Vice-versa
David Nolan había salido de la sala de audiencia para respirar el aire glacial del exterior. Emma lo buscó con la mirada hasta encontrarlo al lado de la fuente inactiva en la plaza que había delante del palacio de justicia. Caminó tímidamente al presentir que él estaba conmocionado ante los acontecimientos. Él se pasó una mano por el rostro pasando su peso de un pie al otro, incómodo.
-No lo comprendo…- dijo tras haber respirado profundamente varias veces
Emma se encogió de hombros, insegura de a dónde quería él ir a parar. Al ver que la rubia no le respondía, se enervó de repente.
-¿Quién era esa mujer que se nos ha presentado hoy? ¿Quién era? ¿Su…su…su madre? ¿Cómo una madre puede decir eso? ¡A menos que…! ¿Y…y esa historia de violación? ¿Acaso es por eso que…Regina no soporta el contacto físico, o…o…? ¡Joder, no conocía en absoluto quién era la mujer en el tribunal! Al final, puede que sea una asesina en serie, ¡jamás habría sabido nada!
-¡No es una asesina!- lanzó Emma indignada
-¿Cómo lo he de saber? ¡A fin de cuentas no conozco nada de su vida! Regina siempre ha mantenido su intimidad en secreto, y lo aceptábamos diciéndonos que era…solo reservada. No veo…¿acaso voy a descubrir otras cosas sobre ella? ¡Tú…parece que estabas al corriente de todo eso! ¿Cómo puede ser posible?
-¡Porque soy una chica entrometida y maleducada!- respondió sencillamente
Y era verdad, si no hubiera hurgado en las cosas de su profesora, no habría descubierto nada a pesar del cariño que Regina le tenía en esa época. Después, no sabía en qué momento Regina había decidido confiar en ella más que en David o Mary, o incluso Chloè…
-¡Por Dios!- gruñó el hombre interrumpiendo los pensamientos de Emma
David giró sobre sí mismo, no se creía lo que estaba escuchando. Sacudió dolorosamente la cabeza y escrutó el rostro de Emma.
-Lo siento- dijo finalmente –Es solo que…me cuesta comprender…he pasado mucho tiempo con Regina…y al final, me doy cuenta de que no la conozco…y…no lo tomes a mal, pero también me doy cuenta de que tú has logrado conseguir más información…no es que yo…quiero decir, ella podía confiarse a nosotros, ella lo sabía y prefirió mantenerse callada. Nos ha escondido la verdad durante todo este tiempo…
-Comprendo
¿Qué otra podía decir? Sí, comprendía, sí, sabía exactamente lo que él podía estar sintiendo, pero también sabía que si Regina no había dicho nada era para protegerse a sí misma, para proteger a Henry y a Daniel…
David se giró finalmente hacia ella y hundió sus ojos claros en los de ella.
-¿Esa historia de violación…?
-Sí- respondió ella simplemente confirmando que sí había tenido lugar.
-Por Dios…
No se sorprendía por su reacción, después de todo, si Ruby o Belle le hubieran escondido algo como eso, ella habría reaccionado de la misma manera.
Emma se dio cuenta. He ahí porque Belle se había enfadado con ella de tal manera…
Siguieron hablando durante un rato hasta que David, aún conmocionado, se fuera sin despedirse de Emma.
Por la tarde, se presentó en Rikers para visitar a Regina. Se llevó una sorpresa cuando le permitieron que se vieran a solas en una estancia donde había muchas mesas. La morena no parecía estar bien y Emma no pudo evitar estrecharla entre sus brazos. El gruñido que se le escapó a su compañera estaba teñido de dolor. Fue en ese momento que se dio cuenta de que los meses que no había podido ver, sentir, tocar a Regina habían sido los meses más largos de su vida. Como si fuera un escaparate de Navidad completamente vacío.
-Por Dios, Gina, ¿qué ha pasado? Tu muñeca, tu rostro- se inquietó ella
-Nada- respondió simplemente la de más edad, soltándose del abrazo de Emma
Por un momento, se sintió desestabilizada por la distancia que imponía su novia, tenía la impresión de que su visita no le agradaba.
Se mordió su labio mientras se sentaba correctamente.
-¿Co…cómo te sientes?- preguntó ella intentando captar sus oscuros ojos.
