Descripción del capítulo:
Hay brumas, tinieblas que tardan años en dispersarse. Hay un alma pura que espera ser corrompida, hay un demonio que quiere tener el privilegio. Hay un corazón ingenuo y hay tinta negra que lo tiñe de oscuridad. Hay un infierno pisando la tierra y su nombre, suena como una explosión.
"Construyo muros alrededor de mi sufrimiento, aunque me arriesgo a que me devore desde el interior"
Corro apresuradamente por las calles aledañas a mi antigua residencia. El fuego arde en todos lados, los gritos de la gente inunda mis oídos y yo sólo puedo pensar en lo que acabo de hacer. Apenas puedo respirar, mi corazón ha dejado de latir y mis oídos zumban como si un enjambre de avispas me persiguiera.
Mis padres han muerto, y los he matado yo.
Siento que algo quema mis mejillas, arde y me provoca una insuperable sofocación. No dejo de correr, sin embargo; pero cuando paso mi puño por mi cara siento que mis nudillos se humedecen. Es sudor, sí, es sudor. Es que estoy sudando demasiado.
Hago explotar mis manos para impulsarme al cielo, huyo del sonido de las sirenas, de las ambulancias y los bomberos. Las personas se arremolinan alrededor de mi hogar, murmullan teorías sobre qué habrá causado la explosión y el ruido que inunda las calles se vuelve un zumbido inentendible para mí.
Me desconecto de la realidad mientras uso mis brazos de propulsores para alejarme a toda velocidad. Mis dientes rechinan y me duele la mandíbula por apretarla tanto, mas no dejo de hacerlo. Me duele esa zona de mi pecho donde debería estar mi corazón y me convenzo de que es por mi incesante carrera.
No estoy arrepentido. No lo estoy. No lo estoy. ¡No lo estoy!
— ¡Bakugô! —dejo de propulsarme e inmediatamente caigo del cielo en cuanto escucho esa voz. El aterrizaje es tan abrupto que ruedo por el asfalto hasta que me estrello contra un vehículo aparcado. Logré proteger mi cabeza con mis brazos, pero ahora me duele todo el cuerpo.
Me levanto despacio del suelo, sacudo mi cabeza y trato de orientarme. Mis padres, la explosión, la sangre..., estoy huyendo. Es verdad. Me incorporo rápidamente y pretendo volver a correr, pero un muro aparece justo en frente de mí y me detiene. A pesar de que lucho por sacarlo de en medio, con golpes y explosiones tratando de derribarlo, éste no se mueve. Es inamovible.
— ¡Tienes que parar! —grita el muro y es cuando me permito alzar la mirada. Despacio, recorro cada parte de él hasta que me topo con sus ojos reprochadores y llenos de decepción. No quiero que me mire así, no lo soporto.
—Quítate —mascullo por el dolor de mi garganta. Mi voz está ronca y débil, pero no dejo que pierda intensidad.
—No. Tienes que derribarme si quieres escapar —dice, tan serio que de repente es una antítesis de sí mismo. Su ceño fruncido y el rechinido de sus dientes afilados de alguna manera se sienten incorrectos. Él no dejaría de sonreír, nunca.
—Quítate —digo una vez más, golpeándolo con mis puños para que se haga a un lado. Él soporta mis golpes y luego mis explosiones, pero no se mueve. Tiene los brazos extendidos hacia afuera de su cuerpo, como un maldito escudo humano. Me observa directamente a los ojos, me reta a que lo derribe y yo sólo puedo sentir que la ira burbujea dentro de mí.
—Oblígame —gruñe, sin mover ni un maldito músculo.
Es irrelevante mi respuesta inmediata, creo que debe serlo. Creo que estoy sonriendo a pesar del remolino de emociones que estoy soportando y creo que mi corazón ha empezado a latir otra vez. La adrenalina fluye a través de mis venas como si hubiese sido inyectada a presión y mis palmas pican por la anticipación de la batalla inminente en cuanto Kirishima activa su modo Unbreakable.
Lo derribaré, aún si luego tengo que caminar por encima de su maldito cadáver.
Abro los ojos en cuanto el maratón de recuerdos me sacude. La pelea reciente con el Villano de Lodo, de algún modo me recordó a esa vez en que Kirishima trató de detenerme. La lluvia cae a mi alrededor, salpica en las calles y la superficie del asfalto parece que se ha llenado de una neblina semitransparente.
