Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooooola de nuevo!

Hoy antes de nada pediros perdón por la tardanza. Me he pasado todo el fin de semana de obras en mi hogar y no he tenido conexión a Internet.

Cómo no ha sido un problema de que no estén los capítulos listos, subiré el capítulo del viernes hoy, y mantendré las actualizaciones del miércoles y viernes. Espero de verdad poder hacerlo, pero si habéis estado de reformas sabéis la locura que es y a veces tiran tus planes por el aire jajaja.

Como siempre os dejo con Edward a ver si os resuelve que era eso que hacía con Caius en su despacho que alguna había intuido.

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¿ME ESTÁ PROPIENDO ALGO SEÑORITA SWAN?

EPOV

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-El gilipollas de mi hermano se va a jubilar – me increpó Caius entrando, sin pedir permiso, a mi despacho.

Estaba acabando unos documentos para una empresa de productos biodegradables antes de entrar a la reunión con Bella y el equipo de comunicación.

Algo me decía que iba a ser una reunión interesante. Irina estaría presente. Había estado cubriendo durante unos días una baja en el programa matinal y había decidido que era mucho más interesante que las noticias, así que ahora trabajaba allí. Se encargaba de la producción de los reportajes y por ende en sus manos iban a descansar las entrevistas que le iban a hacer a Bella y a Black.

Bella no me había dicho nunca nada pero no acababa de tolerar a Irina. A pesar de que cada vez era más frecuente verla compartir sus ratos con nosotros, gracias a la insistencia de Rose y Alice, nunca había estado ninguna reunión en la que estuviera Irina. Era algo irracional, igual que sus excusas, pero supongo que la primera impresión que Irina había causado en ella no era algo que estuviera dispuesta a olvidar. Yo intentaba dejarle muy claro, como casi siempre, que no había nada entre nosotros, pero ella seguía negándose a compartir espacio con mi vieja amiga.

Isabella Swan tenía un muro de defensa de su independencia que era tan sólido como una roca. Llevábamos casi tres meses acostándonos y siempre había encontrado excusas para evitar que hiciéramos algo más que eso. No me quejaba, yo mismo era incapaz de controlarme cuando ella estaba cerca, pero me hubiese gustado compartir algo más… pero ella, casi inconscientemente, evitaba cualquier situación de intimidad que no implicara las paredes de su apartamento.

-¿Me estás escuchando? – me reclamó Caius que ya se había sentado en las butacas que había enfrente de mi escritorio.

Desde un tiempo me costaba fijarme en ellas. Culpa de Bella y sus caricias.

-Claro que te escucho, pero no entiendo nada de lo que dices. Porque no comienzas desde el principio – le contesté alejando a Bella de mi mente.

-Ayer estaba cenando con una despampanante rubia en el Four Seasons cuando me encontré a uno de los amigos decrépitos de mi hermano… Anderson… ¿Sabes quién es? – me preguntó y asentí recordando a ese viejo verde – Bien, pues tuvo la decencia de explicarme que Aro está pensando en jubilarse… - continuó mientras la ira se iba apoderando de él.

-¿Y eso es malo? Es lo que siempre habías esperado…. – pregunté un poco confundido.

No era un secreto que los días de Aro hace tiempo deberían haber llegado a su fin. A mí solo se me antojaba beneficioso. Marco no era la persona más abierta de mente, pero sin ninguna duda no pondría ningún problema a muchos de los cambios que Caius tenía en mente para posicionar en el nuevo mercado a la empresa. Marco simplemente se dedicaría a asentir desde su indiferencia absoluta hasta que más pronto que tarde se retirara siguiendo los pasos de su hermano mayor.

-Sí cuando está buscando un comprador para sus malditas acciones – aclaró mortificado.

-¡Maldito bastardo! – exclamé.

Aro nunca había sentido devoción por Caius, pero nunca nadie se habría pensado que sería capaz de llegar hasta esos extremos.

-¿Qué vas a hacer? – pregunté al ver esa mirada tan característica de Caius.

Cuando veía un reto iba a por él sin importarle nada y el capullo sabía moverse en las áreas más grises de los negocios así que rara vez perdía.

-Querrás decir qué vamos a hacer porque te necesito en esto, de ahora en adelante vamos a comenzar a luchar por esta empresa, al fin y al cabo tú también eres socio de ella. Aro ha querido jugar, bien… le vamos a enseñar lo que es jugar fuerte por lo que quieres – declaró con una actitud que me dieron ganas de unirme a él incluso sin saber qué quería hacer.

