La verdad

La comisaría estaba extrañamente en calma en ese comienzo de noche. Los oficiales se disponían a volver a casa para pasar algunos días en familia o bien se disponían a afrontar la noche que comenzaba en las calles de Nueva York. La nieve había vuelto a caer sobre la ciudad y el frío no se disipaba. Los investigadores iban a calentarse con un café a la sala de descanso donde una televisión les informaba de la última actualidad.

«Emma Swan se habría levantado para afirmar que ella era la autora del asesinato…

-¡Esta historia es una locura! Nelson MacGuson que la recibió hace unos días en plató me ha confesado que está sorprendido…

-¡Sí, se comprende y esperamos el desenlace de este caso con gran impaciencia!

-Y más ahora que el jurado ha sido despedido porque se ha descubierto que algunos de ellos habrían leído la prensa e incluso participado en el debate en Internet sobre Noviolencenocry…

-¡Sí, se habla de un complot para sacar a Regina Queen de la prisión!

En la sala de interrogatorio, Emma estaba quieta, esperando pacientemente que fueran a interrogarla. Estaba preparada esta vez, no tenía ninguna conmoción, Regina no le quitaría su sitio.

Ella ya no podía soportar todo eso…

No podía soportar dejar a Regina sufriendo, todo porque su abogado le había dicho que ella sufriría mucho más si decía la verdad.

No había soportado ver a Nathan, Amber y Joy subir al estrado para testificar.

No había soportado los lloros de Henry mientras dormía, ni las miradas inquisitivas de Daniel, ni los ojos lacrimosos de la señorita Blanchard…

Ya no quería nada de todo eso.

Mientras esperaba a los investigadores, se puso a pensar en la última vez que estuvo en esa misma sala.

Tenía los ojos en el vacío, parpadeando cada cierto tiempo, pero no se tomaba la molestia de mirar quién entraba y quién salía de la sala. El espejo desteñido delante de ella le enviaba una imagen poco halagüeña. Los cabellos sucios por la lluvia, las ropas cubiertas de lodo, el antebrazo arañado, el chichón que tenía en la cabeza había adquirido un color amarillento, su mandíbula manchada de sangre seca había aprisionado algunos cabellos y sus ojeras le daban apariencia de enferma. Le dolía terriblemente la cabeza, pero esperaba que la soltaran en una celda. De momento, todos los que habían ido a verla se habían mostrado muy atentos con ella. Pero notaba que algo no encajaba. La puerta se abrió de nuevo y George entró en la sala. Ella se levantó finalmente para alejarse de él, pero no tenía salida.

-¿Entonces Emmy? ¿Nos hemos metido en un buen lío?

-¿Qué coño haces tú aquí?- preguntó ella pegada contra la pared

Él no respondió, solo le sonrió de forma enigmática.

-Te dije, al dejar la casa, que tendrías problemas…resultado, tu chica de seguro está de camino a una prisión donde se lanzaran sobre ella a la mínima

-¡Cierra la boca!- dijo ella, temblando de rabia

-¡Estoy aquí por ti, Emmy, tienes que decir la verdad!

-¿La verdad sobre qué? ¡Regina me ha dicho que me calle y ten por seguro que no te voy a escuchar a ti!

El gran hombre se encogió de hombros y avanzó algo más hacia ella, se pegó contra su cuerpo y se inclinó resoplando ruidosamente.

-¡Apestas a miedo, te garantizo que eso les flipará en la prisión! ¡Bueno, no te molestará ser agarrada por una mujer…espero por ti que haya dos o tres carceleros que se metan en tu cama por la noche!

Ella se encogió y mantuvo sus rodillas contra su pecho. Pasó un brazo por arriba y hundió su boca en el pliegue de su brazo para comenzar a gritar y llorar. George le golpeó el brazo antes de salir de la sala. Emma cerró los ojos y se concentró para sacar todo miedo de sus entrañas.

Breves golpes repetitivos hicieron que abriera los ojos y miró por la sala para ver de dónde provenía el ruido. Una mujer rubia estaba sentada a la mesa de interrogatorio y golpeaba calmadamente la superficie de la mesa. Tenía las piernas cruzadas y una taza de té en su mano libre. Cuando sus miradas se encontraron, la recién llegada sonrió francamente.

