Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

¡Hooooola de nuevo!

Aquí estamos la última actualización de esta semana y con el fin de semana por delante.

MUCHÍSIMAS GRACIAS DE TODO CORAZÓN por vuestro apoyo, es que no falláis nunca. Capítulo tras capitulo. Historia tras historia. Aquí seguís acompañándome. Sois maravillosas, de verdad.

Os dejo con Bella y con esa conversación que tenían pendiente.

.

MÁS INTENSO QUE NUNCA

BPOV

.

-Vale, vale me rindo – chillé casi sin aliento intentando que Edward se apiadara de mí.

-Al fin acabas rindiéndote a mis encantos – dijo Edward mientras paraba con su ataque pero no me dejaba abandonar sus brazos dejándome bien resguardada en un reconfortante abrazo.

Me dejé acariciar y acalorar por las caricias de Edward maravillándome lo diferente que se sentía todo ahora que parte de mis dudas se habían esfumado por la ventana. Era estúpido, era consciente que Edward siempre echaría de menos a su esposa, con o sin anillo puesto, pero también era una señal para darme seguridad.

-¿Cuánto hace de la muerte de Jessica? – le pregunté pronunciando por primera vez el nombre de la mujer que tan presente había tenido durante estos meses.

-Pronto hará dos años. – contestó apretándome un poco más contra su pecho.

-¿Fue muy duro? – me gire para verle la cara aun entre sus brazos. Apoyé mi cara en su pecho.

-Sí. Aún hay días que tengo pesadillas con la cara de ese malnacido – me explicó poniéndome la piel de gallina al pensar en todo lo que debió pasar.

-¿Lo encontraron? – pregunté con un filo de voz.

-Ni dos meses después volvió a atacar a una chica, pero tuvo la gran suerte que unos chicos que pasaban por allí corrieron a su rescate al sentir sus gritos. Entre ellos y la chica dieron la descripción a la policía y lo pillaron a los pocos días. Al comprar el ADN vieron que coincidía con los restos que habían encontrado en el cuerpo de Jessica. – me explicó mientras me acariciaba inconscientemente, supongo que intentaba calmarse así que lo dejé hacer – Fui al juicio y pude ver su cara… desde entonces está grabada a fuego en mi memoria. Sigue cumpliendo condena. Espero que se pudra en la cárcel. – afirmó.

-Joder… no somos conscientes de con quién nos cruzamos por la calle – murmuré recordando todas las veces que Edward me había insistido en no caminar a altas horas de la madrugada sola o lo nervioso que se había puesto el día que salí corriendo tras la pelea con Jacob. Rose me había dicho que le había preocupado más Edward que yo.

Edward se limitó a mantenerme cerca y besar distraídamente mi cabeza.

-Edward – lo llamé al ver su mirada estaba perdida. Me senté quedando nuestras piernas liadas entre sí y nosotros cara a cara. – Yo sé que la echas de menos y que la quieres mucho, nunca me atrevería a pedirte que no lo hicieras. Tu pasado es tuyo y yo no osó ni a entrometerme…. Ella debería tener siempre una parcela de tu corazón…. No quiero que pienses que yo quiero que ella desaparezca de ninguna manera de tu vida… Yo solo quería estar segura que quieres esto por lo que es y no como substitución de algo que ya no podrás tener. - me sincere.

Edward sonrió levemente llevando sus manos a mi cara haciéndome alzar la vista de nuevo a su rostro.

-Entiendo cómo te sientes y tus dudas…. De verdad que lo hago – me aseguró besándome suavemente – Pero pasé muchos meses sin ni mirar a una mujer, no me interesaba volver a este mundo de las citas pero llegaste a mi vida como un huracán, preciosa – dijo haciéndonos reír – Alquilé este piso unos meses antes de conocerte, bastante antes, sabía que si continuaba viviendo en el mismo lugar en que lo hice con Jessica solo me lamería, aún más, las heridas…. Con esto lo que quiero decir es que antes que llegaras a mi vida estaba dispuesto a comenzar a cambiar, a caminar para delante… Y tú, te has colado en ella por ti misma. Desde el principio ha sido solo por ti y tu personalidad magnética. Tienes algo que me atrae hacía ti. – acabó justo antes de que me lanzara a sus brazos de nuevo para besar esa boca que acababa de derretirme el corazón con sus palabras.

