, pero las heridas de ambas eran importantes para la otra. De tal forma, Emma se preocupaba de no imponer nada a Regina, y la cólera de esta última era más domesticada cuando tenían que poner las cosas en claro. El otro hecho novedoso para ambas era el deseo de ser tocada, de ser acariciada. Un sencillo roce en el hombro, en el brazo o el puño bastaba para tranquilizar a la otra, no temían nada y se aportaban a la otra serenidad. Emma sabía que si Regina la dejaba, podía volverse loca sin verla preparando sus cosas por la mañana con minuciosidad, sin tenerla a su lado cuando despertaba por la noche, sin poder extender el brazo para acariciarle la mejilla. Sentía un amor incondicional por ella, lista para todas las locuras por ella, por su hijo.
-¡Emma!- la llamó la voz de la morena para que la mirara a los ojos
Su respiración era cada vez más difícil de controlar y los dedos de la morena, profundamente hundidos en ella, ejercían movimientos que hacían gemir a Emma y hacían temblar sus piernas. Se retorcía para que su compañera ralentizara, sintiendo que el orgasmo que se aproximaba iba a ser potente, que podría dejarla muerta en el sitio.
-¡Gina…!- gritó sintiéndolo llegar como una bala de cañón.
La ex alcaldesa emitió un gruñido y mordió el labio inferior de Emma que pegó su frente a la de ella para encontrar apoyo extra.
-¡Oh por Dios!- exclamó la joven.
La piel de su cuerpo estaba tan caliente que el chorro de agua que les mojaba la piel, ya bastante caliente, les parecía helada.
De repente, Emma se acercó a Regina para acogerla entre sus brazos y gruñir con sus últimos movimientos de vaivén entre sus muslos. Un incendio estalló en su bajo vientre y sus paredes comprimieron los dedos expertos de la morena que había acercado su boca al oído de Emma para murmurarle palabras que encendieron aún más a la estudiante, que ya veía destellos de luz tras sus párpados. Para su gran asombro, la morena no detuvo en absoluto sus movimientos y Emma hundió su mirada asombrada en los ojos juguetones de su malvada reina mientras gozaba ruidosamente por segunda vez.
Sus corazones latiendo aceleradamente parecían haber decidido escaparse de sus pechos y Regina, ella también sofocada, observaba el rostro de Emma que estaba volviendo poco a poco en sí tras esos orgasmos arrasadores. Suavemente, las piernas de la estudiante cayeron para poder ponerse de pie, pero dejó de todas maneras sus brazos colgados al cuello de la morena, como un koala. Regina acariciaba las finas caderas de Emma sonriéndole de oreja a oreja, orgullosa de haber provocado algo tan poderoso en ella.
-¡Oh, por Dios! Yo…ya tengo agujetas…- se quejó Emma mientras Regina reía con voz grave.
El segundo round se había prolongado todas las mañanas de la semana, excepto la víspera. Cuando Emma llevaba un rato con los preliminares, se dio cuenta de que la receptividad de Regina no estaba al máximo. Parecía muy incómoda con el contacto de las manos de la rubia sobre su cuerpo y había incluso insistido en que el cuarto estuviera totalmente a oscuras. Si al comienzo Emma lo había encontrado excitante, rápidamente se había desilusionado al sentir los sobresaltos de la amazona.
-Gina, relájate- susurró Emma acariciando con su lengua el clítoris de la morena.
Sintió la pelvis retroceder y las piernas de Regina se crisparon un momento. Emma buscó la mano de su amada para mantener el contacto con ella. Con su otra mano, acarició el busto de su compañera pasando por su vientre musculado.
Desde dónde estaba, podía ver que Regina estaba medio incorporada, observándola. Tumbada entre sus piernas con el objetivo de llevarla al séptimo cielo, se cruzó con su mirada a pesar de la penumbra y se incorporó, comprendiendo que los sobresaltos que estaba sintiendo no eran debidos al placer que Regina pudiera estar sintiendo, sino más bien eran producto del llanto.
-¡Hey! ¿Te he hecho daño?
-¡No!- respondió precipitadamente la morena -¡Continúa, si quieres!
Emma frunció el ceño sacudiendo la cabeza. Se sentó de rodillas entre las piernas de la ex alcaldesa y le tomó delicadamente su rostro entre las manos.
-Gina, ¿pero qué dices?
-Puedes continuar…
-¡Hey! ¡Estás llorando, Gina!
Rápidamente, se colocó a un lado y la abrazó tiernamente, acariciándole los cabellos con lentitud.
-¿Qué te ocurre? ¡No voy a seguir cuando estás en ese estado!- explicó la rubia sin comprender a su novia.
-¡Yo…no lo consigo, no puedo fingir! No…no esta semana, no…no logro…déjame un…yo…
-¡Wow! ¡Ok, no comprendo nada, pero…Gina, jamás en la vida te obligaré a hacer algo que no desees!
Emma encendió la lámpara de la mesilla de noche.
-¡Gina, mírame, por favor!
-Emma…
-¡Mírame!- repitió Emma esperando que la morena alzara sus ojos húmedos hacia ella –Te amo…y aquellas persona que amo quiero que se sientan bien, y tú mucho más, ¡quiero que seas feliz! Así que…si estas caricias matinales no te hacen feliz, solo voy a tomarte en mis brazos y esperar a que el despertador suene
-¡Emma, no eres tú!- intervino la morena que se había tranquilizado –Es…no es una buena época, es todo
Los ojos de Emma la miraron tiernamente y sonrió débilmente
-¡Lo lograremos, pasaremos esta etapa juntas, te ayudaré a sanar y…te haré feliz, te lo prometo!
Un ruido familiar hizo que la joven girara la cabeza y se levantó para recibir a Killian. Es ese mismo momento, su teléfono sonó, pero ella no prestó atención, concentrándose en el joven que caminaba hacia ella. La abrazó un momento y retrocedió para sentarse los dos frente al océano.
