Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
[**]
.
¡Hooooola por segunda vez esta semana!
Aquí vuelvo a estar de nuevo, vais a acabar de mí hartos jajaja
MUCHISIMAS GRACIAS, sois maravillosas, ni una queja por no poder actualizar el viernes y encima todo de palabras bonitas del anterior capítulo. Sois un amor.
Sin más os dejo con Bella, a ver si adivinamos quién es él o la que los ha interrumpido ;)
.
MERECE MÁS LA PENA ARRIESGARSE
BPOV
.
Quería matar a quién había osado alejarme de Edward y de sus labios que nunca había tenido tantísimas ganas de besar.
La cena anual de Volturis se me había hecho cuesta arriba durante dos semanas y es que si no fuera porque le había acabado cogiendo cariño a Caius hubiera dejado que Jake lo matara cuando vino a proponernos, o mejor dicho a suplicarnos, que nos encargáramos del catering del evento a última hora.
Cuando entré al salón del magnífico hotel quedé maravillada. Estaba todo precioso, con el juego de luces y la banda tocando en directo. Sentí unas mariposas en el estómago de la emoción. Cuando fui al instituto me negué a ir a los bailes de mi promoción, me habían parecido absurdos y no había querido formar parte de toda la parafernalia que movían. Así que cuando Rose se enteró que estaba invitada a esta cena no me dejó más opción que ir. Entre ella y Alice me habían arrastrado por varias tiendas hasta encontrar este precioso vestido. Me sentía preciosa. Me alegraba haberlas dejado hacer conmigo toda su magia así no me sentía fuera de lugar entre toda esta gente desconocida.
Mis ojos no cesaron hasta que encontré a Edward.
Estaba hablando con Caius, y a pesar que éste último estaba muy elegante, Edward no tenía rival. Llevaba un esmoquin clásico con pajarita que le quedaba como un guante. Había veces que lo miraba y me quitaba el aire de lo guapo que era. Algunas noches que se había quedado en mi casa me había despertado sólo para verlo dormir. Su rostro se relajaba y parecía que nada le afectaba, era mi Edward preferido.
Desde que él y Caius habían comenzado su lucha por las acciones de Aro había estado en constante tensión. Había noches en que se había movido tanto en la cama que solo metiendo mí cuerpo entre sus brazos había conseguido que parara y tuviera un sueño más calmado. Me había costado admitirlo, pero él necesitaba a alguien con quien compartir su estrés y yo debía como mínimo darle la opción de ser esa persona. Quería que él quisiera que fuera esa persona… por muchas razones pero sobretodo porque él era, y había sido, un pilar importantísimo para mí durante todos estos meses y sin él me hubiera hundido nada más empezar con toda la gestión del Fantasía.
Edward había confiado en mí y yo, aunque estaba un poco asustada por todos los cambios que eso comportaba a nuestra extraña relación, estaba contenta. Ilusionada.
Caius me alcanzó y con cierta desilusión de mi parte por no ser el hombre al que esperaba encontrar. Hablé con él un rato, dejé que me presentara a algunas personas que, al parecer, eran asiduos a nuestro restaurante, pero en cuanto tuve la oportunidad me escapé. Quería alcanzar al hombre que hacía unos meses colmaba mis deseos, mis pensamientos y, por mucho que me negara a darle rienda suelta, mi corazón.
Al llegar a su lado me relajé. Era como llegar a casa, a ese lugar conocido en el que sabes que no te pasará nada. Eso era Edward en este ambiente, que aunque brillante y lujoso, se me antojaba huraño, era como si todo el mundo aparentara un papel.
Aro Volturi me dio ganas de vomitar. Me sentí mal por Caius. Él era un gran tipo y no se merecía tener un hermano tan ruin. Pero todas esas malas vibraciones se acabaron cuando volví a estar en los brazos seguros de Edward en la pista de baile.
Nunca lo reconocería en voz alta, y mucho menos delante de Edward, no quería que pensara que era una celosa sin corazón… pero desde la primera noche que nos habíamos acostado mis dedos habían desarrollado un tic involuntario. Siempre que nuestras manos se tocaban lo primero en que me concentraba era en el toque de nuestra piel alrededor de su dedo anular de la mano derecha. Ese metal frío que se alzaba como una barrera para mí.