Estoy de pie en medio de la repentina tormenta, con las manos en los bolsillos porque no sé dónde ponerlas. Las personas corren a través de mí despavoridas, huyendo de la llovizna y los estridentes truenos que han llenado el cielo. Cierro los ojos para llenar mis pulmones de oxígeno y una vez que estoy en paz con los demonios de mi cabeza, me alejo del centro de la conmoción.
Todo está justo como lo recuerdo. Las autoridades alejan a los transeúntes de la escena y los inútiles héroes del momento rodean a mi versión más joven. Aún recuerdo sus elogios de aquel día, cuando lo único que hice fue tratar de escapar del imbécil de lodo. Deku, por otro lado, fue quien se lanzó cuando nadie quiso hacerlo y a cambio de su preciada impulsividad: regaños de los adultos y un rechazo de mi parte. Esa sonrisa rota que me mostró luego de ir a reclamarle, aún quema mis cuencas.
Es bueno que Deku no esté aquí. Igual que esa vez, se habría lanzado para salvar a ese imbécil y, a cambio, sólo obtendría protestas y una espalda alejándose. Mi espalda. No. No dejaré que él sufra otra vez, no lo permitiré. Por eso estoy aquí, por eso le salvé el pellejo a ese imbécil a pesar de que quiero que muera. Por eso uso el casco negro de mi motocicleta para proteger mi identidad y terminé reventando al estúpido villano hasta que no quedó nada de él.
Mis explosiones están en un nivel superior al de ese entonces, por lo que el resultado fue muy distinto. El calor expulsado de mis manos se arremolinó en la atmósfera y provocó esta molesta lluvia, igual que aquella noche... en el callejón.
Por otra parte, vi a All Might en la multitud, en esa patética forma suya escuálida y desgarbada. Esto explica tantas cosas. Si Deku no estuviese aquí para lanzarse a mi rescate, él no habría movido ni un dedo. Bueno, esta información sólo sirve para que el pequeño arrepentimiento que me remordía las entrañas por haberlo matado, se desvanezca.
Esto sólo sirve para convencerme de que en este maldito mundo, el único que merece la pena ser salvado, es Deku.
Antes de que llegue la prensa, apresuro el paso hacia mi motocicleta y huyo de la escena. Mi yo joven está vivo porque Deku así lo quiere, pero no será por mucho tiempo. Sé que tarde o temprano él estorbará en mis planes. En ese mundo perfecto que planeo construir al lado de Deku, él no tiene cavidad alguna.
Deku es mío.
Atravieso las calles a toda velocidad, el agua rebota en el cuero de mi chaqueta y en la pantalla del casco, todo se siente helado, obscuro, aislado... me agrada. Dejo que una sonrisa tire de las comisuras de mis labios cuando derrapo en la esquina del hotel donde Deku me espera. Sé que no estará contento cuando despierte, también sé que le costará perdonarme por el modo en el que me comporté antes de que él terminara inconsciente; empero, una vez le dé la noticia de que salvé a mi patética versión inútil, me perdonará.
No importa lo que haga, Deku siempre me perdona. En ese aspecto, él no ha cambiado desde que éramos unos críos.
Siento que mi polla se pone rígida sólo de imaginar que me sonríe como en aquellos días. Si tan sólo hubiese sabido apreciarlo, las cosas habrían sido muy diferentes.
Aparco la motocicleta en la acera, pero apenas me quito el casco, mi teléfono comienza a vibrar en mi bolsillo. No quiero contestar, sólo quiero subir las malditas escaleras y ver a Deku enredado en mis sábanas, con el cabello desordenado y los labios hinchados por mis besos. Deseo penetrarlo de la manera más sucia posible, pero al mismo tiempo la más dulce. Sólo él puede crear esa locura de pensamientos en mí.
No obstante, ruedo los ojos al cielo y saco al insistente aparato de mi bolsillo. Sólo le he dado este número a una persona desde que estoy en este mundo, y si me está agobiando con su llamada, entonces es importante. Más le vale, o le haré tragar sus pelotas con sal y pimienta.