Era su momento y estaría a su lado antes que del de cualquier imbécil a quien Aro hubiera planeado vender sus acciones.

Estuvimos toda la mañana pensando diferentes estrategias para hacernos con las acciones. Desde las más subterráneas hasta aquellas que eran un choque directo de trenes entre los dos hermanos. Cada vez estábamos más seguros que nos tendríamos que mover en la sutileza sin caer en ninguno de los dos extremos. El dinero era cobarde y cuando se trataba de una empresa familiar, los conflictos siempre hacían tambalear la fortaleza de sus acciones. Así que si queríamos hacernos con la empresa y que ésta continuara siendo solvente al final del camino mejor no volvernos locos con nuestras posturas.

Desde esa mañana habíamos combinado nuestro trabajo en la empresa con la planificación de nuestro ataque a Aro. No era sencillo, pero contábamos con algo que nuestros rivales, que cada vez eran más, no tenían: información.

Aunque eso no era de ayuda en momentos como este. Estaba agotado, tan tenso que mi cuello estaba tan rígido que me costaba moverlo y con tan mal humor que si no fuera porque nos habíamos visto obligados a reclutar a Tanya en nuestra cruzada, ella ya habría salido corriendo para no volver nunca más debido a mis malas pulgas.

-¿Quién? – escuché la voz de Bella a través del interfono.

Ella era lo único que me calmaba últimamente.

-Edward – contesté e inmediatamente escuché el sonido de abertura de la puerta.

Subí hasta su planta apoyado en las paredes de este ascensor que tantas veces había sido testigo de la necesidad entre Bella y yo.

No iba a venir esta noche. Estaba demasiado cansado para nada, por mucho que el cuerpo de Bella fuera todo un revulsivo para mi mente y mi energía, no creía ser capaz de ningún tipo de esfuerzo pero al final mis pasos me habían traído hasta aquí. Hasta ella. Necesitaba sus brazos para relajarme.

Ella seguía manteniendo su muro entre nosotros y yo cada vez estaba más desesperado, quedándome sin ideas para hacerle entender que podía confiar en mí, en nosotros.

Toqué mi alianza.

Sabía que era el siguiente paso. Cada vez lo tenía más asumido pero había días en que perdía la esperanza que fuera la imagen de Jessica lo único que hacía a Bella seguir aposentada en la seguridad de su individualidad, quizás a ella ya le estaba bien la manera cómo estaban las cosas entre nosotros. Quizás ella lo único que quería era esto, encuentros esporádicos de sexo salvaje sin ninguna implicación más.

Habíamos tenido la cita en la Bella Italia e incluso desde ese día habíamos intercambiado algún mensaje y llamada personal, pero seguía manteniendo las distancias conmigo en público. Ni siquiera le había hablado de nosotros a Rose… Era como si fuera de la seguridad, y anonimato, de su apartamento no existiéramos.

Llegué a destino y sacudí mi cabeza intentando alejar esos pensamientos que sólo aumentaban mi migraña.

Vi a Bella apoyada en el marco de su puerta con una camiseta deportiva que le llegaba por media pierna y su pelo recogido en un moño. Llevaba puesta unas gafas de lectura que pocas veces se las había visto puestas. Era una dulce tentación pero ¿Cuándo no lo era?

-Es tarde, pensaba que no vendrías – me dijo con una sonrisa en su cara mientras alargaba su mano para coger las mías y tirar suavemente de mí hacia dentro de su apartamento.

Cerré la puerta y me vi empujado contra ella hasta que quedé con mi espalda apoyada en la dura madera. Bella puso sus pies encima de mis zapatos y se alzó hasta alcanzar mis labios dónde dejó un suave y lento beso. Era tan pequeña sin tacones que no tardé en alzarla para no acabarme de fastidiar el cuello y facilitarnos ese dulce beso.

-Luces terrible – me dijo cuándo la dejé en el suelo. Me reí cansadamente.

-Nada como venir a verte para subirle el ánimo a uno – bromeé con ella mientras me sacaba la chaqueta de mi traje y la dejaba en el perchero de su entrada junto con mi corbata.

-¡Idiota! – me dijo mientras sonreía. Cuando se comportaba así me daban ganas de abrazarla y no soltarla nunca. – ¿Por qué no te acomodas en el sillón mientras yo te preparo algo? Apuesto que no has cenado nada. – se ofreció preocupada.

-Suena maravilloso – le aseguré regalándole un beso de agradecimiento.

