Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

¡Hola de nuevo!

Jolín, sé que siempre empiezo igual, y espero que lo leáis aunque sé que hay muchas probabilidades que vayáis directamente al capítulo (yo a veces también lo hago), pero os quiero dar, una semana más, las gracias porque siempre estáis ahí. Incluso la semana pasada que hubo 3 capítulos no fallasteis casi nunca. Es muy bonito y no me canso de daros las gracias.

.

NOS DOBLAREMOS PERO NO NOS ROMPEREMOS

BPOV

.

[ACLARACIÓN: Os sitúo temporalmente. Con este capítulo vamos atrás en el tiempo, VOLVEMOS JUSTO AL MOMENTO EN QUE BELLA Y JACOB VUELVEN A FORKS. Concretamente entre el capítulo 11 y 12.]

.

Volver a Forks siempre era extraño.

Era una mezcla de sentimientos encontrados difíciles de digerir durante las primeras horas.

Me encantaba volver a casa. Estar con mi familia, en un lugar seguro y que me conocía tan bien como la palma de mi mano. Me hacía sentir segura y feliz a la vez que vulnerable. Durante todos estos años había conseguido convertir Seattle en mi hogar. El mío propio. No el de nadie más. Allí era quién yo quería ser sin las miradas de la gente que te juzga por ser nieta o hija de alguien. Tanto la familia de Charlie, mi padre, como la de René, mi madre, habían vivido durante generaciones en este pequeño pueblo perdido de las montañas de Washington. No había secretos del pasado que poder esconder, porque todos eran sabidos de antemano por los habitantes de esta diminuta comunidad. Era difícil crearte un camino propio sin la sombra de los que llegaron antes que tú.

Jake se encontraba en la misma situación que yo, o incluso peor.

Si en Forks todo el mundo se conocía, en La Push era casi imposible tener intimidad. Así que volver a nuestras raíces había sido una decisión tan necesaria como peligrosa, teniendo en cuenta que nuestra amistad caminaba sobre una fina cuerda sobre el abismo. Tener a nuestros familiares y vecinos metiendo las narices en nuestros asuntos tenía todos los números para hacer volar nuestra falsa calma por los aires a la primera de cambio.

Jake había insistido en que estábamos bloqueados no sólo con la carta del Fantasía, sino con todo el proyecto, y había detectado muy bien cual era nuestro problema. Nosotros.

Porque la realidad es que no nos faltaban ideas, no nos faltaban ganas para el Fantasía, pero habíamos tomado caminos paralelos que parecían destinados a no encontrarse nunca si no le poníamos remedio. Yo seguía molesta por su falta de confianza en mí y él seguía molesto conmigo por haberle recriminado no ser un buen amigo y solo preocuparse por él mismo. Y cada vez que conseguíamos estar juntos más de cinco minutos en el mismo sitio, en vez de mejorar, todo se agravaba. Los dos siempre habíamos sido muy orgullosos, pero no nos habíamos herido tanto como para no acabar cediendo. Esta vez al parecer no estaba en los planes de ninguno hacerlo y eso nos estaba haciendo demasiado daño, no solo personalmente sino también profesionalmente.

Los fogones siempre habían sido nuestro lugar sagrado, la cocina nuestra religión y ahora solamente era un campo de batalla en el que los cuchillos cortaban menos que nuestras miradas o nuestras veladas discusiones.

Sentí la cafetera hervir inundándome de repente de ese olor inconfundible de café recién hecho. Saqué las galletas de la bandeja del horno y las coloqué en un plato. Cogí dos tazas y lo llevé todo a la mesa.

Me senté y como si de un ritual perfectamente sincronizado se tratara papá entró por la puerta. Me costaba verlo vestido sin su uniforme de jefe de policía, pero mamá lo había obligado a jubilarse después de que se viera envuelto en un tiroteo por el robo del banco del pueblo de al lado. A él no le había pasado nada, pero mamá había entrado en pánico y se pasó los siguientes meses insistiendo en que dejara el trabajo definitivamente. Al final habían llegado a un acuerdo intermedio, así que ahora hacía algunos trámites administrativos durante algunas horas hasta que se pudiera jubilar oficialmente. La vida no era tan divertida para el eterno Jefe Swan, pero definitivamente era más segura. Mamá dormía tranquila, y para qué negarlo yo también, porque nuestro hombre estaba a salvo.

