Resumen del capítulo:
Lejos del tormento y las dudas, el demonio deja caer sus barreras, dejándose purificar por el ángel. Pobre demonio ingenuo, no sabe que su ángel no purifica, sino que menoscaba. Nuevas alas crecen en su espalda, sus plumas se han teñido de negro.
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"Ven y sácame de la prisión de mi orgullo, no quiero pelear solo nunca más"
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El frío se cuela en las zonas desnudas de mi cuerpo y me aferro a los hombros de Kacchan, permitiendo así que me devore. Mi mente agotada apenas puede procesar lo que sucede. El sabor mentolado se mezcla con el de mis lágrimas cuando la lengua de Kacchan se abre paso dentro de mi boca. El placer que me provoca se entreteje con el cúmulo de emociones que crece dentro de mí.
El desbocado golpeteo de mi corazón contra mi caja torácica amenaza con destrozarme. La ansiedad me impide pensar, o responder de alguna otra forma. Quiero empujarlo, quiero acurrucarme más cerca..., no sé qué demonios quiero. Simplemente correspondo esta invasión mientras el choque de sentimientos encontrados me llena y un sonido, mitad gemido y mitad sollozo, sale de lo más profundo de mi garganta.
La ira y el dolor es la fuerza que impulsa mis puños hacia el pecho de Kacchan. Lo golpeo débilmente en un intento torpe porque me deje ir. Empero, los movimientos frenéticos de mis manos pierden poco a poco su fuerza hasta que ya no lucho.
Kacchan me aprisiona contra su pecho duro y firme y todo lo que puedo hacer es aferrarme a sus brazos como si de repente el suelo se fuese a abrir bajo mis pies, creando un abismo. Mis uñas se entierran en su piel porque necesito hacerle daño, y al mismo tiempo, porque no quiero que me deje ir.
Pero lo hace.
Él se aparta con la respiración hecha un caos, sus ojos lamen mi rostro, buscando algún indicio de repulsión, o negación. No lo hay. Complacido, Kacchan acuna mis mejillas con sus manos frías y temblorosas. La nieve que cae sobre nosotros ha causado estragos en él; su piel se ha tornado traslúcida y sus labios han tomado un tono violáceo poco saludable; pero a él no le importa, ni siquiera parece que tenga frío.
Me mira directamente a los ojos. El fuego arde en el abisal de sus pupilas y me deshiela por completo. De momento no sé qué hacer, ni cómo pensar respecto a éste Kacchan, al hombre que nos persigue..., a mi madre. Sólo quiero hacerme un ovillo y llorar hasta que no quede nada de mí.
Pese a mis deseos, Kacchan me llena de su entera presencia. Enrosca sus brazos alrededor de mi cuerpo y comparte el escaso calor que le queda. Los sollozos se hacen menos intensos, no sé si es por el abrazo estrangulador, o porque de pronto tengo un insaciable sueño. Estamos aquí, en medio de la nieve, agonizando, pero ninguno de los dos hace algo por impedirlo.
Sé que Kacchan está gravemente herido, que la pérdida de sangre le está cobrando factura y por ende, este gélido clima le hace más daño que a mí; pero no puedo moverme, o más bien, no quiero moverme.
No hay palabras para llenar el ambiente. Sólo está la nieve cayendo cruelmente a nuestro alrededor y, de pronto, quiero fundirme en ella y desaparecer para siempre. Y parece que lo consigo, mi cuerpo deja de temblar, dejo de tener frío, o dolor, sólo puedo sentir el casi imperceptible calor de la piel desnuda de Kacchan.
Me encuentro recostado en algo blando. Hay una sensación confortable que me cubre y algo, al parecer una mano, acaricia mi cabeza. Pego las rodillas a mi pecho, me aovillo para brindarme calor y me aferro al sueño con todas mis fuerzas. Aun así, no consigo mezclarme con mi inconsciente, las brumas se disipan y despierto lentamente.
El bosque y la nieve se han ido, también el frío y mis temores. Estoy en la habitación de la cabaña, en medio de un enredo de edredones y mantas sobre la cama. Sacudo la cabeza despacio, un mareo repentino me aturde y me provoca una molesta punzada en las sienes. Parpadeo en lo que mi vista se acostumbra a la oscuridad del cuarto. Todo está en sombras a excepción de un halo de luz azulada que sé que viene de la ventana.
Es de noche, lo que significa que he estado inconsciente todo el día.
Hay una segunda presencia en la alcoba. Mis ojos se dirigen al único punto de iluminación, que es interrumpido por una silueta a contra luz. Es una figura obscura, de pie en frente del alfeizar con los brazos cruzados y la mirada distante en el paisaje.
—Kacchan.
Él se voltea un cuarto sólo para verme de soslayo. Con esa pose intimidante y autoritaria me observa desde su sitio junto a la ventana. La luz de la luna golpea la mitad de su rostro, dejando la otra mitad en sombras, haciéndolo lucir vil, sombrío y diabólico. Por otro lado, el brillo en sus ojos vuelve gentil su expresión y casi puedo ver el peso de su calvario... Casi.