Me dirigí al salón y al sentarme en el cómodo sofá de Bella sentí todo el cansancio acumulado caer sobre mí, incluso la gata del demonio que tenía Bella no se molestó ni en gruñirme. Debía tener un aspecto realmente lamentable para que me perdonara la vida.

La mesa que tenía delante del sofá estaba llena de papeles. Currículums. Estaban inmersos en la contratación del nuevo personal, supongo que aún no se decidían por nadie porque llevaban ya un tiempo con este proceso.

Cerré mis ojos intentando descansar mientras venía Bella.

Me concentré en el olor, cada vez más familiar, del piso de Bella. Olía a hogar. A comida casera. Era extraño llegar y no verla con alguna preparación en marcha. Seguían haciendo ligeras modificaciones al menú, eran incansables buscando la perfección. En este tiempo, desde la primera cata que habíamos hecho en su restaurante, había probado mil versiones más de esos mismos platos y muchos nuevos. No me quejaba, era un placer disfrutar del talento de Bella. Aunque había sido mucho más entretenido el día que hizo las entrevistas para el barman que se encargaría de los cócteles. Había sido la primera noche que me había llamado para algo más que no fuera trabajo. Estaba con los chicos jugando una partida de billar y tuve que salir de allí para ir a buscarla al restaurante. Estaba tan achispada que tuve que acabar llevándola en brazos parte de trayecto a su casa porque todos los escaparates o grafitis o locales eran demasiado maravillosos y no podía estar sin pararse a contemplarlos como si los pasillos del Louvre fueran… aunque después me compensó maravillosamente bien.

Noté unas caricias en mi pelo y el olor a rosas y fresas que tanto adoraba.

-Deberías descansar más… hace días que las ojeras no te abandonan – me dijo Bella mientras notaba que se sentaba a mi lado y seguía acariciando mi cara.

Abrí mis ojos y giré mi cabeza, aun apoyada en respaldo del sofá, para ver la preocupación en el rostro de Bella.

-Estoy bien… Demasiado trabajo… - quité importancia intentando borrar con mis palabras la manera cómo fruncía el ceño.

-No es trabajo…. Es algo más… Estás muy tenso últimamente – me aseguró.

¿Cuándo había comenzado a conocerme tan bien?

-No es nada – insistí. Me gustaría desahogarme con ella, pero no estaba seguro que fuera algo que ella quisiera que hiciera.

Vi que había dejado delante de mí un sándwich y un vaso con un poco de cerveza fría. El paraíso. Me tiré hacía delante para alcanzarlo.

Estaba dándole el primer mordisco a mi comida cuando noté como Bella se escurría por mi espalda, quedando aprisionada entre mi cuerpo y el sofá. Era realmente pequeña.

Sus manos fueron a mi cuello y comenzó a masajearlo haciéndome cerrar los ojos por el placer de sus cuidados.

-Te juro que me estás matando preciosa – le susurré mientras intentaba concéntrame en mi sándwich.

-Shhhh tú solo come – me dijo dejando un beso en mi espalda. – Espero que no sea el Fantasía el que te deje así – murmuró nerviosa.

-Nunca – le aseguré. Su proyecto se había convertido en un descanso entre tanta presión para mí –

-Sabes… Yo no soy una experta dando consejos – comenzó a decir mientras sus manos paraban el masaje en mis hombros- Pero si necesitas que alguien te escuche… yo estoy aquí… quiero decir siempre que tú quieras… yo sé que tienes personas en las que confiar y tal vez no me necesites para eso…. pero yo… Bueno, que sepas que también puedes contar conmigo – acabó nerviosa haciéndome sonreír tranquilo.

A fin un paso más y de su parte.

Con lentitud dejé el bocata encima de la mesa y di un trago a mi cerveza. Llevé uno de mis brazos a su pierna y el otro a su cadera y con un movimiento la saqué de detrás de mí, dónde no podía ver sus preciosos ojos y su perfecta cara para dejarla sentada encima de mí.

Estaba sorprendida del movimiento y su piel colorada dejaba ver la vergüenza que había pasado. Sabía que no era casualidad que hubiera decidido hacer esa oferta cuando yo no la estaba viendo, escondiéndose en mi espalda. Cómo si pudiera rechazar nada que ella propusiera.

Mordió su labio, esta vez sin lujuria en su mirada, solo nerviosismo por mi silencio.

Acaricié sus piernas sedosas mientras la miraba. Había aprendido a leer esos ojos que expresaban más que sus palabras siempre pasadas por el filtro de su cohibición. Mis manos subieron hasta llegar a su cintura.

