Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hola de nuevoooo!

Volvemos una semanita más y cómo siempre me gusta comenzar dándoos las gracias por lo maravillosas que sois dedicando un poco de vuestro tiempo a la historia. MUCHAS GRACIAS.

Esta semana comenzamos con un capítulo de Bella. A ver qué nos cuenta.

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PLANTARLE UN BESO EN LA BOCA ESTÁ FUERA DE LUGAR

BPOV

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Miraba estas paredes y no me podía creer que fuera real.

Habían pasado seis meses desde que entró el primer operario por la puerta del destartalado local con Julius y Celine dando gritos y ahora era un restaurante en todo su esplendor. Bueno, lo sería cuando la limpieza fuera completa y la decoración y utensilios de cocina pudieran comenzar a llegar. Ya habían acabado las obras y los elementos decorativos estaban dispuestos… Parecía increíble que estuviéramos llegando al final del camino.

En poco más de dos meses teníamos previsto inaugurar el local, si todo iba sobre la marcha. Ahora comenzaba lo peor de todo, la promoción. El departamento de Marketing de Volturi's había tirado la casa por la ventana y habían conseguido hasta algunos minutos en los programas de televisión para hacernos entrevistas.

Jake gruñía desde el día que se lo expliqué por primera vez.

A pesar que desde que volvimos de Forks había decidido tener la mente más abierta, comenzaba a estar preocupado por el ritmo vertiginoso que implicaba todo el proyecto del Fantasía

¡A buenas horas!

Yo llevaba seis meses corriendo de un lado a otro durante meses, ahora, el tramo final, no notaría la diferencia. Aunque Jake tenía razón, ahora teníamos muchos frentes abiertos que amenazaban mis horas de sueño sin piedad.

La lista era inacabable: acabar de ultimar el training y contratación del nuevo personal, estar pendiente de todos los trámites burocráticos que requerían de nuestra autorización, ultimar los detalles de decoración y, además, estar pendientes de los cambios de última hora en la carta. Era difícil saber cómo encajaríamos todo ese trabajo, con el funcionamiento del Sublime y la promoción sin acabar ingresados por agotamiento.

-¿Hay alguien? – escuché a Edward en la lejanía amortiguado por el sonido de las paredes. Aun había un poco de eco debido a que no todo el mobiliario estaba aún colocado.

Desde la pedida de mano de Rose, hace ya casi tres meses, habíamos mantenido algo así como una relación con Edward. No era una al uso, debido a mi trabajo no habíamos salido nunca en una cita, pero nos encontrábamos en mi apartamento casi todas las semanas al salir de nuestras obligaciones. Él traía algo de comida o la preparábamos juntos, veíamos una peli e intentábamos tener la ropa puesta más de media hora… pero nunca tardábamos mucho en buscar el cuerpo, las caricias y los increíbles momentos de pasión que compartíamos. Algo así como amigos con beneficios… O conocidos con beneficios, tampoco habíamos llegado nunca a tener una amistad y sí mucho sexo. Y muy bueno.

Al principio me había costado acostumbrarme a tener que disimular delante de nuestros amigos, Rose me conocía demasiado bien y Alice era muy perceptiva, o en las reuniones con el equipo de Volturi's, pero siempre había un momento en el que alguien no miraba para robarnos alguna caricia o alguna aclaración de términos legales, no demasiado necesaria, en el despacho de Edward que me permitían besar esos labios que me tenían robada la voluntad y así poder aguantar un rato más aparentando indiferencia ante un hombre que estaba haciendo que mi mundo estuviera dándose la vuelta.

No habíamos hablado más sobre qué era lo que estábamos haciendo o a dónde nos llevaba todo esto. Nos lo pasábamos muy bien juntos, había complicidad y desde luego en la cama había una conexión y pasión que no había sentido con nadie. Una mirada suya o un simple toque casual y mi piel quedaba electrizada y necesitada de él.

