Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
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NO SE VA A ESFUMAR EN DOS SEMANAS
EPOV
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¡Hoooooola de nuevo!
Aquí estamos un día más, y de nuevo quiero daros las gracias por todas vuestras palabras y vuestro cariño. ¡Sois muy bonitas!
No me quiero enrollar mucho porque al fin os traigo la reacción de Edward al momento beso. ¿Qué habrá pasado?
Por cierto, ¿Algún día me explicareis por qué os gustan tanto los EPOV? Me tiene intrigadísima, pobre Bella ;)
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No podía parar de pensar en el instante en el que había entrado a las cocinas ilusionado por poder volver a casa a celebrar con Bella el éxito del Fantasía y la había encontrado en los brazos de Black.
La excusa de ir a buscar el coche había sido la única que se me había ocurrido para que Bella no sospechara. La realidad era que había ido a preparar un poco de champan y disponer unas flores y velas aromáticas para Bella que había sido toda una triunfadora esa noche y se merecía que la cuidaran. Pero todo había acabado en la basura.
Verlos besándose había sido un shock.
Había sentido rabia, celos, impotencia, tantas sensaciones agolpadas en un único momento que era difícil de describir incluso dos semanas más tarde.
No me podía sacar esa puñetera imagen de mi cabeza y aunque había querido razonar esa ambigua situación había una parte de mí que seguía sintiendo rabia profunda y no quería atender a razones.
Sabía que Bella estaba en lo cierto y quizás ese beso no era lo que parecía.
¡Yo había estado con ella durante meses y sabía que lo que había habido entre nosotros era real!
La noche de antes estaba seguro que Bella había estado a punto de decirme que me quería mientras estábamos en mi casa, pero había habido algo que la había parado a la hora de decírmelo. ¡Maldita sea!
Y teniendo en cuenta que Black estaba enamorado de ella y no lo había superado por mucho que hubiera hecho creer a Bella lo contrario, ese sería un movimiento rastrero más de su parte. Ese imbécil era incapaz de entender que Bella era libre y esa libertad incluía elegir con quién o con quién no estar.
Una vez el enfado de los primeros impulsos había desaparecido solo quedaba la decepción.
Decepción por haber arriesgado y apostado por esta relación a ciegas y no haber conseguido que Bella quisiera hacer lo mismo. Que ella se aferrara a proteger su relación de amistad con Black sin darse cuenta de que él no estaba dispuesto a respetar su voluntad. Ese maldito beso no había despertado ni la mitad de celos que el hecho que Black, con sus movimientos astutos y manipuladores, hubiera conseguido que Bella lo priorizara, no sólo a mí sino a todo y todos. Y que nunca fuera capaz de poner en valor todos los actos que ella había hecho por él, incluso si eso conllevaba ponerse a la demás gente en contra. Yo mismo me había visto en esa tesitura tan solo unos meses atrás cuando le había propuesto a Bella en este mismo despacho en el que ahora me encontraba que la repartición del negocio que tenían era desfavorable para ella y ella tajantemente se había negado a escuchar una palabra que pusiera en duda a su socio y amigo… Quizás por muy fuerte que creyera que era mi relación con Bella esta vez sería igual. Sabía por todos los comentarios que había hecho Rose en este tiempo que cuando de Black se trataba Bella no era la persona más racional. Quizás había sido un iluso al pensar que ella acabaría volviendo a mí.
Entre todas las emociones incontrolables e irracionales que surgen en cualquier momento como el que vivimos en el Fantasía había surgido la única petición que le había hecho a Bella en todos estos meses juntos…. que solo fuéramos ella y yo en esta relación. Yo había dejado a Jessica fuera de ella y no pensaba tolerar que Back fuera el tercero en discordia continuamente. Había momentos en la vida que por mucho que doliera el pasado no te dejaba avanzar y debes dejarlo atrás. Yo lo había hecho por Bella, no me iba a conformar con menos.
Dos semanas después seguía sin noticias de la mujer que me había hecho pensar que podía comenzar a construir una nueva vida con ella.
No luchar por lo que quieres solo tiene un nombre, y se llama perder [**NA]
Quizás ella había decido luchar, solo que no por mí.
-Señor Cullen ya está todo preparado en la sala de juntas – me interrumpió Tanya desde la puerta de mi despacho.
Estaba sonriente, hoy era un día para celebrar.
-¿No ha llamado? – le pregunté al pasar por su lado. Ella solo negó con su cabeza y gesto serio. Seguía siendo un iluso al pensar que al menos en el trabajo podría encontrar una excusa para ponerse en contacto conmigo.
