Hemos llegado al penúltimo capítulo, ya solo queda el epílogo. Espero que os haya gustado. Ah, este capítulo es muy largo.

Un nuevo comienzo

Regina Queen aparcó su Tahoe negro de alquiler en la avenida Saint Charles. Necesitaría una gran taza de café para recuperarse del viaje, pero quiso antes cumplir con su palabra. Cogió su bolso que se encontraba en el asiento del pasajero y se soltó el cinturón para bajar del alto coche. Al tener Louisiana un clima tan diferente al de Nueva York, se sorprendió al recibir una corriente de aire cálido en su rostro. Metió la llave para cerrar el coche, y una vez lo hubo hecho, caminó hacia el sendero bordeado de árboles del otro lado de la calle.

Soltó un largo suspiro y comenzó a buscar entre todas las lápidas. Inconscientemente, no pudo evitar que sus pensamientos se desviaran hacia Henry. El muchacho había crecido tanto en su ausencia, ya no hacía siestas a cada momento y su desayuno favorito había tenido tiempo de cambiar ya tres veces. Su carácter se afirmaba y no soportaba la injusticia, poniéndose furioso si uno de sus compañeros de clase se atrevía a cometer una. Sin embargo, si lo pensaba bien, también ella había cambiado mucho desde el nacimiento de su hijo. Ahora se sentía mujer. Ya no se escondía, llevaba lo que quería, decía lo que pensaba, vivía como mejor entendía. Ya no había nadie ahora para mantenerla cautiva en un prisión sin muros.

De repente se detuvo para sacar del bolsillo de su abrigo un trozo de una fotocopia de un periódico arrugado. Lili Egg. Ninguna duda, estaba delante de la lápida correcta. Sacó el atrapa sueños de su bolso y lo colocó correctamente para que no se cayera. El ligero viento sacudió las oscuras plumas y permitió a la morena asegurarse de que estaba bien colocado.

Con sorpresa, sintió que una lágrima resbalaba por su mejilla para perderse en su cuello. Se arrodilló ante la hija de Maléfica y acarició la hierba que se extendía delante de la lápida.

-Ella no te ha olvidado- murmuró


Emma cerró su libro y se apelotonó en el sillón que había colocado cerca de la ventana. Soltó un suspiro y llevó su mano a su cuello mientras dejaba su mirada vagar a través del cristal que la protegía del frío y de los habitantes de esa ciudad. También la protegía de los periodistas llegados en masa a la pequeña ciudad de Maine.

Ante ese pensamiento, hizo sonar su lengua y se levantó dejando el libro encima de la cómoda de madera sin tratar. Regalo de Leroy. Deslizó sus pies en sus pantuflas y se dirigió hacia la cocina donde los restos de la víspera esperaban ser echados a la basura. Tras haber limpiado, se sirvió una taza de chocolate caliente y vaciló antes de ponerle canela. Henry también le echaba. Golpeó el frasco para espolvorear. Cogió un DVD y lo tiró sobre el estante como si le hubiera quemado. Las amistades peligrosas. Cogió otro, persuadida que sería una mejor opción. Con faldas y a lo loco; ¿por qué no?

Suspiró. ¿A quién intentaba engañar? Era desgraciada…y aunque Nelson MacGuson ya le había metido la idea en su cabeza durante la cena que habían compartido, no podía rendirse a creer que todo había acabado…

- Un juicio no es algo banal, Emma, aunque salgan de eso, la relación podría no soportarlo

Tres golpes breves a su puerta la hicieron sobresaltarse. Durante unos segundos, se preguntó si había pedido algo de comer.

-¡Márchese!-soltó -¡No daré ninguna entrevista!- gritó comprendiendo que era un periodista.

Asombrada, vio cómo el pomo se movía y la puerta se abría. No la había cerrado con llave. ¡Qué idiota! Al descubrir el rostro de Regina, sintió una cólera apoderarse de ella.

-¿Qué haces tú aquí?

-No es prudente dejar abierto- recalcó la morena uniendo sus manos enguantadas en cuero negro.

-Bueno, normalmente, cuando le digo a la gente que se largue, comprenden el mensaje y nadie tiene el atrevimiento de franquear el umbral de este apartamento.

Regina esbozó una sonrisa, se reconocía un poco en la respuesta que Emma acababa de proporcionarle.

-Pensabas que era un periodista- argumentó ella –Así que no me lo tomé como dirigido a mí

-¡Pues deberías!- soltó Emma con voz mordaz

Regina frunció el ceño, de todas maneras se lo había merecido.

-Emma, por favor, ¿podemos hablar?

Emma alzó las cejas para provocar a la morena.

-Vaya, ¿ahora quieres hablar? ¡Hace una semana que he vuelto, Regina! ¡Hace una semana que deberíamos haber tenido esta conversación! ¡No deberías haberme dejado marchar de la casa de tu hermana!

-¡Emma, si no quieres, dímelo, me marcharé y no volverás a escuchar de mí!

La rubia reviró los ojos y se recriminó no poder resistirse a esas mejillas enrojecidas por el frío y esos cabellos sacudidos por el viento, hizo una señal para que Regina se sentara.

-Gracias- murmuró ella eligiendo el sofá para sentarse

Emma inspiró profundamente para no descargarse contra la mujer a quien amaba tanto.

-Entonces, ya está, vamos a tener esa conversación…- dijo ella sentándose en el sillón del que se había levantado minutos antes.

-Así parece, el problema es que no sé por dónde comenzar…

-¿Estamos aún juntas?- preguntó Emma de sopetón.

Regina reflexionó sobre cómo responder a la pregunta sin ofender a la rubia. Pero la verdad era que ya no sabían hablarse porque en ocho meses, habían cambiado y quizás no habían tomado la misma dirección. Emma ya no era esa adolescente madura y alegre. Se había convertido en una mujer independiente con un trabajo, un apartamento, una herida en su mirada. Había dejado sus gafas para ponerse lentillas que permitían ver claramente sus ojos claros que en ese momento la estaban sondeando.

-Emma, nos amamos, eso es una certeza

-Entonces, ¿por qué rechazarme si me amas? ¿Por qué la necesidad de una conversación?

-Parece que has olvidado que acabo de pasar ocho meses en la cárcel y…

-¡Y lo siento, de verdad! Pero Regina, quise contarle todo a la policía en cuanto salí del coma. Fue ese idiota de abogado que…

-No es…

-¿Me lo echas en cara? ¿Es eso?

-¡Emma, no! No se trata de eso, te lo aseguro- afirmó la morena

-Entonces, ¿de qué, joder?

Regina inspiró profundamente. Había llegado el momento de poner todas sus dudas sobre la mesa y no estaba segura de que Emma pudiera comprender.

-¡Nuestro amor es…destructivo!- soltó finalmente

Una sombra pasó por la mirada clara y un rictus de cólera se fijó sobre el rostro de Emma para después dejar sitio a una incomprensión no fingida.

-¡Ok, estoy atónita!

-¡Emma, eso empezó desde el comiendo de nuestra historia! Nos aferramos la una a la otra porque yo necesitaba distracción y atención. ¿Qué mejor que una hermosa estudiante demasiado joven como para preocuparse de mis problemas de ex novias e hijos?

-¡Y te llevaste una patada en el culo en cuanto a eso!- se burló amablemente Emma

-Sí, es verdad, pero necesitaba ligereza y tú, tú necesitabas brazos protectores y estabilidad para huir de los problemas que tenías en casa de Linda y George…

-Ok, si la finalidad es hacer balance de nuestra…

-Por favor, Emma, no me interrumpas, ya es demasiado duro…- pidió con cierta pena en la voz.

Emma no respondió nada, curiosa por ver a dónde las iba a llevar esa conversación. De momento, estaba segura de poder darle la vuelta a la situación.

-Pero muy rápido, en cuanto comenzamos a salir juntas, destruí tu vida de despreocupada estudiante, y a la vez, comencé a torpedear mi carrera.

Era un calvario pronunciar cada palabra. Solo querría coger a la rubia entre sus brazos y mantenerla con ella por siempre. Pero continuó.

-A continuación, supiste lo de Henry y Narcissa, y muy rápido, adquiriste un rol que no deberías haber tomado. Dejando de lado a tus amigos, tu vida con tu familia adoptiva…Nos amamos. Mucho. Es un hecho. Pero mira las cosas de frente. ¡He estado en la cárcel por protegerte! ¡Y no es un reproche!- exclamó ella al ver que Emma iba a abrir la boca para excusarse otra vez.

-¡Y tú cometiste un crimen para protegerme! Asesinaste a alguien, Emma- murmuró ella como si alguien pudiera escucharla

-Hice lo que tenía que hacer para no acabar nosotras en el fondo del mar.

-Emma, si no me hubieras conocido, nada de esto habría sucedido.

-¡Gina!

-¡No! Escúchame, por favor.

Una vez que estuvo segura de que Emma no diría nada, retomó sus palabras.

-Nos amamos demasiado…Cuando una está dispuesta a matar y la otra a ir a la cárcel, ¡es algo destructivo! ¡Es malsano e inviable! ¿Qué pasaría si seguimos juntas? ¿Qué vida seguiría robándote? Necesito saber que estás a salvo y si para que eso suceda tengo que apartarme de tu vida, lo haré.