-¿Has traído lo que te pedí?
-Sí- dijo él sacando un trapo del bolsillo interno de su largo abrigo –Pero…¿puedo preguntarte por qué necesitas esto?
Emma lo consideró un momento antes de suspirar y subir sus rodillas hasta el pecho.
-¡Hace una semana que un miembro de la banda de Pan me sigue sin parar!
Killian lanzó una mirada discreta alrededor y siguió hablando con Emma.
-¿Y cómo es?
-No lo sé, nunca lo he visto…
-¿Eh?
-…no, escucha. Sé que puede parecer extraño, pero te aseguro que alguien me sigue. El otro día me siguieron cuando salí del trabajo, y esta semana, he notado que alguien merodeaba a mi alrededor cuando salía de clase. ¡Te aseguro que alguien me vigila!
-Emma…¿por qué no vas a ver al sheriff?- preguntó el muchacho mirándola a la cara
-Killian, ¿de verdad? La última vez que lo vi no acabó muy bien para mí. Casi me voy para el otro barrio. Así que ahora…me gustaría solo poder protegerme
Ella acarició la tela que contenía su medio de protección y alisó la tela para adivinar la forma.
-Emma…¡no es un juguete!
Ella se quedó pensando un instante
-Mucho mejor, no creo que esté en un juego…
Killian suspiró pasándose una mano por el rostro. Se sentía culpable pues sin él, la rubia jamás se hubiera metido en eso y solo él estaría inmerso en esa espantosa historia. Él la rodeó con sus brazos dándose cuenta de que era su más fiel amiga.
-Love, algo está vibrando en tu bolsillo, y espero que sea tu teléfono- bromeó
Ella le lanzó una mirada de reproche y sacudió la cabeza revirando los ojos.
-Sí, es Belle…tenía que verlas en Granny's para tomar una copa, pero…al final estoy aquí
Killian puso una sonrisa extraña, como si viera a la rubia por primera vez, después, asintió repetidamente.
-¡Estoy estupefacto ante tanta astucia, Swan!
-¿Y ese vocabulario? ¿Acaso Regina Mills te ha dado algunas lecciones?
-¡Cierra la boca, Swan!- dijo él mientras la estrechaba en sus brazos.
Ella posó su cabeza en su hombro y continuaron mirando los barcos llegar y partir. El silencio entre los dos era sereno, era un momento para Emma que contrastaba con el día que acababa de pasar. Se sentía relajada, vacía, pero encontró en Killian un modo de volver a ser ella y de apaciguarse unos minutos.
Al cabo de unos instantes, él carraspeó
-Al principio, me quedé en clase de apoyo por su culo, pero ahora…la respeto de verdad
Ella sonrió débilmente, sonrisa que se borró ante la siguiente pregunta del muchacho.
-¿Sabes disparar?
-¡Soy americana!- respondió sencillamente Emma
Eso le recordó que no había metido el arma en la mochila, y se dio prisa en meterla entre los libros de clase. Él le informó que la munición ya estaba dentro, solo tendría que quitarle el seguro si quería usarla. Ella le dio un breve apretón en el hombro antes de despedirse de él diciéndole adiós con la mano. La tormenta estaba ya sobre la ciudad y ya caían gotas delante de ella.
Salió del puerto notando el peso del arma en su mochila. Se sentía segura a pesar de la impresión de estar fuera de la ley. De repente, mientras volvía al instituto a recoger su bicicleta, observó una silueta cerca de esta que le pareció familiar. Caminó lentamente y pronto se dio cuenta de que se trataba de su antiguo padre de acogida. Se miraron durante un momento, los dos parados a unos metros de distancia. Los pequeños ojos porcinos del hombre la radiografiaron de arriba abajo y ella tuvo la desagradable sensación de estar de nuevo desnuda frente a él. No le daba miedo, estaba a una distancia considerable y no parecía ser agresivo.
-¿Qué haces aquí?-preguntó ella subiéndose el asa de la mochila en su hombro.
-Tienes que hablar con los servicios sociales- gruñó él metiéndose las manos en los bolsillos
-¿Por qué haría eso, George?- preguntó ella suspirando y dando un paso hacia delante para coger su bicicleta. Se lo podía permitir, George no podía alcanzarla desde donde él estaba.
-¡Porque si no, suelto todo lo que sé sobre ti!
Su voz era ronca, desagradable, siempre con un halo de alcohol.
-¡No sabes nada de mí, solo te interesa el culo de Linda!- soltó Emma a quien le estaba costando abrir el candado de la bicicleta.
-¡Créeme, sé cosas que podrían meterte en un buen lío!- amenazó él señalando a la joven con un dedo rechoncho.
Ella lo miró un momento y acabó por suspirar.
-¿Eres tú quien me está siguiendo?
Él frunció el ceño y se encogió de hombros asintiendo vagamente. Pronunció débilmente un «sí» deformado por el alcohol que seguramente había bebido a media tarde. Aunque Emma no pudo discernir si mentía o no.
-¿Y qué tendrías que decir de mí, Gorgie?- se enervó ella pudiendo finalmente abrir el candado
-¡Un mogollón de cosas!
Emma estalló en una carcajada, una risa sin alegría, irónica y se subió a su bici.
-¿Sabes qué? Vete a la mierda, tus amenazas no van conmigo, y no te acerques más a los chicos, si no, te juro que pondré una denuncia, y buscaré una manera de desfigurarme para acusarte.
En una fracción de segundo, estuvo a su lado. Ella no lo había visto venir, nunca había sido tan hábil. La lanzó al suelo con su bicicleta y su cabeza chocó contra el asfalto confundiéndola unos instantes y haciendo que perdiera sus gafas. Antes de poder incorporarse, sintió una patada en sus costillas y el dolor la hizo rodar un poco más lejos. Se levantó, aún tambaleándose por una bofetada que le abrió una ceja. Se hundió en un lastimoso gemido, irritada por verse en el suelo por tercera vez. Pero intentó levantarse más rápidamente; tomó algo de distancia intentando rodar y después avanzar a cuatro patas, pero él logró cogerla de los cabellos para levantarla violentamente. Ella lanzó un grito involuntario e intentó golpearlo sin conseguirlo.