— ¿Qué demonios quieres? —Es lo primero que sale de mis labios en cuanto deslizo mi dedo por la pantalla. La risa socarrona de ese tipo me saca de quicio, pero me contengo de decir algo relativamente poco amable. Se lo debo.
— ¿Esa es forma de saludar a tu hermano?
Chasqueo la lengua para contener un taco. Ese bastardo no cambiará ni en este mundo, ni en ninguno. — ¿Qué coño quieres ahora, Kirishima?
— ¿Yo? Bueno, para empezar, sacarte ese palo del culo y pegarte con él. Tu malhumor está peor cada día, bro. Relax.
—De acuerdo, llamaste para fastidiar. Bien, entonces iré allí ahora mismo y te sacaré toda la maldita mierda.
— ¡Hey, calma! Que te llamo para algo importante. —Él jadea apresurado y sé que fui lo suficientemente claro, así que ya no pierde el tiempo y dice—: La madre de "Deku" está en la delegación.
— ¿Qué? —grito porque no puedo contener mi voz. Se suponía que ella estaría calladita en su casa, Deku volvería en la mañana con nuestro secreto a rastras, y por las próximas semanas lo entrenaría para volverlo completamente obediente a mí, para así alejarlo de UA, All Might y todo lo relacionado con ese mundo.
Ese era el maldito plan.
¿Cómo es posible que todo se jodiera justo ahora?
Alzo la vista al balcón del tercer piso, justo a mi habitación donde Deku me espera, tal vez aún dormido. El aparato telefónico cruje en mi mano cuando aprieto mi puño, apenas puedo mantener la ira a raya. Detesto cuando las cosas no salen como quiero, después de todo, soy un perfeccionista.
— ¿Dónde estás? —gruño al teléfono sin dejar de mirar el balcón. Las cortinas sobresalen revoltosas sobre el pequeño barandal porque olvidé cerrar la puerta. Me quedo embelesado visualizando la figura desnuda de Deku apenas cubierta por las delgadas mantas y lleno mis pulmones de oxígeno, imaginando que su aroma llega hasta aquí debajo. Casi puedo saborearlo.
No permitiré que me alejen de él, no de nuevo.
—¿Dónde más? —Escucho un ruido a través de la bocina, por lo que intuyo que Kirishima ha resoplado de fastidio—. Fuiste muy claro, bro. Estoy vigilando a "mamá Midoriya". Ella apenas estuvo un par de horas en casa, estuvo cerca de una hora en la cocina y luego se sentó a ver la tele. Pero en cuanto vio la noticia del ataque de ese villano, llamó inmediatamente a tu casa.
—Mierda. —Es todo lo que puedo decir. Olvidé por completo que la prensa estaría allí y que gracias a eso me volví estúpidamente famoso.
—Exactamente. Tu madre le dijo que estabas bien luego del ataque porque un desconocido actuó a tiempo, pero advirtió a Inko-san que Deku no estaba con ellos. Hermano, ella se puso como loca porque su "bebé" estaba perdido. Hace poco menos de quince minutos que está en la delegación, levantando la denuncia.
Demonios, esto es malo, malditamente malo. Lo que menos necesito es tener a la policía y a los héroes detrás de mi culo sólo porque Deku pasó una noche fuera. Necesito hacer algo. Sabía que salvar a ese bastardo iba darme problemas. Justo ahora podría haber encontrado alguna forma de suplantarlo, podría ingeniar alguna excusa para mi apariencia y aligerar el peso de las cosas con buenas mentiras de mierda. Pero perdí mi oportunidad por salvarlo, por escuchar a Deku, y ahora tengo la soga al cuello.
¿Es lo que obtengo por hacer algo bien? ¿Más problemas? ¿Tengo que volver a manchar mis manos de sangre?
Carajo, carajo, ¡carajo!
No puedo dejar que todo se vaya a la mierda por un descuido; si tengo que matar a Inko, que así sea. Para esta hora, nada impedirá que aleje a Deku de UA.
Echo un último vistazo a la habitación donde Deku me espera.
Quiero verlo.
Quiero abrazarlo otra vez.
Necesito saborearlo mientras chilla mi nombre, que me asfixie con la presión de sus piernas alrededor de mi cintura y que entierre sus uñas en mi espalda. Quiero marcarlo, hundir mi dentadura en toda esa pálida y delicada dermis hasta que no quede ni una maldita parte sin mi nombre. Quiero agarrarlo del cabello y hacer que me mire a los ojos y quiero, definitivamente, hundir mi polla en él.
