Descripción del capítulo:
Palabras inocentes desatan lo inevitable. Una bestia se libera, con los colmillos afilados. Las tinieblas envuelven la atmósfera, condensando los pensamientos del ángel. La bestia arranca las plumas de sus alas y ya no puede volar en libertad. Todo se esfuma dentro del páramo de la perversión.
"Tu amor hace lo que nadie más puede, me hace sentir como un lunático"
[Tres horas antes del ataque al Villano de Lodo]
Lo sabía. Deku siempre hace esto. Él siempre escoge a los demás, ésta vez... lo hizo conmigo mismo, con mi estúpida versión infantil e inútil. A pesar de todo lo que he hecho por él. ¿Cuánta mierda debo hacer para que me corresponda? Hice que mi propia vida cayera lo suficientemente bajo, derrumbé el lugar donde crecí y asesiné a tantas personas que la maldita sangre ya no sale de mis manos aunque las lave con ácido. Y aun así, él...
—Vas a aprender, Deku —agarro su cara con una mano, aprieto sus mejillas entre mis dedos y lo jalo hasta que su nariz roza la mía. Quiero que me vea a los ojos cuando escuche lo que diré—. Voy a hacer que aprendas que siempre me debes escoger a mí, por las buenas o por las malas.
— ¡Kacchan! —él agarra mi antebrazo y hace presión para que lo suelte. No me importa. Haré que entienda de una forma o de la otra. Sin embargo, detengo mi amenaza en cuanto noto que la mano que sostiene su cara se está humedeciendo con las lágrimas que ruedan por sus mejillas. No quiero esto. Yo no quiero que llore, o que me tema. Quiero que me escoja.
¿Es tan difícil?
— ¿Qué? —pregunto, despacio, incitándolo a que me enfrente.
—Por favor... no hagas esto.
— ¿Qué no haga qué? ¿Salvarte el culo? —rujo todo lo furibundo que me ha orillado la ira. Él no entiende nada, nada...
—Destruirte —responde y yo me congelo. No puedo dejar de mirarlo, mi respiración está atascada. Inevitablemente una risita incrédula se me escapa y Deku me mira incluso más asustado.
—Tú no cambiarás nunca, ¿cierto?
—Yo...
—No respondas —digo y él obedece de inmediato. Sus labios se sellan junto con sus párpados. Su expresión de llanto provoca una extraña promiscuidad de sentimientos en mí. No me gusta que me tema de esta forma, pero a la vez... sí. Ese rostro atemorizado con los ojos empañados por las lágrimas, su labio tembloroso y el encogimiento de sus hombros provocado por la timidez: son cosas que siempre me han encantado de él; por eso siempre vivía molestándolo.
Su cara cuando está a punto de llorar es malditamente excitante.
—Kac...
Cubro sus labios parlanchines con un beso. Él se sacude entre mis brazos y lo sostengo más fuerte. No lo dejaré ir a ninguna parte. No dejaré que me abandone otra vez.
Eres mío, Deku.
—No... puedo... —él presiona sus palmas en mis hombros para apartarme. En cuanto dejo su boca libre, toma una gran bocanada de aire y me observa con la respiración interrumpida y frágil—. No podía respirar, Kacchan.
Me riñe como un gatito enfurruñado. Es tan hermoso. Esa forma en la que frunce el ceño a modo de advertencia, o el excesivo rubor de sus mejillas; todo eso me vuelve totalmente loco. Quiero devorarlo, quiero tenerlo, ¡quiero introducirme en él!
Mi polla ya está palpitando.
—Olvida a esa patética versión mía —lo recuesto en la cama de un suave empujón y me alzo sobre él sosteniéndome con mis palmas en la almohada—. Haré que te sientas bien, sólo déjate llevar.
Sus ojos se abren con una mezcla de confusión y sorpresa, parpadea, entonces su provocativa boca pequeña se abre ligeramente para soltar un suspiro que en mis oídos suena como un glorioso gemido.