—Deberías dormir —dice al cabo de unos segundos, su voz firme y ronca. De momento parece que todo lo agonizante que hemos sufrido hasta ahora es un producto de mi imaginación, o de lo contrario se trata de un sueño. Un sueño largo y devastador.
Observo las mantas que me cubren hasta las caderas, entrelazo mis dedos en mi regazo y juego con los pulgares. —No podré dormir otra vez.
Él no responde. Temo que esté sopesando la idea de noquearme o algo así. Nunca sé qué esperar de él. Kacchan es bipolar y no tengo la menor idea de cuáles son sus intenciones para conmigo. Es tan distinto a como lo recuerdo. En ocasiones sólo deseo que sea el mismo de antes y pase de mí como si yo no existiera.
El silencio se extiende entre nosotros y crea un abismo imposible de cruzar. Hay una barrera invisible entre los dos, pero de cualquier modo me levanto y camino hacia él. Kacchan no se pierde detalle de mi recorrido hasta que me detengo a menos de un metro de distancia.
El granate de sus ojos barre sobre mi rostro, de soslayo y después de frente, él gira hacia mí para leer mi expresión y yo trato de leer la suya. Me tenso en el instante que él levanta su mano y aparta un mechón de pelo lejos de mi frente.
— ¿Estás bien? —pregunta con una voz tersa y transparente. Veo en su mirada que en verdad está preocupado y hay hasta un pequeño atisbo de dolor en el mohín de su cara.
Bajo la cabeza porque no estoy seguro de mi voz, pero él me obliga a mirarlo de nuevo empujando mi barbilla con sus dedos. Su mano traza una línea por mi mandíbula, se detiene en la base de mi oreja y su pulgar delinea el contorno de mi labio inferior.
Suelto un suspiro sosegado.
—Ven aquí —dice tirando de mí, encerrándome entre sus brazos y apoya su mentón en la cima de mi cabeza. Me quedo quieto mientras su brazo se desliza por mis hombros suavemente. Resopla y su aliento envía una ráfaga de viento cálido directamente en mi oído.
Tomo un par de inspiraciones profundas para controlar el batir desbocado de mi corazón. Su respiración tranquila toca un punto en mi cuello y eriza la piel de esa zona. Entonces cierro los ojos y, con mucha lentitud, salgo del encierro de sus brazos.
—No puedes pretender que todo se arreglará con un beso y un abrazo, Kacchan. —Digo, pero mi voz no es nada firme—. L-las cosas no son tan simples.
Un gemido estrangulado brota de su garganta, de pronto envuelve un brazo debajo de mis piernas y el otro en mi cintura. Me separa del suelo, cargándome como un niño pequeño y me aprieta contra su cuerpo rígido. La sorpresa hace que me tense como una cuerda de guitarra, no obstante, me quedo inmóvil mientras Kacchan hunde su cara en mi pecho y aspira fuerte.
No necesito verlo a los ojos para saber que no me dejará ir tan fácil.
—Deku... —susurra en ese espacio debajo de mi cuello, sus labios están pegados a mi clavícula, ya que su playera, que me queda enorme, no logra cubrir esa zona—. Lo siento.
—Suéltame —mi voz es increíblemente débil, pero él sólo acentúa su agarre y gruñe contra mi dermis expuesta.
—No. —Los dedos de Kacchan muerden mi piel sin piedad. Sus labios me dejan una sensación de humedad y quiero correr, lejos.
Sollozos inentendibles salen de mi garganta, mis manos vuelan a mi cara y ni siquiera puedo armar una frase coherente. —Déjame en paz, Kacchan. Todo esto es tu culpa. De no ser por ti... ¿p-por qué a ella? ¿Por qué tenían que matarla? Ella ni siquiera sabía algo de ti. Ella murió... creyendo que escapé de casa, que la abandoné... Ella...
—Calla. —Gruñe, mostrándome los dientes como un animal. No sé si es porque no quiere escucharme, o porque no tiene intención de lidiar con mi averno personal.
Lloro sin atreverme a apartar las manos de mi cara. La angustia sólo provoca que siga pensando en mamá, en que debí quedarme a su lado y me martirizo con la idea de que si no hubiese aceptado ir con Kacchan aquella tarde, ella estaría viva.
Kacchan toma una bocanada de aire antes de decir—: Deku. Tú madre no murió por tu culpa. Escucha, Chisaki, él... —Hace una dolorosa pausa. Su nuez de Adán baja por su cuello y su mandíbula se aprieta—. Él sólo quería hacerme daño... indirectamente. Por eso tenía que sacarte de allí. Te dije que correrías peligro.
Me horrorizo en cuanto lo escucho. El aire se me atasca y siento que me ahogo, que me quemo, que me congelo, todo al mismo tiempo.
— ¿Sabías que esto pasaría? ¡Trajiste a esos matones hacia ella! ¡La dejaste morir! Eres... Eres... un asesino.
Kacchan alza las cejas, sus ojos se hacen saltones por un segundo y después baja la cabeza. Su cabello oculta su mirada de mí.
