Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooooola de nuevo!

Aquí estoy con una nueva actualización. Quiero disculparme por los retrasos pero como ya os dije estoy un poco saturada e intento escribir y corregir todo lo que puedo aunque es complicado.

Quiero daros miiiiiiil gracias por ser tan comprensivas y tan majas dejándome siempre comentarios tan y tan bonitos. Los aprecio muchísimo y los leo todos con mucho cariño apreciando siempre el tiempo que le dedicáis al FIC.

Sin más os dejo con Bella.

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PRINCIPIOS Y FINALES.

BPOV

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Caminaba por las calles de Seattle y era como si la ciudad hubiera cambiado completamente.

En estas últimas semanas había aprendido que solo unas horas pueden marcar la diferencia. La noche anterior me había decidido a ir a casa de Edward de una vez y todo había ido mucho mejor de lo que habría imaginado.

Edward fue maravilloso e increíblemente irresistible.

Me escuchó con atención cuando le explicaba todo lo que me había sucedido durante este mes que habíamos estado separados y respetó mis motivos para mantenerlo alejado. Se había preocupado por mi sufrimiento durante este tiempo y después…. El maldito me había derretido con sus besos, caricias y miradas hasta que acabamos enredados en el sofá mientras nos declarábamos con palabras melosas.

Si cerraba los ojos aun podía sentir sus labios esparciendo besos por mi cuerpo mientras intentaba que le volviera a llamar cariñosamente. Lo había hecho espontáneamente y ahora no me podía referir a él de otra manera… Y al parecer él no tenía ningún inconveniente en que así lo hiciera.

Y por su culpa estaba así ahora.

"Buenas días, escapista. ¿Me dejas invitarte a un café o tampoco entra en tus planes? Te quiero. Besos. Ed" Me interrumpió mis pensamientos su mensaje.

En realidad, era culpa mía.

Había insistido en no dejar que nuestra reconciliación pasara de alguna caricia furtiva y unos besos. No le mentía cuando le dije que quería tener una cita con él. Hacer algo romántico juntos. Habíamos estado muchos días alejados y necesitaba volver a tenerlo para mí, centrarme en mi chico. Ser solo Bella y Edward para recuperar todo el tiempo perdido.

"Nunca me resisto a un café bien cargado. Te espero en la cafetería de siempre en 5 min. Te quiero. Los besos me los guardo y te los doy en un rato. B"

Caius había programado una cita con el notario para acabar de tramitar todo el cambio de acciones. Hoy finalmente sería la única dueña del Fantasía y el Sublime en solitario. Edward en cuanto se enteró no desistió en su empeño de estar a mi lado.

Nada más entrar al Starbucks que quedaba delante de las oficinas de Cullen & Volturi vi a Edward apoyado en el mostrador, esperando nuestras bebidas. Era difícil no reparar en él, era como ver un modelo de las mejores firmas de hombre italianas entre la multitud que intentaba superar su semana con la mejor dignidad posible.

En cuanto me vio su sonrisa se ensanchó y estiró sus brazos para envolverme en el instante que estuve a su alcance.

-Buenos días, mi amor – me dijo después de separarnos de nuestro beso.

-Suena bien – admití y mi voz sonó tan dulce que casi ni me reconocía.

Edward me miró con esa mirada que revelaba que no estaba pensando ninguna bondad, pero ante que pudiera contestarme nos llamaron para recoger nuestros cafés.

¡Malditas interrupciones!

-Toma – me dijo mientras me daba mi vaso y con la otra mano me dirigía a una de las mesas, del final del pequeñísimo local, que se había quedado vacía.

-Así que ahora que eres el dueño de una de las empresas más importantes de la ciudad te dedicas a bajar buscarte tu propio café…. ¿Intenta mantener el perfil bajo señor Cullen? - bromeé con él.

Él negó con la cabeza divertido.

-No sabes las cosas que te haría cada vez que me llamas Señor Cullen – me dijo quedadamente acercándose a mí como un depredador.

Y después punto en el que dejamos las cosas ayer noche en su casa fue como acercar una cerilla a un bidón de gasolina.