—N-no podemos, Kacchan. Tenemos que salvarle. Escucha, sé que te odias, sé que quieres hacerle daño a Kacchan de este tiempo... n-no entiendo por qué. Pero esta no es la forma de arreglar las cosas. E-estoy seguro de que podemos trabajar juntos los tres para...
—Siempre balbuceas tanto —lo interrumpo porque ya no soporto su inútil perorata. Quiero sellar esa boca parlanchina con otro beso y no me detengo. Él lucha ahora más enérgico por alejarme, pero su fuerza casi nula comparada con la mía es incapaz de contenerme. Nada me va a detener ahora. Ni siquiera el mismo Deku.
—No... espera... —gime mientras yo reparto besos por su cuello y desciendo hasta su hombro. Él se sostiene de mis bíceps con sus uñas y cuando muerdo la zona de la yugular, cierra en sus puños la tela de mi playera.
— ¡Kacchan! —Grita.
—No voy a parar, Deku —ésta vez lo digo en voz alta, con toda la convicción que puedo reunir. Haré que se sienta bien, lo haré chillar mi nombre mientras está hundido en el placer, voy a lamer su pecho cuando su espalda se arquee por el éxtasis y después voy llenar su interior con mi esperma. Lo voy a marcar de tantas maneras que jamás podrá olvidar que es completamente mío y que siempre debió ser así.
De pronto Deku encoge sus piernas, sus muslos chocan con mis brazos y su labio carnoso e hinchado por mis besos se hunde debajo de sus dientes. Está enojado y esto sólo despierta un lado dentro de mí que no conocía: Ese instinto animal que disfruta de la persecución.
— ¡Tienes que dejar que me vaya! ¡Tengo que salvar a Kacchan! ¡Si no me dejas ir, yo... yo...! ¡Te odiaré!
Chilla desesperadamente, pero yo sólo puedo interpretar la última línea.
—No puedes odiarme, Deku —sus cejas se juntan en medio de su frente y pega sus labios en una línea apretada. Está frustrado—. No puedes, nunca has podido odiarme. A pesar de que siempre te traté como la mierda, tú siempre me perdonabas. Eso no cambiará.
Sus pupilas se dilatan a la vez que sus párpados se abren. Es como si nunca se hubiese percatado de esto; su mirada se pierde en el limbo y me permito hundirme en ese mar de color verde. Siempre me han gustado sus enormes y expresivos ojos.
Humedezco mis labios con la punta de mi lengua. Bajo mi cabeza lo suficiente para rozarlos con los suyos. Su aliento acaricia mi piel. No obstante, justo cuando estoy a punto de unir nuestras bocas, Deku se aparta presionando su cabeza en la almohada y dice:
—Si dejas morir a Kacchan... en verdad te odiaré.
Vuelvo a alzarme sobre mis brazos para verlo. La seriedad que ahora inunda su mirada me paraliza, sé que está hablando en serio.
[ ]
Kacchan abre sus párpados hasta lo imposible, sus pupilas bailan en torno a mí, se han dilatado y su iris parece más pequeño. La ira, la confusión y la intolerancia se reflejan en la superficie de sus ojos. Su nueva expresión iracunda despierta mi instinto de auto preservación. Quiero correr. Lejos.
— ¿Me odiarás, dices? —su voz está obscurecida por la incredulidad, la sonrisa socarrona de la que estoy acostumbrado se tiñe de sarcasmo y me estremezco—. Parece que no importa lo que haga, no me escogerás, ¿cierto?
—Yo no...
— ¡Reventé mi maldito mundo para traerte de vuelta, maldito nerd! ¡No tienes ni la más puta idea de lo que soy capaz! —grita, más bien ruje. Las venas en sus sienes y sus brazos se han hinchado y parece que explotarán en cualquier momento. De igual forma, sus dedos se entierran en el colchón a cada lado de mi cuerpo, aprieta las mantas en puños, todo él está temblando. La furia desmedida está luchando dentro de Kacchan, queriendo escapar.
