Resumen del capítulo:

Las sombras del pasado abruman la mente del demonio mientras el ángel construye un castillo de papel. La nieve no se derrite aunque el fuego destruye todo a su paso, pero el demonio no dejará ir al ángel... porque ya ha cortado sus alas.

"Mis manos destruyen todo lo que tocan, pero no puedo dejarte ir, así que sígueme a la oscuridad"


Es asquerosa la sensación de suciedad en mis manos, más bien, todo yo estoy sucio. Me tallo violentamente sin atreverme a alzar la vista del lavamanos. Tengo miedo del espejo, de la imagen que pueda devolverme de mí mismo. Rasco con fuerza en mi brazos, entre mis dedos y el dorso; uso mis uñas, pero por más que me desprendo más y más capaz de piel, la sangre no sale.

Manchar tus manos de sangre y pretender que no te ha afectado de ninguna manera, es mentirte a ti mismo.

Dejo de tallarme las palmas violentamente para girar hacia el dueño de esa voz. Está recostado al umbral de la entrada con un pie apoyado en el marco. Le devuelvo una mirada iracunda y un chasquido de mis dientes, pero él sólo sonríe con esa socarronería que tanto odio.

— ¿Qué coño quieres ahora, Dabi?

Dabi baja la cabeza con una expresión indescifrable, entra en el cubículo con las manos en los bolsillos, su porte es desgarbado y flojo; a pesar de esto, luce más intimidante que cualquiera de los idiotas que se reúnen en esta guarida. Tal vez, se deba a que oculta algo. Dabi es un hombre lleno de secretos y eso, definitivamente lo hace peligroso.

—Nada —se detiene en frente de mí y se encoge de hombros de forma despreocupada. El silencio se mantiene entre nosotros como si un abismo nos separase, pero ambos estamos plenamente conscientes de la presencia del otro. Dabi me analiza y yo también, entonces pregunta—: ¿cómo lo llevas? Es tu primer asesinato, ¿no?

Honestamente no muy bien. Pensé que sería mucho más sencillo sobrellevar el peso de una vida sobre mí siempre y cuando fuesen enemigos. Los Ocho Preceptos no fueron oponentes fáciles y tuve que cargarme a más de uno.

Por primera vez usé mi Quirk para matar.

Ni siquiera sabía que mis explosiones podrían llegar a ser tan mortíferas. Ni siquiera sabía que la carne podía quemarse y desgarrarse con tanta facilidad. La viscosidad de la sangre sobre mi cara y mis manos aún me provoca arcadas, pero no debo mostrarme débil. Menos en frente de este sujeto.

—De maravilla —respondo y paso por su lado, golpeándolo con mi hombro.

Desde que me uní a la Alianza de Tarados, Dabi ha querido acercarse a mí con aparentes buenas intenciones, aunque soy capaz de ver la molesta procacidad de sus ojos. Él quiere algo de mí, sólo que no sé qué.

Apenas doy un paso fuera del baño, Dabi agarra mi brazo. Sus dedos largos y huesudos se entierran en mi carne con toda la intención de hacerse notar. Me detengo, pero le sigo dando la espalda. Me limito a inclinar mi vista hacia ese molesto agarre con una ceja levantada. Su palma ha comenzado a calentarse a tal punto que un delgado hilillo de humo sale de entre sus dedos. Me está quemando con el fin de amenazarme, pero me mantengo firme y, sin amedrentarme, alzo la mirada por encima de mi hombro para verlo de soslayo.

—Dime, Black Vacuum —dice mi nombre de villano con un irritante toque de satirismo, pero lo dejo pasar—, ¿será que no eres tan malo como nos quieres hacer ver, o sólo tuviste un desliz de tu arraigado heroísmo?

Sé exactamente de qué está hablando.

No obstante, guardo silencio, vuelvo a mirar su mano —que aún sostiene mi codo— y agarro su muñeca con fuerza. Él amplía su cínica sonrisa cuando empleo el mismo truco que él y hago que mi palma se caliente hasta que su muñeca supura por el calor de mi agarre.

—Eso... no te incumbe. —Le hago saber, sacando su mano de mi codo sin mucho cuidado. Él la sostiene contra su pecho, aunque no parece dolerle la quemadura—. Lo que yo haga o deje de hacer no le interesa a nadie más que a mí, cara cocida.

Él inclina su cabeza con curiosidad y yo levanto mi mano buena de inmediato, con pequeñas chispas revoloteando de entre mis dedos.

—No me temblará la mano para mandarte a volar. —Es una advertencia clara.

Dabi alza los brazos con las palmas hacia afuera y se encoge de hombros una vez más. —Piensa que soy un camarada preocupado. No puedes tenernos a todos de enemigos, Black Vacuum. Te conviene, al menos, tener un aliado.