-Aunque sin ninguna duda mi preferido es cuando me llamas cariño – añadió justo antes de separarse de mí dejándome con ganas de él.

-Eres… cruel… - conseguí decir sofocada, prefiriendo darle una oportunidad a la cafeína para despertarme.

Edward se limitó a mirarme irónicamente. Había sido yo la que salió a toda prisa ayer de su piso haciéndonos quedarnos con ganas de más, así que mejor no hacía ningún comentario más si no quería recibir de mi propia medicina.

Preferí acercarme para darle un beso.

Había echado tanto de menos estar así con él que no quería separarme por nada del mundo de sus brazos y menos para ir a firmar unos estúpidos papeles.

-No me mires así – me advirtió Edward.

-De todas maneras no tenemos tiempo…. Caius me ha dicho que a las once en punto llega el notario. – recordé intentando frenarnos.

-Tienes razón, a Alec no le gusta esperar demasiado. Es un poco peculiar, pero es buena gente – coincidió en lo mismo que me había dicho Caius por teléfono hace un rato cuando me había llamado para que fuera directa para las oficinas. – Sabes, me gusta esto… - me dijo mientras me apartaba un mechón de pelo que caía por mi cara.

-¿El qué exactamente? – pregunté coqueta.

-Tú y yo, en una cafetería sin importarnos nada más que hacer lo que queremos hacer. – me explicó feliz.

-Sí, a mí también me gusta – coincidí con él mientras jugaba con sus manos.

Edward tenía razón, por diferentes motivos, no habían sido muchas las ocasiones que nos habíamos comportado como una pareja normal. Era emocionante comenzar a hacerlo.

-Y por mucho que me quedaría aquí todo el día, tenemos que ir ya a la reunión – me recordó cogiendo mi mano y tirando de ella para levantarme.

Cruzamos la calle aun con nuestras manos entrelazadas y aunque intenté desprenderme de él al entrar al ascensor que nos dirigía a su empresa, Edward no me soltó. Aún me costaba asimilar en todos los cambios que también había habido en la vida de Edward durante este último mes, especialmente a nivel laboral. Ya no era un simple socio minoritario, ahora era el dueño al cincuenta por cierto de la empresa…. Tenía una imagen que cuidar.

-Ni se te ocurra – me advirtió cuando volví a intentar soltarme de sus firmes manos.

-Edward es que ahora eres el dueño de la empresa… - intenté explicarme.

No tenía ningún inconveniente en ir agarrada a él, más bien todo lo contrario, pero no sabía si era lo más adecuado a hacer en su empresa y más sabiendo que yo era cliente de ellos… ¿Eso estaba permitido?

-¿Y…? – me preguntó como si yo hubiera dicho algo completamente irracional. Solo me encogí de hombros como respuesta. – Mi amor, hace un tiempo decidimos no ocultarnos más, pero no pudimos llevarlo a cabo, no voy a volver atrás. – me explicó justo antes de acunar mi cara entre sus manos para darme un suave beso.

-Me derrites – admití haciéndolo sonreír pagadamente.

Las puertas del ascensor se abrieron en la planta de Volturi & Cullen Assessment rompiendo nuestra particular burbuja y devolviéndonos al mundo real.

Una realidad que hoy, definitivamente, cerraba mi pasado con Jake para comenzar a andar sola. Me aterrorizaba a la vez que me ilusionaba. Quizás si todo hubiera sido diferente sería capaz de degustarlo todo un poco más, pero no siempre elegimos como queremos que las cosas sucedan.

Mientras cruzaba los pasillos me costaba ignorar como había alguno de los trabajadores que se sorprendían al vernos cogidos de la mano a Edward y nos dedicaban una mirada más larga de lo decorosamente necesaria.

-No te miran a ti, me miran a mí envidiándome – me guiñó el ojo haciéndome olvidar de todo lo que nos rodeaba para centrarme solo en él.

Edward tenía ese poder, el de detectar cuando algo me alteraba y hacer todo lo posible para que me sintiera mejor.