Me acomodé encima de él mientras nuestras manos se entrelazaban para que ambos las tuviéramos en el cuello del otro con nuestras frentes unidas.

-Solo nos ha costado casi cuatro meses tener esta conversación… no está mal - Comenté un poco avergonzada sabiendo que era en parte, sino completamente, mi culpa.

-Bueno… tampoco hemos estado perdiendo el tiempo mientras tanto… - me contestó sin culparme. Edward siempre había sido muy cauteloso con mis miedos – Eso sí, preciosa, tú y yo vamos a tener que llegar a un nuevo acuerdo sobre los acontecimientos públicos – me dijo tirando de mis labios haciéndome gemir un poco.

-Así… ¿Cómo cuál? – me hice la distraída. No estaba segura de tener fuerzas para dar muchos más pasos en esta relación esta noche… Tenía la sensación de haber dado unos cuantos de gigantes.

Edward sonrió de lado. Creo que se había dado cuenta de mi reacción.

-Tiemblas – observó con una sonrisa dulce – Qué te parece si comenzamos por comportarnos como nos apetezca en público. Dejar de cohibirnos…. – escogió sus palabras muy bien- Al menos con nuestros amigos… - propuso.

Lo miré en silencio.

Me había sentido genial cuando habíamos ido a esa cita en el pequeño restaurante de Bella Italia y esta noche cuando había estado en sus brazos delante de todo el mundo y él había estado pendiente de mí me había sentido como si eso fuera todo lo que necesitara. Sin contar las veces que había querido que chillarle a todas las mujeres que rodeaban a Edward, que no eran pocas, que era mío y que lo dejaran de mirar así.

Yo nunca había sido celosa y seguramente esos sentimientos nuevos venían por la fragilidad de nuestra precaria relación. Quizás un poco más de seguridad haría que dejaran de inundarme esos instintos depredadores hacía otras mujeres que, aunque miraban a Edward con lujuria, no habían hecho nada malo.

-¿Al menos con ellos? Eso va a ser lo más difícil… No conoces a Rose…. De verdad que no – comenté pensando en la que se me vendría encima cuando mi querida prima se enterara, cosa que al parecer le hizo gracia a Edward.

No pude evitar reírme cuando lo hizo él tan despreocupado cuando hace unos minutos el dolor atravesaba todo su rostro al recordar a Jessica.

-Cuando sonríes se me pasa. – dijo Edward de repente.

-¿El qué? – pregunté sin saber a qué se refería exactamente

-Las penas, el dolor de los recuerdos… todo. – me contestó de manera tan sincera que no pude hacer otra cosa que besarle esperando poder trasmitirle todo lo que mis palabras se quedarían cortas para expresar.

Edward llevó sus manos a mi cadera manteniéndome aún más cerca de él. Abrí mi boca para dejarle entrar y comenzar una lucha que subió la temperatura de nuestros cuerpos.

-Edward – murmuré su nombre intentando coger aire.

Él nos impulsó dejando mi cuerpo recostado en el sofá trepando sobre mí como un león enjaulado.

-Cuando te he visto entrar al hotel solamente podía pensar en lo preciosa que estabas, pero ahora mismo este vestido me molesta mucho. ¿Por qué demonios tiene tanta tela? – murmuró ofuscado Edward mientras intentaba subirlo para acariciarme las piernas.

Me reí mientras atraía mis labios a los suyos y con facilidad le sacaba la chaqueta de su traje y su pajarita.

-Usted también está arrebatador esta noche, Señor Cullen – dije entre besos – Pero lo tuyo con los trajes es una verdadera historia de amor – lo alabé mientras comenzaba a desabrochar su camisa.

-Aduladora – me contestó con una sonrisa de medio lado nada inocente, mientras se acababa de sacar su camisa él mismo.

Pero en vez de volver a mis brazos se levantó y tiró de mí para que hiciera lo mismo que él.

-Por mucho que me encanta hacerlo contigo en cualquier lado – me dijo mientras me apretaba contra su entrepierna para demostrar su punto - Hoy pienso tomarme mi tiempo para desvestirse.

Cogió mi mano y me llevó hasta el dormitorio dónde nos esperaba esa magnífica cama. No pude evitar ir corriendo y tirarme en ella, llevaba desde que la había visto deseando hacerlo.