—No me interesa —relajo mi postura y sigo caminando, pero él me sigue al pasillo. Sé que no pretende alcanzarme porque mis pasos son más rápidos que los suyos, pero me irrita que me siga, por lo que me volteo y grito—: ¿Qué demonios quieres? Déjame en paz.

Dabi responde empujando una de las comisuras de sus labios hacia arriba.

—Sólo quiero saber en dónde la escondes.

Su insistencia me irrita a niveles inesperados. ¿Por qué está tan interesado en ella? Sólo es una niña que apenas puede manejar su Quirk.

— ¿Para qué? —pregunto, al cabo de unos segundos.

—Por la misma razón que tú la escondes.

Alzo una ceja y Dabi se acerca rascándose la parte trasera de su cabeza con esa flojera que tanto lo caracteriza.

—Escucha, no quiero hacerle nada... demasiado malo. —Suelta una risita que a mí no me provoca ni una pizca de gracia—. En fin, quién sabe cuántas veces murió en manos de Chisaki para luego ser resucitada y torturada de nuevo. Conozco el dolor de primera mano —dice, señalando las costuras metálicas que adornan su piel—. Sé que dejarás de protegerla tarde o temprano. Te largarás en cuanto cumplas tu objetivo, ¿no es así?

Me exalto ante eso último. — ¿Cómo lo sabes?

—Hay que ser un idiota para creer que te uniste a La Liga sólo porque sí. —Me señala por completo con su dedo largo y quemado, como si yo fuese la personificación de lo desagradable—. Eras un héroe, y un héroe no se convierte de pronto en villano por simple amor al arte. Tienes un plan en mente y créeme, no me interesa. Lo único que quiero es que cuando lo mandes todo a al carajo, dejes a esa mocosa a mi cuidado.

—Esto es inesperado —suelto una risita de burla que a Dabi le provoca un fruncimiento de su ceño—. Tú, el gran psicópata, preocupado por una niña pequeña. Ahora lo he visto todo.

—Bakugô —dice a modo de advertencia y yo estallo a carcajadas.

— ¿Es una broma? ¿Se supone que tengo que conmoverme con tu historia de mierda y darte el paradero de la mocosa? No sé si eres ingenuo o estúpido.

Dabi ha dejado de lado todo su humor, se yergue en frente de mí con su gran altura, la barbilla alta y sus ojos son, de momento, una tormenta de colores azules y verdes, como el aguamarina. Repito, Dabi es todo un misterio, y por eso es peligroso.

—Esa niña tiene un poder devastador. —Dice y el fuego ha inundado sus irises—. Es más de lo que puedes manejar.

Dejo de sonreír y le dirijo una mirada taimada. —Así que es eso.

—No podrás manejarla. Ella es una bomba de tiempo y ni siquiera All For One será capaz de detenerla. —Levanta sus palmas, éstas emiten una suave flama azulada. Dabi las observa como si fuesen la cosa más interesante del mundo—. Ella puede destruir Quirks, de nada sirve que se encariñe contigo, porque de igual forma te destruirá.

— ¿Ah, sí? —Cambio el peso de mi cuerpo a mi otro pie mientras llevo mi pulgar a mi mentón—. Esa es una información muy interesante. Te lo agradezco. —Giro sobre mi eje con la intención de marcharme, al tiempo que hago un gesto de despedida con mi mano. Sin embargo lo miro de reojo, porque no confío en él lo suficiente como regalarle una apertura en mi defensa.

Justo como predije, un enfurecido Dabi alza su mano y me dispara una ola de fuego azul que consigo esquivar sin problemas. Sabía que me atacaría. No es la primera vez que nos enfrentamos y sé que no será la última. Sonrío mientras me propulso con mis manos hacia él. Las ganas de partirle la cara hacen que mis palmas piquen.

Dabi pretende lanzarme otro ataque de sus llamas, pero yo soy más rápido. Él sólo tiene tiempo de cruzar las manos en frente de su cara para protegerse de la explosión que lo manda a volar hasta la próxima pared. Aterrizo en cuclillas con una mano en el suelo y tenso mis dedos, preparando otra explosión.

Escucho una carcajada profunda y ronca proveniente de la montaña de escombros que hizo el cuerpo de Dabi al incrustarse en la pared y luego caer. —Supongo que esto prueba... que no cambiarás de parecer —dice, levantándose de entre las piedras mientras limpia el hilo de sangre de su barbilla.

—Supongo que dejarás de tocarme las pelotas. —Le digo, irguiéndome en mis dos piernas.