-Bella… Preciosa, no llevas ropa interior. – apunté al notar su cuerpo completamente libre a mi toque.

-No esperaba a nadie… Y no cambies de tema… Yo entiendo que no soy… - volvió a balbucear nerviosa.

Su cuerpo me había despistado y ahora ella estaba insegura de nuevo. No quería que pensara que no apreciaba lo que había hecho, su preocupación. Lo hacía. Necesitaba que comenzara a mostrar algo más que su deseo por mí y hoy por fin lo había hecho.

Besé sus labios con ternura intentando, por muy difícil que fuese, alejar la tensión sexual de nosotros. No quería que esto virara hacía el sexo, quería que fuéramos nosotros dos compartiendo un momento de confianza juntos.

Me acomodé en el sofá moviéndonos a los dos. Ella apoyo su cabeza en mi hombro mientras continuaba sentada a horcajadas sobre mí. Aproveché para acariciarla tiernamente y disfrutar del momento de paz que me había regalado.

-Aro va a vender sus acciones y quiere hacerlo a una empresa externa…. Caius y yo estamos intentando hacernos con ellas, pero no es fácil… - expliqué lo que nos había traído de cabeza estas semanas notando como con el simple hecho de compartirlo con alguien mi ansiedad disminuía.

-Pero… no entiendo es su hermano… no debería ofrecérselas a ellos los primeros si se quiere deshacer de ellas. – preguntó confundida.

Para ella debía ser incomprensible. Su familia era pequeña y estaban muy unidos. Por no contar que ella misma tenía una repartición del negocio que no la beneficiaba en nada simplemente por la amistad que tenía con Black. El funcionamiento de la mente de Aro seguramente era un completo misterio para ella.

-Digamos que no son los hermanos más unidos del planeta… - intenté hacerle entender sin comprometer una historia que no era mía para contar.

-¿Y no os está saliendo bien? – preguntó una vez más interesada.

-Tenemos que tantear los apoyos y no es fácil… es difícil confiar en la gente en este mundo, por no decir que la posición de Marco en este asunto es crucial y, a la vez, es el hermano con el que menos puedes contar. No se casa con nadie y, si me preguntas, creo que está tan harto de las peleas entre sus dos hermanos que estaría dichoso de vender él mismo las acciones y enviarlos a la mierda – bufé haciéndola reír.

Mi pecho tembló por su risa y el cansancio pareció esfumarse por ese simple gesto.

-Me gustaría saber qué decir para ayudarte pero no tengo idea de estos mundos en los que te mueves – me dijo mientras apretaba su abrazo reconfortándome –

-No tienes que decir nada solo quédate así… Sólo necesito esto – le dije sinceramente besando su cabeza mientras me dejaba inundar de ella.

Estuvimos un rato en silencio, solo disfrutando de nuestra compañía.

-Edward – escuché a Bella en la lejanía – Vamos a la cama, te estás quedando dormido – me susurró tirando de mí.

Nos desnudamos y cuando nos metimos en la cama Bella se acurrucó de nuevo en mis brazos, apoyando la cabeza en mi pecho dejando pequeños besos y caricias distraídas hasta que la inconsciencia nos reclamó.

Fue la primera noche que no hicimos el amor y aun así la intimidad que habíamos compartido había sido mucho mayor de la que habíamos tenido hasta entonces. Casi me hacía pensar que ella estaba decidida a dejarme entrar… ¡Qué diferencia puede hacer un simple gesto! Había entrado a su casa desesperanzado en que Bella algún día dejara caer su coraza y salía de ella con más ganas que nunca de luchar por la extraña relación que teníamos.

"Me tendrías que haber despertado esta mañana antes de irte" B.

Leí el mensaje de Bella mientras Caius seguía dándole vueltas a su encuentro con uno de los amigos de su familia que le había dicho que Aro comenzaba a sospechar que sabíamos algo.

"Estabas demasiado bonita durmiendo. Además, yo necesitaba llegar a tiempo al trabajo y tú estar descansada para estar radiante hoy ;) Besos E." Le contesté.

"Sabes creo que el sonrojo postsexo me favorece así que deberías haberme despertado ;) Besos, aunque no te los merezcas"

Oh vaya, esto sí era un cambio.

"Sabes que sé dónde estás haciendo esa entrevista… siempre me puedo escapar y ayudarte con tus particulares secretos de belleza. Besos, que te los mereces todos, preciosa"

Hoy grababan el reportaje sobre emprendedores del matinal de la televisión en el que trabajaba Irina. La primera parte sería en el Sublime, dónde hablarían de su historia y cómo habían llegado dónde estaban y después habría otra parte en el Fantasía que si el timing no fallaba coincidiría con la semana de la inauguración.