Sabía que quería a su mujer… ¡Cómo no hacerlo! Un malnacido se la había arrebatado de la peor de las maneras, no era una exesposa o una examante cualquiera… y por eso mismo no estaba en el derecho de reclamarle nada. Él y sólo él debía decidir qué hacer con esa parte de su vida. A su ritmo. Le di su espacio. Mi parte racional sabía que no debía comprarme con ella, que Edward tampoco lo hacía, pero mi lado irracional sabía que no tenía nada que hacer, nada que ofrecerle que ella no lo hubiera hecho.
Era como si fuéramos tres en esta relación y yo era la tercera pata…
Así que cuando nuestras manos se tocaron y noté que no llevaba el anillo todas las defensas y excusas que había estado creando hasta el momento comenzaron a derrumbarse.
¿Edward me estaba enviando alguna clase de señal?
-Pero debo afrentar el futuro sin mirar atrás, por mucho que siempre formara parte de mí – me aseguró Edward con tanta firmeza que era imposible dudar de sus palabras.
Necesitaba besarlo, necesitaba su amor ahora mismo. A él. Edward Cullen había vuelto mi mundo del revés poco a poco.
-Llévame a casa Edward, por favor – mi voz salió casi como una súplica.
-Bella acabas de llegar – intentó razonar pero lo último que quería ahora era ser razonable.
- Llévame a casa Edward, por favor – volví a suplicarle.
Necesitaba estar a solas con él, dónde solo existiéramos los dos, sin todos estas personas rompiendo nuestra intimidad, quería que estuviera seguro que entendía la importancia de lo que había hecho y no me lo tomaba a la ligera. Nunca he sido buena con las palabras, a pesar de lo mucho que me gustaba leer, siempre he sido más de actuar que de decir…. Necesitaba demostrarle a Edward lo que tanto me costaba expresarle….
No había conseguido besar sus labios cuando escuchamos una garganta aclarase teatralmente detrás de nosotros.
Quería matar a quién había osado alejarme de Edward y de sus labios que nunca había tenido tantísimas ganas de besar.
-Vaya… veo que, al final, sí hay alguien – Dijo Caius con decepción en su voz.
-Caius – lo llamamos Edward y yo a la vez.
Edward se puso a mi lado manteniendo su suave agarre en mi cadera. Al parecer no tenía ninguna intención de dejarme sola. Bien, no tenía nada que ocultar y no quería problemas con él debido a Caius. Ellos eran amigos y no quería que un malentendido lo echara todo por la borda.
-Ya era hora que te decidieras Edward – comentó después de una pausa sorprendiéndonos a los dos. –
-¿Qué quieres decir? – preguntó Edward mientras, ahora sí, su toque se cerraba con más fuerza en mi cadera.
-Quizás si no te conociera como lo hago hubiera pasado desapercibido…. Pero era mencionar el nombre de esta dulce dama y tus ojos se crispaban, juraba que si no hubiéramos sido amigos me hubieras machacado más de una vez – dijo Caius y noté como Edward cogía aire intentado tranquilizarse. Yo no entendía nada.
-¿entonces la conversación de hace un rato? – Preguntó Edward.
-Llámalo toque de atención, llámalo el último intento de un moribundo que lleva demasiado tiempo anhelando una utopía – dijo esta vez guiñándome un ojo con esa mueca divertida tan característica de él.
En otras circunstancias me hubiera reído pero ahora estaba demasiado confusa para hacerlo. Edward se limitó a bufar desesperado.
-Sabéis que no entiendo de qué habláis – decidí intervenir antes de que a Edward le diera un ataque de corazón –
-Nosotros sí, Bella – contestó Caius que por primera vez en su vida no me llamaba dulce Bella – Ya te pondrá al día Edward más tarde… Ahora me gustaría pedirle un favor a tu chico – sonrió negando con la cabeza mientras lo decía –
Edward tardó en contestar. Me dieron ganas de darle un pisotón por la incomodidad que estaba creando.
-Dime – acabó claudicando.