-Ohhhh…. Bendito el día en que te la compraste – le dije extasiada por la comodidad.

-Más tarde – me contestó Edward volviéndome a levantar.

Se había quitado sus pantalones y sus zapatos dejándome una buena vista de sus perfectos músculos. Era un placer para mi vista y… todo mío.

Me giró con cuidado y con toda la delicadeza del mundo deshizo el nudo de mi cuello dejando un camino de besos que erizaron mi piel a su paso. Sus manos tramposas acariciaron todo lo que tenían cerca hasta que bajaron la cremallera del vestido dejándolo caer a mis pies, revelando mi delicada lencería. Rose se había negado en rotundo que la tarde de compras acabara sin una visita a la tienda de ropa interior. Y ahora se lo agradecía.

Mucho más cuando al girarme vi la cara de deseo de Edward.

-Vaya, cualquiera diría que soy el postre – intenté tomarle el pelo.

-Oh créeme que lo eres…. Y solo para mí para disfrutarte – dijo con orgullo antes de devorar mis labios.

Sentí sus brazos en mi trasero y justo después mis pies abandonaron el suelo y me soltó en la cama haciéndome rebotar mientras me continuaba mirando como un león que había encontrado a su presa.

-Supongo que nos podemos divertir un poco con esta maravillosa lencería antes de hacerla desaparecer – anunció justo antes sentarse encima de mí y comenzar a besar mi cuerpo comenzando por mi cuello, continuando por mis pechos y acabando en el borde de mis braguitas.

Se estaba tomando todo el tiempo del mundo y estaba volviéndome completamente loca.

Era imposible estarse quieta cuando él se empeñaba en hacerme desfallecer. Noté como la primera de mis prendas comenzaba a bajar por mis piernas con delicadeza hasta desaparecer. Hizo el recorrido de vuelta con sus caricias y besos hasta que llegó al punto más placentero de mi cuerpo. Edward se entretuvo en él y no paró hasta que todo el placer explotó de mi interior.

-Edward – gemí reclamándolo.

Él continuó tomándose las cosas a su ritmo antes de volver a reunirse conmigo y mis labios. Cuando al fin lo hizo lo pegué a mi cuerpo para que no se escapara más, por mucho que me había hecho disfrutar su pequeña aventura al sur de mi cuerpo lo continuaba necesitando. Noté como estaba más que preparado.

Sus manos fueron a mi sujetador y me libraron de la última de las prendas que recubría mi cuerpo mientras intentaba deshacerme de sus boxers. Después de dedicarle una exquisita atención a mis pechos él mismo se hizo cargo de desnudarse por completo.

Dejándonos piel con piel.

Nunca lo había deseado tanto como lo hacía ahora y eso que Edward siempre había sido dinamita para mis instintos. Desde hace unas horas todo era más intenso.

Vi cómo se iba a separar de mí para ir a buscar los preservativos pero hoy necesitaba sentirlo a él completamente. Normalmente, continuábamos protegiéndonos a pesar que yo tomaba la píldora, a los dos nos había parecido lo más natural así que no había razón para no hacerlo, pero hoy no quería. Las pocas veces que lo habíamos hecho sin más protección que mis pastillas habían sido por decisión mía. Edward siempre había respetado todas mis decisiones.

Anclé mis piernas en su cadera, notando por primera vez que me había dejado los tacones puestos, así que hice un poco más de presión haciendo que nuestras miradas ardieran, casi literalmente.

-Hoy no – dije brevemente mientras llevaba la mano a su parte más sensible y lo introducía en mi interior haciéndonos gemir a los dos.

-Bella eres maravillosa…. El puto paraíso, preciosa – murmuró con su voz grave y afectada mientras comenzaba a movernos a un ritmo que iba a volverme loca.

Lo apreté un poco más intentando acelerar sus embistes, pero esta noche Edward parecía dispuesto a saborear cada segundo.

-Me estás volviendo loca – le dije intentando recuperar mi voz.

-Es mi intención – me respondió justo antes de acelerar sus movimientos haciéndome tensar a su alrededor.

-Edward – gemí sabiendo que no tardaría en volver a alcanzar la cima.