-¿Entonces, Emma? ¿Qué vas a hacer después de esto?
Su codo alcanzó la ceja de su agresor y él la soltó presa del dolor. Ella cayó de nuevo a sus pies, sin respiración y sin fuerzas.
Él había ganado, ella lo dejaba ganar, él podía darle una paliza con todas sus fuerzas, ella ya no podía más. En el momento en que iba a darle otro golpe, escuchó una algarabía enorme detrás y Emma tardó unos segundos en darse cuenta de que eran gritos. George no se tomó la molestia de mirar quién venía y echó a correr tambaleándose.
Sin respiración, Emma se giró hacia la persona que la había ayudado y buscó sus gafas para volver a ponérselas. Una mano le tendió los binóculos y se los colocó antes de darle las gracias a su salvador.
-¿Katherine?- exclamó ella descubriendo el rostro enmarcado por mechones rubios
-¡Te ha dado una buena, Swan!- constató la joven entrecerrando los ojos
Emma mantuvo el silencio, no quería darle las gracias a la rubia, era demasiado orgullosa para eso.
-¿Qué pintas aquí?
-¡Espero a mi padre y he visto que ese tipo te estaba dando una buena! ¿Quién es? ¿Tu novio?
Emma suspiró, definitivamente esta zorra no cambiaría
-¡Vete al diablo!
-Bien…cuando los compañeros sepan que te tiras a un enorme cerd…
Emma recogió su bici para abandonar el sitio lo más rápido posible.
-¡Espera, Swan!-la llamó la joven lazándole una mirada altanera –¡Estás sangrando, no vayas a caerte en mitad de la carretera, toma!
Le tendió un pañuelo de tela en las que estaban grabadas sus iniciales. Emma frunció el ceño y se quedó mirando un momento a la muchacha, preguntándose si no sería una trampa.
-¡Venga, Swan! ¡No soy una zorra todo el rato!- argumentó ella poniéndose una mano en la cadera.
-Ya…permíteme que lo dude. Pero…gracias de todas maneras- dijo finalmente Emma colocándose el pañuelo en la frente.
Katherine hizo una mueca de asco y declaró mientras se alejaba.
-¡Ya, puedes quedártelo, el pañuelo! ¡Y cuenta conmigo para contar tu historia perversa con el gigante!
Los hombros de Emma cayeron, esa chica era la humillación encarnada. Emma se abofeteó mentalmente por haber metido el arma en la mochila, ya que de ahí era muy difícil cogerla. Se subió a la bici pensando en una solución para conservar el arma cerca de ella. Le dolía el cuello, los hombros, los brazos y sobre todo las costillas y el rostro. Sus rodillas sangraban también y sus vaqueros se habían pegado a las heridas causándole pinchazos desagradables.
Narcissa se precipitó sobre ella y la morena logró rajarle el brazo. Ella soltó rápidamente su arma y corrió hacia la entrada de la casa para escapar. Cogió las llaves del coche y al abrir la puerta de la mansión se chocó con…
-¡Emma!- gritó sorprendida y aterrorizada
-¡Regina! Joder…tú me has…mierda, ¿qué es esa sangre?
Un grito de rabia resonó tras ellas y Regina cogió la mano de la rubia para arrastrarla hacia el coche. Cuando piso el acelerador, dos perros, salidos de no se sabe dónde, se lanzaron delante del coche.
-¡Cuidado!- gritó Emma al ver que su compañera estaba a punto de aplastarlos.
Los evitó por los pelos y aceleró cogiendo el sendero que daba a la calle principal en pocos segundos.
-Regina, ¿qué ocurre?- preguntó Emma mirando hacia atrás para ver quién podría estar persiguiéndolas. Intentaba más mal que bien atarse el cinturón, pero los volantazos la hicieron fallar varias veces.
-¡Narcissa me ha encontrado!- declaró con voz sombría la directora adjunta.
La lluvia que caía golpeaba el parabrisas del Mercedes y los limpiaparabrisas apenas podían retirar toda el agua. Emma estaba inclinada hacia delante para poder ver mejor la carretera, Regina había decidido ir por la costa de Maine para aprovechar las carreteras menos pobladas y para evitar aquellas que daban a las principales vías. Circulaban por una carretera bordeada de un acantilado rocoso en el que el agua, abajo, se agitaba. Emma lanzaba cada cierto tiempo miradas hacia Regina que parecía determinada. Con el ceño fruncido y la mirada fija en la carretera, y las manos apretando el volante, Emma tenía delante de ella un modelo de coraje y fuerza.
Aferró los dedos de la mano izquierda de Regina para que esta se relajase, pero la joven la retiró rápidamente.
-Gina, ¿me echas la culpa?
-¡No deberías venirte conmigo, Emma!- declaró la morena parando al lado de la pared rocosa.
-¡Regina, arranca este coche!- ordenó la rubia lanzándole una oscura mirada
-Emma…
-¡Arranca! ¡No voy a dejarte!- afirmó ella sacudiendo la cabeza
-Emma…
-¡Basta!- la cortó gritando –¡Quiero que arranques este maldito coche! ¡No te abandonaré! Puedes gritar, insultarme, golpearme, ¡no me marcharé!
-¡Emma, tienes a tu familia, tus amigos, tus estudios, tienes…absolutamente todo aquí! ¡Debes quedarte! Están August, Ruby, Belle…Están…
La rubia no dejaba de gemir «noes» apenas audibles
-¡…Emma, están tus exámenes, tienes todo eso aquí! ¡Tienes un futuro aquí!
-¡Pero no te tengo a ti!