Inconscientemente encojo las piernas. Me abrazo a mí mismo como si esto realmente pudiese protegerme de la bestia que está a punto de despertar en su interior. Él se mantiene jadeando como un animal; lucha con sus demonios, pero puedo ver que ellos llevan la delantera. Kacchan sacude su cabeza desenfrenadamente mientras su respiración se hace cada vez más pesada y cuando por fin alza la mirada hacia mí... me doy cuenta que los demonios han ganado.
—Sólo tengo que demostrártelo, Deku. —Sonríe—. Así sabrás cuánto te quiero. —Dice, pero no me mira. Sus pupilas muy dilatadas no están enfocadas en ninguna parte. Aquí, en medio de su ira, puedo ver claramente que es la locura hablando por él.
—No... no tienes que demostrarme nada, sólo déjame... ¡agh!
Las palabras se ahogan en mi garganta cuando él me agarra por el cuello en un movimiento brusco e inesperado y lucho porque me suelte. Aprieto mis manos en su brazo, le entierro las uñas hasta que la sangre rueda por su piel, pero él no se inmuta en lo absoluto.
—Me... haces daño... —mi voz sale amortiguada y seca. Sus dedos se clavan sin piedad, su mirada perversa me acuchilla, mas su maniática sonrisa no desaparece. La imagen de ese Kacchan cariñoso y carismático que conocí hace una hora, se rompe y caen en pequeñas piezas a mis pies.
— ¿Te hago daño? —Pregunta incrédulo, apretándome con más fuerza—. ¿No es así como te gusta que sea? ¡Eres un maldito masoquista! —Ríe entre dientes con esa voz profunda y ronca, inconsciente del daño que me hace.
El aire empieza a escasear con rapidez y pataleo violentamente. Kacchan empuja su brazo hasta que caigo de espaldas sobre el colchón, él sobre mí, observándome fijamente mientras poco a poco pierdo la consciencia. Los flancos de mi visión han empezado a nublarse. Entonces me suelta.
El oxígeno entra de golpe, toso estrepitosamente y me duele todo lo relacionado a mi conducto respiratorio. Mi pecho sube y baja con rapidez debido a la sofocación, apenas me puedo mantener estable durante un minuto y cometo el terrible error de alzar la vista para verlo.
Él no se ha movido, pero algo ha cambiado. Sus ojos. Puedo ver en ellos que de alguna forma he despertado su deseo. Su mirada es inhumanamente intensa, me quema con ella y quiero escapar ahora más que nunca. Es un mezcla de la adoración con la que me observaba la primera vez que nos vimos, y la ira desenfrenada de hace un momento.
—Eres tan hermoso... —jadea como un animal hambriento en frente de un filete, gatea por el colchón hacia mí y yo sólo puedo arrastrarme patéticamente.
— ¡No te acerques! —Me impulso con mis piernas hasta que mi espalda choca con el cabecero de la cama.
No tengo escapatoria. Estoy perdido. La esperanza abandona todo mi ser cuando Kacchan se levanta sobre sus rodillas justo encima de mi cuerpo, que se siente cada vez más pequeño e insignificante con su cercanía; apoya sus palmas en el cabecero a cada lado de mi cabeza, encerrándome. Soy un prisionero en una cárcel de carne y hueso.
—Déjame ir... —lloro, porque no sé qué más hacer. Estoy aterrado de él, de lo que pueda hacerme ahora o después e incluso tengo miedo de lo que pueda hacerle a otros. Mi mamá, Kacchan...
—Sabes que no puedo, Deku. —Dice despacio, con una voz paciente y aterciopelada que de alguna forma parece incorrecta en él.
—No, por favor —sollozo y lloro otra vez. Porque me siento tan débil, y él es tan condenadamente enorme. Su metro con noventa y tantos me aplasta sin necesidad de tocarme. A su lado parezco un niño pequeño, con todo y la incapacidad de hacer nada por sí mismo y sé que él me ve de esa forma también. La ternura con la que me observa, más que enternecerme, me hiela.
A pesar de que lucho desesperadamente por mantener mis piernas cerradas, él las abre con facilidad usando una mano en cada una de mis rodillas. Se introduce en mi espacio personal, me invade con todo ese poder, empequeñeciéndome, y no le importa. ¡No le importa en lo absoluto!