Edward siempre me había demostrado lo mucho que lo afectaba. Sabía que esta aventura para él le provocaba tanto como a mí, en nuestros deseos más primitivos, pero no estaba tan segura, que a pesar del tiempo que llevábamos con ella él quisiera algo más. Yo tampoco tenía tiempo de plantearme nada y mucho menos comenzar una relación. Eso requería tiempo y dedicación a tu pareja y yo carecía de tiempo ahora mismo. Con la próxima apertura había días que no tenía tiempo ni fuerzas ni siquiera para que Edward se acercara a casa ¿¡Cómo iba a plantearme tener una relación con nadie?!

Hacía años que no tenía una relación con alguien y me había vuelto muy celosa de mi independencia. Había aprendido a vivir sola, a no preocuparme por nadie más que mi misma. Sin explicaciones o dolores de cabeza. Sin los miedos ni las vulnerabilidades que aparecen cuando dejas entrar a alguien profundamente en tu corazón. No estaba segura de querer desprenderme de eso. Me sentía protegida dependiendo de mí y no de alguien.

Además… Él seguía llevando ese maldito anillo. Yo sabía que siempre había sido muy irracional con el hecho que siguiera llevando la alianza… ¿Pero qué clase de futuro me podía plantear con una persona que sigue llevando el símbolo de amor y pertenecía hacía otra mujer?

-Estoy aquí – chillé al escuchar sus pasos llegar hasta la sala.

Edward iba vestido con un traje azul oscuro que le quedaba perfecto. No llevaba abrigo aunque las temperaturas aún eran frescas. Un día me había podido la curiosidad y le había preguntado de dónde sacaba esos trajes tan perfectos. Me confesó que Alice lo obligaba a ir a un sastre a hacérselos a medida. Solo podía agradecer a Alice porque la visión de Edward en traje era de las cosas más excitantes con las que había tenido el placer de toparme.

-¡Guau! Está espectacular – admiró el local con orgullo.

En el fondo esto también era un poco de él… Y de Carl y Andrea y todo el equipo de Volturi's que había conseguido plasmar lo que queríamos Jake y yo para nuestro nuevo restaurante.

-Supongo que te refieres al restaurante, ¿no? – bromeé haciendo un puchero.

Edward me miró con una sonrisa de medio lado, me había hecho adicta a ellas. Siempre que me regalaba una lo que venía después era casi como alcanzar el paraíso.

-Oh, preciosa – me dijo acercándose a mí para tirarme hacia él con un sugerente agarre en mi cintura – Tú eres escandalosamente espectacular – dijo dejando un beso en la comisura de mis labios– pero te prefiero cuando estas entre mis brazos…Desnuda, y a poder ser, chillando mi nombre – acabó con esa voz profunda que iba directamente a mis entrañas.

Tiré de su cuello para poder besar sus labios que llevaba tanto rato negándome. Lo había echado de menos. Llevábamos casi dos semanas sin vernos… íntimamente. Más allá de alguna reunión fugaz en la empresa. Él había estado muy liado con una cuenta nueva de Volturis y yo acabando de montar todo el restaurante.

-Te he echado mucho de menos – me confesó como si hubiera leído mis pensamientos.

Dio unos pasos hacia atrás, llevándome con él, hasta que se apoyó en una mesa robusta que había en la sala. Era de las pocas mesas que ya estaban dispuestas en el local. Quedé encajada entre sus piernas mientras él me abrazaba y jugaba distraídamente con mi cuerpo dejando caricias a través de mi molesta ropa.

-Yo también – admití dejándome llevar por el cansancio apoyando mi cabeza en su hombro. Él dejó un beso en mi frente sacándome una sonrisa perezosa. Eran estos momentos con Edward los que me hacían desear algo más a pesar de mis habituales reparos.

-Y dime preciosa tienes fuerzas para aceptar una invitación – me preguntó misteriosamente despertando mi curiosidad –

-¿Una invitación? – repregunté sin querer meter la pata. ¿Acaso me estaba pidiendo una cita?

-He pensado que como hacía días que no nos veíamos y hoy los dos nos hemos librado antes de nuestras obligaciones podíamos aprovechar e ir a cenar a algún lado… - me propuso y mi corazón traicionero aleteó como no lo había hecho en todos estos meses y eso era mucho decir porque si algo conseguía Edward era alterar mis constantes vitales.