Su sonrisa se amplía por toda su cara, siniestra, descabellada. No es un gesto de felicidad, más bien es de locura. Y al ver sus ojos extasiados, sólo puedo confirmar cuan asqueado me siento ante la presencia de este lunático.

—De acuerdo, no pelearé contigo. Y no te obligaré a decirme del paradero de esa mocosa. Pero recuerda, una vez cumplas tu objetivo y te largues de aquí, deberás dejármela. Ella es un peligro para La Liga.

No lo escucho, no me interesa sus advertencias ni mucho menos sus ambiciones. Dabi grita algo detrás de mí, pero lo ignoro y salgo de la guarida. No confío en él, no confío en nadie. Todos aquí son demonios, seres despreciables y sedientos de sangre..., incluyéndome.


— ¡Bakugô! Reacciona o tendré que golpearte.

La voz amortiguada de Kirishima se cuela en la bruma de mi sueño. Algo cálido y confortable me envuelve. Abro los ojos de inmediato. Mi respiración desenfrenada es todo un caos. Cuando las nubes semitransparentes que nublan mi visión desaparecen, me percato que Kirishima está a mi lado con las manos en mis hombros, como si me hubiese estado sacudiendo.

Las sudoraciones hacen que las sábanas se peguen a mi torso y que el intenso calor me sofoque. Sin embargo no hace calor. El clima gélido deja entrar una brisa helada desde la ventana. La nieve se acumula en el alfeizar y cubre el paisaje de blanco. Recuerdo el bosque marchito y la luna en lo alto. Por otro lado, los rayos del sol golpean la nieve sin llegar a derretirla, creando un espectáculo de luces que me lastiman la córnea.

Un gemido estrangulado brota de mi garganta, pero es débil comparado al dolor que tortura mis extremidades y la parte inferior de mi torso. Parpadeo, completamente confundido y hago el amago de sentarme, pero en el instante que comienzo a moverme, el dolor quema y sacude cada parte de mi cuerpo. Kirishima hace presión sobre mis hombros, logrando así que me quede completamente horizontal.

—No te levantes, se abrirán tus heridas.

Inmediatamente levanto las sábanas que me cubrían hasta las axilas, percatándome que mi torso, mis brazos y al parecer mis piernas, están cubiertos por un vendaje poco profesional. Mis heridas son peores de lo que recordaba. El zumbido en mis oídos es insoportable, pero trato de absorber el fuego que lame mi piel magullada y llena de cardenales.

Tomo un par de inspiraciones profundas para relajarme. Cuando finalmente logro tomar el control de mi respiración, trato de mirar algo más que mi lado derecho. Kirishima y la ventana cubierta de nieve desaparecen de mi campo de visión. Aprecio, apenas, que el techo sobre nosotros es de madera y que a mi lado izquierdo sólo hay una mesa con una lámpara nocturna y un armario pequeño con puertas de espejo.

Mi reflejo es horrible, debo admitir.

— ¿Dónde está Deku?

Kirishima señala a una butaca de madera más allá de la ventana, a los pies de la cama. Me levanto un poco sosteniéndome sobre mis codos para poder mirarlo. Deku está hecho una bola, durmiendo en una incómoda posición con una delgada manta cubriéndolo. Suspiro aliviado cuando percibo que su única herida es el golpe en su frente, ahora cubierto por un parche de gasa.

Entonces observo a Kirishima, él está lesionado, pero entero. Los cortes en sus antebrazos fueron atendidos por el mismo profesional que atendió mis heridas.

—Él ha estado cuidándote toda la noche. Intenté convenserlo de que se fuera a dormir a la otra habitación, pero se rehusó.

— ¿Y tú? Tienes una cara horrible —digo, porque sus ojeras han derrumbado su siempre juvenil y alegre semblante.

—En realidad no he dormido nada. Deku y yo nos turnamos la guardia por si alguno de esos villanos nos seguían la pista.

Guardo silencio mientras proceso toda esa información. Cuando logro relajarme, los recuerdos empiezan a tomar forma en mi cabeza. Dejo de mezclar los días en que estaba en La Liga con los días que he pasado en este universo. Dabi no está aquí y Eri aún está escondida. Los Ocho Preceptos no podrán encontrarla a menos que yo revele su paradero, por eso no pueden matarme. Pero pueden matar a Kirishima y a Deku para hacerme hablar. Tengo que mantenerlos alejados.

—Dudo que lo hagan tan pronto —ignoro la advertencia de Kirishima y de todas maneras me siento, porque no soporto estar postrado en una cama como un inútil. He soportado heridas peores, esto no me matará. Mi cuerpo entero reacciona debido al escozor, pero lo ignoro. Lo ignoro porque lo único que quiero es trazar un plan para mantenernos a salvo.