Me dirigí a la amplia sala dónde haríamos historia, intentando sacarme a Bella de la cabeza y disfrutar del momento. Hoy era un gran día. Un día de celebración y no de lamentación.
Caius me esperaba en la puerta y en cuanto me vio rodó los ojos.
-¡Alegra esa cara! Hoy, Edward Cullen y Caius Volturi se convierten en los únicos dueños de esta empresa. Hoy, después de una buena lucha conseguimos lo que queremos. ¡Y lo vamos a celebrar! Nada de pensar en Bella. Te lo prohíbo. – me increpó Caius mientras entrabamos en la sala para acomodarnos a la espera de que los dos Volturi mayores llegaran.
La lucha con sus hermanos desde que nos habíamos enterado de que Aro quería vender sus acciones a una empresa externa había sido una auténtica batalla de estrategias. Habíamos sentido la adrenalina del juego, la excitación cuando ves que te acercas y casi acaricias con los dedos el objetivo final y, también, la rabia cuando habíamos tenido que dar algún paso atrás. Pero después de unas larguísimas e intensísimas semanas habíamos conseguido llegar a un acuerdo con Aro y Marco. Con una fuerte inversión por mi parte y, para que negarlo también por parte de Caius, al final nos habíamos hecho con el porcentaje total de la empresa. Al cincuenta por ciento.
Podía decir que había comenzado mis treinta consiguiendo ser socio minoritario de una de las mayores empresas de la ciudad y los acabaría siendo el dueño de ella. Era una locura, un golpe caprichoso de destino.
Aro y Marcos entraron juntos a la sala.
El primero con el rostro mudado de la rabia que sentía al verse casi arrinconado a vendernos sus acciones y el segundo con su acostumbrada indiferencia a la vida.
La reunión fue corta. Todo estaba negociado y perfectamente plasmado en los diferentes contratos por nuestros abogados, así que era un mero trámite. Con el último apretón de manos vimos como los dos hermanos Volturis abandonaban definitivamente las oficinas de la empresa.
-¡Al fin amigo, al fin! – gritó emocionado Caius abrazándome.
-Te engañaría si te digiera que me parece casi irreal – le confesé cuando se separó.
-Es muy real y a partir de ahora vamos a llevar a esta empresa aún más lejos, adaptándola a los putos tiempos que corren y dejando de estar anclados en los noventa. – comentó victorioso.
Caius era mi amigo, pero no solo por eso me había propuesto ayudarlo en esta lucha contra sus hermanos. Su proyecto para la empresa era lo que necesitábamos si no queríamos que en cuestión de pocos años todo el sector nos avanzara. Aro y Marco eran un lastre que cada vez pesaba más.
-¡Champan para brindar por ustedes! – anunció Tanya animada entrando a la sala con unas copas y una botella del mejor Champan.
-Y por ti, tú ayuda ha sido excepcional y tu paciencia infinita – la alabé. Desde que le habíamos pedido que se uniera a Caius y a mí en nuestra particular cruzada había hecho un trabajo excelente.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a perderla y era cuestión de tiempo, el necesario para asentarnos, que viera recompensado su esfuerzo y el gran trabajo que llevaba haciendo desde que entró a trabajar con nosotros.
Caius abrió la botella haciendo que el corcho saliera disparado al techo y un poco de la deliciosa bebida se escurriera por fuera, por suerte Tanya y yo estuvimos atentos y capturamos el líquido para que no se desperdiciara.
-¡Por nosotros! Pero sobre todo por Volturis&Cullen Assesment y el prometedor futuro que nos espera – brindó Caius.
Bebimos de nuestras copas mientras comentábamos la nota de prensa que enviaríamos para anunciar los cambios, además de la comunicación al personal y los clientes. A los más importantes lo haríamos personalmente y a los demás a través de comunicación postal.
-El Fantasía – Numeró Tanya, nerviosa, la última empresa que quedaba por decidir cómo le comunicaríamos la nueva dirección.
Se hizo un silencio en la sala. Habría sido una estupidez por mi parte mantener en secreto lo que había pasado el sábado, así que estas dos personas que me acompañaban estaban al día de la situación entre Bella y yo, haciendo aún más delicado este momento.
-Yo la llamaré – dijo Caius con enfado en su voz avanzándose a mí. Debería haber sido yo quién lo hiciera, ya que seguía siendo quién llevaba la dirección su cuenta. –
-Bien y con esto está todo dispuesto – concluyó Tanya.