Emma sacudió sus bucles rubios y la fusiló con la mirada.

-¡Eso es! ¡Date los grandes aires, Regina! Pero quiero decirte una cosa, ¡estás muerta de miedo!

-¿Perdón?

-¡Sí! ¡Te da miedo que lo nuestro pueda salir adelante y que un día me despierte convertida en Narcissa! ¡O en Leo! ¡O en tu madre!

-¿De qué estás hablando?

-¡Hablo de que tienes miedo de que me convierta en alguien violento como Leo podía serlo, alguien que no te deje libertad para tomar una decisión! ¡Tienes miedo de que me vuelva manipuladora gritando a los cuatro vientos que, de hecho, eres tú quien cometiste el crimen, como Narcissa quería hacerlo! ¡Tienes miedo de que te encierre y de que te vuelva loca, como la tarada de tu madre! ¡Tienes miedo de que mude las cosas a mi favor, tienes miedo de que me convierta en un demonio! ¡Todo porque toda tu vida no has estado sino rodeada de demonios!

-¡No tengo miedo de ti!

-No digo que tengas miedo de mi, Gina. ¡He dicho que tienes miedo de aquello en lo que un día pueda convertirme! ¡Y yo creo injusto que no nos des una oportunidad!

-Tuvimos una oportunidad, la de vivir una historia magnifica y…

-¿Y es todo? ¿Se acaba aquí? Ahora que hemos hecho lo más duro, ¿quieres abandonar?

-¡Emma, no es una cosa fácil para mí!

-¿Quieres que te diga lo que nos hemos aportado la una a la otra? Tú me has dado amor, un amor como jamás conocí, me has dado al resto de mi familia. Porque Henry y tú constituís el resto de mi familia. Me has dado alegría sin pedir nada a cambio. Me has ofrecido momentos de felicidad sin pedirme nada a cambio. Me has aceptado como yo era, con mi duro pasado. Has sido paciente igual que yo lo he sido contigo. Yo te he ayudado a que reencontraras una vida con tu hijo, y aunque tuvo que ser a través de la muerte de Narcissa, estoy contenta de haberlo hecho. Porque aunque tenga pesadillas por eso, te he liberado de las garras de esa loca. ¡Ya no tienes que vivir escondida! ¡Ya no tienes que vivir con un nombre falso viendo a tu hijo una vez al año! ¡Joder, solo por ver tu sonrisa cuando tomas a tu hijo en tu brazo, lo volvería a hacer mil veces!

-¡Ahí está el problema, Emma! El día en que tenga un problema porque me hayan puesto una multa, ¿qué harás tú?

Emma aferró la mano de Regina para que la mirada a los ojos.

-¡Gina, estás argumentando como si yo fuera Narcissa! Déjame decirte que tengo más sentido común que ella y que no voy a matar el primero que te denuncie! Reconoce que la noche en que todo pasó, estábamos en una situación algo diferente. Teníamos una pistola encañonada hacia nosotras. Si no lo hubiera hecho, Narcissa, sin duda, habría localizado a Henry.

Regina se estremeció ante esa idea.

-Emma…te llevaste una vida, ¡no es algo insustancial! Es por eso que no puedo continuar contigo…¡Mira lo que te he hecho hacer! Yo…

Ella se levantó precipitadamente.

-¡Ya no me amas!- lanzó Emma al verla dirigirse hacia la puerta para escapar.

-Emma, yo…

-¡Si me amaras de verdad, no te marcharías!

-¡Por supuesto que me marcharía!

-¡No!

-¡Emma! ¡Intento salvarte!- gritó Regina girándose enérgicamente hacia la rubia que se encontraba precisamente tras ella.

La morena dejó escapar un sollozo sin lágrima alguna y retrocedió hasta la puerta para pegarse a ella. Ya no podía pensar correctamente.

-¿Salvarme de qué?- murmuró Emma acercándose a ella.

Regina no pudo mirarla a los ojos para decirle la más dura de las confesiones.

-De mí…

Una mano chocó en su cadera y la otra pasó bajo su mentón para alzarle la cabeza y captar su mirada.

-Siempre has tenido una imagen deplorable de ti misma, Gina. No necesitas salvarme…¡Mírame!- pidió ella al ver que la morena intentaba desviar de nuevo la mirada.

Emma presionó dulcemente sus labios contra los de ella y pidió tímidamente acceso a su boca con su lengua. Con un gemido triste, Regina se lo concedió para enredar sus lenguas. Rápidamente, su vientre se inflamó y se aferró a la blusa de su rubia. Una sonrisa se pintó en los labios de esta y decidió meter una pierna entre las de la morena para mantenerla donde estaba. Sorprendida, Regina despegó sus labios para hundirse en la mirada esmeralda de su amante.

Podía leer en ella la adoración y decidió no perder tiempo para volver donde estaba. Desabotonó la blusa de su amada para poder acariciar su vientre, sus abdominales que tanto había echado de menos y su pecho tan dulce como el algodón.

Emma se dejó hacer, devorando el cuello perfumado de la morena. Ella comenzó a desabotonar la blusa blanca que escondía demasiado para su gusto.

-¡No! ¡Stop!- gruñó Regina empujándola, con la respiración sibilante y la mirada empañada en lágrimas

-Gi…

-¡No! ¡No he venido para esto!- dijo ella decepcionada por lo que acababa de hacer.

-Ok, ok- repitió Emma volviendo a abotonar su blusa.

Tragó pesadamente, avergonzada por haber precipitado las cosas. Retomando su respiración, no se atrevían a mirarse, por miedo a enfrentar los reproches de la otra.

-Lo siento- murmuró Emma pasando una mano por su cascada de cabellos rubios.

-No lo estés, también yo tenía muchas ganas. Pero…yo…no sé a dónde nos va a llevar todo esto- suspiró mientras se ponía su zapato que había deslizado de su pie.

Emma se había quedado cerca de la puerta, previniendo una posible huida de la morena. En cuanto a esta, se había sentado en el reposabrazos del sofá.

-¿Sabes? Ya no necesitas un plan de diez años en adelante- murmuró Emma esperando que su respuesta no fuera tomada a mal.

-Lo sé

-¿Confías en mí?- preguntó

-Sí, por supuesto

-Entonces…danos una oportunidad, creo que podemos intentarlo…¡deseo una vida contigo y con Henry!

Regina lo pensó. Pensó en esa vida que podría tener con Emma. Solo podría ser dulce y llena de sabor.

-Yo también lo deseo- confesó en voz baja, esperando que ningún avión le cayera sobre la cabeza o que la policía apareciera en la sala para llevarlas finalmente a prisión.

Emma se acercó despacio a la joven que estaba más baja que ella. Pasó su mano por los mechones morenos de su ex profesora de literatura y tiró muy ligeramente de ellos para hacer que levantara la cabeza.

-Entonces, quédate, por favor.

Después, ella se inclinó para besarla, saboreando una vez más los besos que siempre la volvían loca. Sintiendo cómo sus sentidos se inflamaban, la joven no pudo resistirse más. Regina dejó que Emma retomara las riendas y comenzó por encontrar una cómoda posición para las dos, sentadas en el sofá. Si sus labios y sus manos ya no sabían cómo comportarse, Emma sabía cómo usar sus dedos para arrancarle suspiros ligeros a su dulcinea.

Cuando su mano rozó el interior del muslo de la madre de Henry, sintió cómo se crispaba bajo ella. No de miedo sino más bien de excitación. Esas caricias esperadas por demasiado tiempo la volvían torpe. Emma hizo bajar la falda de la morena y con las prisas bajó también medias y zapatos. Después, se colocó encima de ella, dejando que su cascada rubia descendiera por su hombro. Regina casi pudo sentir su corazón volver a latir en ese preciso momento. Incómoda con la castidad de las caricias, gruñó ligeramente para que Emma fuera más lejos. Y manteniendo su mirada anclada en la de ella, sintió a su amada acariciar dulcemente su entrepierna, su mano se había deslizado bajo sus bragas de encaje negro. Se mordió el labio al quedarse sin respiración. Emma la conocía de memoria, era la persona que mejor la conocía en el mundo y era sin duda por eso que era una amante extraordinaria. Pero mucho más que eso, ella estaba a la escucha, incluso cuando la morena murmuraba la mitad de un pedido, la rubia respondía a ello plenamente.

Continuaron deshojándose hasta encontrarse desnudas.

La ex directora buscó un sitio donde clavar sus manos y los muslos tensos de la joven mujer encima de ella le parecieron un lugar excelente.

Encontró los músculos increíblemente mucho más desarrollados que la última vez que habían hecho el amor. Incluso detuvo los besos para mirar algo más abajo.

-¿Qué?- se asombró Emma

-¡Has desarrollado músculos!

-¡He corrido por tu liberación!- declaró Emma, encantadora

-Oh…y has pasado tiempo con Mary Margaret- refunfuñó Regina al encontrar su última frase cargada de ñoñería.

Emma estalló en carcajada y una de sus manos se perdió de nuevo en los cabellos oscuros mientras su otra mano penetraba en la intimidad ardiente de su amante.