—Sólo... quiéreme —susurra contra mis labios.
Trato de rehuir, pero él sostiene mi cara con una mano, sus dedos gruesos y rasposos se entierran en la suavidad de mis mejillas y tira de mí. Su aliento quema la piel de mis labios. La anticipación de los hechos es la peor de las torturas. Kacchan no hace nada además de transpirar excitado encima de mi boca, cada vez más cerca.
Sus labios me rozan, queman, sin embargo. —No tengas miedo. —Dice con suavidad, exhalando una ráfaga de aire caliente que me provoca sudoraciones en todas partes.
—No me hagas nada, Kacchan —ruego, temblando como un cervatillo. ¿Pero qué más puedo hacer? Soy una presa en frente del depredador. Él tiene garras y colmillos a su favor, y yo sólo tengo heridas internas y cadenas de acero.
—Eso... —mueve sus labios como si me acariciara, arriba y abajo coqueteando con los míos mientras dice—: es imposible —entonces, me besa.
Su boca se estampa sobre la mía en un golpe estridente. No es nada agradable. No es como ese beso en el patio de la escuela, o el de hace un momento en el recibidor. Duele. Abre los labios, buscando que yo los abra también; pero ellos están sellados. No quiero corresponderle, no quiero despertar más su deseo. Él responde con un gruñido y una mordida que no es lo suficientemente fuerte para lastimarme, pero sí para que me queje; oportunidad que aprovecha para introducir su lengua como una navaja.
Trato de apartarlo, inútilmente porque Kacchan sostiene mis muñecas con su mano izquierda al tiempo que agarra mi mandíbula con la derecha, evitando así que lo muerda. Soy su prisionero y no puedo hacer otra cosa salvo dejar que me invada, que su lengua me viole y que asesine lentamente toda la confianza que empezaba a construir.
Kacchan sale de mi boca, pero no deja de besarme. Lame todo el exterior de mis labios, las comisuras, saborea el hilo de saliva que moja mi barbilla y mordisquea mi mentón. Inclino mi cabeza hacia atrás para huir de su contacto, entonces él agarra mi cabello en su puño, me inmoviliza con ese simple gesto y vuelve a besarme.
Gruñidos de regodeo se escapan desde lo más profundo de su garganta. Él disfruta cada parte de esta dominación mientras yo sólo deseo que termine de una vez.
Apoyo mis manos, aún presas, en su pecho fuerte y amplio. Él aprieta mis muñecas porque cree que trato de empujarlo, pero cuando nota que sólo quiero apoyarme, afloja un poco el agarre. Sólo un poco. Correspondo de forma torpe, atropellada, esperanzado de que al menos así sería más amable conmigo.
Error.
Su excitación aumenta. Por lo tanto, su brusquedad también.
Mis manos han empezado a adormecerse por la presión en mis muñecas y mi cabeza no deja de palpitar por el agarre en mi cuero cabelludo.
Aun así, Kacchan no para. No se detiene. Y no tiene intención de hacerlo.
De pronto se aparta para tomar una gran bocanada de aire. Hay una sonrisa satisfecha en su rostro y una chispa de deleite salpica el brillo de sus ojos. Me observa enajenado, al parecer con un plan en mente. Siendo honesto, a estas alturas tengo miedo de averiguar de qué se trata.
—Me encanta sentirte, Deku —jadea, rozando la punta de su nariz sobre mi mejilla derecha. Ronronea feliz como un cachorro de león, aparentemente inofensivo, pero mortal.
—Ya no más, Kacchan... déjame ir... —gimoteo, aunque sé que es en vano.
Él ignora mi llanto, deja mis manos libres para tomar mis tobillos y me jala hasta que me alejo del cabecero, que para estas alturas era lo único que me mantenía en pie. Caigo justo entre sus piernas, completamente horizontal... completamente a su merced. No quiero esto. Quiero que pare. Giro tan rápido como puedo, le doy la espalda para tratar de escapar de su dominio y me muevo desesperado en dirección opuesta a su agarre.