-Cuando te vayas habré engordado todos los quilos que tu madre ha hecho adelgazar a base de lechuga y pollo a la plancha durante todo el año pasado – se quejó sin ninguna pena papá mientras me daba un beso y miraba las galletas como si fuera un manjar de los dioses.

Llevaba cinco días en Forks y habíamos creado esta rutina. Cada tarde él volvía a casa directo de trabajar y yo le preparaba la merienda antes de irme a trabajar con Jake sobre la carta. Era nuestro momento padre e hija y me daba la paz antes de encontrarme con el gruñón de quien siempre había sido mi mejor amigo, mi refugio...

Jake y yo habíamos alquilado durante estas semanas un pequeño restaurante que estaba vacío ya que sus dueños llevaban años viviendo sus últimos días en la soleada California. Podíamos usar sus cocinas como lugar de trabajo para crear los platos que íbamos preparando de la nueva carta. Que hasta el momento habían sido…. Ninguno.

-Deberías hablar con Jacob. No os hace bien estar así. Sea lo que sea que haya pasado no es tan importante como para tirar por la borda vuestra amistad – me sorprendió papá mientras bebía su café como si estuviéramos comentado el último partido de la liga.

Mamá había estado molestándome desde la primera noche que llegamos a Forks. Era demasiado evidente que no estábamos siendo los de siempre y más para personas que nos conocían tan bien. Supongo que el hecho que nos hubiéramos negado a hacer ningún tipo de celebración conjunta con todas las familias para celebrar nuestra estancia temporal solo hacía que evidenciarlo todo un poco más si cabe.

-Lo sé. Lo haré – dije sin mucho convencimiento.

-Soy tu padre y no está bien que me mientas – me contestó con ese gesto tan suyo que me decía que no se creía ni una palabra que decía.

-Tarde o temprano lo haré. – me encogí de hombros no comprometiéndome en nada, porque la verdad era que no tenía la seguridad que una charla fuera a solucionar nada... Más bien lo empeoraría. En el fondo de mi ser no quería que Jacob pusiera en palabras lo que realmente le molestaba. Prefería no encarar esa situación.

-Darle la espalda a los problemas nunca es la opción más sabía, cielo. – volvió a insistir.

-¿Has hablado con mamá? – pregunté sabiendo que mamá le habría pedido que hablara conmigo cuando ella ya había gastado todos sus cartuchos para hacerme entrar en razón.

-Cada noche desde que volviste. Me está volviendo loco. – admitió haciéndonos reír con su confesión desesperada. –

-Te quiero mucho papá, pero me parece que aún no estoy preparada para hablar con Jake. – admití ante el único hombre que nunca me fallaría por muy infantil e irracional que fuera mi comportamiento. – Así que te tocara seguir escuchando a mamá unos días, pero te prometo que te dejaré galletas hechas y masa en el congelador para que la pena sea más llevadera. –

-Me parece un buen trato, asegúrate de pasarte por casa de tu tía Carmen y tu tío Elezar para dejar algunas… Tú madre los está volviendo locos también a ellos. –

René Swan y su dramatismo en estado puro.

- Estamos preocupados por ti, no pareces tú… estás apagada. – Continuó mi padre - Tú cabeza parece estar en otro lado, siempre mirando el móvil buscando una llamada que, al parecer, no llega… Contéstame solo a una cosa ¿Estás bien? – me preguntó preocupado.

Sabía que papá llevaba días observándome, sacando sus propias conclusiones sin decir nada hasta ahora.

Mamá era un volcán en erupción. Ella era muy perceptiva y siempre intentaba ayudar a todo el mundo, pero le ponía muchas ganas, demasiadas incluso. Papá, en cambio, se sentaba en su sillón y te observaba en silencio y cuando se acercaba para tenderte una mano era cuando realmente lo necesitabas. Era una mano salvadora fruto de saber cuándo los demás se están ahogando sin saber cómo salir a la superficie por su propio pie. Éramos demasiado parecidos. Los dos éramos más de actos que de palabras, por eso nos entendíamos tan bien.