-¡Emma!- la llamó tiernamente Regina al sentir que su cabeza se inclinaba hacia atrás.

Ella no tardó mucho tiempo en gozar, encajándose en el cuello de su rubia para expresar su placer. Emma la llevó hasta la cama donde pudieron acabar lo que habían empezado. Y controlándose apenas, Regina notaba un miedo aferrarle el vientre. ¿Era lo suficientemente fuerte para aguantar? Se quedó dormida profundamente.

Hacia las cinco de la tarde, el teléfono de Regina las despertó de un sobresalto. La morena cogió la llamada y se giró para no enfrentarse a la mirada de Emma.

-¿Sí?...no, no, aún estoy en casa de Emma…Sí…hum…ha llevado más tiempo de lo previsto…Yo…sí, por supuesto. ¡Ya voy!

Colgó y se mordió el labio.

-Tengo que ir a buscar a Henry a casa de Chloè

-Ok- dijo tranquilamente Emma mientras buscaba su ropa.

-Yo…lo siento, Emma…

-¿Lo sientes?

-Tú…¡lo deseaba tanto!

-¡Yo también!

-¿De verdad?

-¡Evidentemente! Gina, quiero esta vida contigo, yo…

-Le has quitado la vida a una persona, Emma.

-Lo sé- resopló posando una mano en la espalda de la morena –Y sufro por ello, de verdad, pero créeme también cuando te digo que lo hice no solo para protegerte sino también para protegerme. ¡Te lo juro!

Regina asintió y se dio prisa en vestirse para ir a buscar a su hijo.

-¡Hey! ¿Sabes? Si quieres, ven a cenar aquí con Henry. Sería un placer teneros en mi casa. Pero no te obligo a nada…Escucha, ven si sientes que algo es posible, ¿de acuerdo?

Cuando la puerta se cerró, Emma notó su vientre retorcerse. Esperaba con todo su corazón que la morena volviera. Ella había matado a alguien. Sí. Pero repasando la escena en su cabeza, no veía otra solución. No lo había hecho para hacer cantar a Regina, ni incluso por tener poder sobre ella y mucho menos una ventaja.

Vio a Regina salir de su edificio y le hizo una señal con la mano desde la ventana. Vio a la pequeña morena forrar su nariz con la bufanda para camuflar su risa de colegiala. Una horda de periodistas se precipitó hacia su coche para hablarle, pero ella tomó velocidad, sin duda, asustada ante todo eso.

Emma decidió ocuparse de la causa de noviolencenocry mientras esperaba el regreso de Regina. Después de todo, no iba a dejarlo caer porque Regina ya hubiera salido. Recibía un montón de testimonios de jóvenes que no se atrevían a enfrentarse a sus parejas, y ella respondía a cada una dándole diversos consejos. Intentando siempre dar lo mejor de ella. Y aunque Belle y Ruby se habían empeñado en ayudarla, Emma debía confesar que casi era una terapia para ella. A eso había que quitarle los emails con insultos y amenazas que recibía cada día. Belle y Ruby incluso habían hecho una lista con los diez mejores, pero cada día, uno llegaba para destronar a otro. Continuó hasta las siete y corrió a comprar algo para la cena.

Al volver al apartamento, se habría podido creer que nada había pasado. Ella canturreaba felizmente removiendo la salsa de su asado al que vigilaba para no quemarlo. Después, puso la mesa y esperó. La noche ya había caído hace tiempo, espiaba los faros de los coches que se detenían delante del edificio, pero nada.

Quizás Regina había decidido no volver. Quizás, después todo, se había tratado de la última vez.

El reloj la molestaba profundamente. Como si hubiera decidido tomarle el pelo con su melodía angustiante. Ocho y media. ¡Regina iba a venir!

Tic. Tac

Emma bajó el fuego para no quemar el plato.

Tic. Tac

Emma dejó la bandeja sobre la mesa, convencida de que eso haría llegar a su novia.

Tic

Tac.

Las diez…No vendría. Todo no había sido sino ilusión, ella no estaba preparada para dar el paso, no estaba preparada para lanzarse a un vida con la rubia. Emma debía tomar su decisión…Se dio hasta medianoche para dejarse caer definitivamente.

Tic…

Tac…

Diez y media. Llamaron a la puerta. Corrió a abrir, con una expresión de alivio, lista a sermonear amablemente a la joven, pero no tuvo tiempo de pronunciar una sola palabra.

-Emma…

-¿David?- dijo asombrada -¿Qué haces aquí?

-Es Regina…

Inmediatamente, una inquietud se pintó en los trazos de la muchacha y sintió un balde de agua fría caerle encima.

-¿Qué?- preguntó con voz temblorosa.


El dolor en el vientre de Regina fue repentino y fulgurante, bajó su mirada y vio la sangre aflorar bajo su blusa. Vaciló ante la vista del cuchillo que atravesaba sus carnes. David la llamó, pero ya no escuchaba, cogió el mango del cuchillo para sacar la hoja de su cuerpo, pero fue interrumpida por su amigo que la atrapó entre sus brazos mientras seguía de rodillas. Ella lo miró, furiosa porque no le dejaba retirar esa arma que le estaba causando un dolor insoportable. Él hablaba, pero ella lo escuchaba muy lejano, como si le hablara a través de algodón. Frunció el ceño e intentó decirle que estaba sufriendo. David le colocó un mechón de sus cabellos en su sitio y la estrechó contra él. Comprendió que quería tranquilizarla, pero el pánico se insinuó en ella. Veía la sangre resbalar abundantemente entre sus dedos y los de David y el hecho de que él le impidiera sacar el arma la molestaba profundamente. Él la sacudió dulcemente y ella se centró en los labios del hombre que tenía a su frente.

-¡No lo saques! Si lo haces, podrías ocasionar más destrozo

-¡Me duele, por Dios!- susurró ella

-Lo sé, lo sé…Te llevó al hospital.

Ella miró a su alrededor y vio un buen número de cámaras alrededor de ellos.

-¡David, los periodistas!

-¡Apártense de aquí!

Regina localizó a su hijo en los brazos de Chloè que le ponía una mano delante de los ojos.

Finalmente, Mary Margaret llegó a ayudar a David a meter a Regina en el coche y dejó que Chloè se ocupara del niño.

-¡David, rápido!- gritó Mary Margaret al ver la sangre manar más rápidamente. Sostenía la cabeza de Regina sobre sus rodillas y presionaba como podía la herida.

-Mary, voy a morir…

-¡No! ¡Cállate, no vas a morir, vas a vivir!

Regina perdía poco a poco el conocimiento.


Emma se negaba a llorar. Se precipitó sobre Mary Margaret cuando la vio en la sala de espera del hospital.

-¿Y?- preguntó ella

-¡Aún no han salido!

-¡Ya deberían haber acabado! Es de locos- se enervó David

Emma se paralizó unos segundos sobre la camisa de Mary.

-¿Es su sangre?- preguntó con voz temblorosa

La morena lanzó una ojeada a David que no le fue de ningún apoyo.

-…Sí

-Joder…¿por qué?- preguntó ella

Mary no tuvo tiempo de responder. La televisión en la sala de espera emitió el nombre de Regina haciendo que el pequeño grupo de sobresaltara.

-¿Un acto visiblemente homófobo?

-Sí, según las imágenes y lo que el agresor gritó antes de apuñalar a su víctima, se trataría efectivamente de un acto homófobo.

Las imágenes en cuestión circulaban en bucle y a pantalla completa. Regina intentaba empujar a dos o tres periodistas explicando que ella no tenía nada que decir de momento sobre la relación que tenía con Emma Swan…En ese preciso instante, su rostro se retorcía de dolor y los gritos se alzaron de la muchedumbre. El cámara tuvo dificultad para encuadrar lo que estaba pasando.

Lo que impresionó a Emma fue la mancha de sangre que crecía como si la imagen hubiera pasado a marcha rápida. El torbellino en sus oídos hicieron que su cabeza diera vueltas y tuvo que sentarse para no desfallecer.

-¡Emma!- gritó Mary. -Los médicos estaban confiados cuando la llevaban a quirófano. Te lo aseguro. ¡Hay que confiar en ellos!

-¡Ya no querrá nada conmigo!- se hundió ella

-¿De qué hablas? ¡Tú no tienes nada que ver!- dijo David posando una mano sobre su hombro

El teléfono de Emma comenzó a vibrar, después sonó. Ruby. Belle…No lo cogió.

-¡La han apuñalado porque estaba conmigo! ¡Yo tomaba todo esto a la ligera! Yo…

-¡Emma! ¡Cálmate! ¡Desequilibrados hay por todas partes! ¡No es tu culpa!

Sus manos comenzaron a temblar de forma incontrolable, su cuerpo siguió el movimiento, como si fuera presa de un ataque de epilepsia.

-¡O entonces es para castigarme! ¡Es eso!- dijo levantándose –Yo tomé una vida, así que a cambio, me arrebatan a la persona que amo. ¿ES ESO?- gritó ella con voz aguda -¿Es así cómo funciona la cosa?

-¡David!- gritó Mary para que él reaccionara.

El hombre tomó a la rubia por los hombros y la sacudió fuertemente.