-¿Henry está bien?- quiso saber Regina manteniendo su mirada sobre sus manos
-Sí, te echa terriblemente de menos, pero está bien, le…le gustaría que volvieras por Navidad
La mirada oscura se tiñó de tristeza, pero si Emma no conociera a Regina, habría podido creer que le importaba poco la suerte de su hijo. Un silencio incómodo se aposentó, abarcando todo el sitio entre ellas. De nuevo, la culpabilidad que sentía Emma salió a la superficie en ese momento.
-Lo siento…
-Emma…- cortó Regina suspirando
-¡No, de verdad, lo siento! Yo…es mi culpa si estás aquí hoy. Si Henry está separado de ti.
-¡Henry ya estaba separado de mí antes de que te conociera, Emma!- dijo ella fríamente
-¡Gina!
-¿Por qué has venido?- preguntó la detenida hundiendo ahora sus orbes oscuros en aquellos que la estaban mirando con incredulidad.
-Para verte…
-¿Crees que me ayuda todo lo que me dices? Lloriquea por su desgracia, Miss Swan, por la mía también, y ¿en qué puede ayudar eso? ¿En qué momento cree usted que me ayuda?
-¡Gina!
-¡No! ¡Nada de Gina! ¡Para!- gritó finalmente la detenida levantándose ruidosamente -¡Es demasiado duro! ¡Deja de llamarme así! ¡No lo hagas más! Yo…Em…Miss Swan, yo…
-¿Miss Swan? Pero, ¿qué te pasa? ¡Siéntate!
Con un malestar pronunciado, la morena consintió de todas maneras volver a sentarse soltando un largo suspiro.
-Regina, ¿qué ocurre?
-Estoy cansada de luchar contra alguien ausente…estoy agotada de tener que seguir luchando contra mi madre y Narcissa…No quiero más eso y creo que…espero el fin del juicio con tal impaciencia, que aunque sea un final desfavorable, estaré de todas maneras aliviada…
-¡No digas eso! ¡Tu hijo te espera! Yo también…
-No deberías, Emma, no me debes nada…
-¿Acaso…acaso estás rompiendo?- preguntó de repente la joven frunciendo el ceño.
Regina alzó los ojos hacia ella. ¿Estaba rompiendo? En todo caso, eso parecía. Emma era alguien formidable, y era precisamente por eso que estaba poniendo fin a su historia. Porque Emma merecía lo mejor en su vida. Mejor que una mujer que nunca había sido honesta con ella. Mejor que una mujer que le había escondido un asesinato, mejor que una mujer que había escondido su pena y su rencor bajo malas acciones. Emma merecía algo mejor. Era todo lo que era necesario que ella guardara de su historia. Y aunque en el fondo de su celda, se muriera de rabia imaginando que alguna otra persona pudiera besar los labios de la rubia, o tocar su perfecta espalda, sabía que era, sin embargo, la mejor decisión. Así que miró a la rubia antes de murmurar
-Quizás…
Rikers Island era una de las prisiones más grandes del país. Contaba con más de once mil prisioneros y si el edifico de los hombres era a menudo mencionado en la prensa, el de las mujeres no era sometido al mismo tratamiento. No es que no hubiera ningún peligro, sino que la mayoría de las mujeres eran mucho más dóciles y menos manipuladoras que los hombres. Se debía a menudo a que muchas de ellas estaban ahí por crímenes menores o porque alguien las había denunciado por tráfico de droga o simplemente porque sus novios habían creído bien acusarlas para ver menguada su condena, y como ellas estaban a menudo perdidamente enamoradas, compartían la pena de cárcel. Pocas de esas mujeres estaban ahí por asesinato o eran conocidas por ser asesinas en serie. La mayoría de ellas estaban encerradas por asuntos de droga. Pocas blancas entre esos muros, la mayoría era negra o latina. En seis meses, Regina había tenido tiempo de acostumbrarse a ese extraño ambiente que reinaba ahí. A pesar de todo, no lograba olvidar su vida anterior. Pensaba bastante a menudo en Emma y en sus ojos risueños que la miraban desde el fondo del aula, en su sonrisa cuando había aceptado ser la directora de su memoria, su expresión de pánico en el coche cuando iban a conocer a Henry, sus lágrimas tras la primera vez de la joven. Emma siempre estaba en su mente, siempre que pasaba algo sorprendente, casi se giraba para buscar la mirada de la rubia. La dulzura de su piel también la echaba de menos, esa manía de quedarse dormida con las gafas sobre la nariz, esa manera de gemir degustando un plato preparado especialmente para ella.