Kacchan aguanta mi cintura entre sus grandes y poderosas manos. Me sostiene sin mucho esfuerzo y aunque estiro los brazos y rasguño la superficie de la cama como un felino, él logra que no me mueva ni un centímetro.
— ¡No, déjame! ¡No quiero, Kacchan! —grito, inundado por el pánico. Esto parece sacarlo de su trance, abre los ojos, desorientado, parpadea como un niño perdido; entonces me mira, sus pupilas barren mi cuerpo tembloroso y... las comisuras de sus labios se elevan—. No... —Mascullo, sacudo mi cabeza, negándome a aceptar la realidad que me aplasta a toda velocidad. No puede ser. Éste no es Kacchan. Él es bueno conmigo, él dijo que quería protegerme, dijo que quería salvarme. Él no puede estar feliz, ¡no puede! Él no es así —. ¡No! ¡No! ¡No! ¡Kacchan!
—Demonios, Deku —gime, pegándose a mí, restregándose. Su frente cae sobre la mía y presiona tan fuerte que la parte posterior de mi cabeza se hunde en la almohada. Acuna mis mejillas con unas manos sorprendentemente temblorosas y susurra—: Me pones a mil, no tienes idea de cuánto.
No quiero saber. No quiero saber. No quiero saber. ¡No quiero saber nada!
Me sacudo y pataleo y chillo, y me aovillo dentro de mis brazos, pero todo esto es inservible. Mi cuerpo está agotado, pusilánime como si hubiese atravesado el Atlántico a nado. Puedo notar que Kacchan está extasiado de verme sudado y vulnerable. Lo veo en su semblante, en su sonrisa. Ni siquiera sé por qué lo intento. Soy un roedor luchando contra un Huargo*. Nunca tuve oportunidad.
Mis extremidades caen laxas sobre la cama.
Me he rendido.
Kacchan me observa como si de repente tuviese alas. Sé que soy alguna especie de ángel incólume para él, y, también sé, que muere por corromperme a pesar de esto.
Abre la boca como si fuese a decir algo, pero se lo piensa mejor y en vez de eso jadea. Se sostiene sobre sus manos encima de mí, su rostro es todo lo que puedo ver desde esta posición, pero siento que todo su cuerpo está temblando. Es la anticipación, estoy seguro. Debe estar visualizando todas las formas en que me romperá.
No me importa. Sólo quiero que este infierno termine.
Cierro los ojos, resignado. Escucho el sonido de algo desgarrarse y no tardo en descubrir, sin necesidad de abrirlos, que se trata de mi ropa. Estoy desnudo en muy poco tiempo. Aprieto más fuerte mis párpados cuando siento las palmas calientes de Kacchan recorrer mi cuerpo en toda su extensión; bien abiertas, para abarcar todo el terreno posible.
Tengo tanto miedo.
Hundo mi labio inferior debajo de mis dientes cuando siento su respiración sobre mi sexo. Su aliento quema la piel sensible de esa zona y quiero apartarlo, pero cuando estoy a punto de moverme, me arrepiento y me quedo quieto. Aprendí por las malas que luchar en contra de este monstruo es totalmente inútil.
No quiero ver, ni saber, ni sentir nada; mas sólo logro cumplir lo primero. Hay todo un torrente de sensaciones que me invade en cuanto siento que mi sexo está dentro de la boca de Kacchan. El calor y la humedad lo despiertan a pesar de que lucho en contra de eso. Él chupa, lame, besa, mordisquea, sopla y chupa otra vez. Muerdo duro mis labios cuando él sostiene mis caderas con sus manos, ejerciendo, sin necesidad de palabras, toda su dominación. Tiene el control.
Aprieto las sábanas en mis puños en el momento que la succión se hace más poderosa. Ladeo mi cara, entierro la cabeza en la almohada, mis pies se plantan en el colchón porque mis caderas están desesperadas por empezar a moverse y embestir esa boca; pero el agarre de Kacchan es irrompible. La electricidad se concentra en mi espalda baja y mi pelvis. Duele, quiero que sea desagradable aunque no es así.