-¡Cierra la boca, Emma!- ordenó él -¡La gente podría escucharnos, así que cállate! ¡Te ordeno que te calles!

Tenía la voz dura y la mirada furiosa. Como única respuesta, ella asintió.

Mary agarró a una joven que pasaba por el pasillo.

-Perdóneme, hay noticias de Regina Queen, hace horas que…

-¿Nadie ha venido a avisarles? Hace una hora que ella…en fin…voy a…voy a buscar al doctor que…

-¡No!- gritó la rubia aferrando su manga -¡No! ¡Dígame! ¿Ha muerto? ¿Es eso?

El rostro de la joven palideció de repente y sacudió la cabeza.

-Usted es Emma, ¿verdad?

-¡Sí!

-No, no…no sabía que era de la familia- dijo ella mirando a Mary y a David –Yo…no, no ha muerto, está bien. ¡Hey! ¡Está bien!- susurró escrutando el rostro de Emma para asegurarse de que había comprendido –Ha debido haber una confusión y el interno no ha comprendido que debía avisarles. Voy a…voy a llevarlos a su habitación.


Regina abrió los ojos y cayó directamente sobre los cabellos dorados que se esparcían sobre su pecho. Ella gruñó notando que su boca seca le dolía mucho.

-¡Gina!- gritó Emma alzando la cabeza

-A…agua…

La estudiante se precipitó al cuarto de baño para traerle un vaso y la ayudó a beber. Regina puso una mueca de dolor y se llevó la mano al sitio donde el cuchillo había estado clavado algunas horas antes.

-Henry está bien, sigue en casa de Chloè, y Mary Margaret y David están en la puerta, quieren entrar a verte, pero esperaban a que despertaras.

-Emma, ¿puedes decirme lo que tengo?

-Ningún órgano vital ha sido tocado y los médicos han reparado todo- suspiró Emma aliviada –Quieren dejarte salir esta tarde.

Regina reviró los ojos: ¡Vivan los EEUU!

-He tenido mucho miedo- resopló Emma poniéndose una mano ante los ojos

-¡Y yo también!- replicó la morena

Tras un corto silencio, ella suspiró y las lágrimas cayeron por su rostro.

-Iba tranquilamente a buscar a Henry y un enfermo mental apareció y me apuñaló así como así

-David y Mary me han contado, ellos tampoco lo vieron venir…

Un silencio se hizo.

-¿Ibas a volver a verme?- preguntó finalmente Emma

Regina escrutó el dulce rostro medio inclinado hacia ella.

-No sabía si lo iba a hacer…- dijo finalmente –Y después, me apuñalan…

El corazón de Emma tuvo una caída vertiginosa.

-…y me dije que quería una vida contigo, incluso quizás más. Que era una suprema tontería perder a la única mujer que podía amarme.

El vientre de Emma se alivió de repente. Regina se quedaba…


Los días que siguieron consistieron en cuidar a Regina y Emma se dedicó a ella como si se tratara de un recién nacido.

Desayuno en la cama, almuerzo en la cama, televisión en la cama. Todo bien si Emma no hubiera insistido en lavarla con un guante en la cama. Por llevar mucho tiempo acostada, Regina tenía demasiada energía que tenía que expulsar de cualquier manera. La mañana del tercer día, estalló

-¡Necesito sentir el aire en mi cara y ver gente!- se enervó

-¡Mamá quiere ver gente!- gruñó Henry sentado a su lado en la cama

-Debo tener un ventilador por algún lado y podemos invitar a Mary y Dav…

-¡Emma!- se ofuscó Regina –Necesito salir, empiezo a encontrar tu apartamento asfixiante y horroroso

-¿Horroroso?- interrogó Henry mirando a su madre de tez pálida

-¡Bien, muy bien! Vamos a salir, señora gruñona…

-¿Señora gruñona?- exclamaron madre e hijo.

-…pero antes déjame ver si has limpiado bien tu herida. ¡Y mi apartamento no es ni asfixiante ni horroroso!- dijo ofendida

Regina gruñó cuando la rubia levanto su camiseta con sumo cuidado.

-Sabes que no eres mi madre, ¿verdad?- refunfuñó Regina

El rostro de asombro que emergió de debajo de su camiseta hizo que pusiera una mueca.

-¡Menos mal!- exclamó ella. –Si no, no podría hacer esto- dijo besándola tiernamente - ¡Todo en orden con respecto a la herida! ¡Te autorizo a salir!

-¡Gracias, Doctora Swan!- se burló Regina con mirada escéptica

-¿Emma es doctora?

La morena se dirigió al baño mientras la rubia terminaba de preparar a Henry para su pequeña salida. Cuando la ex alcaldesa bajó al salón, Emma le lanzó una extraña mirada.

-¿Qué ocurre?

-Gina, si salimos, habrá que pasar por delante de los periodistas- dijo ella poco orgullosa

-Oh…

-Y…creo que si queremos que nos dejen tranquilas, tendremos que hacerles alguna declaración…

-¿Una declaración? Emma, no soy una estrella o…

-Solo decir que todo va bien, que te estás recuperando y que yo te cuido muy bien

-¿Puedo decir que queremos una vida privada? ¿Y que una de nosotras ya ha cometido un crimen así que no sería muy difícil cometer otro si no nos dejan en paz?- gruñó Regina tapando las orejas de su hijo.

Emma puso una expresión desolada.

-Euh…sí…de la segunda parte no estoy muy segura

Regina reviró los ojos

-Henry, ponte el abrigo, cariño. Nos vamos

Efectivamente, apenas sacaron los pies, los micrófonos fueron apuntados a sus narices. Regina apretó a su hijo contra ella, a pesar del dolor que eso gesto le provocó.

-¡Emma! ¡Emma! ¿Estáis felices de volver a estar juntas?

-¡En efecto, estamos muy felices! Poco a poco nos estamos volviendo a acostumbrar y Regina se está recuperando de su herida.

-Regina, ¿siguió usted lo que Emma ha hecho por usted cuando estaba en prisión? ¿Y qué piensa del movimiento noviolencenocry comenzado en su honor?

Regina deslizó una mirada de alerta a Emma. No le gustaba esa pregunta y Emma tendría que apañárselas para responderla sola.

Mientras se dirigían al coche, Emma intentaba que los periodistas le preguntaran a ella, pero todos querían una palabra de la silenciosa morena que estaba a su lado.

-Escuchen, nos gustaría estar en familia y…

-¿Familia? ¿Tiene usted algo en mente, Emma?

-¿Hein?

Regina sonrió suavemente, lo que hizo callar a la muchedumbre frente a ella.

-Emma y yo hemos previsto retomar nuestras visas desde donde se habían detenido y para ello, necesitaremos algo de calma- comenzó ella lanzando una mirada en círculo, mirando uno por uno a cada periodista –El movimiento noviolencenocry comenzado por Emma continuará y estoy muy orgullosa de que lo haya hecho. Por lo que respecta a mi herida, os doy las gracias, va mejor, los analgésicos han hecho mucho.

Hubo algunas risas discretas en la asistencia.

-Gracias al sheriff Graham, que mantiene esta ciudad perfectamente protegida, el culpable ha sido detenido.

Cuando las preguntas iban a continuar, ella elevó una mano para que la dejaran acabar. Emma esbozó una pequeña sonrisa, tenía la impresión de que Regina se estaba dirigiendo a una clase revoltosa.

-Y por lo que respecta al movimiento SwanQueen, quiero agradecer a todas las personas que lo han sostenido, realmente y sinceramente, gracias. Pero ahora, desearíamos poder salir de nuestra casa sin que una cámara sea colocada bajo la nariz porque imagino que hay ciertos días en que no os gusta que os salten encima para que vuestras caras aparezcan en todos los medios.

Nuevas risas y miradas cómplices entre periodistas fueron intercambiadas. Finalmente, Regina usó un tono más bajo, cautivando aún más a su audiencia.

-De todas maneras quiero recordar que hemos tenido algo de notoriedad porque nos hemos visto envueltas en un drama, así que, sí, Emma está encargada de un movimiento que lucha contra la violencia doméstica, pero necesitamos respirar para poder vivir bien nuestra historia. ¡Os rogaría entonces que os hicierais a un lado lo más rápidamente posible!

Todos se hicieron a un lado, asombrados de que ella haya podido responder a todas las preguntas de una sola vez. Al llegar a los dos caballos amarillo de Emma, Regina desorbitó los ojos.

-¿Qué es esto?- susurró ella para que los periodistas no escucharan

-¡Mi coche, cariño!- susurró Emma

-¡Jamás mi hijo meterá un dedo del pie ahí dentro!

-En primer lugar, ya lo ha hecho, y en segundo lugar, creo que realmente no tienes elección…

Tras refunfuñar para ella sola, Regina consintió subir en el coche gruñendo que era sorprendente, incluso fascinante que ese «atajo de hierros» consiguiera aún circular.

Se dirigieron a Granny's donde Ruby y Belle estaban sentadas a una mesa. Al ver al pequeño grupo entrar, se levantaron para recibirlas alegremente.

-¡Hey! ¡Henry!- exclamó Ruby chocando los cinco con el muchacho

-¡Emma!- dijo Belle apretándola brevemente entre sus brazos

Después, las dos chicas se encontraron delante de Regina sin saber qué hacer, ni cómo llamarla.