-Hay un par de tus clientes que acaban de llegar y quizás podrías intentar sondear un poco el ambiente – le pidió haciendo una pequeña seña con su cabeza en la dirección que quería que Edward mirara.
-Claro – asintió una vez localizó a esas personas – Preciosa – me llamó con esa voz que hacía derretirme – Te prometo volver lo antes posible. No se me olvida nuestro pequeño acuerdo – añadió tan cerca de mí que nadie más pudo ser testigo de sus palabras. Solo yo.
-Yo me quedo con ella – aseguró Caius y no sé si pretendía relajar a Edward con esas palabras, o si lo consiguió, pero aún así se fue después de asentir con la cabeza.- ¿Me aceptarías un baile? – me preguntó recuperando su ánimo.
Me alegraba no verlo mal por esto. El buen humor era una de las cosas que más me agradaban de Caius y me sentiría fatal hacerle sentir mal cuando él me había levantado el ánimo infinidad de veces.
-Por supuesto – acepté.
Comenzamos a bailar y aunque la canción era lenta también, no tenía nada que ver en cómo había sido cuando había bailado minutos antes con Edward.
Nuestras manos se agarraban sin electricidad en ellas, nuestros cuerpos no se tocaban, manteniendo la distancia prudencial, y nuestras miradas aunque había complicidad que se puede esperar de dos personas que se pueden considerar amigas, no lograba trasmitirme todo lo que hacía la de Edward, no lograba derretirme como la de esos ojos verdes que me tenían rendida.
-¿Desde cuándo lo sabías? – pregunté recordando lo que le había dicho a Edward.
Caius era un hombre listo y observador.
-Lo sospechaba…. Quizás desde el principio sabía que no le eras indiferente – comentó con una débil sonrisa como si recordase alguna situación en particular privada – Pero desde que nos encontramos en ese bar todo fue diferente…. Su cara se transformaba cuando yo hablaba de ti… Como solo lo hace la cara de alguien que sabe que esa persona se pertenece de alguna manera. – explicó como si fuera lo más sencillo del mundo y yo que pensaba que éramos unos expertos manteniendo esto entre nosotros dos.
Si Caius se había dado cuenta… ¿Lo habría hecho Rose? O Emmet, Alice o Jasper que nos conocían más, sobretodo a Edward. Ya se podría haber dado cuenta Irina… Pensé dejándome invadir por los celos una vez más.
-Es… es raro de explicar – le comenté mientras nos movíamos al ritmo de la música.
-No tienes que darme ninguna explicación, nunca has jugado conmigo dándome esperanzas. – me dijo muy serio.
Sabía que tenía razón, nunca había jugado con él. Había llegado un momento que sus coqueteos se habían convertido en una broma entre nosotros… Sabía que nunca le había dado calabazas directamente, pero, una vez más, Caius es un hombre inteligente y muy observador y siempre ha sabido que no había mucho dónde rascar conmigo amorosamente hablando aunque lo había intentando incansablemente.
-Lo sé, pero te aprecio y quiero hacerlo – me sincere – Llevamos unos meses viéndonos, no es nada serio… aun… Bueno, no sé si lo será pero no hay nadie más que él en mi vida ahora mismo – le expliqué y el cabeceó sin decir nada.
-Te lo dije una vez y no me canso de hacerlo eres una rompecorazones que no se ve a ella misma con claridad… eso sí que es un coctel explosivo y no los que tanto te gustan beber – acabó con una risa haciendo que yo también riera.
-¡Idiota! – le golpeé un brazo.
Vimos a Edward a un lado de la pista con una copa en la mano, esperando pacientemente a que acabáramos nuestro baile mientras hablaba ligeramente con varias personas que habían a su alrededor. Parecía más relajado que cuando se fue.
-Gracias por tomártelo con tanta deportividad – le dije una vez más.
-Ay… mi dulce Bella no me puedo enfadar por perder algo que nunca tuve – me comentó sincero.
Bailamos un rato más con tranquilidad y confianza.
Antes de que la última canción que estábamos bailando acabara me miró con esa forma divertida de la que había aprendido a esperarme cualquier cosa. Era como un niño pequeño con alguna travesura en su mente.