Me reí al imaginarme la cara que se le quedaría a Bella si me colaba en el Sublime mientras rodaban la primera parte del reportaje. Y más la cara que se le quedaría al imbécil de Black. Estos últimos meses lo había visto más que nunca, al parecer estaba dispuesto a echarle una mano a Bella, aunque fuera a estas alturas de partido, y con cada encuentro que teníamos estaba más seguro que lo que quería era meterse en sus pantalones y era eso y no ninguna otra cosa lo que había provocado las rencillas en el pasado. Al parecer, Rose no estaba muy equivocada cuando predijo que algo había cambiado entre ellos.

La vibración del teléfono móvil me devolvió a la realidad.

"Palabras… palabras…. Te tengo que dejar, Alice se ha presentado aquí y está a punto de tirarme el móvil a la basura porque no hago caso a sus consejos. Besos. Échame de menos ;)"

Bella seguía sin estar muy feliz con el reportaje. Estaba nerviosa por la entrevista en sí y por estar con Irina. ¡Mujer testaruda! Algo me decía que estos mensajes estaban impulsados por la presencia de mi amiga de la infancia a su alrededor. Nunca había sido tan cariñosa, aunque claro tampoco se había comportado nunca como lo hizo anoche.

Alice me había llamado para interesarse por la entrevista al ver a Bella preocupada por ello en una barbacoa que hicimos en su casa, así que decidió cogerse el día libre e ir a hacerle compañía y darle un buen asesoramiento, como si el que le ofrecía mi empresa fuera insuficiente. ¡Enana controladora!

-¡La cena anual! – exclamó Caius.

-Pretendes mover ficha cuando están todos los clientes y apoyos económicos presentes. No sabía que ahora eras un suicida. – le rebatí.

La cena anual era el fin de semana que viene. Desde hace unos años había cambiado su ubicación al hotel W, era mucho más moderno y Caius se había empeñado, con éxito, en que ayudaba a dar una imagen renovada de la empresa. Estaban invitados todos los trabajadores, clientes y gente importante del mundo de las finanzas. Era forma magistral y distendida de hacer negocios fuera de una sala de juntas.

-¿Por qué no? Quizás el momento de comenzar a enseñar nuestras cartas… ¡Está decidido! ¡Ves preparado y cómprate un esmoquin nuevo, por Dios, necesitas comenzar a buscar una mujer. – me comentó algo más alegre saliendo de mi despacho.

Si él supiera…

-¡Guau veo que me has hecho caso! Casi estás tan espectacular como yo – me dijo Caius en cuanto lo encontré entre la multitud que se comenzaba a reunir alrededor del salón.

Pidió otra copa al barman y me la dio.

-Esto está genial…. Una banda en directo ¿Qué quieres que tu hermano se muera de un infarto y así hacerte con más facilidad con sus acciones – bromeé al ver una banda de rock a un lado del gran salón.

-Ese imbécil es capaz de haberle dejado todo al gilipollas de su hijo que no sabe sumar dos más dos antes de dejar que caiga en mis manos lo que me llevo ganando durante tantos años – gruñó acabando su copa de un trago.

-Creo que tu meta debería ser llegar sobrio al final de la noche – le comenté intentando que no pidiera otra copa al camarero.

-Ha sido un detalle por parte de Bella aceptar hacerse cargo del catering a última hora. – comentó haciéndome tensar como siempre que pronunciaba su nombre.

El catering que se encargaba de la comida todos los años, al estilo buffet, nos había fallado a última hora… Caius había necesitado casi una tarde entera de suplicas a Bella y una pelea con Black para conseguir que aceptaran hacerse cargo ellos. No era la mejor época para pedir favores con todo lo que tenían encima, pero finalmente lo había conseguido. A mí me había costado varias noches que Bella lo hiciera de buena gana sin intentar envenenar a Caius por el camino. Pero había puesto todo mi empeño.

-Desde luego – comenté divertido por los recuerdos de lo que había sido nuestra lucha privada por esta cena.

-¿Crees que estará con alguien? – preguntó de repente sorprendiéndome.

Caius siempre había sido incansable en sus intentos de ligar con Bella, pero últimamente parecía haber desistido un poco. Sabía que había una rubia rondando su cama de manera más ocasional de lo que había estado nadie en mucho tiempo, pero aun así había que ser un iluso para no ver que continuaba mirando a Bella con algo de anhelo.