Emma golpeó suavemente la espalda de su compañera para que dijera algo, pero también ella parecía perdida.

-Ok. Euh…bueno, comportaos como si todo fuera normal

-¡Está bien veros a las dos!- declaró Belle

-¿Cómo está usted…Regina?- preguntó Ruby obligándose para pronunciar el nombre de la mujer

-Euh…bien, sí, muy bien. Emma me está cuidando…

-Bueno…- rió Emma ante la pobreza de la conversación -¡Es un comienzo!

-¡Estoy contenta de que esté fuera!- afirmó Belle presionando afectuosamente la mano de la morena en señal de apoyo.

Esta dio una sonrisa triste e incómoda a la vez.

-Sé que Rumple no actuó de forma delicada con usted, pero…creo que él quería el mejor desenlace posible.

-No lo dudo- gruñó la de más edad jugueteando con su cuchara.

Belle frunció el ceño lanzando un SOS a Ruby.

-Sí, euh…bueno entonces, ¿va a volver a su casa?- preguntó ella

-¿Mi casa?

-Bah, su castillo

-Es una mansión, Ruby- dijo Emma

-Ah…vale, ok lo he visto menos veces que tú- bromeó la camarera

Regina sonrió débilmente. Siempre había apreciado el vivo espíritu de la joven y sus pullas siempre picantes le habían parecido signo de inteligencia.

-Creo que la voy a vender.

-¿Quieres vender la mansión?- dijo asombrada Emma lanzando una ojeada a su novia.

-Hay sangre de Narcissa en la cocina y no soporto la idea de que ella haya podido tocar mis cosas- declaró fríamente la mujer.

-Ya…tienes razón

-Bien, os voy a dejar entre amigas e ir a hacer algunas compras.

-Pero…

-Emma, tú también necesitas salir un poco y estar con Belle y Ruby. Así que dame el gusto de no pensar en mí durante una hora.


Los medios se calmaron finalmente. No gracias a la reacción de Regina, sino más bien porque ahora ellas se negaban en redondo a hacer declaración alguna. Las semanas pasaron y la vida retomó finalmente su ritmo.

Daniel se marchó a Florida para asentarse allí definitivamente, pero no pasaba un día sin llamar. Y siempre quería hablar con los tres. Se divertía llamándolos «mi pequeña familia recompuesta» y aunque a menudo estaba en desacuerdo con Emma, nada podía acabar con el cariño que sentía por ella.

Zelena había pasado algunas semanas en Maine, pero había regresado a Canadá con su futuro marido. Había prometido que la próxima vez vendría con él para presentárselo a su hermana. Sin duda, en julio, le había dicho, porque después había que preparar la boda.

August y los chicos seguían viviendo a dos pasaos de Emma y no era raro verlos aparecer tras haberla llamada una docena de veces para asegurarse de que no molestaban. Pero un día, Regina se encontró frente a la primera pena de amor de Amber y tuvo que gestionar la situación sin Emma, pues ella había retomado el trabajo en el Chapelier Flou tras la convalecencia de Regina. Desde ese momento, Amber le cogió mucha afección a la morena e incluso le pedía consejos a Regina en primer lugar. Aunque un poco celosa, al comienzo, Emma finalmente lo había encontrado adorable.

David y Mary Margaret habían intentado ayudar a Regina a retomar su plaza en el instituto, pero la administración había sido muy clara: ni hablar del tema.

Chloè pasaba regularmente a ver a su «ahijado» preferido y lo regaba de demasiados regalos. Will participaba en esos regalos, él y Chloè se habían vuelto inseparables.

Regina empujó a Emma a que buscara una academia de policía para cuando comenzara el curso y ella misma buscó un trabajo. Aunque su padre le había dejado suficiente dinero para no volver a trabajar nunca, deseaba volver a encontrar una estabilidad para ella y para su pequeño. Dejaba a Emma la libertad que necesitaba para ver a sus amigos, continuar con el movimiento de noviolencenocry cuyas reuniones se realizaban en el salón de la rubia mientras Regina se quedaba en la planta de arriba para dejarlas tranquilos. Sin embargo, no podía evitar escucharlas hablar y reír. Eso le alegraba el corazón porque veía que la inocencia no había abandonado por completo a su novia.

-¡Joder, Ruby, acabas de destronar una vez más la plaza número cuatro!- dijo Emma controlando apenas la cantidad de líquido que echaba en su vaso.

-¡Ten cuidado!- gritó Belle cogiendo justo a tiempo la botella de coca-cola

-¡Oh, vaya! ¿No queréis subirme a la tercera?- preguntó la camarera dejando el portátil para tener más libertad de movimiento.

-¡No!- exclamaron las otras dos.

-¡Ese no promete extraerme las entrañas para esparcirlas alrededor de mi casa!

-No, pero habla de destrozar tu coche- se quejó Ruby

-¡Vaya, se ve que no ha visto tu coche! Porque si no, sabría que ya no hay nada que hacer- rió Belle evitando el cojín que Emma le lanzaba.

-Estoy totalmente de acuerdo con usted, Belle- dijo la voz de Regina que bajaba las escaleras.

-¡Otra cosa me sorprendería!- suspiró Emma que no había conseguido que su novia viera con buenos ojos su coche -¿Te unes a nosotras para leer las mejores cartas de tarados?- propuso entonces la joven torciendo el cuello para ver que su novia se había puesto unos pitillos ceñidos y una blusa púrpura –Euh…Gina, ¿estás bien?

-Sí, ¿por qué?

-¡Tus trapos!

-¡Joder!- soltó Ruby casi tirando por la mitad su zumo de naranja.

-Se llaman ropas, y son para montar a caballo.

-¿Usted monta?- preguntó Belle incorporándose

-¿Vas a montar?- dijo asombrada Emma

-He decidido retomar los saltos. Y Belle, monto desde que era niña, sí. ¿Y usted?

-Aprendí cuando era pequeña, hacia saltos hasta los catorce

-¡No hace tanto tiempo! Podría volver a ello.

Belle asintió incierta ante la propuesta que su ex profesora de literatura le estaba haciendo.

-Miradnos chicas, ahora cuando decimos «cuando era pequeña» hablamos de la época en que teníamos catorce años. ¿No es fantástico?- se burló Ruby

-No, en tu caso se puede decir que jamás has dejado la infancia- replicó Belle

-¡Oh, cómo muerde ella! No, en serio, miradnos. ¡Las tres tenemos relaciones adultas con gente de bien! Peter, el chico más guapo de la tierra, está conmigo. Regina, la más…euh…vale, no voy a decir nada porque las dos estáis aquí, está con Emma

-No, ¿la más qué?- preguntó Emma

-Sí, me interesa- declaró Regina acercándose con curiosidad

-Bueno, la más…no sé…euh…¡vamos a decir que la más caliente de las profes!

-«Vamos a decir»- replicó Emma burlándose de la incomodad de su mejor amiga cuyas mejillas empezaban a ponerse del color de sus cabellos.

-¡Y Belle con Rumpel el abogado con más talento del mundo!

-Sí…en este momento, no está muy presente, pero sí estoy de acuerdo en que tiene mucho talento.

-¿Qué quieres decir con «no está muy presente»?- preguntó Emma cuya curiosidad acababa de ser despertada.

-Bah…hace días que no responde a mis llamadas y…la última vez me dijo «nos vemos» por teléfono.

-¿Rumple ha dicho «nos vemos»?- dijo asombrada Ruby haciendo una mueca

Emma reviró los ojos y sacudió la cabeza de derecha a izquierda.

-¡Ruby!

-¿Qué? ¡Ya el hecho de que hable como los jóvenes me flipa!

Belle frunció el ceño y se encogió de hombros.

-¿Ya sabes? Seguramente tiene muchos casos abiertos, Belle y…no tiene tiempo de momento…

-Sí…Quizás…en fin, casos siempre ha tenido y como a veces es algo cobarde, tengo miedo de que quiera dejarme…

-¡Quizás estos casos sean más urgentes!- la cortó Regina

Emma frunció el ceño girándose hacia la ex alcaldesa.

-¿Ahora lo defiendes?

-¡No! ¡No es mi estilo!- replicó Regina recomponiéndose –Bueno, me voy a retrasar

Cuando salió por la puerta del apartamento, Ruby rio dulcemente.

-Tu chica acaba de defender al chico de Belle. Si me permites, huele a acercamiento

No pudo evitar los dos cojines que chocaron en su cara.


Esa misma noche, Regina tras haber acostado a Henry, se acurrucó al lado de la rubia.

-¿Cómo estaba Belle cuando yo me fui?- preguntó ella jugueteando con un mechón de los cabellos de la bella rubia.

Había apoyado su cabeza en el hombro de la muchacha y notaba su respiración regular ir y venir en su oreja.

-Bien. ¿Estás preocupada?- preguntó Emma frunciendo el ceño

-¡Es tu amiga, y me preocupo por tus amigas, Emma Swan!- gruñó la voz de Regina

-¡Hum…Ruby dejó sobreentender que quizás querías a Gold!- dijo Emma riéndose

-¡Qué idea! Sin embargo, Ruby es normalmente avispada

-¿Avispada? Euh…sí, no sé

-Pero, ¿te ha dicho algo más sobre Rumple y ella?