Tras su entrevista con Emma, Regina bajó al patio, con el corazón en un puño. Lanzó una ojeada a su alrededor y se dirigió hacia un mesa en el centro del espacio de recreo. Se sentó al lado de una rubia (quizás la única rubia del barracón) y apoyó su cabeza en la mano mientras la veía alisar las plumas de un negro profundo que había debido recoger en el patio.
-¡Buenos días Regina!- lanzó la rubia alzando su mirada hacia la de ella ofreciéndole una sonrisa misteriosa.
-Mal'- saludó solamente la joven prisionera que realmente no tenía ganas de hablar.
Maléfica-era su apodo- era una bella mujer que formaba parte de las escasas personas que habían sido encarceladas por asesinato. A menudo estaba acompañada por Úrsula y muchas veces se tiraban de los pelos. Un día, Maléfica le había preguntado a Regina si tenía un hijo y esta había mentido diciendo que no, pero algunos días más tarde, en el locutorio, Daniel le había enseñado una foto de Henry a Regina, y Maléfica había visto la escena con un gran interés.
-¿Tienes un hijo?- había preguntado Maléfica cuando la morena había pasado por su lado
-Sí, ¿y?- había escupido ella, furiosa de que Henry fuera expuesto a los ojos de todas
-No, nada. Es…interesante
-¿Interesante?
Los ojos de gato de la rubia se habían vuelto risueños, casi burlones y Regina no lo había soportado. Se había acercado a Maléfica, agresiva y temblando de rabia, le había soltado amenazas que la rubia había barrido con un dedo autoritario sobre sus labios.
-¡Venga, cálmate!- había murmurado de manera casi tranquilizadora –¡Deja de sentirte amenazada todo el tiempo!
Y Regina había conocido la terrible historia de Mal que, sin embargo, lo había tenido todo para ser feliz. Había tenido una niña que había sido secuestrada cuando solo tenía unos meses. A pesar de la rapidez y las investigaciones de la policía, su hija había sido encontrada muerta en un lago de Luisiana y la investigación no había dado ningún resultado. Había sido abandonada por la justicia, pero había jurado que la muerte de su hija no quedaría impune. Había perseguido al asesino de su hija hasta descubrir que se trataba de uno de sus vecinos. Entonces había planificado su asesinato durante varios meses antes de pasar a la acción. Se dijo que cuando la policía había entrado en la casa de su vecino, ningún agente había podido evitar vomitar. Ella había sido detenida dos días más tarde sin negar los hechos, incuso los gritaba.
-Bien, tienes cara triste- susurró Maléfica alisando una pluma negra
-¡He tenido una mala noche!- gruñó la morena con un suspiro
-Oh…¿Finalmente has sucumbido a los encantos de Medusa?- preguntó suavemente Mal esbozando una sonrisa
-¿Perdón?- dijo ahogándose Regina poniéndose derecha
Medusa era una pelirroja alta, siempre drogada con cristal y que parecía estar siempre con el mono. Muy lejos del ideal de Regina y aunque sentía atrozmente la ausencia de Emma, se bastaba ella sola sin tener que pedir ayuda a la pelirroja. Maléfica se echó a reír, provocando que la morena le diera unos golpes en su brazo.
-Bien…¿por qué tienes esa cara?- preguntó Maléfica lamiendo la yema de su dedo para después pasarla húmeda sobre las oscuras plumas.
-¡No tengo ninguna cara, Mal!
Regina suspiró y continuó mirando a su amiga. De repente se dio cuenta de que nunca había conocido su nombre verdadero, y que nunca a ella se le había pasado por la cabeza preguntárselo. Maléfica le iba bien y sobre todo no la molestaba.
-¿Entonces por qué esa expresión? ¿Acaso quieres hacer honor a tu apodo?
Regina gruñó antes de coger una de las plumas que esperaba los buenos cuidados de Maléfica para alisarla ella misma. No sabía por qué la rubia se dedicaba a acariciarlas de esa manera, pero quizás eso la calmaba.