Me abrió la puerta de su nuevo despacho. Quedaba delante del de Caius y era tan majestuoso como el de su homologo, pero había algo entre estas cuatro paredes que me hacía sentir diferente. Tardé solamente un segundo en identificar qué era.

La esencia de Edward.

Sería capaz de detectarla a kilómetros de distancia. Se estaba volviendo un olor familiar para mí, casi tanto como el de la humedad de las calles siempre mojadas de Forks o el del pastel de manzana de la abuela Marie que impregnaba toda su antigua e enorme casa dónde me había criado.

Ese olor a madera que desprendía Edward era hogar para mí.

-¡Vaya, esto es enorme! – dije viendo, realmente, lo grande qué era en comparación al que tenía antes - ¡Dios, Edward mira qué vistas más bonitas! – grité emocionada al ver que a través de su gran ventanal podía admirar toda la ciudad.

Escuché su risa detrás de mí e inmediatamente sus brazos me rodearon la cintura.

-Créeme mis vistas ahora mismo son mucho mejores que las tuyas – me susurró mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

Cerré mis ojos para poder disfrutar del momento.

Me sentía tan bien, con tanta paz en mi interior, a pesar de lo que estaba a punto de hacer, que quería retener estas sensaciones y el tiempo para que no acabara nunca.

Con nuestra reciente separación me había hecho darme cuenta de lo caprichosa que era la vida y como a pesar de ser feliz todo se puede escapar de tus manos en un segundo y no quería que me volviera a pasar. No con Edward, ni de la forma tan injusta como nos había ocurrido.

Intenté alejar los malos pensamientos de mi mente. Edward y yo lo habíamos superado. De nada servía volver al pasado.

Solté el aire que había estado reteniendo sin darme a penas cuenta.

-¿Estás bien? – me preguntó Edward preocupado mientras me daba la vuelta para quedar frente con frente.

-Tengo miedo – le confesé a esos ojos verdes que me daban la confianza para transmitirle todo lo que sentía.

Edward me miró durante un instante antes acariciar mi cara casi con veneración.

-Hoy no es un día fácil para ti… Pero a partir de ahora yo estoy a tu lado. No estás sola. – me contestó Edward. –

-¿Qué? – pregunté sin entender a qué se refería. Definitivamente no hablábamos de lo mismo.

-La firma… Sé que Black ha sido una persona muy importante para ti y es normal que tengas miedo de todo lo que está por venir pero ni estás, ni estarás sola mi amor.- me explicó.

Los brazos seguros de Edward me habían hecho olvidar que en unos minutos tendría que firmar el cambio definitivo de propietarios de nuestros restaurantes. Toda esta aventura que había comenzado como un sueño de la infancia compartido entre Jake y yo se acababa hoy. Nunca hubiera pensando que nuestra amistad daría este viraje, pero cada día dolía un poco menos.

Seguía manteniendo la esperanza de poder sanar y que algún día la vida nos volviera a dar una nueva oportunidad. Un nuevo capítulo para Jake y Bella. Quizás.

-Te quiero – le dije impulsada por su preocupación y la seguridad de que, una vez más, solo quería mi bienestar.

-Sienta bien escucharlo – declaró con una sonrisa enorme en su cara.

El teléfono de la oficina sonó separándonos.

Aproveché que Edward me había dejado sola para dar un último vistazo a la ciudad. La calma que sentía estaba a punto de tambalearse un poco. En cuanto Jake y el notario llegasen todo volvería a cambiar en mi vida.

Y con este giro empresarial también estaba dispuesta a hacer varios cambios en nuestra forma de trabajar. Había un par de los trabajadores que habían estado siempre con nosotros a los que les quería proponer que fueran mis manos y ojos cuando no estuviera en el Fantasía o el Sublime. No era una ilusa, este trabajo nunca había sido fácil y ahora que todo recaería sobre mí se incrementaría el tiempo y esfuerzo que debería hacer, pero sería un suicidio no buscar apoyo en mi personal. Si algo había aprendido al crear el Fantasía es la importancia de tener un equipo que vaya contigo en la misma dirección.