Suelto un bufido de irritación antes de subirme de nuevo a la moto y conducir a toda velocidad hacia la dirección que me dictó Kirishima. El asfalto se ha vuelto resbaloso por la lluvia, pero ni eso me detiene. Derrapo en cada esquina, las gomas chillan cuando acelero en cada luz amarilla y ni siquiera soy capaz de sentir la adrenalina. Mi vista esta fija en el frente, mi mente, por otra parte, viaja hacia las migajas que forman mi plan.
Kirishima, por ejemplo. Puede ser un dolor de trasero, pero es bueno en lo que hace, es fiel y es lo más cercano que tengo a un hermano; por tanto, es la única persona, además de Deku, en quien puedo confiar.
De cierto modo es un alivio tenerlo de nuevo como mi aliado. Él es de las pocas cosas de las que estoy arrepentido. El calor de su sangre en mis manos aún me despierta sofocado durante la madrugada, por esto, decidí buscarlo hace algunas semanas, cuando llegué a este universo. Apenas era una versión más joven, con cabello negro, y escuálida de mi mejor amigo, pero es él al fin y al cabo.
Por supuesto, no fue nada fácil ganarme su confianza otra vez. Sin embargo, tantos años aguantando sus estupideces sirvieron para algo. Le hablé de mí, de él y del futuro; le dije que seré su mejor amigo en UA y que haremos un gran equipo una vez nos graduemos. Le conté cómo perdí a la persona que quiero en una batalla y que hice todo el viaje hasta el puto pasado para evitar que eso suceda.
También, le conté sobre lo fuerte que él se volvería.
Justamente estaba pasando por una especie de depresión cuando irrumpí de repente en su vida. Cuando comenzaba a cuestionarse si debía ser un héroe, si tenía el poder para ello. No necesito que vuelva a interferir con mi objetivo, pero ésta versión suya sin esa arrolladora confianza en sí mismo que tanto lo caracteriza, me irrita. Decidí darle ánimos al respecto mientras le hablaba de algunas de nuestras experiencias en UA.
No tengo la menor idea de qué tipo de mierda lo estaba atormentando, pero luego de hablarle un poco sobre el tipo de hombre en el que se convertiría, cambió por completo, dejando de ser ese desgarbado idiota de pelo negro y liso, para ser el idiota pelirrojo cabello de mierda que yo conozco.
Tal vez lo influencié de más, o simplemente tergiversé demasiado la historia épica de su muerte en el futuro, donde la culpa la tiene el mismo villano que asesinó a Deku; pero él está totalmente dispuesto a ayudarme en mi malintencionado proyecto de mantener a Deku alejado de su muerte inminente. Esa noche en la que me colé en su habitación, y una vez terminada la improvisada historia llena de heroísmo y tragedia, Kirishima sólo me miró con los ojos llenos de lágrimas, hablando sobre lo masculino que era y no sé cuántas chorradas más.
"Puedes contar conmigo, bro. Te ayudaré a proteger a ese chico."
Fueron sus palabras justo antes de que le hablase de los detalles de mi plan. En éste, pretendo mantenerlos a ambos a raya del caos que se desatará en unos años. Sí, también debo salvar a Kirishima. Es un dolor de huevos, pero también fue el primero en hacerme dar cuenta de mis sentimientos por Deku.
Su muerte cae en mis hombros y las voces infernales de la culpa dan vueltas sobre el cabecero de mi cama todas las noches. Tal vez, si lo mantengo a salvo en este mundo, pueda tener el sueño tranquilo una vez más.
Me detengo justo en frente de la delegación, detrás del pequeño Volkswagen verde uva de Inko. Kirishima está a pocos metros del escarabajo, escondido detrás de un poste con un ridículo disfraz de gabardina oscura, sombrero Fedora y lentes de sol. Él levanta las solapas de su gabán como los gánster de Old Chikago y se acerca con las manos en los bolsillos.
Sus ojos revisan cada recoveco de la calle y una vez que está lo suficientemente cerca de mí, toma en sus dedos el ala del Fedora, lo baja un poco hasta ensombrecer sus ojos y se inclina en mi dirección.