-Es divertido, aquí todos llevan motes que tienen que ver con los cuentos
-Pues sí, es verdad, no había caído…Pero de hecho, solo tú y yo tenemos mote, Úrsula y Medusa usan sus verdaderos nombres
Regina frunció el ceño y continuó con lo que estaba haciendo. Maléfica, por su parte, se detuvo para escrutar a su nueva compañía.
-¿Me vas a decir lo que no va?
-Creo que acabo de rechazar a la persona que me ha sostenido en cuerpo y alma…
-¿La bella Emma Swan?
-¿Cómo…?
-¡Oh, por favor, recibimos los periódicos todas las mañanas! Además, creo que por eso te has ganado ese morado en tu mejilla y tu bella escayola. ¿Quieres que te la firme?
Regina reviró los ojos y siguió con la pluma.
-¿Por qué?- preguntó Maléfica cogiendo otra pluma
-No quiero que me espere indefinidamente…
-¿Gold no es tu abogado?
-Sí, ¿y?
-Es un buen abogado
-¡Eso no ha impedido que mi madre viniera a destruir la poca reputación que me quedaba en el tribunal!
-¿Una chica grande como tú aún tiene miedo de su mamá?- se burló Maléfica riendo dulcemente
Regina se quedó en silencio, meditando en las palabras de la rubia. Tenía la impresión de que Maléfica saltaba de un tema a otro sin dejarla responder.
-¡El «pequeño cisne de América» parece amarte locamente! Comprendo que no desees que te espere fuera, pero…honestamente…las visitas conyugales se hacen muy bien…
-¡No quiero eso!- escupió Regina de repente enfadada
-¡Como quieras!
Regina se calmó un poco y bajó la mirada hacia su tarea.
-Lo siento, parece que me convierto de verdad en la Evil Queen…- murmuró tristemente.
-¡No, querida, las Evils Queen son las princesas que nunca han sido salvadas! Y parece que Emma Swan se emplea fuertemente para socorrerte…
Emma llegó a la audiencia al día siguiente con un nudo en el estómago. La gente en los escalones del palacio de justicia no habían aún abandonado el combate y ella los saludó cálidamente afirmando a las cámaras que Regina se mantenía fuerte ante las dificultades de su caso. No habló de las horas que había pasado llorando al salir de la prisión, no habló tampoco de las horas colgadas al teléfono con Daniel que tampoco comprendía la situación en la que ella se había encontrado.
Con un vaso de café en las manos, se refugió en el hall del palacio de justicia con el fin de escapar del frió helado y un poco de las cámaras, tenía que confesarlo. David no estaba ahí, seguramente necesitaba tiempo para digerir la información y ella por nada iba a juzgarlo. Solo estaba desilusionada por no tener a nadie para sostenerla ese día tan particular. Gold parecía nervioso y no le gustaba eso. Veía cómo iba de un lado a otro y como ya lo iba conociendo un poco, sabía que no era el tipo de hombre que hacía eso. No quería saber lo que tenía en la cabeza, o más bien, quería saberlo, pero estaba aterrada ante la idea de que le dijera que el caso ya estaba perdido de antemano.
Esa mañana, la sala de audiencias estaba más bien silenciosa, como si los periodistas y toda la asistencia respetaran el dolor que habían visto en Regina la víspera. Emma logró cruzarse con la mirada de la morena y durante un segundo, quiso lanzarse en sus brazos para besarla y mimarla, decirle que la perdonaba, pero se quedó quieta, su rostro cruzado por la pena.
La voluntad de Emma se deshojaba como si todo el coraje del que había hecho gala hubiera llegado a su término. Ya no sabía si deseaba estar ahí para ver cómo su novia era destruida por la oposición y verla bajar los brazos poco a poco. ¿Dónde estaba aquella increíble fuerza que Regina había usado durante los años que la habían separado de Henry y Daniel? Emma no podía, no quería luchar sola. Afrontaba las cámaras por amor hacia la morena, se enfrentaba a las personas que insultaban gratuitamente el acto que había cometido la directora adjunta y a cambio, ella no tenía nada. Necesitaba tantas cosas que Regina no aceptaba darle. El juez aún no había llegado, los susurros recorrían la sala mientras ella se levantaba para dirigirse hacia su novia y abogado. Los ojos oscuros la amenazaron furiosamente, pero ella no se dejó apabullar. Se inclino sobre su ex profesora.
-¡Emma!- previno la morena, sorprendida ante la audacia de la joven.