Kirishima se resigna y deja de alegar porque me recueste, entonces se sienta a mi lado en la cama y cruza los brazos. — ¿Por qué estás tan seguro? Ellos te encontraron aunque te encuentras en otro jodido universo.

—Overhaul necesita fuerzas para volver a enfrentarse a mí. —Digo, porque es cierto. Ese bastardo no irá detrás de mí si no está al cien por ciento, porque sabe que soy más poderoso que él. Si no estuviese herido y con Deku a cuestas en el momento que llegó, el resultado de esa batalla habría sido muy diferente.

—Lo imaginé.

Me sobresalto ante la voz de Deku. Él ahoga un bostezo colosal con el dorso de su mano mientras aparta las sábanas para levantarse de la silla. Su espalda cruje cuando se estira para reacomodar sus huesos y hace una mueca de dolor.

— ¿Estás bien? —es lo primero que sale de mi boca y él suelta una sonrisita tímida, muy suya.

—Esa debería ser mi frase. Te hicieron un colador. —Su voz aguda y aniñada invade todo mi sistema.

Una sonrisa tira de las comisuras de mis labios y siento cómo mi corazón bombea feroz contra mis costillas. El simple hecho de saber que está a salvo, alivia el peso que hundía mis hombros hasta ahora.

— ¡Ja! Deberías ver cómo quedó el otro —él ríe junto a Kirishima y yo siento una gota de calor en mi pecho. Me embriago con el cálido sonido de su risa que es sólo amortiguado por el ruido de mi respiración trabajosa. En este momento, todo parece correcto.

Deku hace su recorrido a través de la habitación, se detiene en el lado contrario a Kirishima y se sienta a mi lado, manteniendo una distancia prudencial. Hago el intento de levantar mi mano para acariciar su cabello, pero él se voltea hacia Kirishima, escuchando sus exageradas quejas de dolor por sus antebrazos. Mi mano queda suspendida en el aire un segundo y luego la dejo caer, resignado.

— ¿Entonces a qué te referías con que lo habías imaginado? —pregunta Kirishima, continuando con la plática.

—Overhaul mostró debilidad en sus últimos ataques. Su control sobre su Quirk se volvió inestable —dice Deku, completamente serio—, además de que su piel de repente se cubrió de alguna especie de irritación.

—Son los efectos secundarios de su Quirk —le hago saber y él asiente—. Tan observador como siempre, maldito nerd.

—No lo puedo evitar. —Dice desviando la mirada, desconectándola de la mía. Sus ojos están en todas partes debido a su nerviosismo.

—Lo sé —entrelazo nuestros dedos sobre la cama, pero él se aparta inmediatamente. Recoge su mano, la presiona contra su pecho y me da la espalda.

Aún no quiere que lo toque. Una vez que ha pasado el peligro, sus miedos hacia mí se han restablecido e irremediablemente me siento como la peor clase de mierda.

Kirishima mueve sus ojos de Deku a mí como si estuviese en un partido de pimpón, confundido por nuestro extraño comportamiento. — ¿Me perdí de algo?

—No te preocupes, Kirishima-kun. —Dice Deku, levantándose de la cama para encaminarse a la salida de la habitación—. ¿Quieren comer algo? Encontré refrigerios en la cocina.

—Ve —doy la orden y él obedece de inmediato. No quiero que se sienta incómodo. Fui un imbécil y sé que tengo que esforzarme para que vuelva a confiar en mí. Pero ahora, debo centrarme en protegerlo aunque me odie. Una vez que él nos deja solos, dirijo toda mi atención a Kirishima—. Escupe.

Él parpadea una vez. — ¿Qué?

— ¿Qué es eso que tienes que decirme?

— ¿Cómo sabes que quiero decirte algo?

—Tu cara es un libro abierto —digo mientras me permito hacer una mueca de sorna y él hace un puchero. Soy un poco más específico—. Te dije que no me buscaras a menos que ocurriera algo importante. Y sin embargo estabas ahí cuando se desató el ataque. ¿Tenías que decirme algo?

Kirishima se lo piensa por un momento. Está lleno de nervios, se rasca la cabeza de forma desesperada, aprieta sus dientes afilados y mira de vez en cuando hacia la puerta, como si temiese que alguien le escuche.

—No sé si es un buen momento para...

—Sólo dilo.

—Bien —aprieta los puños sobre sus rodillas, sé que está tenso y que le cuesta hablar. Sus cejas juntas en medio de su frente me alertan que, lo que sea que vaya a decirme, es algo muy serio y trago el nudo que se construye en mi garganta. Kirishima suelta un pesado aire de sus pulmones, entonces dice—: Es sobre 'Mamá Midoriya'.

Inmediatamente me tenso. — ¿Qué pasa con ella?