-Emma…

-¿Ingrid? ¿Qué haces tú aquí?- preguntó mientras se levantaba, dudando entre la alegría de encontrarse con la madre que casi tiene y la cólera de ver que ella venía a mirarla como a una bestia de circo.

-Necesitaba verte…lo siento tanto, Emma.

Se acercó a la mesa y se sentó frente a Ingrid.

-¿Qué sientes?

-No haberte protegido como se merecía…¡has caído en las garras de una psicópata!

-¿Narcissa?

-¡No!

Ingrid la miró como si estuviera loca.

-¡Te hablo de Regina, te ha manipulado para que te convirtieras en lo que ella quería!

-¡No! ¡Te equivocas! Ingrid, yo la amo

-Por supuesto que la amas, pero, ¿puedes verdaderamente fiarte de ella?

-¡Por supuesto que sí! Ingrid, ella…ella es quien me ha hecho descubrir la dulzura, la ternura, el amor entre dos personas que se aman de verdad

-Emma, no podrás ser feliz con ella, ¿tienes consciencia de eso? ¡Tienes un futuro mucho mejor que el suyo!

Un silencio se hizo entre las dos mujeres durante el cual ambas se observaron detenidamente.

-Mi futuro es con ella, con Henry. ¡Ellos serán felices!

-¿Felices? ¿Y tú, Emma?

-¿Y bien?

-¡Has matado a una persona, has matado a un ser humano! Emma, ¿te das cuenta de que es por ella, por esa mujer que te ha mentido para llevarte a donde ella quería llevarte? Por su culpa, has…roto tu alma, Emma, por eso estoy aquí, para disculparme por no haber cuidado de ti.

-Ingrid…no he roto mi alma, he liberado a un muchacho y a su madre de una opresión que crecía cada vez más

-¡Crees que eres una heroína! ¡Es una ilusión! Pero comprendo tus razones, Emma. Solo que están un poco…camufladas para ti.

Ingrid se levantó y salió de la sala.

Emma no tuvo tiempo de protestar ya que una mano se posó violentamente sobre su hombro.

-Bueno, Darling, tengo que confesar que no esperaba eso- murmuró Narcissa colocándose frente a ella.

-¿Crees que lo siento por eso?

-Oh…no, sé muy bien que no, pero imagino que tienes preguntas que hacerme

-¿Todo era verdad? ¿Todo lo que dijo?

-Oh…Emma Swan duda de su novia…¡qué hilarante!

-¡Cierre la boca! ¡Necesito saberlo!

-No es a mí a quien debes hacerle esa pregunta, Darling, sino a tu novia. Has decidió amarla, así que ahora tienes que asumirlo hasta el fin. ¡Te deseo valor!

Emma miró el interior del espejo y parpadeó varias veces para hacer caer las lágrimas que le ardían en los ojos.

-¿Alice?- murmuró ella

-¿Crees que nos ve?- preguntó Greg a Tamra al ver a la rubia ante el espejo

-¡Ninguna posibilidad!

Al otro lado, Emma extendía la mano hacia el cristal. Se acercó un poco más para contemplar los grandes ojos azules y una tez muy pálida.

-¿Alice?- exclamó ella

Quiso tomar a su amiga en sus brazos, pero la joven retrocedió.

-Alice, ¿qué me sucede?- preguntó ella intentando no llorar

-Emma…no tenemos mucho tiempo- la previno su joven amiga

-¿Qué? ¿De qué hablas? ¿Es que estoy muerta? Narcissa me ha matado, ¿es eso?

-No, en este momento estás en la comisaria, y hace un momento…

-¿Mi cerebro está loco? ¿Acaso…George no estaba aquí conmigo hace un momento, verdad?

-No, no estaba

-¿Y tú? No estás aquí realmente…

-No…

-¿Por qué querría interrogarme el FBI?

-Has sido encontrada al lado del cuerpo sin vida de Narcissa y Regina sostenía el arma que tú has usado.

-Sí, pero, ¿por qué el FBI?

