Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

[**]

.

Hoooooola de nuevooooo!

Aquí estamos una semana más y ya en la recta final del fic. Os quiero agradecer todos vuestros comentarios y apoyo. No solo en esta historia sino en todas las que he escrito. Sois maravillosas y hacéis que cada día de actualización venga con ganas de publicar esperando que os guste.

Sin mucha más dilación os dejo con Bella. A ver si ella aporta un poco de luz en este misterio.

PD: A las que me habéis respondido por lo que preguntaba la semana pasada de los EPOV, estoy de acuerdo con vosotras, quién no quisiera saber que pasa por la mente de los hombres de vez en cuando jajaja

.

CABEZOTA

BPOV

.

-Señorita Swan entienda que necesitamos algo más de seguridad para lo que nos está pidiendo. Vuelva con un aval y quizás podremos ayudarla. – me dijo el Señor Morris con toda la falsa modestia que tan estudiada tenía debido al paso de los años ejerciendo la misma profesión.

Y por tercera vez esa semana salía de un banco con las manos vacías y con más dolor de cabeza del que había sufrido nunca en mi vida.

Desde un principio sabía que no iba a ser fácil pero nunca pensé que fuera a ser tan difícil. Todo el mundo te anima a crear tu propio negocio, hacerte cargo de tu vida, pero la realidad era que cuando al fin lo hacías todo eran piedras en el camino.

Mi teléfono sonó y por instante pensé en arrogarlo a la carretera y contemplar con gozo como era aplastado por el primer coche que pasara. Llevaba dos semanas sonando insistentemente, la mayoría de las veces mamá, nerviosa. Estaba segura se estaba planteando seriamente si su hija no estaba volviéndose completamente demente.

"Esta noche ¿En el Fantasía o Sublime?"

Leí en la pantalla cuando decidí indultar al pobre aparato y alargar su vida un poco más. No estaba para ningún gasto innecesario en mi vida.

Al menos no era mamá.

"Fantasía"

Respondí rápidamente antes de salir corriendo a otra reunión que a todas luces acabaría igual que todas las anteriores.

-Vamos chicos esos platos no saldrán solos – apremié a dos de mis cocineros que esta noche estaban especialmente espesos.

No aceptaba ninguna relajación en mis cocinas y menos en el Fantasía. Las primeras impresiones de un restaurante eran fundamentales y con solo dos semanas abiertos aún nos estábamos dando a conocer. Teníamos muchísimas reservas y las críticas habían sido inmejorables, pero si queríamos que esto no fuera flor de un día teníamos que trabajar muy duro.

-Perdón Bella – se disculpó Jen.

-No me pidas perdón y demuéstrame que eres tan buena como sé que eres – le aseguré antes de girarme para revisar que todas las comandas iban saliendo.

-Pueden salir los platos de la siete, la diez y lo de barra. Gracias – ordené a los camareros.

James llegó con una sonrisa divertida.

-Volturi ha llegado. ¿Quiere aprenderse la carta como en el Sublime? – me dijo mientras me pasaba el ticket de la mesa de Caius.

-Lo hará, no lo dudes – contesté convencida – Se quedará hasta el cierre así que atiéndelo hasta que me desocupe, por favor. – le pedí como había hecho ya varias veces durante estas dos semanas.

-Está hecho, jefa – me contestó antes de volver a sala.

El reloj marcaba las doce cuando el local se fue vaciando. Sabía que Caius me esperaría en la barra que había dispuesta en el centro del restaurante, era para aquellas personas que querían disfrutar de un cóctel o tomar algo rápido en vez de una gran cena. Seguramente cuando estaría tomándose alguna bebida o acabándose la mejor botella de vino tinto de la que disponíamos.

-Irina va a acabar odiándome – le dije haciéndolo levantar la cabeza al escuchar mi voz.

Desde que Edward había roto conmigo hace dos semanas. Caius había venido a cenar varias veces acompañado de Irina. La primera noche no había tenido el valor de salir a saludarlos por miedo a sus posibles recriminaciones, especialmente de la rubia, íntima amiga de Edward desde la infancia, pero la segunda vez ambos se colaron en las cocinas aludiendo que no tenían ninguna intención de marcharse sin hablar conmigo antes. Más que hablar, Caius había venido a hacerme entrar en razón. Decía que en la fiesta anual de Volturis le había prometido que haría feliz a Edward, y según él, no le estaba haciendo nada de caso.