Ese sería mi primer objetivo a partir de ahora. Crear una red de seguridad que permitiera que todos mis trabajadores, y yo misma, pudiéramos llevar una vida fuera de las cocinas y los horarios imposibles del mundo de la restauración.

- Señor Cullen. – escuchamos la voz de Tanya por el interfono del despacho de Edward. –

-Déjame a mí – le interrumpió Caius – Quiero entrar pero sé que está Bella ahí dentro, así que os aviso que no quiero ver nada que indecente – acabó riéndose de su propia broma.

Edward bufó desesperado pero al escuchar mi risa sus hombros se relajaron.

Había aprendido tantas cosas de él en estos meses que incluso de espaldas sabía cómo se sentía.

-Entra – le contestó brevemente Edward.

Caius entró rápidamente y se dirigió a mi flechado para saludarme.

-Gracias por recuperar la razón. Me estaba comenzando a plantear actuar drásticamente si pasabais mucho más tiempo separados. – me dijo con tono ligero mientras me abrazaba fuertemente. –

-Vaya, gracias por tu fe en mi – bromeé irónicamente con él.

-De nada – comentó sin inmutarse.

Caius saludó brevemente a Edward y me retiró la butaca que quedaba en un rincón del despacho de Edward para que me sentara. Él y Edward ocuparon el elegante sofá de tres plazas que completaba, junto una pequeña mesa, ese espacio.

Cuando todos estuvimos cómodos en nuestros sitios. Caius nos miró con gesto orgulloso.

-Espero ser el padrino de vuestra boda. Me lo merezco por todo lo que me habéis hecho sufrir – fue lo único que dijo haciéndome sudar frío.

Una boda era lo último que tenía en mente. Ahora mismo solo podía pensar en volver, o comenzar mejor dicho, a disfrutar de Edward. Todos los demás pasos de futuro ni me los planteaba.

-De verdad Caius tu capacidad para meter la pata es inagotable. – rodó los ojos Edward mientras su amigo volvía a reírse de esa manera tan particular suya.

-Vamos a centrarnos… - decidí poner un poco de orden –

-Edward ya me ha puesto al día de todo – resumió Caius ignorándonos.

Era algo en lo que no había reparado hasta ahora, pero resultaba evidente, desde que había entrado que ya sabía que Edward y yo habíamos vuelto, así que ellos dos habrían tenido una charla en algún momento de la mañana.

¿Desde cuándo estaban aquí? Y ¿Cuánto tiempo habían dedicado a hablar de mí? Sin lugar a dudas, Edward no mentía ayer cuando me dijo que obligaría a Caius le contaría su versión de los hechos.

-Todo eso que me ahorro – bromeé con ellos haciendo que Edward se relajara un poco.

¿De verdad se pensaba que me podría molestar que hablara con su amigo de nosotros?

-Y qué Bella… ¿Tienes una respuesta ya? – me preguntó Caius recuperando la seriedad, que únicamente le había visto cuando hablaba de negocios.

Sabía que quería una respuesta a la propuesta que me había hecho para ayudarme a sostener el Sublime.

-Sigo pensando que me estoy aprovechando de ti, pero lo he pensado y no se me ocurre nadie en quién confié más que en ti. – acepté haciendo que su rostro volviera a ser el mismo despreocupado de siempre. – Supongo que ya Edward te habrá explicado todo – dije asumiendo que mi chico le había explicado todas las aclaraciones que quería que hiciera en el contrato.

Edward las consideraba innecesarias, pero ayudarían a acallar mi consciencia.

-Asumes bien… y déjame decirte que, aunque conmovedora, es absurda tu preocupación. Mis finanzas no están en juego con este negocio. Eres increíblemente solvente como negocio.- acabó mientras me entregaba una carpeta.

Eran los documentos que indicaban que se convertiría en mi socio capitalista y todas las condiciones, tanto las antiguas como las modificadas.