Esta la agarró por el cuello y plantó sus labios en los de la morena. Después se separó para hundir sus ojos claros en los de Regina.
-¡Espera al final del juicio para tomar una decisión! ¡Haz como yo, cree un poco en nosotras!- murmuró para que solo la morena pudiera escucharla.
-Emma…yo…
-¡Prométemelo!- ordenó ella –¡Sea cual sea tu decisión al final del juicio, te juro que la respetaré!
Regina asintió en silencio y Emma la soltó para volver a su sitio. A su lado, un hombre se sentó, la expresión determinada y los ojos marcados por el sueño. David Nolan había vuelto. Emma le aferró repentinamente la mano y le ofreció una sonrisa conmovida.
-Gracias
-Es mi amiga- afirmó David con voz fatigada
La sonrisa de Emma desapareció velozmente cuando Whale llamó a Lily Page al estrado.
Su ex amiga ni se atrevió a cruzar su mirada para desafiarla o excusarse. Tenía esos aires de jovencita prudente y reservada que no le pegaba para nada. Avanzó por el pasillo para sentarse ante el juez y mantuvo una expresión apenada en el rostro.
La rubia echaba chispas. Sabía que Lily había tenido que llamar al buffet de abogados diciendo que tenía cosas que contar sobre «SwanQueen» y ese imbécil de Whale habría visto el cielo abierto.
Lily habló evidentemente de la noche en que Regina y Emma habían estado en el restaurante y del hecho de que parecían muy cercanas y sobre todo que las dos se apoyaban una a la otra.
-¡Se veía claramente, estaban locas la una por la otra!- dijo con voz de animadora
Emma cerró los puños, ¡cómo esa zorra podía arruinarle ese recuerdo!
-¿Piensa usted que Emma habría podido empujar a la señorita Queen a cometer un asesinato?
-¡Protesto! ¡Emma Swan no está siendo juzgada aquí! ¡Y no comprendo lo que una camarera puede enseñarnos sobre Regina Queen!
-¡Intento determinar el papel que una influencia podría haber jugado en la mente de Regina Mills!
-Protesta denegada- declaró el juez –Responda a la pregunta, señorita
-No lo creo- soltó Lily
-¿Pe…perdón?- dijo asombrado Whale, quedándose quieto
En la sala de audiencia, el silencio que ya estaba presente se hizo aún más evidente. Todos estaban sorprendidos y estaban clavados en los labios de la joven Lily. Emma escrutaba ahora a la morena interrogándola con la mirada. Entonces su antigua amiga la miró un momento antes de volver a hablar.
-Emma siempre me impidió que cometiera tonterías, así que imagino que habrá hecho lo mismo por la mujer que ama.
Whale acababa de verse con los pantalones bajados a causa de su testigo y estaba tomando conciencia de eso poco a poco. Sus mejillas estaban rojas de cólera.
-Perdóneme, pero…recuerde que está bajo juramento, señorita Paige- soltó enfurecido Whale aunque intentaba mantener la calma
-Lo sé perfectamente
En el primer banco tras Regina, Emma no se lo creía…¡Lily Paige estaba ayudándola! Gold enarboló una expresión satisfecha en el rostro. Un empujoncito no le haría mal a nadie y se disponía a echar gasolina sobre el fuego. Daba saltos en su interior.
Whale intentó que Lily entrara en razón, pero causa perdida. Volvió a su sitio y aunque intentaba dominar su furor, Emma pudo percibir algunos tics de nerviosismo en su rostro.
Gold se levantó tranquilamente y se abotonó su chaleco oscuro. Cogió su bastón y se apoyó en él, como un buitre que esperara a su presa sobre su rama. Si Gold había elegido el trabajo de abogado, también había sido por su lado de «puesta en escena». Podía perfectamente ser el escenógrafo del lugar y controlarlo todo, incluido al jurado. Ahí, inclinado sobre su bastón, sabía muy bien que todos se habían dado cuenta de su expresión de felicidad y todos esperaban conocer la razón. Sonrió confiadamente y declaró en voz alta
-Llamó al estado a…la señorita Zelena Queen.