Continuamos moviéndonos sedientos, no tardé mucho en sentir mi orgasmo devorándome por dentro y Edward me siguió instantes más tarde.

Cuando acabó de vaciarse en mí se dejó caer sobre mi cuerpo. Yacíamos completamente exhaustos y colmados. Nada mejor que este momento.

Desde que estaba con Edward entendía perfectamente porque los franceses lo llamaban la petite mort. Era todo tan intenso que sería la más dulce de las muertes.

Estuvimos un rato abrazados en silencio, sin fuerzas para movernos hasta que Edward rodó metiéndonos dentro de la cama y tapándonos. Me abracé a él, dejando que acariciara mi pelo con la delicadeza que lo caracterizaba.

Me había acostumbrado, no solo a descargar las tensiones diarias haciendo el amor con él, sino también a estos momentos de intimidad. A sus dedos distraídos acariciando mi piel y mi pelo, calmándome. A sus labios dejando besos en mi frente y la coronilla de mi cabeza mientras le explicaba alguna historia bizarra de mí día o él hacía lo mismo hasta que me quedaba dormida. Los días que se marchaba y no se quedaba a dormir me costaba tanto conciliar el sueño que solo volver a repasar documentos de trabajo hacía que me durmiera…. Pero del aburrimiento.

-Eso ha sido… - dije sin saber ni cómo describirlo.

-Más intenso que nunca – respondió Edward por mí.

-Desde luego – coincidí con una sonrisa soñadora bañando mi rostro.

Desperté sintiéndome extremadamente relajada. Hacía tanto tiempo que no descansaba tan bien que parecía que había rejuvenecido cinco años. Me estiré buscando a Edward, era raro no encontrarme con su cuerpo pegado al mío. Pero él ya no estaba en la cama, así que recogiendo su camisa para tener algo con lo que taparme salí de la habitación. Iba a ser un poco vergonzoso salir a la calle un domingo por la mañana con mi vestido de gala, aunque solo fuera para ir al otro extremo de la calle.

Seguí el rastro del olor y el ruido que provenían de la cocina.

-Te vas a quemar ese bonito cuerpo – le dije a Edward divertida mientras lo veía cocinar tan solo con unos pantalones anchos de deporte.

Era una imagen que no dejaba de sorprenderme y de maravillarme. Excepto, Jake nadie me había hecho ni el desayuno ni ninguna otra comida. Al ser chef todos asumían que no me gustaría o que sería una snob con lo que fuera que me prepararan, cuando esa era la manera más sencilla de llegar hasta mi corazón.

Aunque no es que Edward necesitara mucho para conseguirlo…. A pesar de todos mis miedos él ya se estaba haciendo hueco como pocas personas lo habían hecho nunca. Mi vocecita interior me chillaba que tuviera cuidado, que él quería continuar con su vida, pero la desgracia y las cicatrices de su pasado eran muy recientes y la voluntad y el corazón no siempre van en la misma dirección… pero Edward con estas cosas hacía que enviara a esa vocecita al fondo de mi cabeza.

-Me pondría una camiseta pero sin lugar a dudas te quedan a ti mucho mejor – me contestó apreciando mi atuendo con una sonrisa y una mirada que decía lo mucho que le gustaba.

Estiró su brazo sin apartarse de delante del fuego para atraerme a él. No dude en coger su mano y tiró de mí hasta tenerme encajada en su pecho dejando un beso en mi cabeza. Levanté la cara para poder besarlo.

-Ahora sí son unos buenos días – afirmé – Te he echado de menos a mi lado cuando me he despertado – le dije mientras miraba los huevos revueltos que estaba haciendo.

-Alguien tenía que alimentarnos después del ejercicio de anoche – comentó divertido.

-Toda la razón Cullen, te lo agradezco – le respondí mientras cogía una cuchara y probaba la comida de la cazuela.

-¡Oye! – intentó regañarme pero me encogí de hombros.

-Deformación profesional – bromeé y poniéndome de puntillas le di un beso. – Está buenísimo.

-Me alegro que lo apruebes – contestó orgulloso de él mismo. – Y ahora vamos a comer antes que me arrepienta y decida perderme en tu pecaminoso cuerpo – sentenció dándome una pequeña nalgada para que me apartara de él.