Muerdo mis labios, inmediatamente me arrepiento de haber dicho eso. Trato de ver su expresión, pero él se aferra a mí, con la cara escondida en mi cuello. Sé que no debí decir algo tan cruel, pero la impotencia, el dolor y la ira me han orillado a eso. Aun así, su silencio me hiere.
Temeroso, toco su cabeza a modo de disculpa. Entierro los dedos en su cabello, que es más suave de lo que parece a simple vista, y él responde soltando un pesado aire de sus pulmones.
—K-Kacchan... perd...
—Tienes razón, Deku. —El estruendo de su voz me toma por sorpresa—. Lo soy. Es jodidamente cierto. Soy un puto asesino. —Dice con total convicción, en un tono rígido, mezquino.
Él alza la cabeza y me observa, sus ojos están llenos de nubes de tormenta, su ceño fruncido ha vuelto de su rostro algo duro y, sé, que a pesar de todo se está torturando.
En este momento mi mente se divide en dos partes. Hay una vocecilla dentro de mí que me recuerda que todo esto es su culpa. Mi madre estaría viva de no ser por él. De momento, un impulso estremecedor se construye en lo más profundo de mi ser. Un impulso desconocido que me insta a tomar su cuello entre mis manos y apretarlo hasta que ya no respire.
La otra parte de mi mente sólo se asusta de ese lado impulsivo y sádico que muere por salir a la luz. Me espanto de mis propios pensamientos, de la guerra que se ha desatado en mi interior y de esos arrastres de locura que por momentos hacen que todo se llene de oscuridad. Tengo miedo de mí mismo.
Ahogo a mis demonios dentro de mi llanto. No quiero cambiar, no quiero herir a Kacchan. No quiero odiarle.
Pero.
—Me asustas.
Sus ojos se hacen coléricos por un instante, pero su semblante sufre de una inquietante transición al horror en cuanto ve mi rostro. El pánico se desata en sus facciones y abre la boca para jadear. —Deku, yo... Sí, soy un maldito asesino, soy la peor clase de persona, pero... no me odies.
El desespero y la angustia en su voz me acuchillan los oídos. La parte sádica de mí está feliz de verlo tan alterado, pero no es el lado que me domina en estos momentos. En verdad no me gusta verlo así, no quiero que ponga ese tipo de expresión.
¿Qué demonios me sucede?
Me duele la cabeza por la indecisión, la contradicción y el encuentro entre mis emociones. Debería matarlo... ¡No! Debo perdornarlo. Kacchan es inocente. Sí, debo disculparme.
—No. Quiero decir, perdóname, Kacchan. No quise decir eso. —Él parece sorprenderse por mi respuesta, y no me extraña, yo también estoy sorprendido—. Fui injusto contigo. Te dije todas esas cosas, pero tú no m-mataste a mamá. Estabas tratando de protegerme cuando a ella... —Sacudo la cabeza—. Yo sólo... Perdón.
Kacchan me mira atentamente. Escucha cada palabra con atención y su boca ha iniciado una sonrisa, pero muere al instante. Necesito espacio, necesito que me deje en el suelo, pero él no tiene intención de soltarme. Más que eso, su rostro está sobre mí, su frente se posa en la mía y su respiración me golpea en los labios.
— ¿K-Kacchan?
—Shhh... —sisea, su nariz acaricia mi mejilla, se frota como un minino, sus ojos cerrados. De pronto él pasa su lengua por mi barbilla. Me sacudo violentamente, pero él lo vuelve a hacer, ésta vez por mis pómulos. Lo hace en un lado de mi cara y después en el otro, entonces dice—: Odio verte llorar.
Mi corazón se detiene cuando comprendo que él sólo limpiaba las lágrimas que ni siquiera sabía que estaba derramando. Su frente se aloja en la mía otra vez, ahora sus ojos están abiertos y puedo ver de primera mano el espectáculo que se ha desatado en ellos, luz y oscuridad al mismo tiempo.
Me maravillo por esto, y justo cuando creo que después de todo no puedo odiarle, él habla—: Deku, hay algo que debo decirte.
Increíblemente me quedo tranquilo. No quiero que diga nada, pero al mismo tiempo estoy expectante. Kacchan separa sus labios para hablar, pero se lo piensa mejor y en vez de eso me besa. Sus labios hurguen contra los míos, con movimientos desesperados trata de que yo le corresponda, pero esta extraña actitud sólo me paraliza.
Él se aparta bruscamente, hundiendo su labio inferior debajo de sus dientes. —Sólo, no quiero que me odies. No lo soportaría.
Trato de decirle que no lo haré, sin embargo las palabras no salen. No las encuentro en el páramo mental que hay dentro de mi cabeza. Kacchan continúa pese a que no le he dado una respuesta.
—He hecho cosas de las que no estoy orgulloso —dice—, desde el día en que te perdí sólo podía pensar en que debía recuperarte a toda costa. El pago por eso fue demasiado alto.
— ¿Qué estás tratando de decir?
—Que tenías razón antes, Deku. —Frunce su ceño, con una seriedad impulsiva abriéndose paso en su expresión—. Soy un asesino. Soy un villano.