-¿Me estás pidiendo una cita, Edward Cullen? – intenté sonar ligera pero mi cabeza iba a mil por hora.

Edward sonrió.

-Sí, Bella, te estoy pidiendo una cita. – me aseguró- Creo que ya iba siendo hora.

-¿Y podrás mantener tus manos quietas? – le provoqué porque nunca en todas las veces que nos habíamos encontrado en mi apartamento había sido capaz de mantenerse alejado de mí….Ni yo de él.

-Haré mi mejor esfuerzo. – me prometió aunque una sonrisa maliciosa seguía bailando en sus labios.

-No puedo decirte que no cuando me lo pides así – le dije quizás un poco animada por el ambiente que había creado con sus caricias y su seguridad.

Normalmente intentaba no revelar mucho que toda esta aventura me provocaba. Yo misma había sido la que le había pedido mantenerlo en secreto y sabía que eran mis miedos a que él me estuviera usando para olvidar a su mujer y mi falta de experiencia en tratar con relaciones duraderas lo que hacía que no compartiésemos más que momentos en mi apartamento y en mi cama, pero esto me había hecho ilusión.

-Pues vámonos antes que te arrepientas o me sigas mirando así y no pueda mantener mi promesa y probemos la resistencia de estas bonitas mesas– sugirió dándome un rápido beso en los labios.

Llegamos a un pequeño restaurante italiano, La Bella Italia, y al entrar me inundó el olor a salsa de tomate con especias. Ese olor a tradición. Era un lugar sin pretensiones pero con una simple ojeada a los platos de alguno de los clientes que ya estaban disfrutando de su cena se me hacía la boca agua.

Una mujer de mediana edad se acercó a nosotros con una sonrisa en cuanto vio a Edward. La verdad es que era asombroso verlo tan distendido. Era muy alto y destacaba en este local tan pequeño. Me preguntaba qué imagen debíamos proyectar. Él tan imponente y elegante con su traje a medida y yo con unos tejanos y camiseta que era toda una suerte que no estuviera manchada después de estar todo el día en el restaurante entre cajas y mesas en proceso de montaje.

-Tengo tu mesa preparada Edward. Un placer verte tan bien acompañado. Déjame decirte que es mucha mejor compañía que Caius – bromeó con él. Debían conocerse para tratarse con esa familiaridad.

-Bella, te presento a Antonella… - me acercó Edward a él y tendí mi mano a la dulce mujer – Ella y su marido Piero hacen la mejor pasta de toda la ciudad y gracias a ellos no nos morimos de hambre durante las jornadas maratonianas de trabajo – añadió mientras nos movíamos entre las mesas.

El lugar era todo lo que podías esperar de cualquier restaurante italiano desde la mantelería de cuadros hasta los cuadros con imágenes del mediterráneo colgando de las paredes y, aun así, tenía algo que lo hacía único.

Nos acomodamos y Antonella nos dejó la carta mientras Edward pedía la bebida. Estaba segura que se lo sabía de memoria.

-Así que venís mucho por aquí – Dije refiriéndome al comentario que nos había hecho Antonella al llegar.

Había notado que a Edward no le gustaba mucho hablar de Caius conmigo… Las reuniones en la que él estaba presente, aunque Edward nunca me había hecho ningún comentario, lo dejaban tenso y con un humor muy voluble. Comenzaba a conocerlo lo suficiente para ver como torcía el gesto, casi imperceptiblemente, cuando Caius me llamaba Dulce Bella o hacía algún comentario tan característico suyo. Siempre me los había tomado en broma y nunca le había dado pie a nada, pero ahora me incomodaban. No por mí, sino por lo que causaban en Edward.

-Estoy seguro que ella y Piero se pensaban que éramos pareja de todas las veces que hemos llegado a venir a comer o hasta a cenar cuando las reuniones se alargaban demasiado. – bromeó.