-Cuando firmes el cambio de acciones con Black, podrás sellar tu nueva alianza comercial con este idiota – me explicó Edward desde su sitio al lado de Caius.

Estos dos hombres habían entrado a mi vida para cambiarme completamente. Uno con su amor y el otro con su amistad.

Cabeceé segura de lo que estaba haciendo.

-Bien y ahora vayámonos, a Alec no le gustará que no le estemos esperando. Es un pretencioso- afirmó Caius poniéndose de pie listo para marcharse.

Edward se quedó sentando contemplándome con una sonrisa torcida en la cara.

-¿Qué miras? – le pregunté al ver que no me decía una palabra y de nuevo estábamos solos en el despacho.

-La primera vez que te vi en esta empresa estabas como pez fuera del agua cuando alguien te hablaba de cláusulas, balances o demás datos que no fueran tus platos y ahora serías capaz de negociar tú sola cualquier cosa. Estoy orgulloso de ti – me alabó.

Lo que Edward había omitido en toda esta historia era que si algo había aprendido había sido gracias a él que me había dado la seguridad de enfrentarme a un mundo que era completamente diferente al que yo me movía.

-Me vas a poner colorada – le contesté intentando pasar este momento. No estaba demasiado acostumbrada a tanto alago.

-Y ahora, vamos – se levantó para ofrecerme su mano e ir hasta la sala dónde se llevaría a cabo la reunión.

Esta vez la reunión se hizo en una sala un poco más pequeña. Era un poco más íntima y no tan atemorizante como la gran sala de juntas.

Tanya estaba preparando las carpetas y ya había dejado lista una pequeña mesa con unas tazas y café.

-Qué alegría volverla a ver por aquí Señorita Swan – me saludó feliz.

-¿Dónde ha quedado lo de llamarme Bella? – la regañé un poco.

Tanya solo sonrió asintiendo y continuó con su trabajo.

-Te ha echado de menos – me dijo Edward quedadamente y algo divertido – Digamos que este mes ha sido duro y ella ha tenido que pagar algo de mi carácter. –

-Me puedo imaginar – le respondí – Seguro que si le preguntas a James podría decirte lo mismo – añadí imaginando la cantidad de historias que podrían compartir Tanya y mi mano derecha en el Fantasía.

Escuchamos la inconfundible voz de Caius acercarse y Edward se apartó ligeramente de mí, pero permaneció a mi lado.

-Oh, ya estáis aquí. Perfecto – dijo Caius al vernos cuando entró acompañado.

- Hola Alec. Un placer verte de nuevo – saludó a Edward a un hombre casi tan alto como él y seguramente algunos años mayor que ellos.

Era mucho más rubio que Edward o Caius y sus ojos eran de un azul casi transparente. Tenía una mirada que me ponía los pelos de gallina. Edward me había advertido que era una persona peculiar y ahora entendía sus palabras. Aunque si ellos confiaban en él, yo no era nadie para no hacerlo.

-Ella es Isabella Swan. – me presentó Edward. – La futura dueña de los restaurantes y… mi novia – me presentó Edward.

-¡Oh por Dios! Te morías de ganas de decirlo, ¿eh? – interrumpió Caius riéndose.

-Yo también lo haría si tuviera a alguien con tanto talento a mi lado – contestó Alec – Soy Alec Rogers y me temo que tanto yo como mi esposa somos asiduos a sus restaurantes. Un placer – me dijo amablemente estirando su mano para saludarme formalmente.

- Encantada Señor Rogers y me alegro que le guste nuestra comida. La próxima vez que vengan será un placer saludarlos. – les repliqué amablemente.

-Nada de Señor… con Alec me conformo. – me contestó justo cuando Jake entraba por la puerta acompañado de Tanya.

-El señor Black está aquí – anunció la secretaria de Edward. –

Jake seguía igual que siempre aunque el rostro crispado que le acompañaba desde hace un mes seguía adornando su cara. Siempre había sido risueño y con una facilidad casi innata para la broma, verle así era como no reconocerlo.