El aire se me escapa en forma de jadeo. Estoy paralizado y en shock. Ni siquiera sé si estoy respirando. Apenas soy consciente del calor que emana el cuerpo de Kacchan, del temblor en su voz y del hielo que se cuela en mis huesos lentamente.
Kacchan toma una profunda respiración. El segundo que le toma hacerlo me parece eterno, pero entonces él suelta el aire, sacude su cabeza y prosigue:
—He perdido la cuenta de la maldita cantidad de vidas que he tomado. Ya no puedo diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. No sé si está bien abrazarte, o joderte contra la pared. Te juro que he pensado en encadenarte, en cortarte las extremidades para que no puedas escapar de mí. ¡Me han pasado todo tipo de ideas descabelladas por la cabeza! Porque jodidamente no quiero dejarte ir, Deku. No quiero. No puedo. Yo sólo...
—Ya lo sabía. —Interrumpo—. O bueno, lo sospechaba —él enmudece. Su boca se cierra de golpe en un gesto casi cómico. Debería estar espantado por todo lo que acaba de decir, pero no es un misterio para nadie que este Kacchan no es el mismo que creció a mi lado. No es un héroe, pero tampoco es un villano.
Es un demonio.
Él parpadea, su expresión de pronto se llena de inocencia. — ¿Cómo?
—Sólo... te observé —respondo, pero él no parece contento con mi respuesta. En cambio, me río, aunque no sé por qué lo hago—. Me di cuenta que mi muerte realmente te había afectado, sólo que no sabía cuánto. Hasta esa primera noche en tu habitación...
Dejo la frase flotando en el aire y él entiende de inmediato.
—Deku. Todo lo que he hecho es por ti, todo el mal que provoqué, todo este infierno...
—Lo sé —sostengo su cabeza con mis manos y deposito un suave beso en el nacimiento de su cabello. Mi corazón bombea a toda velocidad, llenándome de adrenalina. Es increíble y extraño, pero, a pesar de todo, su confesión me hace feliz.
—Maldito Nerd... —gime con una voz cortada y quebradiza. Me aprieta más fuerte que nunca, exprimiendo todo el aire fuera de mí. Esto me reconforta, empero, noto que nos estamos moviendo y me horrorizo. Kacchan me lleva hasta la cama, me deja sobre la superficie blanda con una mirada inundada de excitación; su respiración se ha hecho pesada y sus irises se han oscurecido varios tonos.
Seguidamente empiezo a luchar—. No, no de nuevo, ¡para!
Para mi sorpresa, él se detiene. Está sobre mí, sosteniendo su peso con sus manos y rodillas, mirándome a los ojos con una expresión tan lastimera que parece una antítesis de sí mismo. Él sólo permanece inmóvil, en espera.
¿Me está pidiendo permiso?
No.
Me está rogando.
Un agujero se instala en mi pecho, sus ojos llenos de tormento me despedazan, pero tengo tanto miedo. No quiero confiar en él para que después me desgarre como un muñeco de papel. No quiero que abuse de mí, que destroce mi confianza cada vez que lo desee.
No quiero ser su juguete.
Pov. Kacchan
Por segunda vez en mi vida experimento el verdadero terror. Del tipo que desintegra y saca la vida fuera de mí. Del tipo que sentí la maldita noche que perdí a Deku. Hasta ese momento, no había sido consciente de lo importante que es este enano para mí y ahora, que lo tengo a mi lado, lo único que me asusta es perderlo otra vez. Sé que le hago daño. Soy perfectamente consciente de que si lo sigo reteniendo, él sólo me odiará.
Pero no puedo dejarlo ir, eso me destrozaría.
Lo observo atentamente, buscando algún indicio de temor en su rostro. Y lo hay. Deku aprieta sus párpados y sus labios; está aovillado en la superficie de la cama con los brazos cubriendo la mitad de su cara. No se mueve, sólo está quieto, esperando a que haga algo, que lo lastime igual que la última vez.
No pienso hacerlo. No me convertiré en su monstruo. No seré quien coloque esa expresión de miedo en su cara. Haré que vuelva a confiar en mí.
Dejo que los minutos corran, Deku afloja sus músculos cuando percibe que no le haré nada, entonces baja sus brazos y me observa. El líquido salino se acumula en la base de sus ojos, pero no llega a derramarse y ahora esos irises parecen dos esmeraldas. Deku quiere entenderme y yo quiero que lo haga, así que permanezco inmóvil mientras él se destensa por completo, su mirada cristalina barre sobre mí.
—No haré nada que tú no quieras —digo e, increíblemente, sonríe. Es un gesto pequeño y casi imperceptible, pero es suficiente para hacerme saber que poco a poco estoy recuperando su confianza.
De pronto alza sus delgados brazos hasta mi cuello para envolverme en un abrazo tembloroso y frágil. Su gesto me sorprende, por lo que tardo un cuarto de segundo en reaccionar. Finalmente envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y Deku, en silencio, llora.