Kirishima se mueve incómodo, rasguña los vendajes de su antebrazo, se toma su tiempo respirando pesadamente antes de decir—: No pude hacer nada por ella, Katsubro. —Sus ojos se humedecen y muerde sus labios con furia—. Ella murió.

— ¿Qué? —Me sobresalto. Mi cuerpo se estremece y cada corte en mi piel quema y escuece como si estuviese sudando lava hirviendo, pero no me importa—. ¿Cómo? ¿Qué sucedió?

—No estoy muy seguro —un músculo se mueve en la mandíbula de Kirishima, puedo ver que incluso le cuesta respirar adecuadamente—. Fui a verla en la mañana, ya sabes, para vigilar. Me pareció extraño encontrar que la puerta de entrada estaba forzada y... no lo pensé, hermano. Entré en la casa. ¡Todo estaba de cabeza!, paredes derrumbadas, muebles destrozados..., y Mamá Midoriya... Ella...

— ¿Ella qué?

Las venas en los brazos de Kirishima se han hinchado por lo fuerte que aprieta sus puños. Está abatido y ni siquiera puedo decirle algo que lo consuele.

—Fue horrible. Ella estaba apuntalada a la pared..., había mucha sangre y... ella aún estaba viva cuando traté de bajarla. Desearía haberla encontrado antes..., cuando llegaron los paramédicos ya nos había dejado. ¡Ella sólo lloró en sus últimos momentos, bro! ¡Preguntaba por su bebé y ni siquiera tuve tiempo de decirle que estaba bien! ¡Que Deku en realidad no había desaparecido!

La respiración se me atasca en el espacio de mi garganta y tengo que abrir la boca para respirar como se debe. Mis pulmones sólo decidieron dejar de funcionar. Maldición. Esto es algo inesperado y definitivamente malo. ¿Quién pudo hacer algo así? Estoy seguro que Inko no tiene enemigos, era una buena mujer. Deku estará devastado, ¿qué puedo hacer? ¿Debería ocultárselo? Pero tarde o temprano él lo descubrirá.

Él me odiará.

Agarro el brazo de Kirishima y él me mira con horror. — ¿Encontraste algo más? Un indicio de quién haya hecho esto.

Kirishima boquea hasta que logra que las palabras no se ahoguen sobre su lengua—: La pared donde la habían apuntalado tenía un mensaje escrito con su propia sangre. —Él traga duro, entonces continúa—. Decía: Te encontré.

Toda la sangre se agolpa en mis pies y me congelo. Es entonces que comprendo todo. Las respuestas caen sobre mí como un balde de agua fría. Todo mi cuerpo tiembla y me siento, definitivamente, como veinte variedades de imbécil.

—Chisaki. —Mascullo, como si su simple nombre fuese la respuesta de este misterio.

—Lo único que se me ocurrió fue ir a avisarte —continúa—, pero cuando llegué, vi que tenías tus propios problemas. Casi nos matan. Así que... necesito saber —él se levanta para atrapar mis hombros y me sacude, mirándome a los ojos en busca de una respuesta—. ¿Esto tiene que ver contigo? ¿Tú provocaste esto?

Desvío la mirada de él, mis dientes rechinan por lo duro que aprieto la mandíbula. No quiero mentirle. Sé que debo ser honesto por una maldita vez y advertirle del peligro que nos asecha, pero... —Se trata de la misma persona. Chisaki Kai. Un tipo extremadamente despiadado. Él estaba detrás de mí, pero aparentemente prefirió atacar primero a los puntos débiles.

Kirishima me suelta, vuelve a caer sentado y sus ojos se desenfocan mientras digiere toda esta información. — ¿Chisaki Kai? ¿Por qué?

—Él es un líder de la casi extinta Yakuza. Tiene sus métodos poco ortodoxos para hacer las cosas.—Frunzo las cejas, furioso—. No cabe duda de que quería desbalancearme.

—Pero si él te atacó antes de que supieras sobre la muerte de Mamá Midoriya, ¿por qué la mató en primer lugar?

Abro la boca para responder, pero de repente escucho el sonido de algo rompiéndose en mil pedazos proveniente del pasillo. Kirishima me mira con horror y es entonces que la respuesta a su pregunta viene a mí como una bofetada.

Para que la persona más importante para mí... me odie.


[Pov. Deku]

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Llego a la concina con la respiración acelerada. Aún entro en pánico cada vez que Kacchan me toca con algo más que familiaridad. Necesito respirar.

Mi mente se divide en si debería alejarme de él ahora que tengo oportunidad, o quedarme a su lado. Las contradicciones me están volviendo loco, pero si tengo que comparar, prefiero a Kacchan que a Overhaul. Ese hombre parece que quiere despedazarnos hasta que no quede nada de nosotros.