-¡Te recuperarás, encontrarás el modo de sanar! Me has enseñado que todas las personas pueden curarse de terribles heridas
-Gina, no quiero curarme de esto, es demasiado…¡Me quedo contigo!
-¡No puedes!
-¿Por qué?
-¡Porque no quiero hacerte sufrir esto!-gritó Regina golpeando el volante –No quiero verte desconfiar de todo el mundo, de toda persona que conozcas, no quiero que pares tus estudios, que cambies de…vida
-¡Me importa poco todo eso, me quedaré contigo y estaremos bien!- sollozó la rubia intentando agarrar sus manos.
Regina no tenía elección, debía golpear fuerte, debía a toda costa alejar a Emma de esa peligrosa situación. A menudo se había creído invencible, inalcanzable, y al descubrir el amor con Emma, había imaginado que nunca se encontraría con Narcissa…Había cometido un error.
-¡No te quiero en mi vida!- rugió notando la mentira haciendo eco en todo su cuerpo.
Emma se quedó quieta, con la boca abierta, una expresión de asombro en sus trazos habitualmente tan dulces.
-¿Q…qué?- balbuceó parpadeando varias veces.
Le habría gustado haber soñado esa última frase, desgraciadamente, la fuerza con la que Regina la había gritado no le dejaba lugar a duda alguna.
-¡Márchate!- suspiró Regina secándose una mano en su pantalón
-Pero…¡no!
-¡Vete, Emma! ¡Porque te juro que no dudaré en dejarte en mitad de la carretera a la menor ocasión!
-¿Qué ha sido del «no te abandonaré»? ¿Qué te crees? ¿Que voy a ser una niña buena, bajar del coche y verte partir? ¡Regina!- gritó al ver que la morena bajaba del Mercedes.
La morena rodeo el vehículo y abrió la puerta; Emma, que había comprendido muy bien lo que iba a hacer su amante, se aferró a lo que pudo.
Regina se inclinó sobre ella para desabrocharle el cinto y tiró violentamente de su brazo.
-¡No!- grito Emma aferrándose al volante.
-¡EMMA, BAJA DE ESTE COCHE!- bramó ella arañándola cada vez que se movía
-¡Para! ¡Regina! ¡Para! ¡No bajaré!
Al final, eligió tomar la ventaja sobre la directora y la empujó fuera del coche. Dieron patadas y cayeron sobre la arena húmeda; Emma escuchó a su compañera gruñir y se preguntó por un momento si era por el dolor o sencillamente porque su ropa acababa de destrozarse.
-Por favor- suplicó Regina sintiendo que el pánico se apoderaba de ella -¡Vete, Emma! ¡Te amo demasiado para dejar que te arriesgues de esta manera!
-¡Solo tenemos que ir a la policía! ¡Les cuentas todo! Tú…
-¡No! ¡No puedo!- cortó la morena levantándose
-Por favor, Regina, no intentes apartarme de tu vida…No…no me dejes al borde de la carretera…
Regina sacudió la cabeza, y subió al coche
-Lo siento, Emma…
Puso la marcha y se puso otra vez en la carretera sintiendo cómo las lágrimas mojaban su barbilla. De repente, Emma se tiró delante del coche, las piernas y los brazos separados para impedirle pasar.
-¡No te desembarazarás de mí así como así, Regina Mills!- gritó ella para cubrir el ruido de la lluvia que martilleaba la carrocería.
En ese instante, Regina vio en Emma una fuerza inquebrantable, no a una estudiante que reaccionaba bajo el influjo de sus hormonas, sino con su cabeza. Vio en su mirada que la decisión había sido reflexionada con madurez, y que seguramente se remontaba a la época en que había conocido a Henry. Desbloqueó el seguro de la puerta, y Emma se aseguró con una mirada que no arrancaría en el momento en que se desplazara hacia un lado del Mercedes. Se volvió a sentar y cuando Regina hubo arrancado, le lanzó una mirada divertida.
-¡Eres testaruda como una mula!- susurró ella
-¡No tienes nada que envidiarme, Swan!
La estudiante cogió su mochila y se giró para dejarla en el asiento de atrás. Observó un paquete envuelto en papel de regalo azul noche.
-¿Qué es eso?- preguntó cogiéndolo al soltar la mochila.
-Oh…es…esperaba haber…en fin esperaba el momento oportuno para dártelo- murmuró Regina rehuyendo la mirada divertida de la joven.
-¿Puedo abrirlo?
Tras un movimiento positivo de cabeza, Emma rasgó el papel para descubrir una chaqueta de cuero rojo. Su rostro se iluminó y soltó un gritito de excitación.
-Creía que detestabas esa chaqueta
-A te gusta mucho, así que creo que al menos debo soportar esa falta de gusto
De repente, mientras las jóvenes mujeres reían dulcemente, un coche apareció al lado derecho, descendía por un sendero que parecía provenir de la parte alta del acantilado y el camino se reducía peligrosamente.
-¡Regina!- gritó Emma dándose cuenta de que la conductora no era otra que Narcissa.
-¡Por Dios!
-El Panther chocó contra el Mercedes y para no acabar treinta metros más abajo, Regina tuvo que frenar con todas sus fuerzas. El automóvil se detuvo a algunos metros y Regina alzó lentamente la mirada. Emma se desabrochó lentamente el cinturón desviando su mirada hacia el Panther que les bloqueaba el camino. La puerta del conductor se abrió y Narcissa salió majestuosamente, con un arma en la mano que apuntaba al parabrisas del Mercedes.
-¿Qué hacemos?- preguntó Emma girándose hacia el rostro angustiado de la morena.
-¡Quédate en el coche!- ordenó Regina mientras se quitaba el cinturón.
La lluvia le azotó el rostro y se vio obligada a aferrarse a la puerta para que sus piernas no desfallecieran ante la emoción.