Sabía que el aprecio entre Edward y Caius era mutuo, y aunque nunca había hablado con él de tema, estaba segura que eran amigos, en parte porque los dos tenían visiones muy similares de lo que querían para la empresa y eso les había unido. Muchas veces tenía la sensación que hacían un frente común contra los otros hermanos de Caius, que según me había contado él mismo pensaban que no era lo suficientemente responsable para llevar la empresa. En cierta manera Edward era el único apoyo para Caius en esa empresa y yo no quería que un malentendido entre ellos, por mi culpa, lo echara todo a perder.

-¡Qué perdida para las mujeres de esta ciudad! Tú y Caius como pareja – me reí.

Edward no me contestó pero me miró entrecerrando sus ojos.

-¿Qué? – Pregunté al no entender su mirada.

-Nada… nada – contestó sacudiendo la cabeza - ¿Ya sabes qué vas a comer? – preguntó cambiando de tema.

-Pediría toda la carta. – Admití – Pero me decantaré por la lasaña.

-Te dejaré probar mis espaguetis si te portas bien – me aseguró recuperando su humor.

-¿Qué yo me porte bien? No me hagas hablar Edward Cullen– le amenacé con un dedo mientras me inclinaba hacía delante en nuestra mesa.

Él me cogió el dedo entre los suyos y tiró de mi mano hasta que estuvo lo suficientemente cerca para dejar un beso en ella.

-Palabras…. Palabras – me retó fijando sus ojos verdes en los míos.

Escuchamos a alguien aclarándose la garganta.

-Siento interrumpir, ¿Habéis decidido ya? – nos preguntó Antonella mientras llenaba nuestras copas de vino con una sonrisa y una mirada cálida.

Hicimos nuestra comanda intentando no reparar mucho en la manera qué nos miraba la entrañable dueña del restaurante. No había que ser muy inteligente para saber qué estaba pensando…. Que éramos una pareja…. Una de verdad. Y por mucho que intentara no pensar mucho en ello para protegerme, era lo que parecíamos y lo que en estos momentos las miradas y el toque de Edward me hacían sentir. Estaba únicamente pendiente de mí, como siempre que estábamos juntos. Él me había jurado, y cada día se encargaba de dejármelo muy claro, que cuando estaba conmigo solo pensaba en mí. Sospechaba que Edward se había dado cuenta que era una persona más de actos que de palabras y se había empeñado en demostrarme que esto era una cosas de dos. Y yo lo quería creer.

-Me voy a poner celoso de esa lasaña – susurró Edward cuando al probar la deliciosa lasaña solté un imperceptible gemido.

Encogí mis hombros e intenté sonreír de lado igual que él hacía. Solo esperaba que no quedara como una mueca extraña.

-Es tu culpa por traerme a este sitio… Es la mejor pasta que he comido en siglos. Y mira que mi lasaña es de mis mejores platos – dije retirando el plato al ver que se acercaba con su tenedor a mi lasaña - ¡Ladrón! – exclamé divertida.

-Solo un trozo… Te prometo compensarte más tarde por lo que te quite ahora – susurró sugerentemente haciéndome arder con la perspectiva.

Rodeé los ojos y le acerqué el plato como una buena chica.

-No está mal pero no cambio mis espaguetis por nada del mundo – declaró muy orgulloso de su elección y yo solo pude sacarle la lengua justo antes de robarle un poco de comida igual que él había hecho conmigo.

Acabamos de cenar tranquilos y entre bromas. Me sentía tan bien que no quería que acabara nunca esta noche. Hacía algo así como mil años que no salía en una cita con nadie y me sentía tan bien tratada y tan… tan… querida.

Edward insistió en pagar él así que aproveché su testarudez para ir al lavabo mientras se hacía cargo. Tiré un poco de agua por mi cara para intentar aclarar mi mente. Estaba luchando contra mis ganas de dejarme ir con él. De dejar de cohibirme pensando en que él se iba a arrepentir y vivir este momento plenamente el futuro fuera el que fuera ya tendría tiempo de enfrentarlo. De dejarlo entrar entre mis seguros muros.