No me había dado cuenta que Edward y Caius se habían puesto delante de mí y la mano de Edward apretaba la mía con más fuerza de la necesaria. Par de tontos protectores que se pensaban que Jake podría hacerme alguna clase de daño.

-Hola Jake – saludé al ver que nadie cortaba el silencio en el que se había sumido la sala.

-Bella – contestó escuetamente.

Supongo que aunque no podía hacerme daño físico, sin ninguna duda, Jake tiraba flechas directas a mi corazón últimamente.

-Bien, comencemos – intervino Alec al ver que ni Edward ni Caius estaban en disposición de hacer nada y yo seguía pasmada al ver cómo se había dirigido a mi Jake.

Todos tomamos asiento y firmamos todo lo necesario rápidamente. Era un mero trámite ya que todo había quedado acordado con anterioridad. En algo más de media hora todo estaba listo y mi vida de los últimos años cerrada como si no hubiera valido mil horas de sudor y esfuerzo construirlo.

Veía como Jake salía de la sala tras despedirse brevemente de todos los presentes y no pude evitar salir corriendo detrás de él.

-¡Jake espera! ¡Jake para! – le llamé sin mucho éxito aunque por suerte tuvo que detenerse al llegar al ascensor. – Jake te estoy llamando – dije tirando de su mano.

Tardó en girarse pero cuando lo hicieron sus ojos estaban aguados. Llenos de lágrimas sin derramar.

-Lo siento mucho, pequeña – se limitó a decir como si cada palabra le pesara.

Dejó un beso en mi frente antes de marcharse en el ascensor sin darme oportunidad ni a contestarle.

Definitivamente hoy era el día en que mi nueva vida comenzaba. Y con ese pensamiento me giré para volver a la sala de reuniones y estrecharle la mano a mi nuevo socio.

Llegué al Sublime para el turno de la noche un poco apurada. La reunión en el Fantasía con el personal para explicarle la nueva situación me había atrasado un poco, pero ahora ya estaba en marcha… Esta vez la misma charla, pero con nuestro personal en el Sublime fue mejor. Al parecer, Jake había pasado antes y se había despedido de ellos. Dejando muy claro que el Fantasía nunca fue verdaderamente su sitio.

Cuando entré en el pequeño despacho que teníamos en el restaurante para poder cuadrar los horarios del día siguiente encontré un ramo precioso de fresias amarillas y blancas. Pocas personas en esta ciudad me conocían lo suficiente para regalarme este tipo de flor y no el clásico ramo de rosas. No necesitaba abrir la tarjeta que las acompañaba para saber quién me las había enviado.

"Si te hice daño no fue sin quererte, fue sin querer.

Siempre, Jake." [**NA]

Leí la tarjeta en silencio sin darme cuenta, hasta que mis manos notaron la humedad, que por mi cara caían unas lágrimas. No era un final feliz, pero era nuestro final.

-¿Estás seguro que lo tienes todo controlado? – le pregunté por enésima vez a James.

-Qué sí, pesada. Y Lily en el Sublime, también. ¡Pareces una madre que deja solo por primera vez a su bebé! ¡Vete! – me apresuró empujándome por los hombros hacía la puerta de salida.

Efectivamente, era la primera vez que dejaba las cocinas solas y lo iba hacer por todo lo alto. Me había costado algunas semanas planificarlo, pero al final había encontrado un hueco entre tanto mar de cambios para tener un fin de semana libre.

Un fin de semana para Edward y para mí a solas.

Si todo iba bien y nadie había hablado de más sería una sorpresa para él.

Alice me había ayudado encantada. La verdad era que estaba sorprendida con lo bien que me habían vuelto a acoger cuando hicimos la primera reunión juntos. Era como si nunca me hubiera ido, sin mencionar que no hubo ni un reproche o mala cara por poder haber hecho sufrir a Edward.

Incluso Rose estuvo especialmente dulce, teniendo en cuenta todo lo que siempre había despotricado de Jake me sorprendía que no aprovechara la ocasión para decirme cuatro cosas. Se limitó a abrazarme y a mirarme de esa manera que sabía, aún sin palabras, que fuera lo que fuera que me pasara ella estaría a mi lado, como una roca.