Aún está afectado por la muerte de Inko, así que trato de tranquilizarlo pasando mi mano por su espalda. Deslizo mi otro brazo por debajo de sus piernas y lo levanto para acomodarlo en mi regazo. Él no trata de escapar, sólo se acurruca contra mi pecho como un animal herido buscando consuelo.
Un nudo se expande en mi garganta, de repente la habitación parece que se ha hecho de hielo y no puedo hacer otra cosa más que abrazarlo con fuerza, tratando de mantener todas sus piezas juntas. Tengo la sensación de que si lo dejo ir, Deku se romperá hasta que no quede nada de él.
Sus sollozos taladran mis oídos. Gime mientras llama a su madre y todo él está hecho un desbarajuste de temblores. Es como si, al abrirme su pecho, también haya soltado de golpe toda esa angustia que había estado tratando de ocultar. Esto sólo confirma que —aunque no para de llorar— Deku es realmente fuerte.
No sé cuánto tiempo pasa desde que dejó caer su barrera, pero poco a poco su respiración se hace menos desenfrenada y luce más tranquilo.
—Lo siento, Kacchan —dice y se aparta lo suficiente para mirarme. Hay una sonrisa en su cara, pero es la cosa más falsa que he visto en mucho tiempo—. Ya estoy bien.
—No. —Rujo en cuanto él intenta apartarse. Soy un bastardo hijo de puta, pero no quiero soltarlo. Su mirada se vuelve una mezcla de curiosidad y temor. Su mano se instala en mi pecho para mantener la distancia.
—Kacchan, ya es suficiente. —Aplica un poco de presión con su mano, pero no me aparto.
—No. —Repito, ajustando mis brazos en su cintura—. No estás bien, Deku. Aún no. —Él parpadea una vez, sus labios sellados—. Sé que todo esto es mi culpa, que ni siquiera debería acercarme a ti otra vez. —Deslizo mi mano por su espalda una vez más, frotando despacio desde los hombros hasta que se relaja por completo—. Me necesitas, y por el infierno puedes estar seguro que no te soltaré.
No me mira, mantiene la cabeza baja escondida bajo mi mentón, no obstante, soy capaz de percibir sus temores. — ¿Te n-necesito?
—Sí —suelto en un suave arrullo, inclinándome hacia su oído.
Él sufre de un estremecimiento cuando mi aliento hace contacto con su piel. Noto que los vellos de su nuca se levantan y que la tensión incrementa. Le digo que todo estará bien, que confíe en mí. Mi voz es suave y tranquilizadora, como un domador me aseguro de hacerle sentir cómodo con mi cercanía mientras secretamente lo hipnotizo. Deku se relaja pocos segundos después, sucumbiendo ante mí.
Soy un asco por aprovecharme de su debilidad de esta forma, pero ya no hay pantallas que mantener en pie, no hay disfraz, ni mentiras, ni cortinas de humo. La verdad está sobre la mesa.
Soy un villano.
Acomodo a Deku sobre mis piernas. Él descansa su cabeza en mi hombro mientras yo sigo frotando su espalda. Con mi otra mano dejo caricias en su cabeza, permito que mis dedos se enreden con sus hebras como él hizo conmigo. Lo toco con cuidado, tiento sus brazos, arriba y después abajo, sintiendo en mis yemas la tersidad de su piel. Deku se mueve, pero sólo para estar más cerca de mí y casi puedo escuchar un ronroneo.
Su nariz roza mi cuello. Él toma una inspiración suave, mi olor lo relaja y de pronto se transforma en un ente sumiso y extremadamente pasivo. Permite que lo toque por encima de esa playera que muero por destrozar. Deslizo mi mano desde su espalda hasta su cadera derecha y continúo por su muslo desnudo. Está helado y mi toque sólo provoca que se erice como un felino.
Deku suelta un gemido que en mis oídos se escucha como algo celestial. Sus manos se han aferrado a mis hombros y su mejilla está presionada contra el lateral de mi cuello. Mi miembro está duro desde algunos minutos, es imposiblemente excitante el modo en que se intimida y al mismo tiempo se deja llevar por mis caricias.
Me atrevo a ir más allá, cuelo mi mano debajo de la playera, acaricio su dermis sensible y después aprieto suavemente uno de los globos de su trasero. Él da un saltito, se inquieta, pero se relaja poco después. No lo toco con brusquedad, u obscenidad. Sólo le doy mimos.
Me impaciento y muero por devorarle, mi polla palpita dentro de mis pantalones y es doloroso mantener el control para no abrirle las piernas y joderlo de una buena vez. Sin embargo lo hago, porque él no está listo para mí... aún.
Activo mi Quirk, sólo lo necesario para calentar mis palmas y clavar todo ese calor en su cuerpo. Busco sus pantorrillas y trazo un recorrido hasta su cadera.
Deku vibra bajo mi toque, mas no se aparta. Inclino mi cabeza hacia atrás para poder mirarlo. Tiene los párpados apretados, su mejilla apoyada en mi hombro y un puño cerca de sus labios para acallar sus gemidos.
Es la cosa más hermosa que he visto en la vida.
Y es mío.
¿Qué tan mezquino soy que me siento feliz de que Inko muriera?