El problema de Caius era obviar que había sido su querido socio quién me había dejado sin dejar explicarme. Pero eso era un detallito sin importancia para él.

Después de su insistencia y firmeza en no dejar de venir al Fantasía hasta que entrara en razón, no me quedó más remedio que sincerarme con ellos y desde entonces se repetía esta especie de rutina. Él e Irina cenaban aquí algunas noches y después Caius se quedaba para ayudarme a intentar poner orden y dar sentido a todo lo que estaba intentando hacer. Se había erguido él mismo como mi guía y la verdad es que lo agradecía porque tenía que darle la razón cuando decía que mi mente para los negocios estaba en pañales en comparación de la suya. Cosa que me alegraba saber ya que era en su empresa en la que había depositado mi confianza para que me llevara mi única fuente de ingresos.

-Yo voy a acabar odiándote como sigas haciendo sufrir a mi amigo y… - hizo una pausa dramática captando mi atención hasta y no continuó hasta llegué a su lado y tomé asiento – y… socio de Volturis & Cullen Assesment desde esta mañana – anunció emocionado.

¡Al fin una buena noticia entre todo este desastre!

-¡Felicidades! Estoy tan feliz por los dos – le congratulé ilusionada mientras le daba un fuerte abrazo.

-Lo sé – aseguró sinceramente – Aunque no soy yo quien más necesita este abrazo – añadió.

-Caius… - le advertí haciéndolo rodar los ojos.

Mi teléfono volvió a sonar, cortando su respuesta. Era un mensaje.

"Mueve tu culo hasta aquí. Rose"

Esta vez fue mi turno de rodar los ojos ante la, ya usual, beligerancia de mi querida prima. Si mamá había reaccionado pensando que había perdido el juicio, Rose quería asesinarme directamente. Y había dejado muy claro su punto día tras día.

"Estoy trabajando. Te prometí que iría y lo cumpliré. Bella."

Escribí rápidamente mi respuesta y no leí la nueva replica cuando el aparato volvió a sonar.

-Bella… Está frustrado y espera tu llamada – me recordó Caius por enésima vez.

-Sabes porque estoy haciendo todo esto, no me presiones tú también. Sabes mejor que nadie que no están yendo las cosas como quiero – le imploré.

No había nada que quisiera más que llamar a Edward o ir corriendo a casa de Rose para poder estar con él, aunque solo fuera compartiendo mesa y un rato con los amigos, pero primero debía arreglarlo todo. Edward no se merecía menos, nosotros no nos merecíamos menos.

Me había costado demasiado darme cuenta, pero ahora no iba a temblar en mi resolución.

Desde que Edward había entrado en las cocinas viendo a Jake besándome todo había cambiado.

En tan solo unos minutos todo había cambiado.

Me había quedado tan en shock que no había sido capaz de levantarme del suelo de las cocinas del Fantasía. No había sido hasta la mañana siguiente que papá y mamá me llamaron para decirme que volvían a Forks que conseguí salir de mi letargo.

Me disculpé con ellos por no poder ir a despedirlos, intentando sonar animada para no levantar sospechas y preocuparlos. No sirvió de nada. Mamá llamó insistentemente hasta que consiguió que le explicara qué me sucedía.

Lo que me sucedía….

Lo que me pasaba era, simplemente, que mi vida tal y como la conocía había quedado completamente dinamitada hace quince días y la estaba intentando construir de nuevo. O al menos intentaba poner las primeras piedras del nuevo camino, desde entonces.

Después de tantas emociones me había costado que mi cabeza dejara de estar nublada por la tristeza, pero acabé entendiendo que Edward, aunque había sido injusto conmigo al no dejarme explicarme, estaba en lo cierto cuando me acusó de haber dejado ser a Jake una sombra constante en nuestra relación, siempre aprovechándose de mi fidelidad hacia nuestra amistad para hacernos daño.

Los primeros días desde el desafortunado beso, Jake y yo intentamos sobrellevar la situación como mejor pudimos, buscando un punto medio que nos permitiera sanar a los dos. Por separado.