-Emma…no tenemos mucho tiempo…

-¿Por qué te estoy viendo?- preguntó repentinamente Emma frunciendo el ceño

-Porque estoy en tu mente. Y he venido a prevenirte…

-¿Prevenirme de qué? Alice, ¿acaso lo que dijo Narcissa sobre Regina era verdad?

-No puedo responder a esa pregunta. No conozco la respuesta. Estoy aquí para hablarte de tu conmoción cerebral.

-¿De qué hablas?

-¿Conoces los síntomas y consecuencias de una conmoción?

-¡Me importa un pepino, Alice!

La joven le dio una pequeña palmada en la frente haciendo que la rubia pusiera una mueca.

-¡Idiota! Intento ayudarte- gruñó la voz de Alice

-¿Ayudarme a qué?

-Los síntomas de una conmoción son dolor de cabeza, aturdimiento, falta de concentración, confusión y desorientación, visión borrosa, sensibilidad a la luz, fatiga, nauseas, amnesia y pérdida de conocimiento.

-¿Y?

-En unos instantes te vas a desmayar, y cuando te despiertes, tienes que fingir tener amnesia. ¿Comprendes? Al hacer eso, ayudarás a Regina.

-¿Ayudarle en qué?

-¿La amas?

-¡Evidentemente!

-Entonces, cierra los ojos, Emma, porque vas a desmayarte…

-¡Alice! ¡Espera!

La joven la interrogó con la mirada.

-¡Te echo tanto de menos, Alice!- murmuró Emma en un sollozo

La amnesia, debería haber pensado en ello…Se puso la cabeza entre las manos, y se curvó como si temiera lo que iba a venir.


Henry cogió su caballito de plástico e hizo que su jinete se subiera en él para que caminara algunos centímetros. Después, lo hizo bajar y sacar su espada gris de su vaina para luchar contra el horrible Action Man y defender a Nounours. El combate se saldó con una sangrienta muerte, la minúscula espada pasó por debajo del brazo de enorme Action Man y este se derrumbo entre «argh, arrrgh, aaaargh» de dolor. El caballero corrió al encuentro de su amigo Nounours para desatarle los cordones de zapatos que rodeaban sus gruesas muñecas de espuma.

-¿Cuándo vuelve Emma? ¡Dijo que hoy!- exclamó de repente el muchacho girándose hacia Daniel que bebía una taza de café en la encimera.

Este tragó lentamente la bebida y balbuceó una respuesta.

-Sí…al final no vuelve hoy. Pide perdón y te manda muchos besos.

-¿Besos cómo?- preguntó el muchacho

Daniel lo cogió y lo alzó por los aires para depositar enormes besos en sus mejillas y frente. Las risas del muchacho llenaron la estancia y se pararon para hacer una pregunta.

-¿ Emma ha hecho tonterías?

-¿Por qué me dices esto?

-Ruby ha dicho que Emma había hecho una. Y además, después vimos a Emma en la televisión

Daniel suspiró y dejó al niño en el suelo.

-Emma no ha hecho tonterías, no te preocupes. Ahora, ve a cepillarte los dientes, vamos a la cama.


Regina Mills, con una mano sobre la frente, el codo apoyado en una mesa, esperaba a su abogado desde hacía horas ya. La llave giró en la cerradura y dejaron pasar a Gold, con su maletín en la mano. Tenía un aire sereno en el rostro e ignoró la mirada asesina de la morena.

-¿Qué ha hecho?- preguntó ella desdeñosamente mientras él movía hacia atrás la silla para sentarse

-¿De qué habla, Regina?

-¡De Emma! ¿De qué más iba a ser? ¿Por qué se ha inculpado en el estrado?

Los labios de Rumpel se estiraron en una sonrisa divertida.

-¿Sabía usted que lo iba a hacer?- preguntó ella

-Lo sospechaba, sí

Regina sintió que un peso caía sobre su pecho y retrocedió en la mesa, con la respiración entrecortada. Sus cejas se fruncieron, estaba tomando conciencia poco a poco de lo que Gold le acababa de confesar.

-¡Nuestro trato no sigue en pie!- gritó ella, con una brizna de pánico en la voz

Antes de que pudiera decir nada más, Gold agarró su brazo escayolado y la acercó fuertemente hacia él.