— ¿Tienes fuego, amigo? —dice, pero no me mira.
Esa estúpida actitud me saca de quicio muy rápido, así que ruedo mis ojos y digo—: No, pero si quieres fuego, siempre puedes abrir las piernas.
Él da un brinco en dirección contraria a mí y me observa con las cejas alzadas hasta el nacimiento de su cabello. —Tío, no seas capullo. Que me agradas, pero a mí no me va ser el de abajo.
—Lo que digas —señalo con un dedo su ridícula apariencia en busca de una explicación. Él parece no entender, así que lo saco de dudas—: ¿por qué te disfrazas del Inspector Gadget?
— ¿Qué? No soy el Inspector Gadget. Para tu información, soy un fan declarado de El Padrino, y esto es muy de ese estilo —dice, indignado al comienzo, y orgulloso después, mientras abre los brazos para mostrarme todo el conjunto y hacer una reverencia mientras se quita el sombrero.
—Idiota.
— ¡Hey, los clásicos no mueren, bro!
—Me importa un carajo. Sólo dame los detalles de lo que ha hecho Inko hasta ahora y si no quieres que te atropelle con la moto, quítate toda esa mierda de encima.
Kirishima refunfuña como un crío, pero acata la orden y se quita el excedente de ropa para quedar con unos vaqueros desgastados, una camiseta sin mangas, negra y con el letrero de alguna película vieja. Pulp Fiction, tal vez. Él deja reposar la gabardina en su antebrazo y saca del bolsillo trasero de sus vaqueros una liga para el cabello. Está todo desordenado a causa del sombrero, así que lo empuja hacia atrás con la liga y después me mira, como esperando una aprobación de mi parte.
Menudo crío.
—Mejor. Ahora dime, ¿tienes idea de cuánto ha avanzado Inko con la denuncia?
—Por suerte para ti, no mucho —suelta un suspiro desganado, cambiando el peso de su cuerpo a su otro pie. Sus párpados se entrecierran con repentina seriedad y apenas puedo ver el rojo de sus irises—. La policía le dijo que debía esperar poco más de veinticuatro horas para levantar la denuncia. Si "Deku" no vuelve en ese tiempo, entonces estarás bien jodido, hermano.
De cierta forma esperaba que fuese de ese modo. Para la policía, Deku podría simplemente estar de juerga con sus amigos, preocupando a su madre como el adolescente que es. Aun así, debo ser extremadamente precavido, sobre todo porque mañana se cumple el plazo estimado por las autoridades y Deku tendrá que volver.
No quería devolverlo tan pronto.
— ¿Estás seguro de que ella no sospecha nada? ¿No te habrá visto husmeando cerca, verdad?
— ¡Claro que no! ¿Por qué crees que estaba disfrazado? —dice Kirishima, indignado—. No le quité el ojo de encima, pero fui precavido.
Es infantil y estúpido, pero tiene un punto.
—Bien hecho —palmeo su hombro como único gesto afectivo, pero es suficiente para notar una pequeña sonrisa y un casi imperceptible sonrojo. Esto es nuevo. Esta versión asquerosamente azucarada de Kirishima es inconcebible para mí, aunque en el fondo es hasta un poco divertido. Por alguna razón sus ojos se llenan de admiración cuando me ve desde esa estatura más baja que la mía.
—Te lo dije, puedes confiar en tu hermano, Katsubro —dice con una sonrisa del tamaño de la mitad de su cara y yo me estremezco.
Hacía tanto tiempo que no escuchaba ese mote.
Desvío la vista hacia cualquier otra parte que no sea la sonrisa de Kirishima y aprovecho para darle la espalda. Justo ahora, no puedo dejar que el recuerdo de su sangre en mis manos me abrume. La mescolanza de emociones me revuelve el estómago y aprieto los dientes para no vomitar.
"Confía en tu hermano, Katsubro"
Es tan Kirishima.
—Está bien, entonces no hay de qué preocuparse. Volveré con Deku. Necesito que sigas vigilando a su madre, por lo menos hasta que le devuelva a su hijo. Si ella hace algún otro movimiento...
—Te avisaré, me queda claro —dice, con exasperación en la voz.