-Pues todos a trabajar, no estamos para perder el tiempo – les dije a mis compañeros ansioso por volver a concentrarme en el trabajo y poder mantener mi mente en blanco.
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El día había sido un sin parar de llamadas telefónicas, visitas y correos electrónicos felicitándonos por las nuevas noticias, incluso comenzaban a aparecer los primeros titulares, bastantes positivos, en los diarios digitales. Habíamos decidido dejarlo como un simple relevo generacional y obviar los detalles más oscuros de la transacción.
En días así me alegraba de dejar las oficinas e irme a casa. Me gustaba mi trabajo y estaba encantado por mi nueva situación. Había luchado por estar dónde estaba, nadie me había regalado nada así que recibir las felicitaciones de tantas personas, muchas de ellas honestas, me hacía sentirme aún más orgulloso de lo conseguido, pero una llamada más y acabaría dándome un infarto pensando que esa llamada sí podría ser Bella. Que al fin se dignaba, ni que fuera, a ponerse en contacto conmigo para felicitarme por algo que ella, mejor que nadie, sabía lo que nos había costado lograr.
Pasé rápidamente por una licorería para comprar una botella del mejor vino que tenían porque aunque tenía el ánimo hecho una mierda y unas ganas inmensas de tumbarme en mi cómodo colchón y dormirme hasta la mañana siguiente, Emmet nos había invitado a una cena en su casa. Llevaban casi dos semanas posponiéndola y aunque no habían dicho nada sabía que estaban esperando por Bella y por mí… para que se normalizara nuestra situación. Tenían algo que anunciarnos y al parecer, fuera lo que fuera, ya no pensaban retrasarlo más. Lo que quería decir que Bella había aceptado ir o bien se habían dado por vencidos.
Llamé al timbre del apartamento de mi amigo y como si de un deja vu se tratara Rose me volvió a abrir la puesta aun con su ropa de trabajo puesta, solo que esta vez era el último en llegar. Escuchaba a Alice y Jasper en la sala riendo con Emmet.
-Bienvenido Edward – me saludó Rose con una sonrisa y un cálido abrazo – Y muchas felicidades por lo de Voturis. ¡Eres todo pez gordo de la city ahora! – me felicitó con una sonrisa genuina.
Era la primera vez que nos encontrábamos desde el fatídico sábado de la inauguración del Fantasía, pero eso no impedía que los hubiera puesto al día. Bueno, en realidad había informado a Alice y ella se encargó del resto, sin olvidar que Rose y Bella eran familia así que algo debería saber de primera mano.
-Edward espera- me paró cogiéndome de un brazo – Bella está invitada pero no sabe si podrá venir… ella… bueno...- rodó los ojos un poco desesperada – está muy ocupada y no sabe si llegará a tiempo. Bueno, yo solo quería avisarte – acabó con una sonrisa incomoda.
-Te lo agradezco Rose, de veras – le dije apretándole la mano sinceramente – Toma, mejor ponerlo en la nevera – le sugerí mientras le pasaba el vino.
Agradecía que me hubiera prevenido, aunque me imaginaba que Bella podría estar invitada a esta misteriosa reunión, después de estas dos semanas no quería dar nada por sentado y no me había hecho muchas ilusiones de verla. Mirándolo con perspectiva quizás era lo mejor.
Entré en el salón e inmediatamente noté la mirada de Alice taladrándome. Sabía que estaba preocupada, pero no quería hacer de esto un mundo y menos un día como hoy.
-¿Cómo estás hermano? – me saludó Emmet al llegar a su lado. – O debería dirigirme a tí de usted después de convertirte en… ¿Cómo lo han dicho Alice? Uno de los hombres más poderosos de la ciudad – estalló en carcajadas.
-¡Idiota! – le gruñí aunque sin poder dejar de reír, la risa de Emmet era contagiosa.
-En serio Edward, ¡es genial! ¡Tú eres genial! Y te lo mereces todo – me felicitó Alice mientras se colgaba de mi cuello.
-Alice amor, deja para los demás – intentó separarla de mí Jasper, no sin esfuerzo. Esta pequeña mujer tenía fuerza.
-Felicidades tío, espero que ahora no se te suba a la cabeza – bromeó Jazz mientras me daba un abrazo también.
-Dejadlo respirar y coged una copa. ¡Esto hay que celebrarlo por todo lo alto! – Nos apremió Rose que llegaba con una bandeja llena de bebidas.