Desde que habíamos vuelto de Forks, ya hace unos meses, le había dado a Jake la oportunidad de intentar volver a recuperar nuestra amistad, porque era consciente que también me había equivocado cuando me había acostado con él. Entonaba el mea culpa y por eso no entendía por qué Jake era incapaz de respetar mi decisión, por qué había optado por tirarlo todo por la borda. Había acabado no solo con nuestra amistad, sino con mi relación con Edward y eso era lo que había marcado la diferencia.

Me costaba perdonar.

Durante los primeros días habíamos intentando turnarnos al cargo del Fantasía y el Sublime, pero rápidamente nos dimos cuenta que no funcionaba. No era suficiente. Y fue ese instante en el que Jake decidió que lo mejor sería seguir completamente por separado sumiéndome en el embrollo que tenía encima ahora mismo.

Jake no quería seguir a mi lado. Insistía en que no podía aparentar quererme solo como amiga cuando no era eso lo que sentía, que no podía seguir ignorándolo más y tampoco podía sabía cómo cambiar lo que sentía, haciéndonos daño a los dos. Así que había tomado la decisión de viajar, buscar nuevos sabores, conocer nuevas culturas a través de sus cocinas y quién sabe quizás olvidándome por el camino. Era la única manera de poder volver a ser los que habíamos sido, en un futuro, que se le ocurría, me había perjurado entre lágrimas.

Lo entendía y respetaba su decisión por mucho que me doliera pensar en que no estaría a mi lado en los restaurantes que habían sido nuestros sueños durante toda nuestra vida.

El problema era la solución que él había encontrado para conseguir ese espacio y tiempo.

Dejar nuestro negocio se había traducido en una oferta para venderme la mitad de su propiedad tanto del Sublime como del Fantasía.

Te debo un nuevo comienzo Bella y conmigo trabajando en los restaurantes nunca lo tendrás. Me había dicho.

Podía parecer fácil, incluso un gesto benevolente de su parte, pero era uno envenenado. Y lo peor de todo es que nunca me habría dado cuenta de eso si Caius no hubiera insistido en que saber todo lo que estaba pasando, bajo la amenaza de cancelar mi cuenta con ellos si fuera necesario. Yo sabía que nunca lo haría, ni Edward lo permitiría, pero aun así fue suficiente para hacerme confiar en él todo lo que me inquietaba.

Caius había tardado medio segundo en ver lo que a mí, casi dos semanas después, me seguía costando de creer. Había calculado la cantidad de dinero que supondría comprar la parte de Jake para convertirme en la única propietaria de los dos restaurantes y era una suma que no podía asumir con mis humildes ahorros, cosa que requeriría un préstamo bancario. Teniendo en cuenta que ya teníamos uno, que nos concedieron cuando compramos el Sublime, era complicado que alguna entidad lo aceptara o me ampliaran el que ya teníamos y mucho menos asumiéndolo una única persona, por muy sólido que fuera nuestro negocio no era un riesgo que corriera ningún banco.

Había intentado ser optimista pero tras el paso de los días sin avances y una larga procesión para buscar apoyos comenzaba a darme cuenta de la crudeza de la situación en la que estaba metida.

-Bella – me llamó Caius de nuevo, devolviéndome a la realidad – Deduzco por tu cara que tampoco ha habido suerte hoy.

Negué con la cabeza.

Todo era tan difícil.

-No te quiero preocupar más pero – continuó Caius al ver que no le respondía.

- Una vez escuché que todo lo que se dice antes de la palabra pero no tiene importancia – interrumpí intentando sonreír pero no me quedaban fuerzas ni ganas para que fuera sincera.

-He estado repasando con Tanya el expediente de tus restaurantes intentando encontrar algo con lo que ayudarte – Me explicó.

-Y por tu cara deduzco que no encontraste el golpe de suerte – suspiré resignada.

Había aprendido después de tantos meses a conocer las expresiones y el carácter de Caius Volturis y, sin ninguna duda, esa no era su cara de victoria.

-Tanya me explicó que el capital del Fantasía lo aportaste prácticamente todo tú de una herencia que recibiste. – Asentí recordando la discusión que había tenido con Edward sobre la repartición de las acciones, temiéndome lo peor – Jacob figura como el dueño de la mitad de la empresa y como también te está pidiendo su parte del Fantasía…

-Lo que quiere decir que quiere que le pagué por algo que aunque, legalmente sí es suyo, en realidad es mi dinero. – Caius asintió y sentí como la losa que llevaba a mi espalda desde hace unos días me hundía un poco más en la miseria.