Emma se giró hacia el fondo de la sala para ver aparecer a una mujer de cabellera resplandeciente anudada en un moño y coronado con un elegante sombrero. Se lo quitó al acercarse al juez. Se sentó en el asiento y lanzó una ojeada a su hermana que la escrutaba, con los ojos llenos de lágrimas. ¿Sabía Regina que su hermana volaría a su auxilio? No era nada seguro. Gold, en efecto, quería recoger las sinceras reacciones de la acusada y que esas reacciones fueran vistas por todos. Eso ayudaba a que vieran el lado de verdad de su clienta, y a veces, las grandes debilidades eran reveladas con la palabra precisa.
Emma recordaba haber visto una foto de familia cuando había puesto los pies en casa de Regina por primera vez. La pelirroja no había cambiado mucho, había ganado algunas arrugas, aquí y allí, pero seguía siendo una mujer magnífica. ¡Parece que las Queen tenían buenos genes!
Zelena parecía atenta a los más mínimos gestos de su hermana pequeña y no apartaba sus ojos de ella cuando respondía a las preguntas de Gold. Whale se levantó a continuación para pasar al ataque.
-Acaba usted de afirmar que su hermana había sido violada y que Narcissa se había aprovechado de la debilidad de ella para obligarla a ciertas cosas
Los ojos claros de Zelena se clavaron en el abogado y ella lo fusiló con la mirada.
-Es lo que he afirmado, en efecto
Whale dio algunos pasos, aparentando pasearse por el territorio de Gold. Este último presentía que vendría un golpe bajo, pero no lograba adivinar de dónde llegaría.
-Si no es mucho presuponer, usted no estaba presente durante la violación de su hermana, ¿habló ella con usted de ello?
-No
-Entonces…¿cómo puede saber que fue violada?- preguntó Whale, fingiendo incomprensión
-¡Protesto!- declaró Gold
-¡Intento probar la credibilidad del testigo!- argumentó Whale separando los brazos con inocencia
-¡Denegada!
Los ojos de Zelena tomaron de repente un brillo oscuro. Como si tuviera la intención de arrancarle las tripas y el corazón al abogado. Intentaba probar su credibilidad, craso error.
-Lo sé porque, algunos días antes del entierro de mi padre, volví de Canada para asistir a los funerales…
Zelena bajó al gran salón y acarició el sillón donde a su padre le gustaba sentarse para leer. Cuando eran niñas, se sentaban a sus pies y esperaban a que él les contara todo tipo de historias…Ese tiempo perdido lo añoraba. Voces altas la sacaron de su ensoñación. Su madre discutía otra vez con Regina en la estancia de al lado. Zelena reviró sus ojos verdes. ¿Tenían que pelearse en un momento como ese? ¿No podían hacer una tregua por esta vez? Se levantó y se dirigió hacia la delgada puerta de madera para decirles que se callaran, pero el cariz de la pelea era diferente esta vez.
-¡Madre!- protestó Regina en un sollozo
-¡Basta, Regina! ¡No toleraré otra de tus idioteces! Me harás el placer de olvidar toda esa historia y convertirte de una vez en alguien respetable- susurró Cora en un tono casi amable.
-Pero yo…
-La muerte de tu padre ya nos causa suficiente trastorno. No soportaría un afrenta más- cortó ella
Zelena podía imaginarla fácilmente revirando los ojos mientras su hermana pequeña le suplicaba en silencio.
-¿Una afrenta? Madre, yo…
-¡Cállate!- gritó Cora con voz aguda -¿Cómo te atreves a hablarme cuando eres la causante de todo esto? ¡Preferiste revolcarte en el fango como una puta antes de quedarte aquí, es tu problema, no vuelvas a inventarte lo de la violación para salvarte de esta situación! ¿Dónde tienes la cabeza, pobre hija mía?
-¿Acaso…cree…cree que…miento?
La inmensa tristeza en la voz de Regina heló a Zelena. Jamás había escuchado a su hermana pequeña hablar de esa manera y aunque ella estaba muy unida a su padre, había algo más. Más que la muerte de su padre: una violación. Con sus pensamientos muy lejos, Zelena no volvió a retomar el hilo de la conversación sino cuando escuchó un seco ruido proveniente de la otra estancia. Sin duda, Regina acababa de recibir una bofetada.
-¡No vuelvas a hablarme nunca más de eso! ¡Te lo prohíbo, Regina! No has sido violada, ¿he sido bastante clara? ¡Lo único que has hecho es matar a tu padre! Ahora, sube a prepararte, vamos a cenar.