-Di a tu amiga que venga con nosotras, Regina Darling
Sin esperar, Emma salió del coche.
-¡Emma, no!
-¡Emma, encantada de conocerte al fin! Casi nos conocemos antes pero parece que mi perro te asustó
La conexión se hizo rápidamente en el cerebro de Emma, aquella bestia que la había seguido cuando volvía del trabajo no era otra que el perro de Narcissa.
-¿Qué quieres de nosotras?
-Lo único que quiero, lo que siempre he querido es a Regina
-¡Pues parece que ella no es de la misma opinión!- replicó Emma que parecía no prestarle atención al arma que la rubia apuntaba hacia ella.
-¿Qué sabes tú de Regina? ¿Qué sabes realmente de ella?- preguntó Narcissa sacudiendo la cabeza, después, lanzó una mirada a la morena –Oh…¿acaso le has dicho todos nuestros secretos, Darling?
Emma frunció el ceño ante el silencio de la morena y se acercó a ella para ver mejor su rostro.
-¿Gina?
-Emma, no te metas en esto…
Narcissa estalló en carcajadas ante el rostro descompuesto de la morena.
-Y bien, es hora de desvelar ciertas cosas…
-Regina, ¿de qué habla?
-Emma…
-¡Oh…veo que no te ha contado todo, bella Emma!- susurró la rubia inclinando la cabeza hacia un lado, como si le hablara a un niño
-¿De qué está hablando?- interrogó la estudiante girando su rostro hacia la mujer que amaba.
Con lágrimas en los ojos, la morena sacudió la cabeza, no quería responder. No así, no ahora, no ahí, no delante de la que le había hecho tanto daño.
-¡Regina!- la llamó la joven lanzándole una mirada inquieta.
Una carcajada las heló a las dos. Narcissa parecía divertirse mucho y sus ojos claros le daban un aire de locura. Dejó de reír de repente, y Emma comprendió que ella estaba en medio de una tragedia que Narcissa había decidió poner en escena. Ella movía los hilos y el acto final llegaría cuando ella, y solo ella, lo decidiera.
-Bien, veo que la desesperación te va a consumir poco a poco, Darling, así que te propongo contarle nuestra historia a Emma, y a continuación…podrás ver cómo muere a tus pies, ¿qué te parece?
Hizo una pausa para que las dos mujeres pudieran asimilar la información, después retomó la palabra.
-¿Sabes, Darling? En tu casa, he leído algo interesante en tu buzón…tu apellido. Por cierto, ¿qué piensas de ese apellido, Emma, querida?
-¡Cállate!- pidió Regina apoyándose en su coche como si sus piernas ya no la sujetaran.
-«Mills», ¿no es divertido como apellido? Regina Molino en francés…como si toda su vida no fuera más que viento- dijo ella haciendo hincapié en las últimas palabras.
Los ojos verdes de Emma fueron de la rubia a la morena sin realmente comprender.
-¡Oh…Pobre pequeño cisne, mira Regina en qué posición la has puesto!
Narcissa volvió a echarse a reír, se deleitaba con el mal que estaba infringiendo.
-¡Emma, no la escuches!- susurró dolorosamente la morena, con una mueca de pena en su rostro.
-No, Emma querida, no me escuches- una sonrisa estiró sus labios mientras giraba su rostro hacia su ex amante –Escuchemos más bien las confesiones de Regina Mills. ¡Venga, Darling, cuéntanos todo! ¿Y si comenzamos por el verdadero apellido familiar?
Regina apretó los dientes fusilando a su primera novia con la mirada. Después, se giró hacia Emma que se sobresaltó al darse cuenta de que la rubia decía la verdad. Regina le había mentido.
-¿Gina?
Ignoraron la risa de dicha de Narcissa.
-Emma…lo siento, no podía…
-Sí, Emma querida, ella no podía decirte la verdad, ¿comprendes? Porque para ella tú no eres nada…
-¡Cállate!- gruñó Regina con voz fría –Emma, mírame- dijo dulcemente
-Gina…dime que está diciendo tonterías…- suplicó la rubia
Una profunda mirada entre ellas sepultó las esperanzas de la estudiante.
-Lo siento, Emma…
-¡Bien, bien, bien! ¡De las excusas pasaremos, Darling! Dale entonces tu identidad a nuestra querida Emma
Regina suspiró y apretando los dientes, bajó los ojos y declaró rápidamente.
-Mi verdadero nombre es Regina…Queen
Narcissa aplaudía dando saltitos.
-¡Bravo! ¡Bravo! ¿No es grandioso? Emma, ¿te esperabas semejante apellido? Su madre la llamó reina en una lengua cuando su apellido ya significaba eso en otra.
Pero Emma no escuchaba, demasiado turbada por la mentira de su novia.
-¿Regina Queen?- repitió ella mirando a la morena que huía ahora de su mirada.
-¡Bien…ahora que se han hecho las presentaciones, vamos a poder ir un poco más lejos en la vida de Regina Queen!
-¡No! ¡Acaba ya! ¡Déjala marchar y haz lo quieras conmigo!- dijo en pánico Regina
-¡No! ¡Para!- gritó Emma acercándose a su compañera -¡No me voy a ir!
Después, se giró hacia Narcissa y asintió varias veces.
-¡Diga lo que diga, no la voy a abandonar!
El rostro de la rubia se transformó en una mueca peligrosa; Emma tuvo la desagradable impresión de estar frente a una leona que hubiera cazado a una pobre criatura y que estaba ahora segura de poder devorarla.
-En ese caso, lo siento, Darling, pero tu amiga parece terca
Regina se giró hacia su novia y le agarró los hombros para que la mirara a la cara.
-¡Emma, vete! No sabes dónde te estás metiendo, quiero que te vayas y que…
-¡No!- susurró Emma escrutando la mirada de su compañera, como si pudiera descifrar en ella una información importante.
-Emma, tienes una oportunidad de…
-¡No!