-Sí – me afirmó mi deducción – Deberías intentar llegar a un acuerdo con él. Debería renunciar al Fantasía sin ningún lucro ya que él no ha invertido nada en él y ni siquiera ha tenido tiempo de trabajar en él para que pueda hacerse responsable de los beneficios…. Quizás si consigues que solo te quede solventar la parte de Sublime sea más fácil que los bancos cedan o incluso que podamos encontrar algún inversor… - me explicó.

Crédito.

Inversor.

Venta de acciones.

Tantas palabras que se agolpaban en mi mente mientras la dura realidad se estampaba contra mi cara. A Jake no le estaba importando dejarme en la ruina, incluso llevándose un dinero que no le pertenecía.

-No puedo más – confesé ante esa persona que se había convertido en un gran amigo durante todo este tiempo.

Y fue como si al admitirlo en voz alta todas las barreras que habían estado conteniéndome para que no derrumbarme cayeran de golpe y sólo los brazos de Caius lograron hacerme recordar que no estaba sola.

Él e Irina levaban cuidándome en la distancia todos estos días. Mis padres intentaban en la medida que les dejaba ayudarme. Rose, aunque en una posición complicada al ser novia de Emmet, me había mostrado su apoyo en todo momento. Aunque ella había estado incansablemente a mi lado toda nuestra vida. Incluso Tanya me había enviado algún mensaje de ánimo y, muy sutilmente, dejándome claro que su jefe seguía esperándome.

Sentí como Caius me separaba de él.

-Tú y yo vamos a hacer un trato ¿vale? – me preguntó secando las lágrimas que caían por mi cara.

Asentí. Necesitaba que alguien me guiara, que me quitara la presión de pensar si estaba haciendo lo correcto, aunque solo fuera por una noche y Caius era ahora mismo como una lancha salvavidas.

-Ahora mismo vas a coger y te vas a ir directa a casa de tu prima y vas a ver a Edward porque te mueres de ganas tanto como él de verte a ti y verás como con ese simple gesto todo estará un poco más en calma y lo verás con más optimismo – me sonrió con esa ligereza tan característica suya y esta vez sí le devolví una sonrisa sincera.

- Y el resto, absolutamente todo lo demás, lo vas a dejar en mis manos – continuó con una mirada depredadora. Solo la había visto en otra persona, en Edward cuando me hablaba de su revancha contra Aro Volturi. - ¿Entendido? – me preguntó muy serio.

-¡A sus órdenes! – bromeé conmovida por todo lo que me estaba ayudando Caius.

-Así me gusta que la gente me haga caso a la primera. Y ahora creo que tienes a alguien a quien felicitar esta noche – me apremió tirando de mí para salir del restaurante.

Esos momentos con Edward parados en medio de la calle me habían llenado de energía. Parecía una tontería, pero sentir que él seguía ahí me daba más fuerzas para intentar arreglar este embrollo.

Sabía que podría haber vuelto con él sin esperar a solucionar toda la situación con Jake, pero necesitaba hacer esto sola. O todo lo sola que podía estar rodeada de la gente que me quería y apoyaba… pero necesitaba saber que estos pasos los estaba dando porque era una decisión completamente mía y no había nadie que me empujara a ello. Que con el paso de los años no me arrepentiría de romper la relación con Jake… porque por mucho que él se empeñara en decir que esto no era una despedida, sino un hasta luego, yo no podía ser tan optimista. Sonaba todo demasiado definitivo. Y también lo sentía así. Como si mi corazón y mi mente ya hubieran cerrado esa etapa.

-Auch – murmurré para mí cuando el dolor de mi uña rota por estar mordiéndolas sin piedad me atravesó.

Hacía años que no me mordía las uñas pero mientras subía con el ascensor hasta la planta veinte del rascacielos que tan familiar se había vuelto para mí, mis nervios me jugaron una mala pasada.

Durante una semana y media desde nuestro encuentro en casa de Rose había estado hablando con Edward por mensaje. Nada muy íntimo ni extenso. Algunos mensajes de buenos días, algunos te echo de menos…. Había comenzado él y no pude controlarme en contestarle. No habíamos hablado seriamente de nada y sabía que era irrelevante sín esa conversación pendiente que teníamos, pero me servía para mejorar mi ánimo. Pero ante la perspectiva de encontrarme con él cara a cara, de nuevo, volvía a sentirme como una adolescente ante su primera cita.