Desayunamos entre caricias y besos robados y conversaciones sobre la cena de ayer. No me podía sacar de la cabeza como Aro Volturi me había helado de pies a la cabeza con su mirada despectiva.

-Es un imbécil y cada día que pasa estoy más seguro que prefiere hundirse a ceder nada a favor de Caius – comentó enfadado.

-¿Y Caius cómo lo lleva? No debe ser plato de buen gusto – pregunté preocupada por él.

Con todos estos meses lo había aprendido a apreciar a Caius como amigo y debajo de toda esa fachada de mujeriego y bromista había un hombre que se preocupaba de los suyos. Desde que nos habíamos encontrado en el bar la noche que discutí con Jake había podido ser testigo de sus dos caras y no entendía como su propio hermano estaba dispuesto a fastidiarlo por el placer de hacerlo.

-Bueno, ha decidido focalizar su rabia en algo constructivo – me explicó – En cómo hacerse con la empresa – dijo mientras le daba un trago a su café.

Y ahí estaba la misma sensación que tuve ayer mientras lo escuchaba hablar con Caius y Tanya… Había algo más a parte del hecho de no dejarse pisotear por Aro.

-¿La empresa? – pregunté con sorpresa siendo consciente, de repente, de todo lo que me había estado contando estas semanas. Era como un puzle en el que todo encajaba de golpe – Os queréis hacer con el control de toda la empresa… también con la parte de Marco… por eso te necesita… No quiere hacerlo solo y eres el único socio con el que puede contar.

Edward me sostuvo la mirada un buen rato hasta que sus labios se curvaron hacía arriba y asintió con la cabeza.

-Eres tan malditamente brillante, Bella – me dijo mientras me atraía hacía él y me sentaba en la mesa delante su sitio, apartando los platos del desayuno.

-Me has enseñado bien – le contesté mientras apoyaba mis pies en su silla acortando nuestro espacio. – Todos estos meses te he estado prestando atención – continué mientras sus manos iban a mis caderas para dejarlo completamente encajado en mí.

Aprovechando que su cara estaba apoyada en mi vientre dejó un beso cuando sus manos se colaban por debajo de su camisa acariciando mi piel.

-Es una locura, pero la adrenalina me corre por las venas – me explicó y aunque sus caricias me estaban volviendo loca aún era consciente que me hablaba de los movimientos que estaba haciendo en la empresa.

-Edward – intenté decir coherentemente pero mi voz salió como un gemido cuando noté dos de sus dedos adentrarse en mi interior – Edward…. – intenté volver a recapitular mis pensamientos, le iba a decir algo importante de verdad… ¡Maldito fuera!

-Sácate la camisa preciosa yo estoy ocupado aquí – dijo el muy maldito mientras acentuaba las caricias entre mis piernas.

En cuando me deshice de ella se levantó cogiendo mi cabeza para besarme intensamente dejándome, poco a poco, completamente acostada en su robusta mesa de comedor. En cuanto me tuvo como él quiso fue deslizando sus besos por todo mi cuerpo sin dejar de acariciar mi interior con su otra mano derritiéndome ante su toque como siempre.

Finalmente sus labios encontraron a su mano y puso todo su empeño hasta que logró hacerme alcanzar el cielo gritando su nombre.

Me estaba recuperando la respiración aun cuando sentí que sus brazos me alzaban hasta tenerme completamente apoyada en él. Me abracé a él como una enredadera y me dejé acariciar por este hombre que derretía mi cuerpo y mi alma.

-Lo conseguiréis – conseguí decirle lo que mi orgasmo me había impedido decirle.

-Gracias – me dijo sinceramente.

Con cuidado me senté a horcajadas, poniendo a prueba la resistencia de las sillas, y acaricie su rostro.

Era suave tan solo una pequeña molestia cuando pasé mis dedos por la zona de su barba al no haberse afeitado hoy rompían la perfección de su rostro.

-Eres un buen hombre Edward. Te preocupas por Caius. Y eres malditamente brillante – repetí lo que me había dicho él hace un rato – Así que no tengo ninguna duda que haréis morder el polvo a los idiotas de los hermanos de Caius. – aseguré mientras él me miraba de una manera que no podía ni descifrar.

-Lo haría todo para que te quedaras así siempre…. Me calmas – confesó hundiendo su cara en mi piel.