-¡Nuestro trato nunca ha estado en tan buenos términos! ¡Mi parte del trato era devolverle su libertad y mire por dónde, en poco tiempo saldrá de prisión!

-¡Así no! ¡No a cambio de que Emma ocupe mi lugar!- escupió ella apartando su brazo en un movimiento que le provocó dolor en el codo.

-¡No habíamos estipulado nada sobre el «cómo»! ¡Un abogado debe hacer todo para ayudar a su cliente, es lo que he hecho!

Ella lo miró, cercada por la emoción, y finalmente dejó caer

-¿Empujó a Emma a que confesara?

Sintió su estómago revolverse. La saliva inundó su boca y tuvo que respirar fuertemente para no vomitar.

-Sí…más o menos, creo que su confesión es fruto de una conversación que tuve con ella.- confesó riendo –Pero no creía que reaccionara tan rápidamente- dijo elevando su índice –Debe estar locamente enamorada para confesar un crimen por el que pasará su vida en la cárcel

-¿Su vida?- dijo con voz ahogada la morena

Él eludió la cuestión con un vago signo de la mano.

-Nos veremos muy pronto, el juez ha concedido tres semanas de investigación, lo que es mucho para volver a ver el caso y se nos mantendrá informados. De aquí a allá, procure mantenerse con vida, sé que la cárcel es un entorno muy crudo.

Se levantó, ignorando los gritos de la morena y dejó la estancia. Ella lo insultó, gritó, mezclando su rabia con los sollozos y el dolor que rompía su corazón y se expandía por su pecho, como un veneno que quemara cada vaso sanguíneo.


Bianca Mousse suspiró una vez más. Heredar un caso que era una manzana podrida la irritaba profundamente. Todo porque era nueva en el departamento.

Bianca era una muy bella mujer que parecía provenir de la aristocracia. Siempre elegantemente vestida, se movía con gracia y cuando entraba en una habitación, emanaba un aura acogedora. No le gustaba comer fritos o platos que desbordaban aceite. Y aunque le valía amables bromas, sabía que la gente la apreciaba por su trabajo bien hecho y meticuloso.

Entró en la sala donde estaban reunidas las pruebas y suspiró otra vez, ser la nueva en el servicio le había valido tener que revisar el caso de dos investigadores conocidos por sus investigaciones demasiado rápidas. Después de todo, ella no podía tomar partido alguno, ya que no conocía a la gente de esa ciudad. Se puso las manos en la cadera y entrecerró sus grandes ojos oscuros; incluso antes de comenzar, se recogió el pelo para estar más cómoda. Cogió su bloc de notas y durante las horas siguientes, escribió, tachó y volvió a comenzar, una y otra vez. Después, leyó

Reconstrucción:

Cuchillo en la cocina. Regina Queen apuñala a Narcissa DeVill

Nacissa DeVill deja la mansión y es inmediatamente seguida por Regina Queen. Persecución hasta el acantilado…

Ella se detuvo, contrariada. Con el ceño fruncido, el bolígrafo suspendido y los ojos clavados en las fotografías que habían sido tomadas por los expertos científicos. Algo no encajaba…La inmensa mesa central se encontró cubierta de fotografías llenas de post-it. Alguien llamó a la puerta discretamente y ella se giró ligeramente para ver entrar a un hombre bajito que llevaba una camiseta roja y una chaqueta marrón oscuro. Llevaba entre las manos una fregona que estrechó un poco más al ver que molestaba a la joven.

-Buenas tardes, señorita Mouse

-Se lo ruego, Bernard, llámeme Bianca, ¿quiere?

-Hum…de acuerdo. Euh…tenía que…en fin…yo…yo

-Bernard, ¿le importaría ayudarme, por favor? ¡Necesito a un hombre inteligente!

-Oh…euh…euh…de acuerdo…

Una sonrisa iluminó el rostro de la joven y se sentó en una silla con ruedas indicándole que se sentara en la que estaba libre.

-Bien, le expongo la situación, Regina Queen apuñala a su ex compañera en medio de su cocina, después su ex consigue escapar de la mansión y coge su coche para escapar. Dígame, ¿estas huellas de neumáticos, en su opinión, son las primeras o las últimas en haber pasado?