Escuché la campanita que anunciaba que había llegado a Volturi & Cullen Assesment. Salí del cubículo esperando encontrar algo diferente debido al cambio de dueños, pero la realidad era que nada había cambiado, aunque había algo intangible en el ambiente sí se notaba transformado. Era algo sutil pero era como si los trabajadores estuvieran más distendidos, más felices.

Me preguntaba qué pensarían mis trabajadores de todos los cambios que estaban sufriendo debido a los problemas entre Jake y yo y si los clientes notarían la diferencia igual que la había palpado yo al entrar aquí.

-¡Bella! – escuché la voz sorprendida de Tanya.

-Hola Tanya… Me he quedado embobada, lo siento… - me di cuenta entonces que mis pasos me habían llevado inconscientemente hasta su escritorio, aun cuando había quedado en encontrarme con Caius, así que no tenía sentido que estuviera delante del despacho de Edward.

-En verdad nos encuentras de casualidad… Estamos comenzando hacer el traslado de oficinas… ya sabes por lo del cambio en presidencia – me explicó ilusionada y algo nerviosa.

-Claro, supongo que ahora Edward necesita el sillón presidencial de los jefazos para poder trabajar– bromeé.

-Si te soy sincero prefiero un lado en tu sillón – me sorprendió la voz grave de Edward a mis espaldas.

Me giré con una mezcla de alegría por volverlo a ver y nerviosismo por compartir espacio con él. Por teléfono todo era más fácil.

-Yo iré a llevar unas carpetas a... Algún lado. ¡Adiós! – dijo Tanya sin que le prestaremos mucha atención.

-No sabía que vendrías. ¿Hay algún problema? – preguntó acercándose un poco más a mí pero manteniendo cierta distancia de seguridad.

-Caius… me… me ha llamado para… lo de los preparativos de la fiesta que vais a ofrecer…. Sí, eso. – intenté salir del paso con la primera excusa que se me ocurrió y yo solita me había vuelto a meter en un follón.

No tenía tiempo ni para respirar, mucho menos para preparar una hipotética comida. ¡Maldita sea ni tan siquiera sabía si iban a ofrecer comida en la dichosa fiesta! Y solamente sabía de la fiesta porque a Caius se le había escapado anoche cuando vino al restaurante y con aire misterioso me pidió que viniera aquí que necesitaba mostrarme algo. Obviamente, no aceptó un no por respuesta.

-Vaya, las noticias vuelan… - me dijo con algo de decepción –

Intenté sonreír pero no sabía que decirle. Necesitaba saber qué narices era tan urgente para que Caius me hiciera venir sin espera a la empresa.

-Yo debería buscar a Caius… No puedo ausentarme mucho de los restaurantes. – me disculpé porque aunque no quería hacer otra cosa que estar con él, aquí parados como dos idiotas, tenía que llegar dentro de una hora al restaurante para comenzar el servicio del mediodía.

Estos días me dividida, lo mejor que podía, entre el Sublime y el Fantasía.

Edward asintió en silencio, pero cuando pasé por su lado su mano cogió a la mía para detener mis pasos.

-Me hubiese gustado llamarte para invitarte personalmente – me explicó.

-A mí me hubiese gustado recibir esa llamada, pero estamos condenados a que alguien nos interrumpa – le contesté haciéndolo sonreír aunque con un aire melancólico.

-¡Bella! ¡Ya era hora que llegaras! Vamos, por aquí – me apremió Caius desde el otro lado del pasillo.

-Creo que lo he invocado – bromeé antes de marcharme intentando no volver la situación más incómoda.

Lo seguí hasta su despacho deseosa de que soltara de una vez todo lo que tenía que decirme.

La oficina de Caius era muy grande, con grandes ventanales de cristal por dónde entraba más luz de la que realmente había en esta ciudad casi siempre encapotada. Me sorprendía que a pesar de todas las veces que había estado en estas oficinas nunca había entrado en el espacio personal de Caius. Se sentía tan diferente al de Edward… No era como estar en casa.

-Habla ya – le apremié mientras él cerraba la puerta. – Bueno… antes de que hables creo que acabo de autofrecerme para preparar el catering para vuestra fiesta… No preguntes. – le avisé para que me siguiera el rollo si Edward le decía algo.