-«¿Rumple»? vaya, quizás Ruby tenga razón- replicó Emma inclinando la cabeza para ver la expresión de la ex presa.

-¡Idiota!- rió pellizcando el hombro que la sostenía.

-¡Ay! ¿Gina, me lo imagino o acabas de pellizcarme?

La morena se izó sobre su codo y besó el sitio que acababa de maltratar.

-Oh, ¿te duele? Lo siento…- se burló depositando sus labios una vez más sobre el hombro de la rubia

-¡Si sigues, voy a tener que defenderme!- bromeó Emma pasando la yema de su índice por la mejilla de su amada.

-¿Ah, sí, de verdad?

Sus ojos se encontraron y Emma notó la pequeña mano de Regina inmiscuirse rápidamente debajo de su short.

-¿Y si te curara a mi manera?- preguntó pegada a los labios entreabiertos

-¡Pago por verlo!- murmuró Emma

Su compañera deslizó sus largos dedos sobre su intimidad y no puedo evitar que un suspiro de éxtasis atravesara sus labios. Después, Regina se levantó para sentarse a horcajadas sobre ella y quitarse la camiseta que Emma le había traído de París.

-¡Oh joder!- emitió Emma al darse cuenta de que ella estaba totalmente desnuda por debajo.

-¡Vulgar!- gruñó Regina mientras se inclinaba para rozar los labios húmedos.

Rápidamente, Emma aferró las caderas de la morena y uno de sus pulgares sobrevoló la cicatriz naciente que había dejado la hoja del cuchillo. Una de las mano de la morena se unió al pulgar de Emma e hizo que se desviara, llevando su mano hasta su pecho, más al norte.

-¡Tócame!- murmuró ella cerrando los ojos para dejarse acunar por las caricias que le prodigaba la menor.

Mientras era acariciada, Regina desvestía lentamente a su compañera para poder acariciarla sensualmente, lo que provocó un verdadero incendio en el bajo vientre de la rubia.

-¡Gina!- dijo suavemente para que la morena acelerara un poco los preliminares.

En lugar de ceder a sus demandas, la morena comenzó a deslizar sus manos sobre ese fuego para atizarlo un poco más. Pero cuando Emma deslizó su mano hacia la palpitante vagina de la ex alcaldesa, esta sintió una descarga que la hizo curvarse hacia delante y no pudo evitar anclar sus dos manos en el colchón, a cada lado de la cabeza de Emma, que sonreía como un ángel.

Tras un gruñido, Regina apartó la mano de Emma e hizo que esta separara rápidamente los muslos para chocar su intimidad contra la de la rubia.

Comenzó con lánguidas fricciones mientras levantaba la pierna de Emma para tener un mejor acceso a su botón de placer. Emma tenía que confesar que adoraba besar a Regina en cuanto el deseo y el placer se hacían demasiado intensos. Ella la acompañó con unos golpes de pelvis para ayudarla a encontrar una cadencia conveniente a las dos y pronto, el aire se llenó de gemidos y suspiros apenas controlados. Cuando la cabeza de Emma cayó hacia atrás, Regina le mordió la barbilla suavemente para recordarle que fuera…

-Silenciosa, miss Swan

Rápidamente, Emma bloqueó su grito, sintiendo sus sienes a punto de explotar y su corazón latiendo frenéticamente en sus oídos. Estaba convencida de que sus venas estaban estallando bajo la presión sanguínea. El calor rodeó su cuerpo para finalmente transformarse en una corriente de aire frío. Después, cuando recuperó la respiración, tuvo la impresión de que su corazón había decidido salirse de la caja torácica, casi provocándole dolor de lo fuerte que se habían vuelto sus latidos.

Sin embargo, decidió no quedarse ahí e invirtió sus posiciones con un hábil movimiento de pelvis. Aún algo trémula debido al orgasmo que había experimentado, comenzó a acariciar las finas y esculpidas piernas que la ex alcaldesa dejaba a la vista de todos cuando se ponía esas increíbles faldas lápiz.

Pero hoy, se dijo Emma, esas piernas estaban alrededor de sus caderas. Inmediatamente, penetró a su morena lo más lentamente posible, mimando el sensible botón con su pulgar. Regina pegó su frente a la de Emma, que la besó cuando sintió que se corría en su mano. Rió suavemente al ver que a su compañera le costaba un mundo contener su devastador orgasmo. Es más, Emma creyó que soltaba alguna mala palabra contra la almohada cuando ella se giró para tensar su cuerpo al sentir una segunda ola de placer atravesarla cuando Emma ya no la estaba tocando.

Una vez que sus respiraciones se calmaron, Regina se acercó de nuevo a Emma y frotó la punta de su nariz contra la mejilla de su amada.

-¡Tenemos que buscar otro apartamento, Emma!

-¿Ah sí? ¡No veo por qué?- susurró la rubia fingiéndose la inocente

Con su voz ronca y terriblemente sexy, Regina soltó una pequeña risa antes de inclinarse hacia su oído atento.

-Quizás porque este no tiene ninguna puerta y mi hijo duerme en la planta de abajo, impidiéndome que te haga gritar mi nombre como me gustaría hacerlo.

Un violento escalofrío subió por la columna vertebral de Emma haciéndola callar al momento. Después, al cabo de largos segundos, su lengua se soltó.

-¡Creída!


El mes de julio se acercó a grandes pasos y con él, numerosos proyectos entre ellos el de instalarse lejos de allí. Aunque reticente a esa idea, Emma había comprendido, poco a poco, que Regina no encontraría trabajo en esa ciudad, el juicio estaba aún muy vivo en las mentes.

Buscaron un trabajo para la morena y una casa para acogerlos a los tres. Emma, que había sido tantas veces desenraizada en su infancia, pidió desplazarse lo menos lejos posible para continuar viendo a August y los niños así como a Ruby y Belle.

Después, comenzaron a embalar.

-¿Sabes? No sé si no voy a quedarme un poco aún- murmuró Emma colocando su taza preferida en una de las cajas en la que estaba escrito FRÁGIL

-¿Jefferson no te ha dado estos días?- preguntó Regina tirando a la basura una publicidad de pizzas a domicilio.

-Sí, sí…no es eso…es que…no sé si estoy preparada aún para dejar a Amber, Joy…y sobre todo a Nathan y Lucy. Además…Belle no está bien en estos momentos…

-¿Belle? ¿Por qué?- se alarmó Regina bajo la mirada suspicaz de la rubia.

-Te inflamas en cuanto hablo de Belle y Rumpel, ¿hay algún problema?

-No, no me inflamo sino contigo, cariño

-No intentes volverme loca con tus péquelas alusiones sexuales- murmuró Emma poniéndose roja

Desde que habían empezado a embalar, Emma estaba distante y buscaba pretextos para no tener que marcharse.

-¿Entonces…querrías quedarte porque no te sientes preparada?- retomó Regina algo desilusionada

-Sí…en fin…deseo mucho esta nueva vida, pero…voy a echar de menos muchas cosas

Regina miró a la rubia sentarse al borde de la cama y se sentó a su lado y entrelazó sus dedos a los de ella.

-Emma, nunca estamos preparados para dejar lo que amamos, pero no nos vamos a escondidas, no los abandonamos para siempre, ¿comprendes? Podrán venir a vernos cuando quieran. Incluso les pagaré a aquellos que no puedan pagarse el viaje. Y ahora hay teléfono, internet, skype. Muchas cosas para mantener el contacto en todo momento.

-Sí…tienes razón.

Regina se levantó para ir a abrir al escuchar ya las risas de Ruby en las escaleras.

-Hola chicas- dijo ella al ver a Belle y a la camarera entrar en el salón.

-¡Hola Regina! ¡Hey, Emma! Nos preguntábamos si podíamos pintar tu coche para que se parezca a un coche de correos francés.

-¡No os aconsejo que lo intentéis!- gruñó Emma mientras cerraba una caja con la cinta americana.

-¿Todo bien, Belle?- preguntó Regina -¿Tiene mala cara?

-No, no, todo bien- la tranquilizó aunque desvió la mirada

Pasaron el resto de la tarde empaquetando con el fin de estar listos para el viaje que tendría lugar la semana siguiente.

-Belle, ¿querrías subir a ayudarme a recoger la habitación y guardar las cosas?- gritó Emma desde lo alto de las escaleras.

-¡Wow, Belle! Ten cuidado de no tropezar con cosas extrañas. Si quieres mi opinión, no te acerques a las mesillas de noche- murmuró Ruby esperando haberse hecho comprender.

-¡Qué usted necesite accesorios no quiere decir que todo el mundo sea como usted, Ruby!- lanzó Regina por encima de su hombro

-¿Qué?- dijo con voz estrangulada Emma desde la habitación -¡Ruby! ¿Qué has dicho?

Belle, con una ligera sonrisa en los labios, fue al encuentro de la rubia para ayudarla mientras Ruby ayudaba a su ex profesora.