Siento alivio de que todos hayamos salido en una pieza de esa emboscada. A Kirishima-kun apenas lo conozco, pero pasamos toda la noche despiertos y contándonos cosas sin importancia para reducir la tensión y el miedo que aún nos dominaba. Tuvimos que caminar todo un kilómetro llevando a Kacchan en su moto mientras estaba inconsciente. Como ninguno de los dos sabía cómo manejarla, simplemente la empujamos por el sendero húmedo del bosque.

Al percatarse de que estaba descalzo, Kirishima-kun insistió en que usara sus botas a pesar de que me rehusé rotundamente. La otra opción era que subiera en la moto mientras él nos llevaba a Kacchan y a mí, pero eso era demasiado. La moto pesaba mucho, y Kacchan mide casi dos metros, además de que estábamos cuesta arriba. Dejar a Kirishima-kun con todo el trabajo estaba completamente fuera de cuestión, así que acepté a usar sus zapatos.

Kirishima-kun es un buen chico.

Gracias a dios encontramos esta cabaña. De lo contrario no habríamos sobrevivido, estando los tres heridos y perdidos en medio de la nieve. No sé cómo lo habrá hecho Kacchan, pero nos envió bastante lejos de la civilización. Esta zona es, al parecer, usada en el verano para el turismo. Estamos en la cima del tipo de montaña que a los aventureros les gusta explorar. La cabaña de madera cuenta con lo indispensable. Comida enlatada en una pequeña despensa, una concina y hasta un kit de primeros auxilios.

Sacudo la cabeza porque el tipo de construcción de esta casa campestre me es bastante familiar.

El sonido chirriante de la tetera me saca de mi estupor. Me apresuro a sacarla de la flama y preparar el té. También abro una lata de fruta en conserva. Sirvo el melocotón en un plato de cerámica y lo acomodo junto a las tazas de té en una bandeja para llevar el refrigerio a la habitación.

Todos estamos tensos y estoy seguro, que al igual que yo, los chicos aún tienen miedo. No sabemos cuándo volveremos a ser atacados o si tendremos la misma suerte. Ni siquiera sabemos en qué parte del planeta estamos. Intuyo que, aunque el clima no corresponde a esta época del año, aún estamos en Japón. Las etiquetas de la caja de té y las latas de conservas están escritas con Kanjis y no con letras occidentales.

Supongo que le preguntaré a Kacchan cuando se sienta mejor.

Dejé la puerta de la habitación entreabierta porque sabía que volvería con las manos ocupadas. Giro sobre mi eje para empujar la madera con mi espalda, pero soy capaz de percibir las voces roncas susurrantes que provienen del interior. La curiosidad de pronto impide que me mueva y me quedo quieto, escuchando en silencio.

¿Chisaki Kai? ¿Por qué?

Esa es la voz de Kirishima-kun. Agudizo el oído y hago una lucha contra mi respiración nerviosa. Por alguna razón siento calor y tengo la sensación de que no debería estar escuchando a hurtadillas, pero el ambiente denso que se filtra a través de la puerta me advierte que es algo importante.

Mi corazón se acelera por la anticipación.

Él es un líder de la casi extinta Yakuza. Tiene sus métodos poco ortodoxos para hacer las cosas. No cabe duda de que quería desbalancearme.

Kacchan...

Pero si él te atacó antes de que supieras sobre la muerte de Mamá Midoriya, ¿por qué la mató...?

Toda la sangre de mi cuerpo se congela de pronto. Un dolor insoportable se asienta en mis huesos y, de repente, no puedo respirar. Los temblores se vuelven incontrolables, los ojos se me quieren salir de su órbita. No puedo enfocar la vista. No puedo aminorar la sensación enfermiza que se cuela en mis venas y dejo caer la bandeja.

Kirishima dice algo y escucho sus pasos, o los de Kacchan, no estoy seguro. No puedo escuchar o sentir otra cosa que no sea el golpe estridente en mi pecho. El único movimiento que soy capaz de hacer es el de la negación. Mi cabeza se mueve hacia los lados. De todo lo que soy consciente es que ellos están mintiendo, que no están hablando de mi mamá y que esto es una maldita broma.

De pronto, sucede...

La puerta se abre y me giro para enfrentar al responsable. Es Kacchan quien me mira con una mirada llena de terror, los labios separados por un llamado de mi nombre que ha quedado a medias y un temblor descontrolado en sus brazos. Sus manos aprietan el marco de madera y el borde de la puerta a tal punto que éstos crujen y se quiebran debajo de sus dedos. No sé si es furia o sorpresa, pero su expresión ahora mismo, es la personificación de la explosión que se ha desatado en su interior.

Él no quería que lo supiera.