-No entiendo porque no se lo cuentas – volvió a decirme haciéndome bufar – Pero vale, tú decides… Toma – me dijo acercándome una carpeta una vez ya se había sentado.

La abrí sin perder un segundo.

Intenté ir al meollo entre tanta palabreja que no entendía. Todos los meses con Edward preparando el lanzamiento del Fantasía me habían dado una buena preparación. No era una experta, ni mucho menos, pero los conceptos básicos los tenía controlados. Si este documento no era demasiado técnico lo debería de entender.

-Ha firmado. – declaré en voz alta al ver la firma de Jake en el acuerdo.

No sabía cómo lo había conseguido Caius pero, al final, Jake había renunciado a sus acciones del Fantasía evitando que lo tuviera que compensar económicamente, dejándome así solo con la mitad de mis problemas.

-Mi trabajo me ha costado, pero no insistas no te voy a contar mis armas secretas de negociación. Debería matarte entonces – me guiñó un ojo, negándose a explicarme nada como había hecho durante más de una semana.

Según Caius era su proceso de negociación y no debía entrometerme. Lo único que me había dejado muy claro es que solo le preocupaba mi beneficio y que no descansaría hasta conseguirlo. Y por lo que me había contado siempre Edward sobre él era cierto, lo sentía por Jake.

Jake no me había hecho ningún comentario. Nos veíamos en el Sublime de vez en cuando pero nuestro contacto era prácticamente nulo. Dolía, pero supongo que era algo a lo que debería acostumbrarme.

-¿Y esa carpeta? – le pregunté al ver otro dossier también llevaba mi nombre resguardado debajo de sus manos.

-En esta carpeta hay guardad una discusión en potencia entre tú y yo… pero quiero que me escuches con la mente abierta antes de mandarme a la mierda. – me previno y aunque también me acercó los documentos, esta vez con menos ganas que antes, como si tuviera miedo de mi reacción

-Habla – le dije antes de abrirla.

-Quiero ser tu socio capitalista. Sería más un inversor que otra cosa… Mis talentos culinarios no te harán sombra, no te preocupes – intentó distender la conversación con esa broma pero estaba nervioso.

-¿Y porque querrías eso? – intenté entender todo antes de chillarle que se había vuelto completamente loco.

Al parecer yo no era la única en esta habitación que había aprendido a conocer al que tenía delante. Caius también me conocía lo suficiente para saber que no me hacía ni chispa de gracia tener que depender de la gente, y mucho menos, de su dinero.

-Porque te aprecio mucho. Porque sé lo que has trabajado en ese restaurante. Porque el Sublime lo conozco casi mejor que mi casa – bromeó haciéndome reír con esto último – Porque he visto los números y sé que es un gran negocio, yo nunca apuesto en causas perdidas…. Pero sobretodo porque eres mi amiga y lo necesitas. Tengo el dinero, y no es por sonar petulante pero sabes que ni tan siquiera va a suponer una quiebra en mis finanzas, y me cabrea soberanamente pensar que por tu cabezonería no aceptarías algo que yo te puedo ofrecer. – me explicó muy serio.

-No sé qué decir – le contesté tan enfadada conmigo misma por verme en esa situación como emocionada por su ofrecimiento de ayuda desinteresado.

Casi estaba contemplando el aceptar su favor. Casi.

-Al menos no es un no, y la verdad agradezco que no me hayas tirado nada a la cabeza – me contestó soltando aire de sus pulmones - Vamos a hacer una cosa, llévate esa carpeta a casa y estúdialo con calma. Dame una respuesta en unos días… quizás la querrás adjuntar a tu presupuesto para el catering de la cena de Volturi & Cullen Assesment. – acabó apoyándose en su silla mucho más tranquilo que antes y con esa sonrisa que nunca lo abandonaba y que tanto me gustaba en él.

El Caius feliz era su mejor versión porque era como una onda expansiva. Todo el mundo a su alrededor se veía contagiado.

-Idiota. – le repliqué guardándome el documento en cuestión.

-Cabezota. – me contestó de vuelta.

Por primera en este mes en el que mi vida llevaba al revés me había tomado la noche libre. Bueno, no exactamente, pero había plegado a las diez que ya era un gran logro para mí estos días. Había decidido echar un vistazo a la propuesta que me había hecho Caius.