-Tenemos demasiadas cosas entre manos con el nuevo restaurante y… es todo un poco estresante. Nos está pasando factura– confesé lo que podía ser una parte de nuestro problema.

Porque en el fondo sabía que el problema entre Jake y yo no era culpa del Fantasía. Habíamos pasado por épocas de mucho más trabajo que el que teníamos ahora o en condiciones mucho más precarias y siempre nos habíamos mantenido fuertes, pero nunca habíamos dejado que nuestros sentimientos se confundieran como hasta ahora. Porque quizás si queríamos solucionar lo que nos estaba sucediendo deberíamos remontarnos bastantes meses atrás cuando decidimos que la mejor manera de sobrellevar nuestros problemas era acostándonos. Cuando fuimos lo suficientemente ilusos para pensar que traspasar esa barrera no nos acabaría pasando factura. Cuando nos creímos indestructibles.

-La amistad que tenéis tú y Jake es como los juncos… se doblan pero siempre siguen en pie. – Me dijo papá cogiéndome la mano para atraer mi atención – Pero Bella, eso no significa que debáis aceptar nada que os haga infelices. Confío en que sabréis encontrar la solución, pero nunca debe ser a costa de tú propia felicidad. – Acabó dando en el clavo como siempre.

¡Maldito don de Charlie Swan!

-No hace falta que me expliques nada, solo piensa en lo que te he dicho. Confío en ti, cielo. – continuó al ver qué no sabía qué decirle. Eso era lo mejor de hablar con él que no esperaba nada a cambio – Y ahora deberías irte si pretendes hacer algo de provecho esta tarde – me apremió haciéndome ser consciente por primera vez desde que había entrado por la puerta de casa de qué hora era.

Durante todo el camino hacía el restaurante fui intentando recopilar todo el valor con el que había salido de casa después de la charla con Charlie para poder enfrentar finalmente a Jake, pero al entrar al viejo restaurante y ver su cara de frustración supe que ese día tampoco sería el elegido para acabar esta locura.

El sonido del mar embravecido siempre me había relajado.

Las olas luchando unas con las otras hasta estamparse contra las rocas de los acantilados de La Push era un sonido que me llenaba de paz.

-Te vas a quedar congelada – me dijo suavemente Jake mientras me tapaba los hombros con una manta. – Tus padres se han ido, les he dicho que te llevaría a tu casa cuando volvieras, pero se avecina tormenta y no quería que te quedaras helada aquí- me explicó mientras se sentaba a mi lado, encima de mi chaqueta que había estirado en la arena para no mojarme.

-Charlie sabía que estaba aquí… siempre lo estoy. Así que es una bonita manera de dejarme en La Push y supongo que obligarme a tener la conversación que llevábamos evitando tanto tiempo… Hasta la paciencia de mi padre tiene un límite – le dije a Jake armándome de valor, seguramente impulsada por el hastío hacia esta situación en la que seguíamos estancados una semana y media más tarde de llegar aquí.

Al final, después de mucha insistencia por parte de todo el mundo, habíamos hecho una comida familiar. Había sido un desastre. Al menos para Jake y para mí. Había demasiada tensión y nada nos salía de manera natural creando un ambiente que se había ido viciando a medida que avanzaban las horas. Al final no había podido aguantar más ese sinsentido y había huido excusándome en que necesitaba tomar un poco de aire puro aprovechando estos días en Forks.

-Bella… -comenzó Jake – Quiero disculparme una vez más ¡Dios! No sabes lo mucho que te he necesitado estos meses en el restaurante y he sido un idiota manteniéndote lejos, no paro de pensarlo desde la noche en que discutimos y cada vez me arrepiento más. Tú perteneces a esas cocinas conmigo, no dando vueltas en los despachos soportando que el idiota del Volturi y su amigo te pongan la cabeza como un bombo – me dijo ofuscado Jake.

¿Cómo había conseguido darle la vuelta al cuento para que Aro y Edward fueran los culpables de todo nuestro enredo?