-La voy a echar de menos, Regina- dijo suavemente la morena mientras seguía con las cajas

-Podrá ver a Emma cuando quiera, Ruby

-¡Sé bien que eso no es posible! Quiero ver a Emma cada cinco minutos para poder reírme con ella. Y además, no hablaba de Emma

Regina detuvo lo que estaba haciendo para mirar a su joven alumna.

-¡Me conmueve, Ruby! ¡De verdad!

-Ya, además usted es un modelo para mí en lo que concierne a las réplicas bien pensadas y todo eso…

Por su parte, Emma sacaba a flote el tema de Rumple.

-¿Sabes? Regina se preocupa de verdad por ti. No deja de preguntarme cómo va tu relación con Rumple, y cómo estás tú, y eso y lo otro

-Sí, veo que ella se inquieta

-Yo también, ya lo sabes

-No hay de qué preocuparse. Aparentemente estoy viviendo mi primera ruptura, es todo- declaró Belle plácidamente

Dubitativa, Emma se encogió de hombros. Regina, que había subido las escaleras, intercambió una mirada con Emma y dio una palmada.

-Bien, Belle, la invito a dar un pequeño paseo a caballo mientras Emma y Ruby preparan la comida.

-¡Excelente idea!- exclamó Emma, feliz de que su novia se tomara en serio esta historia.


De camino a los establos, Regina lanzaba ojeadas a la joven sentada a su lado. Estaba serena y casi contenta de ir a montar con la novia de Emma. Cuando llegaron, ensillaron los caballos y se dirigieron hacia la primera pista cubierta en la que había sido colocado un recorrido de obstáculos.

-¡Venga, Belle, la miro!

-Oh…¿No quiere enseñarme primero? Lo preferiría, sobre todo para saber qué tengo que hacer

Los labios de la de más edad no pudieron evitar estirarse en una acogedora sonrisa. Después, Regina llevó el caballo hasta el primer obstáculo, una barra no muy alta para manejar a su caballo y medir sus capacidades. Él saltó cómodamente y alzó su cabeza como si el obstáculo hubiera sido una montaña. A continuación, Regina atacó una más alta y obtuvo el mismo resultado, la misma comodidad, la misma facilidad para el caballo. En cuanto a Regina, tenía una estabilidad perfecta, acompañaba su montura en el menor de sus movimientos, y la expresión determinada que tenía cuando cogía las riendas no dejaba ninguna duda sobre el hecho de que debía ser una competidora feroz. Belle contuvo el aliento, angustiada ante la idea de tener que enfrentarse a la morena.

Tras haber saltado algunos obstáculos y alentada por Regina, Belle rodeó la pista para volver hacia la directora.

-¡Bien…venga, suéltelo, Regina!- susurró ella quitándose el casco y acariciando el cuello de su caballo.

-¿Perdón?

Sus miradas se cruzaron y Regina tomó consciencia de que Belle sabía que ella la había traído ahí para mucho más que una salida entre chicas. Se desestabilizó por un breve instante, pero se recompuso mientras pasaba sus dedos por la crin del semental al que sentía tensarse bajo ella.

-Lo que me asombra no es tanto que se inquiete por mí- continuó Belle –Usted es alguien altruista y en el fondo amable, y aunque no es una actriz perfecta, quizás no me habría dado cuenta de nada si no se hubiera preocupado antes de estarlo yo misma.

Regina bajó la mirada y soltó un suspiro constreñido. Así que Belle había sospechado algo desde hacía tiempo.

-Deberíamos devolver los caballos

-¿Hablaremos después?- preguntó Belle que ya estaba acostumbrada a que no respondieran a sus preguntas.

Regina asintió y alentaron a sus caballos para que se dirigieran hacia las cuadras. Los palafreneros se ocuparon de ellos mientras ellas iban a sentarse a un banco que estaba al lado del edificio de las oficinas. Pero Regina no lograba empezar la conversación, sabía que había esperado demasiado, pero le debía esa verdad a Belle.

-Belle- comenzó tragando saliva –Lo que voy a decirle es de verdad algo terrible y si no se lo he dicho antes es porque había jurado mantener el secreto hasta este momento.

La morena frunció el ceño y cruzó los brazos.

-¡Ahórreme los buenos sentimientos!- pidió la joven con un extraordinario aplomo -¿Qué le dijo Rumple?

Regina miró intensamente el rostro fino de la estudiante y posó una mano en su rodilla para crear un contacto físico con ella.

-Se está muriendo, Belle

La sangre de su ex alumna desapareció de su rostro dejándola blanca como un cadáver.

-¿Qué? ¿Cómo sabe eso?

-El día que hice mi trato con él me hizo prometer mantener el secreto hasta el fin. Quería dejarla para no tener que imponerle eso y…

Belle se levantó pasándose una mano por los cabellos. Después, se llevó la mano al vientre y comenzó a caminar arriba y abajo con paso rápido e irregular. No dijo una sola palabra durante largos segundos, Regina podía claramente ver que la joven estaba encajando las piezas del puzle en su cabeza. Después, se detuvo y se giró furiosamente hacia la ex alcaldesa.

-¿Y usted aceptó? ¿Aceptó esconderme algo como eso?- murmuró peligrosamente Belle –Usted sabe hasta qué punto los secretos pueden destruir, y ¿mantuvo este para usted?

-Mantuve este secreto porque pensaba que él acabaría por contarlo

-¿Y…y ese pedazo de cobarde se está muriendo en algún lado pensando que será menos duro si lo hace de esa manera?

-¡Seguramente!

-¡Y usted me veía, día tras día, pensando que se trataba de una ruptura!- gritó ella -¡Joder, es mucho peor!

-Belle, lo siento

-¿Qué lo siente? ¿Usted lo siente?- repitió Belle estupefacta –¡No! Creo que usted lo siente todo muy a menudo. ¡Siente haber matado a su ex, siente haber abandonado a su hijo, siente haber saltado encima de una alumna!

Regina se levantó rápidamente y se acercó peligrosamente a la chica.

-¡Tenga cuidado, miss French! ¡Las mentiras de Rumple no son las mías! ¡Tenía que darle este mensaje cuando hubiera muerto, lo hago ahora para que no tenga que enfrentarse a eso completamente solo!

-Entonces, en su opinión, le debo dar las gracias, ¿es eso?

-En mi opinión, debería correr a su encuentro en lugar de estar aquí gritándome- anunció ella remarcando cada sílaba.

Belle echó a andar, pero se giró de nuevo hacia ella.

-¡Lléveme a casa de Emma para recoger mis cosas!- ordenó –Iré a su encuentro y después…después…no quiero volver a saber nada de usted- escupió


-Pero bueno, ¿por qué no decírnoslo?- gritó Emma alzando los brazos

Tras el raudo paso de Belle, Ruby y Emma comenzaron a cuestionar y a Regina le estaba costando que entraran en razón.

-¡Porque yo no tenía ese derecho!

-¡Sí! ¡Incluso tenías el deber! Lo siento, pero ¿la pareja de Belle se está muriendo solo y fingías estar afectada por lo que ella estaba pasando?

Regina se giró hacia su novia y frunció el ceño, herida.

-Yo nunca «fingí»- explicó ella –De verdad estaba preocupada por ella porque sabía lo que estaba sucediendo.

-¿Era ese tu jodido trato con Gold?- dijo Emma, a quien de repente se le había encendido una bombilla.

-Sí, tenía que estar callada hasta que muriera.

-Oh…¡muy amable por haberlo soltado antes! ¡Solo que llega alto tarde, Regina!- gruñó Emma terminando de poner los cubiertos.

-¡Emma, no tenía elección!

-¿Ah no? ¿Te hizo firmar un acuerdo? ¿Te amenazó?- replicó irónicamente Emma

-¡Me sacó de la cárcel, Emma!- replicó duramente Regina -¡Era su trato, me sacaba y a cambio, debía mantener ese secreto!

-¿Y si no qué? ¿Qué iba a hacer él si no mantenías el secreto?

-¡La diferencia entre tú y yo, Emma, es que soy una mujer de palabra!

-¿Perdón?- dijo enervada la rubia

-¡Tú eres una mujer de acción, actúas bajo impulso! ¡El hecho de no haber firmado nada no quiere decir que pudiera romper ese secreto!

-¡Sí!

-¡No!

-¡Claro que sí!

-¡Para Emma!- intervino Ruby -¡Ella tiene razón! ¡Francamente, es como si tú decidieras acostarte con Mulan porque no tienes nada firmado oficial con Regina! Peor, como si ella decidiera acostarse conmigo porque tú no tienes nada firmado con ella, ¿lo encontrarías justo?

-Gracias por la imagen, Ruby…- murmuró Regina que veía la cara de la rubia descomponerse.

-¡Pero eso no tiene nada que ver!- exclamó Emma

-¡Claro que sí! ¡Precisamente, y Belle lo comprenderá porque ella conoce a Gold! Sabe que él vive a causa de las debilidades en general. Debilidad del sistema, debilidad de los testigos, debilidad del abogado que tiene en frente…¡él vive de eso! La debilidad de Regina ha sido mantener las promesas que ella hizo. ¡Él quiso aprovecharse de eso volviéndose un gran cobarde! ¡Pero no previó que Regina tenía más corazón que palabra!