-Además…. – dejó una pausa dramática para llamar mi atención – Susurras su nombre por las noches – me guiñó un ojo antes de soltarme y empujarme con su brazo sutilmente y dirigirme hasta dónde estaba Edward.
¿Qué yo susurraba su nombre por las noches? Solo esperaba que Edward nunca se hubiera dado cuenta de eso. ¡Qué vergüenza!
Al llegar al lado de Edward, que ya estaba solo, me dio una copa que tenía preparada para mí y un pequeño entremés.
-Vamos a mantener ese estómago lleno si vas a tomar alcohol – me guiñó un ojo mientras me acercaba a su lado con una sonrisa.
-Gracioso – me defendí antes de atacar mi creación. ¡Estaba riquísima!
Mientras Caius y Edward se ponían al día sobre los clientes con los que había ido a hablar hace un rato no pude evitar hacer una inspección al local…. Había visto a varias mujeres intentando desnudar a Edward con la mirada y otras mucho menos discretas pavoneándose delante de él como si se tratara de un ritual de apareamiento del canal de naturaleza que veía papá.
Nunca he sido una persona celosa, pero este extraño arreglo en el que estaba metida con Edward me hacía sentirme insegura. Sabía que había sido idea mía el no decir nada a nadie hasta no conocernos mejor y eso me dejaba en tierra de nadie. Me hacía sentirme impotente ante todas esas mujeres preciosas que querían algo con él y que lo intentaban al saberlo soltero.
Di un trago a mi bebida. Era un daiquiri. Como siempre dando de pleno en la diana.
Sonreí y sentí como su mano recorría mi espalda en ese momento como si hubiera sido consciente de mi reconocimiento hasta quedar asentada en ese lugar dónde la espalda perdía su nombre.
Era lo más cerca que habíamos estado nunca en público y no me podía sentir mejor. Era un pequeño gesto, pero quizás eso era lo que debíamos comenzar a hacer después de más de tres meses escondiéndonos en mi apartamento. Poco a poco los dos derrumbaríamos nuestros muros.
-Señor Cullen, Señor Volturi – los llamó Tanya al llegar a nosotros - ¡Oh, Señorita Swan está preciosa! – admiró sinceramente haciéndome sentir un poco mejor entre este mar de víboras que solo querían echarme sus garras encima para quitarme a mi chico.
Mi chico.
Cada vez estaba más loca.
-Gracias, tú también estás espectacular – le devolví el halago haciendo que sonriera abiertamente.
Tanya era una chica preciosa, podría brillar con una bolsa de basura puesta en la cabeza, así que con ese vestido color azul turquesa que resaltaba el color de sus ojos era casi una diosa. Su larga melena rubia caía en suaves ondas por su espalda. Según me había contado Edward estaba en sus últimos años de carrera y tenía plena confianza en sus facultades. Sinceramente, creo que estaba haciendo de ella una especie de alumna aventajada preparándola para la vida en Volturis. Estaba muy orgulloso de ella y no era para menos, está chica valía para todo.
-Tengo noticias… - comentó emocionada mientras ponía al día a Edward y Caius sobre dos accionistas menores de le empresa.
Edward estaba atento a lo que le contaban, podía ver su cara de concentración en pleno apogeo. Fruncía el entrecejo y sus labios se volvían casi una fina línea. Lo había visto varias veces así en las reuniones que mantenía conmigo y había aprendido a dejarle su tiempo, cualquier cosa que le digieras en ese instante que no fuera de lo que estaba robando su atención lo ignoraría completamente. Por eso me sorprendió cuando me acercó un poco más a él y dejó un beso en el tope de mi cabeza.
-¡Oh! – escuchamos un suspiro de sorpresa proveniente de Tanya al ver ese gesto cariñoso por parte de Edward.
Edward se rio estrechándome más cerca al ver que me escondía en su pecho.
-Afortunado de mierda – gruñó con tono jocoso Caius mientras empujaba un poco a Edward haciendo tambalearnos.
Sin ninguna duda se lo había tomado deportivamente. Esto era lo que más me había gustado de Caius sabía tomarse la vida con una relatividad poco común en estos tiempos.