-¿Y nunca habló de eso con su hermana?- dijo asombrado Whale frunciendo el ceño
-Lo intenté, una vez, pero creo que ella estaba demasiado encerrada en sí misma para confiarme algo.
-¿Por qué se está hablando de la violación?- murmuró Regina a su abogado
Gold se giró hacia ella y como si fuera evidente, respondió
-Porque intenta demostrar que eso la volvió inestable
-Después de esa presunta violación, su hermana conoció a Narcissa, ¿la conocía usted?- preguntó Whale entrecerrando sus pérfidos ojos
-La conocía por lo que mi hermana me contaba
Whale no logró tumbar a Zelena, a pesar de todas sus cortantes preguntas. Ella era muy inteligente y cuando él hacía una pregunta, ella sabía exactamente por dónde quería llevarla y deshacía sus tejemanejes con una eficacia desconcertante. Emma tenía la impresión de estar asistiendo a una partida de ajedrez. Whale recibió un jaque mate en pocos movimientos, y el día se acabó tras esos movimientos.
Ante el edificio, Emma habló a las cámaras durante unos minutos y les dio las gracias a las personas que aún enarbolaban las banderas día tras día.
-¿Se siente apoyada en este caso?- preguntó una periodista torciendo el brazo para meter el micro ante la nariz de la rubia.
-¡Hoy más que nunca!- respondió ella mirando una silueta a contraluz que se había girado hacia ella. Tras algunos segundos de vacilación, bajó los pocos escalones que la conducían hacia Zelena Queen.
-Es usted la hermana de Regina- dijo Emma
-Y usted es su…¿novia?- preguntó Zelena con una enigmática sonrisa
La rubia asintió pellizcándose el labio. Se sentía intimidada ante ella y no se atrevía a mirarla a los ojos.
-¿Y si vamos a beber un café?- propuso la pelirroja dirigiendo su mirada hacia las cámaras dirigidas hacia ellas
-Oh…sí, por supuesto, será un placer…
Los días siguientes pasaron rápidamente y todos, uno tras otro, fueron dolorosos. Whale había reservado sus mejores golpes para el final y el desfile comenzó con Sindey Glass. Dibujó un retrato de Regina catastrófico ante la corte. Archibald Hopper siguió denunciando la fragmentación de la mente de Regina, y a pesar de las objeciones de Gold sobre el hecho de que Hopper no comparecía en calidad de psicólogo, los miembros del jurado miraron de otra manera a la morena que sentía la hoja sobre ella. Y además, Hopper se puso a hablar del día en que había sido cometido el asesinato. Ese mismo día en que extrañamente Emma la había cogido contra una pobre taquilla, lo que sembró la duda en la mente del jurado y de la asistencia. Emma no dejaba de acosar a Gold para que protestara, o para que fuera más virulento en los interrogatorios, pero nada daba resultado.
Regina se estaba debilitando poco a poco, y Emma tenía cada vez más entrevistas con Gold para hablar de los giros del caso. Este parecía estar rindiéndose poco a poco mientras defendía lo contrario. Él intentaba orientar a Emma sobre cómo actuar con los periodistas y la preparaba también para cuando subiera al estrado. Era necesario que estuviera preparada y los entrenamientos con él se parecían a las clases de Snape adiestrando a Harry sobre cómo cerrar su mente para que Voldemort no consiguiera penetrar en sus pensamientos. Salió de la primera lección en cólera y frustrada y después, al día siguiente, se produjo esa disputa que hizo que todo diera un giro.
Emma estaba sentada frente a Gold, pero no lograba concentrarse en las preguntas que él le hacía. Cruzó sus piernas y suspiró.
-¿Tenía derecho de usar nuestros mensajes personales ante la corte?- preguntó ella de repente
-¿Perdón?
Whale mostró la prueba y comenzó a leer el documento que tenía en las manos.
«Regina: Necesito unos días para pensar en todo esto
Emma: ¿Es una manera más suave para dejarme?
Regina: No, solo quiero que comprendas que puedes vivir alejada de mí sin que sea un verdadero calvario»
-Me gustaría volver sobre la última frase…¿Vivir alejada? ¿Por qué Emma y Regina Queen tendrían que vivir separadas si eran una pareja?
-Los mensajes, los…textos…¿tenía el derecho de usarlos?