-Jake para – le interrumpí – Esto no es culpa de Aro o Edward… - intenté volver a encauzar la conversación en nosotros.

-¿Ahora les defiendes? – me retó Jake sin dejarme continuar.

-No se trata de defenderlos, se trata de no culpar a nadie por nuestros propios errores… Esto no es cosa de ellos, es solo nuestra – intenté hacerlo razonar.

Jake me miró en silencio. Lo conocía bien y sabía que estaba sopesando qué decir y pensando seriamente lo que yo le había dicho. Le di su espacio.

-Siento que te estoy perdiendo – confesó temeroso mientras sus manos acunaban de repente mi cara.

Suspiré porque en cierta manera tenía razón. Este sinsentido nos estaba alejando y nos estábamos perdiendo mutuamente. Yo también estaba perdiendo a mi mejor amigo en el camino.

Al Jake amable que siempre me hacía sentir cómoda a su lado.

Al Jake dicharachero que me hacía reír tanto que acababa con dolor de barriga.

Al Jake que me miraba y sabía cómo me sentía o lo que pensaba.

Al Jake, mi amigo inseparable.

Me separé de él cuando su cara se acercaba peligrosamente a la mía.

Hace meses tomé la decisión de que nunca más volveríamos a tener nada que no fuera una amistad y no había cambiado mi resolución. Nuestra pésima gestión de los momentos límites había sido la que nos había traído hasta aquí y no iba a volver a tropezar con la misma piedra.

-Jake no – le dije separándolo con las manos en su pecho – No volverá a pasar, te lo dije y no he cambiado de idea – le expliqué.

-Lo siento… yo… Bella joder… ¡¿Por qué no?! – me preguntó rendido.

Al final parece que habíamos llegado al fondo de la cuestión y justo ahora no sabía cómo continuar. ¿Cómo acabas con las esperanzas de tu mejor amigo? ¿Cómo rompes el corazón a la persona que te había mantenido de una pieza en tus momentos más difíciles?

-Te quiero mucho, Jake… pero nosotros no podemos ser pareja… Nunca debimos traspasar la línea de la amistad haciendo el amor y no deberíamos volver a caer en ese error. – le dije intentando no sonar muy dura.

-Podemos hacerlo funcionar – me insistió

-No lo hará.

-¡No lo sabes! – chilló con cierta desesperación- No lo hemos intentado. Danos una oportunidad Bella, por favor – me pidió tan sinceramente que mis lágrimas comenzaron a brotar.

Jake se acercó de nuevo para estirar sus enormes brazos y acunarme en su pecho, consolándome.

Sentía sus manos apretándome cerca y me sentía bien, pero no en casa. Mi piel no se erizaba tan solo con su cercanía, ni había electricidad en el ambiente cuando compartíamos espacio ni desesperación por levantar mi cara para poder encontrarme con sus labios. ¿Cómo explicarle que nuestras pieles no se reconocían como amantes?

Cuando mi llanto se fue calmando, Jake me dejó separarme de él. Nuestras caras estaban tan cerca que fue imposible evitar a tiempo que sus labios rozaran los míos buscando un beso que calamara sus miedos. Cuando vio que no le respondí se apartó.

-Lo sé, lo siento – se disculpó sin ánimos.

-Jake nunca me contaste que algo había cambiado, que lo que sentías por mí era diferente sino…yo nunca quise jugar contigo, de verdad no hay nada que soporte menos que la idea de lastimarte. Yo te quiero mucho, pero como lo que siempre hemos sido, amigos. – le dije cogiéndole la mano.

No quería que se fuera de mi vida, que se apartara. Durante mis veintiocho años de existencia él había estado presente, en los momentos más felices y en los más tristes, no podía imaginar una Bella Swan sin un Jacob Black a su lado.

Nos doblaríamos hasta los límites de la fuerza, pero jamás permitiría que nada nos rompiera. Aunque él no quisiera, yo lucharía por nuestra amistad.

-He intentado no hacerme ilusiones, recordarme que tú y yo somos esto y nada más… - dijo señalando nuestra distancia - Pero mi corazón aletea cuando estás cerca desde hace un tiempo y no puedo hacer nada para evitarlo. Y no he querido hacerlo… porque prefiero darme de bruces con la realidad y levantarme que vivir con el miedo de despertarme un día dentro de unos años y preguntarme qué habría pasado si hubiera luchado por tener una vida junto a ti. – me explicó algo más sereno.