Un movimiento de su lengua hace que abra la boca en un repentino espasmo. Un roce de sus dientes hace que me doble y grite y salte y convulsione y siga gritando. Kacchan introduce de pronto un dedo en el interior de mi trasero, y exploto. El cosmos se abre en mis ojos cerrados. Todo mi cuerpo reacciona, mi espalda hace un arco perfecto, eyaculo como nunca lo he hecho en mi vida en la boca del que era mi mejor amigo al tiempo que un alarido más estridente que los anteriores se me escapa y retumba en mis oídos.
Las convulsiones del orgasmo duran seis segundos exactos, mis músculos tensos se relajan de golpe y mi pecho sube y baja a toda velocidad. Una de mis piernas cae a un lado al final de mi explosión. Abro la boca para poder respirar como se debe. Kacchan no se ha despegado de mi intimidad, él sigue succionando hasta que no queda nada de mí y no conforme con esto, lame todo el sobrante con parsimonia y una tortuosa calma.
Alzo un poco la cabeza para por fin verlo. Me estremezco de inmediato en cuanto nuestra visión hace contacto. Quedo completamente paralizado. Sus ojos están clavados en los míos mientras lame mi pelvis con una lengua caliente y provocativa que se mueve paulatinamente. Su mirada es igual de intensa que antes, igual de ardiente. Me hundo en sus ojos llenos de fuego... y creo que voy a desmayarme.
Mis cuencas arden mientras firmemente le sostengo la mirada. La humedad de mis lágrimas moja mis mejillas, resbala por mi cuello y sus pupilas no pierden detalle de esto. Lloro porque no soporto todas estas emociones, todo este estúpido sufrimiento inmerecido. Me siento humillado, débil y usado. Ya no quiero que me toque, que me viole, que haga conmigo lo que quiera como si mi voluntad no significase nada.
Las lágrimas resbalan ahora más rápido.
Kacchan se apresura, gateando sobre la cama hasta que su rostro está a escasos milímetros del mío. Su sonrisa imborrable me sacude y ladeo el rostro para no verla. Él lame el camino dibujado por mis lágrimas, esa maldita lengua pasa lentamente por cada mejilla. El calor acuoso de ésta deja una sensación de quemadura en mi cara, como si de ácido se tratase. Lame una, dos, seis veces hasta que está satisfecho. Entonces, me besa.
Me dejo hacer, porque honestamente no tengo fuerzas para nada. Sus nudillos acarician mi mejilla a la vez que su otra mano toma mi cuello, no con agresividad como antes, sólo acaricia. Su pelvis se presiona sobre mi agotado sexo, se restriega y simula lentas pero profundas embestidas.
Su miembro está duro como roca. Él muere por saciarse, lo siento en la necesidad de su beso, que a diferencia de los anteriores, es lento y cadencioso, como si me estuviese dando tiempo de procesar lo que se aproxima.
Se aparta para apreciar el resultado de su trabajo. No sé qué tipo de expresión tendré, pero él parece satisfecho con lo que ve. Honestamente, apenas puedo moverme, estoy agotado física y mentalmente y ya no me importa lo que suceda entre estas cuatro paredes.
Hace unos minutos, yo estaba dispuesto a entregarme por amor. Ahora..., por resignación.
—No me hagas daño —es todo lo que puedo pedir después de calcular el nivel de su deseo.
—Preferiría morir —dice e, increíblemente, le creo. La convicción de su mirada es auténtica y hasta puedo distinguir el aprecio y el cariño con el que miró antes, en el colegio. Es entonces que me doy cuenta de lo relevante, y es que Kacchan me hace daño sin saber que lo hace.
Entonces me pregunto, ¿qué tan quebrada está su mente?
—Hay algo que debes entender, Deku —dice, consumiéndome con el fuego escarlata de sus ojos—. Mataría por ti..., y eso me incluye.
Mi pecho se aprieta en un puño con la devastación que provoca esas palabras y ahora quiero llorar más que nunca. ¡Él me está violando, ¿pero cómo puedo odiarlo si dice algo como eso?!