Le sostengo la mirada, aprieto mis puños y muerdo el interior de mis mejillas hasta que el sabor metálico de la sangre inunda mi paladar. Kacchan no se mueve, espera a que yo tenga una reacción. Suelto un quejido que contengo mordiendo mi labio inferior y lloro en frente de él aunque lucho por detener el torrente de lágrimas. Frunzo el ceño porque no quiero seguir llorando pero es imposible.

—Deku... —Él estira su brazo e intenta tocarme, pero no lo dejo, doy un paso hacia atrás y después corro—. ¡Deku!

Kacchan grita detrás de mí, pero no lo escucho, no quiero escucharlo. Sólo sigo corriendo, aunque no tengo la menor idea de a dónde. Simplemente salgo de la cabaña, sintiendo que la sensación helada de la nieve bajo mis pies descalzos me quema y me duele, pero lo soporto y sigo corriendo.

El ardor en mi pecho es insoportable, las lágrimas son incontenibles, el dolor en todo mi cuerpo es lacerante y caótico. Me aferro a la negación como si ésta fuese mi aliada y me convenzo que mi mamá está bien, que me está esperando y que me recibirá con una sonrisa cuando llegue a casa. No puedo dejar de verla, de escucharla, de sentirla. Su rostro sonriente se reproduce en mi cabeza una y otra vez. Su voz dulce me saca un sollozo, la manera en que me mimaba, me protegía y me llamaba mi bebé.

No lo soporto. ¿Por qué? Ella no le haría daño a nadie. Ella es gentil, extraordinaria. Ella le tendería su mano al más vil, con una sonrisa. ¡Ella es la mejor mamá del mundo! ¿Por qué alguien querría hacerle daño? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Por qué...?

Decenas de preguntas se arremolinan en mi cabeza. Me duele... tanto. No puedo pensar con claridad, todo lo que puedo escuchar son mis sollozos y el crujido de mis pies al enterrarse en la nieve. Hay un sentimiento obscuro, vicioso y enfermizo que se apodera de mí, impidiéndome ver otra cosa que no sea el rostro de mi madre.

La ira, el dolor y el resentimiento se mezclan en mi pecho. Hay tanta oscuridad ahora mismo. El mundo entero parece arder mientras el hecho de saber que mi madre ha muerto por culpa de Kacchan se siente en cada uno de mis huesos. Lloro y corro al mismo tiempo. Lo hago hasta que las fuerzas de mi cuerpo se agotan. Hasta que el sufrimiento se transforma en un nuevo aturdimiento y no dejo de torturarme con recuerdos y pensamientos insanos...

— ¡Deku...! —Kacchan grita a mis espaldas. Ha estado detrás de mí todo este tiempo, tratando de alcanzarme a pesar de sus heridas.

La respiración se me atasca de pronto y a pesar de que me empujo más allá de mí mismo, no tengo mucha resistencia. Tropiezo con una rama cubierta de nieve, amortiguo la caída con mis manos pero el golpe es estridente y ya no me puedo mover. El frío ha entumecido mis piernas desnudas, mis pies están quemados y mis dedos congelados. Aun así me arrastro patéticamente impulsándome con mis antebrazos. Necesito huir, aunque aún no sé de qué.

—Deku —Kacchan llega hasta mí. Soy consciente de que tampoco tiene una vestimenta que lo proteja del frío además de sus pantalones, pero me da igual. Él se desploma de rodillas a mi lado y trata de alcanzarme, pero lo aparto con mi brazo.

— ¡No! —sigo sollozando y llorando y arrastrándome. La angustia en la mirada de Kacchan me provoca ganas de vomitar. Casi quiero abalanzarme sobre él y golpearlo hasta sacarle esa expresión resquebrajada. Él no tiene derecho alguno de mirarme de esa forma, no cuando todo esto es su culpa...

—Deku, escucha...

— ¡Déjame en paz!

Un destello de dolor surca sus facciones, aunque tiene el ceño fruncido. Ya no me arrastro porque el frío ha terminado de entumecerme y sólo puedo temblar entre mi llanto y mis sollozos. Hay un silencio abrumador entre los dos, como si un mar estuviese abriéndose paso entre nosotros. Un sonido estrangulado brota de la garganta de Kacchan y sé que está luchando contra sus demonios otra vez. Tiene esa clase de expresión.

—Quiero que te alejes de mí, no te me acerques. No quiero que me toques o que estés a mi alrededor, no quiero... —él no me escucha en lo absoluto. Estira sus brazos hacia mí para ahuecarme el rostro entre sus manos, pero las vuelvo a apartar de un manotazo y él vuelve a intentarlo.

—Puedes golpearme, si te hace sentir mejor.