Yo no me volteo para despedirme, simplemente comienzo a caminar de vuelta a mi motocicleta, levanto una mano y la sacudo dos veces para decir adiós antes de subirme al vehículo y ponerme el casco. Necesito salir de aquí. Parezco tranquilo o eso pretendo, pero la sensación de que mi estómago se ha hecho nudos no desaparece. Creí que ya lo había superado...
— ¡Bakugô! —Me paralizo ante el llamado de Kirishima. Los recuerdos se mezclan en mi mente; la noche en que muere Deku, él grita mi nombre mientras lucha con las autoridades. De igual forma, en aquella pelea donde trató de detenerme, mi nombre resonó igual de barítono en su garganta incontables veces hasta que no pude escucharlo nunca más. Las últimas palabras de Kirishima fueron gruñidos, maldiciones hacia mí y un: te vas a arrepentir de todo esto, hermano.
Aprieto los dientes, esta vez sí me volteo en su dirección, preparado para lo que sea que vaya a decirme. Puedo con esto. Puedo con esto. Él no sabe nada, ni lo hará. Separo los labios, muy despacio, tomo aire y vuelvo a levantar los muros de mi personaje.
— ¿Qué quieres ahora? Tengo prisa.
— ¿Estás seguro que estamos haciendo lo correcto? —pregunta con la expresión clavada en el asfalto, su voz vacila en un tono, pero una vez formulada su pregunta, levanta su mirada hasta mí y frunce el ceño. Quiere que sea honesto, que le hable por lo claro. Puedo ver eso en sus ojos serios y en el mohín de su boca.
El viento vuela entre nosotros mientras digiero la pregunta y elaboro una respuesta medianamente decente. El sonido se esfuma en el vacío de mi cabeza y, sinceramente, no sé qué decirle. Deku es toda mi prioridad, pero no quiero herir de nuevo a mi mejor amigo.
Poco a poco el silencio retuerce el espacio que nos separa y la desesperación me irrita, me hace apretar los dientes. Kirishima no se mueve en espera de mi respuesta y yo he decidido que le daré una verdad a medias.
—Yo sólo pretendo salvar a los que quiero. Y eso te incluye, Eijiro. —Noto que él abre los ojos hasta lo imposible, que sus cejas se elevan al cielo y que tiene la boca abierta después de soltar un jadeo. Ni él, ni yo, nos esperamos mi respuesta. Pensé que la había procesado meticulosamente, pero honestamente dije lo primero que me vino a le mente.
Dije la verdad.
Él no deja de mirarme con los ojos muy abiertos y su boca ha formado una O. Gruño ofuscado, porque el ambiente es asfixiante y difícil de manejar. Ignoro todo lo ocurrido recién, me concentro en la idea de que mi viaje hasta aquí fue una pérdida de tiempo y enciendo el motor. Kirishima da dos pasos hasta mí, sus puños apretados y su cabello se desordena sobre su frente porque ha empezado a correr.
— ¡Te ayudaré, hermano! ¡Lo juro! —Grita viniendo hasta mí, sus mejillas están rojas—. ¡Los protegeré también! ¡Tú y Deku estarán a salvo!
—Es Izuku —aclaro, componiendo una sonrisa que sé que a él le ha costado interpretar a través de la rendija en mi casco—. Yo soy el único que puede llamarle "Deku" —digo, bajando la pantalla plástica del casco para por fin dar media vuelta y largarme.
— ¡También protegeré a Izuku, bro! ¡Es mi palabra de hombre! —grita cuando ya estoy a una distancia prudencial, pero soy capaz de escucharlo.
Alzo mi mano otra vez y hago un gesto de despedida. De algún modo, creo que me he ganado un invaluable aliado. Alguien más que protegerá a Deku, alguien que velará por él cuando yo no pueda hacerlo. Eso está bien, aunque prefiero mantenerlo sólo para mí, si tengo que construir un maldito ejército para evitar que le pase algo, entonces lo haré.
Y si tengo que usar el corazón de Kirishima para lograrlo, lo haría sin pestañear. Por Deku, todo el maldito mundo es un peldaño.
Continuará...
Nota: Bueno, quiero que entiendan que este joven Kirishima antes de ingresar en UA es un poco mucho más adorable que el que conocemos.
Nota2: El próximo capítulo será desde el punto de vista de Deku. Veremos cómo es que él ve las cosas y qué le hizo Bakugo luego de aquella plática.
!Gracias x leer!