Emma se dejó caer en el sofá al lado de la morena que parecía ahora abatida. Escrutó su perfil y la atrajo de repente hacia ella para dejarle un beso en su sien.

-Te amo- dijo con voz enérgica

Regina se incorporó y compartió una sonrisa muy triste.

-Bueno, escuchad, vamos a comer y a pasar una buena tarde. Cuando Belle nos necesite, estaremos ahí, pero mientras, se ha marchado a buscarlo así que no vamos a esperarla…

La velada acabó tarde y Ruby no estaba en estado de marcharse, Emma entonces propuso a la joven que se quedara a dormir. Mientras Emma acababa de quitar la mesa, Regina sacó la basura para que el olor proveniente de las botellas de ron no se esparciera por el apartamento.

Cuando estaba metiendo la bolsa en el contenedor, una voz la sobresaltó.

-¡Buenas noches, Regina!

Ella se giró bruscamente y descubrió a una mujer elegante, refinada a primera vista y muy alta. La morena frunció el ceño escrutando el rostro oculto en la sombra.

-¡Bianca Mouse!- recordó de repente

-Exacto. ¿Cómo se encuentra?- preguntó la joven -¿Me he enterado de que se muda?

-Sí, nos vamos a Virginia, cerca de Richmond…para comenzar de cero

-Hum…comenzar de cero…- repitió misteriosamente Bianca entrecerrando los ojos.

-¿Está…de paso por el barrio?- preguntó ella cruzando los brazos sobre su pecho, sintiéndose de repente vulnerable.

-Estoy a menudo en el barrio

Regina esperó, presentía algo pesado en las palabras pronunciadas por la investigadora.

-Regina Queen…usted es…

Bianca sacudió la cabeza buscando la palabra apropiada

-…desconcertante- concluyó

El viento sacudió el abrigo ceñido que llevaba Bianca y el movimiento dejó a la vista sus piernas.

-¿Puedo saber por qué?- interrogó Regina retomando su expresión fría que manejaba a la perfección.

-Emma…Regina…Regina…Emma…¡qué dilema para el juez! La vieja historia de la mujer supuestamente maltratada o la adolescente atormentada…

-¿A dónde quiere llegar?- se molestó Regina que notaba que la conversación para nada era amistosa

-Quiero llegar a mi investigación que les ha permitido a las dos escaparse- explicó ella metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo –Ya sabe, no tengo por costumbre fallar. Una de las dos disparó contra Narcissa Devill.

-Entonces, viene a sorprenderme en el callejón de atrás de mi casa para hacerme confesar.

-No- resopló la investigadora –Soy consciente de que no confesará nada…Solo venía a hablar con usted.

-¿Solo hablar?- retomó Regina escéptica

-Sí…ya sabe, he investigado mucho sobre vuestros respectivos pasados, y si es fácil encontrar las huellas de Emma gracias a su paso por familias de acogida, es más difícil seguir las suyas

-¡Lo siento por usted!

-Volví a su ciudad natal y hablé con mucha gente que la conoció…profesores, antiguos compañeros de clase, su madre…

-¡Imagino que le ha pintado un retrato de mí muy agradable!- replicó Regina con voz seca

-¡No tiene idea..!

Un corto silencio se hizo, dando tiempo a que las entrañas de Regina se retorcieran.

-Sin embargo, hay una persona de su pasado a quien no he encontrado…

-¿Ah sí?

Bianca sonrió de manera casi diabólica y frunció el ceño, desilusionada de que Regina ya no la ayudara.

-Su presunto violador.

La sangre de la ex alcaldesa se heló en sus venas y le costó mucho ocultar su pánico.

-Realmente ya no estoy en contacto con él, lamento sinceramente no poder ayudarla- dijo ella irónicamente

-¿Sabe usted que Daniel tampoco tiene noticias de él desde hace años, así como sus padres…?

-Honestamente, ¿en qué me habría de importar?- replicó la morena ya enfadada

Bianca decidió cambiar de tema.

-Lo que encuentro gracioso es cómo las cosas se repiten en su vida…

-¿Disculpe?

-Es imposible hablar con Leopold, repentinamente él desapareció la noche en que nació Henry…¿Increíble, no?

-Bueno, evidentemente, no puedo darle más pistas sobre eso

-Hum…por supuesto. Encuentro raro ver que la gente que le ha hecho daño parece desaparecer de la superficie de la tierra.

Ella lo sabía, Regina lo comprendió. La trampa estaba a punto de cerrarse sobre ella, no debía ceder al pánico que se insinuaba en ella como un veneno mortal.

-No lo comprendo muy bien, ¿necesito a un abogado?

-Vamos, por supuesto que no, se lo he dicho, solo se trata de una conversación.

Regina se calló, por un lado porque no quería decir ninguna tontería y por otro, porque su garganta esta terriblemente seca. Dejó que la investigadora continuara con su historia.

-En realidad, parece que aquellos que han tenido el privilegio de compartir su cama encuentran un funesto final.

-Creía que no sabía lo que ha sido de Leopold…

-Sí…exacto- murmuró Bianca haciendo una mueca

-Y Leopold nunca compartió mi cama- añadió la morena con voz peligrosa-Fui violada por ese monstruo, lo que ha sido de él después me importa poco.

-Solo creo que la historia tiene tendencia a repetirse. Leopold desaparece, después Narcissa…¿Qué le va a suceder a Emma?

-¿Qué está queriendo decir?- preguntó Regina con voz amenazadora

-Nada en absoluto…Me gusta mucho Emma, eso es todo…

-A mí también me gusta…

-¿Hasta que represente alguna amenaza contra usted? En el fondo, Regina, ¿acaso no le ha cogido gusto a esa repentina desaparición de la gente que la perjudica?

Regina no pudo evitar sonreír.

-Es una excelente pregunta, si digo que sí, me tomará por una psicópata y si digo no, pensará que miento.

-Entonces, ¿qué responde?

-Que sea lo que sea lo que usted piense, amo a Emma, con todo mi corazón. ¡Está segura conmigo!

-Sí, es lo que ella también cree, al menos es lo que me ha dicho

-¿Usted…ha hablado con ella?

-¿Acaso eso la contraría, Regina?

-¡Deje de hacer como si yo fuera un peligro para ella!- gritó

Bianca sonrió de oreja a oreja, contenta al ver el hielo romperse en dos.

-Eso lo veremos

Se giró para salir del callejón y se giró justo antes de desaparecer del campo de visión de la morena para lanzar

-Por cierto, adoro Virginia, quizás nos crucemos regularmente

La morena dejó que saliera del callejón antes de entrar de nuevo en el edificio. Cuando entró en el apartamento, todo estaba en calma. Emma lavaba el último plato y la miró lanzándole una sonrisa tierna.

-¡Te ha llevado tiempo bajar la basura!- dijo Emma

Regina dejó las llaves en la encimera y se dejó caer en el taburete. Observó a la rubia que frunció el ceño ante la tez pálida de su novia.

-¿Qué ocurre?

-Me he cruzado con Bianca Mouse- anunció ella con voz temblorosa

Emma se quedó paralizada conteniendo su respiración. Después, se apoyó en la encimera.

-¿Qué te ha dicho?

Las lágrimas afluyeron a los ojos de la ex alcaldesa sin que pudiera controlarlas.

-¿Hablaste con ella hace unas semanas?- preguntó sabiendo muy bien la respuesta.

-Sí…

-¡Yo…no comprendo por qué no me lo has contado!- dijo Regina con voz rota mientras escrutaba el rostro de la rubia preguntándose si podía tener una real confianza en ella.

-No le vi el interés

-¿No…le viste el interés?- repitió fuertemente Regina levantándose para alejarse de ella mientras se pasaba una mano por el pelo.

-¡Regina, no tan alto! Escúchame, por favor, no comiences a entrar en pánico.

-Si supieras lo que me ha dicho esa horrible mujer, tú…

-Te ha hablado de Leopold y Narcissa, y después ha insinuado que tú les mataste. Bien, pues adivina una cosa, ¡tú no has matado ni a uno ni a la otra!

-¡No me lo contaste!- repitió ella atónita

-Yo no…

-¡Emma!- gritó ella girándose hacia la rubia

Se avecinaba una buena, Emma era consciente.

-¿Es por eso que no querías marcharte a Virginia?

-No, yo…

-¡No mientas, Emma!- gritó ella con voz aguda

-¡Para! ¡Gina- suplicó Emma, sin reconocer a la mujer que tenía delante

Se instaló un breve silencio, helador, como si estuvieran llegando a un punto de no retorno. Estaban cara a cara, escrutándose intensamente. Una para adivinar hasta dónde llegaría la otra, y la otra para saber si aún podía confiar. Regina estaba cansada, agotada por las mentiras, los secretos, las traiciones, las cosas no dichas…

-Te voy a hacer una única pregunta- murmuró ella con voz rota por los sollozos que contenía –¡Una pregunta que determinará si tenemos un futuro juntas!

-Gina…

-En dos días, me marchó a Virginia con Henry, ¿vendrás con nosotros?

Emma alzó la mirada hacia Regina y abrió la noca. Varias veces. Ningún sonido salió. Destrozada, la morena cerró los párpados.