No me contengo, me sostengo con mis palmas para lograr arrodillarme y con mi puño cerrado, ladeo su cara. Él recibe el golpe en silencio, sin ningún tipo de sorpresa. Sólo está sereno y tranquilo. Esto me enfurece a niveles inesperados y lo golpeo en el pecho, pero él no se mueve. Me mira mientras lo sigo golpeando, entonces se vuelve a acercar. Me arrastro impulsándome con mis pies hasta que un árbol hace contacto con mi espalda, pero él se sigue acercando.

Golpe tras golpe sigo luchando contra su cercanía y él simplemente recibe toda mi furia. Es como luchar contra una pared. Sé que mis golpes le hacen daño porque no he tenido cuidado de esquivar sus heridas y éstas se abrieron otra vez, pero Kacchan lo soporta con una expresión indescifrable.

—Deku, escúchame —dice mientras sostiene mi muñeca justo antes de que le de otro golpe en la cara.

— ¡Es tu maldita culpa! —Grito—. De no ser por ti, mi mamá... —trato de golpearlo con mi otra mano, pero ésta también la sostiene y me sacude una vez, con fuerza. Sostiene ambas muñecas con una mano mientras con la otra me sostiene de las mejillas para que lo mire directamente a los ojos.

Me sacudo a pesar de esto. Los ojos de Kacchan están llenos de una mezcla de dolor e ira. Su acuchillante mirada se clava en mí cuando su abdomen duro y lleno de su propia sangre se empuja contra el mío para inmovilizarme por completo. Entra en mi espacio vital, presionándome contra el tronco del árbol a mi espalda de una manera tan hosca que sólo puedo abrir las piernas para que me aprisione. Caigo sentado, con él sobre mí. En esta posición estoy a su merced, pero sigo luchando y comienzo a patalear.

—Lo es. Yo tengo toda la maldita culpa —dice de repente y me inmovilizo. Mis piernas desesperadas, dejan de moverse, quedando suspendidas en el aire a cada lado de su cintura. Todos mis músculos se aflojan cuando me permito interpretar su mirada y soy capaz de ver el dolor crudo y angustiante que hay en sus ojos.

Está desesperado y una sensación de hundimiento se instala en mi pecho. Sus pupilas son una tormenta escarlata con un brillo cárdeno bastante estremecedor. El arrepentimiento y el dolor se arremolina en el fondo de sus irises y sé... que en verdad lo siente.

Kacchan me suelta en cuanto dejo de luchar.

— ¡Ella está muerta! —Sollozo, aferrándome a sus antebrazos con mis uñas. Suena más a una pregunta que a una afirmación, pero necesito que alguien me diga que es mentira. Que mi mamá estará en casa cuando regrese. Que ella está bien.

Kacchan se aleja de mí. Sus ojos no se apartan de los míos a pesar de esto y puedo notar lo tenso que está. Lo veo en el músculo que se mueve en su mandíbula, en las palpitaciones de las venas de sus brazos, en el desazón de su mirada y en la bajada de su Nuez de Adán. Suspira, el aire sale gélido de su boca, se condensa y se transforma en una nube de vapor que me golpea en los labios. Todo él es el cuadro de la tristeza y el remordimiento.

Niega con la cabeza porque no quiere responderme con la verdad y une su frente con la mía. Mi aliento tembloroso también se hace vapor, golpea su barbilla angulosa y él se inclina hacia delante un poco más.

—Kacchan —lo llamo, con los ojos cerrados mientras mis manos tiemblan desontroladamente—, mátame, por favor.

Un gruñido brota directamente de su garganta y ajusta sus brazos alrededor de mí. —Nunca. —La respuesta sale de sus labios con un toque estrangulado y doloroso, aunque está lleno de determinación.

—Kacchan... ya no lo soporto —me hundo en el hueco debajo de su mentón, acurrucándome en su pecho mientras dejo que las lágrimas calienten mis pómulos—. Por favor... no sé qué haré sin ella...

— ¡No! No lo haré. No lo permitiré. Nunca. —Se aparta de pronto, agarrando mi rostro entre sus palmas, las cuáles emiten un suave calor en mis mejillas congeladas—. No te perderé de nuevo, no puedo... no quiero.

—Kac... —La confusión me invade en ese momento y no tengo tiempo de procesar nada. No puedo analizar ni decir absolutamente nada porque esos labios que se han tornado purpúreos, resecos y fríos, se han unido a los míos en un beso ansioso, desesperado y angustiado.

Continuará...

Nota: siento las demoras, y aún estoy aprendiendo a responder rews. Soy un alma vieja de wattpad. Esta y muchas otras historias de mi autoría las pueden encontrar allí. Os dejo el enlace: user/Mirai97