Y sus palabras cayeron como una maza sobre mí. Jake había decidido ser valiente a pesar de saber que no tenía la suerte a su favor mientras que yo llevaba semanas huyendo, sabiendo que yo sí la tenía de mi lado…. Solo que con otro hombre, no con el que tenía en frente de mí abriéndome su corazón en canal.

-Y, pequeña, - me llamó como lo llevaba haciendo desde que teníamos cinco años y yo era una renacuaja a su lado, pero esta vez, por primera vez en nuestra vida, una mueca de dolor atravesó su rostro al decirlo – Bella… Tú nunca has jugado conmigo. Siempre fuimos claros… Bueno, al menos tú – río sin ganas – Fui yo quién no luché cuando las esperanzas comenzaban a aparecer.

-No quiero que esto nos haga daño… Yo te necesito… de verdad lo hago – le supliqué con miedo de que se alejara definitivamente. Era mi amigo y lo quería cerca, pero sabía que no podíamos recuperar lo que teníamos de la noche a la mañana. - ¿Cuándo lo supiste? Que tus sentimientos habían cambiado – pregunté.

-No lo sé, pero supongo que se comenzó a hacer más palpable cuando me insististe en que querías contratar los servicios de Volturis. Juro que ese condenado de Aro Volturi podría recitar ingrediente a ingrediente la carta del Sublime de todas las veces que ha ido solo a llamar tu atención. – gruñó haciéndome reír porque incluso en estos momentos pensábamos igual. – Él siempre ha tenido una fijación por ti y yo tenía miedo que tú acabaras eclipsada… Si me preguntas por un momento… no lo sé, pero creo que coincidió con aquel día que tú decidiste que no querías volver a tener nuestros encuentros y sentí un clic dentro de mí. Me di cuenta que estaba celoso…. Tenía miedo que salieras de nuestras cocinas y te olvidaras de mí… - murmuró.

-Como si eso fuera posible en esta vida – le intenté animar. – Siempre serás un pilar fundamental en mi vida y nadie me eclipsa, no soy una idiota adolescente.

Jake no me contestó pero me miró de esa manera que lo hacía cuando no me creía.

-Continua – le gruñí ante su escrutinio.

- Pero me robas la voluntad con tu testarudez así que decidí que tenías razón y que yo un idiota que acabaría destruyendo nuestro sueño por celos… Pero desde la primera reunión con Volturi supe que no lo soportaría… No soportaría ver en cada reunión como ese tío te tiraba los trastos… Por eso te pedí que fueras tú quien se encargara de las reuniones con ellos… Te di espacio. O, si soy sincero, quizás me lo di a mí, quién sabe… Deseando que ese tiempo fuera suficiente para olvidar mis nuevos sentimientos o para descubrirnos como algo más de lo que siempre habíamos sido…- continuó Jake antes de parar y distraerse con sus pensamientos.

Le di su espacio una vez más usando esos momentos para intentar calmar mis nervios.

-Tu prima vino a verme una noche a mi casa hecha una furia - me confesó sorprendiéndome – Me dijo que te estaba haciendo infeliz, que era un egoísta dejándote todo el trabajo sucio para ti, que siempre actuaba igual… que te quería sólo para mí…. Y por primera vez no le pude decir nada. ¡Imagínatelo yo callándome ante una discusión contra Rosalie Hale! – intentó aligerar el ambiente con su broma pero yo seguía en shock por lo que me acababa de enterar ¿Cuándo había pasado todo esto?

-Y no le pude decir nada porque en parte tenía razón. Yo quería que te dieras cuenta que tu lugar era en nuestro restaurante conmigo… que ese era tu lugar feliz…. Y secretamente esperaba que volvieras y me dijeras que te habías dado cuenta que todo lo que habías visto allí fuera no te interesaba– añadió – Y es muy difícil para mí decir esto, pero a pesar de todo el estrés, de todo el trabajo al que no estabas acostumbrada a hacer, y que no elegiste hacer, eras feliz….La gente que no te conozca no se dará cuenta pero algo en ti ha cambiado y estás emocionada. Y yo todos estos días solo he estado celoso de la manera en que eres feliz sin mí. – acabó.