-Por Dios, te pido que…
-¡Regina, no!
-¡VETE!- aulló Regina empujándola violentamente. Emma pudo agarrase por los pelos para no caer al suelo y miró a la amazona con una incomprensión total pintada en su rostro.
-¡Ahí está! ¡Venga, Darling, muestra tu verdadero rostro!- gimió ella alegremente
-¡Para esto!- pidió la morena apretando los puños, su respiración era rápida, su rostro estaba deformado por el dolor, la rabia, la pena y también el miedo.
Todos esos años escondiendo esos secretos, esa violencia, salían ahora a la superficie como un mal chiste que uno no espera.
Narcissa inclinó la cabeza hacia un lado y se rascó la barbilla con el arma.
-Bien…Emma, supongo que te quedas con nosotras, deseo tanto contarte toda la historia.
-Te lo suplico, Emma- rogó la morena por enésima vez
La joven sacudió sus rizos rubios.
-Lo siento, me quedo.
Narcissa se sentó en el capó de su coche y abrió teatralmente los brazos.
-Entonces será una escena con tres personajes: la cándida Emma, la virtuosa Narcissa y…la mentirosa Regina.
-¿Cómo se atreve a decir eso?- escupió la rubia enarbolando una expresión de asco.
-Vaya, vaya, ¿qué le has contado, Darling? ¿No me digas que te has hecho pasar por la pobre víctima de esta historia?
Regina mantuvo los labios cerrados, no tenía la intención de hablar, podía amenazarla con su arma, no soltaría una palabra.
-Venga, Regina, ¿qué le has dicho?- volvió a preguntar
Al ver que no diría nada, apuntó con su arma la cabeza de Emma y usó un tono glacial.
-¿Qué le has contado?
Rápidamente, Regina alzó las manos ante ella y cubrió a Emma con su cuerpo para protegerla.
-¡Stop!- susurró -¡Le he contado todo! ¿De acuerdo? ¡Todo! Tus artimañas para tenerme a tus pies, los golpes, el acoso, la violencia.
-Creo que has invertido los papeles, Darling. Emma, ¿cómo llamas a alguien que se folla al hermano de su novio?
Emma empujó a Regina para entrar en el punto de mira y su cólera tomó el relevo a la calma.
-¡Fue una violación!
El rostro de Narcissa se cortó en una sonrisa de compasión.
-Cuando uno se corre, no es una violación, ¿verdad?
-¡Cállate!
-¿Qué?
Un brillo apareció en los ojos azules de la torturadora.
-Ah…no le has contado todo, Darling. ¡Oh…qué triste, sin embargo es algo importante en la vida, el primer orgasmo! ¡Apuesto a que Emma recuerda aún el suyo!- bromeó ella mirando a las dos mujeres por turno.
-¡Joder! ¿De qué está hablando?- gritó Emma que ya no comprendía nada de la discusión
La tez de Regina estaba mucho más pálida que antes- si eso fuera posible- y tragaba con dificultad, concentrándose para no vomitar ante las palabras que salían por la boca de su ex.
-La historia que te ha contado tu noviecita no refleja toda la verdad- confesó Narcissa –La verdad es que en ese bosque tu Regina gimió como una puta.
Un sollozo sin lágrima alguna se le escapó a la morena que volvía a sentir en lo más profundo de su ser la herida que volvía a infringirle Narcissa. Contra todo pronóstico, Emma se giró hacia Regina le estrechó fuertemente la mano. Buscó su mirada un momento y asintió brevemente.
-¡Fue una violación!- afirmó ella
Regina dio las gracias en silencio a su compañera por creer en su versión.
-Bueno…en ese caso tengo que contarte otra historia.
-¡Me da igual! ¡Solo creeré a Regina!
-Oh…créeme, Regina no podrá decirte lo contrario, ya que soy yo quien sabe la verdad.
Narcissa separó los brazos y giró sobre sí misma, alzó su rostro hacia el cielo y apuntó su arma hacia las estrellas. Un disparo se oyó haciendo sobresaltarse a las dos mujeres.
-¡Comienzo de la obra!- murmuró Narcissa –Regina jamás ha sufrido ninguna violación, simplemente se folló al hermano de su novio y presa del remordimiento, llamó a su padre al rescate. Cuando Papá llegó, llora quejándose de su desgracia y él decide llevarla a casa. En el camino de vuelta él explica a su hija que deben poner al corriente a su madre y a la pequeña adolescente mimada le da un ataque de enfurecida cólera y precipita a su padre contra un camión en la carretera. ¿Voy bien hasta ahora?- preguntó sin esperar respuesta –Tras el entierro de su padre, Regina no puede confesarle a su madre por qué su padre había ido a buscarla en mitad de la noche así que inventa una fiesta a la que había ido, pero…voilà…al cabo de algunas semanas, se dio cuenta de que un inmundo bastardo crecía en sus entrañas
-¡No hables de mi hijo de esa manera!- gruñó de repente Regina que parecía haber despertado de su torpor.
-¡Vaya! ¿Has recuperado tu lengua?
-¿Cómo puedes decir que no fui violada, cómo puedes reescribir la historia?
Los labios de Narcissa se estiraron en una débil sonrisa.
-La continuación de la historia…Acto dos. Dejo de lado los detalles, Emma, me perdonarás. Regina y yo nos conocemos y me enamoro perdidamente de ella. Rápidamente, me cuenta su historia y decidimos ir a hacerle una visita a Leopold para que asuma a su hijo.
-¡Para!- suplicó Regina agitándose repentinamente
-Oh…Darling, ¿acaso la historia se vuelve desconocida para Emma?
-Emma…
-Dime, jovencita, sobre Leopold, ¿qué te ha contado Regina?
La rubia frunció el ceño intentando recordar la información que había obtenido del agresor de Regina.
Emma escuchaba en silencio el doloroso relato de Regina.