¿Cómo explicarle que me sentía igual? Que cada vez era más difícil luchar contra lo que sentía. Que cada vez me podía contener menos cuando él estaba tan cerca.

Antes de que pudiera decirle nada el teléfono de su casa sonó estridentemente rompiendo la burbuja en la que estábamos sumidos.

-Edward tendrías que responder – le recordé al ver que no tenía ninguna intención de mover un musculo.

-No, deja que suene… ahora mismo el mundo podría caerse a pedazos que nada sería tan importante como estar así contigo – dijo melosamente dejando besos en mis sensibles pechos.

No pude insistirle más porque el sonido se paró dejándonos la intimidad suficiente para concentrarnos en nosotros. Llevé mis manos a su pelo para tirar de él por todo lo que me estaba provocando nuevamente mientras mis caderas comenzaban a mecerse suavemente.

Pero el condenado teléfono volvió a sonar.

-Agggrrr – gruñí por la interrupción – Edward… deberías cogerlo – tiré nuevamente de su pelo, pero esta vez para sepáralo de mí.

-No quiero– contestó caprichosamente mientras intentaba llegar a mí de nuevo.

-Edward…. –advertí mientras el sonido no cesaba.

-Cógelo tú si quieres – me retó levantando su ceja - Yo no tengo ningún interés en nada que no sea tu cuerpo – dijo levantándose conmigo mientras me sentaba en mueble que tenía al lado del sofá dónde quedaba el teléfono, que había vuelto a callarse.

Era una mesa de la misma madera que la principal y que aguantó bien mi peso y las embestidas de Edward, pero una vez más el teléfono volvió a sonar.

¡Esto ya era demasiado!

Edward se negaba a responder pero llevan llamando sin cesar tres veces en menos de cinco minutos, seguro que era importante.

-¡Edward! – intenté reclamarle pero él solo sonreía como un niño que está disfrutando con su travesura sin pensar en nada más.

Harta me estiré hasta tener el inalámbrico en mi mano y se lo estampé en el pecho.

-Mis piernas están cerradas hasta que respondas al maldito cacharro – le aseguré haciendo un poco de presión con el teléfono en su dura piel.

-Mandona – me contestó y sin mirar a la pantalla contestó con un gruñido - ¿¡Qué?!

-Vaya, con qué mal humor nos levantamos por la mañana – escuché la voz de Alice colarse por el auricular debido lo cerca que estábamos el uno del otro.

-En la era de los whastapp no hay ninguna necesidad que me molestes a estas horas. – continuó Edward gruñendo a su amiga haciéndome sonreír.

Alice era la persona más insistente y estaba segura que si no le hubiera contestado a las llamadas se habría presentado aquí con los SWAT, tirado la puerta abajo para encontrarnos a Edward y a mi retozando como adolescentes en el comedor de su casa.

-Edward son casi la una del mediodía de un domingo. No es pronto y qué vas a tener más importante que hacer que responder a mi llamada – bromeó Alice haciéndole rodar los ojos.

Estaba encantador así.

Su pelo despeinado y su cara siempre mesurada con un ligero enfado, aunque quería demasiado a Alice para enfadarse con ella de verdad.

Decidí vengarme un poco de él acariciando su espalda y besando suavemente su cuello. La respiración de Edward quedó un poco afectada. Cuando levanté la mirada me miraba advirtiéndome que no siguiera por ese camino.

Oh, Edward Cullen iba a comprobar que dos pueden jugar a al mismo juego….

-Créeme Alice que tengo muchas cosas más interesantes que hacer – dijo en un tono más que sugerente que a la pequeña duende no le costaría mucho adivinar qué era lo que estaba haciendo.

Oh, veo que había decidido jugar también.

Levanté la vista y el muy descarado estaba mirándome. Obviamente esa última afirmación no era sólo para su amiga.

Bajé mis labios hasta sus pezones mientras mis manos jugaban con el filo de sus pantalones.

-¡Edward Cullen! ¡Estás con alguien! ¡Ahhhhhhh! – la escuché gritar –

-Ves lo que has conseguido – me susurró a la oreja aprovechando que se había separado del auricular para no quedarse sordo.

-Descarado – pronuncié sin voz mientras mordía su pezón izquierdo

Escuchábamos murmurar a Alice pero no me podía importar menos cuando la mirada de Edward me estaba haciendo arder.