-Voy a emborracharme antes de comenzar la cena – reflexioné antes de coger una –
-¿Y qué hay de malo en eso? Mañana no trabajas así que brindemos por ti. Director general de Volturi & Cullen Assesment – dijo Emmet.
-Gracias por vuestras felicitaciones, sois geniales – les agradecí antes de levantar mi copa y que todos brindaran conmigo.
Les puse al día sobre la locura de día que había tenido e intenté contestar a casi todas las preguntas con las que Alice me acribilló antes de cenar. Esta vez Rose y Emmet habían optado por pedir comida japonesa a domicilio, así nadie corría el peligro de incendiar la cocina y podríamos comer a una hora decente.
-¡Oh vamos Emmet dilo ya! – le apremió Alice cuando nuestro amigo volvió a hacerse el interesante una vez más. Llevaba así toda la cena.
Estaba siendo una buena noche, había conseguido olvidarme de Bella que llevaba colapsando mis pensamientos 24/7 estas semanas y con la alegría de la celebración por mis éxitos comenzaba a ser consciente de la realidad.
¡Dios era propietario y Director General de una de las empresas más importantes de la ciudad!
Cuando levanté la cabeza y miré al frente vi como Rose no paraba de mirar su teléfono ofuscada y por las miradas que le había cazado echándome o compartiendo con Emmet estaba seguro que era su prima la que ocupaba su cabeza. Al parecer no era la única persona en este apartamento a la que Bella le estaba dando unos malos días.
-Está bien… eres muy pesada, Alice – sentí como Emmet claudicaba al final a las peticiones de nuestra pequeña amiga.
Cogió a Rose de la mano para levantarse.
-Os hemos reunido esta noche aquí para pediros que seáis una parte muy importante para nosotros en la boda. – comenzó Emmet haciendo que Alice comenzara a dar saltitos en su asiento.
Había despertado a la bridezilla que llevaba dentro.
-Edward me gustaría que fueras mi Best man…. Hemos sido amigos desde que tenemos apenas conocimiento y no me imagino a nadie más que tú aguantándome hasta que este bombón llegue a mi lado al altar – me pidió Emmet.
Recordé como hace casi cuatro años, de manera mucho menos solemne, había sido yo quien le había pedido lo mismo y él no dudó ni un momento en aceptar. Emmet se pasó toda la ceremonia, hasta que Jessica finalmente llegó, burlándose de mí y mi nerviosismo, pero aun así lo volvería a escoger. Quizás lo amenazaría con dejarlo sin comer si se ponía muy pesado, pero se lo volvería a ofrecer, sin duda.
-Por supuesto que lo haré. – acepté levantando la copa en su honor y él solo llevó el puño al aire en signo de victoria. –
¡idiota!
-Y Alice… sé que no nos conocemos desde hace mucho – interrumpió la celebración de su futuro marido Rose poniendo un poco de cordura – Pero me gustaría que fueras una de mis damas de honor. Has hecho muy llevadero mi cambio de ciudad y sin ti no hubiera sido tan fácil integrarme tan bien con los amigos de Em.
-¡Ahhhhhhhhhhhh! ¡Me moría de angustia por si no me lo pedías! Tengo tantísimas ideas que no te vas a arrepentir. – exclamó eufórica Alice levantándose de un salto para abrazar a Rose.
-¿Un poco de esa alegría no podrías haber mostrado tú? ¡Soso que eres un soso¡– me dijo Emmet mientras venía al lado de Jasper y de mí que mirábamos asustados la escena.
-Espérate a que haga mi discurso en la boda a ver si sigues diciendo lo mismo de mí – le contesté a Emmet y por su cara pude ver que adivinó mi pensamiento claramente. Me pensaba vengar de todo lo que me había hecho. Llevaba años esperando este momento.
-No sabe lo que ha hecho – sentenció Jasper mientras observaba como Alice estaba acribillando a la pobre Rose con miles de ideas.
-No tiene ni idea – reafirmé sintiendo pena por Rose.
-La va a matar – concluyó Emmet.
Como Alice y Rose no estaban por la labor de hacer algo que no fuera hablar de la boda, decidimos comenzar a recoger los platos para que no se quedaran en medio cuando nos fuéramos. Todos veníamos de trabajar y siempre era de agradecer un poco de colaboración en estos casos.
Estábamos en la cocina cuando Emmet me acorraló.
-¿Cómo lo llevas? – me preguntó mientras Jasper cerraba la puerta para darnos un poco de intimidad aunque más parecía una encerrona que una charla casual.