Crooshancks y una copa de vino blanco bien frio eran mis únicas acompañantes esta noche.

Me seguía sorprendiendo, a la vez que conmoviendo, pensar que Caius hubiera llegado a apreciarme tanto como para ayudarme de esa manera. Él se había ganado un lugar en mi corazón con su buen humor, su forma sencilla de ver la vida y con todo lo que me había ayudado, y seguía haciendo, sin pedir nunca nada a cambio.

El problema era que no entendía nada de estás clausulas y mi búsqueda en Google solo había hecho que llenarme de más dudas. Durante estos meses de trabajo había aprendido algunos conceptos básicos que me permitían defenderme, pero esto era demasiado para mí. Normalmente las cosas más complicadas siempre me las aclaraba Edward que, sin saber cómo, hacía fácil lo difícil pero ahora no estaba aquí.

No entiendo porque no se lo dices

Escuché la voz de Caius chillarme a través de mis neuronas.

Me parece bien que le des la patada a Jacob pero no entiendo porque tienes que estar apartada de Edward.

Recordé como Rose me había regañado en cada ocasión que había tenido la oportunidad, incluso cuando me había pedido que fuera su dama de honor no había dudado en meter cucharada.

Ay, cariño pero si hacíais una pareja adorable. Estás siendo una testaruda. ¡No te va a esperar eternamente!

Recordé como me chillaba mi madre consternada cada vez que me llamaba y le continuaba asegurando que sabía lo que hacía por eso Edward y yo seguíamos separados.

Pero ya no estaba tan segura.

Me levanté decidida poniéndome rápidamente mis deportivas. Iba vestida con unos pantalones deportivos y una camiseta ancha, así que eso debería servir.

Cogí la carpeta con todos los papeles que Caius me había dado, las llaves de mi casa y con más decisión de la que había sentido en mucho tiempo salí disparada hasta el número cincuenta y seis de mi misma calle.

La puerta de la calle estaba abierta, para mi suerte, así que me dirigí directamente hasta el apartamento de Edward.

Toqué el timbre esperanzada para que no estuviera durmiendo, aunque sabía que era improbable, él solía irse más tarde a descansar. Aunque no tenía ni idea de sus horarios durante este último mes, así que podría estar en cualquier lado ahora mismo.

Y bueno, esperaba sobretodo que me abriera la puerta. No le culparía si estuviera un poco resentido conmigo…. Solamente deseaba que no fuera nada tan grave como para no darme una nueva oportunidad. Después de todo lo que había pasado, sabía que si quería recuperar a Edward, aparte de darle todas las explicaciones necesarias, debería esforzarme para demostrarle que creía en nosotros, que todo lo que yo le había pedido con respecto a Jessica, también me lo aplicaba a mí misma.

Y aunque sabía que Edward no era rencoroso ni me había demostrado estar especialmente enfadado conmigo en las dos ocasiones que nos habíamos visto ahora, parada delante de su puerta como un pasmarote, solo podía pensar en que no quisiera abrirme.

¡Malditos nervios e inseguridades!

La puerta se abrió, finalmente, haciéndome olvidar todas mis dudas para dejarme contemplar a un muy sorprendido Edward.

-No sabes cuánto llevo esperándote – declaró, después de mirarme en silencio durante casi una eternidad, con su espectacular sonrisa torcida.

Me miraba como si fuera la última persona en la tierra.

Y en ese momento mi mundo volvió a girar.

[**]

.

NA:

¿Qué os ha parecido?

Muchas hacíais vuestras apuesta durante esta semana para adivinar qué era lo que le había pasado a Bella y muchas habéis acertado. Efectivamente, Jacob y ella han roto toda relación. Algo que creo que ha quedado bastante claro (muchas veces para desesperación del Team Edward) es que Bella siempre ha querido salvar la amistad con Jake así que me hubiese parecido ilógico que ella no hubiera sufrido al ver que tenía que romper su amistad y encima de la manera en que lo hace. Por eso ha pecado de ser un poco extrema.

¿Qué pensáis que pasara ahora?

Como siempre ya sabéis que espero vuestras teorías. Me encanta leeros, paso un rato genial haciéndolo.

PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: VIERNES.

Nos leemos en el próximo,

Saludos!