-Centrémonos de nuevo… tengo una promesa que cumplir y me estáis entreteniendo – le comentó mientras me miraba haciéndome arder.
No entendía la mitad de las cosas que decían, pero al parecer el rumor de la venta de acciones por parte de Aro se había escampado como la pólvora. Era de esos secretos a gritos. Todo el mundo lo sabía pero nadie lo decía en voz alta. Según habían ido tanteando tenían bastante apoyo de los principales clientes para mantener sus cuentas, pero los accionistas minoritarios estaban la mayoría en dudas…. Muchos ponían una única condición para darle su apoyo a Caius y era que Edward pasara a asumir algo más que el departamento Económico de la empresa…. Cosa que por la rigidez de su agarre mientras escuchaba esa conclusión no le debía hacer excesiva gracia.
Sin contar que tenía la sensación que se guardaban un AS en la manga que no estaban contando a nadie y que hacía que para Edward y Caius todo fuera un movimiento más suculento que quedarse con las acciones de Aro. Los conocía a los dos lo suficiente y sospechaba que esta acción contra Aro era una en aras de uno mayor… Pero este mundo era tan diferente a los de mi simple cocina que me daba dolor de cabeza intentarlo entender lo que muchas veces me explicaba Edward… por mucho que él hacía todo el esfuerzo del mundo en hacerse entender y yo en hacerlo. Quería serle todo lo útil que podía.
-Deberías bailar con Tanya – espeté a Edward cuando esa pequeña reunión improvisada se disolvió y nos quedamos a solas.
-¿Cómo? – me preguntó confuso por su mirada parecía que me había crecido una segunda cabeza.
-Tanya, tu secretaria y fiel ayudante… Últimamente la estás explotando y hoy está preciosa…. No te matará bailar con ella, seguro que lo agradece – le expliqué.
-Tú, que antes estabas dispuesta a matar a media sala quieres que saque a bailar a Tanya… - recapitulo levantando una ceja con cierto aire burlón.
¡Maldito Edward Cullen!
-Tanya me cae bien las demás son unas víboras que solo quieren lanzarse encima de ti. – defendí a su secretaria. – Además, he localizado a Carl, iré a burlarme un poco de él – añadí para convencerlo.
-Está bien – aceptó aunque a regañadientes – Pero usted señorita no se vaya a perder, cuando acabe de bailar con Tanya, tú y yo vamos a irnos de aquí y vamos a disfrutar de nuestra compañía. – acabó acareándome la cara y dejando un beso en la comisura de mi boca que sólo hizo aumentar mi expectativa.
Cuando me recuperé del escalofrío que recorrió todo mi cuerpo fui a buscar a Carl. Había conseguido que le cogiera mucho cariño con sus locas ideas para el restaurante. ¡Hasta lo llamaba su bebé! Era una locura.
Estuve un buen rato riéndome con él y sus extravagantes comentarios.
-Parece que ahí viene tu caballero andante – anunció cuando vio que Edward se dirigía a nosotros.
Rodeé los ojos y decidí no hacer ningún comentario, todo esto era demasiado nuevo, ni tan siquiera había hablado con Edward más de dos frases después de nuestro significativo baile.
-Buenas noches – se hizo notar Edward.
Viendo la forma tan descarada cómo me miraba Edward en estos momentos me sorprendía que hubiésemos mantenido nuestra relación en secreto durante tanto tiempo. ¿Habíamos sido tan obvios siempre o algo había hecho un clic desde nuestra anterior conversación?
-Hola – le contesté clavando mi mirada en la suya y sin querer una sonrisa se me escapó.
-¡Mira me voy! Porque no hay nada peor que dos enamorados por muy monos que seáis para un soltero como yo– declaró Carl dándose la vuelta sin esperar una respuesta nuestra.
Edward se rio negando con su cabeza, si yo estaba acostumbrada a las salidas de Carl él era completamente inmune.
-Ahora sí nos vamos. No me pienso parar por nada del mundo así que más te vale no mirar atrás hasta que no estemos sentados en el taxi – me dijo convencido mientras tiraba de mi mano.