"Te espero en 30 minutos en tu casa. Necesito que me hagas un favor. Te quiero, B"

Le envié el mensaje mientras me apresuraba a llegar a casa. Tenía el tiempo justo de recoger la maleta y darle de comer a Crookshanks. Rose me había jurado que se pasaría para cuidar de ella, así que me iba tranquila.

"¿Estás bien? Salgo de una reunión con Caius y voy. Ed."

Al leer el mensaje una sonrisa se apoderó de mi cara automáticamente. Edward siempre preocupándose por mi… ay, si él supiera.

"Todo bien. Solo no tardes. B"

Esperaba que me hiciera caso. Caius estaba avisado para así evitar que alguien lo distrajera.

Subí rápidamente a mi apartamento y bajé en tan solo diez minutos.

Todo iba sobre lo previsto.

Edward llegó puntual y con cara de preocupación que se transformó en confusión cuando me vio sentada en los escalones que daban a la entrada de su apartamento con dos pequeñas maletas.

-¿Vas a algún lado? – preguntó curioso.

-Vamos – le corregí escuetamente y esta vez su verde mirada se hizo más oscura.

Sin lugar a dudas había captado su interés en lo que pudiera decirle.

-Vaya… interesante…. ¿Y se puede saber qué es lo que necesitas de mí? – me dijo acercándose a mí quedándose de pie sin bajar a mi altura pero dándome la mano para que me levantara.

Cuando lo hice nuestras miradas quedaron a la par, ya que estaba subida a los escalones.

-Bueno… digamos que necesito un poco de tu tiempo… - le contesté mientras ponía mis manos alrededor de su cuello y mis dedos se distraían en su, siempre despeinado, pelo.

-¿Y cuánto necesitarías? – me preguntó divertido.

-Algo así como un fin de semana… - le respondí en el mismo tono que él.

-Aja…. Suena interesante… Soy todo tuyo – accedió mientras miraba mis labios con hambre.

Me aparté antes que pudiera besarme.

-No… no… Aún no he acabado. – negué poniendo mi dedo índice sobre sus labios.

-¿Necesita algo más la señorita? – claudicó aunque seguía mirándome con más que con ganas de besarme de devorarme.

-Sí – respondí segura y esperaba que no pusiera ningún inconveniente porque si no todos mis planes se irían por el desagüe –

-Pide por esa boquita, mi amor – me apresuró.

-Necesito que cojas tu moto. Sin ella se nos va a hacer un poco difícil llegar a dónde quiero ir. – le propuse nerviosa.

Sabía que Edward adoraba conducir su moto. Emmet me había asegurado que Edward estaría encantado, pero Alice casi se había infartado cuando le expliqué que quería irme un fin de semana usando ese medio de transporte. Ella esperaba algo más como un viaje tranquilo en avión a algún destino paradisiaco, pero yo estaba convencida que Edward sería más feliz con mi plan.

-Joder Bella… No sabes lo mucho que te quiero – declaró justo antes de coger ambos lados de mi cabeza y devorar mis labios salvajemente.

- Yo también te quiero, y ahora te doy diez minutos para que te cambies el traje y saques la moto del garaje, tenemos un fin de semana por delante del que disfrutar cariño. – acabé justo antes que Edward volviera a besarme con un beso lleno de promesas.

….

NA:

[**NA] Como siempre primero citar a los autores. La frase de despedida de Jake NO ES MÍA. Es de un autor que se llama Beret de su canción LO SIENTO.

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que sí. Sé que me he retrasado pero es que la semana anterior fue imposible. Creo que estas que vienen se presentan un poco más tranquilas y podremos tener un final de fic mucho más tranquilo a nivel de actualizaciones.

No me quiero arriesgar a deciros un día para subir el siguiente capítulo pero si no es a finales de esta semana, lo más seguro es que la semana que viene lo tengáis. Espero contar con vuestra paciencia como siempre me habéis regalado cuando me he atrasado.

Nos leemos en el próximo,

Saludos ;)