-Euh…¿cuáles?

Ella señaló con un dedo una serie de huellas sobre las que Bernard se inclinó frunciendo el ceño. Se rascó la frente y se encogió de hombros.

-Bueno…yo diría que las últimas, ya que cubren parcialmente las otras…

-Exacto, yo pensé lo mismo…

Él pareció aliviado, como si hubiera dado la respuesta correcta.

-Y…euh…¿qué quiere decir?- preguntó inseguro

Ella sonrió de manera enigmática.

-Quiere decir que hay algo que huele a podrido en este caso- concluyó ella alargando su sonrisa. Ella tenía algo.

El resto de la noche lo consagró a enunciar preguntas, una a una.

¿Por qué se encontraron pétalos en la mansión?

¿Quién los puso ahí? ¿Emma? ¿Regina?

¿Dónde se encontraba Emma Swan cuando Regina Q. usó el cuchillo?

¿En la mansión? Su bicicleta fue encontrada en el porche.

¿Por qué Narcissa persiguió a Regina en coche?

Ver fotos impresas, es el coche de Narcissa el que pasó después del de Queen.

Test de pólvora efectuado en el abrigo de Narcissa, ¿por qué no sobre las mangas de su blusa? Hay que hacer ese test.

Hacia las seis de la mañana, se encontró rodeada de un montón de hojas, sus cabellos en desorden y los vasos de café se alineaban en la mesa. Mechones de su cabello caían sobre su rostro y un bolígrafo apretado entre sus dientes se movía peligrosamente cuando ella murmuraba.

-¡Mouse!- la llamó el jefe del departamento

Ella alzó la cabeza y se enderezó, pero no se levantó. Como si el hecho de que su jefe la viera en tal postura no fuera vergonzoso.

-¿Jefe?

-¿Avanzamos?- preguntó él

Ella miró su reloj antes de alzar sus ojos hacia él.

-Sí

Él movió varias veces la cabeza asintiendo antes de meterse las manos en los bolsillos.

-¿Y?- dijo tras unos segundos

-¿Y, qué?

-¿En qué situación se encuentra? ¿Cuáles son sus conclusiones?

Ella suspiró suavemente

-Es muy pronto para tener «conclusiones», jefe

-Bien, entonces, ¿sus primeras constataciones?

Ella clavó su mirada en la de él y sin dejarse apabullar, declaró

-Sus agentes han clasificado mal los hechos…han dejado de lado muchas cosas…

Él puso un rictus molesto, pero lo borró inmediatamente volviendo a asentir con la cabeza.

-Me habían dicho que usted no estaría de lado de nadie, Mouse…

Ella frunció el ceño, asombrada y turbada.

-¡Sí, de la ley y de los inocentes!- replicó ella levantándose finalmente –Usted me ha pedido mis conclusiones sobre la investigación, jefe, de momento, están en contra de sus agentes, lo siento, pero es así.

-¡No lo sienta, Mouse! No iba con mala intención cuando le hecho ese comentario, solo constato que…usted es justa.

Ella se giró para servirse una nueva taza de café.

-El juez nos espera en tres semanas en su despacho…¿estará lista?

-Lo estaré.


-Cariño, me estás mareando, ¿no querrías sentarte un poco?- preguntó Maléfica que dejaba ver señales de irritación

Regina se detuvo en medio de su camino y se sentó frente a su amiga.

-¡No comprendo cómo he podido caer en las garras de ese diablo!-gruñó ella

-¿Las garras del diablo?

-¡Gold!- precisó la morena frunciendo el ceño

-A tu abogado se le paga para sacarte de aquí, y visiblemente, lo va a lograr- replicó secamente la rubia.

-Tengo miedo de que no lo entiendas- declaró Regina con un pánico que animaba sus manos -¡Ella se va a pasar su vida en la cárcel! ¡Acaba de arruinarse su vida entera! ¡Todo por protegerme! Ella ha…

Maléfica le lanzó de repente una mirada glacial, dejando a la morena callada en mitad de su frase.

-¿Qué?- preguntó finalmente –Mal, ¿qué ocurre?