Salí del baño intentando grabar esas resoluciones a fuego en mi dura cabeza cuando escuché la voz de Antonella. Edward quedaba de espaldas a mí y no me vio. Suerte que era tan alto que tapaba completamente a la pequeña mujer y ninguno de los dos me pilló metiendo mis narices en conversaciones ajenas.

-Te ves feliz Edward… Ella te hace feliz, vive eso y no en el pasado – escuché que le decía.

Él no respondió y hubiera dado los pocos ahorros que me quedaban después de la inversión en el restaurante por ver la cara de Edward. ¿Cómo se lo habría tomado? La única cosa que pude ver fue como Edward acariciaba con cariño los brazos de Antonella.

Decidí que lo mejor era salir de mi escondite antes de que a Edward le diera por buscarme y me cazara espiándolo.

-Ya estoy aquí – dije apareciendo por detrás de él que se giró inmediatamente con una sonrisa.

Al menos no parecía muy afectado por lo que le había dicho la mujer.

-Vamos pues – dijo cogiendo mi mano.

-Ha sido un placer venir… su comida es espectacular. – loé el trabajo que hacían ella y su marido. Era un pequeño lujo que sobrevivieran a la competencia tan brutal y a veces bastante deshonesta de las grandes cadenas de restauración y sobretodo lo hicieran manteniendo su esencia.

-Volved pronto, es maravilloso tener a gente tan dulce como vosotros en casa – dijo en forma de despedida.

-Le has gustado – me dijo Edward mientras tiraba un poco de mí y me colocaba un brazo por encima de mis hombros. Estaba tan cómoda en sus brazos y tan resguardada de la brisa de la noche que no quería llegar nunca a casa. – Y es algo difícil. He visto echar a gente de su restaurante por pedir kétchup. – me explicó divertido.

-Más gente como ella necesita el gremio – declaré orgullosa de compartir profesión con gente como ella.

-No te imagino echando a nadie del restaurante…. Más bien ignorando sus peticiones y haciendo lo que te da absolutamente la gana hasta que se marcharan aburridos de ser ignorados– me dijo acertando de lleno. Reí por ello.

-Sí supongo que esa soy yo. Además, para hacer uso del derecho de admisión tengo a Jake… él hace el trabajo sucio mientras yo me escondo detrás de las cazuelas – reafirmé su predicción. Él dejó un beso distraído en mi cabeza.

No tardamos mucho en llegar a casa. A la mía como siempre. Sabía que él ya no vivía en el mismo lugar que había compartido con Jessica pero aun no me sentía con ánimos de entrar en su espacio vital. Edward, una vez más, no había hecho ningún comentario al respecto. No sabía si lo había notado, pero nunca dio muestras de que le molestara esa decisión no tacita que habíamos tomado.

-¿Subes? – pregunté girándome y pasando mis brazos por sus hombros. Con mis deportivas me tenía que poner de puntillas para hacerlo. Era algo incómodo, pero nos la arreglábamos.

-Pensé que nunca me lo preguntarías – me guiñó el ojo descaradamente.

El trayecto en el ascensor fue tentador… Si alguien sabía jugar con la expectativa y las miradas abrasadoras ese era Edward Cullen. Ay, si los ascensores de Volturi's o de mi edificio hablaran… No sé qué tenían estas máquinas pero desde que compartí el primer viaje con él conseguían que me planteara seriamente mi vena exhibicionista.

Nos besábamos desesperados, aplastada contra la pared del maldito ascensor mientras intentaba acercarlo más a mí tirando de sus caderas, escuchando un pequeño gruñido cuando llegamos a mi planta y tuvimos que separarnos para llegar a mi apartamento.

Al entrar la ropa voló de nuestro cuerpo. Era un toque desesperado por volver a encontrarnos después de tantos días sin hacerlo. Necesitaba esa conexión. Era lo único que me permitía tener con él… No había llamadas románticas, ni mensajes, ni nada… Era nuestro único contacto. Nuestras pieles y nuestra sed imposible de calmar. No podía renunciar a esto.

Escuchamos el maullido de Crookshanks. Siempre que Edward venía huía a una pequeña habitación que no usaba para nada concreto y no salía hasta que estaba segura que él se había ido. Esta gata no llevaba bien la presencia masculina en casa.