Debo ser la persona más despreciable del planeta. Pero sólo puedo alegrarme. Por alguna razón no puedo dejar de pensar que, si Inko no hubiese muerto, Deku no estaría así: roto y resquebrajado, pero a mi lado.
Aún si deja de ser él, Deku será siempre Deku.
Deslizo mis manos por debajo de la playera, trato de sacarla, pero necesito que Deku levante sus brazos. Lo miro en busca de una afirmación, él aún está mordiendo su puño y sus ojos siguen cerrados.
—No te lastimaré —él alza la mirada hacia mí con una expresión de sorpresa. Prenso los labios en su frente y cierro los ojos—. Lo prometo. Podemos parar cuando quieras.
Mis párpados se abren cuando siento algo tibio y tembloroso sobre mi mejilla. Los dedos de Deku me acarician como motas de algodón y suprimo una sonrisa. —Te lo dije antes —dice con una voz quebrada y temblorosa, pero firme al mismo tiempo—, n-no me lastimarás otra vez.
—Eres libre de matarme si eso vuelve a pasar —arranco su mano de mi cara y la presiono con fuerza en el lado izquierdo de mi pecho—, si te vuelvo a hacer daño, sólo sácalo con tus propias manos.
Deku se sobresalta y tira de su brazo, pero yo lo mantengo firme en su lugar. —K-Kacchan, ¿cómo puedes decir eso? Yo no sería... Eso es...
—No lo necesito si tú me odias —Deku se paraliza, sus ojos llenos de miedo se arrastran por mi expresión y me mantengo inmóvil.
Después de un interminable segundo, Deku asiente una vez, su ceño fruncido.
— ¿En serio harías cualquier cosa por mí? ¿Hasta morir? —luce en verdad interesado, así que respondo con la verdad en la mano.
—Por ti, el maldito mundo se puede venir abajo.
Deku sonríe, de una forma extrañamente ausente. —Confío en ti.
También sonrío. Eso es todo lo que necesito escuchar. Lo recuesto en la cama, me sostengo sobre él con mis brazos y trato de memorizar cada pequeña parte de su rostro, cada peca, cada mancha dorada en el profundo verde de sus ojos.
Lentamente le quito la única prenda que protege su desnudez de mis garras. Sus mejillas adquieren un encantador tono rosado cuando me quedo como un estúpido admirándolo. La palidez de su piel incentiva el cosquilleo de mis manos, es como un lienzo en blanco, virgen. Me lleno con la imagen de ese lienzo cubierto por mis marcas, por mi nombre, manchado por mi oscuridad.
Deku no tiene idea de lo que acaba de hacer.
De pronto él hace un gesto muy suyo, indicio de que está avergonzado. Envuelve los brazos alrededor de sí mismo y desvía la mirada. Esto sólo me provoca ternura y la insuperable necesidad de corromperlo.
—No tengas miedo —él separa los brazos de su cara, yo aprovecho para tocar sus labios con mis dedos. Palpo con suavidad hasta que él los separa, dejándome entrar en su cavidad. Admiro embelesado la manera en que moja mis falanges, cómo su pequeña lengua se desliza temblorosa y tímida por las extensiones, humedeciéndome hasta los nudillos—. Eres tan erótico.
Deku se vuelve a sonrojar violentamente, pero continúa con su faena y como un niño con un biberón, chupa mis dedos hasta que están bien mojados. Los retiro muy a mi pesar, deslizándolos por su mandíbula hasta su cuello, su clavícula y aterrizo en sus pezones.
Un glorioso suspiro se le escapa cuando sustituyo mis dedos por mis dientes. Estimulo esos pequeños botones que se ofrecen en sacrificio. Mientras lo distraigo con mi lengua, mis dedos por fin llegan a su destino. Con el índice hago presión en ese punto de él que muero por destrozar. Punteo delicadamente hasta que la tensión se va y mi dedo entra.
—Kacchan. —Deku abraza mi cabeza y encoge las rodillas. Muerdo sus pezones, introduzco más mi dedo y su voz se alza una octava.
—Relájate —ordeno, pero él no me obedece. Se pone todo rígido cuando un segundo dedo entra en su interior—. No cierres los ojos.
Él observa mis labios mientras jadea como si de pronto el oxígeno se le fuese a acabar. Empujo mi mano más adentro y gruñe, pero no aparta la vista de mí. Respira por la boca, se esfuerza por destensar sus músculos, pero con otro embiste de mi mano, se vuelve a tensar.
Trato de calmarlo apartando esas hebras que se han pegado a su frente por el sudor. Sus sienes y sus mejillas también se han perlado, creando la ilusión perfecta, haciéndolo brillar.
Otro gemido sale de su garganta y ahora sé que está listo. Deslizo mis dedos fuera de él, lo beso en los labios, distraigo su atención del trabajo que hacen mis manos para abrir mi cremallera y sacar mi adolorida polla. Uso mi propio líquido preseminal como lubricante natural y me escabullo entre sus piernas, buscando la posición más cómoda para él.