-¿No tienes que despedirte de nadie? Edward eres el director económico… - le recordé de repente sintiéndome mal por él. Esto era trabajo para él no podía irse simplemente porque yo se lo había pedido desesperadamente hace ya más de una hora.
-No. Precisamente por eso me puedo ir cuando quiera – reafirmó mientras caminábamos hasta la entrada – Los Volturis son los únicos que la gente echará de menos e incluso se considera que una vez has cumplido puedes marcharte cuando te plazca – me explicó mientras pedía un taxi en recepción del hotel.
En la soledad de nuestra espera me lancé a sus brazos abrazándolo cerca de mí. Me moría de ganas desde que Caius nos había separado en la pista de baile.
-Si llego a saber que esta celebración te sentaría tan bien hubiera hecho lo que fuera para adelantarla – comentó divertido mientras yo alzaba mi cara para verlo.
Estaba relajado, contento y su mirada brillaba haciéndome sentir muy especial.
-Muy seguro te veo de tus oportunidades, Cullen – le tomé el pelo.
-¿Contigo? – levantó la ceja cuestionándome – Créeme todo es una sorpresa, preciosa. – acabó.
Intenté parecer ofendida, pero tenía razón. Siempre había echado el freno.
Aún recuerdo la primera comida con los chicos después de comenzar a vernos de manera más regular. Le había evitado tanto que hasta Rose me había llamado la atención para que fuera más simpática…. Ay, si hubiese sabido que no había sido por falta de ganas sino por demasiadas.
Decidí ser valiente, solo esperaba que ahora que yo decidía serlo no fuera demasiado rápido para Edward.
Alcé mis pies y acercando mis manos a su nuca tiré de él para acabar con el poco espacio que había entre nosotros. ¡Edward era demasiado alto!
Fue un beso tímido… tenía miedo que no quisiera que todos sus compañeros se enteraran de lo nuestro, de que a pesar de haber demostrado su cariño en público hace un rato, aun no quisiera este tipo de gestos más comprometidos. Tenía miedo de saltarme una casilla y que todo volara por los aires.
Por suerte Edward respondió devolviéndome el beso de manera tierna. Tanteándonos en este nuevo terreno que estábamos comenzando a descubrir. Estábamos acostumbrados a desearnos tanto que casi dolía, a devorarnos, a la urgencia que lleva la química explosiva que surgía entre nosotros…. Pero éramos unos amateurs en estos besos. Besos que demostraban… ¿Amor?
-¿Sabes? Podría acostumbrarme a esto – bromeé escondiendo mi cara en su pecho –
-Oh preciosa, tengo toda la intención de que lo hagas – me aseguró mientras me achuchaba haciendo que la seguridad en nosotros dos inundara mi cuerpo.
-Señor Cullen su taxi espera a fuera – nos avisó el chico de la recepción.
-Vamos preciosa – me condujo hacia fuera aun entre sus brazos.
Nos subimos al taxi e hicimos el trayecto en una burbuja dónde solo existían miradas cargadas de promesas, caricias furtivas y mucha, mucha expectativa por lo que acabábamos de iniciar.
-Edward…. Solo respóndeme a una pregunta… - le dije mirándolo fijamente, no quería perderme ni un segundo de su respuesta. Él cabeceó - ¿Necesitas a alguien con quien estar o me necesitas a mí? – pregunté dejando al descubierto mi gran reparo con esta relación.
Edward se acomodó para mirarnos de frente.
-Siempre te he necesitado a ti. Solo a ti. – susurro para que el taxista no nos escuchara y esta especie de declaración quedara entre nosotros. – Cuando lleguemos a casa vamos a hablar seriamente, Isabella Swan. – dijo convencido tirando de mí para devorar mis labios.
El taxi giró por mi calle.
-Le podríamos decir que siguiera hasta el final de la calle… ¿No crees? – volví a arriesgarme y él, como llevaba haciendo toda la noche, no me dejó caer.
-Por favor, continúe hasta el número cincuenta y seis. – anunció al taxista que prosiguió su marcha dejando mi bloque atrás.