-¿Por qué tendría que saberlo? - intenté evadir la conversación.

-Bueno, porque eres el jefe de su proyecto y llevas meses trabajando con ella y porque tu mejor amigo está comprometido con su prima – me explicó como si fuera idiota.

Bien, no era idiota pero estaba dispuesto a hacérmelo con tal de no escuchar ningún hombre hablar sobre cuanto deseaba a Bella.

-Bella es muy celosa de su vida. – zanjé.

-Creo que sí hay alguien… desde hace unos meses ella… está diferente – dijo con algo de decepción en su voz.

¿Bella se veía diferente? Yo estaba demasiado metido en el asunto para valorarlo de manera objetiva, para mi cada día estaba más hermosa y seguía brillando con esa luz tan propia de ella, pero no era consciente que podía ser evidente para los demás.

-Además, nunca ha sido de hacer mucho caso a mis intentos de ligar con ella… pero últimamente parece que la incomode… Por eso intento mantenerme en la zona de la amistad – continuó reflexionando en voz alta sin ser conscientes que lo estaba haciendo con el hombre que ocupaba la cama de Bella casi cada noche.

-Supongo – volví a responder brevemente. Me estaba costando todo mi autocontrol no chillarle que dejara de pensar en Bella. Que estaba muy bien conmigo sin necesidad de ningún hombre metiendo las narices en su vida.

En ese momento la protagonista de nuestra conversación entró por la puerta.

Iba espectacularmente hermosa.

Llevaba un vestido largo azul marino con un hombro al descubierto y una lazada en su otro hombro que dejaba caer una sutil capa por su espalda. Su pelo estaba semirecogido dejando al descubierto su tentador cuello. Tenía tantas ganas de llegar a su lado y besarla para demostrarle a todo el mundo que la estaba devorando con sus miradas que era mi chica.

-Sabes… me da igual – escuché a Caius a mi lado sacándome de mi ensoñamiento – Si yo tuviera la gran suerte de tenerla a mi lado, de que me dejara compartir mi vida con ella no la escondería. Lo gritaría a los cuatro vientos. Si quién está con ella no la valora, yo sí lo hago y no pienso rendirme hasta verla caminar al altar para casarse con alguien que no sea yo – dijo y antes que pudiera contestar que se podía meter su valentía por dónde le cupiera ya estaba yendo al encuentro con Bella.

Me dieron ganas de partirle la cara.

A él, mi amigo y a todos los que la miraban lascivamente. Era demasiado preciosa e inocente para este mundo de depravados y yo solo quería sostenerla entre mis brazos. Bailar con ella. Disfrutar de su sonrisa.

Pero Bella era libre y así era como yo la quería, libre. Libre para decidir qué era lo que quería hacer y con quién quería estar.

Sabía que estábamos mejor que nunca juntos, sabía que llevábamos meses con este acuerdo y cada vez la necesitaba más y quería pensar que ella también lo hacía. Que su mirada se iluminaba cuando me veía llegar de improviso a su casa. Que su mano descansaba más rato de lo prudente sobre la mía cuando estábamos sentados juntos en las reuniones con nuestros amigos y nadie nos veía. Que su sonrisa orgullosa se expandía cuando me daba a probar algún plato nuevo y era capaz de adivinar más de cinco ingredientes de los que llevaba...

Me sentía como un funambulista haciendo equilibrios para abrirme paso entre los muros de Bella a la vez que le dejaba espacio para que ella disfrutara de su libertad y su independencia. Yo lo valoraba porque ella era feliz así. Necesitaba su propio tiempo y era justo que lo tuviera.

Aparté mi mirada de ella y Caius. Supongo que éste era uno de esos momentos en que le daba su espacio por mucho que me costara un mundo hacerlo.

Estuve hablando un buen rato con parte del equipo y clientes conocidos cuando sentí una mano en mi espalda. Nunca podría confundir ese toque.

-Cualquiera diría que me evitas – me dijo Bella cuando me di la vuelta para encararla.

Tenía una sonrisa tensa en la cara.

-Nunca lo haría… aunque con ese vestido debería hacerlo si queremos salir de aquí sin dar un espectáculo – le guiñé el ojo y ella se relajó automáticamente.

-Después de lo que me ha costado preparar la comida para esta fiesta pienso quedarme hasta el final y disfrutar al máximo para compensar el dolor de cabeza que me ha dado… así que tendrás que resistirte un poco más – me dijo mientras me quitaba la copa de wiski de la mano y se la llevaba a sus tentadores labios.