-Alice de verdad te tengo que dejar… te llamo luego – intentó despedirse Edward mientras me cargaba con una mano sorprendiéndome.

-¡Edward nos tiraras! – chillé viendo como nos tambaleamos antes que recuperara el equilibrio. Era pequeña pero no para levantarme solo con un brazo.

Ahhhhhhhhhhhhhh! ¿Bella? ¿Edward Cullen estás con Bella? – escuché de nuevo la voz de Alice.

-¿No habías colgado? – le murmuré bajito intentando disimular.

-Adiós Alice. Te quiero – colgó sin esperar a nada más. – Y ahora veremos si eres tan valiente como antes, preciosa. – continuó olvidándose completamente de la llamada que acababa de despachar.

Nos llevó hasta su habitación, dónde acabamos de deshacer aún más las sabanas hasta que alcanzamos el exastasis.

-Sabes que no te va a dejar en paz… Es más creo que no me dejara en paz ni a mí – murmuré recordando los gritos de Alice mientas contemplaba mis dedos arrugados debido al tiempo que llevábamos sumergidos en la bañera de Edward después de haber hecho el amor.

Edward no respondió, simplemente continuó jugando con mi pelo. Estaba apoyada en su pecho así que no le podía ver la cara.

-¿Me has escuchado? – repetí al ver que no contestaba.

-Sí –aseguró besando mi cabeza. Me estaba haciendo adicta a este tipo de besos… eran dulces y me hacían sentir tan bien… tan querida – Alice ya lo sabía… Yo le expliqué que habíamos tenido algo la primera vez, después no la he vuelto a poner al día, pero no es algo que le venga de nuevo – me explicó.

Me había encontrado con Alice muchas veces desde que Edward y yo nos habíamos acostado por primera vez y nunca había me había dado la sensación que supiera nada de lo que había pasado entre nosotros. Así que o bien no estaba muy a favor y había preferido ignorarme o bien Edward le había pedido discreción. Decidí no preguntar, si Alice no se había entrometido yo tampoco lo haría. Aunque algo me decía que esta vez no tendría tanta suerte.

-¿Y ha aguantado todo este tiempo sin decir nada? ¡Eso sí que es un milagro! – bromeé haciendo reír a Edward también.

- Ella sospechaba por varias cosas de las que no me había dado ni cuenta, la verdad, y yo supongo que necesitaba a alguien a quién contarle el lío que tenía en la cabeza esos primeros días. – volvió a explicarme.

-Lo entiendo… No me tienes que dar ninguna explicación – le aseguré girando un poco la cabeza para regalarle un rápido beso.

-¿Tú no se lo has contado a nadie? ¿Nadie con quién desahogarte de los dolores de cabeza que te he dado estos meses? – bromeó y deseé que no lo hubiera preguntado. No quería mentirle pero no sabía cómo se lo tomaría si le contaba la verdad.

-Sí, claro…- sentí como su pecho se ponía un poco más firme supongo que sorprendido por mi declaración - Aunque no era un confidente ni mucho menos… pero sí se lo dije a alguien. – reí suavemente ante la inverosímil imagen que se creaba en mi mente.

-¿Y quién es? ¿La conozco? –preguntó seguramente pensando en Rose como principal confesora.

-Ummm…. – me aclaré la voz – Jake. – dije soltando todo el aire que había en mi interior.

[**]

.

NA:

Parece que están aprovechando bien el tiempo para quererse y para aclarar la situación. Espero que os haya gustado y cómo siempre os digo espero vuestras teorías. ¡Me encanta leerlas!

¿Qué pensáis de esta última confesión de Bella?

Os adelanto que en el próximo capítulo descubriremos qué paso en Forks y quizás entendamos mejor el cambio de Bella o incluso entender mejor a Jake…

Nos vemos el próximo MIERCÓLES con el nuevo capítulo. Esta vez con las dos actualizaciones semanales, que el ritmo de esta semana ha sido casi endemoniado jajaja

Otra cosita, me preguntáis cuantos capítulos tendrá la historia. Estoy escribiendo la última parte ya, así que en cuanto me organice bien por capítulos os informaré.

Nos leemos en el próximo,

Saludos!