-Bien – contesté sin intentar no entrar en el tema. Llevaba toda la noche sin ese halo de tristeza que me había acompañado estos días y no quería estropearlo.
-Deja la mierda Edward, sabemos que no estás bien – me increpó Emmet.
-Emmet… - intervino poniendo paz Jasper – lo que Emmet quiere decir es que no hace falta que nos engañes, sabemos que no lo estás pasando bien. Nadie lo hace en estos casos y Bella y tú parecíais muy enamorados hace solo dos semanas – explicó Jasper.
Parecíais muy enamorados.
-Sí, vale, es una mierda, pero creo que estoy haciendo lo correcto. La quiero, me ha costado aceptar que después de todo lo que ha pasado la sigo queriendo, pero es así y el sentimiento no se va a esfumar en dos semanas. – claudiqué apoyándome en el mueble.
-¿La has llamado? – preguntó Jasper que al parecer era el que llevaría la voz cantante.
-No – contesté escuetamente. – Sabéis… yo he arriesgado por ella, y sé que puede sonar egoísta e infantil, pero ahora soy yo quien necesita que sea ella quién dé el paso. Así que no, no la he llamado a pesar que me muero de ganas y he encontrado mil escusas para hacerlo.
-Mira Rosie no me cuenta mucho, pero creo que Bella tampoco está pasando sus mejores semanas… Ten paciencia. - me aseguró Emmet aunque con algo de duda en su voz.
Quería creerlo.
-No sé qué decir en estos casos Edward. Te entiendo, así que solo puedo decirte que no tomes ninguna decisión radical. Si has dejado la pelota en su tejado dale tiempo – me dijo Jasper.
Tiempo.
Eso es lo que estaba haciendo a pesar que mi paciencia comenzaba a acabarse.
Cuando volvimos a la sala el ambiente entre Rose y Alice no era tan festivo como cuando nos fuimos, pero en cuanto nos vieron aparecer cambiaron su postura y nos integraron en una nueva conversación como si nada hubiera pasado. Si no fuera por lo susceptible que estaba estos días me jugaría una mano a que era el tema de conversación.
Era tarde cuando dejábamos el piso de Emmet y aun así Bella no había aparecido a pesar que Rose me había dicho que intentaría hacerlo. Al parecer me evitaba como había hecho con Irina en el pasado.
En cuanto entramos en el ascensor, Alice me miró de esa manera tan suya, de amiga preocupada. Era muy intuitiva, quizás no adivina como ella aseguraba, pero sí entendía muy bien a las personas y sus sentimientos. Podría intentar ocultar todo por lo que estaba pasando pero no serviría de nada, ella ya lo sabía.
-Suéltalo o te vas a atragantar – la animé a decir lo que fuera que llevaba toda la noche callando.
Alice arrugó el entrecejo.
-Creo que estás haciendo lo correcto- se encogió de hombros mientras lo decía – Y Rose también- - añadió para mi sorpresa.
Salimos del ascensor mientras pensaba en la declaración que acababa de hacer Alice. Estaba acostumbrado a que mi engorrosa amiga me rebatiera casi todas mis decisiones amorosas desde mi adolescencia y ahora estaba ella plantada delante de mí diciéndome que lo estaba haciendo bien y que la prima de Bella pensaba lo mismo. No sabía si eso me daba confianza de cara al futuro o me asustaba como el demonio.
-Edward…- me llamó Alice.
-¿Qué quieres que te diga? – la increpé, quizás con más rabia de la que se merecía.
-¡Lo que sientes! – me contestó igual de alterada.
-¿Cómo me siento? ¡Como una mierda! Porque la quiero y sé que ella me quiere a mí, pero no sé si eso será suficiente o que si lo llega a ser ahora continúe sin ser suficiente ante cualquier problema que tengamos en el futuro. La sombra del maldito Black es muy larga para borrarla de su vida – expulsé todo lo que tenía dentro haciendo que Jasper y Alice se quedaran un poco pasmados.
-Quizás es por eso por lo que ella está tardando en dar señales. – la miré sin entender nada - ¡Oh vamos Edward! No debe ser fácil para ella – me recriminó Alice.
-Claro Alice…. Nunca pensé que fuera fácil pero simplemente se la ha tragado la tierra… ¿Qué te hace pensar eso? – negué desesperado y harto de esperar a la nada.
Alice se encogió de hombros sin saber qué decir.
-¿Te llevamos a casa? –preguntó rendida.