A medida que nos alejábamos de mi casa y nos acercábamos a la de Edward mi nerviosismo aumentaba. Desde que había notado que Edward se había quitado la alianza parecía que mis compuertas se hubieran abierto y me sentía más confiada en dar todos los pasos que había evitado en casi cuatro meses. No sabía si esto sería un error, pero tenía la necesidad de hacerle entender que no se había equivocado conmigo. Que merecía la pena todo el esfuerzo que él había hecho para intentar superar a su esposa y demostrármelo.
La abuela Marie tenía una vieja libreta, dónde estaban escritas sus viejas recetas con algunas frases y trozos de textos que a ella le habían inspirado durante su vida y había decidido apuntar para que no se perdieran en el olvido. Había pasado media vida leyendo sus páginas, me las sabía de memoria, incluso aún había días dónde sacaba el cuaderno guardado en mi mesita de noche para leerlo. Había un escrito que se me venía a la mente ahora mismo.
El miedo a ser valiente, a equivocarse es lo que evita las cosas más bonitas en la vida. Y equivocarse también es de esas cosas. Y aunque seguramente lloraremos más de lo que vamos a sonreír, siempre merecerá más la pena arriesgarse que quedarse con las dudas eternas. Que esas sí que queman [NA**]
-Bella, ya hemos llegado – me llamó Edward cuando ya esperaba fuera del taxi extendiendo su mano para ayudarme a bajar. Me había quedado en babia.
-¿Estás segura que quieres subir? Sé que siempre te ha costado la idea de venir a mi casa – me dio la oportunidad, una vez más, de dar marcha atrás. Y aunque sabía que nunca me recriminaría nada, también sabía que eso lo decepcionaría. Y era lo último que quería hacer.
-Segurísima… Nerviosa por todo lo que está pasando esta noche, pero muy segura – confesé viendo en su mirada la misma emoción que yo sentía.
Con su mano en mi espalda nos dirigió hasta el ascensor y subimos hasta la última planta del edificio.
-No, no… manos quietas Swan – dijo cuándo me acerqué a él para besarlo ahora que ya no había nadie que nos interrumpiera ni nos hiciera cohibirnos.
Ante mi sorpresa Edward se explicó.
-No te mentía en el taxi cuando te dije que íbamos a tener esa conversación que llevamos meses evitando… Y en cuanto pongas tus manos sobre mí no me podré contener hasta que ese vestido desaparezca y tu estés debajo de mí gimiendo mi nombre – me dijo en mi oreja acabando por dejar un beso en mi cuello poniéndome la piel de gallina.
¡Maldito maestro de la expectativa!
Entramos en su apartamento sin separar nuestras manos, parecía que Edward incluso la apretaba con más fuerza de la que sería normal… Como si me fuera a escapar después de llevar toda la noche esperando estar con él a solas.
-Bienvenida a mi hogar – dijo cuando entramos.
Era un lugar espacioso. La entrada era amplia, tenía una pequeña mesa que hacía de recibidor y que estaba llena de cosas.
-¿Tienes moto? – pregunté al ver un casco entre todas las cartas y llaves que había en esa mesa en la que a pesar de todo lo que había reinaba el orden.
-Sí, pero rara vez la uso… En la ciudad voy en taxi y cuando tengo que salir la lluvia casi siempre me amarga el plan y tengo que acabar cogiendo el coche – explicó un poco ofuscado.
Nunca hubiera imaginado que detrás del Edward Cullen responsable, frío y trajeado se escondiera un hombre con corazón motero... pero había tanto que no sabía de él. A pesar de que era de los hombres que más intimidad había compartido en mi vida, era un completo desconocido para mí.
-¿Sorprendida? – me preguntó atrayéndome a él y abrazándome por la cintura.
-Bastante…. – me reí e intenté jugar un poco con él - Un coche grande, deportivo, de color oscuro… gris o negro o, quizás si estabas especialmente aventurero el día que lo compraste, sea azul oscuro… Me atrevería a arriesgarme y apostaría por un Mercedes o un Volvo…. Algo así sí lo imaginaba, pero una moto… no, eso nunca – bromeé haciéndolo reír.
Me encantaban las arrugas que se le comenzaban a formar en los ojos cuando reía genuinamente.
-Eres una bruja – me increpó divertido dándome una palmada en el culo.