Edward me cogió dejándome en el sofá y devorando cada parte de mi cuerpo con sus besos y sus caricias.

-Edward de verdad te necesito ya – le dije intentando hacer que parara de alargar mi tortura y me diera lo que necesitaba de una maldita vez.

-Impaciente – me susurró tirando de mi oreja – Solo…. Mierda déjame que vaya a buscar los condones… me he quedado sin. – me dijo intentando separarse de mí para ir a la habitación a buscarlos. Tanto él como yo nos encargábamos de ir rellenando el cajón dónde los guardaba cuando nos quedábamos sin existencias.

-¡Mierda! Me he olvidado de comprar – me acordé que había insistido en que sería yo quién los comprara esta vez.

Edward bufó apoyando su frente en la mía. Si yo estaba ardiendo, también podía sentir su cuerpo despierto por nuestras caricias y su, más que dura, necesidad.

Llevé mis manos a su espalda acercándolo más a mí, acomodándome para que quedara entre la jaula de mis piernas.

-Edward yo estoy con la píldora y estoy limpia – me animé a proponerle – Si… Yo… estoy dispuesta si tú quieres.

-¿Estás segura? – me preguntó con su voz afectada. En este momento ninguno de los dos estábamos para muchas palabras.

Cabeceé mientras sentía como se introducía en mi interior haciéndonos gemir. Comenzamos a movernos como nunca antes lo habíamos hecho. Sentirnos directamente sin nada entre nosotros lo volvía todo más intenso, más íntimo. Mi orgasmo me inundó de tal manera que casi me dejó sin capacidad para respirar. Sólo era consciente de Edward reteniéndome fuertemente en su brazos haciéndome sentir segura mientras continuaba empujando dentro de mí hasta que llegó a su liberación.

No sin dificultades nos movió en el sofá hasta que ambos estuvimos cómodos para recuperarnos. Me apretó en sus brazos haciéndome sentir segura. Como siempre. Y aunque yo sabía que en estas cosas de amigos con beneficios toda la parte de las citas y los mimos post coito no son necesarios para mí se habían convertido en una parte casi imprescindible.

-Buenos días dormilona – sentí como mi rostro se inundaba de besos.

Edward se había quedado toda la noche. No siempre lo hacía, dependía de como de cansados estuviéramos, pero cada vez era más frecuente amanecer junto a él cuando pasábamos la noche juntos.

-Hola – dije ahogando un bostezo perezosamente.

-Me voy. Tengo que pasar por casa a cambiarme. – anunció mientras seguía acariciando mi cara. – Nos vemos a las once…. – me recordó la reunión con el equipo de publicidad antes de besarme en la boca y marcharse.

Cada vez estaba más perdida en él. Completa y absolutamente encaprichada por Edward Cullen. ¿O sería algo más? Aun no estaba preparada para contestar a esa pregunta, eso significaría autodemoler mi muro de protección y admitir que estaba dejando entrar a Edward y no quería admitirlo.

Decidí dejar de pensar en cosas para las que no estaba preparada y levantarme para ducharme y poder comenzar mi nuevo y estresante día.

Llevaba seis meses corriendo.

Mi vida transcurría siempre a la carrera. De un restaurante al otro. De reunión a otra reunión. Siempre con prisas y llegando sobre las agujas del reloj a todos los sitios.

Intentaba acompasar mi respiración mientras me dirigía al escritorio de Tanya. Esta chica era la persona más eficiente que había conocido en mis veintiocho años de vida. Me preguntaba si tendría un clon para contratarla para el Fantasía. ¡Dios sabe que necesitábamos con urgencia un gestor de sala y reservas eficiente!

-¿Un poco de agua? – me ofreció divertida.

Se había convertido en una costumbre…. Su mesa era mi parada de avituallamiento personal. Siempre me daba unos minutos para recuperarme antes de lanzarme a los leones.

Mientras que Tanya iba a buscar la botella de agua fresca que siempre tenía preparada para mí ¡Sabe Dios cómo se habría dado cuenta de cuanto las necesitaba! Me senté en las butacas que quedaban delante del despacho de Edward.