-No, da igual, cogeré un taxi – dije al ver que justamente uno entraba por la calle. No necesitaba a Alice un rato más intentándome convencer de las bondades de Bella.
Para ella no era fácil, bien para mí tampoco.
Alcé la mano para que el taxista pudiera verme y no pasara de largo, pero la luz indicaba que estaba ocupado para mi suerte.
Antes de que mis amigos pudieran despedirse de mí u ofrecerse, nuevamente, a llevarme, el dichoso taxi paró delante de nosotros, que seguíamos parados en la entrada del bloque de apartamentos de Rose y Emmet después de nuestra acalorada conversación.
Estaba sopesando la idea de aprovechar el golpe de suerte e ir a casa rápida y cómodamente o ir caminando, quizás tardaría más pero me daría tiempo para aclarar las ideas, cuando la puerta del vehículo se abrió y salió de él esa persona con la que llevaba soñando semanas.
Bella cerró la puerta del taxi casi sin fuerzas y el conductor desesperado al ver que nadie se movía se fue.
Cuando estuvo fuera del maldito coche, nuestras miradas se encontraron. Me observaba sorprendida, tanto como yo a ella.
Estaba preciosa, pero el problema con Bella era que siempre lo estaba…
Venía de trabajar. Sus tejanos más cómodos y sus deportivas la delataban, al parecer Rose no me había intentado engañar en eso. Quizás no me estaba evitando y realmente el trabajo la tenía alejada de todo. Alcé un poco más la vista y me permití observar su perfecto rostro.
Su cara no sólo estaba tensa sino que también había tristeza en ella. Sus ojos marrones estaban apagados y las ojeras fuertemente marcadas evidenciaban que sus noches no habían sido mucho mejores que las mías. Sus hombros estaban ligeramente caídos, lucía completamente agotada, y aunque no quería sentirme así, tuve que frenarme para no ir a su lado y acunarla en mis brazos.
-Bella… hola – la saludó Alice nerviosa rompiendo nuestras miradas fijas uno en el otro.
-¿Ya os vais? – preguntó desesperanzada.
Había echado tanto de menos su voz, incluso ahora que no sonaba como siempre.
-Sí, es tarde… - volvió a responder Alice mientras me pellizcaba en la mano disimuladamente para hacerme reaccionar.
Bella miró a su reloj y por la cara su cara parecía que era consciente por primera vez de la hora que era.
-¿Qué tal va todo por el restaurante? – escuché que preguntaba Jasper.
Debería comenzar a reaccionar y dejar de mirarla embobado, mientras que eran mis amigos los que hablaban con ella.
-Muy bien, aunque mucho trabajo – contestó sin la alegría que inundaba su tono cuando hablaba de sus restaurantes.
-Nosotros deberíamos irnos…. Ha sido un placer verte de nuevo Bella, aunque haya sido tan poco rato. Me hubiera encantado que pudieras haber llegado para la cena, hoy no han quemado nada – bromeó Alice mientras la abrazaba y le susurraba algo al oído.
Jasper también se despidió de ella cariñosamente antes de cabecear a modo de despedida para mí y tirar de su pequeña mujer a dónde fuera que tuvieran el coche aparcado. Alice solo levantó los pulgares en señal de ánimo cuando quedó detrás de Bella.
-Hola – susurró Bella tan bajito que si no fuera por la quietud de la madrugada no la hubiera escuchado.
-Hola – la saludé – Lamento decirte que no te hemos dejado ni un poco de postre – intenté ser un poco indulgente con ella al ver la manera en la que retorcía las manos por los nervios.
-Comeré algo en casa – se limitó a decir preocupándome, la mujer que tenía delante no era la Bella con el aspecto más saludable – Felicidades Edward. – me dijo sorprendiéndome y esta vez sí la alegría se notó en su voz - Caius me ha dicho que al final lo habéis logrado – continuó Bella cortando mi preocupación – Es maravilloso, os lo merecéis después de todo lo que habéis luchado.
Por primera vez en todo el rato desde que había aparecido, volvía a ver un resquicio de la Bella de hace dos semanas, de esa mujer que me había robado el corazón.
Bella se mordió el labio nerviosa ante mi nuevo silencio. Estaba tardando mucho en contestarle, pero no porque no quisiera o tuviera mil cosas de las que hablar con ella sino porque estaba en una lucha entre mis deseos y lo que creía que debía hacer, y más ahora que la veía con esos labios aprisionados entre sus dientes.
-Ven aquí y felicítame entonces – la reté impulsado por ese gesto que siempre había sido mi perdición, rindiéndome a mis deseos.