-¿Quién ha protegido a quién en primer lugar? ¿Quién arruina casi su vida por la otra?

La respuesta de la ex profesora quedó bloqueada en su garganta. ¿Cómo podía saber Maléfica lo que Regina había hecho por Emma? Regina jamás se lo había contado.

-Aquí entre nosotras, creo que tu abogado ha calculado muy bien su golpe, ¡ya no es una cuestión sino de tiempo! Pero puedo comprender que estés desilusionada por dejar su lujosa celda y a tu compañera.

Instantáneamente, Regina se llevó una mano a su escayola y lanzó una furiosa mirada a la rubia.

-¡No quiero que Emma tenga esta vida!

-¡No eres tú quien lo decide!

Regina frunció el ceño y un silencio interrumpido por las conversaciones de otras detenidas se instaló. Cada una de ellas se hundió en sus pensamientos para reunir las fuerzas necesarias para continuar con la conversación.

-Mal, durante toda mi vida la felicidad se me ha escapado entre los dedos…Mis momentos de felicidad intensa los he vivido con Henry y Emma…

-Entonces Emma ha decidió devolverte una parte de esa felicidad, así que tómala y vete de aquí.

Regina estrechó sus párpados, sintiendo una ola de sentimientos contradictorios golpeando en el interior de su caja torácica.

-Creo que la necesito demasiado

-¿Qué entiendes por «demasiado»?

-¡Yo…creo que…que todo esto es demasiado…demasiado duro de soportar!- susurró antes de levantarse y dejar el patio sin una palabra más.


Bianca Mouse estaba de pie delante del despacho del juez, con un traje-chaqueta perfectamente planchado y un moño del que se escapaban algunos mechones. Su carpeta, en la que estaban las pruebas que había podido reunir, estaba sujetada fuertemente bajo su brazo, pero no parecía incómoda con su peso. Su jefe fue a su encuentro y le estrechó brevemente la mano.

-¿Está segura de lo que va a hacer?- preguntó él

-Jefe, aún no me conoce muy bien, pero…le aseguro que lo que llevo en esta carpeta va a conmocionar muchas vidas y aunque estoy apenada, la verdad debe ser absolutamente revelada.

-Bien…entonces adelante, no hagamos esperar al juez.

Bianca se sintió incómoda en el mismo momento en que entró en la sala, pero no lo dejó ver. Inspiró profundamente y sonrió al juez antes de abrir su carpeta.

Le dio todo el dossier, absolutamente todo. El interrogatorio de Emma. La conversación que ella había mantenido con la madre de Regina. Con Zelena. Con Jenny, la mujer que la había ayudado a dar a luz a Henry, y que se acordaba de ella como si todo hubiera pasado la víspera, sobre todo porque se trataba de una de sus primeras guardias. También entregó los informes sobre las huellas de los neumáticos, las preguntas que se hacía sobre los pétalos de rosa, los registros de sus entrevistas con Regina Mills…o Queen, poco importaba su nombre.

-¿Ha ido a ver a Regina Queen a la cárcel?- preguntó el juez impresionado

-Señor, me pidió que volviera a estudiar el expediente, así que evidentemente, he escuchado a todo el mundo.

El juez pareció mirarla como si estuviera loca, pero escuchó con atención su relato.

-Bien, lo ha estudiado absolutamente todo, pero lo que me interesa no es conocer el pasado de Regina Queen o el de Emma Swan, sino…

-Precisamente, ese pasado está directamente relacionado con la noche que nos interesa, señor juez- informó ella –En mi opinión, fue Narcissa quien persiguió a Regina, no a la inversa y cuando los anteriores investigadores interrogaron a Emma y a Regina, las dos afirmaron que Narcissa tenía un arma que cayó por el acantilado cuando el disparo mortal fue dado.

-Sí…eso es muy práctico- declaró el juez perplejo.

-Sí, pero las dos mujeres fueron interrogadas por separado, es extraño que hayan dado la misma versión de los hechos, ¿no le parece?

-Hum…en efecto. Ahora, lo que quiero saber es quién dio el tiro mortal. Pues aunque se tratara de legítima defensa, una persona está muerta y la susodicha arma nunca ha sido encontrada. Ante la ausencia de esa prueba, no puedo confirmar la legítima defensa.