Aún estaba recuperando el aliento cuando vi salir a mi tortura personal por la puerta. No llevaba la chaqueta de su traje, las mangas de su camisa estaban remangadas dándome un vistazo de sus fuertes brazos y su corbata estaba ausente. Estaba devastadoramente guapo, pero su cara tenía una mueca de preocupación que me llamó la atención.

Iba con la vista fija en el escritorio de Tanya sin percatarse de nada más de su alrededor. Su mueca de disgusto aumentó cuando vio que no había nadie.

-Ha ido a buscarme un poco de agua – sentí la necesidad de defenderla. No había visto nunca a Edward enfadado, pero no me parecía justo que Tanya pagara por mi culpa.

Su rostro se relajó cuando escuchó mi voz girándose de inmediato.

-¿Ya son las once? – preguntó mirando su reloj asombrado. – Me ha pasado la mañana volando. – afirmó.

Sus manos fueron a mi cara para cogerla como siempre hacía antes de darme un beso pero se quedaron suspendidas en aire. Gruñó algo crispado apartándose de mí. Estábamos en público. Eso significaba que no nos hacíamos ningún arrumaco por mucho que lo único que quería era llevar mis dedos a esas arrugas que tenía en la frente y alisarlas hasta que le desapareciera lo que fuera que le inquietaba.

Pero no lo hice.

Como siempre mis inhibiciones ganaron a mis impulsos.

-Ya decía yo que me había parecido escuchar la más dulce de las voces – interrumpió Caius nuestras miradas expectantes. Ambos nos habíamos cohibido.

Edward mudó más el gesto ante ese comentario.

Caius lucía impecable, pero su gesto reflejaba la misma ansiedad que el de Edward ¿Qué habría pasado ahí dentro para que estuvieran así?

-Dame dos minutos y comenzamos. – me dijo Edward intentando recuperar la normalidad y desapareciendo por la puerta de su despacho.

-¿Todo bien? – preguntó Caius cuando llegó hasta mí.

Asentí forzando una sonrisa justo cuando Tanya llegaba con mi botella de agua y se iba a preparar la sala de juntas.

-¿Preparada para el siguiente paso de tu proyecto? – Caius no formaba parte del equipo, pero siempre se mantenía al día de todo lo que ocurría con el Fantasía.

Desde que me había salvado de aquella noche de borrachera en el club mi cariño hacia él había aumentado y, aunque seguía haciendo esos comentarios dejando claro que no se acababa de rendir, cada vez parecía tener más asumido que entre él y yo nunca habría nada. Tenía la sensación que nuestra relación comenzaba a virar hacia la amistad, por ambas partes.

-Sinceramente, ni un poco – comenté desesperada. – No sé qué narices voy a explicar en esas entrevistas. ¡Encima me han dicho que quieren que salga en la televisión! ¡Yo! Como si eso fuera a ser algún tipo de aliciente para que la gente venga al restaurante– bromeé haciendo que él rodara los ojos dramáticamente.

-Isabella Swan eres una rompecorazones…. Vas a enamorar a toda la puñetera ciudad como lo has hecho con todos nosotros… Algunos más que otros, déjame añadir – acabó guiñándome el ojo. Esta vez fue mi turno de rodar los ojos por el halago un millón.

-¿Listos? –nos interrumpió muy serio Edward, esta vez pulcramente vestido. - ¿Vienes a la reunión Caius? – preguntó situándose a mi lado.

-No. Aprovecharé para ir adelantando lo que estábamos haciendo – dijo y a mí me pareció la preocupación se volvía a instalar en la cara de estos dos hombres – Cuídala, dice que no sabe qué hará en la tele – dijo sorprendido como si mis dudas fueran lo más absurdo del planeta.

Se fue sin añadir más dejándonos a Edward y a mí solos.

-No te ves con claridad, Bella… - dijo Edward mientras me miraba profundamente.

-Y tú exageras como siempre. ¡Vamos, acabemos con esta tortura! – le dije golpeando suavemente su pecho antes de marcharme hasta la sala de juntas dónde siempre nos reuníamos.