-¡Evidentemente sí!
-¿Por qué no logra usted darle la vuelta al caso a nuestro favor?
-Señorita Swan…- suspiró Gold revirando los ojos, exasperado por la joven.
-¡No! Me he informado, normalmente usted se las apaña para que el jurado esté a su favor en pocos días. ¡Y aún nada! ¡Peor, el jurado está claramente del lado de Whale!
-¡Tiene que concentrarse!- gruñó Gold apretando los dientes.
-¡No puedo!- gritó ella alzando los brazos –Tengo la impresión de que estamos perdiendo y que todo se me está escapando. Creo que nuestro jueguecito con los medios se ha llevado mucho tiempo. Tengo la impresión de que usted solo quería algo de publicidad. ¿Me equivoco?
-¡Señorita Swan! ¿Concéntrese en mi pregunta?
-¡No! ¡Estoy harta! Quiero poner toda la buena voluntad del mundo, pero usted no es más que un aprovechador
-Señorita…¿un aprovechador?
-¡Sí! ¡Se hace publicidad perdiendo este caso de mierda! ¡No puede hacer nada por Regina, va a dejar que se pudra en prisión!
-¡Creo que se tiene que concentrarse en su paso por el estrado, será capital, Emma!
-¡Va a dejar que se muera en prisión!- gritó Emma fuera de sí -¡No hace nada para ayudarla, es usted una basura!
No fueron gritos lo que salieron de la boca de Gold, sino una verdadera y sombría cólera.
-¿Y usted, Miss Swan? ¿Qué ha hecho usted para sacarla de ahí? ¿Qué pasó realmente esa noche? ¡No sea tonta al imaginar que yo puedo darme publicidad con un caso perdido! He aceptado este caso porque Belle me lo pidió, pero ¿cómo puedo comenzar ganando cuando incluso los dados están trucados? ¡Cuando el juego es falso desde el comienzo! No es la persona correcta la que está sentada a mi lado todos los días, ¿verdad?- susurró él de manera glacial, intentaba herirla y funcionaba de maravilla -¡Estoy haciendo lo que puedo, Miss Swan y créame, están quemando a su pequeña Regina en una hoguera en estos momentos, pero no tengo sino un cubo agujereado para echar sobre las llamas! ¡No intente hacerme pasar a mí por el culpable! ¡Acepte su responsabilidad!
La mañana en que Emma tenía que subir al estrado, Robin, el palafrenero de Regina, subió al estrado y Whale sacó a la luz el hecho de que la joven, algunos días antes del asesinato, había vendido sus caballos favoritos…«como si ella supiera» había enfatizado Whale casi dando saltitos. Regina sabía que el caso estaba perdido, Gold también. Emma tenía la impresión de estar ahogándose lenta y dolorosamente en los minutos que corrían. Se levantó y se presentó en el estrado, repitió mecánicamente lo que le dijeron. Apenas parpadeaba. Mirando a Regina frente a ella, sentía la culpabilidad corroerla, destruirla lentamente. Daniel se encontraba dos filas tras la morena y sus ojos intentaron captar los de ella cuando vio que tardaba en contestar las preguntas de Gold. El juez le pregunto si deseaba hacer una pausa. Estaba pálida y transpiraba, le costaba tragar. Parecía estar en shock.
Whale avanzó hacia ella para comenzar su interrogatorio y ella respondió de forma lacónica.
-¿Usted vio lo que ocurrió? ¿Es lo que les dijo a los investigadores? ¿En qué momento estuvo usted con Regina Mills? ¿Estuvo usted cuando ella la agredió con un cuchillo? ¿Estuvo usted allí cuando la siguió en coche, cuando ella la atacó?
-Euh…¿cuál es la pregunta?
-Señorita Swan…¿asesinó o no Regina Queen a Narcissa? ¡Usted estaba presente, sabe lo que ocurrió! ¡Responda!
-¡No!
Regina frunció el ceño y aferró el brazo de Gold para que él reaccionara antes de que las palabras de Emma provocaran una ola cuyo alcance no podría medir.
-¡Fui yo quien mató a Narcissa!- afirmó
Bueno, ¿qué pasará ahora? Quedan pocos capis, y quiero haceros una pregunta. ¿Os gustaría que tradujera un fic que está basado en la peli Lady Halcón? Es precioso, diferente a lo acostumbrado.