-Cuando me vi cubierta de la sangre de mi padre, enseguida comprendí. Y me quedé quieta hasta que el conductor del otro vehículo me habló. No recuerdo verdaderamente lo que él decía, pero sé que encontré perturbador hablar con un desconocido de algo tan íntimo como la muerte de mi padre. No recuerdo realmente el resto. Yo gané esta cicatriz encima de mi labio, mi padre se dejó la vida.
-¿Y Leopold?- preguntó Emma estrechando sus rodillas contra su pecho.
-Tras el accidente, fui llevada al hospital donde mi madre había intervenido para que no me tocaran. Solo comprobaron que no tuviera una hemorragia interna y mi madre me llevó a casa.
-¿Jamás le contaste lo que te ocurrió?
Regina hizo una pausa
-Sí. Aunque la detestara con todo mi ser, seguía siendo mi madre y la necesitaba más que a nadie.
Emma se giró hacia la morena, el ceño fruncido. Presentía que algo se le había escapado.
-Gina, no respondiste a mi pregunta cuando te pregunté lo que había pasado con Leopold…
-¡Oh! ¡Oh!- rió Narcissa –¡Querida, comprende tan rápido, esta pequeña! Bien, ¿y si pasamos al acto tres?
Emma no prestaba atención a lo que decía la rubia, demasiado ocupada en escrutar el rostro de culpabilidad de la morena.
-Darling, ¿quieres contar tú lo que sigue?...¿No? Aún no, bien, sigo yo.
-¡No!- exclamó precipitadamente la morena agarrando la mano de Emma
-¡Emma, te lo suplico, perdóname!
El corazón de la rubia dio un salto en su pecho y sintió las lágrimas aflorar a sus ojos.
-¿Me has mentido?- preguntó rezando para que no fuera el caso
-¡Nunca, Emma, nunca te he mentido! ¡Todo lo que te he dicho es la verdad!- afirmó cerrando fuertemente sus párpados –Pero…hay una parte de la historia que jamás te he contado
La respiración de Emma se petrificó en sus pulmones y presintió que iba a ser testigo de una revelación que podría hacer tambalear lo que pensaba sobre Regina. Quizás incluso el amor que le tenía.
-¡Quiero que me lo digas!- murmuró –¡Quiero que me digas la verdad, no quiero escucharla de su boca sino de la tuya!
El rostro de la morena cambió de nuevo, se sentía incapaz de hacer tal confesión a su novia, pero si iban a vivir sus últimos momentos, al menos le debía eso.
-¿Y?- preguntó Narcissa sacudiendo su arma
-Lo contaré- susurró dolorosamente Regina uniendo sus manos- Narcissa y yo fuimos a ver a Leopold. No para que asumiera su papel de padre sino porque Narcissa me había convencido de que había que hacerle pagar
-¿Ha…hacerle pagar?
Regina asintió y retomó calmadamente el relato
-Yo necesitaba que él confesara su crimen, que me reconociera como a su víctima. Entre mi madre, que ignoraba mis quejas, y la ausencia de mi padre…yo…necesitaba eso. Pero…
Hizo una pausa mirando el cielo para no dejar caer sus lágrimas. Después, volvió a centrarse en la dulce mirada de la rubia.
-Pero allí, todo se fue de las manos. Narcissa había conseguido un arma…
-Por petición tuya- completó la rubia deleitándose ante la expresión del rostro de Emma.
-¡Yo estaba aterrorizada!- gritó Regina, en su voz se dejaba transparentar el sollozo; sacudió la cabeza y volvió a centrar su atención en Emma –No quería que él pudiera hacerme daño. Cuando llegamos a los establos, ya nos esperaba. Por supuesto, lo negó todo en bloque…dijo…oh, por Dios…dijo que a mí me había gustado, que incluso yo…yo había…
La palabra no le venía, aún era muy doloroso. Cerró los ojos y sus cejas se plegaron ante el esfuerzo que tuvo que hacer para pronunciarla.
-…gozado. Yo estaba devastada y tampoco podía entender cómo había podido sentir placer durante un acto tan atroz…fue mucho más tarde que comprendí que había sido un acto…puramente mecánico…
-Yo no lo diría así, ella comprendió más tarde que ser tomada por la fuerza le gustaba- contestó Narcissa.
Emma sacudió la cabeza cerrando los ojos, en ese momento sentía nauseas. Hubo un corto silencio y Regina continuó.
-Cuando él habló de…ese…de eso, Narcissa le disparó diciendo…que nadie aparte de ella podría tocarme.
-Oh Darling, no lo dije así exactamente… Nadie más que yo hará que te corras, Darling
-Da igual, nos encontramos con un cadáver en las manos. Pero…al mismo tiempo…
-¡Boom! ¡El bastardo!- suspiró teatralmente Narcissa -¡Acto tres!
-Henry nació en ese momento…El final de la historia la conoces…
-¡No! Ella conoce tu versión, pero ¿qué pasa con la mía?
-Narci…
-Esos años golpeándome, acosándome, asustando a tu hijo…Créeme Emma, la malvada de la historia no soy yo, he intentado hacer de todo para que Regina me quisiera, pero ella intentó cambiarme como ciertamente ha hecho contigo. Te hace creer que es por tu bien, pero en verdad, ella saca algo de esa sumisión que tú le das.
Emma sabía que Narcissa intentaba confundir su cerebro, pero tenía mucha fe en Regina, la amaba demasiado.
-¡No la creo!
-¿Por qué te ha mentido sobre su apellido si tiene plena confianza en ti? ¿Por qué no contarte la muerte de Leopold? Hay tantas cosas que ignoras, Emma Darling. ¿Nunca te has dado cuenta de nada particular cuando mantienes sexo con ella? Un brillo en sus ojos, ella siempre espera gestos firmes, un poco de brutalidad…¿no?
-¡Creo que…usted está enferma!- articuló Emma notando que su respiración se volvía entrecortada.