Josefine, la responsable de la publicidad del proyecto, ya estaba dentro hablando con alguien a quien no veía. Cuando Edward se hizo notar se apartó dejándome ver a esa mujer que no había olvidado en todos estos meses y que ahora estaba sonriendo a Edward como si no existiera nada más en el mundo.

Irina es como una hermana para mí.

Me había dicho Edward hace meses y yo no le había creído ni una palabra. No por él sino por ella y lo peor de todo era que me tenía que aguantar porque yo misma había sido la que le había pedido mantenerlo entre nosotros. Solos tú y yo. Así que girarme y plantarle un beso en toda la boca a Edward estaba completamente fuera de lugar, por mucho que fuera lo único que quería hacer ahora mismo.

-Bella, te presento a Irina Witherdale. Es una amiga de la infancia y trabaja en el matinal de la televisión local, ella se encargara del reportaje al Sublime y el Fantasía. – me introdujo y yo sentí aún menos ganas de comenzar a publicitar mis propios restaurantes.

En el programa de la mañana de canal local habían iniciado una sección que se encargaban de entrevistar a emprendedores de la ciudad y Josefine había conseguido que se interesaran en Jake y en mí… Aunque, sabiendo que la perfecta Irina estaba trabajando en él sospechaba que el atractivo cobrizo que estaba a mi lado tendría algo más de culpa que su directora de Marketing.

Durante estos meses, me había ido integrando poco a poco en el grupo de Edward. Rose casi me arrastraba y si no lo hacía ella se encargaba Alice, que desde que había conseguido mi número de teléfono no necesitaba ningún intermediario para presionarme a que fuera a sus quedadas. Me sentía muy cómoda con ellos y, siempre que consiguiera mantener mi libido a raya, las disfrutaba mucho. Eran el grupo de amigos más extenso que había tenido nunca. Pero a pesar de eso, había perfeccionado la técnica de interrogar a Rose para saber si Irina se iba a unir a esas reuniones y entonces no iba. No estaba segura de poder salir indemne si volvía a presenciar la cercanía con la que había tratado a Edward aquel día tan lejano en el pasillo de la empresa mientras yo me había autoimpuesto no hacerlo en público.

Sabía que Edward se había dado cuenta de mi nada sutil estrategia, sus comentarios jocosos cuando llegaba a mi casa después de ir a alguna comida con sus amigos en la que estaba Irina me lo habían dejado claro, pero yo había preferido hacer oídos sordos a pesar de sus intentos de aclararme que eran solo amigos.

-Encantada – intenté sonreír mientras ella ignoraba mi mano extendida y me daba un abrazo.

-El placer es mío. Los chicos no paran de hablar de ti, es una pena que no hayamos podido coincidir nunca en alguna reunión con la pandilla – me contestó animada.

Era condenadamente perfecta la mirases por dónde la mirases.

No solo era bellísima y tenía un cuerpo muy proporcionado. Era simpática y hasta su voz eran como melodiosas campanillas. ¡Por Dios, hasta yo me podría hacer lesbiana por ella cómo no iba a caer Edward en su encanto!

-Últimamente me resulta imposible sacar tiempo para ver a nadie… Supongo que cuando pase todo esta locura tendré más tiempo – me esforcé por ser amable tal y como ella lo había sido conmigo.

Noté el toque de Edward en mi espalda antes de acomodarnos en la mesa y en ese instante todo desapareció.

Solo tú y yo.

-Bien, hechas las presentaciones… comencemos. – anunció Edward que continuó con su mano en mi espalda acompañándome a mi sitio al lado de él en la cabecera de la mesa.

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NA:

Ya tenemos la cita en la Bella Italia, nunca puede faltar en un fic de Twilight jajaja

Parece que las cosas no van mal entre este par. Estoy siendo buena con ellos jajaja ¿Qué pensáis que Caius está ya en la zona de la amistad como piensa Bella? ¿Os preocupa Irina? Ya sabéis que me encanta leer vuestras teorías!

La próxima actualización será el VIERNES.

Nos leemos en el próximo,

Saludos!