¡Soy un imbécil!
Mi corazón se salta un par de latidos, los necesarios para permitirme respirar. Abro la boca para decir algo, lo que sea, pero las palabras no salen, sólo sollozos inútiles que quiero asesinar. Mis dientes rechinan por la ira y me duele la mandíbula por tensarla hasta que creo que se partirá en dos, pero no me importa. ¡No me importa!
— ¿Por qué, Kacchan? Yo no soy especial en lo absoluto. No te cansabas de decirlo, ni de humillarme o hacerme saber cuán patético soy. Entonces... ¿por qué...?
—En verdad eres un inútil si ni siquiera te puedes dar cuenta por ti mismo —me interrumpe y yo me quedo sin habla.
No, no me doy cuenta. No lo entiendo. ¿Por qué eres capaz de hacer todo esto? ¿Por qué quieres salvarme? ¿Por qué estamos haciendo este tipo de cosas justo ahora? ¿Por qué... me violas?
Mi mente es un caos y aunque los mecanismos se mueven a toda velocidad para encontrar una respuesta, ésta no sale a la luz.
¿Qué es lo que él quiere de mí?
Él se acerca a mi cuello, su respiración pesada hace contacto con mi piel y eriza todo mi cuerpo, y cuando suspira sobre mi oído, me estremezco como un recién nacido. —No puedo aguantar, Deku, perdóname —masculla con su mejilla presionada contra la mía, sacudiéndome con aquel gruñido ronco y ahogado. No sé a qué se refiere, sin embargo. Es sólo cuando siento un intenso e inaguantable dolor en la zona baja de mi cuerpo que comprendo todo.
— ¡KACCHAN! —grito de dolor, me arqueo y pataleo y lo golpeo en el pecho con mis puños. Es insoportable, me duele, me duele, me duele. Hago todo un esfuerzo sobrehumano por escapar, la verga de Kacchan se está abriendo camino en mi interior y siento que me desgarra. La elasticidad en esa zona es insuficiente y se rompe, ¡se rompe!
—Quédate quieto —gruñe mientras se yergue sobre sus brazos, con su mano sobre mi cara me presiona para que no me mueva. ¡Me está pidiendo lo imposible! Duele tanto que no puedo respirar—. Espera... argh... —jadea al tiempo que se introduce un poco más. Su ceño fruncido y la mueca en sus labios me dice que también le duele. ¿Entonces por qué no se detiene?
— ¡Sácalo! —chillo desesperado, a lo que Kacchan responde gruñendo y agarrando uno de mis pies por el tobillo para que deje de patalear.
Enfadado y obstinado como es, echa sus caderas hacia atrás sólo lo suficiente para coger impulso y embestir con todas sus fuerzas. Ambos gritamos de dolor, aunque en su caso hay un poco de placer amortiguando su voz. En el mío, es un llanto insuperable.
—Me aprietas... tanto —gime, tomando todo el aire que puede.
—Sácalo, Kacchan —mi respiración desenfrenada apenas me deja gesticular. Las paredes internas de mi recto están tensas, haciendo lo posible por acoplarse al gran intruso dentro de mí.
Su mano sigue presionando mi cara mientras la otra sostiene mi tobillo. No se mueve, me observa con una expresión indescifrable. Esto me aterra. Más que escucharme, él me analiza por un instante antes de elevar mis piernas sobre sus hombros, abrazar mis muslos con cada uno de sus brazos y volver a empujarse hacia dentro. Ésta vez gruñe de puro placer mientras yo sólo puedo llorar. Su verga sale de mi interior para entrar otra vez, duro, firme, raspando cada rasgadura de mi interior para hacer mi llanto cada vez más agudo.
Todo mi cuerpo rebota con cada empuje de él y me sostengo apretando las sábanas en mis puños. El intruso entra y sale de mí, lento, muy lento, pero duro. Se desliza hacia fuera y con un nuevo golpe vuelve a entrar. Aprieto mis párpados para contener el desenfreno de lágrimas, pero éstas escapan por las comisuras sin mi permiso.