Sus ojos se llenan de lágrimas cuando se hace consciente de lo inminente. Me muerdo los labios, mi pene duele por introducirse en él, las venas han empezado a palpitar. Agarro su mandíbula con el fin de obligarlo a abrir su boca, entonces introduzco mi lengua hasta lo más profundo de su garganta.
Y lo penetro.
— ¡Kacchan! —Grita y se aferra a mis bíceps con sus uñas. Es tan malditamente apretado. Sé que le duele, me lo advierte con el fruncimiento de su ceño, con la poderosa mordida que le ha dado a su labio y con la presión que hace alrededor de mi polla.
—Tienes que relajarte, o sólo te dolerá.
— ¡P-pero...!
Lo interrumpo con otro beso, un poco más suave que el anterior. Deslizo una almohada bajo su espalda y levanto sus piernas por encima de mis muslos. —Seré suave —le hago saber, susurrando contra sus labios—, relájate.
Deku respira apresurado. Toma inspiraciones por la nariz y después suelta todo el aire por la boca. Me quedo quieto, esperando a que vuelva a ser dueño de su cuerpo. Una vez que sus músculos se aflojan, penetro un poco más profundo. Mi polla casi ha entrado hasta la mitad.
Hago todo el esfuerzo de no moverme, y sin embargo Deku, de pronto, agarra mi cabello en su puño. Me sebresalata la tenacidad en su mirada. Toda la timidez se ha ido, dejando a su vez algo que sólo puedo catalogar como determinación.
—Hazlo, Kacchan.
Parpadeo. Me toma un segundo entender que se refiere a que entre de un solo embiste.
Frunzo las cejas. —Te dolerá.
—No importa —sacude su cabeza, derrama un par de lágrimas, pero no flaquea—, sólo hazlo.
Esto es algo innovador e inesperado. Este nuevo Deku me saca un poco de balance y me abruma. Pese a esto, lo complazco. Me muevo hacia atrás para tomar impulso y mientras entierro los dedos en el colchón, doy una poderosa estocada. Ésta vez logro entrar por completo y esto nos saca un gemido a los dos.
Después de eso, ya no respondo por mis actos. He hecho mi maldito mejor esfuerzo por controlarme mientras Deku no deja de hacer todo tipo de expresiones que me ponen a mil. Luego de esa primera estocada, ya no me puedo contener. He dejado los frenos botados en alguna parte. ¿Qué importa? Si esto es lo que él quiere, entonces que así sea.
A esta altura, queda confirmado que ambos preferimos la manera ruda.
Sostengo su cintura con mi mano derecha mientras con la izquierda sostengo la parte superior de su cabeza. Mis embistes lo hacen rebotar desenfrenadamente y no quiero que por error se golpee contra el cabecero. Deku es una cosa demasiado frágil.
En esta pequeña habitación, sus gemidos se mezclan con mis gruñidos. Me satisface ver el placer en sus ojos en lugar del miedo que mostró antes. Sus ojos bañados por el éxtasis sueltan otro par de lágrimas que me apresuro a lamer. Ya le dije que odio verlo llorar, pero esto..., esto es algo jodidamente increíble y necesito más de él, hasta que no quede nada.
Su interior es tan suave y me aprieta tanto, tanto, que tengo que apretar los dientes para contener una corrida. Es difícil mantener el ritmo si de repente él abre sus enormes y expresivos ojos para mirarme.
Su mirada inocente es demasiado injusta.
Beso sus labios, estimulo su miembro con mi mano y doy empujes lentos, pero duros. Con cada movimiento estoy más adentro hasta que golpeo algo esponjoso y húmedo. Deku grita mi nombre con una voz chillona e increíblemente erótica.
Sonrío.
Enfoco toda mi energía en volver a golpear ese punto suave con todas mis fuerzas. Deku se remueve de forma descontrolada, su espalda hace un arco perfecto y un hilo de saliva se escapa por la comisura de sus labios. Lo devoro. Todo él es mío, sus lágrimas, su sudor, se semilla, su saliva, todos sus fluidos.
Un dolor agradable llega a mis testículos. Estoy por terminar. Con una última y poderosa estocada sucumbimos los dos. Deku explota contra mi abdomen, gritando a toda voz, y yo he llenado su interior con mi esperma mientras dejo una profunda mordida en su hombro.
Tengo que marcarlo. Necesito que quede claro quién es su maldito dueño.
— ¿Estás bien? —le pregunto, jadeando mientras me esfuerzo por no desplomarme encima de él.
—Sí, pero esa mordida me dolió —hace un puchero malditamente adorable y lo beso. Él sonríe debilmente cuando lo dejo libre, parpadenado con pesadez—. ¿Podrías salir de mí, Kacchan? Te corriste dentro y me siento un poco incomodo.
—Maldito nerd —mascullo con una sonrisa. Por momentos no sé si es demasiado inocente, o un jodido pervertido.
Me desplomo a su lado para recuperar el aire. Lo busco a tientas en la oscuridad, envuelvo mis brazos a su alrededor y lo atraigo hacia mí. Deku se abriga en mi pecho y poco después se queda dormido.