Narcissa estalló en carcajadas y sonrió girándose hacia Regina.
-Venga, Gina…debes aburrirte enormemente con esta estudiante…¿le has enseñado tu juguete favorito?
Regina estaba rota, ya no podía contestar, ya no podía decir una palabra. La lluvia se deslizaba sobre su camisa y notaba que el viento helado la envolvía por entero.
-Oh…Emma, tienes tanto que saber sobre Regina, una pena que no te quede tanto tiempo para eso…- murmuró Narcissa acercándose algunos pasos.
-¡No la tocarás!- amenazó Regina
Narcisa blandió su arma apuntando el corazón de Regina, puso un rictus divertido.
-Me temo que no estás en posición de negociar, Gina- se burló ella usando el nombre que Emma daba a su novia –En primer lugar, quiero que me digas dónde puedo encontrar a Henry y después, quizás me plantee dejarte con vida
-¡No, ni hablar! ¡Puedes matarme, infringirme los peores tormentos, no te diré nada!- escupió ella
-En ese caso…
Narcissa cambió de diana y apuntó a Emma.
Regina lanzó un pequeño grito, sentía que la situación se le escapa totalmente de las manos y la precipitaba hacia un dilema que nunca hubiera creído posible. Su hijo o la mujer a quien amaba. Se puso delante del cuerpo de Emma para que Narcissa no pudiera alcanzarla.
-¡Apártate!- ordenó la rubia quitándole el seguro al arma
-¡Narcissa, por favor, hay otro modo!-argumentó Regina -¡Narcissa, mírame! ¡Mírame! ¡Es verdad, tienes razón, echo de menos el sexo contigo, te echo de menos! Nuestras disputas, nuestras reconciliaciones…¡Lo echo de menos todo!- dijo ella precipitadamente –¡Jamás he tenido una…una noche tan hermosa como las que viví contigo!
Narcissa esbozó una sincera sonrisa.
-¿Finalmente has comprendido?- preguntó
Regina tragó con dificultad y asintió
-Ven- dijo la rubia tendiendo su mano huesuda.
La amazona hizo un esfuerzo sobrehumano para dar un paso hacia ella, después un segundo…Narcissa pasó después un brazo posesivo alrededor de su cintura y hundió sus labios en los de ella para besarlos, morderlos…Finalmente, retrocedió un paso y entrecerró los ojos.
-¡Ya no necesitamos a tu juguete sexual!- dijo ella elevando el arma hacia Emma
-¡No!- Regina volvió a colocarse delante de la estudiante –Espera, podríamos…podríamos usarla…Yo…¡Emma! ¡No!- gritó Regina tomando consciencia de lo que estaba pasando.
Emma notó inmediatamente el olor a pólvora y la descarga que sintió en el brazo le dio la sensación de morir. La mano de Regina aún estaba en su brazo, tenía la boca entreabierta y los ojos llenos de lágrimas.
-¡Oh no!- dijo ella en un sollozo que sacudió el cuerpo de la rubia.
Emma parpadeó y hundió su mirada en los ojos de la mujer que había destrozado la vida de Regina Mills. Tenía una mirada se asombro, una expresión estúpida en su rostro. Soltó su arma que cayó al mar agitado y cayó primero de rodillas. Emma también bajó a su vez el arma y retuvo a Regina por la cintura. Esta le arrancó el arma de las manos y se precipitó hacia el cuerpo de su primer amor.
-¡No! ¡No vayas!- ordenó Emma
-¡Emma! ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hemos hecho?- gimió la morena dejándose caer de rodillas al suelo.
Emma se acercó al cuerpo de Narcissa que ahora estaba de espaldas. Sus pies pataleaban sin duda porque no lograba hacer llegar aire a sus pulmones perforados. Jadeaba lanzando miradas furiosas hacia Emma que se arrodilló a su lado.
-¡Nunca más le volverás a hacer daño! ¡Va a vivir tranquilamente con Henry mientras tu cuerpo se pudrirá bajo tierra!
Narcissa intentó aferrarse a Emma, pero su mano no pudo hacer sino burdos movimientos mientras que su boca se llenaba de sangre espesa y ferruginosa. Estaba ahogándose en su propia sangre, sus ojos se ponían rojos, después los vasos sanguíneos estallaron alrededor de sus bellos orbes. Su brazo golpeó el suelo y sus pies dejaron, poco a poco, de moverse.
-¡Emma!- gritó Regina en lágrimas -¿Qué hemos hecho?
-¡Policía! ¡No se muevan! ¡Quédense donde están!- gritó una voz a unos metros de ellas. Alzaron la cabeza para ver a dos policías aparecer por la carretera que Narcissa había cogido cuando chocó contra su coche.
-¡Regina, no digas nada!- susurró Emma alzando las manos por encima de su cabeza
-¡Regina, haz como yo! ¡Levanta las manos! ¡Gina, levanta las manos!
Emma avanzó hacia su compañera y mantuvo una mano en alto mientras que con la otra agarraba la nuca de la morena para juntar sus labios. Mantuvo su frente contra la de ella y aprovechó para clavar sus ojos esmeraldas en los cálidos marrones.
-¡Regina, levanta tus manos, todo irá bien!
Los policías saltaron sobre la espalda de la rubia y la tumbaron al suelo.
-¡Emma!- gritó la morena, asustada -¡Basta! ¡Déjenla tranquila! ¡No le hagan daño!
Un policía también la tumbó al suelo a ella.
-¡Todo va ir bien, todo va a ir bien!- repetía Emma como un soniquete.
-¡No les digas nada, Emma! ¡No les digas nada!- susurró Regina notando cómo le esposaban las manos a la espalda.
Tachán. Bueno ya hemos llegado al clímax de la historia. Quedan siete capítulos y un epílogo. Y si no recuerdo mal, es ahora cuando ambas deben hacer acopio de fuerza y voluntad para superar todo lo que les viene encima.