—Estás llorando —dice lo evidente y cuando lo miro, noto que no es por pena o arrepentimiento. Es por excitación, porque mi llanto ha hecho que de repente su verga se sienta más grande dentro de mí. Porque mi dolor sólo sirve para despertar su lado más sádico y demoniaco. El deleite y la adoración con la que me observa mientras lloro..., es aterrador.
Sus movimientos se hacen cada vez más rápidos y desenfrenados. En algún momento he dejado de estar acostado para quedar sentado sobre su verga mientras él me sostiene por mis caderas para hacerme saltar. Las arremetidas son duras y cada vez más profundas. Jadeos y mugidos inentendibles se escapan de mis labios con cada salto.
Él me mira. Me mira todo el tiempo. No quiere perderse nada de lo que haga. Cada gemido, cada expresión y cada grito es analizado a detalle, como si quisiera memorizarme por completo. Sus dedos callosos muerden la piel de mis caderas, los músculos de sus brazos crecen debajo de su piel cada vez que me levanta y me deja caer sobre su verga. Él jadea mi nombre con cada poderosa estocada. Los "Deku" han invadido toda la habitación y dan vueltas dentro de mi cabeza.
—Es así como debe ser... Deku —gime con los labios presionados sobre mi frente. Sus ojos están cerrados ahora, como si quisiera concretarse solamente en sentirme—. Quédate conmigo, y yo me encargaré de protegerte.
—Sí, Kacchan —digo, porque ya no me queda fuerza para negarme a nada. Me sostengo de sus hombros y dejo que haga lo que quiera. No me importa..., ya nada me importa.
Los empujes son más fuertes cada vez. Más profundos. De momento siento que Kacchan remueve mis entrañas y la punta de su verga ha golpeado un punto dentro de mí que me hace gritar hasta que mi voz se desgarra en el aire. Con el segundo golpe, me vengo. El orgasmo estalla contra el vientre de Kacchan, cuerda a cuerda hasta que mi voz se apaga.
Lo siento mover sus labios sobre mi frente en una sonrisa. Mis párpados se hacen pesados y con cada parpadeo se cierran más y más hasta que ya no puedo abrirlos. La realidad se aleja de mí poco a poco, siento que mi espalda vuelve a tocar la suavidad de la cama, que las embestidas de Kacchan son cada vez más lentas y que estoy encerrado entre sus brazos. Él me susurra algo mientras me abraza con todas sus fuerzas, pero no soy capaz de escucharlo.
El páramo de oscuridad se expande a mi alrededor y ya no siento nada. Ni dolor, ni angustia, ni humillación, ni las arremetidas, ni la humedad, ni los gemidos roncos de Kacchan... No siento nada.
Todo está oscuro.
Continuará...
*Huargo: Un huargo es una criatura fantástica semejante a un lobo, pero de mayor tamaño, fiereza e inteligencia.
Nota: Uff, salió más largo de lo que creí, y eso que es sólo lemon. n/n. Bueno, muchos pidieron violación (porque vamos, era obvio que pasaría), pero creo que me he pasado un poquitín. Salió un poco más durita a como la imaginé en primer lugar, pero bueno, es necesario para la trama.
Sólo espero que la desesperación de Deku fuese transmitida correctamente. Yo la sentí al escribirla, si la sintieron mientras leían, entonces hice un buen trabajo. Si no, pues necesito dar unas clasecillas de redacción ¬_¬ /
Después de ver el capítulo anterior, sabemos que Kacchan está arrepentido y que a cambio del perdón de Deku, decidió salvar a Kacchan joven. Aunque, vamos, que el tío ni siquiera está consciente de cuánto daño le hizo a su Soulmate. Pero lo sabrá, y aprenderá. O no? o.O?
En fin, espero que a pesar de todo este morbo, lo hayáis disfrutado. Sería un placer para mí saber vuestras impresiones en los comentarios.
¡Criticadme todo lo que queráis, que así aprendo! ::(-)::
Gracias x leer! ^-^/