Me quedo a su lado unos minutos, disfrutando de esta extraña sensación de pertenencia. Por fin siento que Deku es totalmente mío y que nada podrá arrebatármelo. Por fin me vuelvo a sentir fuerte e invencible. Por fin, después de tanto tiempo, siento que puedo culminar mis planes: Sacar a Deku y a Kirishima de aquí, mantenerlos a salvo y, tal vez, volver por Eri.
Esa es la parte más difícil, ni siquiera estoy seguro de que esté a salvo. Sólo espero que ese idiota cumpla su palabra y la proteja hasta que yo regrese. No quiero seguir manchando mis manos de sangre, aunque sé que eso es imposible.
Ese es el único destino que le espera a alguien tan despreciable como yo.
Observo a Deku durmiendo entre mis brazos. Luce tan angelical y tan frágil. La parte sensata de mi cabeza me dice que debo dejarlo libre, tal vez, con mi estúpida versión infantil e inútil. Si le advierto a ese Katsuki sobre el peligro que asecha, tal vez sea capaz de cuidar de él.
Pero no quiero liberarlo, y mucho menos compartirlo.
Debo pensar en un nuevo plan para protegerlo, y para eso, debo usar todas mis cartas.
Muy a mi pesar, salgo de la burbuja de confort que Deku ha creado a nuestro alrededor. Me levanto un poco adolorido, dejando una almohada como sustituto. Deku la abraza y continúa durmiendo.
Abrocho mis pantalones —que honestamente han visto días mejores— y salgo de la alcoba. Kirishima debe estar en alguna parte fuera de la cabaña. Antes, cuando traje a Deku inconsciente, dijo que nos daría espacio y que iría a patrullar o algo así.
No sé si es considerado, o simplemente prefiere mantener sus narices fuera del asunto. Puede que un poco de ambas.
Atravieso el recibidor, arrastrando los pies como si fuesen de plomo. Creo que el sueño ha sido bloqueado de mis opciones. Estoy agotado, necesito dormir. Ahogo un bostezo con el dorso de mi mano cuando llego al umbral. Efectivamente, Kirishima se encuentra en el pequeño portal, recostado a una de las columnas de madera. Tiene los brazos cruzados para protegerse del frío y hay un cigarrillo en su boca.
— ¿Desde cuándo fumas? —pregunto, acercándome.
Él sale de su estupor para verme con los nervios de punta, entonces resopla y apaga la colilla con la suela de su bota.
—Desde ayer, cuando encontré la cajetilla en tus pantalones. En esta situación, es lo único que ha logrado calmarme. —Dice y frota sus manos en un afán de calentarse.
Me detengo a su lado y también me recuesto, dejando las manos en mis bolsillos. —Creo que estoy siendo una mala influencia para ti.
Kirishima resopla y rueda sus ojos al cielo. —Lo que digas, bro.
—Estoy hablando en serio —lo miro atentamente, entonces sus ojos pierden todas las gotas de humor.
Él también está asustado y agotado. A pesar de que se hace el duro, Kirishima sigue siendo un crío. Y yo sólo le oculto cosas. Suspiro, resignado. Tengo que contarle lo que nos depara, tiene derecho a saber la verdad.
—Ven conmigo. —Camino hacia el sendero que circunda la cabaña. Kirishima me caza con la mirada y yo hago una seña para que me siga—. Hay un pueblo al pie de la montaña, podemos buscar comida. Y necesito decirte algo.
Él duda un instante, pero despega su espalda de la columna y me sigue a mi motocicleta. El crujido de nuestros pasos sobre la nieve es todo lo que llena el ambiente, el viento gélido se cuela en los agujeros de mis pantalones deshilachados, pero trato de ignorarlo. Escucho a mi compañero quejarse luego de un estruendoso estornudo y sacudo la cabeza.
Este es el fin de mis planes, o al menos el fin de mi insesante carrera. Necesito disipar el humo para poder continuar y proseguir con la siguiente fase. La pregunta es: ¿Kirishima me seguirá cuando sepa toda la verdad?
Bueno, estoy a punto de averiguarlo.
Continuará...
*Ósmosis: Influencia recíproca entre dos individuos o elementos que están en contacto.
Nota:
De acuerdo, esto es una Fuck. Estuvieron una eternidad esperando este capítulo y yo les traigo esta mierda. Sobra decir que tuve serios problemas de inspiración, simplemente no salía y creo que lo reescribí completo como seis veces. En serio, seis veces.
Lo siento, me esforzaré en el próximo. Que les puedo asegurar, será un capítulo intenso y complicado. Sólo espero que la inspiración no me abandone como hizo en este episodio. La muy zorra debe estar puteando por ahí.
Inspiración: Te escuché!
En fin. ¬¬ No me odiéis, prometo esforzarme.
Gracias a todos por sus comentarios. Los he leído todos! los amo!
Un besazo a todos y nos leeremos en la próxima aventura.
Arsh... ojalá FF me dejara poner imágenes, por eso amo wattpad. Pero es que quiero compratir mi historia y... bueno, puedo hacer un sacrificio.