Bianca frunció el ceño y la conversación continuó durante varios minutos. Después, él hizo entrar a Regina y a Emma en la sala y rápidamente, ellas se miraron como si fuera la primera y última vez que pudieran verse. No intercambiaron sino una mirada, ninguna palabra, ningún gesto, nada más.

-Señoras, hemos avanzado considerablemente en la investigación, y hemos decidido darles una última oportunidad…- declaró el juez con voz grave –Esa noche, ¿quién apretó el gatillo?

-¡Yo!- respondieron las dos a la vez.

Emma fusiló a Regina con la mirada, pero esta no se dejó impresionar y mantuvo la mirada en los ojos claros.

El juez las observó fríamente y sus labios se apretaron al mismo tiempo que fruncía el ceño

-Bien…


La pequeña puerta de hierro que daba al patio se abrió con un ruido siniestro y desde donde ella estaba, Maléfica lo escuchó perfectamente. La tez lívida de Regina no se le pasó por alto. Esperó, sin embargo, a que su amiga se sentara frente a ella. Pero por primera vez, la morena se puso a su lado, en el mismo banco que rodeaba la mesa. Maléfica la miró un momento, sin comprender. Regina lanzó una ojeada a sus trabajos y preguntó con voz débil

-¿Me das una pluma?

El rostro de la rubia se agachó, comprendiendo de repente. Deslizó una de sus plumas sedosas hasta su amiga.

-Cariño, yo…

-¿Puedo…- cortó Regina con voz temblorosa –puedo quedármela?

Maléfica asintió con tristeza y abrió los brazos para recibir a la morena que se hundió en llanto haciendo temblar al cuerpo que la recibía. Regina se aferró a ella como si fuera su roca en la tempestad.

-Te voy a echar de menos- murmuró Mal acariciando dulcemente la espalda de la joven

En su puño, la pluma negra se arrugó un poco bajo la presión que ejerció Regina, pero tuvo cuidado para no destrozarla más. Varios minutos más tarde, Maléfica la empujó hacia atrás para secar sus lágrimas, y ella la ayudó enjugando con su pulgar algunas gotas rebeldes.

-¿En cuánto tiempo?- le preguntó

-Mañana- respondió Regina

Maléfica sonrió a su pesar. Le rompía el corazón perder a Regina, después de todo, era una buena compañía y era la única que soportaba sus sarcasmos sin amenazarla con sacarle los ojos.

-Tengo un favor que pedirte- murmuró la rubia que sentía su voz embargada por la emoción –¿Podrías dejar esto sobre la tumba de mi hija, por favor?

Le pasó un atrapa sueños hecho de trozos de madera y de cuerdas del que plumas oscuras colgaban. Regina lo tomó delicadamente entre sus dedos finos y sus ojos ascendieron hasta encontrar los de la rubia.

-A ella le encantaba el negro- dijo –Le hacía pensar que en cada oscuridad había un resplandor que podía brillar como en una noche estrellada.

Regina posó su mano en la de su amiga y le dio una triste sonrisa.

-Lo siento por ella, Mal

-Yo también…

Regina pasó el resto de su tiempo al lado de Maléfica alisando plumas en un silencio casi religioso. Después, un guardia vino a buscarla y Regina se llevó el atrapa sueños. Maléfica le pidió que no se girara al salir del patio, y Regina nunca supo que era para que no la viera derramar una lágrima.

Al día siguiente, le devolvieron sus cosas, sus llaves, sus joyas, su…identidad y un hombre la empujó amablemente hacia la salida de la prisión.

Una vez fuera, sintió el frío golpearla sin contención y ella se ajustó más su abrigo. Un ruido ensordecedor captó su atención; flashes de luz salían de todas partes. Gritaban su nombre y carteles con un cisne coronado era enarbolados. Tragó con dificultad al ver a esa muchedumbre oscura y le dio gracias al cielo de que unas barreras y los agentes de policías estuvieran ahí para contenerla. Pero los gritos no dejaban ninguna duda: la ola mediática provocada por Emma estaba ahí, y querían respuestas.