Bella abrió los ojos sorprendida por mi petición. Bien si ella estaba asombrada, yo también lo estaba, pero estaba aún más cansado de estar lejos de ella.
Y aunque por un segundo dudé que me fuera a hacer caso, finalmente salió disparada como un cohete derecha a mis brazos que al sentirla se volvieron a cerrar sobre ella. Era como volver a estar en casa.
Sus pequeños brazos me agarraron fuertemente, como si tuviera miedo de que me fuera a ir y por un instante no hicimos nada más que estar así. Abrazados a la una y media de la mañana en plena calle.
Me había imaginado de mil maneras diferentes qué le diría si la tuviera delante, pero nunca había pensado que sería así.
Un pequeño suspiro salió de sus labios antes de separarse.
-Pensaba que llegaría a tiempo, ni que fuera para el postre, pero… pero… - se encalló como no pudiera decirme lo que realmente quería – No he podido. – acabó sacudiendo su cabeza y con un gesto de frustración.
-¿Estás bien? – volví a preocuparme por ella.
Definitivamente esto no era lo que había imaginado pero no podía evitar angustiarme al verla así.
-¿Lo estás tú? – me rebatió con una sonrisa cansada en su cara.
Supongo que ninguno de los dos estábamos en nuestros mejores días.
-Estoy intentando hacer las cosas bien… - me interrumpió Bella hablando sin esperar mi respuesta - Pero es difícil… es muy difícil y necesito tiempo…. No lo sé, Edward… solo sé que te escuché y estoy intentando hacerlo bien – me dijo con la voz al límite del llanto.
No soportaba verla así.
El recuerdo de ella llorando, suplicándome que la dejara explicarse durante la inauguración del Fantasía me había roto y no quería volver a verla así. No por mi culpa.
-¿Qué significa eso Bella? Y porque tengo la sensación que no me estás hablando claro – le pregunté intentado que me diera un poco de luz.
-Te estoy hablando claro – me contestó pateando con su pie el suelo – ¿Qué más quieres que te diga o haga? – me preguntó abriendo sus brazos.
-¡Algo! – exclamé aunque controlando mi voz, no necesitábamos que algún vecino llamara a la policía –
-¿Qué? – preguntó de nuevo sin voz.
-Llevo dos semanas sin saber de ti, Bella. – le reclamé aún enfadado.
Ella pestañeó y boqueó varias veces como si no supiera qué decir.
-Me dejaste Edward… por si no lo recuerdas – me contestó una vez pareció encontrar la voz.
¡Maldita sea ya lo sabía no hacía falta que lo recordara!
¿Pero que esperaba que hiciera?
-Y yo estoy intentando hacer lo que tú me pediste, pero perdóname si no puedo romper en mil pedazos mi vida y volver a recomponerla en solo quince días. – me rebatió enfadada golpeándome en el pecho.
Bella se giró dándome la espalda y aproveché ese rato para calmarme, esto no estaba yendo como yo había imaginado de ninguna de las maneras. Ni cuando le había pedido que me abrazara ni ahora que estábamos discutiendo.
Había algo en lo que Bella tenía razón, yo había sido quién había tomado la decisión de darnos un tiempo… Pero ¡¿De dónde narices había sacado ella que la había dejado?!
¡Era demasiado extremista y testaruda! ¡Maldita combinación!
Vi como Bella sacaba el móvil de su bolso.
-¿Qué haces? – le pregunté intentando que se girara. No estaba dispuesto a dejarla marchar.
Tenía más dudas ahora que antes que llegara y aunque no me aclarara nada no tenía intención de dejarla marcharse justo cuando acabábamos de discutir. Nuestra situación ya era bastante precaria como para acabar así. Yo había puesto la pelota en su tejado, y dejar que se fuera así de alterada sería tirar piedras contra él.
-Intentar conseguir un puñetero taxi – me dijo con la voz entrecortada por el llanto.
-¿Un taxi? – pregunté confundido.
¿Desde cuanto esta loca enamorada de los paseos a altas horas de la madrugada se movía en transporte público?
-¡Sí, un taxi! ¡¿También eso te molesta?! – Me contestó esta vez con la voz un poco más clara, pero aun dándome la espalda.
Caminé hasta quedar delante de ella y le levanté el rostro que estaba inundado en lágrimas. No me lo pensé dos veces en tirar de ella para acunarla, nuevamente, en mis brazos, acariciando su pelo recogido en esta molesta coleta que llevaba siempre que estaba en el restaurante.