-¿Me está proponiendo algo Señorita Swan? – jugué con ella más relajado al tenerla, finalmente, a mi lado.

-Quizás… - comenzó acercándose un poco más– Podríamos disfrutar de la noche… ¿sabes? nunca he estado en un baile como éste – me comentó con inocencia y emoción y quise hacerla disfrutar más que nunca de esta noche – Quizás incluso podrías sacarme a bailar… prometo no pisarte – añadió con una sonrisa traviesa.

-Suena muy interesante tu plan – le dije llevando una de mis manos a su espalda dejando que mis dedos se perdieran entre la tela y su piel desnuda al amparo de la vista de los curiosos.

-Edward – gimió ante mi toque – Y quizás… podríamos aprovechar para volver juntos a casa y cerrar la noche como solo nosotros sabemos hacerlo – acabó encendiéndome con una mirada nada inocente.

-Joder Bella…. Vamos a tener que comenzar por el baile porque necesito tenerte cerca y tocarte ya - le dije quitándole el vaso que me había robado antes para arrastrarla hasta la pista de baile.

Gracias a todos los astros sonaba una lenta.

-¿Interrumpo algo? – la voz de Aro paró nuestra marcha.

-Sacaba a Isabella Swan a bailar – presenté intentando mantener mi tono neutro. Desde un tiempo a esta parte Aro sacaba lo peor de mí. Era rastrero lo que le estaba haciendo a su hermano – Ella es la dueña de los restaurantes Sublime y Fantasía que están con nosotros actualmente. – presenté aunque por su mirada sabía perfectamente de quién se trataba.

-Estaba deseando conocerla… - le dijo al tiempo que Bella levantaba su mano para estrecharla pero él la cogió elegantemente y le dejó un beso en su palma haciéndome hervir de rabia.

Tenía ganas de apartar a Bella de sus zarpas venenosas y de esa mirada evaluativa que no dejaba entrever bondad alguna. Ella era demasiado buena para la mierda que destilaba Aro, además no pensaba dejar que la usara como moneda de cambio contra Caius.

-Tiene a todo el mundo revolucionado en la empresa, por no decir que la ciudad cada vez es más frecuente verse inmerso en conversaciones curiosas sobre su nuevo restaurante. Es toda una sensación Señorita Swan. – alabó dándome arcadas, dudaba que los ambientes por los que se movía Aro hablaran de nada de Bella y sus restaurantes.

Ella solo respondió con una sonrisa sin saber qué decir o sin querer decir nada, con Bella nunca sabías hasta qué punto era vergüenza lo que sentía o la más absoluta indiferencia.

-Además, creo que debó darle las gracias por no dejarnos sin comida durante esta noche – continuó hablando a pesar de la falta de respuesta de su contertulio –

-Ha sido un placer… Edward y su equipo están haciendo un trabajo exquisito así que no podíamos fallarles – contestó con firmeza en su voz mirándome con seguridad dejándome muy claro que no le había contestado antes porque no quería. Era una guerrera pensé orgulloso de la mujer que tenía al lado – Además, Caius es un negociador implacable, es imposible rechazar sus ofertas – concluyó con una sonrisa ladeada.

Y por mucho que normalmente odiaba escuchar el nombre de mi amigo en su boca esta vez me dieron ganas de besarla de orgullo. Hizo desaparecer la sonrisa pedante que había acompañado a Aro durante todo el interludio con una sola frase.

-Puedo imaginar cómo la convenció – contestó rabioso Aro haciéndome apretar los puños por la insinuación que había vertido sobre Bella. Merecía que alguien le enseñara como tratar a una dama.

-¿Así? – Contestó rápidamente aparentando sorpresa – Entonces déjeme felicitarle, si sus habilidades son la mitad de buenas que las de su hermano debe ser un hueso duro de roer… Mi socio y yo nos quedamos sin argumentos. – contestó muy seria enfatizando la palabra socio. – Y ahora si me disculpa, realmente adoro esta canción y me pienso aprovechar de su director económico y su permiso para pisar sus pies – acabó con falsa dulzura.- Buenas noches, Señor Vulturi.

Se giró sin darle oportunidad a despedirse, yo lo hice con un leve asentimiento de cabeza y seguí a esa mujer que había vuelto del revés mi mundo desde que escuché por primera vez su voz.

-Sabes que ese que acabas de dejar ahí plantado es mi jefe – le comenté divertido mientras llegaba a su lado.

-Y un imbécil. Solo espero que todo os salga bien – comentó haciéndome sentir orgulloso.