-No sé qué decir Jake… Yo pensaba que simplemente no querías hacer el trabajo aburrido… no tenía ni idea que era tu manera de protegernos – admití arrepentida de muchos de los reclamos que le había hecho todas las veces que habíamos discutido estos días.

¡Qué idiotas habíamos sido!

Yo había acusado a Jake de no darse cuenta que yo estaba sufriendo por tener que alejarme de mi trabajo que tanto adoraba y yo misma había sido incapaz de darme cuenta que él también estaba sufriendo y que era yo la causa de ese dolor.

-No tienes que decir nada… Bella sé que se me pasara y por nada del mundo voy a dejar que nuestra amistad pagué las consecuencias de mis ilusiones – me dijo cogiendo mi cara, esta vez para que le mirara a sus ojos decididos.

-Lo sé. No dejaremos que esto se rompa, te lo juro – le prometí.

Había cosas por las que lucharía hasta el fin del mundo y nuestra amistad era una de esas. Haría lo que tuviera que hacer. Le daría el tiempo y el espacio que necesitara pero volveríamos a ser la Bella y el Jake que habíamos sido en el pasado.

-Lo sé, pequeña – me llamó haciéndome sonreír a pesar de que esa mueca de dolor al llamarme así no lo abandonaba.

Me lancé a sus brazos, necesitando su cercanía para asegurarme que todo esto no eran palabras de consuelo vacías, que de verdad nuestra amistad no estaba acabando aquí.

Y supe que si quería que eso se cumpliera tenía que ser sincera.

-Hay alguien – anuncié separándome de él.

Jake se tensó pero no dijo nada, solo asintió dejándome continuar.

-Bueno, no hay alguien de verdad… No está en mi vida definitivamente… pero no me lo puedo sacar de la cabeza. No te lo digo para hacerte daño, te lo juro, solo quiero ser sincera. Siento que debo hacerlo sino quiero que los silencios creen más distancia entre nosotros. – le expliqué.

-Y si me lo cuentas justo en este momento supongo que es porque lo conozco– añadió tenso aunque sin rastro de reproche en su voz, simplemente ponía en voz alta el pensamiento que ambos compartíamos.

Asentí con la cabeza.

-Es Edward Cullen. – dije después de soltar todo el aire que tenía dentro.

Jake hizo una mueca extraña pero no añadió nada.

Y aunque una parte de mí se contraía al pensar lo que le estaría provocando a Jake con esta confesión justo cuando él se había abierto en canal a mí, otra parte se sintió en paz compartiéndolo con alguien… Aunque solo hubiera sido por haber puesto en palabras algo que llevaba escondiendo muchas semanas.

Jacob, finalmente, asintió serio y estirando sus brazos me volvió a abrazar dejándonos sumidos en nuestros pensamientos mientras solamente el mar interrumpía nuestro silencio.

-No nos romperemos Bella. Te lo juro. – escuché murmurar a Jake después de un buen rato en silencio.

Esa conversación fue catártica para ambos.

Al día siguiente nuestro trabajo, aunque no tan fluido como antes, comenzó a dar sus primeros frutos. El primer plato del Fantasía por fin había sido creado.

Y supe que aunque fuera difícil todo se arreglaría… Al menos con Jake.

Había otros aspectos de mi vida que seguían igual de confusos.

[**]

.

NA:

Este capítulo es un poco más corto de lo normal, pero quería explicar el momento FORKS, sin nada más.

Alguna de vosotras llevabais dejándome varios comentarios sobre la actitud de Jake y lo que podría haber pasado en Forks, bien, aquí lo tenéis. ¿Qué pensáis? ¿Os creéis como han acabado? ¿Entendéis algo más algunas cosillas que hayan pasado en el fic? Espero vuestras reacciones… Especialmente del CLUB HATER DE JACOB jajajaja

La próxima actualización será el VIERNES

Nos leemos en el próximo,

Saludos!