-¡Oh vamos! ¡Tengo razón! ¿Lo he adivinado verdad? – dije victoriosa, sabiendo que había dado en el clavo.
-Tonterías… - se defendió aunque sabía que tenía razón - ¿Quieres ver el apartamento? – se ofreció dulcemente.
-Por supuesto, pero sé que tengo razón – insistí y él solo tiró de mí hasta el salón.
Estaba decorado de una manera que chillaba Edward por todos los lados. Había libros, películas, música por todos lados. Un gran sofá y una butaca que invitaban a sentarse con un buen libro y abandonarse al tiempo ocioso. Casi todo estaba decorado en tonos grises y azules con detalles de madera en los muebles. Había una sala pequeña a continuación con un despacho y la cocina al otro extremo.
-Vaya, no está nada mal – Admiré la cocina que estaba bastante bien equipada para un piso de soltero.
-No es la tuya pero me sirve – dijo dándome un beso en el tope de mi cabeza.
-¿Me puedo quitar los zapatos? Me están matando – pregunté cuando salimos de la cocina y estábamos de nuevo en el comedor.
-Preciosa, siéntete como en tu casa… No me pidas permiso para nada – dijo antes de arrodillarse y quitarme él mismo los zapatos.
-Gracias – murmuré cuando se levantó.
Continuamos la ruta. Había un pequeño cuarto de baño, dos habitaciones más y la de matrimonio con su propio baño.
-No sé para qué quieres esa cama si siempre duermes a un ladito – comenté al ver una cama tamaño King.
-Eso es porque tu cuerpo tiene un imán que no me deja separarme – rebatió cogiéndome en brazos para alzarme y darme un cálido beso.
Me llevó en volandas hasta la pared que tenía detrás de mí aun cogiéndome para quedar a su misma altura mientras nuestros labios luchaban por ganar la batalla de este beso. Mis manos estaban entrelazadas en sus hombros y cuello para ayudarlo a mantener mi peso intentando que no se alejara nunca más.
-Shhhhh Bella – dijo separándose lenta, y con una mueca casi de dolor, de mí – No quiero que nos dejemos llevar y posponer una vez más la conversación… No nos despistemos – Su voz sonó casi como una súplica mientras juntaba nuestras frentes e inhalaba pesadamente aire para calmarse.
-Tienes razón – admití por mucho que solo quería arrancarle toda la ropa y sentirlo bien dentro de mí.
Dejando un último beso se separó de mí conduciéndome de vuelta al sofá. Fue a buscar una copa de vino mientras yo le esperaba cómodamente sentada. No tardó nada en llegar con nuestras bebidas sentándose a mi lado.
Vio mi mirada divertida y le señale la mesita que tenía justo delante de mí dónde descansaban una llaves. De un coche.
-Está bien. Conduzco un Mercedes clase B sport en color negro. ¿Contenta? – admitió haciéndome reír porque había acertado mi predicción anterior.
-Mucho. Mucho. – admití triunfal mientras veía como me quitaba la copa y me arrastraba a sus brazos dónde comenzó una desigual guerra de cosquillas.
Supongo que no pasaba nada si disfrutábamos un poco antes de ponernos serios.
[**]
.
NA:
PRIMERO Y MÁS IMPORTANTE, como he hecho siempre que he citado textos, canciones o versos que no son mías. El parágrafo que recuerda Bella sobre el libro de su abuela NO ES MÍA. PERTENECE A DEFREDS DE SU LIBRO "CASI SIN QUERER" es el escrito titulado ARRIESGA. Nunca me gustaría lucrarme de nada que no sea mío. Os recomiendo que si tenéis Instagram o alguna RRSS lo sigáis porque escribe cosas realmente bonitas. O si os gusta compréis sus libros, claro está ;)
Dicho esto, espero que os haya gustado.
Al final se ha aclarado el tema CAIUS. Es un personaje al que le tengo mucho cariño y nunca se me ocurriría que no reaccionara de otra forma que no fuera con elegancia cuando se enterara que Bella y Edward estaban juntos.
Nos vemos el VIERNES ¿Alguna apuesta sobre qué pasará a partir de ahora?
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