-Eres toda una gatita que saca las garras – continué en el mismo tono jocoso que teníamos antes que Aro nos interrumpiese.

-Oh créeme, no lo sabes bien… Hay un par de chicas que están buscando problemas como sigan desnudándote con la mirada ¡Son unas descaradas, Edward! – me dijo enfadada mientras se paraba en uno de los laterales de la pista de baile.

Esto sí que era toda una novedad, Bella celosa. Bien, ya éramos dos.

-Está bien que solo tú puedas ser quién me desnude con algo más que no sea la mirada, preciosa – susurré en su oído mientras la acercaba a mí.

-Más te vale… Me lo prometiste. Solos tú y yo… - dijo con algo de miedo en su voz y su mirada.

¿Pero qué mierda pasaba aquí? Y como odiaba que ella sacara esta conversación cuando estábamos en público y no me dejaba demostrarle lo poco que me importaba ninguna mujer que no fuera ella.

Levanté su cara con mis dedos y fijando nuestras miradas le repetí por millonésima vez lo que quería que le quedara claro desde el primer día.

-Solo existes tú, preciosa – aguanté su mirada hasta que sonrió tímidamente y asintió.

Dejando una suave caricia en su cara cogí sus manos para bailar la canción que tocaba la banda.

Sus manos entrelazaron las mías mientras que acomodábamos nuestros cuerpos sin dejar espacio prudencial entre nosotros que deberíamos tener. Hacía tiempo que Bella y yo no sabíamos que era el espacio vital del otro.

Noté que su respiración se paraba y su mirada se alzó con sorpresa justo antes de desviarse hasta mi mano que mantenía la suya firmemente.

Al fin se había dado cuenta.

-Edward… ¿Dónde?... – comenzó a balbucear nerviosa y esta vez la dejé acabar - ¿Dónde está tu…tu anillo? – acabó antes de desviar, nuevamente, su vista a mi mano para comprobar lo que ya habían notado sus dedos.

Esperé a que volviera a mirarme a los ojos para responder.

-Guardado junto a mi pasado en un lugar muy especial de mi corazón – contesté firme.

Después de la noche de intimidad que había compartido con Bella había sentido la necesidad de intentarlo, acabar de dar el último paso hacía mi nueva vida y esta noche cuando me vestía supe que era el momento.

-Pero debo afrentar el futuro sin mirar atrás, por mucho que siempre formara parte de mí – le aseguré mientras ella asentía entendiendo mis palabras.

Ella siempre había sido muy respetuosa con el tema Jessica y por eso merecía mi más absoluto respeto. Sabía que no era sencillo para ella gestionar la imagen de mi difunta esposa y aun así nunca había salido de sus labios ningún comentario, no me había presionado en nada, siempre dejándome a mi aire para gestionar mis tiempos. No habíamos hablado de ella y esperaba que este gesto le diera más confianza para querer hablar conmigo de ella y dejar de tratarlo como un tema tabú. Que dejara de pensar que ella era inferior a Jessica y comenzara a darse cuenta que lo que ella me hacía de sentir es tan especial como lo fue lo que me hizo sentir en su día Jess con su amor. Tan bonito y tan diferente.

Su mano se separó de la mía recorriendo mis hombros para subir por mi cuello. Sabía que quería hacer pero iba a dejar que fuera ella quién diera los pasos. A su ritmo.

Sus pies se alzaron, menos de lo acostumbrado gracias a los tacones que llevaba, y sus labios quedaron a centímetros de los míos.

-Llévame a casa Edward, por favor – me pidió mientras enredaba sus dedos en el pelo de mi nuca.

-Bella acabas de llegar – intenté poner un poco de cordura al tono desesperado de Bella.

-Te necesito ahora más que nunca. Quiero estar a solas contigo – me pidió justo antes de sentir la presión de sus dedos en mi cuello para acercarme a sus labios.

No había conseguido besar sus labios cuando escuchamos una garganta aclarase teatralmente detrás de Bella.

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NA:

Lo dicho, muchas gracias por vuestra paciencia, espero que os haya gustado el capítulo y compense la tardanza de estos tres días.

¡Taxan! ¿Quién será que los interrumpa esta vez? Si es que no hay manera que los dejen tranquilos jaja. Parece que van avanzando poco a poco, no? Ya sabéis que espero vuestras teorías y por cierto voy haciendo lista del Club de Haters de Jacob e Irina… Pobres, qué manía les tenéis. A ver cómo queda con este capítulo el de Caius… jajaja