Así es como debería estar siempre. En mis brazos.
-¿Desde cuando usas taxis para moverte por la ciudad? – le pregunté más suavemente para que se diera cuenta que no era una crítica. Más bien todo lo contrario me daba paz mental saber que ya no iba sola por la noche.
Lo mejor era devolver la conversación a un tema neutral o volveríamos a acabar discutiendo.
-Desde que me hiciste prometerte que no me pondría en peligro – declaró escondiendo su cara en mi pecho.
Y al fin después de tanta preocupación una sonrisa sincera cubrió mi cara al darme cuenta que aunque llevaba dos semanas sin ponerse en contacto conmigo me seguía teniendo presente.
¿Qué narices estaría pasando en su vida? ¿Qué era eso que estaba intentando hacer bien? ¿Qué coño significaba que había roto su vida en mil pedazos y estaba intentando volverla a construir?
¿¡Y por qué narices no me había dado una maldita respuesta en todo este rato?!
Me guardé todas las dudas para mí, estaba seguro que si empujaba un poco más los límites de Bella en busca de respuesta volveríamos a iniciar una pelea. Prefería tenerla así, aunque fuera un engaño pasajero.
Besé el tope de su cabeza lentamente sintiendo como mis pulmones volvían a llenarse de aire.
Aunque sin ganas, la separé un poco de mí y cogiendo su teléfono llamé a la operadora para que nos enviaran un puñetero taxi. Los dos estábamos a punto de caer colapsados en el suelo delante de casa de Emmet.
-Tendremos que compartirlo – anuncié sin darle opción.
Una cosa es que le dejara su espacio y otra que pensara alejarme de ella antes de lo necesario.
Ella solamente asintió aunque su gesto continuaba siendo triste y cuando pensaba que se separaría de mí, se volvió a resguardar en mi pecho mientras esperábamos el taxi que no tardó en llegar.
El viaje fue silencioso. Bella no se apartó de mi lado apoyando su cabeza en mi hombro durante todo el trayecto. Bajé con ella cuando llegamos a su casa incapaz de despedirme. Era un completo imbécil.
Llevé mis manos a su suave cara cuando paró sus pasos justo delante de la puerta de entrada de su edificio.
Mientras intentaba a alargar esos instantes me di cuenta de lo mucho que la quería. A pesar de todos los Jacob Black y todas las veces que ella lo eligiera yo la seguía queriendo.
La quería tanto y nunca se lo había dicho.
Nunca me había declarado, pero le había exigido que me escogiera.
-Te…. – comencé.
-Shhhh – me paró poniendo un dedo en mis labios – Así no. Aunque me cueste admitirlo me equivoqué… no quiero escucharlo así… - dijo mientras una lagrima volvía a caer por sus mejillas.
Me estaba partiendo el corazón todas sus lágrimas.
-Buenas noches Edward. – se despidió mientras dejaba un suave y largo beso en mi mejilla.
Unas ganas irrefrenables de acercarla y no soltarla nunca me invadieron pero Bella fue más rápida y se separó de mí, entrando a la seguridad de su hogar.
No me moví hasta que ella entró al ascensor perdiéndose definitivamente de mi vista.
Estaba lleno de dudas, pero algo me decía que no todo estaba perdido. Y aunque debería sentirme más esperanzado de lo que lo había estado en muchos días, el estado de ánimo en el que había visto a Bella me impedía hacerlo. Estaba rota, triste…. y yo había contribuido a que ella estuviera así. Yo que tanto había criticado y odiado a Black por no pensar en su bienestar había hecho lo mismo.
¿Estaría forzando demasiado sus límites? ¿Su corazón?
La esperaría solo me quedaba esperar que ella no se alejara.
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NA:
Estoy corrigiendo el capítulo tardísimo para poder subirlo el día que os dije… así que, aunque no en mi zona horaria, en algún lado del mundo continuará siendo Viernes. ¿Eso cuenta? Pequeñas trampas xD
¿Qué os ha parecido? ¿Pensáis que Edward se lo ha puesto muy fácil a Bella? ¿Estáis tan perdidas como él o tenéis alguna teoría? Esta semana me lo he pasado muy bien leyendo vuestras apuestas sobre la reacción de Edward y… mira que sois duras queriendo que se lo pusiera difícil a Bella jajaja
Espero que os haya gustado y como siempre espero poder leeros si os animáis a dejarme algún comentario.
LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN SERÁ EL MIERCOLES
Nos leemos en el próximo,
Saludos ;)
